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 Asunto: Sobre la RDA
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Con el pesimismo de la razón pero sin el optimismo de la voluntad.
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“La RDA tuvo una mentalidad de asedio, y en una ciudad asediada es difícil que se alcen torres”

Stephen Wechsler llegó a Baviera como soldado del Ejército estadounidense a comienzos de los cincuenta. Cuando el Ejército descubrió su pasado como militante del Partido Comunista de EEUU, Wechsler decidió desertar y cambió su nombre por el de Victor Grossman

Àngel Ferrero 07/11/2014 - 20:07h


No todos cruzaron el Muro de Berlín en la misma dirección. Victor Grossman (Nueva York, 1928) fue uno de los que lo hizo en dirección contraria. Stephen Wechsler llegó a Baviera como soldado del ejército estadounidense a comienzos de los cincuenta, en el momento álgido del maccarthismo. Cuando el ejército descubrió su pasado como militante del Partido Comunista de EEUU, Wechsler decidió desertar. Lo hizo por Austria, cruzando el Danubio a nado. En la otra orilla, Stephen Wechsler cambió su nombre por el de Victor Grossman, y comenzó a trabajar como periodista. Como estadounidense en la primera línea de frente de la Guerra Fría, Grossman fue testigo de privilegio tanto de la construcción como de la desaparición de la RDA.

¿Cómo debo llamarle? ¿Victor Grossman o Stephen Wechsler?


[Risas] Grossman es el nombre que uso. En EE UU, para mis familiares y mis amigos soy Steve, pero aquí soy Victor Grossman. ¿Cómo me llegué a acostumbrar al nombre? Buena pregunta. No me gustaba el nombre de Victor Grossman, no lo elegí yo, pero no me quedó otro remedio que acostumbrarme a él y me acostumbré a él.

¿Por qué decidió cruzar…

…en la dirección equivocada? En EE UU militaba en varias organizaciones izquierdistas, especialmente mientras estudiaba en la Universidad de Harvard. Después de la universidad trabajé en dos fábricas. Entonces estalló la Guerra de Corea y me llamaron a filas. Todos los reclutas tenían que firmar una declaración afirmando que no eran ni habían sido miembros de una de las 120 organizaciones de una lista, casi todas ellas de izquierdas, y yo había estado en una docena. Aún militaba en algunas de ellas. ¿Debía firmar o debía negarme a hacerlo? No sabía qué hacer. Los años del maccarthismo fueron muy difíciles. Entonces había una ley que obligaba a los miembros de aquellas organizaciones a inscribirse en la policía como "agentes extranjeros". Si no lo hacían podían ser castigados con hasta 10.000 dólares y 5 años de prisión por cada día que no informasen a la policía. Una semana hubieran sido 35 años. Y yo no lo había hecho desde al menos seis meses... Tenía miedo a admitir que había formado parte de aquellas organizaciones. Y firmé. Lo hice con la esperanza de que durante los dos años de servicio militar el ejército no me investigaría. Tuve suerte y no me enviaron a Corea, sino a Baviera. Las cosas parecían ir bien, pero entonces me investigaron. Puede que lo hicieran por un curso de operador de radio que realicé. Guardo una copia del informe del FBI sobre mí, 11.000 páginas. Una de esas páginas es una denuncia de un compañero de estudios en Harvard, acusándome de "rojo" y "radical". Quizá fuera eso el detonante. En cualquier caso, recibí una carta del Pentágono, pidiéndome que me presentase ante un tribunal al lunes siguiente. Una condena de varios años en una prisión militar era casi una condena a muerte. Por eso decidí desertar.

Lo hizo cruzando el Danubio.

No sabía cómo hacerlo. No podía preguntárselo a nadie. Intenté pedir información a los comunistas alemanes, pero no confiaron en mí: un estadounidense en uniforme militar, que no hablaba bien alemán... Claro que no podían confiar en mí. En Baviera no estábamos lejos de la frontera, pero si intentaba cruzarla por el bosque sin tener un mapa, esperando dar con la frontera, me arriesgaba a perderme y ser detenido, lo que hubiera sido mucho peor... Busqué el mejor lugar para cruzar sin ser visto. Recordé una visita que había hecho a Austria, donde la zona de ocupación aliada y soviética estaba dividida por el río Danubio. Viajé en tren hasta Linz, tratando de encontrar el río, a la madrugada del día siguiente lo encontré y lo crucé a nado.

¿Dónde pensaba que le trasladarían?

