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 Asunto: Europa, Europa
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Rescatar Europa

La UE acaba de cumplir 60 años. Pese a sus éxitos, el pesimismo ha echado raíces y el impulso proeuropeo parece estancado

Hay al menos tres cosas que sorprenden del distrito europeo de Bruselas, el barrio en el que se instalaron las instituciones comunitarias a pesar de que el clima miserable justificaría migraciones en masa hacia otras latitudes. Una de ellas es la algarabía babilónica, ese paisaje rico y diverso plagado de gentes con acentos y rasgos étnicos que van desde Helsinki hasta Cádiz, desde San Petersburgo hasta Mesina. La segunda es la perpetua inflación de grúas y obras, y la tentación de la metáfora que conlleva: Europa está en construcción, real y alegóricamente; ese trajín de excavadoras encaja con el estado de transición permanente del objeto político no identificado que es la UE. La última es un detalle siniestro: fuerzas de seguridad armadas hasta los dientes protegen las 24 horas la sede de la Comisión Europea. Hay vehículos militares frente al Consejo, la policía se pasea continuamente por las estaciones en un eterno recordatorio de los atentados terroristas que azotaron la capital europea hace ya 20 meses. Esa cicatriz sigue a flor de piel. Y no solo en Bruselas: un mundo militarizado con tanquetas policiales, uniformes militares, chalecos antibalas y ametralladoras nos acompaña a diario. Porque el miedo es hoy una de las fuerzas motrices de Europa.

El miedo ha permitido generar un estado de excepción económica desde la caída de Lehman Brothers: la retórica de la excepcionalidad y de la urgencia ha permitido decretar austeridad y reformas sin apenas protestas —en un continente tan protestón—. Ese miedo se refleja también en otros ámbitos. En el paréntesis policial impuesto sin que nadie rechiste, con Francia en estado de emergencia terrorista desde hace dos años. En el vínculo inmigración-inseguridad colectiva arraigando —tristemente— en toda Europa: quien busque un ejemplo de la debilidad de la Unión solo tiene que contemplar el muro que levanta Hungría con Serbia, o los que hay en Ceuta, Melilla, Grecia, Chipre y Bulgaria. El miedo, en fin, ha aparecido también en la política como caballo de Troya que abre las puertas a los populismos, tal como cuentan Georg von Wallwitz en el ensayo Mr. Smith y el paraíso y José María Lasalle en su estupendo Contra el populismo.

La incertidumbre, la inseguridad, el temor y sus correlatos en forma de precariedad laboral, indignación y el malestar antiélites explican fenómenos tan dispares como el Brexit, el despertar nacionalista y las amenazas ultras, que se han quedado a las puertas de gobernar en varios grandes países. El miedo como motor: decía sociólogo alemán Ulrich Beck que Europa debía su integración más a los miedos que a los proyectos comunes; la Unión es muchas cosas, pero también “un espacio de gobierno de los riesgos”, de todos esos miedos, apunta Daniel Innerarity, autor del monumental La democracia en Europa.

Y sin embargo, el pesimismo es demasiado fácil: el glamur intelectual del pesimismo envuelve todos los análisis, pero quizá la realidad no sea hoy tan tenebrosa. La UE acaba de cumplir 60 años. De los 6 países fundadores se ha ampliado a 28: Europa y su Estado de derecho han engullido a exdictaduras fascistas y a una decena de países excomunistas, que ahora dirimen sus disputas en aburridas y pacíficas cumbres. El pesimismo ha enraizado y en sus cepas maduran las uvas de la ira de la Gran Recesión. Pero el club ha mostrado una formidable capacidad de adaptación y puede presumir de una moneda única que ha salvado varias pelotas de partido y de 35.000 euros de renta por habitante razonablemente bien repartidos gracias al contrato social del Estado del bienestar.

Ese colchón socioeconómico ha permitido caer suavemente en medio de la crisis, aunque es un colchón menguante, y cada vez peor distribuido. La desigualdad va al alza y tiene la forma de un vaso de cóctel: el 20% de la población acumula el 80% de la riqueza. Dickens, Heine, Zola, Sten­dhal, Balzac y Victor Hugo entendieron que las sociedades no pueden permitirse esos desdichados números; John Stuart Mill, Alfred Marshall y John M. Keynes lo hicieron entre los economistas. Thomas Piketty y Branko Milanovic han desenterrado ese debate; quizá falten hoy novelistas que den forma a ese relato. Al cabo, la economía es espejo y al mismo tiempo expresión de una época: la crisis actual, fracaso post mortem del thatcherismo, ha permitido un repunte de las citadas desigualdades, y esa es la tierra fértil en la que hunde sus raíces el populismo.

“Demasiado tarde, demasiado poco” ha sido la divisa de Europa durante la crisis para combatir ese y otros problemas. “La gestión de la eurozona se estudiará como uno de los grandes errores de política económica”, ha resumido el analista Jean Pisani-Ferry. Y sin embargo, al borde del abismo Europa ha sabido mostrar una resistencia a prueba de vértigo. La canciller Angela Merkel pronunció unas palabras mágicas en 2011 (“Si cae el euro, cae Europa”) y la crisis sorteó una de sus etapas más agudas; el jefe del BCE, Mario Draghi, se inventó aquel conjuro del “haré todo lo necesario” en 2012 y los especuladores huyeron como conejos. El apocalipsis casi siempre defrauda a sus profetas: el BCE llegó tarde, pero desde que llegó no ha levantado el pie del acelerador; la política fiscal infligió un castigo exagerado, pero se ha acabado la austeridad a rajatabla de los años más negros. La confianza volvió definitivamente una noche de mayo en la que la ultraderechista Marine Le Pen salió a saludar a un balcón de París y tuvo que reconocer su derrota: Europa es la sorpresa positiva del mundo en 2017.

