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 Asunto: Re: Los orígenes de las Grandes Purgas.
NotaPublicado: Vie Mar 03, 2017 9:53 pm 
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Con el pesimismo de la razón pero sin el optimismo de la voluntad.
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Mira mira cómo la chupa, es un puto maestro en ello.

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 Asunto: Re: Los orígenes de las Grandes Purgas.
NotaPublicado: Mié Mar 15, 2017 8:59 pm 
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Ian Rudzutak, presidente de la Comisión Central de Control, observó en su discurso que, dependiendo de la organización examinada, entre el 32% y el 60% de los miembros del partido, ¡ni siquiera leía la prensa!

Rudzutak y Kaganovich culpaban a los secretarios locales del partido por abandonar la organización del “trabajo político” para elevar el nivel de educación en este sentido

Debido a este fracaso muchos secretarios locales fueron expulsados en la purga; en algunos círculos, la proporción de secretarios expulsados se acercaba a las de los militantes, prácticamente el 42%.

Kaganovich encomendó a los secretarios locales del partido trabajo de propaganda además de sus funciones corrientes organizativas y económicas. Sin embargo, en 1933, la mitad de los secretarios de las organizaciones del partido en talleres o fábricas se habían unido al partido a partir de 1929. Ellos mismos necesitaban frecuentemente “auxilio en su adiestramiento bolchevique y particularmente en el liderazgo de nuestras…. Organizaciones”.

El discurso de Kaganovich esbozaba dos soluciones para los problemas a los que se enfrentaba el aparato, y nada en él sugiere incompatibilidad alguna entre ambas. Purgar el partido de indeseables y mejorar la cultura política de los afiliados eran actividades que podían ser complementarias. Los acontecimientos mostrarían, no obstante, que en los años siguientes se enconarían las posiciones enfrentadas acerca de la forma en la que había de mejorarse el trabajo del aparato.

S. M. Kirov, el líder de la Organización de Leningrado, que pronto iba a ser elegido Secretario del Comité Central, discutió también los problemas del partido en su discurso ante el decimoséptimo congreso. Recalcó especialmente la necesidad de re-adiestramiento político de los afiliados y sostuvo que la debilidad cualitativa de los miembros del Partido podría remediarse mediante programas intensivos de adoctrinamiento y “educación política”.

De hecho Kirov defendía que la principal tarea del partido en el momento presente era la propagación amplia y comprensiva del marxismo-leninismo. Su discurso (que desencadenó una larga ovación de los delegados) enfatizaba que la mayoría, si no todos, de los problemas con los que se enfrentaba el partido podrían ser resueltos, o al menos simplificados, por medio de la mejora de la educación política de los afiliados.

En su discurso ante el congreso, Stalin consideraba que el problema estaba arraigado en las condiciones históricas y recalcaba la importancia educación política. Analizando los progresos en la industria y la agricultura, Stalin observó que los elementos capitalistas de la economía rural e industrial habían sido eliminados desde 1929 y que el capitalismo como sistema económico y social estaba desapareciendo en la URSS. El único problema que restaba era “la confusión sobre una serie de cuestiones de leninismo”.

Stalin advirtió que “los éxitos a veces tienen su reverso desagradable… Por supuesto el plan quinquenal ha sido llevado a cabo con éxito. Eso es cierto. Pero la cuestión no debe, ni puede acabar aquí, camaradas”.

Una de las “tareas políticas fundamentales”, por lo tanto, con las que se enfrentaba el partido era “acabar con los residuos del capitalismo en la vida económica y en el espíritu popular”.

Debido a la rapidez del éxito económico, “la mentalidad popular está muy retrasada en relación con su posición económica”. Se añadía que “dado el nivel teórico no muy elevado de la mayoría de los miembros del partido, el inadecuado trabajo ideológico de los órganos del mismo y el hecho de que nuestros trabajadores del partido ostentan demasiada responsabilidad en trabajos puramente prácticos” el partido debía comenzar a intensificar la evolución política.

La victoria económica había comportado el reclutamiento masivo de partidarios potenciales y la concentración de la atención del partido en la construcción económica: ambas exigencias habían llevado a éxitos en el campo económico pero a una situación bastante menos que satisfactoria por lo que concernía al nivel político de los miembros del partido.
Era necesaria la reforma. Kirov y Stalin estaban planteando que las organizaciones del partido deberían volcar la atención de la supervisión directa del aparato económico (el trabajo puramente práctico) al adoctrinamiento político, a la educación, y a la “preparación de cuadros”.

Ciertamente existía un nuevo énfasis en los círculos del partido en el trabajo político y pedagógico y un menor énfasis en la supervisión económica directa. Se recalcaba repetidamente la función educativa y propagandística del partido. Los eslóganes sobre el “reverso desagradable del éxito económico” (que habían apartado a los activistas del partido del necesario trabajo político), que pedían más trabajo político y menos económico a los miembros del partido y otros lemas que proclamaban que los los cuadros, más que la técnica, eran los que decidían todo en el partido, reflejaban este cambio de énfasis.
Stalin, Kirov y A. A. Zhdanov estarían relacionados con el viraje de las funciones de gestión económica a la educación política. Según Stalin y otros dirigentes, a eliminación de los elementos capitalistas en el campo y en la ciudad y el fortalecimiento de las plantillas de las agencias soviéticas y ministeriales habían hecho posible que el partido se retirara de la administración económica directa.