No lo sabía. Pensaba que me llevarían a la Unión Soviética o a Checoslovaquia. La verdad es que no quería vivir en Alemania oriental. Había estado estacionado en Alemania occidental y no me gustaba la atmósfera. Francamente, había demasiados nazis. Te lo decían abiertamente. La verdad es que no me importaba. En lo único que pensaba es en que no quería terminar en prisión. Los soviéticos ni siquiera me dijeron dónde me llevaban. Estuve dos semanas en Austria, luego me anunciaron que me marchaba, pero no me dijeron dónde. Durante el viaje, viendo las carreteras, lo adiviné. Pero la verdad es que no me importaba.

La mayoría de desertores de los ejércitos occidentales terminaban en Bautzen. De todas las ciudades, ésta es la que quedaba más lejos de cualquier frontera con Occidente. Además, había varias fábricas en las que los desertores podían trabajar. A pesar de tener sólo cuatro mil habitantes, la ciudad era grande, lo suficiente como para alojarnos. La mayoría de desertores eran estadounidenses, pero también había británicos, franceses, un grupo de africanos del ejército francés que no quería ir a combatir en Indochina, unos cuantos holandeses, un español -nadie supo cómo llegó allí; terminó en un psiquiátrico, era un excelente jugador de ajedrez, por cierto- y un mexicano. Algunos no estaban contentos. Sobre todo los que no fueron capaces de establecerse y encontrar esposa, fundar una familia. Nunca se adaptaron. Algunos de los que vinieron tenían una esposa alemana y se adaptaron sin problemas. Entonces no estaba el Muro, así que los que no se adaptaron simplemente se marcharon a Berlín Este y cruzaron la frontera. Unos iban, pero otros venían.

Es interesante, porque las historias que leemos son casi siempre sobre quienes desertaron a Occidente.

Entre los alemanes se trataba a menudo de motivos políticos, porque eran izquierdistas o esperaban vivir mejor en una economía socialista. Pero la mayoría de estos hombres, en mi opinión, no lo hicieron por motivos políticos. Era gente que había tenido problemas con el ejército, especialmente los estadounidenses. Desde problemas con la bebida hasta delitos menores. Algunos tenían novias o esposas de Berlín oriental, lo que no era bien visto por el ejército. En un par de casos se trataba de soldados negros que tenían esposas alemanas y huían del racismo y la discriminación. Dos estadounidenses vinieron porque no querían combatir en Corea. Entre los estadounidenses había al menos seis afroamericanos, algo muy poco habitual en aquella época en aquel rincón de Alemania. La mayoría de ellos seguramente no había visto a una persona negra en su vida.

La RDA, a la vista de que aquellos hombres no contaban con una buena formación, decidió ofrecerles cursos especializados que incluían clases de alemán o matemáticas. También algo de política, pero no mucho. Piense que había dos marroquís y un argelino que habían desertado del ejército francés que eran analfabetos. Después de aquello algunos se marcharon. Todos los afroamericanos, en cambio, se quedaron en la RDA.

Siendo estadounidense, ¿cómo se sintió durante todos aquellos años de Guerra Fría?

Son muchos años, treinta y siete años... Tenía sentimientos encontrados. Siempre me consideré estadounidense. Algunos adoptaron la nacionalidad germano-oriental, yo nunca lo hice. Aunqué había desertado del ejército, siempre me consideré un patriota estadounidense, pero no en el sentido habitual del término, sino en el de aquellos que lucharon y luchan por un país mejor, desde John Brown hasta Angela Davis, pasando por Martin Luther King, Malcolm X o Pete Seeger. Ésa era mi América.

¿En qué trabajó en la RDA?

En Leipzig estudié periodismo. De hecho, como he dicho en alguna ocasión, soy la única persona en el mundo que tiene un diploma de Harvard y otro de la Universidad Karl Marx. Y seguiré siéndolo, porque esa universidad ya no existe. [Risas] Mi trabajo en la RDA era básicamente informar de la vida en EE UU. No de la manera simplista y negativa que aparecía en los libros de texto o en los medios de comunicación, pero tampoco de la manera igualmente simplista, pero positiva, que aparecía en la televisión occidental, que mucha gente se creía. Traté de ofrecer una imagen de EE UU como un país lleno de conflictos y contrastes, con estándares de vida relativamente mejores que los de la RDA, pero también en el que vivía mucha gente con unos estándares de vida muy inferiores a los de la RDA.

¿Nunca pensó en regresar a EE UU?

Todo el tiempo. Pero era muy difícil. En los años setenta EE UU abrió una embajada en Berlín Este. Me invitaron a acudir para aclarar mi estatus y el de mis dos hijos. ¿Son estadounidenses, son alemanes? Fui con mucho miedo a hablar con el cónsul. La gente del consulado intentó convencerme de que volviese a EE.UU., asegurándome que no habría ningún problema. No me fié de ellos e hice bien. En 1989, Harvard me invitó a una reunión de antiguos licenciados. Volví a visitar al cónsul. En esta ocasión la cónsul -esta vez era una mujer- fue sincera. Me aconsejó que no fuese. “El ejército tiene buena memoria”, me dijo. Así que desistí. En 1994 volví a ir al consulado. La situación era otra y pude resolverlo todo.

