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 Asunto: Contra el Imperialismo.
NotaPublicado: Mar Jul 04, 2017 12:37 pm 
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Capítulo Primero: Introducción al imperialismo.

El imperialismo ha constituido la fuerza más poderosa de la historia mundial en los últimos cuatro o cinco siglos separando continentes enteros y oprimiendo pueblos indígenas y aniquilando civilizaciones enteres. Sin embargo rara vez se presta atención al imperialismo en su forma actual por parte de los académicos, tertulianos y líderes políticos. Si es que se habla de él en absoluto, el tema es blanqueado, y a los imperios se los denomina mancomunidades y a las colonias “territorios” o “posesiones”. Las intervenciones militares imperialistas se convierten en cuestiones de “defensa nacional”, “seguridad nacional” o mantener la “estabilidad” de otra región.
En este libro quiero analizar el imperialismo actual tal y como se manifiesta.

Por todo el orbe.

Cuando hablo de “Imperialismo” significo el proceso por el cual los intereses dominantes políticos y económicos de una nación expropian para su propio enriquecimiento las tierras, el trabajo las materias primas y los mercados de otros pueblos. Las primeras víctimas del imperialismo del oeste de europa fueron otros europeos. Hace unos 800 años, Irlanda fue la primera colonia de lo que después fue conocido como el Imperio Británico. Hoy en día, una parte de Irlanda aún permanece bajo ocupación británica. Otras víctimas blancas tempranas fueron los europeos del este. La gente a la que Carlomagno hacía trabajar hasta morir en sus minas en la primera parte del siglo IX eran eslavos. Tan frecuente y prolongada fue la esclavización de los europeos del este que “eslavo” se convirtió en sinónimo de siervo. Ciertamente, la palaba esclavo deriva de “eslavo”. La Europa del Este constituyó una fuente temprana de acumulación de capital, que era completamente dependiente de las manufacturas occidentales en el siglo XVII. Un ejemplo especialmente pernicioso de imperialismo intra-europeo fue la agresión nazi que permitió a los carteles industriales alemanes y al Estado nazi la ocasión de saquear los recursos y explotar el trabajo de la Europa ocupada, incluyendo el trabajo esclavo de los campos de concentración.

No obstante lo cual, el principal impulso de las potencias imperiales europeas, norteamericanas y japonesas se ha dirigido a África, Asia y Latinoamérica. En el siglo XIX contemplaban el Tercer Mundo no sólo como una fuente de materias primas y esclavos sino como un mercado de bienes manufacturados. En el siglo XX, las naciones industriales estaban exportando no únicamente bienes sino capital, que se manifestaba como bienes de equipo, maquinaria, tecnología, inversiones y préstamos. Decir que hemos entrado en la fase de exportación de capitales e inversiones no es implicar que el saqueo de recursos naturales se ha detenido. Si acaso, la expoliación se ha acelerado.

En cuanto a las diferentes concepciones del imperialismo que tienen carta de circulación hoy en día en los EEUU la dominante es que ya se ha acabado. El imperialismo no es un concepto legítimo, por lo menos no es aplicable a los EEUU. Uno puede hablar del “Imperialismo soviético” o del “imperialismo británico del siglo XIX” pero no del imperialismo de EEUU. Un estudiante de políticas en la mayoría de las universidades en este país no tendrá la ocasión de investigar el imperialismo americano en su carrera, con base en que esa empresa no tendría un carácter académico. (En el capítulo 10 tratamos con más detalle de la relación entre la academia y el imperialismo)

Aunque muchas personas en todo el mundo acusan a EEUU de ser una potencia imperialista, en este país la gente que habla de eso son considerados una especie de tarados ideológicos.

La dinámica de la expansión del capital.
La dinámica de la expansión del capital. El imperialismo es más viejo que el capitalismo. Los imperios persa, macedonio, romano y mongol existieron mucho antes de los Rothschilds y Rockefellers. Los emperadores y los conquistadores tenían como predilección el saqueo y el tributo, el oro y la gloria. El imperialismo capitalista se diferencia de estas manifestaciones tempranas al acumular capital sistemáticamente por medio de la explotación sistemática del trabajo y la penetración en los mercados extranjeros. El Imperialismo capitalista invierte en otros países y domina su economía, su cultura y su vida política, integrando sus estructuras productivas en un sistema internacional de acumulación de capital.