Otro aspecto de esta reorientación fue un esfuerzo organizativo para “poner en orden la casa en el partido”. La dirigencia estaba preocupada con la cadena de mando del partido. En el congreso de 1934, Rudzutak, Kaganovich, y Stalin se quejaron amargamente de la “falta de ejecución de las decisiones” por las autoridades locales en una serie de campos desde la economía al trabajo del partidos.

De hecho, el discurso de Stalin al 17 Congreso fue un ataque al trabajo y a la conducta de los líderes del partido regionales. En una sección de su discurso titulada “problemas de liderazgo organizativo”, Stalin expuso varias dificultades organizativas que inundaban el partido. Los funcionarios no ejecutaban las decisiones del partido con entusiasmo sino que más bien hacían lo justo para evitarse broncas poniéndose a cubierto con protestas enérgicas de lealtad e informes positivos. Tales personas escondían su incompetencia organizativa detrás de una “vana cháchara sobre el liderazgo en general”, y desde el punto de vista de Stalin eran incorregibles.

Señaló, por ejemplo, que los funcionarios de la administración agrícola hacían lo que podían por ocultar la situación real del agro a sus superiores moscovitas. Algunos de esos dirigentes habían sido destituidos,
pero el problema seguía siendo importante, principalmente por ser tan difícil poner en evidencia a tales personas.
Los burócratas incorregibles permanecían en el partido debido al miedo a la autocrítica (samokritika) y al hecho de que solían impedir críticas procedentes de sus subordinados. Stalin presentó la autocrítica como el primer medio para erradicar dificultades organizativas, y constituiría uno de los motivos principales en los años siguientes. La crítica se citaba siempre como el arma principal en la lucha contra el burocratismo y era invariablemente mencionada en relación con él.

Stalin dividió a los malos administradores o ejecutivos en tres categorías.

Primero estaban los “burócratas incorregibles y remolones” que rehusaban organizar importantes tareas del partido y estaban más allá de toda enmienda.

En segundo lugar estaban aquellos que, debido a sus pasados servicios al partido y a su glorioso historial se sentían inmunes a la censura y se creían con libertad para hacer caso omiso a directivas que, desde su punto de vista, “no estaban escritas para ellos, sino para idiotas”.

En tercer lugar venían los “honrados cantamañanas” honestos y leales al poder soviético; por desgracia eran incompetentes, “incapaces de organizar nada” y “capaces de ahogar cualquier cuestión viva en un mar de charlatanería”.

Los tres tipos dificultaban el trabajo del partido y debían ser transferidos de sus presentes funciones directivas a puestos de menor categoría. Stalin consideraba la selección de personal el medio principal de enmendar los problemas organizativos, aunque entre tanto era necesario organizar un “control sistemático de la ejecución de las decisiones”, como clave para “luchar contra el burocratismo y la rutina de las oficinas”. “Podemos decir con certeza que nueve décimas partes de nuestros defectos y fracases se deben la carencia de un sistema de fiscalización de la ejecución correcta de las decisiones bien organizado”.

El exabrupto de Stalin contra los secretarios regionales del partido fue el cañonazo de salida en una disputa entre el centro y la periferia que preocuparía a la dirigencia del partido durante los siguientes tres años y medio. Los intentos de las autoridades centrales del partido en Moscú para llamar al orden a las organizaciones regionales sufrirían la resistencia de maquinarias locales ansiosas de preservar su autonomía.

Esta lucha entre el centro y las regiones es tan vieja como la política misma y no es peculiar de la historia soviética. Lo que es quizás inusual en el caso soviético es la extremada violencia de sus resultados.

Las disputas sobre la planificación económica, el trato de la oposición y el equilibrio de poder en el seno de los aparatos territoriales del partido eran problemas independientes a principios de los años treinta. Los dirigentes políticos discutían la tasa de crecimiento económico, el status de la oposición y los medios para reformar las redes regionales del partido.
Además había otra guerra adicional entre el centro y las provincias por el clientelismo y la ejecución de decisiones. No fue hasta mediado 1936 que estos debates comenzaron a converger creando una masa crítica que llevó a una explosión de violencia política. Por ahora, no obstante, es necesario fijar la atención en los escalones inferiores del partido y analizar el estado caótico de las organizaciones locales del partido empleando la región occidental (Smolensk) como muestra de nuestro estudio.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Los orígenes de las Grandes Purgas.
NotaPublicado: Mar Mar 21, 2017 3:56 pm 
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Una organización desorganizada: como se gobernaba en realidad Smolensk.

La organización del aparato del partido parecía rígida y jerárquica (al menos en el papel). El TsentraTnyi Komitet (TsK; comité central) comprendía alrededor de setenta miembros de pleno derecho en los años treinta y era el responsable de ejecutar la política del partido. Elegía tres cuerpos ejecutivos de menores dimensiones. El Buró Político era el responsable de la toma de decisiones sobre las cuestiones de política general; el Orgburó se ocupaba de organizar la ejecución de las medidas tomadas por el Buró Político (distribuir órdenes, formularios, informes, etc.); y el Secretariado se ocupaba de las funciones administrativas cotidianas del Comité Central. En Ausencia de una reunión (plenaria) del Comité Central, el Secretariado ostentaba la potestad legal de actuar en nombre de todo el Comité.

