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 Asunto: Re: Liberal-fascistas, abstenerse.
NotaPublicado: Mié Ago 20, 2014 10:11 am 
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Sí, es verdad:

http://www.perfil.com/internacional/Hug ... -0004.html

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 Asunto: Re: Liberal-fascistas, abstenerse.
NotaPublicado: Mié Ago 20, 2014 11:09 am 
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Las libertades civiles y el derecho a la participación política formal en el Estado (sufragio universal) pueden mantenerse siempre que no sean utilizados de manera eficaz para asegurar derechos económicos y de propiedad sustantivos para la mayoría de la población, es decir, sólo mientras sigan siendo derechos formales y no se empleen para asegurar derechos sustantivos. Es decir, la gente es libre de hablar a favor de la expropiación de la riqueza de unos pocos en beneficio de los trabajadores siempre que poca gente les haga caso. Esa ha sido la historia de casi todos los países capitalistas en el siglo XX. (por ejemplo, Europa del Sur, Central y del Este en el periodo de entreguerras, Latinoamérica, las colonias británicas y francesas, Turquía, Filipinas, Indonesia, etc) En última instancia el ejercicio de las libertades civiles y el derecho a la participación política por las clases trabajadoras es incompatible con el derecho de los ricos a la conservación de sus propiedades y privilegios. De modo similar, el derecho de la clase trabajadora a ser dueña colectiva de los medios de producción y distribuir el producto social de modo más equitativo es incompatible con el derecho de la antigua clase acaudalada para organizarse.

La cuestión de la medida en que las libertades civiles formales y los derechos de participación política se permiten a la clase trabajadora en los países capitalistas está en función históricamente del grado en que los mismos se ejercen con el fin de hacer posible los derechos distributivos sustantivos de los trabajadores, o de asegurar derechos de propiedad colectivos (es decir, la expropiación de la propiedad privada de los medios de producción).

En el siglo 20, en los países capitalistas avanzados, lo común ha sido permitir el sufragio universal y las libertades civiles incluso de socialistas y comunistas para defender las expropiación de la propiedad privada y permitir a sus candidatos y partidos presentarse a las elecciones.

Rara vez, no obstante, han ganado una mayoría parlamentaria y se han hallado en posición de llevar a cabo su programa. Una notable excepción es Checoslovaquia en 1946-1947. El control capitalista de la mayoría de los medios de comunicación y educación, la inercia de los valores tradicionales, transmitidos de generación en generación y reforzados por las redes interpersonales, tiene normalmente éxito en lograr una aceptación (al menos pasiva) por parte de las clases trabajadora, del gobierno de los partidos que defienden la propiedad y el orden social existente; por lo tanto, si no hay una gran crisis de legitimación, la clase propietaria es capaz de perpetuar su sistema. En tiempos de crisis, si una coalición progresista gana unas elecciones, o se toman cada vez medidas más duras contra la propiedad privada, o se amenaza con tomarlas, entonces normalmente o intervienen los militares o un partido fascista llega al poder. El resultado en ambos casos es la negación de las libertades civiles formales y el derecho de la participación política popular, con el fin de garantizar el derecho a la propiedad privada de los medios de producción.

La definición de libertad en términos de necesidades auténticas en vez de deseos conscientemente formulados (que pueden considerarse como falsos, es decir, no corresponderse con necesidades auténticas) puede ser por lo general más relevante. La socialización, los medios, la educación y las interacciones personales pueden crear o perpetuar la falsa conciencia de un grupo o un individuo sobre sus necesidades reales.

Las libertades civiles formales y el derecho de participación pueden de este modo ser empleados por las clases trabajadoras en interés de las clases propietarias, por ejemplo, votando por partidos favorables a los hombres de negocios, o uniéndose a organizaciones patronales. La existencia de meras libertades formales nos dice poco sobre cuáles son las condiciones reales de la gente.

Los derechos civiles no serían problemáticos a menos que existiera una desigualdad fundamental entre los diversos grupos éticos, nacionales o sexuales en una sociedad. La libertad de no sufrir humillación social o discriminación y, en el caso de las minorías, de desarrollar instituciones y una cultura propia, se predica históricamente después de la opresión previa de estos colectivos. De los cinco tipos de derechos definidos aquí, los derechos civiles son los que están más alejados de consideraciones de clase. Hablando lógicamente, aunque es cierto que normalmente, los grupos raciales y culturales esencialmente se definen socialmente por la posición de clase de la mayoría de sus miembros, también existe una generalizada discriminación y humillación de todos los miembros del grupo con independencia de si pertenecen o no a la clase que es mayoritaria en el colectivo. Además, otros grupos sociales, como las mujeres y/o tal vez los homosexuales no se definen en términos de clase porque están presentes en todas las clases.

Por lo tanto, mientras que los derechos civiles se asocian históricamente con la desigualdad social, esto no implica ni necesaria ni lógicamente un derecho de clase o “un derecho contra un derecho” como ocurre con otros tipos de derechos. Lógicamente es así perfectamente posible tener una sociedad divida en clases en la que exista auténtica igualdad civil (plena realización de los derechos civiles) para todos. Sin embargo, dada la lógica social de las sociedades de clase que genera el racismo y el sexismo, es poco probable que eso llegue a suceder.

Existen contradicciones inherentes dentro de un derecho dado, como el derecho a la propiedad privada. También existen contradicciones inherentes entre los diferentes derechos. Reclamar para los derechos un carácter abstracto o universal no siempre puede sostenerse. En realidad no es una cuestión de un nivel mayor o menor de derechos universales para todos; sino más bien una cuestión de “derechos contra derechos” el derecho de una clase contra otra. Mientras que exista una sociedad de clases, o al menos mientras queden residuos de la misma y por lo tanto los gérmenes de su reinstauración, no pueden existir derechos universales abstractos y a priori aplicables para todos.

La cuestión de “derechos contra derechos” puede tornarse muy compleja, pues con frecuencia no es tan sencillo como que existan dos clases, o principios sobre los derechos implicados en la cuestión. Por ejemplo imagínese una discusión con cuatro tesis que concerniera a quien tiene un título legítimo a una porción de tierra en Francia en el Siglo XIX. Los descendientes de los antiguos señores feudales dueños de la tierra dirían que la tierra era suya por derecho sobre la base de la primogenitura y la inalienabilidad de la tierra, puesto que la ley feudal otorgaba al primogénito el derecho a toda la tierra de su padre. Un capitalista, con un título formal y jurídico sobre la tierra, comprada tal vez a los campesinos que fueron los beneficiarios originarios de la expropiación de los ancestros del señor feudal (expropiación cuya legitimidad nunca reconoció la aristocracia) Rechazaría las reglas del feudalismo y reclamaría la tierra, con el fundamento de haberla comprado legalmente en un contrato entre iguales, a los campesinos a los que la quiebra les forzó a vender. Los braceros de las granjas, que son los que producían las cosechas con su trabajo, si fueran, supongamos, socialistas, rechazarían ambas legitimaciones arguyendo que la tierra pertenece a los que la trabajan, y que a cada cual según su trabajo, o simplemente, si fueran [b]discípulos de John Locke, dirían que la base de la propiedad es el trabajo, y como ellos llevan a cabo el trabajo, tanto la tierra como sus productos les pertenecen.

Aún podría venir otro grupo y tener otra pretensión contraria a las anteriores. O los habitantes indígenas anteriores al feudalismo (los descendientes de los galos primitivos) o los pobres temporalmente sin empleo, que podrían basar su título sobre la tierra y sus productos debido a su necesidad de ganarse la vida.[/b]

No existe pues un criterio absoluto para distinguir entre estos cuatro títulos recíprocamente contradictorios. No hay ningún derecho absoluto, con independencia de la clase o de la época. Históricamente, esas reivindicaciones en conflicto se han resuelto no mediante argumentos filosóficos, sino mediante las armas. Por ejemplo, en Francia, la cuestión de la propiedad de la tierra fue resuelta por la Revolución Francesa en 1789, así como las reivindicaciones originales de los galos primitivos fueron negadas por la fuerza de las armas y la tierra llegó a ser propiedad de la aristocracia. El particular sistema de propiedad adoptado en 1789 fue reafirmado contra los retos socialistas en 1871 y de nuevo en 1944-47.

Este modo de resolver reivindicaciones en conflicto sobre los derechos también se ha mostrado decisivo en las discrepancias entre los aborígenes de Australia y de las Américas y los colonos europeos, y también en las diferencias filosóficas entre las antiguas clases capitalistas y terratenientes de China, Rusia, Cuba y Vietnam y los trabajadores y campesinos de esos países.

El realismo vis-a-vis la resolución de las disputas sobre los derechos, no puede, sin embargo, quedar reducido al cinismo de una “teoría de la fuerza bruta” del Derecho: aquellos que ganan las batallas escriben los libros de filosofía. Se pueden hacer valoraciones sobre los derechos en conflicto y a largo plazo, el acomodamiento por la fuerza de las cuestiones de derechos tiene a conformar la secesión de los derechos más “elevados” o más “progresivos. No existe un derecho universal y absoluto independiente de los grupos y clases, pero en cualquier momento dado los derechos de una clase dad pueden considerarse más progresivos en el doble sentido de facilitar el desarrollo de las fuerzas productivas, y por lo tanto servir de base a una mayor riqueza y a más elevados niveles de vida para la sociedad y hacer avanzar los derechos civiles, los derechos distributivos, los derechos de participación y las libertades civiles reales para una mayor porción de la población. Como mucha más gente se beneficia de la realización de derechos más progresivos en ese sentido, a largo plazo, en la lucha de derecho contra derecho, la clase que resulte históricamente más progresiva vence. Debido a ello, como más gente se beneficiaba de la organización capitalista de la sociedad francesa que del feudalismo, el capitalismo se acabó imponiendo. El capitalismo, al permitir una extensión de derechos (de los cinco tipos aquí definidos) para más personas, atrajo más apoyo popular que el feudalismo; y por razones similares triunfaron y se consolidaron las revoluciones socialistas en China, Rusia, Vietnam y Cuba. El socialismo, al extender esos cinco tipos de derechos a las clases trabajadoras y al campesinado de esos países (en mayor medida que antes), aseguró y consolidó su apoyo en la lucha contra las anteriores clases dominantes.

La cuestión de que derecho es superior o más progresivo es histórica y específica. Lo que es progresista y realizable de modo realista en un momento dado, o sea, un “derecho superior” puede no serlo en otra época.

A demás, los derechos tienden a transformarse en sus opuestos. Un derecho progresista en un momento dado, que hace avanzar las fuerzas productivas y expande los cinco tipos de derechos para más personas, puede devenir su opuesto en un tiempo futuro, y obstaculizar el desarrollo de las fuerzas productivas y conducir a la represión de más derechos para más personas.

No puede existir una evaluación de los derechos que no tenga en cuenta la historia más que una evaluación que no tenga en cuenta las clases.

Engels, recalcando esta cuestión defiende que ni siquiera la esclavitud puede verse como absolutamente buena o absolutamente mala tanto desde el punto de vista de la sociedad en conjunto como de los propios esclavos. Engels llegó a defender que en un punto concreto del desarrollo histórico la esclavitud era progresista, y por lo tanto un derecho superior:

“Es fácil rasgarse las vestiduras contra la esclavitud y cosas similares en términos generales, y exhibir gran indignación moral por tales infamias. Por desgracia todo lo que esto trasmite es lo que todo el mundo sabe, que esas instituciones de la antigüedad ya no están de acuerdo con nuestras presentes condiciones y nuestros sentimientos, que determinan esas condiciones.

Fue la esclavitud la que primero hizo posible la división del trabajo entre la agricultura y la industria a mayor escala, y por lo tanto dio lugar al Helenismo, el florecimiento del mundo antiguo. Sin la esclavitud, no hubiera habido un Estado griego, ni el arte ni la ciencia griegas; tampoco el Imperio Romano. Pero sin los fundamentos de la cultura griega y el Imperio Romano tampoco existiría la Europa moderna. Nunca deberíamos olvidar que nuestro desarrollo pleno económico político e intelectual presupone un estado de cosas en el que la esclavitud era tan necesaria como universalmente reconocida. Y en ese sentido tenemos derecho a decir: sin la esclavitud de la antigüedad no existiría el moderno socialismo. La esclavitud era un avance incluso para los esclavos, que solían ser prisioneros de guerra, que al menos ahora veían sus vidas respetadas, en vez de ser muertos como antes, o tostados, como en un periodo más temprano”.

En el mismo espíritu en ningún sitio Marx y Engels condenan el capitalismo en términos abstractos y universales, ni tampoco ensalzan o defienden el socialismo de ese modo. Por el contrario, Marx y Engels escribieron cosas positivas sobre el capitalismo como un sistema progresista, en un periodo histórico específico, y defendieron los derechos capitalistas sobre las anteriores formas dominantes de derechos.

“Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. Las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus «superiores naturales»”

“La burguesía, a lo largo de su dominio de clase, que cuenta apenas con un siglo de existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas. El sometimiento de las fuerzas de la naturaleza, el empleo de las máquinas, la aplicación de la química a la industria y a la agricultura, la navegación de vapor, el ferrocarril, el telégrafo eléctrico, la asimilación para el cultivo de continente enteros, la apertura de ríos a la navegación, poblaciones enteras surgiendo por encanto, como si salieran de la tierra. ¿Cuál de los siglos pasados pudo sospechar siquiera que semejantes fuerzas productivas dormitasen en el seno del trabajo social?”

Engels sigue defendiendo que sin el capitalismo y la predominancia específica e histórica del derecho capitalista, el socialismo no sería una posibilidad histórica realista, es decir, el derecho socialista debe partir de la premisa de los triunfos anteriores.

“Sólo el inmenso incremento de las fuerzas productivas que ha logrado la industria moderna ha hecho posible distribuir el trabajo entre todos los miembros de la sociedad sin excepción, y por lo tanto ha limitado el tiempo de trabajo de cada miembro individual hasta tal punto que ha dejado suficiente tiempo libre a la gente para que tome parte en los asuntos generales (tanto teóricos como prácticos) de la sociedad. Es sólo ahora, cuando todas las clases dominantes y explotadoras se vuelven superfluas y un obstáculo para el desarrollo económico, también, que acabarán siendo inexorablemente abolidas, por mucho que estén en posesión de la fuerza directa”.

Como dijo Lenin: “El capitalismo es malo comparado con el socialismo. El capitalismo es bueno comparado con el medievalismo, comparado con la pequeña producción, comparado con la burocracia” En ocasiones Lenin incluso expresa su entusiasmo por los beneficios del capitalismo para la clase trabajadora que antes sufría de las condiciones precapitalistas:

“En los países como Rusia la clase trabajadora no sufre tanto por el capitalismo como por el insuficiente desarrollo del capitalismo. La clase trabajadora, está por tanto, interesada en el más rápido, amplio y desembarazado desarrollo del capitalismo… la revolución burguesa es precisamente la confusión que de manera más resuelta barre los vestigios del pasado, de la servidumbre (que incluyen no sólo la autocracia sino también la monarquía”.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Liberal-fascistas, abstenerse.
NotaPublicado: Mié Ago 20, 2014 11:17 am 
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Diego G. escribió:


En realidad lo dijo por esto:

Citar:
"Esas páginas no pueden ser libres para decir lo que te dé la gana", agregó Chávez, y le pidió a la fiscalía que actuara en consecuencia. Se refirió, en concreto, a la página venezolana http://www.noticierodigital.com, que esta semana difundió informaciones erradas acerca de la supuesta muerte de un ministro del Gobierno. Para Chávez también es un delito que el invitado a un programa del canal Globovisión haya dicho que en Venezuela se entrenan terroristas de las FARC y de ETA. Contra el entrevistado y la televisión también pidió el presidente acciones. "Ahí están los poderes [públicos] que tienen que actuar, y el pueblo que tiene que actuar", señaló.


Y te vuelvo a recordar que el derecho a emitir información (también en internet) tiene la cualificación de que tiene que ser veraz (o sea, al menos diligentemente contrastada por el emisor) Tampoco caben calumnias o injurias.

Por lo tanto la existencia de un internet libre puede ser compatible con la protección del derecho al honor y que se emita una información veraz. No hay un derecho a emitir información falsa y no contrastada o a atentar contra el derecho al honor. POr eso los afectados pueden recurrir a los jueces y pedir rectificación de informaciones falsas o interponer una querella por calumnias, por ejemplo.

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 Asunto: Re: Liberal-fascistas, abstenerse.
NotaPublicado: Mié Ago 20, 2014 1:47 pm 
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Los derechos humanos solo se respetan en Ferguson a fuerza de toque de queda.

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 Asunto: Re: Liberal-fascistas, abstenerse.
NotaPublicado: Mié Ago 20, 2014 4:22 pm 
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La lógica histórica de las restricciones a la emigración.

Como hemos tratado de argumentar, ningún derecho es absoluto, puesto que el ejercicio de prácticamente cualquier derecho afecta a los derechos de los demás. El derecho de, digamos, un doctor a emigrar no es más absoluto que el derecho de, por ejemplo, los campesinos de un país pobre a recibir la atención médica que puede prestarles ese doctor que ha estudiado (a costa del Estado) para ello. Tampoco, en un sentido absoluto, es un derecho superior al otro.

Si mediante medios revolucionarios o otros medios, se dicta legislación que obligue a los doctores a pasar un número específico de años atendiendo las necesidades médicas de los campesinos de su país de origen, antes de que puedan emigrar, entonces, desde el punto de vista del doctor como profesional de clase media, su derecho a emigrar queda claramente vulnerado. Los campesinos, no obstante, pueden decir que el derecho de sus niños a una vida saludable es más importante. Pero en realidad esas consideraciones filosóficas no se resuelven mediante el discurso intelectual sino mediante la revolución social y restricciones a la emigración.

Si un derecho es o no más progresivo que otro se puede determinar sobre la base de qué derecho hace avanzar las fuerzas productivas y el nivel de vida del país pobre y que derecho sirve mejor para hacer avanzar otros derechos de un mayor número de personas en el país. La aplicación de tales criterios le permite a uno entender el fundamento de la imposición de restricciones a la emigración en muchos países posrevolucionarios.

El derecho a viajar al extranjero y emigrar es uno de los dos más celebrados de los llamados “inalienables” siendo el otro el derecho a expresar ideas públicamente que sean contrarias a la ideología oficial. Para ilustrar las fuerzas subyacentes tanto del establishment como de la celebración de los “derechos humanos” un examen de la historia y de la lógica de la imposición de restricciones de salida es revelador.

Desde sus comienzos, los Estados han solido regular la entrada y salida de personas de sus territorios según lo que consideraban mejor para los intereses nacionales. Invariablemente, los “derechos” de emigración e inmigración o viajar al extranjero han sido un derivado de los intereses de la comunidad. Por lo tanto las variaciones a través del tiempo y entre países tanto en las restricciones de la movilidad geográfica de las personas y la celebración del derecho a emigrar deben ser entendidas en estos términos.

Virtualmente todos los reinos e imperios, ciudades estado y repúblicas antiguas y modernas, han restringido el derecho de sus nacionales a viajar al exterior o a emigrar de modo permanente. La población de un país ha sido históricamente parte de su riqueza a la que no se puede permitir partir y sumarse a la riqueza de otro país.