Europa venía de la más absoluta e imprudente autocomplacencia. La Comisión de José Manuel Durão Barroso publicó en 2008 un libro, EMU@10, para celebrar el décimo aniversario de la moneda única: era la historia de un “éxito resonante”, con el euro convertido en “un polo de estabilidad para Europa y la economía mundial”. Como en las tragedias griegas, esa hybris desató la ira de los dioses: los dramas de Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre y España sumieron a Europa en una crisis brutal. Su legado estará con nosotros durante años y explica ese movimiento pendular que es la sobredosis de pesimismo actual.

Ese legado es hoy un formidable ramillete de amenazas internas y externas: Europa necesita una “refundación” —en palabras de Emmanuel Macron— para sobrevivir al menos 60 años más a esos desafíos. La crisis se ha salvado con un ir tirando, ¿pero está Europa preparada para el próximo huracán? No. La presión migratoria remite; ¿está lista la Unión para un nuevo lío en el polvorín de Oriente Próximo? No. ¿Van a reducir su agresividad Vladímir Putin o Donald Trump? Ni hablar. El PIB crece al mayor ritmo en una década: ¿es suficiente para mantener la cohesión social? No. ¿Ha permitido suavizar la fractura norte-sur? Tampoco. ¿Ha desaparecido el peligro ultra tras las elecciones holandesas, francesas y alemanas? Ni mucho menos.

No, no, ni hablar, no, tampoco, ni mucho menos: esa cadencia denota que Europa es hoy una historia de supervivencia, más que una historia de éxito.

La Unión, parafraseando al filósofo Karl Popper, es un proceso de ingeniería social por partes: los ingenieros que la diseñaron la dejaron incompleta a sabiendas de que las ineficiencias acabarían saliendo a la luz y obligarían a dar pasos adicionales. Ese momento ha llegado. “Es bajo el sol, no bajo la lluvia, cuando hay que reparar el tejado de una casa”, dice la jefa del FMI, Christine Lagarde. Los vientos parecen propicios: Merkel y Macron se entienden; el Brexit y Trump han creado un sentimiento de unidad inu­sitado en Europa. Pero entre los expertos hay suspicacias: “El Brexit se va a llevar muchas energías. Y Merkel solo tiene interés en mantener el statu quo; los alemanes acaban haciendo lo correcto, pero siempre después de agotar todas las alternativas”, apunta el profesor Charles Wyplosz. “Lo peor ha pasado, pero los desequilibrios siguen ahí. La necesidad de una mayor integración es urgente, pero es difícil porque la confianza entre los socios europeos se ha evaporado”, avisa Ken Rogoff, profesor de Harvard.

El inmovilismo está en marcha y no hay quien lo pare: los días en los que el impulso proeuropeo eran casi una obligación en Berlín se acaban. Los partidos euroescépticos ganan votos a medida que cala la fábula de la cigarra sureña y la hormiga norteña. Merkel difícilmente puede sustraerse a la obsesión de los alemanes por evitar que Europa se convierta en una unión de transferencias. Nada de eurobonos, nada de presupuestos anticrisis, nada que suene a solidaridad. Algo se ha torcido en la actitud alemana hacia Europa. Y algo se puede torcer en la actitud europea hacia Alemania si la convergencia económica sigue desaparecida en combate. Berlín insiste en las sagradas escrituras (reglas fiscales, reducir riesgos y demás), pero se niega a ser un líder generoso: el actual choque de percepciones entre norte y sur transporta las semillas de graves conflictos políticos. “Merkel se define como proeuropea, pero su política económica para la UE ha sido básicamente la patada hacia delante. No está interesada en reformar el euro, está contra las transferencias, el federalismo fiscal, los eurobonos: ¿puede esa posición ser tildada de proeuropea?”, ataca Wolfgang Münchau, del think-tank Eurointelligence.

Pronto se verá qué hace Berlín: la cumbre de esta semana se adivina decisiva, aunque el euro no empezará a reformarse hasta mediados de 2018, como pronto. André Sapir, del think-tank europeo Bruegel, se atreve a profetizar: “Ante la perspectiva de un Gobierno débil en Alemania, es probable que Merkel le ofrezca a Macron pactar la agenda de migración y seguridad, donde hay consenso, y permita apenas retoques simbólicos para la eurozona”. La clave, entonces, será la reacción de París. “Macron podría rechazar esa oferta y tratar de lograr cesiones de más calado en lo económico, como un Fondo Monetario Europeo más poderoso. Es posible que Merkel ceda”, cierra Sapir, “pero a cambio pedirá contrapartidas: probablemente, la presidencia del Banco Central Europeo”.