En términos regionales, la regla era un sistema jerárquico de comités. Por debajo del comité central de toda la unión, existían una serie de partidos nacionales, encabezados cada uno por su propio comité: el Partido Comunista de Ucrania, de Bielorrusia, y así sucesivamente. En el seno de cada partido nacional existían una serie de organizaciones del partido territoriales (krai) y regionales (oblast), cada una encabezada por su comité (kraikom, obkom), que a su vez era liderado por un buró. Por debajo de los niveles territoriales y regionales, la organización se repetía en el comité ciudadano (gorkom) y el comité de distrito (raikom) En los territorios, regiones, ciudades y distritos, el comité elegía un buró compuesto de los secretarios de comité, los directores de departamento, e importantes funcionarios locales del partido.

Por debajo del nivel de distrito, había células del partido basadas en el lugar de trabajo (organizaciones primarias del partido), encabezadas por uno o más secretarios elegidos (teóricamente por la militancia).

En cada nivel en toda la estructura de comités del partido, desde las organizaciones primarias al Comité Central, se nombraban secretarios para llevar a cabo los detalles cotidianos de las operaciones. Como tenían competencia, dentro de ciertos límites, para hablar en nombre de toda la organización, el poder de un secretario era considerable. De hecho, en cualquier nivel, el primer secretario era el jefe de gobierno efectivo en ese ámbito. Debido a sus competencias e importancia, las normas del partido disponían que la elección de secretarios debía ser confirmada por el cuerpo del partido dle nivel inmediatamente superior; un secretario de raikom elegido debía ser confirmado por el gorkom o el obkom.

En los niveles territoriales, regionales, de ciudad, de distrito y de célula, los miembros del partido se dividían en otros grupos que serán muy importantes en el presente estudio. El personal o aparato del partido retribuido y a tiempo completo, consistía en secretarios, funcionarios responsables o dirigentes responsables. Por debajo de ellos se hallaban los activistas, o “aktiv”, de la organización que participaban plenamente en las tareas del Partido y que por su propio derecho llevaban a cabo “trabajo de responsabilidad”. Los aktiv eran los que tomaban la palabra en las reuniones del partido y los que en calidad de propagandistas o representantes (instructores) consagraban gran parte de su tiempo al trabajo de campo dentro de la organización.

La dirigencia confiaba en ellos para la ejecución de las decisiones. Por último estaban las filas del partido o las “masas del partido”. Se buscaba y alentaba su participación con grados desiguales de éxito y de entusiasmo por su parte. Uno no puede entender las purgas posteriores y otros acontecimientos políticos sin reconocer el juego entre los diversos engranajes del Partido.

Según la mayoría de estudios occidentales, el poder fluía de arriba abajo, del centro a la periferia. Las órdenes se originaban en el Comité Central (o su Secretariado) y eran trasladadas de los partidos nacionales, territorios, regiones y distritos a las células. La estructura se diseñó para asegurar que se mantenía el control de los órganos jerárquicamente superiores mediante las órdenes directas y el empleo de la nomenclatura, el poder de confirmación del personal.
En teoría, cada comité estaba completamente subordinado al comité inmediatamente superior, y los miembros considerados individualmente no tenían ni poder ni control en absoluto. La realidad política era muy diferente.

De hecho, la jerarquía colapsaba mucho más que funcionaba correctamente. El Partido Comunista, lejos de haber penetrado en cada rincón de la vida rusa, era más bien una fuerza indisciplinada y desorganizada, con escasa influencia fuera de las ciudades.

La Rusia soviética en los años treinta se parecía más a una sociedad tradicional y atrasada que a la sofisticada organización del totalitarismo. Smolensk era capital de la región occidental, una de las unidades administrativas de la República Soviética Rusa Federativa. Entre 1929 y 1937, la región contaba con una población de alrededor de 6.5 millones de personas y comprendía el viejo Smolensk, Briansk, Kaluga, y partes de las provincias Velikiye Luki. Era un área con forma de hígado de alrededor de 600 por 240 kilómetros (en su punto más extenso): un área casi tan grande como Checoslovaquia y Hungría juntas.

Bordeaba las regiones de Leningrado y Moscú al norte y al este, y Ucrania y Bielorrusia al sur y al oeste. En el noroeste y el suroeste la región occidental compartía cortas fronteras con Letonia, y la Región Central de la Tierra Negra. La fortaleza medieval de Smolensk está a 420 kilómetros al suroeste de Moscú.
Durante los años treinta la región occidental era predominantemente agrícola, aunque existían algunos centros industriales importantes y en crecimiento. En 1931, sólo el 12 por ciento de la población era urbano (el 8 por ciento en 1925), pero en 1939 las cifras se habían elevado al 17 por ciento. El producto económico más importante era el lino, que se cultivaba, hilaba y procesaba en la región. En segundo lugar en importancia lo tenían el forraje, la extracción de turba y la ganadería.

La mayoría de la población vivía lejos de las ciudades en una de las 14.000 granjas colectivas. Las cuatro fábricas más importantes eran las de Iartsevo (una fábrica textil que se remontaba al siglo XIX), la fábrica número 35 (que fabricaba componentes aeronáuticos), la fábrica Rumiantsev, y la Planta Red Profintern. Cada una de estas empresas disponía de organizaciones del partido que se contaban por cientos y constituían un centro de actividad del mismo.
Además, varias agencias económicas, sociales y políticas, (así como proyectos de construcción) contaban con organizaciones significativas del partido. La región occidental constaba de 110 distritos (raions) 91 de los cuales eran territoriales. Los restantes 19 radicaban en los ferrocarriles, el ejército y otras organizaciones territoriales. El partido estaba representado en cada una de ellas por un comité de distrito y numerosas células del partido. Los miembros totales del partido en el Oblast occidental en los años treinta variaban de 66,895 en 1932 a 42,000 en 1936.