Este principio, de hecho, llegó a ser un principio central y explícito del mercantilismo en la europa del 17 y 18. Muchas ciudades-estado de la antigua Grecia, como Esparta y Argos prohibían a sus habitantes viajar al extranjero, pero los ciudadanos de Atenas, mucho más desarrollada comercialmente (aunque no sus exclavos) si podían hacerlo

Para Esparta la consideración era maximizar el número de soldados en su ejército, mientras que para Atenas era la necesidad del comercio exterior para su economía. Debido a que la riqueza de la mayoría de las sociedades depende en gran medida del comercio internacional, los mercaderes han solido quedar exceptos de estas restricciones.

Las restricciones políticas a que los nacionales dejen sus países siempre han sido comunes. Personas sospechosas de conspirar potencialmente con potencias extranjeras, o de adquirir una formación religiosa o ideológica distinta de la ideología o religión oficial del Estado, han visto vetado su derecho a viajar al extranjero. Los aristócratas y las clases superiores fueron normalmente sometidos a restricciones en sus viajes al exterior por los reyes, pues que podrían conspirar con los enemigos del reino o estar lejos cuando el rey tenía necesidad de ellos.

Eras, sin embargo, mucho más sencillo para estas clases viajar fuera del país de origen que para los campesinos o trabajadores, cuya labor era vital para la creación de la riqueza nacional. Especiales restricciones sufrían los artesanos y otros trabajadores cualificados, pues los Estados estaban deseosos de conservarlos e impedir que fueran adquiridos por otros Estados.

A la inversa, ciertos grupos políticos y religiosos han sido frecuentemente animados a dejar el país, o incluso se les ha enviado al exilio debido a sus efectos ideológicos potencialmente perturbadores; por ejemplo los Hugonotes franceses que rehusaron lealtad a la religión del Estado. Algunos grupos se han considerado redundantes para las necesidades del país junto con competidores para una ventaja relativa, y con frecuencia han sido expulsados, como por ejemplo los mercaderes judíos o indios, y más recientemente los asiáticos de Uganda y los Ghaneses de Nigeria.

Un corolario común de las restricciones a la emigración es el fomento de la inmmigración. Normalmente, si se puede mantener la homogeneidad religiosa e ideológica, los estados tradicionales y los imperios animaban la inmmigración de trabajadores adicionales y de soldados potenciales, especialmente aquellos con destrezas vitales. Inglaterra, por ejemplo animó la inmigración de los artesanos holandeses en los siglos 17 y 18 porque eran de gran valor a la hora de desarrollar la economía. Al mismo tiempo la emigración de los propios artesanos era muy difícil. Desde 1830, los EEUU han fomentado activamente la inmigración debido a su necesidad de trabajo en su economía que se estaba industrializando rápidamente, en tanto que a mediados del siglo 19 en Europa se desanimaba la misma, con el fin de mantener su nivel de mano de obra.

Los Estados europeos no relajaron las restricciones a la emigración hasta que la comercialización había producido una población excedente. En este punto la emigración se fomentó, puesto que la alternativa hubiera sido perturbaciones políticas o gastos de beneficencia muy gravosos para pacificar a los ex campesinos desempleados.


Holanda, la primera economía comercial del mundo en la primera mitad del siglo 17 fue el primer país importante que suavizó las restricciones a la emigración. La siguiente área en permitir una emigración significativa fue Irlanda, donde la agricultura comercial británica produjo un excedente poblacional a finales del 17, seguida de Escocia e Inglaterra. La emigración de artesanos cualificados, sin embargo, no fue sancionada por Inglaterra; sus habilidades eran vitales para la supremacía comercial británica en su emergente industria textil;

Igualmente los marineros, vitales para la supremacía naval británica sufrían restricciones.

Durante los siglos 17 y 18 Gran Bretaña generalmente permitía la emigración sólo a las colonias británicas, con el fin de asegurar una fuerza de trabajo que explotara los recursos de dichas áreas.

Durante finales del siglo 19, Francia mantuvo controles sobre la emigración de su población. Tanto su más lento desarrollo comercial, y la consecuente ausencia de un excedente en su población rural, junto con sus recurrentes necesidades militares, dictaban una política migratoria restrictiva. En común con la mayoría de los Estados europeo de la época, Francia incrementó las penas para la emigración ilegal a mediados del siglo 17, y en 1666 decretó severas penas para timoneles, ingenieros navales, marineros y pescadores que intentaran emigrar.

En ocasiones los franceses expulsarían a ciertos grupos considerados indeseables: los judíos en 1390 debido a que la burguesía francesa en desarrollo quería eliminar a sus competidores; y en el siglo 16 los hugonotes que representaban una amenaza ideológica a la ideología católica en la que se fundamentaba el Estado francés. Francia incluso impuso severas restricciones a la migración de súbditos franceses a colonias como Canadá que como resultado fueron escasamente pobladas. En el mismo Canadá, la pena de muerte era el castigo para los que intentaran dejar el territorio francés sin la debida autorización.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Liberal-fascistas, abstenerse.
NotaPublicado: Mié Ago 20, 2014 7:05 pm 
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Malet escribió:
Diego G. escribió:


En realidad lo dijo por esto:

Citar:
"Esas páginas no pueden ser libres para decir lo que te dé la gana", agregó Chávez, y le pidió a la fiscalía que actuara en consecuencia. Se refirió, en concreto, a la página venezolana http://www.noticierodigital.com, que esta semana difundió informaciones erradas acerca de la supuesta muerte de un ministro del Gobierno. Para Chávez también es un delito que el invitado a un programa del canal Globovisión haya dicho que en Venezuela se entrenan terroristas de las FARC y de ETA. Contra el entrevistado y la televisión también pidió el presidente acciones. "Ahí están los poderes [públicos] que tienen que actuar, y el pueblo que tiene que actuar", señaló.


Y te vuelvo a recordar que el derecho a emitir información (también en internet) tiene la cualificación de que tiene que ser veraz (o sea, al menos diligentemente contrastada por el emisor) Tampoco caben calumnias o injurias.

Por lo tanto la existencia de un internet libre puede ser compatible con la protección del derecho al honor y que se emita una información veraz. No hay un derecho a emitir información falsa y no contrastada o a atentar contra el derecho al honor. POr eso los afectados pueden recurrir a los jueces y pedir rectificación de informaciones falsas o interponer una querella por calumnias, por ejemplo.

Y encima Diego tiene la poca vergüenza de comparar esas declaraciones de Chávez (con las que todos, incluído Diego, estamos de acuerdo) con las del plutócrata que afirma abiertamente que Internet jamás debería haber existido porque no puede ser controlado por el poder.

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"Negar el derecho a la autodeterminación, o a la separación, significa indefectiblemente, en la práctica, apoyar los privilegios de la nación dominante". El derecho de las naciones a la autodeterminación, Lenin (1914).


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 Asunto: Re: Derechos humanos en la URSS. Facho-libegales, abstenerse.
NotaPublicado: Vie Ago 29, 2014 5:03 pm 
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España y Portugal también evitaron la emigración a sus colonias durante el siglo XIX porque temían la pérdida de la fuerza de trabajo de sus campesinos. Si bien, en 1791, la Declaración de Derechos del Hombre proclamaba el derecho a salir de Francia, en 1792 este derecho fue suspendido debido a la apremiante necesidad de Francia de tener un ejército numeroso. El secreto de las fuerzas armadas francesas durante la Revolución y las guerras napoleónicas era que se basaba en un enorme ejército campesino que luchaba por su propio territorio. Las restricciones a la emigración aumentaron con el régimen de la Restauración. Y no fue hasta 1870 que Francia acabó con las restricciones formales para dejar el país. Y sin embargo una serie de prácticas administrativas operaban de forma que desalentaban la emigración, salvo a la colonia francesa de Argelia, durante muchos más años.

Antes del siglo XVIII los distintos reinos y principados alemanes permitían la colonización de las tierras eslavas del este, mientras que mantenían las restricciones de inmigración a otros lugares.

Las colonias orientales como las ciudades de la liga Hanseatica en el Báltico y sus asentamientos de personas Germano parlantes facilitaban el comercio con Alemania.

No obstante, en el siglo XVIII los estados alemanes llevaron a cabo políticas más restrictivas en materia de emigración a medida que desempeñaron un papel más importante en la vida económica, y se puso un énfasis mayor a la producción. Los estados alemanes y escandinavos en su mayor parte continuaron prohibiendo la emigración a principios y mediados del siglo 19. Australia restringió la emigración y los viajes al exterior en la década de 1850, y Rusia, Rumania y Serbia restringieron la emigración hasta finales del siglo XIX. En vísperas de la Primera Guerra Mundial estos tres países se contaban entre los pocos cuyos nacionales aún necesitaban un permiso oficial para emigrar. En las décadas posteriores a la Primera Guerra Mundial esos permisos se concedían sin problemas en la mayoría de los casos debido a la población excedente que antes había sido campesina que vivía dentro de sus fronteras.

La Carta Magna, firmada por el Rey Juan sin Tierra bajo presión de los nobles en 1215, garantizaba a los mercaderes ingleses “una salida segura y expedida” y la libertad de “salir de nuestro Reino y regresar de manera segura, por tierra o mar, en el bien entendido de la lealtad al Rey, a menos que sea en tiempo de guerra, o durante un breve espacio de tiempo, por razones atinentes al bien común del reino”.

La servidumbre prevaleciente en Inglaterra en la época, junto con la pobreza general del campesinado y de los trabajadores de las ciudades significaban en la práctica que estas garantías eran sólo aplicables a los nobles y los clérigos. Los campesinos normalmente no podían abandonar los dominios del señor sin permiso, y sólo cuando ya no se necesitaban sus servicios, o se compensara con su tierra el trabajo perdido. Incluso si ya no se necesitaban sus servicios, había que dar al señor al menos una compensación simbólica o pagar una multa, como unas pocas gallinas, todo ello como símbolo de su dependencia.

En 1216, sólo un año después de haberse dictado la Carta Magna, el rey suspendió las garantías de salida y desaparecieron de todas las subsiguientes promulgaciones de la carta. Durante los siguientes seis siglos la Common Law Writ de ne exeat regno prevaleció en el Derecho inglés.

Esta doctrina legal concedía al rey el derecho a “ordenar a un hombre que no viaje por mar o fuera del reino sin licencia” mediante una orden judicial que declaraba que “desea ir al extranjero y realizar muchas cosas perjudiciales para nosotros”. Hasta comienzos del siglo XIX la doctrina implícita en ello regulaba el viaje internacional y la emigración de los súbditos británicos, aunque, con el desarrollo de un excedente de población campesina en el siglo XVIII, se aplicaba menos rigurosamente. La dependencia de Inglaterra del comercio internacional, sin embargo, dictaba la continuada garantía del derecho de los comerciantes a viajar al exterior tanto durante la edad media como durante la época del mercantilismo.

Desde comienzos del siglo XVII todos los súbditos británicos que deseaban dejar el Reino necesitaban poseer una licencia formal del rey (un pasaporte) Numerosas leyes fueron aprobadas durante los siglos XVI y XVII reafirmando la prohibición real de viajar al exterior del país sin dicha licencia. En la década de 1620, el Consejo Privado adoptó una regulación que requería que todos los nobles que desearan abandonar el reino debían obtener una licencia firmada personalmente por el rey, y todas las personas no pertenecientes a la nobleza una licencia firmada por el Secretario de Estado Real. Se aplicaban restricciones especiales a los militares durante todo el tiempo, y a todo el mundo en tiempos de guerra.

El principio del derecho del Estado para controlar la salida de Inglaterra continuó sin interrupción durante el periodo de la Commonwealth. Durante la década de 1650 los permisos de salida eran concedidos por el Consejo del Protectorado; la pena por viajar sin licencia era el confinamiento en la torre de Londres.

Y tales licencias sólo se concedían a “personas de conocida afección al estado o que dieran garantías de seguridad”. Así que el principio fundamental de una garantía de lealtad política y de los intereses de la mancomunidad económica prevalecía mandara un rey o no.

El movimiento de los clérigos británicos estaba especialmente regulado por el rey, con el fin de que no tuvieran contacto con el Vaticano. Por ejemplo, en el Siglo XIV el Rey instruyó a sus funcionarios portuarios para no dejar salir a ningún abad o religioso del reino. Y existía una prohibición general para viajar a Roma (salvo para los comerciantes) a finales de siglo. Las restricciones a los viajes al extranjero de los eclesiásticos se intensificaron durante el siglo XVI en los reinados de Enrique Octavo y de Isabel primera; ambos monarcas consolidaron la iglesia Anglicana independiente y trataron de protegerla de la influencia ideológica de la Iglesia Romana.

En 1534 el Rey Enrique prohibió totalmente a los clérigos, y a todos los demás, dejar el reino para perseguir cualquier fin religioso, una prohibición que se hacía cumplir con especial rigor sobre los concilios religiosos. En el siglo XVII se aprobaron una serie de decretos reales que prohibían que los niños viajaran al extranjero para recibir educación religiosa.

A medida que la fuerza de la comercialización en Gran Bretaña empezó a producir paulatinamente una población excedente el rey poco a poco fue más laxo a la hora de conceder licencias a sus súbditos para emigrar a los nuevos dominios británicos, especialmente Norteamérica. Las restricciones al viaje al extranjero y a la emigración para comuneros británicos no cualificados se relajaron en el curso de los siglos XVII y XVIII.

No obstante, en 1718, tratando de evitar la pérdida de mecánicos y artesanos el Parlamento aprobó legislación que obligaba a los artesanos a depositar en efectivo dinero “para no salir del reino con el propósito de llevar a cabo su oficio en el extranjero”. Después de 1720 una nueva serie de leyes se aprobaron para restringir la emigración de trabajadores cualificados. Las restricciones a los marineros se hicieron cumplir con todo rigor hasta el fin de las guerras napoleónicas en 1815.

Ciertamente uno de los factores que agravó la tensión entre los EEUU y Gran Bretaña antes de la Guerra de 1812 fue la práctica británica de abordar los mercantes americanos en alta mar y aprehender a los marineros nacidos en Gran Bretaña. El Fiscal General del reino reafirmó la “práctica constante de prohibir entra al servicio del extranjero, en tiempos donde el Estado de los asuntos europeos lo haría peligroso por debilitar las fuerzas de la nación”.

En 1803 los obstáculos a la emigración se incrementaron de forma notable, especialmente para los pobres, por la ejecución de la Ley de Pasajeros. Esta limitaba el número de pasajeros que podían navegar en una nave que no se dirigiera a las colonias británicas, aumentando de este modo el coste del pasaje. En 1819 el Parlamento comenzó a llevar a cabo medidas que facilitaban la emigración de los súbditos británicos a colonias inglesas, especialmente Canada y la Colonia del
Cabo.

En 1824 el Parlamento derogó las restricciones legales a la emigración de artesanos y marinos, siendo por tanto uno de los primeros países en permitir la libre emigración de cualquiera de sus nacionales. La Ley de Pasajeros fue derogada en 1827, y como resultado las últimas restricciones a la emigración fueron eliminadas. El rápido ritmo de la industrialización en la sociedad británica de esos días, resultó tanto en un gran exceso de población y salarios insuficientemente elevados para proveer incentivos materiales adecuados para que un número suficiente de marineros cualificados y artesanos se quedaran en Gran Bretaña voluntariamente. Además, los tempranos secretos industriales que Gran Bretaña trababa de proteger mediante las restricciones a la emigración habían, en la tercera década del siglo XIX, dejado de ser monopolio de los británicos.

A lo largo de mediados del siglo XIX las distintas potencias coloniales europeas solían prohibir la emigración de las áreas bajo su control, especialmente las de aquellos de orígenes no europeos en cuya fuerza de trabajo se basaba la riqueza colonial. Por ejemplo, hasta mediados del siglo XIX la administración colonial española prohibía a todos los Filipinos nativos viajar fuera de Filipinas. Sin embargo no prohibieron la inmigración de los mercaderes chinos, cuyas actividades internacionales se veían como muy ventajosas.

En general, el periodo entre la década de 1820 y 1880 contempló la gradual abolición de virtualmente todas las restricciones a los viajes internacionales y a la emigración por el mundo. La mayoría de los países incluso derogaron el requerimiento formal de obtener una licencia o pasaporte, y tampoco hacían falta ahora los pasaportes para entrar. Ciertamente, el medio siglo anterior a la Primera Guerra Mundial fue singular en el sentido de que era la primera vez en la que los viajes internacionales dentro y entre la mayoría de los países era relativamente libre de restricciones políticas tanto a la emigración como a la inmigración. Millones dejaron las sociedades en proceso de comercialización y cruzaron los océanos sin necesitar un permiso oficial para dejar el país o un permiso oficial para asentarse y trabajar en el país de su elección.

En 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, se volvieron a imponer restricciones a la emigración, en principio por cuestiones de seguridad militar y para reclutar nacionales para las fuerzas armadas. Fueron mantenidas por la mayoría de los países después del armisticio de 1918. En los años 30 muchos países europeos intensificaron de nuevo las restricciones a la emigración de sus ciudadanos. Con la Ley de Poderes de Emergencia de 1929 Gran Bretaña volvió a restringir formalmente la emigración.

Durante el periodo de entreguerras Alemania, Italia, Polonia y otras dictaduras europeas restringieron la emigración de su población sobre la base de que la fortaleza económica y militar de sus naciones dependía de mantener a sus poblaciones en su país (o en el caso de Italia, por lo menos en sus colonias) A finales de 1920 Italia promulgó legislación que castigaba con seis meses de prisión tratar de salir del país sin permiso, o dos años si era por razones políticas. Los vigilantes fronterizos tenían autorización para disparar a cualquiera que tratara de cruzar la frontera sin autorización. Como un funcionario del gobierno declaró “¿Por qué Italia debe servir como una suerte de caladero humano, para alimentar países que padecen un empobrecimiento demográfico; y por qué las madres italianas deben seguir pariendo hijos que servirán como soldados de otras naciones?

En 1936 Polonia dictó una ley de pasaportes que hacía ilegal que una persona dejara el país si había razones para creer que comprometería un interés importante del Estado o pondría en peligro la seguridad nacional, el orden y la paz pública. Y esta ley de 1936 siguió aplicándose por el nuevo régimen socialista hasta que se llevo a cabo una liberalización en 1954.

El Estado Chino Clásico, como virtualmente todos los demás Estados e Imperios históricos, restringía rigurosamente la salida de sus súbditos de su territorio. Por ejemplo un edicto imperial de 1712 castigaba la emigración con la pena capital. Y en 1729, se promulgó un edicto que prohibía a todo el que emigrara volver a China. La dinastía Ching tomó medidas especialmente restrictivas de la emigración que tenían como motivación fundamental el miedo a la subversión externa perpetrada por emigrados de vuelta en el país, junto con el deseo corriente de los Estados de retener la principal fuente de riqueza nacional (su fuerza de trabajo) en el interior de sus fronteras.


La prohibición china de emigrar no se derogó oficialmente hasta 1894. Las potencias imperialistas occidentales, sin embargo, forzaron a china de facto a dejar emigrar a sus súbditos mediante una serie de tratados humillantes y desiguales, comenzando con el Tratado de Nanking que acabó con las Guerras del Opio. El Tratado de Tsientsin, de 1858, firmado con Gran Bretaña, trataba específicamente de la legalización de la contratación de mano de obra barata. Reproducimos un fragmento:

“Los súbditos chinos que decidan prestar servicios en las colonias británicas o en otros lugares de ultramar tienen perfecta libertad para contratar con los súbditos británicos con tal fin”.