Y el BCE es fundamental: el nombre del sucesor de Draghi, el equilibrista que ha mantenido intacto el euro, será capital para el futuro. La eurozona sigue necesitando mecanismos de ajuste y una ventanilla de último recurso en Fráncfort. Pero la suerte del euro, en el fondo, depende de la prosperidad de la Europa meridional: de que el sur sea capaz de crecer, de que el norte esté dispuesto a invertir para que vuelva la convergencia. “Las crisis son constelaciones de gran inseguridad en las que pueden cometerse graves errores”, avisa Innerarity. Sobrevivir fue fácil: ahora se trata de acabar con el eurodesencanto y buscar una salida para la guerra de baja intensidad entre acreedores y deudores. Palabras mayores.

Franz Reichelt, el sastre volador, saltó fatídicamente desde la torre Eiffel en 1912, con un traje paracaídas holgado, convencido de que su invento salvaría a miles de aviadores. Antes del salto hizo una pausa de 40 segundos. Cuando por fin se lanzó al vacío, la corriente del aire le enrolló la tela al cuerpo: cayó a plomo. Los 40 segundos de vacilación de Reichelt son una enmienda a la totalidad de la acción impetuosa, cuenta Ian McEwan en Cáscara de nuez; el hecho de que finalmente saltara, sin embargo, abrió el camino hacia los paracaídas modernos. Europa está ante sus particulares 40 segundos. Debería aprovecharlos para remendar su paracaídas y hacer las reformas imprescindibles que nunca termina de hacer. Y, con el paracaídas a punto, esperar a la próxima crisis. Que llegará. Cuando haya que saltar otra vez, pueden suceder dos cosas: que se abra el paracaídas o que el euro termine como Reichelt, rompiéndose la crisma contra el frío pavimento de París.

https://elpais.com/internacional/2017/1 ... 77406.html


El autor es pesimista por las reticencias de Merkel pero ahí entra el SPD y Schulz reclamando unos Estados Unidos de Europa y una Constitución europea para 2025. Si logra que Merkel se avenga a eso con tal de formar gobierno y se coordinan con Macron, el panorama puede ser esperanzador. Ahora que la crisis remitió, que la oleada de populismos (Francia, Holanda,...) fracasó y que los PIGS no están tan mal, puede que sea el momento. Aunque estas cosas de palacio....

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 Asunto: Re: Europa, Europa
NotaPublicado: Lun Dic 11, 2017 12:09 pm 
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 Asunto: Re: Europa, Europa
NotaPublicado: Mar Dic 12, 2017 11:14 am 
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Habermas elogia a Macron y su impulso europeo

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¿Qué nos costará esta vez a los alemanes?

Macron pide comprensión para los padres fundadores que levantaron Europa sin el pueblo porque pertenecían a una vanguardia ilustrada; pero él quiere convertir ahora el proyecto de las élites en un proyecto de ciudadanos. Merkel debe responder

Jürgen Habermas

...

En todo caso, no son estas propuestas aisladas, conocidas desde hace tiempo, las que hacen que destaque la conducta, la iniciativa y el discurso de este político sobre el de todos aquellos a los que estamos acostumbrados. Lo que se sale de la norma son tres rasgos característicos:

—El coraje para la iniciativa política;

—El compromiso en traducir el proyecto de las élites europeas en una legislación autónoma y democrática de los ciudadanos:

—La capacidad de convicción que transmite una persona que confía en el poder de la palabra que articula el pensamiento.

Con una elección de palabras característicamente francesa, Macron se dirigió el 26 de septiembre a su público de estudiantes y también a la clase política en Alemania al conjurar repetidamente la “soberanía” que solo Europa, y no ya el Estado nacional, es capaz de garantizar a su ciudadanía. Solo bajo la protección y con la fuerza de una Europa unida pueden estos ciudadanos afirmar sus intereses y valores comunes en un mundo convulso. Macron contrapone la soberanía “real” a la quimérica de los “soberanistas” franceses. Llama por su nombre al indigno juego del personal gubernamental que se distancia en casa de las leyes que él mismo ha aprobado en Bruselas, y demanda nada menos que la refundación de una Europa capaz de actuar políticamente tanto en el ámbito interno como en el exterior: a esta autoafirmación de los ciudadanos europeos es lo que se alude con la palabra “soberanía”. Macron menciona, como paso para la institucionalización de la capacidad de actuación común, una mayor cooperación en la eurozona sobre la base de un presupuesto común. Es de lamentar que la Comisión Europea —a causa de una mal entendido sentido de la responsabilidad hacia la unidad de todos los miembros de la UE— torpedee esa decisiva propuesta de una Europa a dos velocidades. La propuesta central de Macron para aunar las fuerzas en el corazón de Europa dice así: “Un presupuesto (común) solo puede ir de la mano de un fuerte liderazgo político a través de un ministro común y de un ambicioso control parlamentario en el nivel europeo. Solo la eurozona con una moneda internacional fuerte puede ofrecer a Europa el marco de un poder económico mundial”.

Debido a esta aspiración a confrontar políticamente los crecientes problemas de una sociedad mundial, Macron destaca como muy pocos otros entre la clase de funcionarios políticos crónicamente desbordados, capaces solo de adaptarse de forma oportunista y de reaccionar día a día, sin sentido alguno de la perspectiva. Es para frotarse los ojos: ¿pero hay alguien que aún quiera cambiar algo en el status quo?