La dirigencia regional del partido era el comité regional occidental, o Zapobkom y su buró obkom. El buró obkom se reunía dos veces por semana y debatía gran número de cuestiones, que iban de la agricultura a la selección del personal y a la planificación de las vacaciones. Con frecuencia estas reuniones involucraba un surtido “ad hoc” de especialistas, secretarios de raion, y asesores técnicos en temas diversos. Durante gran parte del periodo en que se llevaban a cabo los debates, el Buró Zapobjom (y la plantilla asociada) contaba con un número de miembros bastante estable, alrededor de una docena.

La persona más poderosa en la región era el primer secretario del comité occidental regional del partido Ivan Petrovich Rumiantsev. Rumiantsev era un Viejo bolchevique que se había unido al partido en 1905. Había sido primer secretario en Smolensk desde 1929 cuando él y su gente fueron enviados por Stalin para hacerse cargo, al principio, del famoso escándalo de Smolensk de 1928. En 1934, Rumiantsev era un miembro del comité central que contaba con 58 años y que se hallaba bien asentado. Era verdaderamente un notable local en el área; se dio su nombre a fábricas, empresas y un raion.

La gente de Rumiantsev, para emplear una expresión contemporánea, incluía a los segundos secretarios A. L. Shil'man (el segundo de Rumiantsev y su delegado) y G. P. Rakitov, que encabezaba el aparato del gobierno (Obispolkom). Rumiantsev se había llevado a Shil'man y Rakitov con él a Smolensk en 1929 y los tres gobernaban la región occidental. Kulakob, el secretario personal de Rumiantsev, era director del departamento especial del comité regional, y tenía el título de secretario asistente del Obkom. Igualmente importantes figuras eran Paparde, que representaba a la Komissia Partiinogo Kontrolia (KPK; Comisión de Control del Partido) y V. I. Makarov, que dirigía el Otdel Rukovodiashchikh Partiinykh Organov del Obkom (ORPO; departamento de los órganos dirigentes del partido, y supervisaba las obligaciones del personal. I. M. Blat dirigía la oficina regional de la NKVD y V. G. Arkhipov era primer secretario del comité central de la ciudad de Smolensk (Smolgoraikom).

Por último, el General I. P. Uborevich, comandante del distrito militar occidental, ocupaba un asiento en el buró regional del partido.

¿En qué medida era representativa Smolensk? Debido a que era una región rural, su organización del partido y su nivel de control político eran claramente muy diferentes y mucho más frágiles que los baluartes urbanizados del partido de Moscú, Leningrado, Ivanovo o el Donbass. Aunque la región occidental era un área poco desarrollada lejos de Moscú, no era muy diferente de la mayoría de las regiones y territorios de la URSS. Incluso cuando existían concentraciones urbanas o industriales, parecían islas de desarrollo en un campo atrasado y eminentemente agrícola.

La mayoría de las regiones de la URSS se parecían más a Smolensk que a Moscú. Hasta que se realice un trabajo sistemático en otras regiones de la URSS nunca sabremos lo típico o atípico que era la región occidental. En el presente, no obstante, parecen haber pocas razones convincentes para considerar la región como muy diferente de otras docenas en cuando a la concentración del partido, sistema político y nivel de desarrollo.

La más grave flaqueza del partido en los años treinta era su falta de influencia en el campo. En la región occidental el 78 por ciento de la población agrícola vivía en granjas colectivas y estatales, y el 40% de la tierra cultivable aún era cultivado por granjeros privados individuales en fecha tan tardía como 1935. La colectivización de la población rural sólo se había completado al 90 por ciento a finales de los años treinta. El distrito de Belyi en la región occidental era un raion rural con una población total de poco más de 91.000 personas. El 93 por ciento se clasificaba como rural en los años treinta; el resto vivía en la ciudad de Belyi. En 1935, sólo 355 miembros y candidatos del partido vivían en todo el distrito (alrededor del 0,33% de la población) De esos miembros, sólo 144 vivían en granjas colectivas. Pero con alrededor de 260 granjas colectivas en el distrito, la concentración del partido montaba a sólo un miembro por cada granja.

En todo el distrito había sólo 7 células del partido entre la población de las granjas colectivas; a mediados de 1936 ese número había descendido a 4. En julio de 1936, había sólo 21 células del partido en todo el distrito, cuatro en el campo y 17 en la ciudad de Belyi. La población “urbana” que ascendía a solo el 7 por ciento de la población, comprendía el 80% de las células del partido.

La situación no era mejor en otros lugares. En el distrito Elnaia de la región occidental, las 75 granjas colectivas sólo poseían una célula del partido y dos pequeñas células de candidatos con un total de 36 miembros y candidatos, una vez más, un promedio de medio miembro por granja colectiva. En el distrito de Kozielsk, uno de los más importantes en la región, no había una sola célula del partido en 1937, aunque un año más tarde se habían organizado cinco. El uno de junio de 1938, no había célula del partido alguna en 12 de los 110 distritos en la región occidental (contando cada uno con una población media de 40000 a 80000 personas).