Los EEUU impusieron un tratado similar al Imperio Chino en 1868: el tratado Burlingame, que empleaba una retórica de Derechos Humanos inalienables con el fin de lograr la movilidad geográfica de los individuos para servir a los intereses industriales de EEUU de asegurar mano de obra barata para la construcción del ferrocarril de la costa oeste. El tratado decía:

Los Estados Unidos de América y el Emperador de China reconocen cordialmente el derecho inalienable de los hombres para cambiar de hogar y lealtades, y también la ventaja mutua de la libre inmigración y emigración de sus ciudadanos y súbditos respectivos, de un país a otro, con fines de placer, comercio, o como residentes permanentes”.

Debido al hecho de que las potencias imperiales occidentales forzaban a China a sancionar la contratación de sus súbditos como mano de obra barata (coolies) en sus colonias, y para ayudar a la construcción en los EEUU, junto con el tratamiento humillante y discriminatorio que se le daba a esos trabajadores (sin excluir los pogroms
) no es para sorprenderse que después de 1948, el nuevo gobierno Comunista restauró las restricciones tradicionales a la emigración como una materia de orgullo nacional y para proteger a su pueblo, así como para conservar la fuerza de trabajo en el marco de la construcción socialista. Sin embargo la política migratoria de la China socialista nunca ha sido tan restrictiva como la del periodo anterior a 1942. Al contrario que en el Imperio Ching, el Estado Socialista chino siempre ha permitido a sus ciudadanos viajar al extranjero por “buenas razones” como la educación o la reagrupación familiar.

De 1930 a 1950 la Unión Soviética restringió fuertemente los viajes al extranjero y la emigración, y por razones similares a las de la mayoría de los estados en la historia, como se ha visto, para conservar potencia política y militar y para evitar la subversión interna mediante la conspiración con enemigos exteriores con el resultado potencial de socavar la ideología oficial. Durante los sesenta y setenta, sin embargo, como su situación económica, militar y su legitimidad en el país eran más fuertes, las políticas migratorias soviéticas cada vez fueron más liberales.

En los sesenta, los emigrantes universitarios debían reembolsar al Estado el coste de su educación superior gratuita.

En los setenta cada vez fue más sencillo que los ciudadanos soviéticos emigraran, aunque existían una serie de obstáculos con el fin de desalentar la emigración. El procedimiento estándar para emigrar en esos días era el pago de una tasa de 300 rublos para obtener una visa; además los ciudadanos soviéticos que deseaban emigrar debían renunciar oficialmente a su nacionalidad, incluido su derecho a volver.

Los ciudadanos soviéticos que emigraban a los países capitalistas debían pagar una tasa de 500 rublos para renunciar oficialmente a su nacionalidad, mientras que los que querían emigrar a otro país socialista debían pagar 50 rublos. El requisito de renuncia a la nacionalidad enfatizaba la finalidad y la falta de patriotismo inherente en el acto de emigrar y funcionaba como disuasorio.

Las tasas totales de salida (aproximadamente 1000 dólares) que se cobraban a los emigrantes al mundo capitalista se consideraban tanto una compensación parcial por el trabajo social invertido en la educación del ciudadano que partía, como un impedimento a la emigración poco meditada.

Los emigrantes potenciales soviéticos también tenían que obtener el consentimiento de sus familiares más próximos. Además, los miembros de la intelectualidad que pedían visas perdían sus posiciones profesionales, y debían trabajar como obreros corrientes mientras esperaban que se aprobara su salida.

Ese proceso suele llevar su tiempo, en parte con el fin de investigar a las personas que quieren irse y asegurar que no conocen secretos de Estado, y en parte como un obstáculo adicional para desanimar la emigración. A los intelectuales que habían estado implicados en trabajo científico o militar se les suele negar el permiso de emigrar con el fundamento de que poseen secretos de estado.

Durante los setenta, no sólo los soviéticos liberalizaron sus políticas migratorias (cientos de miles emigraban cada año), sino que también adoptaron una política de emigración forzosa para disidentes importantes (como Solzhenitsyn, Gigorenko, Z. Medvedev)

En los setenta, la emigración de la URSS ha sido más sencilla que había sido en los Estados feudales y mercantiles de la Europa anterior al siglo XIX; si se mira la cuestión desde un punto de vista histórico, por tanto, se puede concluir que las políticas migratorias soviéticas se han vuelto bastante liberales, reflejando la mayor estabilidad, poder y legitimidad de la sociedad soviética contemporánea.

Algunos países socialistas han permitido e incluso animado la emigración de aquellos (normalmente de las antiguas clases privilegiadas) que se oponen ideológicamente al socialismo. Cuba y Vietnam han adoptado políticas parecidas. El objeto es lograr una mayor uniformidad ideológica y remover una fuente continua de desmoralización. A la inversa, la necesidad apremiante de retener trabajo muy cualificado, sin recurrir a escalas salariales enormemente desiguales, ha llevado a otros países socialistas, como la RDA desde 1961, a adoptar políticas migratorias severamente restrictivas.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Derechos humanos en la URSS. Facho-libegales, abstenerse.
NotaPublicado: Mié Sep 03, 2014 11:41 am 
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Aún así otros países socialistas, como por ejemplo Yugoslavia, Polonia de 1956 a 1981 y Hungría después de 1956 no han impuesto restricciones importantes a la entrada o a la salida de la gran mayoría de sus ciudadanos.

Como Estados Unidos es un país rico y con salarios lo suficientemente altos como para atraer más inmigrantes que gente que desee emigrar, sus restricciones de salida se han limitado hasta ahora a negar el viaje al extranjero de aquellos que podrían socavar la legitimidad de sus instituciones.

Durante la Guerra de la Independencia, por ejemplo, los que querían viajar a territorio británico tenían que obtener un pase de los diversos gobiernos de los Estados o de los comandantes militares. Por lo general el pase sólo se concedía a individuos de “carácter y puntos de vista aceptables”, y sólo después de que juraran no informar o no actuar de cualquier forma que pudiera ir en perjuicio de los Estados Unidos. Los pases, inclusos de aquellos de probada lealtad no eran nada fáciles de adquirir. Por ejemplo el General Washington era reacio a conceder pases a áreas controladas por los británicos salvo en “ocasiones muy necesarias e importantes”.

Aunque comenzó a conceder pasaportes en 1796, el nuevo gobierno federal no requería que las personas que desearan abandonar el país obtuvieran uno; los primeros pasaportes de los EEUU servían como documentos de identificación y presentación para personas que viajaban a países extranjeros, y no eran permisos de salida (como ocurrió después) Sólo después de la Primera Mundial el Congreso declaró ilegal salir del país sin un pasaporte válido, pero en los años veinte y treinta los pasaportes volvieron a ser opcionales. En 1941, una vez más como medida de guerra, se requerían pasaportes como condición para salir de Estados Unidos. Después de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno federal mantuvo su autoridad para prohibir a las personas viajar al extranjero si se consideraba que “no sería en los mejores intereses de los Estados Unidos”.

De 1947 a mediados de los 50 se negó el derecho a numerosos individuos a abandonar los Estados Unidos debido a su ideología o afiliación izquierdista, y se aplicaban prohibiciones tajantes de viajar a ciertos países socialistas. La política del Departamento de Estado de negar la salida del país a aquellos cuyas actividades en el extranjero se considerara que “no redundaría en beneficio de los intereses de los Estados Unidos” se incorporó en la Ley McCarran, que prohibió conceder pasaportes a miembros del partido Comunista, y la Ley de Seguridad Interna de 1954, que concedió al Secretario de Estado poderes discrecionales para conceder un pasaporte individual. En esos tiempos, el individuo que dejara los EEUU sin un pasaporte válido (incluso para ir a Méjico o Canadá) estaba sometido a cargos criminales si regresaba.

Como la Guerra Fría se atenuó a finales de los cincuenta, los poderes discrecionales del Secretario de Estado se extinguieron. Sin embargo, quedaron en vigor restricciones para viajar a algunos países por razones políticas (por ejemplo Cuba, China, Vietnam, Albania) durante mediados de los setenta, o Irán en 1980, y estaban apoyados por figuras de delito específicas. En 1981 la administración de Reagan volvió a restringir los viajes a ciertos países (por ejemplo, Cuba o Vietnam)

Al contrario que la Europa del Siglo XX, que fue una región de emigrantes hasta el presente siglo, la principal preocupación de los Estados Unidos ha sido regular la inmigración. Comenzando con restricciones y luego con prohibiciones absolutas para los inmigrantes asiáticos, la política de inmigración en las última dos décadas del siglo XIX las restricciones a la inmigración fueron cada vez más severas hasta la Ley de Inmigración de 1924, que prohibía virtualmente toda inmigración por cualquier razón de la mayoría de los países del mundo, con la excepción de europeos del noroeste de Europa, debido a su población bien formada, cualificada y políticamente fiable. Amplias reservas de campesinos desplazados quedaron disponibles en el sur de los EEUU, procedentes de Puerto Rico y Méjico, lo que significaba que ya no era necesario absorber el campesinado excedente de Europa oriental y del sur. De hecho, si se hubiera permitido a los inmigrantes europeos seguir entrando en EEUU, la rápida comercialización de la agricultura en el Sur de Estados Unidos hubiera resultado en una masa redundante de trabajo en las ciudades industriales del Norte. Además, después de la Primera Guerra Mundial, muchos inmigrantes europeos tenían asociaciones con grupos izquierdistas en Europa, al contrario que en el Sur de EEUU o incluso los emigrantes de Méjico y Puerto Rico. La prohibición de la inmigración europea sirvió por tanto como un factor político estabilizador en los Estados Unidos.

Mientras tanto, la rápida industrialización de Europa noroccidental generó una escasez de mano de obra. En algunos lugares se abordó el problema volviendo a instaurar las restricciones a la emigración en el periodo de entreguerras, y cada vez más (especialmente en los cincuenta y los sesenta) por la inmigración de los trabajadores de la periferia del noroeste de Europa. En la Europa de posguerra, al igual que en los Estados Unidos, la preocupación era regular la inmigración en vez de la emigración, especialmente en los setenta y ochenta, puesto que su economía empezó a estancarse, y la oferta de inmigrantes comenzó a superar a la demanda.

En 1965 la ley de inmigración de EEUU fue modificada con el fin de permitir la inmigración de cualquier país, otorgándose prioridad a aquellos inmigrantes cualificados que necesitaba la economía. Esta nueva ley provocó una “fuga de cerebros” de profesionales bien formados de la India, Corea del Sur y Hong Kong, así como de Iberoamérica y Europa. Muchos individuos muy cualificados pasaron a residir en los EEUU con el fin de disfrutar de ingresos más altos, en vez de trabajar por mucho menos dinero en su país, donde, en la mayoría de los casos, sus servicios hubieran prestado una contribución muy valiosa a las vidas de la gente común.

Otra prioridad de las leyes de inmigración de Estados Unidos ha sido conceder el derecho de inmigración a aquellos (por lo general personas de clase alta y clase media alta) que abandonan ciertos países socialistas (como la URSS, Polonia, Vietnam, Hungría y Cuba, tanto como gesto de apoyo a aquellos en los que comparten la visión política de EEUU y como parte de una campaña de propaganda internacional contra el “totalitarismo” y en pro de los “derechos humanos”.

El tenor de la ley es dar el estatus de refugiado a aquellos que dejan sus países por razones de persecución política, pero los EEUU han determinado sistemáticamente que virtualmente cualquier persona que deja un país socialista lo hace por razones de persecución política (a pesar del hecho bien definido de que en la mayoría de los países socialistas en los setenta y ochenta ha habido un nivel relativamente bajo de represión política) Por otro lado, los refugiados que se oponen a regímenes asesinos y represores de derechas operando en su país, como los de Guatemala, Salvador y Haití que protegen los intereses comerciales de EEUU y que por lo tanto son apoyados por este, suelen ver denegado su estatus de refugiados. Si EEUU reconociera que sus vidas correrían peligro si se los repatriara a la fuerza, sería como un admisión explícita de que apoyan a países que no toman en consideración derechos humanos básicos, en contradicción con una de las premisas ideológicas básicas que justifican la política exterior de EEUU.

Debe notarse que el derecho de los Europeos occidentales (y de los polacos) a emigrar, y de aquellos individuos con una cualificación profesional demandada y opiniones políticas correctas procedentes de los países menos desarrollados, es de hecho mucho mayor que el derecho de los campesinos, braceros y desempleados urbanos en estos mismos países menos desarrollados, incluso cuando formalmente las restricciones a la emigración son iguales.

Si China, India o Haiti permite a sus ciudadanos emigrar y Australia, Canada, Japón, EEUU, el Reino Unido y Europa Occidental (y virtualmente a cualquier otro con elevada cualificación y altos salarios y que constituyen un activo político demostrable) las políticas migratorias formales son irrelevantes.

Por lo tanto este breve resumen histórico de las restricciones migratorias demuestra claramente que las restricciones estatales a la inmigración y emigración siempre han sido el producto del bienestar general económico, militar e ideológico de una sociedad como es valorado por su clase dominante, y que virtualmente todos los estados, casi en toda la historia, han impuesto serias dificultades a aquellos miembros de su población que deseaban dejar su territorio. Hay razones sustanciales por las que “el derecho a emigrar”, junto con el derecho a expresar públicamente ideas políticas contrarias a la ideología oficial han sido históricamente los dos derechos más restringidos históricamente, ambos afectan directamente al bienestar económico común y a la seguridad ideológica. El trabajo (la última fuente de toda riqueza) es un recurso nacional vital. Si una porción sustancial de la población del país, o una proporción sustancial de trabajadores cualificados en sectores específicos vitales dejan el país, su situación económica general quedará debilitada. Puesto que el propósito de todo Estado es promover el bienestar de la clase que controla la riqueza del país, se sigue lógicamente que ningún Estado permitirá la salida de una fracción sustancial de su población, a menos que el coste político y económico de mantener a la gente dentro de sus fronteras exceda el coste de dejarles salir.

La elevación contemporánea de la “libertad de emigración” al estatus de uno de los “derechos humanos inalienables” más importantes es en gran medida un producto de la ideología liberal capitalista, que refleja directamente los intereses subyacentes del capitalismo avanzado y del imperialismo, más que los intereses de los trabajadores del mundo (como se aduce en el discurso de los derechos humanos abstractos)

En el mundo real la mayoría de los emigrantes son refugiados económicos que dejan su patria debido a escasas oportunidades económicas y que tienen la intención de regresar después de “haber hecho fortuna”. El derecho a un buen empleo en su país nativo es obviamente más importante para ellos que el derecho a dejar su patria y buscar un trabajo en el extranjero.

Los emigrantes que no dejan sus países debido a su desesperación económica lo hacen debido a persecución por razón de su etnia, nacionalidad o actividades políticas y religiosas. Es razonable asumir que los emigrantes preferirían normalmente ser protegidos de la discriminación, tener el derecho a practicar su credo en paz, y tratar de lograr sus objetivos políticos, más que el derecho a emigrar. En el mundo real, la celebración del derecho a emigrar camufla de forma característica la lucha entre el derecho del capital a obtener una fuerza de trabajo que asegure la homogeneidad ideológica doméstica (así como apuntarse tantos ideológicos frente a los países socialistas) y el derecho de los trabajadores a un nivel decente de vida, así como a garantías básicas vitales de verse libres de humillaciones estructurales.

La institucionalización del derecho a viajar al extranjero y a emigrar y la ideología liberal asociada de la “libertad” se ha establecido con más firmeza en la cultura holandesa, británica y americana más que en otros países debido a la particular historia económica de los mismos. El hecho de que Gran Bretaña fuera el primer país en llevar a cabo la revolución industrial significa que estuvo entre los primeros en eliminar las restricciones a la emigración, debido a que fue el primero que produjo un excedente de población masivo de ex campesinos que hubiera sido muy gravoso mantener en casa tanto económica como políticamente.

Como resultado, las restricciones a la emigración no sólo se relajaron de forma considerable en el siglo XVIII, y abolidas totalmente en el siglo XIX, sino que se alentaba vigorosamente la emigración, incluso se forzaba en el caso de colonias penales como Georgia y Australia, con el fin de asegurar una masa de fuerza de trabajo para las colonias británicas.

Los Estados Unidos, como el principal receptor de la mayoría de los emigrantes europeos durante la primera guerra mundial, capaz de atraer suficiente fuerza de trabajo sin la necesidad de restringir la emigración, tenía toda la razón del mundo para celebrar “el derecho inalienable de las personas a dejar sus países”, puesto que tal discurso era una conveniente propaganda a animar a la vieja Europa y a China a liberar sus reservas de fuerzas de trabajo para que fueran empleadas por el capital, en un rápido proceso de acumulación, En los últimos años del siglo XX, los EEUU consideran siendo los principales practicantes de la retórica del “derecho inalienable a emigrar” puesto que tal retórica continua sirviendo para apropiarse trabajo muy cualificado de los países menos desarrollados, y de los más pobres países socialistas. Países que están tratando de implantar políticas salariales más igualitarias, y de llevar a cabo una rápida industrialización deben disuadir a sus trabajadores más cualificados de emigrar y de la tentación de obtener elevados salarios y niveles de vida relativamente lujosos en EEUU. Afirmando que entro los derecho fundamentales más importantes está permitir salir del propio país, la propaganda de EEUU categoriza las restricciones de emigración en los países socialistas como prueba de la superioridad del desigual capitalismo sobre el socialismo “totalitario”.

En realidad, las restricciones a la emigración son irrelevantes respecto a las posibilidades inherentes de libertad abstracta tanto en los países capitalistas y los socialistas, y sólo reflejan las circunstancias particulares de la segunda mitad del siglo XX donde la mayoría de los países muy industrializados son capitalistas y capaces de retribuir generosamente a su fuerza de trabajo, especialmente a la más cualificada. Pero si tuvieran que enfrentarse con la emigración de una parte significativa de la fuerza de trabajo, sin duda los países capitalistas occidentales tomarían medidas parecidas a las de los Estados que les precedieron e impondrían restricciones de salida a sus nacionales.

El liberalismo relativo de los países capitalistas más avanzados en relación con la movilidad internacional de sus nacionales que ha prevalecido desde mediados del siglo XIX, ha sido asociado en gran media con el liberalismo general de este periodo: libre comercio, libertad de trabajo (la abolición de la esclavitud, la servidumbre y los derechos de los artesanos en sus trabajos) y la libertad de expresión. Todos estos
derechos han demostrado ser muy beneficiosos para los países más ricos y poderosos, primero Holanda, luego Gran Bretaña, después los Estados Unidos, y después el resto de Europa Occidental, y es por esta razón que estos países han reconocido y celebrado tales “derechos” y otros países nos. Bajo tales circunstancias no sólo se permite la “libertad” sino que a veces se impone. De este modo, el Reino Unido, los Estados Unidos y otras potencias occidentales forzaron el libre comercio, la libre inmigración, la libertad ideológica (es decir los derechos de los misioneros a convertir) y el trabajo “libre”, a la mayor parte del mundo menos desarrollado. Este discurso imperialista de los “derechos inalienables” sin embargo, ha encubierto los más crasos intereses materiales del capitalismo en expansión, y la destrucción y humillación de los países menos desarrollados, incluyendo la muerte prematura de muchos millones de su población.

A finales del siglo XX el discurso de los “derechos humanos” camufla de modo parecido los intereses de aquellos que se benefician materialmente de la emigración de personas cualificadas formadas en los países socialistas. Ciertamente, esto ilustra el principio general de que el discurso de un derecho absoluto individual inalienable o de derechos “humanos” inalienables es simplemente un disfraz ideológico para los intereses de clase de los que lo emplean.