¿Es que hay quien tiene el frívolo coraje de rebelarse contra la conciencia fatalista de felahs que se doblegan irreflexivamente a los pretendidos imperativos sistémicos de un orden económico mundial encarnado en organizaciones internacionales que han perdido el contacto con la realidad? Si le entiendo bien, Macron defiende unos intereses que hasta ahora no se explicitan y que por tanto no están representados en nuestro sistema de partidos, segmentado entre el neoliberalismo cotidiano del centro, el autosatisfecho anticapitalismo de los nacionalistas de izquierdas y la rancia ideología identitaria de los populistas de derechas.

...

La segunda circunstancia que distingue a Macron de otras figuras es su ruptura con un consenso silencioso. Hasta ahora mismo, en la clase política iba de suyo que la Europa de los ciudadanos plantea un cuadro demasiado complicado y que la finalité, el objetivo de la unificación europea, es un tema demasiado complejo para que los propios ciudadanos puedan ocuparse de él. Los asuntos corrientes de la política bruselense son solo para expertos, en todo caso para cabilderos bien informados; los choques más serios entre intereses nacionales en conflicto los despachan los jefes de Gobierno entre sí, generalmente aplazándolos o dejándolos en suspenso. Pero sobre todo, los partidos políticos están de acuerdo en que en las elecciones nacionales hay que evitar los temas europeos en la medida de lo posible, a no ser que se pueda echar a los políticos de Bruselas la culpa de los problemas que se han creado en casa. Y ahora Macron quiere acabar con esa mauvaise foi. Al poner en el centro de su campaña la reforma de Europa ha roto un tabú, e incluso —un año después del Brexit— ha ganado esta ofensiva contra “las tristes pasiones de Europa”.

...

https://elpais.com/elpais/2017/12/08/op ... 04832.html

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 Asunto: Re: Europa, Europa
NotaPublicado: Mar Dic 12, 2017 2:04 pm 
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Uno este hilo a otro anterior de título (casi) idéntico.

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 Asunto: Re: Europa, Europa
NotaPublicado: Jue Dic 14, 2017 12:59 pm 
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"Revés a Macron: la UE aparca sus propuestas clave para refundar la eurozona

El superministro de Finanzas y el presupuesto de estabilización quedan fuera de la Eurocumbre.

La ambición europeísta de Emmanuel Macron se enfrenta a su primer gran baño de realidad en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE que empieza este jueves en Bruselas. En un celebrado discurso en la Sorbona el pasado septiembre, el presidente francés presentó una hoja de ruta para "refundar" la eurozona y dotarla de capacidad de reacción ante futuras crisis. Sus dos propuestas más emblemáticas eran un superministro de Finanzas responsable de coordinar las políticas económicas y un presupuesto de estabilización. Unas ideas que generan una fuerte resistencia en países como Alemania, Holanda o Finlandia, que temen una transferencia permanente de recursos hacia los países del sur.

La oposición es tal que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha decidido excluir las propuestas más ambiciosas de Macron de la agenda."

https://www.elespanol.com/mundo/europa/ ... 121_0.html

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 Asunto: Re: Europa, Europa
NotaPublicado: Mié Ene 03, 2018 9:30 pm 
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El vértigo de la federación

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Europa en la peluquería

Juan Claudio de Ramón

Un sondeo reciente registra un modesto apoyo entre los europeos a la propuesta de Martin Schulz de crear los Estados Unidos de Europa en el no tan lejano año 2025. Así, casi un tercio de alemanes aprueban la invitación a completar la federalización del continente. En Francia son uno de cada cuatro los ciudadanos que respaldan la idea, que obtiene un apoyo decreciente en el resto de países, hasta llegar al Reino Unido, donde solo un diez por ciento de los británicos ve mérito a la propuesta del líder socialdemócrata alemán. Es una pena que los encuestadores no cayeran por nuestro país: habríamos tenido un indicio del nivel en que ha dejado la crisis el tradicional euroentusiasmo de los españoles.

Si bien Schulz es un sincero europeísta, es probable que su propuesta no haya sido más que la levadura retórica con que elevar la moral de su partido, resignado a ser, si no fracasa la negociación en curso, segundo violín de nuevo en la orquesta de Angela Merkel. Resulta curioso, en todo caso, que 2016 terminara con Le Pen ante portas y el presagio del fin del sueño europeo, y 2017 cierre con el bando de una nueva convención continental. Un pulso ciclotímico, al albur de las lizas electorales, que hace a Europa comparable a ese cliente que entra en una peluquería pero que, ya en el sillón y con la capa al cuello, se siente incapaz de explicar qué tipo de corte desea.

Esta indecisión se debe en parte al fin de la ambigüedad que acompañó desde el inicio al proyecto europeo, y cuyo final no es ajeno al retoñar de nacionalismos que padece el continente. Hasta ahora las viejas naciones han podido convivir con la incipiente federación europea. Hoy cunde la sospecha de que el binomio ya no es mantenible, y que optar por una mayor integración supone de un modo u otro llevar a la casa de empeños ese viejo y venerable artefacto en el que los europeos han vivido más de dos siglos: el Estado-nación. Incluso los que somos europeístas debemos parar a meditar un minuto lo que esto significa y entender el vértigo que muchos ciudadanos experimentan al desasirse del que fue durante tanto tiempo su cuerpo político de referencia. Al fin y al cabo, como explica Pierre Manent, agudo filósofo político francés, heredero de Aron y de Tocqueville, el Estado-nación, que hoy vemos como protagonista de un pasado culpable, es también la forma política que logró hibridar para un mayor número de personas los dos polos que mantienen tensionada la democracia liberal: consentimiento y comunidad. Por comunidad vale entender nación y, si hay algo que Estados Unidos es y Europa no o aún no, es una nación. ¿Es posible democracia sin nación? De otro modo: ¿es posible una democracia procedimental despegada de un ethos comunitario? ¿O hemos de saber esperar a que se fortalezca la comunidad entre europeos para dar más pasos hacia la unión? Son preguntas que hacerse antes de cambiar definitivamente de look, incluso en presencia de riesgos geopolíticos apremiantes. Europa, la gran creadora de formas políticas, tiene acaso su Sonderweg, su camino especial. El continente que inventó el Estado-nación sabe intuitivamente que su futuro pasa por aprender, en un nuevo gesto de creatividad histórica, a vivir sin él; aceptar, en feliz síntesis de José Areilza, que el Estado-nación europeo ha mutado en Estado-miembro. Y no conviene forzar ni violentar ese aprendizaje.