Un imperativo central del capitalismo es la expansión. Los inversores no arriesgarán su dinero en empresas productivas a menos que saquen más de lo que ponen. Las ganancias incrementadas se generan únicamente con el crecimiento dentro de la empresa. PUTA OTAN OE El capitalista busca sin fin medios de hacer más dinero para hacer más dinero. Uno siempre debe invertir para realizar las ganancias, reuniendo tanta fuerza como sea posible frente a la competencia y al carácter impredecible de los mercados.

Dada su naturaleza expansionista, el capital tiene escasa inclinación a ser hogareño. Hace casi 150 años Marx y Engels describieron a una burguesía que “va de caza por toda la superficie del globo. Debe asentarse por doquier, anidar por doquier, establecer contactos donde sea (…) Engendra un mundo a su propia imagen”. Los expansionistas destruyen sociedades enteras. Los pueblos autosuficientes se transforman a la fuerza en asalariados sin derechos. Las comunidades indígenas y las culturas de cada pueblo son reemplazadas con mercados de masas, medios de masas y consumismo. Las tierras en régimen de producción cooperativa se convierten en negocios agrícolas capitalistas, los pueblos en melancólicos lugares desertados y las regiones autónomas en autocracias centralizadas.
Pensemos en un ejemplo entre miles. Hace unos años encontramos un reportaje en L.A. Times sobre las selvas de Borneo en el Pacífico Sur. Según su propio testimonio, la gente vivía feliz allí. Cazaban, pescaban, y vivían de la jungla. Pero su modo de vida fue eliminado sin piedad por unas pocas multinacionales que destruyeron la jungla para comercializar la madera dura y obtener una rápida ganancia. Sus tierras fueron convertidas en catástrofes ecológicas y ellos mismos transformados en habitantes de melancólicos suburbios, que tenían que trabajar a cambio de salarios de subsistencia, y eso si tenían suerte de encontrar empleo. Las corporaciones de EEUU y de Europa han conseguido controlar más de tres cuartas partes de los recursos minerales conocidos de Asia, África y Latinoamérica. Pero la búsqueda de recursos naturales no es la única razón para la expansión del capital al extranjero. También es necesario recortar en costes de producción y maximizar la ganancia invirtiendo en países con abundantes reservas de fuerza de trabajo. La inversión extranjera de EEUU creció un 84% de 1985 a 1990, y la expansión más dramática se dio en países con mano de obra barata como Corea del Sur, Taiwan, España y Singapur. Debido a los bajos salarios, bajos impuestos, prestaciones sociales inexistentes, sindicatos frágiles y normativa ambiental inexistente o escasa, las tasas de ganancia de las corporaciones de EUU en el Tercer Mundo son un 50% más elevadas que en los países desarrollados. Citibank, una de las más grandes empresas de EUU, gana más o menos el 75% de sus ingresos en sus operaciones ultramar. Si bien los márgenes de ganancia en casa han crecido de forma un tanto torpe, las ganancias en el extranjero no han parado de subir, lo que ha desencadenado el desenvolvimiento de lo que se ha venido a denominar la corporación multinacional o transnacional. Hoy en día alrededor de 400 compañías trasnacionales controlan el 80% de los activos de capital del mercado “libre” global y están extendiendo sus garras a los antiguos países socialistas del Este de Europa. Las trasnacionales han desarrollado una línea de producción global. General Motors posee fábricas que producen coches, camiones y una gran variedad de piezas de coches en Canadá, Brasil, Venezuela, España, Bélgica, Yugoslavia, Nigeria, Singapur, Filipinas, África del Sur, Corea del Sur y una docena de países mal. Ese “multiple sourcing” permite a las multinacionales acabar con las huelgas y el conflicto social en un país llevándose la producción a otro, enfrentando y dividiendo a los trabajadores de distintos países para desanimar exigencias de mejoras salariales y de prestaciones sociales y para socavar las estrategias de los sindicatos.