La “comunidad” (o sea, la clase de los propietarios) Son sus intereses los que prevalecen y son el fundamento real de todos los “derechos” (aparte de la retórica del contrato social o de los derechos inalienables). La conceptualización de los derechos individuales como superados en algunos casos por los intereses de la comunidad (lo que refleja un dualismo individuo-sociedad) es básicamente defectuosa. Es suficiente comprender la lógica de una clase particular de sociedad y de su nivel de riqueza y estabilidad para conocer qué derechos “individuales” se permiten y se celebran. No hace falta formular otras hipótesis.

Análisis comparativo.

Puede defenderse de forma legítima que para el propósito de ilustrar la condición de los derechos en la URSS contemporánea deben hacerse comparaciones más propias con (1) el pasado zarista del país (antes de 1917) así como anteriores periodos de la historia soviética, concentrándose en la tasa de cambio en el avance o regresión de los derechos; (2) con países con un nivel similar de desarrollo de las fuerzas productivas, o en la actualidad, o en tiempos de la revolución bolchevique o, (3) con la otra potencia militar y económica y el primer representante del sistema económico en competencia en el mundo de hoy: los Estados Unidos.

Los que tengan simpatías por los logros soviéticos en el área de los derechos escogerían el primer marco. Se puede demostrar fácilmente que la gran mayoría de la población soviética ha experimentado en su conjunto una mejora significativa en todos los tipos de derechos: derechos civiles básicos y de participación: antes de 1917 el Imperio Ruso era una monarquía absolutista (con matices) en la que no existía participación efectiva o se reconocían libertades civiles para oponerse al sistema o para defender los intereses de los trabajadores o de las minorías; derechos civiles: existían políticas de rusificación forzadas junto con una persecución sistemática de los judíos; la propiedad productiva se concentraba en pocas manos, mientras que la mayoría de la población de las ciudades carecía de propiedad, y los trabajadores no tenían derechos laborales; y finalmente, en términos de derechos distributivos, no había derecho al trabajo, a la vivienda, a la educación, a la sanidad, a la seguridad social, etc, para la gente común. Igualmente, si se compara las condiciones de la URSS en los setenta y ochenta con las de mediados de los años treinta hasta 1955 se pude (con el consenso de los académicos occidentales) demostrar fácilmente una extensión considerable en el área de los derechos populares, especialmente de las libertades civiles y los derechos de participación. Mi análisis se referirá al pasado soviético, pero este no será el modo principal de comparar.

Existe un nivel avanzado de derechos en la URSS hoy en día (1983) en comparación con países con un nivel comparable de desarrollo económico y nivel de vida de la gente común en el imperio Ruso desde 1917. Es también fácilmente demostrable. La situación en el Asia Central Soviética en todas esas cinco áreas (incluyendo las libertades civiles) es considerablemente más avanzada que en aquellas áreas en la frontera sur de la URSS, que tradicionalmente compartieron culturas similares, por ejemplo Turquía, Irán bajo el Shah, Afganistán antes de la revolución de 1978 y otros países como Pakistán. De modo parecido, los derechos populares existentes hoy en las repúblicas bálticas y Transcaucásicas en comparación con países como Argentina, Portugal o Chile, que grosso modo, estaban a niveles similares de desarrollo de sus fuerzas productivas, dan una imagen relativamente favorable a la URSS. En gran medida esas comparaciones conforman un elemento periférico de mi argumentación, especialmente en referencia con las condiciones en el Asia Soviética Central.

Sería mucho más difícil para el defensor de la tesis de que los derechos son bastante avanzados en la URSS contrastarlos con el grado de derechos existentes en los países que se hayan en un nivel comparable de desarrollo de las fuerza productivas, y por tanto en el nivel de vida popular, por ejemplo, en España, Italia y el Reino unido. Aunque podría defenderse con vigor (al menos en el Reino Unido e Italia) que existe un grado más elevado de libertades civiles de nivel III en occidente, sería más difícil demostrar que los derechos civiles para las minorías, los derechos económicos sustantivos, los derechos de propiedad para la mayoría o los derechos de participación estaban más avanzados en los países capitalistas. Las comparaciones entre Italia, España, el Reino Unido y la URSS se realizarán de vez en cuando en esta obra.

Que los derechos en la URSS son más avanzados en comparación con su principal competidor en el mundo de hoy, los EEEU, el “País de los Libres” es tal vez lo más difícil de defender. Hacerlo se demostraría la tesis más fuerte contra aquellos que categorizan la competencia entre el sistema socialista (ejemplificado por la URSS) y el sistema capitalista (ejemplificado por EEUU) en términos de derechos humanos “humanos” más que en términos de nivel de vida.

En las comparaciones entre los EEUU y la URSS se ha realizado todo esfuerzo para localizar datos más o menos comparables para periodos temporales iguales o comparables.

De este modo la historia de la represión y la tolerancia en las dos naciones se toma desde la época de sus respectivas revoluciones hasta 1980. Las comparaciones entre las condiciones de las minorías y de las mujeres en las dos naciones se centran en el periodo de 1960 a 1980. Siempre que ha sido posible, los datos soviéticos más recientemente disponibles se comparan con datos de los Estados Unidos en los mismos años, o en años tan cercanos como es posible. En algunos casos, sin embargo, los datos de la URSS están disponibles en inglés sólo en periodos temporales concretos, normalmente porque se encontraban en estudios específicos ( a veces realizados a mediados o finales de los sesenta) y no se actualizan de modo regula en cualquier fuente en inglés disponible.

Los datos para los Estados Unidos a veces están disponible sólo en los años en que se realizan censos, o en unos pocos casos, sólo en informes especiales que cubren sólo años concretos. Cuando es imposible localizar los datos, para el mismo (o aproximadamente el mismo) año en los dos países, los datos soviéticos más tempranos se comparan con los datos norteamericanos posteriores. Esa comparación lleva un inherente sesgo proamericano puesto que esto da a los EEUU más tiempo para mejorar la condición de las minorías y de las mujeres que a los soviéticos. Puesto que estas comparaciones tienen un sesgo inherente contra el propósito de demostrar que los Soviéticos han realizado más progresos relativos que EEUU, la evidencia contraria en tales comparaciones es fuertemente indicativa de que la URSS es más progresista en cuestiones de derechos de las minorías y las mujeres que los EEUU. Las comparaciones entre los EEUU y la URSS en lo que concierte a las condiciones económicas y a los derechos se realizan en su mayor parte con los datos disponibles más recientes de los años 70, que, en su mayor parte, son en periodos temporales comparables.

Al comparar y contrastar las condiciones de los derechos en la Unión Soviética y en los Estados Unidos de América este libro se centrará solamente en tres (y medio) de los típicos derechos fundamentales expuestos en este capítulo: (1) Derechos civiles (la posición de las mujeres y las minorías nacionales); derechos distributivos; (3) libertades civiles, y (4) derechos de propiedad de los asalariados en relación con la seguridad laboral, la participación de los trabajadores y otros derechos laborales.

La cuestión de la participación en el Estado (derechos políticos) y otros aspectos de los derechos de propiedad se trataron en unos de mis libros anteriores. Las últimas dos cuestiones son los dos aspectos centrales sobre la clase que ostenta el poder en la URSS, esto es, si el país es socialista o no, aunque la cuestiones anteriores, aunque no sean una parte integral del socialismo, están de todas formas muy unidas a ella. Es de esperar que una auténtica sociedad socialista crearía una avanzada estructura de derechos civiles para las mujeres y las minorías nacionales, y que los derechos de estos grupos serían considerablemente más avanzados que en países capitalistas comparables; que la clase trabajadora ejercitaría libertades civiles reales y participación en debates públicos sobre el desarrollo de su sociedad (aunque no necesariamente expresando públicamente ideas antisocialistas) y que los trabajadores disfrutarían de un elevado nivel de servicios sociales junto con la garantía efectiva del derecho al trabajo.

El capítulo segundo examina la posición de las principales minorías asiáticas vis a vis el grado en que han mantenido una relación colonial o neocolonial con la parte europea de la URSS. Su desarrollo económico, bienestar social, educación, desarrollo cultural lingüístico, y el grado de participación política se analizan aquí, como se examinan la pruebas de separatismo y movimientos anti rusos o anti socialistas. El capítulo tres es un estudio paralelo de las principales nacionalidades europeas y de los judíos, y llega a la conclusión de que existe poca o ninguna impresión de opresión nacional en la URSS. Esos avances considerables se han realizado en virtualmente todos los aspectos de la vida de estas minorías, y que queda poco del estatus previamente inferior de las nacionalidades oprimidas en la URSS. La comparación con EEUU demuestra que hay un progreso considerablemente más rápido y sustancial en estos aspectos en la URRS.

El capítulo cuarto es un análisis sistemático de la posición de las mujeres en la URSS. Los derechos legales de las mujeres, la socialización del cuidado de los niños, la repartición del trabajo doméstico entre hombres y mujeres, la facilidad para abortar, las oportunidades educativas abiertas a las mujeres, la integración económica de las mujeres en la economía, la protección especial al trabajo femenino y el papel gerencial de las mujeres, en el Partido y en el gobierno se examinan en detalle. Nuestra conclusión es que las mujeres han logrado una posición mucho más igualitaria en la sociedad soviética que las mujeres norteamericanas, incluso aunque, en 1917, las mujeres norteamericanas estaban en una mucho mejor posición relativa con respecto a los hombres, pero el progreso para las mujeres soviéticas ha sido extremadamente rápido.

El capítulo cinco se ocupa de la cuestión de derechos distributivos y laborales, incluyendo la participación en la toma de decisiones de las empresas. El nivel de vida de los trabajadores soviéticos y occidentales se compara (en términos de productos básicos, artículos de lujo, vivienda, etc) Los derechos de educación gratuita y de asistencia médica, junto con las pensiones de jubilación y discapacidad también son abordados. Los derechos considerables a un empleo remunerado, a la seguridad laboral y a la participación de los trabajadores soviéticos se explican y se contrastan con los derechos de los trabajadores norteamericanos. En la mayor parte de las áreas de los derechos distributivos y laborales (con la excepción de las condiciones de seguridad) concluimos que son significativamente más avanzados en la URSS que en los EEUU.

Los capítulos seis, siete y ocho examinan de modo sistemático las libertades civiles (especialmente los derechos a la defensa jurídica del tipo 1) en la URSS y los EEUU. El capítulo siete rastrea la historia de la defensa jurídica y el derecho a un proceso debido (o su represión o suspensión) de la revolución de 1917 a mediados de los 50. El periodo de la revolución cultural (1928 a 1931) y la colectivización de la agricultura y las hambrunas (1928-33) así como el periodo de la denominada “Gran Purga” (1936-1928) son abordados minuciosamente, pues es claro que se aduce que en estos periodos los “derechos humanos” han sido más reprimidos en la historia soviética. En este capítulo se mostrará que en parte las considerables variaciones en el nivel del respeto al proceso debido y la tutela judicial efectiva fueron producto de diverso grado de gravedad en las crisis domésticas e internacionales, y no el producto de personalidades individuales.

El capítulo ocho se centra en el movimiento disidente soviético contemporáneo, en primer lugar definiendo el alcance de la opinión pública tolerada en el país, el grado y la definición de los “disidentes”, su estrategia, las sanciones que sufren, y las distintas corrientes entre ellos. El nivel de tolerancia y represión de los opositores al sistema socialista soviético se compara cuidadosamente con la historia de la represión de aquellos que se han opuesto a las instituciones dominantes de la sociedad americana durante 200 años de historia de EEUU y concluye que no existe una diferencia cualitativa entre las dos sociedades en este aspecto. Tanto la URSS como EEUU han hecho siempre lo que hiciera falta para preservar su sistema dominante de propiedad. Los periodos de represión incrementada en ambos países se han correspondido con el grado en que la clase dominante se ha sentido amenazada, mientras que los periodos de tolerancia se han correspondido con periodos de escasa fuerza de los movimientos de oposición. Como se mostrará en el Capítulo 6, la diferencia entre la represión practicada en la historia de EEUU en tiempos de guerra y crisis y la que se ha practicado desde mediados de los cincuenta en EEUU, aunque no se ha diferenciado ni cualitativamente ni en esencia, si que ha diferido en la dimensión de “quién se beneficia”, como uno podría esperar de la naturaleza de clase cualitativamente diferente en los dos países. Finalmente, el capítulo nueve es un resumen de los datos presentados y presenta una teoría general de los derechos de defensa.

Debe recalcarse que el análisis de los capítulos seis a nueve, sobre la tolerancia y las libertades civiles, es un intento materialista de explicar las causas de tolerancia y represión en una sociedad dada y no un intento de evaluar la represión o la tolerancia como “buena” o “mala”. La premisa subyacente aquí es que un entendimiento científico de las causas de la represión y la tolerancia es más útil que juicios de valor demasiado fáciles (de los que está llena la literatura) Si estamos armados con un entendimiento de las causas de la represión y de la tolerancia, no sólo podremos evaluar lo más objetivamente posible el potencial liberador relativo del capitalismo y el socialismo, sino también actuar de modo que evitemos una improcedente represión o liberalismo en el futuro.

También debe recalcarse que nuestra tentativa de explicar las causas de los periodos más represivos en la historia soviética o norteamericana de ningún modo pretende “justificar” o legitimar tal represión. Por el contrario un entendimiento científico de tales periodos represivos evita trivializarlos como simplemente “errores” o el resultado de las políticas de líderes “malos”. De nuevo, si tenemos un entendimiento de las causas estructurales de la tolerancia y de la represión estamos en una mejor posición para evaluar objetivamente y explicar a otros el potencial del capitalismo y del socialismo para garantizar los “derechos humanos”, minimizando igual mente el riego de cualquier represión o liberalismo futuro equivocado.

Una nota sobre las fuentes.

El debate sobre los derechos humanos en la URSS y EEUU se basa casi por completo en fuentes fundamentalmente antisoviéticas y pro-capitalistas; fuentes generalmente consideradas en los círculos académicos occidentales como objetivas y respetables. Las fuentes pro-soviéticas, por regla general, no se emplean (con la excepción de algunas estadísticas del anuario estadístico de la URSS y citas de la Constitución Soviética)

Por tanto las fuentes generalmente antisoviéticas empleadas casi en exclusiva en ese libro pueden esperarse que estén sesgadas en el sentido de exagerar el grado de la ausencia de derechos humanos en la URSS, mientras que al mismo tiempo magnifican los logros occidentales en este aspecto. En su mayor parte, asimismo, estas fuentes se puede esperar que enfoquen el estudio de la URSS dentro de un marco filosófico o problemática de los derechos propia de la tradición liberal occidental. Un marco que recalca los derechos formales universales y las libertades civiles abstractas y minimiza el énfasis tanto en los derechos sustantivos como en la naturaleza de clase de todos los derechos. Debido a ese sesgo anticipado, esos trabajos pueden ser considerados muy fiables cuando incluyen pruebas de la existencia de un elevado nivel de derechos, especialmente de libertades civiles, en la URSS. Puesto que las tesis de las fuentes pro-soviéticas se desacreditan fácilmente como mera propaganda, (y de hecho se puede también esperar que exageren el nivel de derecho en la URSS y minimicen cualquiera de sus fracasos al respecto en materia de derechos) no se emplean estas fuentes.

Un análisis del cuerpo sustancial del trabajo académico realizado sobre la mayoría de los aspectos de la sociedad soviética desde los sesenta en los países anglosajones revela un interesante patrón. La retórica polémica de la guerra fría que permeaba los trabajos de los “sovietólogos” en los cincuenta ha sido en gran medida reemplazada por debates bastante cuidadosos y equilibrados sobre cualquier aspecto de la vida soviética que cubre el escritor (como es el caso incluso en las publicaciones oficiales del gobierno de EEUU, como “los problemas del comunismo” de la agencia de comunicación internacional de los EEUU.

Sin embargo, las presentaciones y conclusiones de tales trabajos (y normalmente las presentaciones y conclusiones de cada capítulo también) meten en un sándwich, por así decir, esas valiosas aportaciones empíricas entre análisis generalmente antisoviéticos y pro-occidentales, que en su mayor parte no tienen sustento en la evidencia que presentan los propios autores. Ciertamente, las generalidades, en vez de las concreciones, en tales trabajos, parecen una afirmación de “sentido común”, “lo que todos sabemos”, o de las premisas del campo de estudio; o quizás de una manera más cínica, lo que debe decirse para que uno sea publicado y para mantener la respetabilidad académica (y la financiación futura) Parece existir una sincera ambivalencia hacia la URSS en el corazón de los estudios soviéticos contemporáneos. Los logros considerables de la URSS se reconocen generalmente por los estudiosos más rigurosos de esa sociedad, pero muy pocos extraen las conclusiones generales y lógicas del corpus de sus obras. El presente autor está en deuda con la integridad esencial de su minuciosa erudición, pero siendo tal vez menos prudente, extrae las conclusiones que se encuentran justo al final de la superficie del corpus de sus trabajos.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Derechos humanos en la URSS. Facho-libegales, abstenerse.
NotaPublicado: Vie Sep 05, 2014 6:49 pm 
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Las nacionalidades asiáticas en la URSS.

Mientras que Gran Bretaña, Francia y otras potencias imperialistas occidentales estaban conquistando la mayor parte del Caribe, África, la India, el Sureste Asiático y el Pacífico, Rusia se expandía hacia el Pacífico y conquistaba Asia Central. A finales del siglo XIX Rusia había conquistado y sometido a un régimen colonial una considerable sección de Asia incluida la región Transcaucásica, Kazajstán y Turkestán. Con las perturbaciones de la revolución de 1917 y la guerra civil consiguiente gran parte de estas áreas se convirtieron en independientes temporalmente, dominadas por movimientos de derechas. Sin embargo a principios del siglo XX toda esta área de nuevo quedó “asociada” con Rusia dentro de la URSS. Hubo un periodo de guerra de guerrillas por parte de sectores conservadores de la población (los Basmachi) durante unos pocos años a principios de los años 20 con la población local dividida entre progresistas que apoyaban la transformación socialista y conservadores que se oponían a ella.

Bajo el Zar, y con el comienzo del poder Soviético, las sociedades de Asia Central y las regiones islámicas más allá del cálculo eran más o menos idénticas a las áreas adyacentes: parte de los Imperios turco y Persa, de Afganistán o de la India Británica. Su administración no difería en forma significativa de las colonias y territorios dependientes del Reino Unido, Francia o otras potencias coloniales de Europa Occidental. Eran explotados económicamente en beneficio de la clase dirigente rusa y se los mantenía en un bajo nivel de desarrollo y como fuentes de materias primas y mercados. Sus poblaciones estaban empobrecidas y sin derechos a servicios sociales básicos y a la educación, sus lenguaje y cultura vernácula sufría ataques y se les negaba el autogobierno.

Es importante examinar la relación entre las áreas asiáticas de la Unión Soviética y las áreas eslavas de la URSS con el fin de valorar el grado en el que las relaciones coloniales anteriores a 1917 entre un poder colonial europeo y sus colonias asiáticas han sido o mantenidas o transformadas durante 60 años de gobierno soviético.
Si las áreas eslavas de la URSS, en particular Rusia, son en esencia imperialistas, entonces podríamos esperar que la relación entre ellas y las áreas asiáticas sería fundamentalmente igual que la existente entre los EEUU y otros países capitalistas con sus colonias y semi-colonias en las áreas menos desarrolladas. Si, por otro lado, las características de una relación colonial o neocolonial están ausentes, esto supondría una prueba considerable de la tesis de que Rusia, y el resto de las áreas eslavas, no son imperialistas.