http://theobjective.com/elsubjetivo/jua ... eluqueria/

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 Asunto: Re: Europa, Europa
NotaPublicado: Mié Ene 03, 2018 9:41 pm 
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Pffff... el Estado-nación, dice. La de gilipolleces que se dirán por no asumir de una vez que la UE es una puta mierda que no ilusiona a casi nadie, y que la peña percibe que la democracia funciona mejor a niveles más bajos que a esas alturas.

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"¿Es que puede encontrarse en la historia un solo ejemplo de un modo de producción nuevo que haya prendido de golpe, sin una larga serie de reveses, equivocaciones y recaídas?" Una gran iniciativa, Lenin (1919).


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 Asunto: Re: Europa, Europa
NotaPublicado: Mié Ene 03, 2018 10:05 pm 
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No creo que sea cuestión de tamaño sino de cultura política. Yo creo que Europa (al menos el Oeste) está preparada. Con permiso de los nacionalismos, que es lo que más está frenando. Naturalmente el sentimiento de comunidad es mayor hacia tu país que hacia Europa (por los idiomas, fundamentalmente), que es lo que plantea el artículo. Pero es un camino irreversible, aunque tenga un componente de huida hacia adelante hay que iniciarlo.

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 Asunto: Re: Europa, Europa
NotaPublicado: Mié Ene 03, 2018 10:11 pm 
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piezzo escribió:
No creo que sea cuestión de tamaño sino de cultura política. Yo creo que Europa (al menos el Oeste) está preparada. Con permiso de los nacionalismos, que es lo que más está frenando. Naturalmente el sentimiento de comunidad es mayor hacia tu país que hacia Europa (por los idiomas, fundamentalmente), que es lo que plantea el artículo. Pero es un camino irreversible, aunque tenga un componente de huida hacia adelante hay que iniciarlo.

¿Quién dice que sea una cuestión de tamaño? Ni es de tamaño, ni de nacionalismos, ni de sentimientos. Como digo es un problema de que la UE es una puta mierda pinchada en un palo que funciona de una forma menos democrática que los Estados que la forman, que ya es decir.

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 Asunto: Re: Europa, Europa
NotaPublicado: Mié Ene 03, 2018 10:13 pm 
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Y por supuesto que el camino que recorrimos hasta llegar a la UE es reversible, ¿dónde está escrito que no lo sea? Que se lo digan al Reino Unido. Y veremos a ver si no hay más salidas de la UE, e incluso si ésta no termina desapareciendo.

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 Asunto: Re: Europa, Europa
NotaPublicado: Mié Ene 03, 2018 10:22 pm 
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Ricardo Mella escribió:
que funciona de una forma menos democrática que los Estados que la forman, que ya es decir.

Está claro, ese es uno de los problemas. Hasta ahora. De lo que se trata precisamente es de superarlo convertiéndola en una federación democrática con todas las de la ley.

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 Asunto: Re: Europa, Europa
NotaPublicado: Mié Ene 03, 2018 10:41 pm 
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Me temo que no es posible que suceda eso.

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 Asunto: Re: Europa, Europa
NotaPublicado: Dom Ene 14, 2018 10:17 am 
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El estado de la Unión

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2018, el año cero para reconstruir la Unión Europea

-A diferencia del curso pasado, la economía, el calendario, el ánimo y el eje franco-alemán están de cara.

-Las amenazas a la estabilidad no vienen de fuera, sino de la propia Unión.

-Emmanuel Macron, el gran beneficiario del preacuerdo en Alemania.

Cuando empezó 2017, Europa estaba rodeada. Sus enemigos, detractores y rivales apretaban de una manera u otra por los cuatro costados. La Rusia de Putin, la retórica a favor de la ruptura (fuera la OTAN o el Brexit) de Trump. Los yihadistas. Las fronteras cerradas. Los populistas. Elecciones en Francia, Alemania, Holanda con negras perspectivas. Mirara donde se mirara, riesgos para la supervivencia de la Unión.

El 2018 que arranca ahora es todo lo contrario. Europa ha superado, a veces por los pelos y a veces con nota, las citas con las urnas, tras haber perdido sistemáticamente todos los referéndum importantes desde 2015. Europa ha encontrado a Emmanuel Macron, orgulloso de la bandera azul y las estrellas y dispuesto a defender con el corazón y no sólo con el cerebro y la cartera un proyecto ilusionante. La economía está en su mejor momento en una década. El calendario, tranquilo. Y por si fuera poco, Angela Merkel ha sellado por fin un ansiado pacto para formar Gobierno, devolviendo a Alemania al centro del tablero tras casi un año de impasse. Y además, con el mejor socio que Bruselas hubiera podido diseñar: Martin Schulz, empeñado en una reforma de los cimientos, una apuesta de verdad por el cambio en las instituciones, los valores y sobre todo la arquitectura económica.