Mi madre me visitó varias veces en Berlín Este. La última vez me dijo que mi familia había estado informándose de cómo podía volver sin ingresar en prisión. Le dijeron que podía volver, con la condición de decir públicamente lo mal que había vivido en la RDA, mi decepción con el país, etcétera. Años después, cuando mi madre ya había muerto, hablé con mi hermano, y me dijo que, además, había otra condición: que antes de regresar tenía que pasar algún tiempo en la RDA y espiar para la CIA. No conocía esta oferta, pero nunca la hubiera aceptado.

¿Cómo ve el 25 aniversario de la caída del Muro?

Viví en la RDA casi desde su fundación hasta el final. Viajé por todo el país. Vi todos los aspectos negativos, y habían muchos. Algunos eran simplemente estúpidos, otros trágicos –como toda la gente que murió intentando cruzar el Muro–, otros podrían haberse evitado, otros no podían haberse evitado. La RDA era más débil que Alemania occidental y tenía que estar a la defensiva. Vi todos esos aspectos negativos y no tengo ninguna necesidad de embellecerlos. Pero al mismo tiempo, siempre vi a la RDA como la Alemania moral. Por cuatro motivos: el primero, la RDA era la Alemania antifascista. En Alemania occidental, la cúpula del partido nazi había muerto o desaparecido, pero el resto ocuparon sectores importantes de la sociedad en el ejército, la diplomacia, los servicios secretos, la universidad o el periodismo. La mayoría de ellos ni siquiera se arrepentían, simplemente guardaron silencio. Durante los primeros años de posguerra, la opinión mayoritaria en EE UU era antifascista. Pero en 1947, y especialmente a partir de 1950, el Gobierno estadounidense decidió que Alemania occidental era demasiado importante y que había que transformarla en un bastión contra el comunismo. Aceptaron a todos los nazis por su experiencia y permitieron que Alemania occidental estuviese gobernada por gente que o bien habían sido nazis o bien no habían hecho nada para combatirlos. La RDA, en cambio, los expulsó a todos. A veces se descubría a alguno, pero la inmensa mayoría fueron expulsados de todas las posiciones de responsabilidad, hasta los profesores de escuela.

El segundo motivo es que la RDA creía en la solidaridad internacional. Ya fuese con Vietnam o España. La RDA apoyaba los movimientos de liberación nacional en África. Alemania occidental estaba en contra de Mandela, la RDA estaba con Mandela.

El tercer motivo es que la RDA comenzó siendo más pobre que Alemania occidental. Tuvo que pagar todas las reparaciones de guerra a Polonia y la URSS. Alemania occidental sólo pagó un 5%, más o menos. El Este de Alemania era la zona más rural y pobre del país. Y no recibió el Plan Marshall. Pero construyó una economía que logró ofrecer una sanidad y educación hasta la universidad universal y gratuita. El aborto era libre y gratuito. Los alquileres eran bajos. Había seguridad laboral, nadie tenía miedo de perder su trabajo. Y nadie podía ser desahuciado de su casa, como ocurre ahora en EE.UU. o en España. Estaba prohibido. Para que llegase a suceder algo así, tenían que acumularse varios años de impago, y los inquilinos no podían ser expulsados hasta que se les encontraba otra vivienda. No había gente viviendo en la calle.

El cuarto motivo es más personal. Como antifascista y judío estadounidense odiaba a los nazis. MIentras las grandes compañías que habían colaborado con el Tercer Reich, como Siemens, Thyssen, Krupp o IG-Farben (ahora BASF) seguían haciendo negocios en Alemania occidental, en la RDA fueron desmanteladas por completo. Eso hacía a la RDA más moral.

¿Está la gente cansada de los retratos en blanco y negro de la RDA?

Algunos lo están. El establishment alemán tiene miedo de que la gente comience a pensar que la RDA no era buena en muchos sentidos, que hizo muchas cosas malas y estúpidas, pero que, a pesar de eso, tenía todo lo que he mencionado antes. Por eso constantemente nos repiten lo terrible que era todo en la RDA, especialmente antes de cada aniversario: la insurrección de julio de 1953 en Berlín, la construcción del Muro en 1961, la caída del Muro en 1989. Creo que no sólo los antiguos alemanes del Este, sino también los del Oeste comienzan a estar cansados y piensan: "Bueno, otra vez más, hasta la siguiente".

¿Por qué tanta gente quería cruzar el Muro?