Para los propósitos de este libro, Azerbaiyán (en la zona transcaucásica) y las cinto repúblicas de la parte central de Asia: Kazajstán, Turkmenistán, Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán se categorizan como el Asia Soviética (las últimas cuatro suelen denominarse comúnmente asía soviética central, pero yo empleo ese empleo del término para incluir también Kazajstán. Para determinar si las relaciones entre el Asia Soviética y Rusia son coloniales o neocoloniales se analizarán las relaciones económicas, el nivel de vida, que comprende la asistencia sanitaria y la educación, el desarrollo del lenguaje y la cultura local, el grado de autogobierno y las manifestaciones de nacionalismo, sentimientos panislámicos y separatismo o sentimientos antisoviéticos en el Asia Soviética.

Si existe un fuere carácter colonial o neocolonial en las relaciones rusas con el Asia Soviética es de esperar que esto se manifestará en explotación, obstaculización de las industrialización, mantenimiento de bajos de vida, perpetuación de deficientes estándares de bienestar social y educativos, discriminación general de los asiáticos a la hora de obtener buenos trabajos, en la educación y en posiciones gubernamentales, junto con políticas destinadas a desalentar el empleo y el desarrollo del lenguaje y la cultura nativa. Además, que dicha opresión colonial y neocolonial resultaría en resentimiento y resistencia de la población nativa hacia la dominación y la opresión rusa, y por lo tanto en altercados, un revival del Islam, hostilidad a los rusos y movimientos disidentes entre los intelectuales.

Orígenes del Poder Soviético en Asia Central.

La revolución bolchevique resonó en Asia Central. Los jóvenes intelectuales asiáticos especialmente se unieron a la causa bolchevique en la Guerra Civil contra las clases dirigentes tradicionales de Asia Central, y en la transformación de la región después de 1920. Antes de la revolución de 1917 había poderosos movimientos progresistas nacionalistas y comunistas entre los asiáticos. En la década que precedió a la revolución, los nacionalistas de Asia central se habían aproximado al marxismo como reacción por su fracaso al obtener concesiones del Zar. El marxismo nacional prosperaba en Baku y Kazakstán. El énfasis bolchevique en la “cuestión nacional” y su sensibilidad con las preocupaciones de los pueblos colonizados fueron bien recibidos así como los esfuerzos de los bolchevique para reclutar miembros. Un distintivo “Nacional Comunismo Musulmán” se desarrollo, el predecesor de similares desarrollos posteriores en China, Cuba y en otros lugares en países menos desarrollados.

Muchos dirigentes asiáticos de estos movimientos propusieron al principio autonomía con respecto al Partido Comunista de la Unión Soviética, dominado por los rusos, y recalcaron un desarrollo político y cultural separado en el marco de una federación con la Rusia europea (1)

En junio de 1918 un partido bolchevique musulmán se fundó por el antiguo partido socialista musulmán. Este partido reclamaba un estatus igual dentro del partido comunista ruso. La membresía del partido se limitaba exclusivamente a personas de un entorno musulmán. En los años posteriormente inmediatos a 1917 los partidos bolcheviques reclutaron un amplio rango de radicales socialistas y nacionalistas que apoyaban a los bolcheviques contra sus enemigos comunes. En 1920 los bolcheviques parecían haber obtenido hegemonía entre los intelectuales radicales de procedencia islámica, incluyendo a grupos nacionalistas no marxistas como los Jovenes Bojaros. En algunos lugares clanes y tribus enteras se unieron.

Había relativamente pocos trabajadores en el Partido Bolchevique Musulmán, con la principal excepción del área de Baku, simplemente porque había pocos obreros en la región; la extracción de clase del nuevo Partido era en gran parte de clase media, especialmente entre los intelectuales nacionalistas. En unos pocos años desde su formación el Partido Bolchevique Musulmán se fusionó con el PCUS. (2)

Las tropas musulmanas desempeñaron un papel decisivo en la derrota de los ejércitos blancos contrarrevolucionarios en la Guerra Civil Rusa, así como en el establecimiento del poder soviético en Asia Central. En julio de 1918, 50000 soldados tátaros y basjires estaban luchando con el Sexto Ejército Rojo en oriente. Ya en 1919 aproximadamente un cuarto de millón de soldados de extracción musulmana estaban luchando en todos los frentes codo a codo con el ejército rojo. A comienzos de la Guerra Civil, las fuerzas contrarrevolucionarias de los Blancos pudieron reclutar, o más usualmente llamar a filas a un considerable número de musulmanes. Sin embargo, a medida que profesó la guerra cada vez más tropas desertaban a los rojos, muchas veces unidades completas. Las unidades desertores desempeñaron un papel muy positivo en las victorias militares bolcheviques, por ejemplo 2.000 Baksires que desertaron en los Urales en 1919 aportaron una contribución crucial a la derrota de Kolchak.

Junto con la defección de tropas estaba la deserción de varios grupos nacionalistas asiáticos no marxistas a los rojos cuando se dieron cuenta de lo que la Restauración significaría para el Asia Central. En 1920 los bolcheviques se habían asegurado el apoyo, o al menos la neutralidad, de casi todos los nacionalistas radicales en Asia Central (3)

La Revolución Bolchevique primero se llevó al Asia Central por trabajadores eslavos que organizaron el soviet de Tashkent (compuestas enteramente por eslavos) que tomaron el poder en Tashkent a finales de octubre de 1917. Aliándose con los jóvenes bujaros nacionalistas el soviet fijó el patrón general para el Asia Central. En marxo de 1918 el soviet de Tashkent envió a un destacamento de trabajadores rusos con un mayor grupo de jóvenes bujaros para derrocar al emir de Turkestán que había instaurado un gobierno independiente en la antigua ciudad de Bujara; este tentativa de derrocar al emir reaccionario fue rechazada. Tashkent y su soviet fueron aislados de Rusia por los ejércitos blancos durante más de un año, pero con el apoyo nacionalista progresista pudieron mantenerse hasta que se quebró el cerco de los Blancos. Las políticas seguidas por los trabajadores eslavos que dirigían el soviet, sin embargo, tendieron a enajenarse el apoyo de muchos asiáticos, y no fue hasta que Tashkent se unió de nuevo a la corriente principal de la Revolución Bolchevique que se acabó con la exclusión de los asiáticos de puestos gubernamentales y la apropiación forzosa de comida de la población local. Otro movimiento nacionalista separatista en Turquestán, instaurado en diciembre de 1918 en la vieja ciudad de Kokand, fue suprimido por el soviet de Tashkent en febrero de 1919. (4)

El emir de Bujara, que había estado gobernando su ciudad y los alrededores en 1917 en una tentativa de consolidar su régimen, instauró un régimen de terror contra todos los progresistas, incluidos los jóvenes nacionalistas. También estableció relaciones con las fuerzas británicas en Persia y con otras fuerzas anti-socialistas en el extranjero. En septiembre de 1920, los jóvenes Bujaros organizaron una revuelta en Bujara y ayudados por el ejército rojo lograron derrocar al emir y establecer la República popular de Bujara. Acontecimientos similares ocurrieron al mismo tiempo en Jiva, el otro Janato principal de Asia Central (5)

Los nuevos gobiernos soviéticos de Asia Central comenzaron una campaña de reformas intensivas que incluían una reforma agraria radical; en Turquestán, se expropiaron enormes porciones de tierra que habían sido ocupadas por los rusos y devueltas a los campesinos musulmanes.

Se llevaron a cabo campañas intensivas contra lo que se consideraba los aspectos atrasados del islám, como el confinamiento de las mujeres o el velo (ver capítulo 4) y el ayuno del Ramadán. Esas campañas se combinaron con un amplio rango de mejoras económicas, sociales y culturales en la vida de la gente, incluyendo campañas masivas de alfabetización, educación universal, la modernización de la agricultura, la industrialización y la provisión de servicios sociales y sanitarios básicos. En un relativamente breve periodo de tiempo la población aceptó el poder soviético (7)

En el periodo de 1920 a 1924, aparecieron diferencias entre los no marxistas, que al principio componían la fuerza dominante en las nuevas Repúblicas Populares de Jiva y Bujara, en la mayor parte del territorio de la vieja colonia zarista de Turquestán; los comunistas de Asia Central, que aspiraban a crear una enorme “República de Turán” que uniera a todos los pueblos musulmanes y turcos en el viejo Imperio Ruso en una única República Soviética afiliada débilmente con el área socialista europea; y los bolcheviques obedientes a Moscú.

Los nacional-.comunistas del Asia Central querían emplear la Republica de Turan como ayuda a la política bolchevique de extender la revolución al Asia. Un líder Tátaro de esta índole defendía:

“Para atraer al proletariado musulmán al comunismo debemos ofrecerles una bandera nacional, que actuará como un imán… su queremos patrocinar la revolución en oriente, debemos crear en la Rusia Soviética un territorio cercano al oriente musulmán, que sería un laboratorio experimentar para construir el comunismo, donde se agruparía lo mejor de las fuerzas revolucionarias” (8)

Ya en 1923-1924 las fuerzas marxistas habían logrado desplazar a los elementos no marxistas en los movimientos nacionalistas progresistas en las Repúblicas Populares de Jiva y Bujara.

En 1924 el elevado grado de autonomía en esas dos repúblicas finalizó, y la idea de una Repúblicas Unificada de Turán se desechó oficialmente. En vez de ello, el Asía Central se dividió en cinco repúblicas Soviéticas según líneas tradicionales étnico/lingüísticas; se instauraron repúblicas separadas para los Uzbecos, Kazajos, Turcos, Kirguises y Takzjis.

Se defendía que sólo mediante esos medios se minimizarían los antagonismos tradicionales entre los diversos grupos étnicos (como los existentes entre los sedentarios Uzbekos y los Turcos nómadas) y así se podrían desarrollar los aspectos progresistas de la cultura de cada grupo (9)

En 1918, las políticas del Soviet de Tashkent hacia los asiáticos nativos, particularmente las campañas para requisar alimentos, llevaron a muchos de ellos a la rebelión especialmente aquellos en las áreas más remotas donde las figuras dirigentes tradicionales religiosas y políticas conservaban influencia.

Inicialmente, muchos asiáticos se unieron a los ejércitos Blancos y después continuaron su resistencia como guerrillas (los Basmachi)

En otoño de 1919, después de que el gobierno central había recobrado el control sobre el Soviet de Tashkent y los musulmanes se unieron a él, se instituyó una campaña más intensiva para suprimir esa resistencia de guerrillas, bajo el General Frunze. En otoño de 1922, los bolcheviques (tanto eslavos como asiáticos) trabajando con los Jovenes Bujaros pudieron suprimir el grueso de la resistencia tradicionalista Basmachi, y hasta 1931 existió una resistencia desperdigada en ciertas áreas, pero ya en 1923 la resistencia violenta era casi inexistente. (10)

La resistencia armada al poder soviético se revitalizó en una escala más pequeña en algunas áreas como respuesta a las rápidas campañas de colectivización de 1928. La resistencia a la colectivización era especialmente fuerte entre los Kazakos con su estilo de vida fundamentalmente nómada, y los Kirguises que fueron forzados igualmente a abandonarlo.

Desarollo Económico.

El Asia Soviética, que anteriormente era extremadamente pobre y con un desarrollo industrial escaso, fue industrializada rápidamente con un nivel de vida que subió a patrones del Sur de Europa, en un marcado contraste con áreas equivalentes de Oriente Medio. La renta per capita, en términos relativos, en 1970 variaba de 673 rublos en Tayiquistán (44% por debajo de la media nacional) a la renta per cápita de Estonia de 1.587 rublos per cápita (un 33% por encima de la media nacional. (ver Tabla 2.1)

Esta variación per cápita se debe en gran medida a la más alta natalidad en las nacionalidades asiáticas que en las europeas. Si se hace un cálculo en rublos por adulto, que es más relevante como medida de renta per cápita en el sentido de que refleja de un modo más preciso la remuneración por trabajador, vemos menos discrepancias. La variación entre las repúbicas más ricas y las más pobres se reduce al 17% por encima del promedio de la URSS en Estonia y el 21% por debajo en Tadjikistán; la mayoría de la variación se ve también como el resultado de la estructura de edad. Mientras que en términos per cápita el promedio de las cinco repúblicas del Asia Central está un 32% por debajo de la media de la URSS, medido en términos por adulto está 1,1% por debajo. Aunque la renta per cápita en Azerbaiyán está un 38% por debajo, la renta por adulto está sólo 18% por debajo.
Los datos sobre salarios en 1978 revelan un cuadro aún más igualitario. Aquí se ve que el nivel promedio salarial en las repúblicas asiáticas está sólo un 7% por debajo del promedio soviético, mientras que Estonia, la República con salarios más altos, sólo está 1,1% por encima que los salarios promedio.

Trasladando la noción soviética de Renta Nacional Producida en dólares, nos da un promedio de 1,700 per cápita en 1970 (calculado en dólares de 1974) en las repúblicas asiáticas. En comparación, las cifras de Turquía son 630 dólares, 900 en irán, 1950 en España, Portugal 1.150 y Grecia 850. El Asia soviética se compara muy favorablemente con las partes equivalentes de Europa del Sur, quedando en un nivel económico similar a Europa del Sur.

Debe notarse también que el desfase en la renta per cápita de Rusia y las más pobres repúblicas asiáticas es significativamente menor que entre, digamos, Alemania occidental (55,650) y Italia (2,430) y mucho menos que entre Alemania Occidental y los países europeos más pobres del sur, como Grecia y Portugal.

La diferencia de renta entre los estados más pobres y los más prósperos en EEUU en los sesenta de aproximaba a la distribución entre las repúblicas soviéticas en los setenta. En 1960, la renta per cápita de Mississippi, el estado más pobre, estaba un 46% por debajo de la media nacional y un 35% por debajo en 1970. En 1960, Conneticut, el Estado más rico, tenía una renta per cápita de 29% por encima de la media nacional. En 1970 era del 25%. La renta per cápita de Puerto Rico en 1960 era el 25% de la de EEUU continental, en 1970 el 36% y en 1978 el 28% (12)
Por lo tanto la distribución de la renta entre las repúblicas soviéticas es virtualmente idéntica a la de los EEUU, y mucho más igualitaria que la diferencia entre EEUU y su colonia de Puerto Rico, que frecuentemente se cita como un ejemplo de los beneficios económicos del colonialismo americano. Aunque la renta per cápita en Asia Central era dos tercios del promedio nacional (como pasaba en los sesenta en el sur profundo en EEUU) en Puerto Rico, la renta per cápita era sólo un tercio. Además, al contrario que las tendencias operativas, tanto entre los 50 estados de EEUU y entre las 15 repúblicas soviéticas, el diferencial de renta entre Puerto Rico y los EEUU aumentó, más que decreció, durante los año setenta, y eso indica una relación cualitativamente diferente entre la isla y EEUU por un lado y entre Asia Central y las áreas eslavas de la URSS por otro.

Una comisión económica de las naciones unidas para Europa en un informe comentaba que:

“las disparidades en los niveles de vida entre Asia Central y la media soviética eran probablemente un quinto o un cuarto más reducidas que la media soviética, y que esta disparidad regional en el nivel de vida no puede considerarse que sea elevada en comparación con las que se encuentran en otros países. No existe apenas ningún país europeo sin regiones en las que la renta per cápita o el consumo está un quinto o más por debajo de la media nacional… la conclusión de que los niveles de vida promedio en Asia Centra, son sólo un cuarto o un quinto inferiores a los de la Unión Soviética como un todo equivale a decir que están en niveles mucho más altos que los países asiáticos vecinos, y que por lo tanto han mejorado de forma considerable en las tres décadas posteriores a la guerra civil”.

El rápido crecimiento económico y la mejora en los niveles de vida en el Asia Soviética se refleja en la rápida industrialización del área desde la revolución bolchevique. En la República Turkmena de 1913 a 1978 la producción industrial aumentó por 74 ( por 11 desde 1940); En Tadzhik por 138 (por 16 desde 1940) en Kirguistán 333 veces (por 34 desde 1940), por 71 en Uzbekistán (15 veces desde 1940) por 232 en Kazarkh (por 30 desde 1940) y por 62 en Azerbaiyán (por 11 desde 1940) Eso se compara con un incremento de 151 en la república rusa desde 1913 (por 17 desde 1940)
El nivel de industrialización, como se refleja en la proporción de la mano de obra en la industria, la construcción y el transporte, en contraste con la agricultura, aún no ha alcanzado la media soviética, pero existe una marcada tendencia en esa dirección. En 1939, en las cinco repúblicas soviéticas de Asia, la proporción de obreros industriales en la población era un 54% de la media soviética, pero en 1959 había subido al 68%. (15)

En 1956, el 13% de la población activa de Irán estaba empleado en la industria, en la construcción o en el transporte en comparación con un promedio del 25% en las cinco repúblicas de Asia Central y un 26,5% en Azerbaiyán en 1959. El contraste entre el Asia soviética y las regiones equivalentes de oriente medio también se ve en los kilovatios de energía producidos per capital. En 1962 promediaba 754 kilovatios per cápita en las repúblicas soviéticas y 1996 kilovatios per cápita en Azerbaiyán, comparado con 121 kilovatios per cápita en Turquía y 32 kilovatios per cápita en Irán en 1960 (16)

Tanto en el la región Transcaucásica como en Asia Central la renta rural es mucho más elevada que en Rusia y otras partes de la URSS europea. En 1958, (tanto en efectivo como en especie) eran 1,70 veces más alta en Asia Central que en el promedio soviético y en la región Transcaucásica 1,64 veces. (17)

Tanto los salarios como el nivel de vida más alto de la población rural de la URSS asiática comparada con la de los que viven en la URSS europea se debe en gran parte a políticas a largo plazo, especialmente importantes en los años 30 y 40, que subsidiaban el desarrollo industrial soviético y los niveles de vida requiriendo a los campesinos aportar al Estado productos básicos como patatas, trigo, cebada, carne, leche y huevos, a precios muy bajos.

Sin embargo, las Repúblicas Asiáticas, siendo semitropicales, se especializaron en otros productos como algodón, te, cítricos y uvas, que no se pedía que se suministraran al Estado a precios bajos; los precios más altos abonados por estos productos estimularon la producción (18)

Roy Medvedev, uno de los disidentes soviéticos más destacados, atestigua "que con la excepción de Moscú, el nivel de vida en Azerbaiyán y en Asia Central es más elevado que en el corazón de Rusia".

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 Asunto: Re: Derechos humanos en la URSS. Facho-libegales, abstenerse.
NotaPublicado: Lun Sep 22, 2014 2:06 pm 
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En los Estados Unidos, en los setenta, una menor proporción de negros que de blancos se empleaba en la agricultura (una vuelta de campana a la situación tradicional) pero una proporción significativamente más alta de braceros de origen mejicano con respecto a los blancos estaban empleados, el 7% y el 4% respectivamente en 1977. Al contrario que en la URSS, las rentas rurales son más altas en las regiones más desarrolladas de EEUU. En 1970, los salarios agrícolas en el Sur de EEUU promediaban 8,35 dólares al día comparados con 11,15 dólares al día en el Oeste y 9,95 dólares en el Noroeste; además, las minorías étnicas en EEUU ganan menos que los grupos étnicos dominantes, una vez más al contrario que pasa en la URSS. En 1970 los trabajadores agrícolas no blancos ganaban 8 dólares al día en comparación con 9,70 dólares de los blancos (20)
Los ingresos promedio por adulto en las cinco Repúblicas Centrales de Asia en la URSS estaban un 1% por debajo de la renta nacional en la URSS, mientras que los salarios mensuales promedios sólo se hallaban un 5% por debajo en 1978. Aunque en rigor no sean del todo comparables, esto puede considerarse a la luz de la ratio de renta de negros y blancos en EEUU en 1970, un 61%, es decir un 39% por debajo de la renta nacional. (21)

Aunque las disparidades de renta entre las nacionalidades de la URSS ha venido disminuyendo con rapidez a lo largo de los años y ha alcanzado el punto donde existen relativamente pocas diferencias, en los Estados Unidos durante los 70 las disparidades de renta se han incrementado a favor de las familias blancas.