En el 2018 Europa tiene un reto formidable, pero esta vez es diferente: debe salvarse de sí misma, de la complacencia, de los debates internos. Debe reconstruir todos los puentes que la crisis griega, la de refugiados, la del Brexit, la de las fronteras han quemado. Debe sanar la fractura entre el este y el oeste que se ha acentuado en los últimos meses. Los próximos 18 meses son claves para que la próxima legislatura (el Parlamento acaba de proponer del 23 al 26 de marzo la fecha para las elecciones europeas de 2019 y se está viendo si establecer listas transnacionales y qué hacer con los escaños británicos) sea la que cambie y vea cambiar a la UE, adaptándola para el siglo XXI.

Superada la fase de la depresión, la de la recuperación y la fantasía de la refundación, es momento de la reconstrucción.

Estado de Derecho

Según los analistas, el desafío que encarnan Polonia y Hungría, la deriva autoritaria y antieuropea en el seno del Grupo de Visegrado, va a ser uno de los mayores retos, sino el que más, del curso. Viktor Orban y Jaroslaw Kaczynski (el verdadero poder en la sobre en Varsovia) están decididos a estirar la goma hasta el final para ver hasta dónde llega la resistencia.

La crisis de refugiados es el origen del cisma, pero también y casi más, la excusa. Hungría y Polonia son los mejores representantes del movimiento iliberal dentro de la propia Unión. Contrario a los principios (de por sí tan pomposos como en realidad vagos) europeos, a la idea de solidaridad, al imperio de la ley, respeto a las minorías, a las decisiones de los Tribunales (y su independencia) y, sobre todo, a las reglas comunes. Ambas forman parte de una Unión con un acerbo común aprobado, ratificado y sobreentendido pero o lo olvidan o tratar de hacer como si no existiera para satisfacer sus intereses.

Juncker (Tusk, como ex primer ministro polaco, tiene muchas más dificultades y conflictos de intereses) parece lo suficientemente flexible como para encauzar el debate, y se han logrado pasos importantes en Varsovia, con el reciente cambio de Gobierno. Pero de cómo se gestione la crisis que desde 2015 ha roto Europa en dos, con una brecha longitudinal, dependerá en buena medida la salud del conjunto.

Lo que ocurre en Austria es paradigmático. Cuando la extrema derecha llegó hace más de tres lustros a la coalición poder, los gobiernos europeos impusieron 'sanciones' y levantaron un muro de hielo. Ahora el eje se ha movido tanto hacia la derecha, que se finge que no hay preocupación. O lo que es peor: de verdad no la hay por el retorno de los herederos de Haider y su presencia en ministerios clave.

Los espejismos

Cuando el 23 de junio de 2016 los partidarios del 'remain' perdieron el referéndum del Brexit, Europa se conjuró. Habló de unión, de unidad, de ir todos a una. Pocos creyeron entonces que fuera a servir de algo, pues parecía la misma retórica buenista de siempre. Y sin embargo, y para sorpresa sobre todo de los británicos, los 27 han logrado seguir juntos, sin fisuras, en la negociación. Ni siquiera ahora que surgen voces esperanzadas y se ven espejismos, como un segundo referéndum en Reino Unido, más integración, sumar a todos los Estados Miembros al euro o un super ministro de Finanzas.

A pesar de las enormes disputas que hay en los temas económicos, de fronteras, de la acogida de refugiados, del reparto de poder y de agencias, de tantos otros temas, el Brexit ha mostrado que es posible una sincronización y un entendimiento muy profundo cuando de verdad hace falta.

La tentación salvadora

Alemania, Merkel, no ha estado muy final en los últimos 24 meses para cerrar consensos. Su poder, su carisma, su influencia se han visto afectados. La coalición con Schulz va a ser diferente, pondrá otros ritmos, pero su gestión es esencial. La 'Große Koalition' ('gran coalición') llevará a Berlín a sitios insospechados hace un año. Macron se frota las manos viendo una oportunidad única. Está claro que la reconstrucción no va empujar al federalismo (a pesar de los proyectos ambiciosos de la SPD germana). Las capitales creen que la UE es algo demasiado serio e importante como para dejárselo a sus instituciones, así que las grandes reformas se cerrarán en Berlín, París y quizás (si Rajoy deja de estar pendiente sólo de Cataluña y de las elecciones italianas sale un Gentiloni reforzado) Roma y Madrid, como se vio después del verano en Versalles.

El calendario

El curso pasado más de la mitad de los europeos estuvo llamado a las urnas. Este año la cosa es más tranquila y salvo en Italia (marzo) y quizás Finlandia, este mes, hay pocos nervios. Comicios en Chipre y República Checa también en enero. Hungría (mayo), Eslovenia (julio), Suecia (septiembre), Letonia, Luxemburgo e Irlanda (octubre). Ya no hay apuesta a todo o nada o riesgo de destrucción. No hay una Marine Le Pen, ni un Wilders al borde del poder. Ni grandes partidos anti euro en cabeza.