Muchos habían visto Berlín occidental en televisión y querían verlo por sí mismos. Muchos tenían familiares y amigos. La mayoría tenía la sensación de estar atrapada en la RDA. Era comprensible. También había a quien, simplemente, no le gustaba la RDA por motivos políticos o religiosos. Y estaba la seducción occidental. La RDA estuvo bajo presión constante, tanto del lado soviético como del lado occidental. Para un país tan pequeño, era una presión muy fuerte. Fíjese en la presión de la cultura de masas estadounidense, un problema para culturas como la india, la china o la italiana. McDonald's, Disney... Esta presión también existía en la RDA. Había burócratas estúpidos, gente dogmática, carreristas que usaron su poder para presionar a la gente. Los medios de comunicación eran partidistas, aburridos y sin interés. La televisión occidental también era partidista, pero era interesante. Y estaba hecha con inteligencia, una combinación muy efectiva. Los burócratas de la RDA, que se habían educado en una cultura estalinista, no entendían los medios de comunicación modernos. La gente soñaba con poder adquirir las mercancías que veía en la televisión occidental. La RDA tuvo una mentalidad de asedio. Y en una ciudad asediada es difícil que se alcen torres. No sé si se me entiende...

Mire, en general, la gente no vivía mal en la RDA, pero no podía adquirir las mercancías que podía ver en la televisión occidental. La distinción, los automóviles último modelo, las frutas exóticas. En la RDA sólo podían comprar un Trabant o un Wartburg, y había que esperar años en una lista para conseguirlos. Alemania occidental invirtió miles de millones en Berlín occidental. Berlín occidental tenía ventajas fiscales frente a otros Estados federados. Eso lo hizo más atractivo, al menos la mayor parte. La RDA no podía mantenerse a ese nivel. No tenía los recursos. Especialmente en los últimos años, cuando desvió dinero a Berlín, generando los recelos del resto de Estados, especialmente de Sajonia.

Se habla poco de lo que ocurrió después del Muro.

En cuestión de años la economía fue destruida, miles de personas perdieron el trabajo. Durante años se dijo que las fábricas de la RDA no eran modernas ni productivas, que el equipo era decrépito... Y sí, esto era cierto en muchos casos, o en algunos de ellos, pero no en todos. Las acererías y astilleros, por ejemplo, eran modernos. Se fabricaban electrodomésticos. Después de la reunificación estas compañías eran vistas como rivales. Las empresas germano-occidentales las compraron sólo para cerrarlas. En muchas ciudades y pueblos, especialmente en el sur, los jóvenes emigraron, dejando sólo a los jubilados atrás. La economía sigue yendo mal, el Este sigue siendo la parte más pobre de Alemania. Es verdad que algunas empresas se han vuelto a establecer en determinados centros en Berlín, Dresde y otros lugares, pero en muchas zonas es como un desierto. Las mujeres, y las mujeres más jóvenes, se marcharon a Alemania occidental, Suiza, Holanda o aún más lejos a buscar trabajo. Los hombres también, pero muchos se quedaron. Quizá no eran tan independientes, o no estaban tan preparados. Estos jóvenes no tenían esperanzas y se convirtieron en una presa fácil para los neonazis, que han echado raíces en muchas zonas de Alemania oriental.

¿Todos estos movimientos de extrema derecha llegaron de Alemania occidental?

Incluso antes de la caída del Muro, muchos alemanes occidentales podían venir a la RDA. Algunos de ellos eran neonazis, vinieron e introdujeron sus ideas. En la RDA había grupos de neonazis, pero eran muy pequeños y estaban bajo presión constante. Después de 1989, desembarcaron a lo grande. Vieron a muchos jóvenes sin empleo y desorientados, porque todo lo que habían aprendido en la escuela de repente les decían que era falso. Les era difícil encontrar lo que era correcto. No creo que Alemania occidental los trajese a propósito, pero lo toleraron. La extrema derecha funcionó como contrapeso a la izquierda.

La caída del Muro tuvo que ser un shock para mucha gente en la RDA.

Antes de la Reunificación, durante la primavera de 1990 las tiendas se llenaron de artículos occidentales y la publicidad se multiplicó. A mí me llamó sobre todo la atención la publicidad de tabaco: en la RDA estaba prohibida. Apenas había publicidad en la RDA, ni en la televisión de la RDA. De repente nos vimos rodeados de luces de neón y la publicidad en televisión, que es una plaga. Hoy en Internet es lo mismo: anuncios, pop ups... no creo que eso le guste a la gente, ni que la gente sea feliz con eso. Yo crecí en EE UU, entonces había ya mucha publicidad y aun así fue un shock. El verano pasado estuve en Nueva York. En el centro de la ciudad la publicidad es omnipresente. Fue un shock. Había visto publicidad de joven, pero nunca tanta...