En la Unión Soviética, en contraste con los EEUU y otros países capitalistas, las escalas salariales son uniformes en el país (con la salvedad de que se ofrecen algunas primas sobre los salarios básicos en áreas remotas donde se fomenta el desarrollo económico)

De este modo los trabajadores del Asia Central y de la zona Transcaucásica reciben los mismos salarios por los mismos trabajos que los trabajadores de Rusia, es decir, que los trabajadores industriales de las nacionalidades asiáticas reciben la misma retribución que los trabajadores rusos. Según Nove y Newth, “No existe prueba alguna de discriminación salarial” (22) Debido a la falta de desarrollo en el pasado, sin embargo, las nacionalidades asiáticas aún están infra-representadas en los trabajos mejor cualificados y mejor pagados, y en la clase obrera industrial en general; por tanto no se benefician por completo de las escalas salariales de toda la Unión. Sin embargo cada vez más se están incorporando a trabajos industriales, por lo que las disparidades económicas restantes están desapareciendo (23)

Los subsidios, las pensiones, la educación y la sanidad gratuita, así como otros servicios sociales, están estandarizados en la Unión Soviética (al contrario que en EEUU donde el Estado del Bienestar en los países pobres es menos generoso que en los más ricos) Esos servicios mejoran considerablemente los niveles de vida de la población asiática, si bien los habitantes del Asia Central reciben menos per cápita en lo que al “salario social” se refiere debido a que sus población trabaja más en el campo que los obreros soviéticos. Sin embargo, las áreas relativamente atrasadas comparten, en términos de igualdad formal, los beneficios de los servicios sociales de la URSS en su conjunto, y la carga financiera parece recaer de forma desproporcionada en los “más avanzados” rusos, ucranianos, etc (24)

Tanto la industrialización como la rápida mejora en los niveles de vida en el Asia Soviética han sido en gran medida subsidiados por la URSS europea. Gran parte de su desarrollo industrial, en especial antes de 1955, se financiaba directamente de los presupuestos de la Unión (más que con los presupuestos de las repúblicas locales) (25) Casi todos los bienes de capital importados al Asia Soviética durante el periodo de industrialización provenían de la zona europea de la URSS, a través de asignaciones del plan central, con el fin de desarrollar estas regiones. Según Nove y Newth “parece razonable concluir que este flujo de capital, proveniente principalmente de Rusia, representó una ganancia neta para las repúblicas, después de hacer todos los matices necesarios para factores compensatorios” (26)

“A las repúblicas asiáticas se les ha pedido históricamente proveer un menor porcentaje de sus ingresos al presupuesto de la Unión del que se pedía a las repúblicas europeas. Igualmente, los impuestos a las empresas en el Asia Soviética aportaban una cantidad relativamente escasa al presupuesto central. Los impuestos sobre los beneficios empresariales en Uzbekistán en 1961, por ejemplo, eran menos de la mitad que el promedio per cápita de la Unión”. (27)

“En gran medida, se permitía que retuvieran más generados en su territorio que el promedio proporcional de los ingresos que se retenían en el promedio de toda la Unión, para financiar el desarrollo económico y social. Y esto era consecuencia del hecho de que la inversión y el gasto educativo, en sanidad y en inversión en estas regiones era mayor en relación con los recursos locales que en cualquier otro lugar de la Unión Soviética… se sigue de la evidencia financiera, que la conexión rusa, ser miembros de una comunidad mayor y más desarrollada, facilitaba en gran medida el progreso social y económico conseguido en esas regiones” (28)

Tanto en EEUU como en la URSS ha existido una tendencia a la desaparición de las disparidades en renta per cápita entre las regiones; sin embargo, existen diferencias cualitativas en el modo en que este proceso se logra en las dos naciones. En URSS europea, al contrario que en virtualmente todos los países capitalistas avanzados, no se ha experimentado una inmigración de trabajadores potenciales en la industria y los servicios procedentes de regiones más pobres. En los EEUU sí han existido procesos migratorios internos, con los blancos pobres y los negros emigrando al norte, y la emigración de latinoamericanos a los EEUU; el Reino Unido ha acogido a emigrantes de la India oriental y occidental, franceses, portugueses, árabes, etc, y Alemania, turcos, italianos, etc. La dirección de la inmigración dentro de la URSS se ha producido, por el contrario, desde las regiones más desarrolladas a las menos; esto es consecuencia de una política estatal de una vigorosa inversión en las áreas menos desarrolladas y la subsiguiente aparición de nuevas oportunidades laborales (especialmente para los sectores más cualificados) en las regiones menos desarrolladas. EN el mundo capitalista, la migración laboral de pueblos periféricos a los países avanzados tiene como causa un paro masivo en sus países de origen y el deseo de ganar unos salarios considerablemente más altos de lo que de permanecer en ellos sería posible.

En la URSS la migración se produce a un clima opuesto, mediante primas salariales en el caso de las áreas más remotas. En el mundo capitalista el capital afluye a las áreas de inferiores niveles salariales para minimizar los costes, pero como los salarios son bastante uniformes en la URSS la minimización del coste laboral no puede entrar en consideración.

El crecimiento diferencial de la industria en las regiones menos desarrolladas es más bien materia de política estatal para igualar el nivel de desarrollo en el país en su conjunto.

En buena medida la industrialización de las repúblicas asiáticas se ha integrado con los recursos locales. Por ejemplo, la República Uzbeka es la principal productora de tractores para plantar y limpiar el algodón. Azerbaiyán es el principal productor de maquinaria de perforación, Y armenia es el centro para la metalurgia no ferrosa, siendo rica en molibdeno y aluminio así como en otros metales raros (29)
En conjunto, afirmamos que las políticas económicas y sociales soviéticas han tenido un éxito bastante grande en el Asia soviética. Tanto que muchos académicos occidentales especulan sobre el “efecto subversivo” de tal “escaparate soviético” podría tener en las regiones adyacentes de medio oriente si su gente fuera consciente de las condiciones al otro lado de la frontera.

Se acepta universalmente que ese desarrollo económico se ha conseguido debido a los esfuerzos soviéticos:

“La Unión Soviética en los últimos 50 años ha llevado a cabo experimentos sociales… para elevar el nivel de vida de sus minorías asiáticas muy por encima de sus vecinos de los que no se distinguían nada en 1917… El meollo del “mensaje” soviético, es que un país en desarrollo se puede convertir rápidamente en un país desarrollado industrialmente como lo ha hecho la Unión Soviética, con una dependencia mínima del capital occidental. No hay evidencia de que tanto en el flujo de recursos como en los efectos sobre las condiciones económicas en Asia exista una relación colonial o neocolonial. Más bien las pruebas indican que se han llevado a cabo esfuerzos considerables para modernizar estas regiones con el fin de que alcancen el nivel económico de la URSS europea”.

Bienestar.

Antes de la revolución bolchevique existían muy pocos servicios médicos modernos en las colonias asiáticas de Rusia. Los estándares de sanidad y nutricionales eran bajos, y como resultado la esperanza de vida era muy baja, como era alta la mortalidad infantil.
El sistema soviético redujo radicalmente la tasa de mortalidad y por lo tanto incrementó la esperanza de vida. Las estadísticas por cada república no están disponibles para el periodo posterior a mediados de los sesenta, pero la tasa de mortalidad a grandes rasgos para las cinco repúblicas soviéticas centrales era de 6.0 por 1.000, y para Azerbaiyán del 7.0 por 1,000 comparado con 7.2 para la URSS en su conjunto. En 1965 la tasa en EEUU era 9.4 para los blanco y 9,9 para los no blancos (31)

Según Nove y Newth, existe cierta evidencia que sugiere que las diferencias regionales en las tasas de mortalidad soviéticas se deben ahora… principalmente a diferencias en la estructura de edad más que a las condiciones médicas o sanitarias. En Turquía en 1959, la tasa de mortalidad en las ciudades era 12.9 por 1,000 y mucho más alta en el campo. En Irán era aproximadamente el 25 por 1,000.

Nove y Newth estiman que las tasas de mortalidad en Turquía e Irán en su conjunto pueden muy bien ser tres veces las existentes en el Asia Soviética Central (35) Esas elevadas tasas de mortalidad, en común con las existentes en Asia Central antes de la revolución se deben sobre todo a una elevada mortalidad infantil y a condiciones sanitarias inferiores. En 1975, la mortalidad infantil estimada en el Asia Soviética Central, aunque elevada para los patrones europeos contemporáneos era el 30% de la de Turquía, el 38% de la de Irán, y el 17% de la de Afganistán. La tasa de mortalidad estimada en el Asia Central de 46 por 1.000 era más o menos equivalente a la de Italia en 1960. (36)

La sanidad pública soviética, así como con una mejor nutrición, han hecho que en ese aspect el Asia Central este en los patrones del Oeste de Europa. Ha poca diferencia en el gasto per cápita en medicina entre el Asia Soviética y la Europa Soviética. Por ejemplo en 1959, el gato per cápita era 14.1 rublos en Uzbekistán, 16,5 en Kazajstán, 17,7 e Georgia y 18,9 en Rusia (37)

En 1968 el número de camas de hospital por cada 10.000 habitantes en las cinco Repúblicas de Asia Central era 99,8 y en Azerbaiyán 87.8. Esto se compara con el promedio soviético de 104.1 por 10.000. En 1971 había 21 doctores por 10.000 en las cinco repúblicas y 25 por 10.000 en Azerbaiyán, comparado con u promedio de 28 por 10.000 en la URSS. La ligera diferencia entre las áreas eslavas y asiáticas parece tener como causa el hecho de que la población asiática es mucho más joven (y por lo tanto más saludable) que la población europea.

Esa atención médica virtualmente idéntica en toda la URSS, reflejada en el número de doctores y camas de hospital per cápita y gasto en atención médica es una mejora radical en relación con las condiciones anteriores al socialismo.

Por ejemplo, en 1913 el número de camas per cápita en las cinco repúblicas asiáticas era de 2 por 10.000 en comparación con 15 por 10.000 en la misma Rusia; la mayoría de las camas se reservaban para los inmigrantes europeos y funcionarios, y la ratio de los médicos en relación con la población era de 30 por millón, comparado con 150 por millón en Rusia (38)

El contraste entre el Asia Soviética y las áreas vecinas es particularmente revelador. En 1970 Irán tenía 3 doctores y 13 camas de hospital por 10.000 habitantes; mientras que Turquía tenía cinco doctores y 20 camas de hospital por 10.000 habitantes. (39)
La diferencia cualitativa en el tratamiento médico entre el Asia Soviética y las áreas equivalentes del medio oriente debe también recalcarse. En Irán y en Turquía los médicos y los hospitales se concentran sobre todo en las grandes ciudades y están disponibles sólo para aquellos que puedan costearse dicha atención médica. En el Asia Soviética, el tratamiento médico está disponible tanto en áreas rurales como urbanas y está disponible para todos en función de la necesidad. Según la Comisión Económica de las ONU para Europa “el tratamiento médico en el Asia Soviética “ha mejorado tan impactantemente en el periodo soviético que la comparación relevante ya no es con los países vecinos de asía, sino con los países de Europa Occidental. (40)

El progreso de la parte más atrasada de Asia Central es notable. En 1961 incluso Tadzhikistan tenía un medico por 950 habitantes, con tres o cuatro auxiliares reforzando a cada médico, y una cama de hospital para cada 140 habitantes. Esto es un estado de cosas que los estados vecinos, e incluso algunos Estados europeos, pueden muy bien envidiar. 41

Mientras que la ratio de médicos por adulto en la URSS era de 1,63 en los Estados Unidos en 1970 la ratio per cápita entre los Estados era 2:62; Nueva York tenía 233 médicos por cada 100.000 habitantes y Mississippi 89 por 100.000. En el mismo año Puerto Rico tenía 91 doctores por cada 100.000 habitantes, y 35 camas de hospitales por 10.000, comparada con el promedio metropolitano de 150 por 10.000.
Debido a que el sistema sanitario en EEUU es en gran medida privado existe una considerable diferencia entre la disponibilidad de un tratamiento de elevada cualidad en cualquier área dada- con las minorías étnicas más pobres sufriendo de forma desproporcionada. Ese diferencial en el patrón de atención médica basado en factores económicos, combinado con una dieta inadecuada, pobres condiciones sanitarias, trabajos y barrios peligrosos, y la mayor tensión asociada con el trabajo manual, la pobreza y el racismo, producen tasas de mortalidad mucho más altas para la mayoría de las minorías étnicas que para la mayoría ética en EEUU. En 1977 la tasa de moralidad de los negros comprendidos entre los 25 y los 44 años promediaba 2.5 veces más que la de los blancos, o lo que es igual un negro en el grupo de edad señalado tiene 2.5 veces más probabilidades de morir en un año dado que un blanco de la misma edad. Los negros del grupo de edad de 45 a 54 mueren a una tasa 2 veces mayor que los blancos (43) Asegurando la atención sanitaria a sus minorías étnicas y nacionales la URSS es claramente mucho más eficaz que los Estados Unidos.

Educación.

Antes de la Revolución Bolchevique, la gran mayoría de los pueblos del Asia Central eran analfabetos. Incluso en 1926, una década después de la Revolución, sólo un 3,8% del pueblo en Tadyikistán, 11,6% en Uzbekistán, 14 en Turkmenistán y 16,5% en Kirgizia estaban alfabetizados: y eso teniendo en cuenta que una mayor proporción de las personas alfabetizadas eran de hecho emigrantes rusos. Pero a finales de 1930 la mayoría de la gente en la URSS sabía leer y escribir, y a finales de 1950 la alfabetización era virtualmente universal (ver Tabla 2.4)

Ese logro en el Asia Soviética era especialmente notable entre las mujeres y las niñas que, en esta zona en su mayor parte musulmana, estaban tradicionalmente confinadas al hogar.

En Irán, en 1971, el 63,1% de la población total y el 74,5% de todas las mujeres eran analfabetas, y en 1975, en Turquía lo mismo se aplicaba al 39,7% de la población total y al 56,9% de las mujeres (44) El marcado contraste entre el Asia Soviética y las regiones del próximo oriente no puede ser más claro.

El número de estudiantes escolares en las repúblicas asiáticas se incremento después de la revolución. En Rusia el número de estudiantes de todo tipo se incremento 3,6 veces entre 1914-15 y 1978-79, comparado con 2000 veces en la República de Tadzhikistán, 200 veces en la República Uzbeja, 100 veces en la República Kirguisa, y 90 veces en Turkmenistán (ver tabla 2.5)

En 1939 el 2.2% of Kazakhs, 1.5% de los Uzbecos, el 1.4% of Turkmenos, el 1.2% of
Tadzhiks y el 0.9% of Kirguises habían recibido una educación secundaria (al menos 7 años de escolarización) comparado con la media soviética del 8m3%. Pero en 1959, sin embargo el, 24.2% de los Turkmenos, 20.8% de los Uzbekos, el 20. 1% de los Tadzhiks, el 19.9% de los Kirguises, and 18.2% of Kazakos recibían esa educación en comparación con el 28,1% de la población soviética en su conjunto (esas cifras se refieren a las nacionalidades no a los residentes de las repúblicas (45)

Aún si se considera el enorme número de niños entre las nacionalidades musulmanas, y el relativo atraso de las escuelas rurales que aún persiste, estas nacionalidades están en camino de alcanzar el nivel general de la población soviética, y todo esto en el espacio de un par de décadas. Uno de los fundamentos de este gran avance en la educación secundaria, es que se está creando un fondo de fuerza laboral muy cualificada (46)

En EEUU, en 1960, el 20,1% de los negros por encima de los 25 años habían completado la educación secundaria, en comparación con el 43,2% de los blancos (47)
Está ratio contrasta con la comparable soviética en 1959 de los asiáticos y europeos que completaron la educación secundaria. En 1970 los Portorriqueños por encima de los 25 años promediaban un total de 6,9 años de escolarización en comparación con 12.2 para los EEUU. Estas cifras reflejan el progreso comparablemente inmenso realizado por las minorías en relación con la educación en la URSS.

El gasto soviético per cápita en educación en las áreas asiáticas y trascaucásicas ha sido regularmente más alto que en las áreas europeas. Por ejemplo en 1955 el gasto anual per cápita en Azerbaiyán era 1.18 veces el de la URSS en promedio; en Turkmenistán 1,30 veces, en Tayikistán 1,27 veces, en Kirguisia 1,15 veces y en Uzbekistán 1,00 el del promedio de la URSS. Eso se debe a las mayores tasas de nacimiento en Asia Central. En 1955 las Repúblicas Asiáticas y Transcaucásicas tenían el 15% de la población pero el 18% de los niños escolarizados y el 18% de los profesores (50) En la mayoría de los casos, la proporción más alta de niños en edad escolar, que se corresponde casi exactamente con la distribución de profesores, es proporcional prácticamente al gasto adicional en las repúblicas.

La práctica soviética de asignar recursos de manera proporcional al número de estudiantes difiere radicalmente de la práctica norteamericana de gastar mucho más por estudiante en las áreas ricas que en las pobres, así como mantener significativamente más bajas ratios de estudiantes/colegios en las áreas y distritos más ricos. En 1975, el Estado de Nueva York gastaba 409 dólares en los estudiantes de primaria y secundaria en comparación con 194 por estudiante en Kentucky y 197 en Mississippi. En Nueva York (ciudad) en 1970 la ratio entre estudiantes y maestros era de 18.5 a 1 y en San Francisco de 19.2 a 1, comparado con 29.2 a 1 para Detroit y 28.5 a 1 en San Luis (51) La variación, tanto en los fondos asignados por estudiante y la ratio de estudiantes/maestros, es significativamente mayor entre los barrios ricos suburbanos y los barrios urbanos y guetos y las áreas rurales empobrecidas (por ejemplo los Apalaches en el Sur) que entre Estados y ciudades.

En educación superior los pueblos asiáticos han realizado también grandes progresos. En la URSS en 1970-71, seis nacionalidades tenían una mayor ratio de estudiantes universitarios/población que la media nacional: los judíos 2.60, los Georgianos 1.43, los armenios 1.34, los Rusos 1,12 los Azerbaiyanos 1.04. Las nacionalidades asiáticas se comparaban favorablemente con los europeos en todos los casos en este aspecto; por ejemplo además los asiáticos están por encima de los Ucranianos y letones (todos estos están por encima el 80% de la media de la URSS)

De todas las repúblicas sólo Uzbekistán está gastando significativamente menos en educación superior por alumno que la república rusa. El mayor gasto por estudiante se da en Armenia y Estonia donde es un 28% más elevado que en la república rusa (ver tabla 2.6)

Los soviéticos han logrado una igualdad virtual para las nacionalidades asiáticas tanto en esfuerzo invertido en educación superior como en resultados. Para apreciar los logros soviéticos, las realizaciones educativas deben comparase con áreas comparables del medio oriente, como Turquía e Irán.