El lobo a medio despertar

Las presidenciales rusas de marzo no preocupan porque todo el mundo sabe lo que va a ocurrir. Y que las tensiones, las injerencias y los sabotajes van a seguir. A intensidad media, si hay suerte. Las sanciones de la UE se siguen prolongando, el cisma ucraniano no se arregla y hay tantas chispas que el fuego puede prender. Pero Europa ha aprendido a vivir con el lobo a medio despertar, sin hacer demasiado ruido, pero sin bajar la guardia. Igual que con Turquía, compañera de viaje más que amiga, socia a cambio de dinero en efectivo y promesas de adhesión y fuente de más problemas, quebraderos de cabeza y flaquezas en la coherencia que otra cosa.

Los fanáticos

Tras un ejercicio en el que el yihadismo ha bajado su perfil, el Estado Islámico ha salido de las noticias y la mortalidad ha sido mucho más baja, Europa ha bajado la guardia. Nihilistas y fanáticos siguen esperando su ocasión, a las puertas y sobre todo en el seno de las propias sociedades. Se ha resuelto, en parte, la situación de los que estaban volviendo, se ha hecho más difícil el acceso a explosivos o armas automáticas. Pero en Londres y Barcelona se vio que el terrorismo está presente y lo va a seguir durante mucho tiempo. No parece que tenga en su mano quebrar la Unión, tirar Gobiernos, hundir países, pero sí que pueden hacer mucho daño. Y cuando la atención es mejor, el efecto puede ser mayor.
http://www.elmundo.es/internacional/201 ... b4636.html

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Ocho “méritos” que hacen de Luis de Guindos un candidato perfecto para el BCE


Citar:
Yago Alvarez
El Salto


Lo que se llevaba rumoreando desde hace meses se ha hecho realidad hoy: el Gobierno de España presenta al actual ministro de Economía, Luis de Guindos, para el puesto de vicepresidente del Banco Central Europeo que quedará vacante en los próximos meses.

Tras la decepción que supuso quedar fuera de la carrera por presidir el Eurogrupo, la reunión de ministros de Economía y Finanzas de los Estados miembro de la Unión Europea, el ministro tenía puesta la vista en el asiento que acompaña a Mario Draghi.

El mismo De Guindos ha declarado en una rueda de prensa, en la que ha anunciado su candidatura, que el Partido Popular "no contempla un escenario" que no sea el de que él mismo obtenga la posición y que, de ser así, renunciará a su puesto de ministro el próximo 23 de marzo, fecha en la que se hará pública la decisión.

Se ha especulado mucho sobre las características que debe tener un buen vicepresidente del BCE. Una de las principales exigencias es la independencia política, algo que no cumple De Guindos tras haber sido ministro y ocupado otros cargos anteriormente dentro del PP. Pero hay otras características del currículum del actual ministro que le hacen ser la persona perfecta para una institución no democrática, nada social, que es capaz de condenar a un país entero a la pobreza y la precariedad por mantener el statu quo, que pone por encima el control del déficit al bienestar social de la ciudadanía europea y que, desde su fundación, ha servido a las élites financieras.

1. Que un rescate sin coste se convierta en un agujero de 60.000 millones

1. El “no va a costar ni un euro a los contribuyentes” que entonó el ministro De Guindos tras empezar los rescates bancarios ya va por más de 60.000 millones de euros dados por perdidos, según las cifras del Banco de España. El “préstamo en condiciones ventajosas” —o sea, el rescate— que recibimos por parte de la Troika se ha esfumado y pesará sobre las espaldas de esos contribuyentes en las próximas décadas.

Poder inyectar esas cantidades de dinero público, al mismo tiempo que se aplican recortes en educación y sanidad, y volver a salir reelegido es un currículum perfecto para formar parte de una institución que en medio de la severa aplicación de medidas austeritarias se ha dedicado a inyectar 60.000 millones de euros mensuales comprando deuda de grandes empresas y de Estados en los mercados secundarios. Algo que, según muchos economistas, es lo único que está manteniendo la economía europea fuera de una nueva recesión. Bueno, la economía de las multinacionales y del sector financiero, porque la austeridad, como los recortes de De Guindos, no tienen el mismo efecto positivo sobre la ciudadanía, ni mucho menos.

2. La intervención del Banco Popular

El ministro sacó pecho al ser el primero en poner en marcha el nuevo mecanismo europeo para intervenir bancos que puedan poner en riesgo la sostenibilidad del sistema financiero. En solo una noche, sin información fiable, según el Banco de España, basándose en un informe de Deloitte que siguen sin hacer público, tras una huida de depósitos que el ministro no supo frenar y después que muchas administraciones públicas que dependen de él facilitaran el hundimiento, De Guindos expropió las acciones de 300.000 inversores para vender la entidad al Banco Santander por un solo euro.

Todos los expertos han apuntado a este hecho como uno de los principales hitos en el currículum del ministro para acceder a la vicepresidencia del BCE. Después de todo, aplicar medidas que hagan perder dinero a muchas personas en favor de la concentración bancaria y de la acumulación de poder de esos grandes bancos, y cargar la futura factura a las administraciones públicas, es una de las especialidades de la institución de Draghi.

3. Ex Lehman Brothers

En la rueda de prensa que ha dado el ministro para anunciar su candidatura ha tenido que responder a las preguntas que ponían en duda si su posición como ministro con el PP era idónea para una vicepresidencia que exige una independencia política. El ministro ha invitado a los periodistas a ver su currículum para despejar dudas de su profesionalidad y trayectoria.