A mucha gente le gustó el cambio. A mucha gente quizá incluso todavía le gusta. Todas las mercancías que se pueden comprar ahora, por ejemplo. La gente a la que le gustaba la RDA fue bastante infeliz, especialmente quienes perdieron el trabajo o cuyos hijos no podían encontrar trabajo. Esta mañana estaba con un amigo mío que tiene 58 años. Su empresa fue adquirida por otra germano-occidental, que redujo la plantilla. Hace 15 años que está en el paro. Sabe alemán, inglés, español y ruso y no encuentra trabajo. Incluso quienes tienen trabajo tienen miedo a perderlo. Ese miedo les lleva a aceptar peores condiciones de trabajo, a trabajar los fines de semana... En Alemania oriental los trabajadores decían que no podías decir nada contra Erich Honecker en tu puesto de trabajo, pero podías decirle todo lo que querías a tu jefe. Ahora lo que ocurre es lo contrario.

¿Y qué reflexión hace de aquella experiencia, del 9 de noviembre de 1989, de la Reunificación?

Por una parte, me alegró que la gente pudiese reunirse después de tantos años. Es comprensible. Mi mujer y mis dos hijos cruzaron la frontera. Pero creo que el experimento de la RDA, a pesar de sus errores y dificultades, fue en el fondo noble, y que por desgracia fracasó. Y fracasó no sólo por sus errores, sino por los errores y fracasos de los soviéticos, y la enorme presión de EE UU y Alemania occidental, a la que no pudo sobrevivir.

Yo siempre he sido un optimista. Cuando vino la Reunificación, que muchos vieron como una anexión o colonización, me dije que había un aspecto positivo en todo aquello: en lugar de llegar sólo a la gente de un país pequeño como la RDA, ahora tenemos la oportunidad de llegar a gente de toda Alemania, y hacerla pensar de otro modo. El partido de La Izquierda, por ejemplo, era hasta hace poco un partido de Alemania oriental. Al fusionarse con los socialdemócratas descontentos del Oeste se convirtió en un partido a nivel federal. Creo que es una esperanza.

Algunos amigos míos del Este temen que, tras la Reunificación, pueda resurgir una Alemania dominante, ¿comparte este temor?

Sí, yo también lo temo. Las de hoy son básicamente son las mismas fuerzas que estuvieron detrás de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Algunas desaparacieron, otras aparecieron, pero el Deutsche Bank o ThyssenKrupp siguen ahí, y sus objetivos siguen siendo en buena medida los mismos: expandirse y consolidarse. En parte se ven como socios de EE.UU., que es más fuerte que ellos. Pero Alemania logró convertirse en el Estado más fuerte de Europa occidental y, no satisfecha con eso, buscó convertirse en el Estado más fuerte de Europa oriental y, así, de toda Europa. También buscan ampliar su influencia a África y Asia. Eso es lo que piden la ministra de Defensa o el presidente. Con intervenciones militares si es necesario. Siempre, por supuesto, por "razones humanitarias".

¿Cómo vio EE UU a su regreso después de tantos años viviendo en la RDA?

El ejército me licenció después de más de cuarenta años de servicio, que no es poco. [Risas] Unas semanas después obtuve el pasaporte. Intento viajar allí cada dos o tres años, para visitar amigos o asistir a conferencias. He podido ver aspectos de la vida estadounidense que no conocía, y conocer mi país mejor. Lo más emotivo fue volver a estar en un país donde la gente hablaba mi idioma, dejar de ser el extranjero que habla con acento. Fue como si me quitase un peso de encima. Además, siempre me interesaron los pájaros y las especies de allí son diferentes. Emocionalmente fue muy importante. Pude ver a mis viejos amigos. Gente a la que no veía desde hacía décadas.

Algunas cosas fueron una experiencia completamente nueva. Visitar un supermercado, por ejemplo. Aunque en 1994 ya teníamos supermercados aquí, los de allí son excesivos. No creo que nadie necesite 50 marcas de cereales, todas ellas igualmente perjudiciales para la salud. Hay ciudades donde no hay aceras porque todo el mundo va en coche y no hay transporte público. Hay millones de personas viviendo en la pobreza, gente viviendo en automóviles, que son casi invisibles. Hay aspectos positivos y otros negativos. EE UU es un país muy hermoso, pero hay cosas realmente tristes. La situación en Alemania occidental no es tan mala como en otros países, piense que en EE UU la gente sin cobertura sanitaria tiene que pagar por todo y que eso puede arruinarles. Gente expulsada de hospitales porque no puede pagar las facturas, madres que están un día o dos en el hospital tras un parto, estudiantes que tienen que pedir préstamos de 25.000 dólares que no pueden devolver, porque no encuentran buenos trabajos... Todo lo que vi me convenció de que tengo que seguir luchando, mientras pueda seguir luchando.


http://www.eldiario.es/internacional/RD ... 68283.html

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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Dom Nov 09, 2014 11:39 am 
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Muy interesante Mella.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Sobre la RDA
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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Dom Nov 09, 2014 2:05 pm 
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Un texto de Honecker. Se lee fácil. A mí me da penica.