En 1959 el número de estudiantes en la educación superior en Irán era del 9 por 10.000 y en Turquía 15 por 10.000. (52) Esto se compara con 194 por 10.000 en Azerbaiyán, 147 por Tukmenistán y 132 para Tadtikistán, que comparten los mismos grupos étnicos que Turquía e Irán (en cifras de 1970-1971)

Esto representa una ratio de 10 veces más a favor de las poblaciones soviéticas equivalentes (53) En 1970, en los EEUU, la ratio de estudiantes totales de educación superior en relación con la población era de 239 por 10.000. Con 153 para los negros (el 64% de la tasa nacional) y el 11.3% para los latinos. El acceso a la educación superior de las minorías nacionales en la URSS es significativamente más elevado que en los EEUU.

Los avances educativos de los asiáticos soviéticos se reflejan en las estadísticas de científicos por nacionalidad. La política gubernamental ha tenido como fin desarrollar de manera sistemática una inteligencia nacional en cada república.

Aunque el promedio de los científicos per cápita en las siete nacionalidades asiáticas (incluyendo a los Tátaros) es sólo un 43% del promedio soviético, como no había virtualmente una intelectualidad autóctona en la región asiática antes de la Revolución Bolchevique, ha supuesto un gran avance. También debe notarse que debido al hecho de que en comparación con los grupos europeos la población asiática es significativamente más joven, computar una ratio de sobre-representación sobre una base per-cápita, más que sobre una base de personas empleadas, reduce sustancialmente el índice para los pueblos asiáticos y lo eleva para las poblaciones europeas de mayor edad. Cuando se toma la estructura de edad en cuenta la representación de los trabajadores científicos de las nacionalidades asiáticas sube al 50%. A pesar de todo, como lleva tiempo desarrollar una intelectualidad nativa partiendo de una sociedad atrasada, incluso bajo las condiciones más favorables, muchos científicos en las república asiáticas son personas que han emigrado de la URSS europea. Eso no es un resultado de políticas de “rusificación” o de discriminación, como atestigua el reducido grado de implicación de la intelectualidad eslava en Georgia y Armenia, y el hecho de que los georginaos y armenios están más representados entre la intelectualidad científica que cualquier otro grupo con excepción de los judíos. En 1969, el 94% de todos los científicos en Armenia eran Armenios, en tanto que casi la mitad del total de los científicos armenios trabajaban fuera de Armenia (58)
Según Wheeler “… los mismos patrones con relación a la educación básica, secundaria y superior se dan en toda la unión, y los puestos académicos, ya sea en ciencia pura o en tecnología, parecen abiertos a todos”. Wheeler también hace notar que a mediados de los 60 el presidente de la Academia Uzbeka de Ciencias era un geólogo uzbeko de contrastada reputación internacional que no había aprendido a leer hasta que tenía 19 años. (56)

Desarrollo cultural.

La política soviética ha consistido en animar el desarrollo de las culturas nacionales y la preservación de los lenguajes nativos. * Bajo los zares se implantó una política de rusificación forzada, pero ahora la educación se imparte en los lenguajes nativos, así como los medios de comunicación.

El ruso se enseña como segundo lenguaje en el país, tanto por su función de lengua franca como por el hecho de que al ser uno de los idiomas más importantes del mundo, permite el acceso a un más amplio campo de escritos literarios y científicos de los que podría ser posible traducir a las lenguas más minoritarias.

Se publican numerosos libros, revistas y periódicos, y los ciudadanos de la URSS de razas diferentes tienen los mismos derechos.
• La Constitución Soviética (artículo 36) concreta los derechos formales de las minorías nacionales en la URSS:

“Los ciudadanos de la URSS de diferentes etnias y nacionalidades poseen iguales derechos. El ejercicio de estos derechos se asegura mediante una política de desarrollo integral y de aproximación de todas las naciones y nacionalidades de la URSS; educando a los ciudadanos en el espíritu del patriotismo soviético y del internacionalismo socialista, así como mediante la posibilidad de emplear sus propias lenguas y las lenguas de otros pueblos de la URSS: Cualquier limitación directa o indirecta de los derechos de los ciudadanos, o la instauración de privilegios directos o indirectos sobre la base de la racionalidad o la raza, o la defensa de la superioridad racial o nacional, el desprecio o la hostilidad a otros pueblos serán penados por la ley”.

Las publicaciones en los lenguajes nativos en las distintas repúblicas son a grandes rasgos proporcionales a la población local de esas nacionalidades.
En muchas repúblicas la porción de la circulación total de obras en los lenguajes nativos es mayor que el número de títulos, por ejemplo en Kazajistán, alrededor de un tercio de las obras publicadas son en Kazako, pero más de la mitad de la circulación es de libros en Kazako (57) En Azerbaiyán, el 81% de los periódicos y el 97% de las revistas está en el lenguaje nativo.

En Kirguisia tanto la circulación de revistas como el porcentaje de las copias totales de libros publicados en Kirguís es mucho mayor que la proporción de títulos en Kirguís. (58)

El número anual de copias de nuevos libros publicados en los idiomas nativos del Asia Soviética varía de 2.4 per cápita en Turkmeno, Uzbeko y Kazako, al 2.2 en Kirguís, y el 1.9 en Azerbaiyano y del 1.7 en Tadzik. (ver tabla 2.8)

Antes de la revolución bolquevique no se publicaban virtualmente libros en cualquiera de esas lenguas. Los pocos libros escritos por nativos se publicaban fuera de sus países en lenguas no vernáculas. La impresión en las lenguas de Asia Central se limitaba estrictamente a la litografía directa, o sea, la reproducción del material escrito sobre piedra a mano. Sólo el Kazako y el Turkmeno estaban comenzando a asumir una forma literaria. (59)

En la URSS la mayor ratio de libros publicados per cápita se da en Estonio y Lituano, con ratios de 8,9 y 7,4 per cápita en 1970 (Ver Tabla 2.8) La ratio de libros en ruso per cápita publicados cada año en 1970 era 5,6. Naturalmente el número de libros en ruso es considerablemente mayor que en las lenguas asiáticas puesto que muchos de los trabajos científicos y técnicos, así como sobre la literatura mundial y monografías especiales emplean esta lengua. El ruso lo leen los expertos y la intelectualidad en general como un segundo lenguaje en la nación. Pero las cifras de las repúblicas bálticas atestiguan el hecho de que esto no es un resultado de políticas de rusificación o de la supresión de las lenguas locales.

Para al menos un 80% de las principales nacionalidades en la URSS, con la excepción de los judíos, su lengua materna es su lengua principal. El porcentaje es más elevado, casi del 99% se da en el Asia soviética.

Todas las nacionalidades de la URSS pueden elegir recibir educación en sus lenguas vernáculas, y todas las principales nacionalidades pueden recibir toda su educación universitaria en el lenguaje de su república. (60) Que la mayoría de los estudiantes de las distintas nacionalidades se aprovechan de esta opción sin discriminación alguna ha sido reconocido por muchos académicos occidentales. Por ejemplo, en Lituania, los estudiantes que comienzan su educación el Lituano no sufren discriminación en los niveles superiores; la instrucción universitaria es casi universalmente en Lituano (61) La mayoría de los estudiantes en los países bálticos reciben educación en su lengua. En las escuelas primarias de Estonia, por ejemplo el 73% emplean el Estonia y el 8% emplean indistintamente el ruso y el estonio. En 1960, el 89% de los universitarios estudiaba en estonio. Además un número significativo de nacionales rusos iban a escuelas en estonio en todos los niveles (62)

En el Asia Central, sin embargo, existe un número desproporcionado de emigrantes no asiáticos con educación superior (el 30% en 1959) incluso aunque representaban alrededor del 20% de la población. Sin embargo, en comparación con la situación anterior a la revolución, o incluso con la existente a finales de los años 20, el progreso en este contexto es significativo. Para citar a un académico occidental “cuando esta situación se compara con la de hace treinta años cuando no había instituciones de educación superior a las que pudieran asistir los musulmanes, el progreso puede considerarse como muy notable”. (63)

No hay una tendencia a que los lenguajes latinos se vean minados y reemplazados por el ruso; la evidencia indica precisamente lo opuesto, incluyendo campañas patrocinadas oficialmente para purgar los lenguajes nativos de “rusianismos”. De 1959 a 1970 el porcentaje de Azerbaiyanos que hablaban su lengua nativa se incrementó del 97,6% al 98,2% (y de estos sólo el 16,6% dijeron que hablaban ruso como segunda lengua). (65) De modo parecido sucede con los Uzbekos, de los que en 1970 sólo el 13% decían que hablaban ruso como segundo lenguaje.

La política lingüística norteamericana contrasta muy acusadamente con la de la URSS. La tradición puesta en práctica en las políticas de las escuelas, los tribunales y las instituciones gubernamentales ha sido hacer el inglés el único lenguaje aceptable. Como parte de la política oficial de “americanización”, las lenguas de los distintos grupos de inmigrantes europeos, así como los de los pueblos nativos y de los negros traídos a la fuerza de África, de los hispanos y de otros lenguajes latinos de emigrantes recientes procedentes de Latinoamérica, han sido socavados, así como su cultura y prácticas nacionales. La política norteamericana ha consistido sistemáticamente en someter a todos los residentes en EEUU a un “crisol” en el que el lenguaje inglés y los “valores americanos” son universales. Tradicionalmente, la educación en todas las escuelas públicas era en inglés, el sistema legal sólo operaba en inglés, como las señales de tráfico y así sucesivamente.

A principios de los sesenta, el modelo político de americanización forzada monolinguística y monocultural se atenuó en cierto grado con la aprobación de una Ley Federal para la Educación Bilingüe que concedía subvenciones a los colegios de distritos que deseaban implantar programas de educación bilingüe (la decisión de implantar o no esos programas quedaba enteramente en manos de cada distrito). En 1972 el Tribunal Supremo dictaminó que aquellos distritos con una gran proporción de estudiantes de lengua no inglesa violaban los “derechos civiles” de esos estudiantes al no ofrecer programas bilingües para los mismos, pero no especificaba como debería implementarse esto.

En 1975, para cumplir con la decisión del Supremo, el ministerio de educación desarrollo una serie de directrices (que no obstante carecían de valor de ley) para establecer programas de educación bilingüe. La cuestión de la educación bilingüe fue muy polémica a finales de los 70 y principios de los 80. Algunos defendían el currículo básico debería enseñarse en todos los lenguajes allí donde la mayoría de los estudiantes no hablaran inglés, otros que deberían estar disponibles cursos especiales para enseñar inglés a los no nativos, para prepararlos para una educación básica en inglés, y otros que decían que la política tradicional de “nada o te hundes”, (sin que hubiera requisitos federales o estatales para la instrucción en lengua no inglesa) debería continuar a discreción de cada distrito escolar.

Por último, a finales de 1980, el gobierno decretó directrices estrictas que hacían que aquellos distritos escolares con más de 25 estudiantes que hablaran el mismo lenguaje extranjero deberían recibir instrucción tanto en su propio idioma como en inglés. La primera ley oficial del nuevo ministro de educación de la administración Reagan en 1981 fue revocar esos requisitos como “duros, inflexibles, gravosos y muy costosos” (66)

En 1980, aproximadamente 500, o el 3%, de alrededor de 16.500 distritos escolares de EEUU tenían algún tipo de programa de educación bilingüe. En el año fiscal de 1981 el gobierno federal concedió a esos 500 distritos 175 millones de dólares de subvención para financiar esos programas. Se ha estimado que en 1980 existían 3.5 millones de escuelas para niños no angloparlantes en edad escolar; 70% de las cuales eran para alumnos cuya lengua nativa era el castellano. En Nueva York, por ejemplo, el 30% de los estudiantes eran latinoamericanos (67) El subsidio federal para la educación bilingüe promedia 50 dólares para los estudiantes que no hablan inglés, o un tercio de millón por distrito escolar con programas bilingües. Comparada con la política lingüística soviética, los esfuerzos americanos son insignificantes.

En la URSS el ruso se enseña como un segundo lenguaje en todas las repúblicas. Para avanzar en la mayoría de las carreras profesionales cuando se llega a un punto de cualificación la capacidad de leer y escribir en ruso es esencial. Esto se debe a, por citar al prominente disidente soviético Roy Medvedev, no puedes pasar sin la lengua rusa que permite que las diferentes nacionalidades se comuniquen entre sí. La mayor parte de los trabajos científicos y de las obras literarias se publican en ruso en todas las repúblicas. Un libro de matemáticas publicado en Georgia, no tendrá mucha circulación fuera de allí. (68)

Medvedev continúa ilustrando esta cuestión relatando que en cierto tiempo había cierta tendencia de las agencias estatales ucranianas para comunicarse con otras regiones de la URSS en su propio lenguaje solamente. Cuando un ministro ucraniano escribía a Moscú normalmente alguien podía entender la lengua, pero en Georgia o Tayikistán muy pocos podían. Por lo tanto comenzaron a responder en ruso. Las conferencias científicas, se leían en distintas lenguas, y el problema de cada grupo hablando su propia lengua a otros fue patente, por lo tanto el ruso volvió a ser la lengua franca en la URSS.
La universalidad del ruso puede que haga que sea un poco más fácil ascender profesionalmente a aquellos que tengan el ruso como lengua materna. Pero que tal ventaja es mínima se ve con el ejemplo de los armenios y los georgianos (que hablan lenguas no eslavas) que tienen más éxito que los rusos en lo que a las carreras científicas se refiere.

La política soviética, al tiempo que favorece el desarrollo y la preservación de la lengua y la cultura nativa, también anima la emigración de las distintas nacionalidades en la URSS, especialmente en las zonas despobladas y ricas en recursos en Siberia y Asia Central. Debido a ello un gran número de eslavos, rusos y ucranianos en su mayor parte, se han asentado en Asia Central, especialmente en Kazajistán, donde se han convertido en mayoría. En los años recientes, sin embargo, en gran parte aparentemente debido a las elevadas tasas de natalidad de los soviéticos asiáticos, la proporción de la población de la nacionalidad titular ha aumentado en las seis repúblicas asiáticas (Tabla 2.10)

La política soviética siempre ha consistido en animar la preservación y el desarrollo de las culturas locales. En los años veinte, cualquier grupo que se conceptuara como nacionalidad, era animado oficialmente a desarrollas su lengua, cultura y sentido de cohesión social. Esto se apoyaba por el Estado abriendo escuelas, publicando libros y periódicos, y dondequiera que el grupo estaba lo suficientemente concentrado geográficamente, concediendo diversos grados de autogobierno local. Por lo general cuanto más numeroso fuera el grupo, mayor el grado de autonomía local. En el periodo de postguerra, esa política ha continuado en relación con grupos de una dimensión y concentración geográfica significativa (69) A partir de los años 20, en el Asia Soviética, la literatura en las lenguas vernáculas y el arte nativo accesible para el pueblo floreció gracias al apoyo del partido y el gobierno. Se abrieron teatros y óperas y fueron extremadamente populares. Los teatros construidos en las principales ciudades del Asia Central mantienen sus propias compañías que representan obras de autores locales y de extranjeros traducidos a las lenguas locales, de Shakespeare, Moliere, Puccini, Jack London, así como delos principales autores rusos.
La música clásica y el ballet han sido muy populares en el Asia Central, Muchos compositores de música nativa han trabajado con temas tradicionales. El cine también ha visto un gran desarrollo. En 1915 había 52 cines en Asia Central, pero en los sesenta había aproximadamente 7000 cines permanentes y móviles en operación. (71) En Uzbekistán había 5.820 bibliotecas con 32 millones de libros y revistas (72)
Los soviéticos celebraban las culturas nativas a nivel de la Unión. Por ejemplo existen festivales regulares y ampliamente publicitados festivales que dan a los artistas y a las culturas de las distintas repúblicas publicidad no sólo nacional sino internacional. Entre 1926 y 1960 25 repúblicas celebraron festivales en Moscú, y entre 1957 y 1969 14 repúblicas celebraron festivales en Uzbekistán.

Esta cultura multinacional desarrollada por los soviéticos, resulta en que las publicaciones, el teatro y otras artes en lenguajes nativos están mucho más desarrollados en el Asia Soviética que en países comparables del este. En palabras de un experto en Asia Central:

“Si tomamos como criterio la población, la publicación de toda clase de literatura en el Asia Central pronto excedería la de cualquier otro país musulmán en Asia y con un par de excepciones el nivel de la impresión y de la producción era mucho mayor. La calidad literaria de la moderna literatura de Asia Central en los sesenta era probablemente tan buena si no mejor que la literatura de oriente medio y estaba libre de la basura perniciosa que circulaba tanto en escritos originales o en traducciones en muchos países musulmanes no soviéticos. Algunas de las noveles de escritores Kazajos como Auzov y Mukanov, o del escritor Turco Kerbabayev, y las memorias del escritor Tadzjiko Sadreddin Aini, son obras de indisputado mérito literario, y se podrían poner muchos otros ejemplos. (73)

La situación es radicalmente diferente para las minorías étnicas en los EEUU. Las culturas tradicionales étnicas son socavadas sistemáticamente mediante políticas oficiales designadas para crear una cultura americana étnicamente homogénea. No se hace virtualmente nada para animar el desarrollo o la perpetuación de las culturas tradicionales negras, indias, latinas, asiáticas o europeas. EL resultado de esas políticas de crisol a largo plazo ha sido la destrucción o la eventual desaparición de todas las culturas tradicionales de estos pueblos.

Excepto unas pocas repúblicas con bajo nivel de natalidad y un alto nivel de vida, por ejemplo Estonia, la mayoría de las repúblicas no rusas (y regiones autónomas) cada vez son más homogéneos en cuanto a su nacionalidad de origen. El porcentaje de la población de la mayoría de las repúblicas que hablan la lengua propia como lengua principal está aumentando cada vez más. En Estados Unidos es justamente al contrario. La mayoría de los colonos europeos originarios al principio tendieron a asentarse en enclaves étnicamente homogéneos (los escandinavos en varias áreas rurales del norte del medio oeste o del noroeste; los irlandeses, italianos, polacos, judíos, etc en barrios étnicamente distintos de las ciudades del norte) Casi todos los negros se concentraban originalmente en el “cinturón negro” de los condados del sur, donde imperaban la esclavitud y la aparcería; y la mayoría de los latinos se concentraban en Nuevo Méjico y otros enclaves del suroeste. Desde la segunda guerra mundial todas estas concentraciones étnicas se han ido disipando rápidamente. Los indígenas americanos también se han dispersado en buena media a las ciudades. Los barrios étnicos europeos son ahora raros en EEUU, al haber sido reemplazados por barrios segregados por cuestiones de clase. Los latinos se dispersan con celeridad del suroeste (chicanos) y Nueva York (portorriqueños) a todas las zonas industriales principales. Los negros, de vivir un 90% en el Sur en 1910 estaban, en 1980, casi igualmente divididos entre el Sur y el resto del país. Este proceso de dispersión geográfica continua.

En 1960 el Estado de Mississippi era negro en un 42%, en 1976 35,6%%. Alabama era el 30%, en 1976 el 20,7%. Por otro lado el Estado de Nueva York tenía un porcentaje de negros del 8,4% en 1960 y del 12,5% en 1976; Illinois del 10,3% y del 15,4%; y California del 5,6% y del 7,8%.