En ese tiempo sólo 122 de las aproximadamente 10.000 granjas colectivas tenían células del partido, poco más del 1 por ciento. A lo largo de los años treinta, no había comunistas en la mayoría de las granjas colectivas, especialmente entre las brigadas de trabajo. En 1925, sólo 1 de cada cuatro presidentes de granjas colectivas eran miembros del partido; sólo el 4 por ciento de los dirigentes de las organizaciones de comercio eran miembros (en 1927, sólo el 17,5% de los presidentes de las granjas colectiva eran comunistas) Los dirigentes de aldeas soviéticos no eran parte siquiera de la nomenclatura regional.

La concentración de miembros del partido de otras organizaciones era igualmente tenue. En 1937 no más de 3 de 338 profesores, estudiantes y plantilla en el Bielsk Technicum para la Economía Rural Mecanizada eran miembros del partido. El director, uno de los profesores y un miembro de la plantilla. Entre las organizaciones del Departamento de Policía de Smolensk en 1937 (la milicia, no la NKVD), sólo un promedio del 21% de los funcionarios eran miembros del partido o candidatos. En el distrito Stalinsk de la ciudad de Smolensk, sólo 7 de 14 de los jefes de departamento, jefes de departamento sustitutos e inspectores de la NKVD eran miembros del partido.

A nivel nacional, el 67% de la población vivía en el campo y sólo el 0,3% de la población rural era miembro del partido. De la población de la región occidental en los años treinta, sólo entre el 1 y el 2 por ciento eran miembros del partido.
La dirigencia del partido del distrito Belty era joven, inculta se había incorporado recientemente al partido. El 80 por ciento de los miembros en 1937 tenía menos de cuarenta años. Sólo el 7,1% (17 personas) habían completado más de tres o cuatro años de educación primaria, y ninguno tenía estudios superiores.

Casi el 70% de los miembros del partido del distrito se habían unido a los bolcheviques a partir de 1928. Su edad, inexperiencia y su falta de instrucción debe haber hecho muy difícil para ellos ganarse el respeto de la población, por no hablar de gobernarla con facilidad.

Una organización tan diminuta era incapaz de ejercitar un control total y lo cierto es que a veces ni siquiera podía salvaguardar la ley y el orden en ese periodo. A mediados de los años treinta, bandidos montados y armados hasta los dientes seguían asolando el campo, tendiendo emboscadas a los comunistas (y a otros) y prendiendo fuego a la propiedad de las granjas colectivas. En un distrito, los bandidos actuaban con la mayor impunidad, parándose con frecuencia a beber con el presidente soviético local y sus amigos.

Se dieron con regularidad asesinatos particularmente brutales de comunistas y Komsomoles. Los dirigentes del partido se quejaban de la prominencia de las élites rurales pre-revolucionarias en el gobierno local. Algunas granjas colectivas las dirigían kulaks (campesinos acomodados supuestamente “liquidados” por la política de colectivización de Stalin).

Las comunicaciones en la jerarquía del partido eran con frecuencia inciertas y quebradizas. En Kazajstán, 120 distritos (raions) no tenían línea telefónica con los centros regionales, por no hablar con la capital Moscú. Las órdenes de Moscú por lo común se mandaban por vía telegráfica a Smolensk, aunque se usaba a veces el teléfono. Documentos especialmente sensibles tenían que ser enviados mediante un correo de la KKVD para asegurar la entrega.

Las conexiones entre los centros de distrito se realizaban por vía telefónica, por lo que debió ser un problema serio cuando los teléfonos del comité del partido del distrito de Belyi estuvieron dos meses sin funcionar en 1937 (aunque el departamento de reparaciones estaba a “diez pasos” del ayuntamiento y de la oficina del primer secretario, este no pudo realizar las reparaciones con la celeridad que hubiera sido deseable)

Los viajes de los dirigentes a los distritos eran con frecuencia a caballo. Los funcionarios progresistas de la administración de las tierras de Belty visitaban el campo en bicicleta, aunque el clima hacía difícil o imposible los viajes durante la mayor parte del año.

La fragilidad de la administración del partido no era sólo cuantitativa, sino también cualitativa. De las personas expulsadas del partido en los filtrados de reclutamiento del mismo, la mayoría se describían como pendencieros y brutales delincuentes, libertinos arribistas y puros ladrones.

Antiguos miembros del ejército blanco, kulaks activos y aquellos que habían sido previamente excluidos por sus actividades criminales encontraban fácil afiliarse al partido y recibir (con frecuencia en blanco) carnets del mismo.
Cualquiera que tuviera talento ascendía rápidamente en las filas debido a la desesperada necesidad de organizadores y administradores capaces. Como resultado, incluso posiciones de liderazgo en el partido quedaban a menudo atestadas de borrachos, estafadores, rateros de poca monta, mujeriegos y demás, que abusaban impunemente de su posición. Los cargos inferiores con frecuencia estaban repletos de pequeños funcionarios que se pasaban el día borrachos. Pequeños círculos de amigos y parientes explotaban el clientelismo y las ventajas financieras de la dirigencia.

Una investigación de 1935 mostró algunos ejemplos característicos. Una persona en Vorónezh había sido director de un sovjoz, instructor en un raion y finalmente secretario del partido.