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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Lun Nov 10, 2014 1:08 am 
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El Muro sigue ahí

Lo que echan de menos los antiguos ciudadanos de la RDA es la educación gratuita hasta la universidad, la existencia de un sistema de sanidad universal, el derecho garantizado a la vivienda y poder vivir sin temor a ser despedido del trabajo y caer en la pobreza

Àngel Ferrero 08/11/2014 - 20:20h


Frente a la catedral de Berlín, a orillas del río Spree, se encuentra el Museo de la RDA. Se trata de un museo pequeño, pensado sobre todo para turistas, que, según su página web, quiere mostrar al visitante cómo era la vida cotidiana en la República Democrática Alemana. Su objetivo en realidad es otro: explotar la curiosidad que, aún hoy, sigue generando la RDA.

La mayoría de los antiguos ciudadanos de la RDA no ven el museo con la misma simpatía: los paneles e instalaciones del museo recuerdan a la arrogancia y pretendida superioridad moral hacia una civilización derrotada, conquistada y asimilada propias de la etnografía colonial.

Veinticinco años después, el Muro sigue ahí. Se alza, invisible, sobre su antiguo trazado. Ya no divide estados ni ideologías, sino biografías. No sólo para quienes vivieron en la RDA y su memoria, sus buenos y malos recuerdos. Nacer a uno u otro lado de ese muro invisible sigue marcando vidas, si bien de un modo muy diferente.

El 6 de octubre el Instituto de Economía alemana (IW) presentó en Berlín un informe con el balance económico de la Reunificación. La cicatriz sigue abierta: a pesar de alguna mejora leve, el Este de Alemania sigue por detrás del Oeste en casi todo, y en algunos casos la diferencia incluso se ha incrementado, como ocurre con el ingreso neto por vivienda. En 25 años la demografía de Alemania oriental se ha desplomado en dos millones, producto de la emigración y las defunciones. El paro sigue siendo elevado: Berlín registra un desempleo del 10,8%, Mecklenburgo-Pomerania oriental de un 10%, Brandeburgo un 8,7%, Sajonia-Anhalt un 10%, Turingia un 7,2% y Sajonia un 8,2%, según cifras de la Oficina federal de empleo para septiembre de 2014.

La población trabajadora disminuye rápidamente, sin que la inmigración y el retraso de la jubilación a los 67 años logren compensar la caída. El IW calcula que fuera de las ciudades que registran crecimiento (Berlín, Dresde y Leipzig), la población de la antigua Alemania oriental podría declinar hasta un 25% hasta 2030. Todo esto complicará el pago de la deuda, que asciende a más de 127 millones de euros, sostenida, en buena medida, por los fondos de compensación territorial y un impuesto especial ( Solidaritätszuschlag) para financiar la reconstrucción del Este y que oficialmente dejará de recaudarse en el año 2019.

Sólo la industria automovilística, la química y la naval salen bien paradas en el informe, pero las tres siguen dominadas por empresas germano-occidentales, las cuales, a pesar de haber crecido gracias al expolio de la RDA, siguen resistiéndose a trasladar sus sedes allí, aunque han satelizado a las pymes germano-orientales. El intento de crear una industria de placas fotovoltaicas, fuertemente subvencionado por el Estado en el marco de su ley de energías renovables (EEG), se saldó con un fracaso. La sobrecapacidad y la competencia china condujeron a la caída de precios y a una ola de cierres de empresas y despidos de los que el gobierno de Merkel prefirió desentenderse.

Vivir en Alemania oriental sigue significando vivir en el lado de los perdedores de la historia. La situación alimenta un lógico sentimiento de agravio comparativo que se ha canalizado todos estos años a través del partido de La Izquierda (Die Linke), que sigue teniendo en los estados federados de la desaparecida RDA su base tradicional de votantes (sobre todo entre las generaciones mayores), pero también de la ultraderecha, que en los noventa aterrizó en Alemania oriental para llevar a cabo una labor de proselitismo que tuvo especial éxito entre los jóvenes de clase obrera sin estudios superiores ni perspectivas de encontrar trabajo.

En la memoria de muchos alemanes, Hoyerswerda y Rostock son sinónimos de los primeros pogromos en territorio alemán desde el Tercer Reich. Aunque las agresiones racistas persisten –hasta el 2012 han habido al menos 184 víctimas mortales según la Fundación Amadeu Antonio, la mayoría de ellas no reconocidas por el Estado–, el voto ultra y pardo ha mutado: su caladero es ahora la formación euroescéptica y antiinmigración Alternativa para Alemania (AfD), que en las pasadas elecciones en Sajonia, Turingia y Brandeburgo obtuvo un 9,7%, un 10,6% y un 12,2% respectivamente.