No es necesario, sólo estamos compitiendo.
Algunos autores ponen en tela de juicio si el imperialismo es condición necesaria del capitalismo, señalando que la mayoría del capital occidental se invierte en las naciones occidentales, no en el Tercer Mundo. Si las corporaciones perdieran todas sus intervenciones en el tercer mundo, razonan, muchas de ellas podrían sobrevivir con sus mercados europeos y norteamericanos. Debemos hacer notar que el capitalismo puede realmente sobrevivir sin el imperialismo, pero no muestra inclinación alguna a abandonarlo. No muestra deseo alguno de abandonar sus inversiones tercermundistas enormemente rentables. El imperialismo puede no ser condición necesaria para la supervivencia de los inversores, pero parece ser una tendencia intrínseca y un resultado natural del capitalismo avanzado. Las relaciones neo-imperiales pueden no ser el único modo de obtener ganancias, pero son la forma más lucrativa.
Si embargo la cuestión no es si el capitalismo global necesita el imperialismo. Muchas cosas que no son absolutamente necesarias son aún muy deseables, y por lo tanto se prefieren claramente y se buscan con todo vigor. MUERTE A LOS CHIVATOS Los inversores en el extranjero consideran que la mano de obra barata tercermundista, sus recursos naturales vitales y varias otras “condiciones” muy rentables son competitivamente atractivos. Las superganancias pueden no ser necesarias para la supervivencia del capitalismo, pero los capitalistas no están interesados en la mera supervivencia. Una elevada tasa de ganancia es mejor que una más modesta. Que no exista una conexión necesaria entre el capitalismo y el imperialismo no implica que no exista ligazón obligatoria entre ambos.
Lo mismo se predica de otras dinámicas sociales. Por ejemplo la riqueza no debe llevar necesariamente a vidas de un lujo extremo. Una porción mayor de lo que reciben las clases adineradas podría dedicarse a la inversión y no al consumo personal. Los súper-ricos podrían vivir muy bien con ganancias más modestas, pero eso no es lo que prefiere la mayoría. A lo largo de la historia, las clases adineradas han mostrado una tendencia a quedarse con lo mejor de todo. Después de todo, si uno quiere hacerse rico a expensas del trabajo ajeno es para vivir bien, evitando lo más posible los inconvenientes de la vida, y gozando de oportunidades de disfrutar de estilos de vida opulentos, la mejor atención médica, la mejor educación, los viajes, el tiempo libre, la mejor seguridad y el poder y prestigio que todo eso conlleva. Aunque ninguna de estas cosas son realmente “necesarias” son fervientemente defendidas por aquellos que las poseen, y da testimonio de ello las violentas medidas que ponen en práctica las clases privilegiadas siempre que sienten la amenaza de fuerzas democráticas con tendencias niveladoras.
Los mitos del subdesarrollo.
Las tierras empobrecidas de Asia, África y Latinoamérica son conocidas por nosotros como el “Tercer Mundo”, para distinguirlas del “Primer Mundo” de la Europa y Norteamérica industrializada y el mundo mayormente difunto del “segundo Mundo” de los países socialistas. La pobreza del Tercer Mundo, a la que se llama “subdesarrollo” es tratada por la mayoría de los observadores occidentales como una condición histórica originaria. Se nos dice que creamos que siempre existió y que los países pobres son pobres porque sus tierras no son feraces o porque sus habitantes no son productivos.
La verdad es que los países de Asia, África y Latinoamérica siempre han producido enormes cantidades de alimentos, minerales y otros recursos naturales. Esa es la razón por la que los europeos se tomaron tantas molestias para robarles y saquearles. Uno no va a lugares pobres si busca enriquecerse. El Tercer Mundo es rico, los que son pobres son quienes lo pueblan, y es debido sobre todo al pillaje que han tenido que soportar. El proceso de expropiación de los recursos naturales del Tercer Mundo comenzó hace siglos y sigue hoy en día. En primer lugar los colonizadores extrajeron oro, plata, pieles, sedas, especias, algodón, cáñamo, madera, plomo, marfil, y después aceite, zinc, manganeso, mercurio, platino, cobalto, bauxita, aluminio y uranio. Y ya no hablemos de la más infernal de las expropiaciones: el secuestro de millores de seres humanos como trabajo esclavo. A lo largo de siglos de colonización se han compuesto muchas interesadas teorías del imperialismo. Se enseñaba en la escuela primaria que la gente de climas tropicales es descuidada e intemperante, y no trabajan tanto como nosotros, los habitantes de la zona templada. Pero la verdad es que a los habitantes de climas cálidos no les iba tan mal y habían conseguido verdaderas hazañas productivas, edificando civilizaciones magníficas mucho antes de que Europa saliera de la alta edad media. Y aún hoy en día trabajan muchas horas a cambio de muy poco dinero. Sin embargo el estereotipo temprano del “nativo flojo” aún permanece entre nosotros. En toda sociedad capitalista, los pobres, tanto los nacionales como los extranjeros, son responsables de su propia condición.