Expulsado tres veces del partido por cohecho y mala gestión, se había limitado a trasladarse a una organización diferente, pero cercana, y se había vuelto a afiliar al partido. Había escasa comunicación entre los comités del partido, y por lo tanto era de lo más fácil en las cambiantes condiciones de los años treinta emigrar continuamente, afiliándose al partido y abandonándolo a discreción.
En el territorio del extremo oriente, el Camarada A. P. Iakovlev, vicedirector de un departamento político, había sido expulsado del partido en 1933 pero se desplazó a Leningrado y se volvió a afiliar. En la región occidental, el Camarada Shvernik había empleado su posición para robar carnets del partido en blanco y alterar los registros del mismo. En Odessa un delincuente había usado carnets falsos del partido para robar el banco estatal y en Smolensk un tal Nevroev había mandado por correo remesas de carnets del partido en blanco a sus amigos en Polonia.

Las investigaciones de 1935 mostraron asimismo que más de un quinto de los expulsados del partido eran criminales buscados por las fuerzas de seguridad, desertores militares, o gente sospechosa de depravación moral. En el distrito de Belyi, ese año, de 24 personas expulsadas del partido, un tercio eran alcohólicos habituales y otro tercio eran delincuentes buscados por la policía. T. Grinev no se había presentado en una reunión del partido en Belyi desde 1929, y el pobre Pavel Magon se decía que estaba “sistemáticamente borracho”. Queja común era el abuso físico y sexual que cometían funcionarios intoxicados con las los trabajadoras de las granjas colectivas. Los viandantes podían mirar por las ventanas en las oficinas del soviet rural de Matrennikovskii y ver al director y a sus colegas bebiendo y festejando.

Además de estos “degenerados”, que todo el mundo convenía que no podían estar en un partido disciplinado y leninista, había también un gran número de miembros del partido “sin educación política”. No significaba que fueran disidentes políticamente (en el sentido de hacer caso omiso a la línea de Stalin).
Lo que pasaba es que esta categoría de personas no tenían ni idea del “abc” del marxismo, no habían leído ninguna obra de Lenin, ignoraban por completo lo que significaba el comunismo o de los puntos principales del programa del partido. Tales personas, descritas frecuentemente como “pasivos” incluían a aquellos a los que realmente les importaba un comino la ideología política y también los bastante tenían con sus tareas económicas o administrativas en el partido como para tener tiempo de estudiar teoría política o historia del partido. Una investigación en los años treinta llegó a encontrar a militantes del partido que no sabían quién era el presidente Kalinin.

A los problemas intrínsecos de este “desastre” se añadía el omnipresente caos en las filas del partido. El rápido flujo de nuevos afiliados en los años de la colectivización y la industrialización había superado por completo el sistema de fiscalización de los registros del partido.

La condición de los registros escritos del partido era tan deficiente en 1935 que ni las organizaciones locales del partido ni el secretariado nacional sabían de cierto quien era miembro y quien no lo era. Por ejemplo, el comité del partido en Vitebsk señaló en 1933 que alrededor del 13% por ciento de los miembros “había ido quién sabe dónde sin haber sido eliminado de los registros”. A comienzos de 1934, los dirigentes nacionales del partido se quejarían de que había más de 50.000 almas muertas que constaban en los registros pero que o estaban muertos, habían desaparecido o eran personajes de ficción. En 1935 ese número sería revisado significativamente al alza.

Casi la mitad de los carnets de afiliados comprobados en Leningrado en 1935 eran o nulos o falsos. O constaba un nombre equivocado o datos falsos de afiliación y nacimiento, o no había ningún sello oficial que indicara que habían sido concedidos legalmente. La mitad de los archivos en el supuestamente todopoderoso y omnipotente secretariado eran imprecisos o brillaban por su ausencia. La verificación de 2669 carnets del partido en la región de Leningrado reveló que 1070 de ellos (el 40%) eran nulos o falsos y 1277 de las correspondientes tarjetas de registro (el 48%) eran defectuosas.

De los 1070 carnets del partido nulos, 700 tenían mal puesto el primer apellido, 111 tenían señales de borraduras y otras alteraciones, 78 tenían datos falsos de afiliación, 77 tenían fechas falsas de nacimientos, y 58 carecían de sello o rúbrica oficial. En Gorkii, 5000 personas habían sido admitidas en el partido incumpliendo los procedimientos, y 3500 tenían carnets duplicados porque presuntamente habían perdido los originales. En un distrito de Leningrado 110 de 142 carnets del partido eran falsos o defectuosos.

Y es que un carnet del partido era una mercancía muy valiosa, en verdad. Daba derecho al portador a ciertos privilegios, a la entrada en edificios del partido, a raciones especiales de alimentos y vestido; antes de mediados de los años treinta, hacía al miembro del partido exento de un posible arresto ordenado por las autoridades civiles.

El carnet del partido era el billete para un buen trabajo y una elevada posición en la sociedad, e identificaba a su portador como un fiable camarada. Así que no es para sorprenderse que los carnets tuvieran un precio elevado, especialmente para aquellos individuos como kulaks, antiguos funcionarios zaristas y otros para los que ser afiliados reales del partido era imposible.