Un árbol se mide mejor cuando se lo ha derribado

Los aghori de la India, una secta de ascetas hindúes, se embadurnan con las cenizas de los cadáveres cremados y se comen la carne de los cuerpos que flotan en el Ganges, rituales con los que creen fortalecerse y prevenir el envejecimiento. Los alemanes hacen algo parecido todos los años con la RDA. El ritual comienza el 17 de junio –la sublevación contra el Gobierno de la RDA–, continúa el 13 de agosto –construcción del Muro– y se prolonga hasta el 9 de noviembre, que coincide, por cierto, con el aniversario de "la noche de los cristales rotos".

A esto en Alemania se lo llama "cultura de la memoria" (Erinnerungskultur) y se ha convertido en una industria turística para los extranjeros –sólo hace falta pasarse por el Checkpoint Charlie para comprobarlo– y en lo que Hagen Bonn llama una “industria de desligitimación” para los nativos.

Según el semanario Der Spiegel –"el prestigioso semanario", según la rutinaria fórmula de los corresponsales españoles–, la RDA disponía de escuadrones de la muerte para cometer ejecuciones extrajudiciales en Alemania occidental, su aparato de seguridad utilizaba exposiciones a máquinas de rayos X ocultas para generar a largo plazo cáncer en los presos políticos, sus médicos traficaban con los órganos de los pacientes, mantenían un banco de órganos y tejidos exclusivo para la nomenklatura o colaboraban en un programa estatal secreto de eugenesia por el que se asesinaba a los bebés que pesaban menos de un kilo. Ninguna de estas informaciones era cierta, pero se difundieron sin contrastarse y casi nunca el mismo medio que las propagó las desmintió cuando se demostraron falsas.

Todo este ritual es necesario, porque lo que echan de menos los ossies (los habitantes del Este) no es, por descontado, la intromisión de los servicios secretos en su vida privada, las restricciones a la libertad de movimientos o la reducida oferta de bienes de consumo en sus supermercados. De hecho, hoy también están vigilados por los servicios secretos –ya no sólo los alemanes, sino también los estadounidenses, y a una escala mucho mayor que la de entonces, como sabemos por el escándalo de escuchas de la NSA– y, aunque formalmente tienen el derecho a viajar libremente, no disponen del dinero suficiente para hacer efectivo ese derecho, ni tampoco para adquirir muchos de los productos que abundan en los estantes de los supermercados y que ofrecen a los clientes la ilusión de pluralidad de oferta.

Hoy un ciudadano de Alemania oriental puede por fin comprar plátanos y piñas como su vecino de Alemania occidental: sin preocuparse por los salarios y condiciones de trabajo de quienes los recogen en Centroamérica y el Caribe.

Lo que echan de menos los antiguos ciudadanos de la RDA es la educación gratuita hasta la universidad, la existencia de un sistema de sanidad universal, el derecho garantizado a la vivienda y poder vivir sin temor a ser despedido del trabajo y caer en la pobreza y ser ignorado. Como dijo el escritor Stefan Heym en su discurso frente al Bundestag en 1994: "Por favor, no subestimen una vida humana en la que, pese a todas las restricciones, el dinero no lo decidía todo, el puesto de trabajo era un derecho igual para hombres y mujeres, la vivienda era asequible y la parte más importante del cuerpo no eran los codos".

El de Berlín era el "muro de la vergüenza". El presidente estadounidense Ronald Reagan pidió frente a la Puerta de Brandeburgo a Mijaíl Gorbachov que lo derribase. En 2008, Barack Obama dio un discurso en el mismo lugar. El simbolismo era evidente. Y con todo, hoy hay muchas más barreras físicas que separan pueblos y naciones que entonces: entre Estados Unidos y México, entre Israel y Cisjordania, entre Arabia Saudí y Yemen, entre Grecia y Turquía, entre España y Marruecos o entre Marruecos y la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

La mayoría de ellas son más largas, más altas y han causado muchos más muertos que el muro de Berlín, pero ninguna ha recibido el mismo calificativo ni la misma atención por parte de los medios de comunicación, mucho menos del presidente de EEUU.

El último, y acaso el más absurdo de todos ellos, es el que Ucrania comenzó a erigir el pasado 10 de septiembre en su frontera con Rusia. En declaraciones a Ukraine Today, el primer ministro ucraniano, Arseni Yatseniuk, dijo que el Gobierno espera que la Unión Europea subvencione su construcción. El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko –que cuenta con el respaldo de la Fundación Konrad Adenauer, próxima a la CDU, el partido de Merkel–, no dudó en pedir para su construcción ayuda económica y en forma de know- how... en Berlín. Se cierra el círculo. El Muro sigue ahí.


http://www.eldiario.es/internacional/Mu ... 68678.html

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"Negar el derecho a la autodeterminación, o a la separación, significa indefectiblemente, en la práctica, apoyar los privilegios de la nación dominante". El derecho de las naciones a la autodeterminación, Lenin (1914).