Una vez más, el patrón es lo opuesto a la URSS. Las políticas de desarrollo soviéticas que favorecen las zonas donde viven minorías han resultado en que las zonas menos desarrolladas ayudadas económicamente retengan su población indígena, más que la dispersión sistemática en los países capitalistas, donde las zonas donde viven las minorías sirven de fuente de trabajo de escasos salarios.

Política.

La membresía en el Partido Comunista en las seis repúblicas asiáticas es ciertamente menor que el promedio soviético, la ratio del procentaje de todos los miembros del partido en relación con el porcentaje del total de la población adulta es aquí .78. (75) La membresía en el partido comunista de las diversas nacionalidades, sin embargo, es baja en relación con su población. La ratio del porcentaje de miembros del Partido Comunista en las seis principales nacionalidades asiática en relación con el porcentaje de población total en 1971 promediaba 0.54. (Ver Tabla 2.1.1) Las principales razones de esta disparidad son:

-Una mayor tasa de natalidad en el Asia soviética que resulta en una estructura de edad más joven y que reduce por tanto el número de los que son elegibles para ser miembros.

-La política de reclutamiento del PCUS que, especialmente desde mediados de los 60 favorece a los trabajadores industriales y a la intelectualidad por encima de la población rural. A pesar del rápido aumento tanto de la educación técnica como de la urbanización, el atraso rural en las nacionales asiáticas no se ha superado.
Debe notarse que en 1934 sólo un 8% de los miembros del Partido en Kazajistán eran Kazakos, en comparación con el 40% a mediados de los 60. En este último periodo la proporción de los Kazakos que eran miembros del partido excedía la proporción de Kazakos (alrededor del 33%) en la población total de Kazajistán (76) De igual modo, los Kazajos están sobre-representados en el Soviet Supremo Kazajo, comprendiendo el 40% de los delegados, y también entre los funcionarios principales del partido. Un estudio de los dirigentes del partido Kazajos en el periodo de 1955 a 1964 mostró que aproximadamente la mitad de todos los primeros secretarios de distrito, provinciales y de ciudades eran kazajos étnicos. (77) En Uzbekistán en 1967, el 67% de los diputados del Soviet Supremo local eran uzbecos siendo el 64% de la población.

En general, en las repúblicas asiáticas, los jefes de Estado, la mayoría de los ministros, de los primeros secretarios, y los funcionarios de más responsabilidad a todos los niveles (salvo cuando predominan los rusos) son nativos (78) Los no asiáticos, sin embargo, debido a su cualificación técnica superior suelen predominar entre los gerentes industriales, que suelen necesitar estar en posesión de una licenciatura en ingeniería, y son jefes de departamento donde se necesita una especial pericia técnica.

La concentración de no asiáticos en posiciones donde son necesarios elevados niveles de competencia técnica, es resultado de un desfase temporal en la educación técnica de los nativos y no de la discriminación a favor de los eslavos, como el papel sustancial desempeñado por los armenios y georgianos como gerentes y expertos técnicos en el Asia Soviética demuestra (79)

A veces se defiende que los límites considerables a la autonomía política de las distintas repúblicas significa necesariamente que están dominadas por la República Rusa. Pero de hecho, todas las repúblicas, y eso no excluye a Rusia, están controladas centralizadamente por un partido único y un plan económico que se corresponde con una división del trabajo relativamente racional. En palabras del disidente soviético Roy Medvedev:

“Si nuestras repúblicas no tienen autonomía política o económica real… no es culpa de que Rusia… las controle. La República Rusa tiene aún menos autonomía…
En países como la URSS, la planificación económica comprende los intereses de todo el Estado y aporta una división del trabajo calculada sobre la base de toda la nación. No tendría mucho sentido convertir las plantaciones de algodón de Uzbekistán en trigales o las plantaciones de te de Georgia, sus viñedos y huertas… en patatales. Tampoco sería lógico construir una acería en Georgia para producir acero sólo para Georgia”. (80)

En Estados Unidos donde el 11,7% de la población era negra en 1978, sólo el 3,0% de todos los miembros del congreso y el 3,5% de los miembros de las legislaturas estatales son negros. En Mississippi, el Estado con el mayor porcentaje de negros de la Unión (35,6%) el 3,5% de los legisladores eran negros; en Carolina del Sur, donde había un 31,6% de negros, el 7,7% de los miembros de la legislatura lo era, y en Luisiana, habiendo un 28,6%, sólo el 7% era negro. (81)

Los negros, la mayor minoría étnica en EEUU están infrarrepresentados políticamente, por un factor de 3-4. En la URSS, por el contrario, las minorías asiáticas están al menos representadas proporcionalmente en sus repúblicas tanto en posiciones gubernamentales como en el partido.

También debe notarse que si bien en el periodo de 1919 a 1935 no había asiáticos en el Politburó (Presidium) del PCUS, y en el periodo 1939-1963 sólo el 2% eran asiáticos, en 1973 eran el 8% y en 1980 el 5% eran étnicamente asiáticos. Las seis mayores nacionalidades asiáticas, las repúblicas eran el 12% de la población soviética en 1979, y todos los asiáticos étnicos el 15% (el 17% contando a los tátaros)

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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Política soviética hacia el Islam.

Las seis repúblicas asiáticas eran vigorosamente islámicas antes de la revolución de 1917. Inmediatamente después de alcanzar el poder los bolcheviques pidieron ayuda a las nacionalidades islámicas, y en diciembre de 1917, pronunciaron la siguiente proclama:
“¡Musulmanes de Rusia, Tátaros del Volga y la Crimea, Kirguises de Siberia y del Turkestán, Chechenos y Cosacos, a todos vosotros, que habéis visto como vuestras creencias y costumbres han sido violados por los Zares, los opresores de Rusia!

¡A partir de ahora vuestras costumbres y creencias, vuestras instituciones nacionales y culturales se declaran libres e inviolables! ¡Edificad vuestra vida nacional libremente y sin estorbos! Es vuestro derecho. Sabed que vuestros derechos, como los de todos los pueblos de Rusia, serán protegidos por el poder de la revolución, por los consejos de soldados, trabajadores, campesinos, representantes! (82)

Aunque los bolcheviques, como hemos visto, generalmente y en principio apoyaron los derechos de las nacionalidades musulmanas adoptaron una política dirigida a socavar la influencia de la religión islámica como parte de su campaña general para minar toda creencia religiosa como superstición. Consideraban al Islam tan pernicioso como otras religiones debido a su pasada manipulación tanto por los potentados del Este como por los Imperios Occidentales. En un primer momento, el ataque al Islam se dirigió a sus aspectos menos fundamentales, como el velo, la reclusión de las mujeres, la poligamia, el compromiso con niños, la venta de esposas, la peregrinación a la Meca y la Circuncisión, que los soviéticos consideraban una crueldad salvaje con los niños. (83)

Los Soviets recalcaron la liberación de la mujer, especialmente en Turkestán, donde la práctica de reclusión femenina adoptaba formas extremas (83) A finales de 1920 y de 1930 muchas mezquitas fueron cerradas y un cierto número de líderes religiosos deportados o presos. La práctica del Islam misma, sin embargo, nunca fue proscrita, y, según al menos algunos de los expertos occidentales en la región, la campaña contra las costumbres que los soviéticos consideraban nocivas nunca fue tan represiva como las que desencadenaron gobiernos nacionalistas de países musulmanes no soviéticos, como es el caso de Turquía. (85)
Existen dos seminarios islámicos en la URSS, uno en Bujara, con 63 estudiantes en 1980 y otro en Taskent con 36 estudiantes. En 1953 el Muftí de Taskent estimó que había entre 200 y 300 mezquitas activas en el Asia Central (87) Se publica un número reducido de libros islámicos, por el Directorio Espiritual para los Musulmanes sunitas en el Asia Central y en Kazajistán, incluyendo el Corán, en Árabe, en 1947, y otra edición en 1964. Cada año también se publica una edición limitada del calendario islámico (88)

La teología y los ritos del Islam en la Unión Soviética siguen siendo ortodoxos, sunitas en su mayor parte. Los dirigentes del Islam en la Unión Soviética nunca han sido acusados de herejía (shirq) infidelidad (kufr) o innovación (vida) Sin embargo, todos los estudiantes religiosos adiestrados en la URSS reciben una educación integral en materias sociales y políticas junto con su teología ortodoxa.

Como resultado de este método de selección y de educación sus actitudes políticas tienen a ser progresistas y pro-soviéticas. Las delegaciones musulmanas del mundo islámico visitan con regularidad el Asia Central y son recibidas por los dirigentes islámicos soviéticos; del mismo modo, las delegaciones musulmanas de la URSS visitan con regularidad los países islámicos. Los miembros de esas delegaciones soviéticas de buena voluntad hablan un árabe perfecto y tienen un conocimiento exhaustivo de todos los aspectos de la fe islámica. Esas reuniones funcionan como un mecanismo importante para ganar amigos en el mundo islámico. (89)

Aunque muchas de las costumbres islámicas perviven hoy, según Jukes: “La influencia del Islam, aunque difícil de calibrar, no parece muy elevada”. (90) Esto parece aplicarse especialmente de Azaerbaiyán. El Manual de las Principales Nacionalidades Soviéticas informa que en Azerbaiyán “el islam se ha ido extinguiendo”, y se ha experimentado “una gradual erosión de la vida islámica tradicional”. (91)

Azerbaiyán ofrece dos mundos culturales, uno urbano en el que el Islam y sus costumbres tradicionales, el arte, y la literatura han perecido en gran medida, y el otro rural y aislado donde las mujeres aún llevan velos negros y los valores musulmanes tienen un significado más que meramente histórico. Pero, en conjunto, el Islam sigue existiendo más como una fuente de tradición que como una religión a la que se presta culto activo. Aunque perviven costumbres musulmanas como la circuncisión, proverbios religiosos, poner nombres a los hijos de acuerdo con los atributos de Alá, y matrimonios tempranos de las mujeres, ya no se observan los cinco pilares la fe. El Zakat (las limosnas) se prohíbe, la oración pública es bastante rara. El Ramadán (el mes de ayuno) entra en conflicto con los planes de trabajo y se desanima activamente y el Hajj se limita a un puñado de peregrinos testimonial a los que se permite visitar la Meca. (92)

En un grado algo menor, lo que es cierto para Azerbaiyán es cierto para el Asia central. En tanto la urbanización y las mejoras educativas continúan con celeridad, los remanentes del Islam están siendo socavados por todas partes.

Los sentimientos religiosos islámicos se han visto en gran medida erosionados en el Asia Central incluso cuando algunas costumbres tradicionales no islámicas permanecen, y en esto parece ser que existe un consenso virtual de los expertos académicos occidentales, así como de los periodistas y diplomáticos familiarizados con la región. Un artículo en el New York Times informaba:

“Los expertos occidentales y de otros países que han trabajado aquí se muestran escépticos con la teoría muy extendida en occidente, de que la intervención militar soviética en Afganistán fue motivada en gran medida por el miedo a una extensión del fundamentalismo islámico en el Asia Central que podría infectar a los pueblos soviéticos limítrofes musulmanes”.

“Los pueblos musulmanes.

Los diplomáticos y periodistas que han viajado recientemente a las repúblicas musulmanas del Asia Soviética Central y al Cáucaso informan que la religión ha sido erosionada en las vidas de las 40 millones de personas de tradición islámica…”

“Las autoridades soviéticas parecen estar muy confiadas en la lealtad de los pueblos musulmanes…. La confianza de Moscú parece ilustrarse por informes de Afganistán de que muchos de los soldados que han acudido son Tadzicos o de otras nacionalidades de tradición musulmana. La atmósfera es incluso más secularizada en Asia Central que en zonas musulmanas del Cáucaso. Las mezquitas, minaretes y mausoleos que reflejan la antigua gloria son museos estatales hoy en día, atracciones turísticas. Las pequeñas y humildes mezquitas abiertas al culto apenas reciben feligreses y estos se cuentan entre los ancianos. Rara vez se ve allí a los jóvenes.” (93)

Movimientos y actitudes antisoviéticas y anti socialistas.

Si los pueblos de las repúblicas asiáticas fueran, o sintieran que fueran oprimidos por el régimen soviético sería de esperar que en cierto modo esto se manifestara en fenómenos como movimientos nacionalistas, resistencia espontánea, actitudes hostiles hacia los rusos expresados por la población, un resurgimiento de la religión, simpatías panislámicas, o un poderoso movimiento de disidencia entre los intelectuales. Eso es lo que ha ocurrido en Lituania y Estonia, así como en Polonia, Alemania del Este, Hungría, Checoslovaquia y Rumanía. Sin embargo no existe prácticamente prueba alguna de tales actividades en el Asia Central, y la mayoría de los expertos occidentales coinciden en este punto. La adhesión a las instituciones soviéticas parece ser prácticamente completa y el potencial de cualquier movimiento nacionalista secesionista o anti socialista parece ausente.

Un experto, Wheeler, por ejemplo nos dice que:

“La ausencia de rasgos propios del nacionalismo o de movimientos nacionalistas… (continua)” De la existencia de siquiera un embrión de movimientos nacionalistas del tipo experimentado en otros imperios hay muy pocos indicios. En otras partes, y antes de la revolución en el Imperio Ruso, esos indicios habían incluido la existencia de dirigentes nacionalistas fácilmente identificables tanto dentro del propio país como en el exilio, disturbios internos y actos de sabotaje, la existencia en el extranjero de comités nacionalistas muy dedicados que reciben apoyo activo de gobiernos extranjeros, y una corriente más o menos sostenida de refugiados en los países fronterizos. En imperios distintos que los rusos y soviéticos también existe el fenómeno de una prensa nacionalista y una literatura aneja y la presencia de una activa, o por lo menos muy elocuente, oposición en el parlamento. De todos esos indicios de nacionalismo el único que puede colegirse en relación con el Asia central es la existencia en el extranjero de unas pocas organizaciones nacionalistas, la mayoría de ellas formadas y todas ellas financiadas desde el extranjero, usualmente con recursos privados (94)”

Wheeler cita con aprobación a otro experto en la zona, Alexander Bennigsen, que dice:
“… no existe una oposición al sistema; ciertamente, parece que los musulmanes de la URSS, tanto campesinos, como obreros como intelectuales, están tratando realmente de adaptarse al modo de vida del “hombre modelo” promovido por las autoridades” (95)

Nove y Newth defienden que la falta de informes en occidente de oposición al sistema soviético en Asia Central es prueba de la ausencia de tal oposición, si se tiene en cuenta los claros sentimientos anti rusos y anti soviéticos en otras zonas, como en los países bálticos y en Georgia, de los que se informa con profusión en el Oeste.

Los georgianos parecen particularmente abiertos a la hora de decir a los visitantes extranjeros lo que piensan sobre Rusia y el gobierno de Moscú. Es más raro oír esas cosas de Uzbekos o Tadzicos. Puesto que el sistema policial es muy parecido en toda la Unión Soviética y puesto que los georgianos no parecen tener muchas dificultades en expresar a otras personas sus puntos de vista, el hecho de que uno pueda ver muchas menos expresiones de rusofobia en el Asia Central no puede atribuirse exclusivamente al miedo” (96)

El Manual de las Principales Nacionalidades Soviéticas informa que no existe ningún antagonismo nacional aparente en el Asia Central entre la intelectualidad nativa y rusa. Los análisis de las entrevistas de aquellos que han abandonado la Unión Soviética confirman la buena relación entre rusos y asiáticos en las repúblicas asiáticas. Estos emigrados antisoviéticos daban poca importancia a diversos incidentes de fricciones nacionales, que, habiendo sido provocados, han podido sofocar. (97) Los expertos en las diversas nacionalidades asiáticas llegan a la misma conclusión.

Si el término “nacionalismo uzbeco” se usa para expresar la existencia de aquellos que demandan un Estado plenamente independiente para la nación turca o uzbeka, una soberanía completa basada en la separación de la URSS, entonces Moscú no ha tenido que enfrentarse a nacionalistas uzbekos desde los años 20, y ciertamente no después de los años 30. (98)

En Azerbaiyán “en los años recientes no se han producido explosiones de nacionalismo documentadas por las Fuentes occidentales, los funcionarios o los medios soviéticos o la prensa clandestina y “El Nacionalismo, en la medida en que existe, se expresa en un modo de vida distinto y en el orgullo nacional más que la agitación política”. (99)

En Turkmenistan “en los tiempos recientes, las manifestaciones de nacionalismo se han restringido sobre todo a actividades dentro de las instituciones establecidas”, como defender que “todos los puestos dirigentes deberían ser ocupados por nacionales” (100)

En Kazajistán existe “una falta de expresión de tensiones nacionalistas” y de “disensión, conociéndose sólo casos aislados en los que no son kazajos los que están implicados (101)
Wheeler informa:

“… La resistencia activa al proceso de occidentalización ha desaparecido gradualmente, Aunque uno difícilmente podría esperar cualquier que cualquier disturbio importante o problema apareciera en la prensa soviética, es significativo que los únicos disturbios sobre los que hay rumores se han producido entre los habitantes no asiáticos de Asia Central”.

Casi la única prueba sustantiva de nacionalismo que aparece en la literatura occidental es la de los jóvenes artistas y escritores asiáticos que parecen estar desarrollando cada vez más interés en su pasado y en sus tradiciones culturales. La política soviética no desalienta esto, pues siempre han tratado de construir una conciencia nacional (opuesta a una conciencia islámica o tribal) en la gente del Asia Soviética, y por tanto, no puede ser considerado como un signo de descontento tanto con el socialismo como con la integración en la Unión Soviética.

Aunque los expertos en ese área generalmente están de acuerdo en que no hay prácticamente un sentimiento separatista o antisoviético en la actualidad las repúblicas, algunos suponen que posiblemente esos sentimientos puedan desarrollarse en el futuro. Esas predicciones tienen a basarse solamente en que los habitantes del Asia Central están en un entorno islámico y asiático”.
No todos los estudiantes occidentales de la cuestión de las nacionalidades están tan convencidos de que el “problema de las nacionalidades” ha sido resuelto en la URSS. En 1971 Zbigniew Brzezinski se dijo que observó: “No es inconcebible que en las próximas décadas el problema de las nacionalidades será políticamente más importante en la Unión Soviética que la cuestión racial lo es en Estados Unidos”.

Una excepción a lo que casi todos los analistas y observadores occidentales informan como la ausencia de hostilidad anti-rusa aparece en un artículo de 1979 de Steven Burg. Sostenía que había una evidencia creciente de conflicto interétnico y hostilidad en el Asía Soviética”, y que emigrados recientes de la URSS informan de un elevado nivel de tensión entre europeos y musulmanes. Resulta interesante que considere que esto está ocurriendo debido a que los asiáticos cada vez están mejor formados y acceden a la élite científica y técnica, ocupando cada vez más posiciones de responsabilidad en el aparato Estatal y en el Partido, por lo que los cuadros europeos tienen más competencia. Las tesis de Burg (junto con Brezezinski”) deberían tratarse probablemente como una especulación.

Los especialistas que tratan con Uzbekistán son más prudentes en sus proyecciones, pero la mayoría convienen en que es posible que el régimen soviético tenga dificultades. (104)

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Derechos humanos en la URSS. Facho-libegales, abstenerse.
NotaPublicado: Mié Oct 01, 2014 11:28 pm 
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Contra viento y marea
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Malet escribió:


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 Asunto: Re: Derechos humanos en la URSS. Facho-libegales, abstenerse.
NotaPublicado: Jue Oct 02, 2014 12:54 am 
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Rezzonics escribió:
Malet escribió:


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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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Traducción al español por Huan Manwe