A lo que De Guindos se debe de referir es a los años que trabajó como director de España y Portugal de la entidad financiera que, con su quiebra en septiembre de 2008, dio el pistoletazo de salida a la mayor crisis financiera que hemos sufrido hasta el momento: Lehman Brothers. La antigua empresa del ministro fue la encargada de empaquetar y vender hipotecas basura de dudoso cobro por todo el planeta, haciendo que la quiebra del banco de inversiones y el estallido de la burbuja financiera e inmobiliaria estadounidense contagiara las cuentas de todos los bancos del planeta. Las personas que dirigen el BCE parecen demostrar su independencia de partidos políticos, pero viendo que el actual presidente es un ex Goldman Sachs es presumible que pertenecer a uno de los bancos de inversiones que hayan tenido implicación directa en la gestación de la crisis financiera debe de dar muchos puntos.

4. No tuvo piedad con Grecia

El exministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, declaró en una entrevista que "hay una gran diferencia entre lo que hablas con el ministro español en privado y lo que luego defiende en el Eurogrupo", al relatar que, aunque el ministro español comprendía, e incluso veía factibles, las medidas que proponía el Gobierno griego, "nunca dejó pasar una ocasión en el Eurogrupo de alinearse" contra él.

La imposición de medidas austeritarias que correspondan a intereses políticos y no económicos es una de las especialidades de De Guindos y su inseparable compañero, el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro. Actúan igual que el eje liberal de Bruselas y el BCE, que no tuvo la menor piedad en aplastar al Gobierno griego, con lo que ello ha supuesto para la ciudadanía griega, con tal de que una nueva fuerza política no pueda demostrar que se pueden hacer las cosas de manera diferente. La intervención del Ayuntamiento de Madrid, de las cuentas de la Comunidad Valenciana o la aplicación del 155 en Catalunya seguramente se consideren méritos perfectos para este proceso de selección.

5. Legislaciones exprés para castigar a los rebeldes

Solo cinco días después del referéndum independentista catalán, el ministro allanaba el camino a la huida de empresas de Catalunya. Ese día aprobaba un real decreto urgente que permitía que las empresas puedan cambiar su domicilio social, y por lo tanto fiscal, sin necesidad de que la decisión pase por una junta de accionistas, como suele ser normal en las empresas cotizadas. De este modo, el ministro facilitaba que la huida de empresas fuera rápida y efectiva en unos días de mucha tensión y en los que las voces desde las instituciones europeas reclamaban que el Gobierno no usara la violencia…, pero que hiciera lo posible para recuperar la estabilidad política que amenazaba los mismos cimientos de la Unión Europea.

6. Hacer negocios con dictaduras

El 23 de octubre de 2017, el ministro viajó a Dubái para la cuarta sesión del Comité Económico. El ministro de Economía y su homónimo en los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Sultan Bin Saeed Al Mansoori, se comprometieron a intensificar las relaciones económicas, comerciales y de inversión. El acuerdo firmado con los Emiratos Árabes anunciaba la promoción de proyectos de inversión conjuntos en sectores estratégicos como las energías renovables, la salud, la educación, la tecnología, el transporte, la ingeniería aeroespacial y el agua.

En la Europa del acuerdo de la vergüenza con la Turquía de Erdogan, de los acuerdos comerciales con Marruecos, de la exportación récord de armas a Oriente Medio o de acuerdos con países como Libia para que frene la migración, un ministro que firma acuerdos comerciales con la dictadura de los Emiratos Árabes encaja perfectamente.

7. Deuda, hucha de pensiones…

Junto a su inseparable compañero de batallas, el ministro de Hacienda, Montoro, la economía del Estado español ha aumentado su deuda desde los 620.000 millones de euros que dejó Zapatero a superar el 1,1 billones de euros actualmente. La hucha de las pensiones sigue en caída libre. De los 66.815 millones de euros que tenía en 2011, este fondo solo cuenta con 8.095 millones en la actualidad. Para 2018 se prevé que la Seguridad Social tenga que “pedir prestado” para poder cumplir el déficit que arrastra desde el arranque de la crisis. Pero las entidades financieras, esas pocas que quedan tras las fusiones que impulsó De Guindos, siguen dando beneficios récord al mismo tiempo que siguen despidiendo trabajadores mediante ERE.

8. Su “recuperación” económica

Aun con los “vientos de cola” en forma de inyección de dinero del BCE, tipos de interés en mínimos y materias primas como el petróleo con precios por los suelos, la precariedad laboral se ha instaurado en la sociedad, los índices de paro siguen siendo alarmantes y los peores de Europa, haciendo mella en los jóvenes y mujeres; los servicios básicos son cada vez más escasos y precarios, el poder adquisitivo de los españoles se ha reducido, las pensiones se han congelado... Una recuperación económica que ha favorecido cuatro veces más a los ricos que a los pobres y que esconde que un tercio de la ciudadanía vive en riesgo de exclusión social, según Intermón Oxfam, pero que a la vez aumenta el único índice existente a los ojos del BCE, el PIB, y los beneficios de las grandes empresas, es exactamente el tipo de recuperación económica que promueve la institución a la que aspira De Guindos: la creciente desigualdad entre los más ricos y los más pobres.

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Traducción al español por Huan Manwe