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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Lun Nov 10, 2014 1:52 pm 
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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Lun Nov 10, 2014 2:10 pm 
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La tienen adentrísimo.

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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Lun Nov 10, 2014 3:49 pm 
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Análisis liberales.

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"Negar el derecho a la autodeterminación, o a la separación, significa indefectiblemente, en la práctica, apoyar los privilegios de la nación dominante". El derecho de las naciones a la autodeterminación, Lenin (1914).


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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Lun Nov 10, 2014 5:05 pm 
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Análisis trasnochado:

"Vamos a pasar de puntillas por el hecho de que la gente se piraba y centrémonos en los logros, que eran la hostia y todo el mundo los echa de menos, como puede verse en los abundantísimos testimonios directos del artículo de El Diario que he posteado."

"Olvidemos también que los vopos tenían orden de disparar a matar a quienes querían irse, quién no comete errores, porque ahora..."

"Vamos a centrarnos en los logros del socialismo, logros que no impidieron que cayera en cosa de 15 días, ni que los berlineses del este se dieran de patás en el culo para visitar el oeste, ni que los alemanes del Este se fueran a Hungría porque los húngaros estaban tan agradecidos al socialismo que abrieron las fronteras con Austria."

Llorones. Lo que yo digo: llorones. Cayó el socialismo y la buambulancia sin venir.

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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Lun Nov 10, 2014 6:45 pm 
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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Lun Nov 10, 2014 7:21 pm 
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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Mar Nov 11, 2014 4:32 am 
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EMHO, la RDA fue el país donde más probabilidades hubo de haber avanzado en la vía comunista, ya que contaba con una infraestructura y una población mucho más desarrollada que la Rusia del 17 o la China del 49 (por ejemplo). A pesar de las justificaciones del tipo "era una zona agraria", lo cierto es que Sajonia contaba con un fuerte desarrollo industrial y los pueertos del Báltico tenían un sector naval muy desarrollado (no eran Kiel o Hamburgo pero tampoco pueblos de pescadores, como a veces parecen querer hacer creer).

Cuando vivía en Sajonia no podía evitar un cierto sentimiento de tristeza al ver las exposiciones acerca de la época en los museos de la zona y pensar en lo que podría haber sido de no haber sido por el sistema impuesto por el SED. Empezó mal desde el principio cuando se forzó al SPD a unirse al partido comunista después de ganar las elecciones y continuaron con engaños y manipulaciones sin tasa (como la farsa de mantener una fachada de pluralismo político para aparentar democracia pero hacer obligatoria la aprobación del SED para unirse a cualquier otro partido). La "mentalidad de asedio" también estaba presente en la zona occidental y sin embargo no hubo un aplastamiento de huelgas como en el 53 ni una Stasi. Por no mencionar a los centenares de muertos en el Muro y las demás fronteras con la RFA.

No se pretenda entender con esto que la RFA me parezca impoluta, ojo. Pero la RDA era un régimen absolutamente tiránico y por lo tanto tenía que caer.

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Ultima edición por Manuel H el Mar Nov 11, 2014 6:33 pm, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Mar Nov 11, 2014 5:01 pm 
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Contra viento y marea
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Llamada a la responsabilidad a la hora de defender la necesidad de que un gobierno caiga con demasiada alegría. Si nos ponemos a especular sobre los regímenes que deberían caer y las razones, no pararíamos.

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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Mar Nov 11, 2014 5:15 pm 
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Registrado: Jue Ene 29, 2009 6:34 pm
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Rezzonics escribió:
Llamada a la responsabilidad a la hora de defender la necesidad de que un gobierno caiga con demasiada alegría. Si nos ponemos a especular sobre los regímenes que deberían caer y las razones, no pararíamos.


Hombre, a mí me parece que un Gobierno que da orden de disparar a matar contra su propia población civil de manera indiscriminada no es precisamente algo que nos parezca bien a ninguno.

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 Asunto: Re: Sobre la RDA
NotaPublicado: Mar Nov 11, 2014 5:39 pm 
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Registrado: Mar Nov 20, 2007 1:39 pm
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Rezzonics escribió:
Llamada a la responsabilidad a la hora de defender la necesidad de que un gobierno caiga con demasiada alegría. Si nos ponemos a especular sobre los regímenes que deberían caer y las razones, no pararíamos.


Deja tu teléfono y e-mail que, llegado el caso, ya te consultamos.

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