El laxo control existente sobre la distribución de los carnets del partido era una cuestión que preocupaba mucho a los dirigentes a comienzos de los años treinta. Leonid Kikolaev era un antiguo comunista de Leningrado que había sido expulsado del partido, pero cuyo carnet no había sido confiscado.
En diciembre de 1934 había podido presentar su carnet en la entrada de la sede del partido de Leningrado, entrar libremente al edificio, subir las escaleras y disparar causando la muerte al miembro del Politburó Sergio Kirov en su propia oficina.

Era práctica común pasarse el valioso carnet del partido de un familiar muerto, y la gente llevaba rutinariamente el carnet de un padre, tío o hermano. Gran número de carnets fueron robados debido a que los secretarios con frecuencia se dejaban carnets en blanco encima de su escritorio en oficinas que dejaban abiertas de par en par. Algunos de ellos se enviaban al extranjero sistemáticamente para que fueran empleados por otros de infame manera.

Algunos secretarios del partido, ávidos de impresionar a los demás con su fervor proselitista, daban carnets del partido en blanco a cualquiera que lo pidiera.
Debido al enorme número de personas que se desplazaban a principios de los treinta como resultado de la industrialización, las organizaciones del partido no podían seguir la pista a los afiliados “reales” del partido. Con frecuencia, una persona falsificaría un carnet del partido, decía haber emigrado a ese área hace poco, y solicitaba una posición (o raciones del partido o acceso a otros privilegios del partido). Y si la persona parecía capacitada y útil, los funcionarios del partido no se molestaban en comprobar sus referencias.

A nadie se le daba un ardite la partiinost (membresía del partido) de un peticionario cuando se sufría de escasa oferta de personal cualificado (o simplemente alfabetizado)

Un artículo de Shil'man (segundo secretario de la región occidental) en el periódico nacional del partido sugería algunas de las causas del problema. Todos los años, decía, cien mil personas pasaban de la región occidental a todos los rincones de la URSS para trabajar en la industria y en la construcción, especialmente en Moscú, Leningrado y el Donbass. Muchos antiguos kulaks emigraban a esas áreas urbanas y a la misma Smolensk, buscando trabajo y llamándose a sí mismos “obreros”. Quizás después de trabajar en la industria y en la construcción durante un tiempo, podrían ingresar en el partido (debido a las ordenanzas favorables al ingreso de trabajadores en el partido) sin necesidad de tener las recomendaciones necesarias de antiguos comunistas. Después de pasado un tiempo regresaban a casa o emigraban a otro lugar donde podían hacerse pasar por obreros y comunistas fiables, y, si tenían algo de instrucción, medraban e incluso alcanzaban a puestos directivos.

La confusión resultante hacía difícil hacer cumplir las reglas sobre la cualificación para ser miembro o incluso seguir la pista de los afiliados. Cualquier persona dotada de astucia suficiente podía conseguir ser un afiliado del partido con suma facilidad. Revelaciones subsiguientes mostrarían que esto ocurría con frecuencia. Por tanto, cuatro quintos de aquellos que fueron expulsados del partido en Smolensk habían ingresado en el partido en cualquier otro lugar.

En tal situación, la afiliación al partido era fácil, como era fácil fingir ser un miembro del mismo. Resultaba imposible para las autoridades centrales del partido seguir la pista de la asignación de personal o emplearlo con eficacia.
Algunos dirigentes del partido habían reconocido tan pronto como 1933 que los registros del partido eran un desastre, y no fue hasta 1935 que comenzó a realizarse un trabajo riguroso para ponerle remedio.

En ese año, la dirigencia del partido ordenó la reorganización final de los registros del partido para corregir una situación en la podía ser posible que existieran en el raion de Omsk 20 células del partido, con más de cuatrocientos miembros, sin conocimiento de cualquier comité superior del partido y sin contar en los registros del partido en cualquier nivel.

Cuando la dirigencia del partido se puso sería con la reorganización y la corrección de los registros, los dirigentes locales fueron obligados a averiguar quién estaba en el partido y quién no. El archivo de Smolensk está repleto de formularios pre-impresos como el siguiente:

“De Raion, Oblast Occidental, al comité de Raion, Oblast. ¿Tenéis alguna información o conocimiento sobre el camarada tal, que dice haber sido un miembro (o trabajado en) vuestra organización. Por favor, respondednos en cuanto podáis”.

Estos se utilizaban para comprobar el estatus de afiliación de miles, tal vez cientos de miles de personas que tenían carnets y decían ser miembros. Muchas de estas solicitudes quedaron sin respuesta de funcionarios del partido que no daban abasto. Los que respondían mandaban normalmente una breve kharakteristika o bosquejo biográfico de la persona o simplemente respondían que nadie sabía nada de la persona aludida en el lugar donde supuestamente trabajaba.

Se suele pensar que a finales de los años veinte, el secretariado de Stalin en el comité central había compilado archivos y dosieres extensos sobre cada miembro del partido y que había empleado esos dosieres para manipular la asignación del personal y seguir la pista a los disidentes políticos.

El archivo de Smolensk indica, por otro lado, que en muchos casos por debajo del nivel nacional el personal directivo era nombrado por los comités locales. El papel del comité central parece haber quedado limitado a la potestad de vetar alguno de los candidatos propuestos.

La asignación de personal local proveniente de ese Moscú era insólita en este periodo salvo en los casos extraños en que eran elegidos dirigentes regionales del partido importantes (secretarios regionales del partido). De hecho, en fecha tan tardía como 1925, el comité central no sabía mucho sobre cómo funcionaba la afiliación del partido en provincias. Como señaló el secretariado:

“Es necesario decir que en el aparato del comité central sólo estamos comenzando ahora a averiguar (unnavat) la composición de los dirigentes obreros del partido en las regiones y raiones. Secretario VKP(b)-Ezhov. Vicedirector ORPO-Malenkov. 8 de agosto”.

Visto de un modo más “impresionista” la textura del partido en Smolensk revela el nivel de sofisticación (o de falta de ella) en el partido comunista, sus afiliados y funcionarios. El contenido material del Archivo refleja la confusión, ineficacia y el desorden de la organización.

Muchos registros importantes y actas de las reuniones están escritos a mano, y aunque los registros ingresos fueron más comunes a finales de los treinta, una gran parte del material es indescifrable o tecleado por personas que obviamente no eran mecanógrafos muy duchos.

Incluso el mantenimiento de actas regulares de las reuniones no era práctica común hasta que una campaña del Comité Central ordenó a las organizaciones del partido locales llevar un registro de sus deliberaciones.

Algunos registros se llevaban en precarios fragmentos de un papel rasgado y no rectangular que contenía listas importantes o incluso las únicas notas existentes de las reuniones.

La escasez de papel en los años treinta significaba que los memorandos, cartas, actas de las reuniones y otros documentos se escribían o imprimían con frecuencia en papel cuadrado o en columnas. Aunque las agencias centrales de Moscú y las organizaciones del partido de la región occidental tenían sus propios materiales de imprenta, era muy raro que cualquiera por debajo del nivel regional tuviera algo más que un sello, tipo notario, con su impronta.

El sistema de archivo de los distintos comités del partido desafía a toda comprensión racional. Incluso concediendo la intermitente y posiblemente aleatoria de la selección de archivos por parte de los alemanes en Smolensk en 1941, es claro que había con frecuencia poco criterio para seleccionar qué poner en cada archivo. Algunos archivos se limitaban a una operación específica (como la verificación de los documentos del partido en 1935); otros a todos los registros de una cierta y diminuta organización. Muchos, sin embargo, parecen incluir notas e informes de una cuestión que no tiene en absoluto nada que ver, ni en tiempo, localización o materia.

El partido era también frágil en los años treinta en otras áreas que estaban relacionadas con los registros: la confusión contable. Importantes instrucciones del comité central, es decir “la ejecución de las decisiones” sencillamente no se cumplían en las provincias. Para castigar a los funcionarios del partido que no eran según Stalin, más que “transportistas de papel” e “incorregibles cantamañanas”, éste y la dirigencia central tenían que amenazar a los funcionarios locales con la expulsión del partido para que pusiera manos a la obra en “tareas básicas” del partido.

Campañas enormes siempre comenzaban fuera del plazo previsto, operaciones de tres meses tardaban más de un año en completarse, y los dirigentes locales eran denunciados y expulsados con frecuencia por la dirigencia central por su poca profesionalidad o por hacer caso omiso a importantes asuntos del partido. Se instauró una serie completa de “comisiones de control” que después fueron abolidas en una tentativa generalmente vana de poner coto a la corrupción, la inercia y a la incompetencia en la jerarquía.

La jerarquía con frecuencia colapsaba por completo. Dirigentes aburridos, haraganes o que no daban abasto pasaban cuestiones importantes a los subordinados “para librarse de hacer las cosas” y como resultado poco o nada se estaba consiguiendo en áreas tan importantes como la educación, la llevanza de registros y las organizaciones juveniles. Pero la dirigencia central no era el único grupo que se quejaba del estancamiento y el desmoronamiento de la burocracia.

Los miembros de fila también atacaban a la burocracia, en parte a instigación del centro. Aborrecían “estar esperando todo el día en los pasillos” para ver a sátrapas locales que eran “más difíciles de encontrar que Kalinin”. La creciente impopularidad de la burocracia (y de sus pifias y corrupción) es un tema central en el siguiente análisis.

El partido en los años treinta no era ni monolítico ni disciplinado, su jerarquía superior estaba dividida, y sus organizaciones inferiores estaban sumidas en el desorden, en el caos y en la indisciplina. Los dirigentes de Moscú estaban divididos en cuestiones de política, y los dirigentes centrales se hallaban en malas relaciones con secretarios territoriales cuyas organizaciones padecían el desorden y el conflicto interno. Una hinchada membresía del partido repleta de analfabetos políticos y oportunistas apolíticos además de una dirigencia regional haragana e impasible no era precisamente la fórmula para un partido leninista. Una organización tan frágil y chapucera nunca pudo haber sido un instrumento eficaz o satisfactorio para llevar a cabo los propósitos de Moscú.

Los discursos en el 17 congreso en 1934 mostraron que los dirigentes centrales del partido estaban de acuerdo en la necesidad de reforma. Resolvieron una estrategia bifronte: reducir el tamaño del partido (la chitska, limpieza o purga) y dar pasos para mejorar la educación política.

Los siguientes capítulos investigarán estas campañas con cierto detalle. Las tentativas reformistas revelarían la condición caótica y deplorable de los comités locales del partido y mostrarían cuán escaso control gozaba Moscú en las provincias.

Los problemas y las tensiones regionales se hicieron bien patentes durante los filtrados de afiliación de 1933-5, y es a ellos a los que ahora consagraremos toda nuestra atención.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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Traducción al español por Huan Manwe