Se nos dice que los pueblos del tercer mundo son atrasados culturalmente en sus actitudes, ética de trabajo costumbre y capacidad técnica. Es una idea muy conveniente abrigada por aquellos que quieren pintar la inversión occidental como una operación de rescate destinada a ayudar a los pueblos atrasados a ayudarse a sí mismos. Este mito de “atraso cultural” se remonta a la edad antigua, y se empleaba por los conquistadores para justificar la esclavización de los pueblos indígenas. Se empleó por los colonizadores europeos de los últimos cinco siglos con el mismo fin.
¿De qué supremacía cultural podían presumir los europeos antiguos? Del siglo XV al XIX Europa estaba “en vanguardia” en cosas como número de ejecuciones, asesinatos y otros crímenes violentos: ejemplos de enfermedades venéreas, viruela, tifus, tuberculosis, plagas y otras dolencias. En desigualdad social y pobreza (tanto urbana como rural); en mal trato de mujeres y niños; y en la frecuencia de hambrunas, esclavitud, servidumbre, prostitución piratería, masacres religiosas y tortura de instituciones inquisidoras. Los que creen que occidente es la civilización superior deberían recordar también estos “logros”.
Hablando más en serio, podemos observar que Europa gozó durante un tiempo de una ventaja significativa en el arte de la navegación y en los armamentos, con mosquetes y cañones. Después llegaron las ametralladoras Gatling y las cañoneras y después los misiles de hoy, los helicópteros de ataque y los cazas, que han sido los factores decisivos cuanto el Oeste se encuentra con el Este y el Norte se encuentra con el Sur. Es la superior potencia de fuego, no el hecho de tener una cultura superior, la que ha hecho que los europeas y los norteamericanos de origen europeo gocen de posiciones de supremacía que aún hoy se mantienen por la fuerza aunque (son más inteligentes) no sólo por la fuerza.
Se llegó a decir que los pueblos colonizados eran inferiores biológicamente y menos evolucionados. Su “salvajismo” y nivel menor de evolución eran utilizados en una suerte de burdo empirismo como si fueran demostrativos de su condición biológica inferior. ¿Pero eran culturalmente inferiores? En muchos lugares de lo que ahora se considera el Tercer Mundo, se desenvolvieron grandes logros en arquitectura, horticultura, artesanía, caza, pesca, crianza de los niños, medicina y otras cosas similares. Sus costumbres sociales eran muchas veces más amables y humanitarias y menos autocráticas y represivas que cualquier cosa que pudiera encontrarse en Europa en esos días. Por supuesto, nos adelantamos a la objeción, tampoco vamos a mitificar esas sociedades indígenas, que ciertamente tenían varias prácticas crueles e inusitadas de su propia cosecha. Pero en general sus pueblos disfrutaban de vidas saludables y felices, y tenían más tiempo libre, que la mayoría de los habitantes de Europa.
Otras teorías también gozan de gran predicamento. Nos dicen que en el Tercer Mundo la pobreza se debe a la sobrepoblación, hay mucha gente para los recursos que hay. En realidad, en los últimos siglos, muchas tierras del Tercer Mundo tienen menor densidad de población que ciertas partes de Europa. India tiene menos gente por hectárea, pero más pobreza, que Holanda, Gales, Inglaterra, Japón Italia y otros países industriales. Además, son las naciones industrializadas del Primer Mundo, no las pobres del Tercero, las que devoran el 80% de los recursos naturales del mundo y plantean la mayor amenaza a la ecología del planeta.
Y con esto no estamos negando que la sobrepoblación sea un problema real para el medio ambiente. Limitar el crecimiento de la población en todas las naciones ayudaría a preservar el entorno natural pero no resolvería los problemas de los pobres, porque no es la sobrepoblación en sí misma la causa de la pobreza sino uno de sus efectos. Los pobres tienden a tener muchos hijos porque los hijos son fuente de mano de obra e ingresos y son la única seguridad social cuando llega la vejez. Frances Moore Lappé y Rachel Schurman descubrieron que de 70 países del Tercer Mundo había 6, China, Sri Lanka, Colombia, Chile, Birmania, y Cuba, y también el estado de Kerala en la India, que habían logrado reducir sus tasas de natalidad un tercio. No gozaron de tasa de crecimiento industriales dramáticas ni de elevados ingresos per cápita y de programas de planificación familiar. (La referencia a China es anterior al cambio del sistema económico en 1979 y anterior a la política de hijo único, ver el Food First Development Report no. 4, 1988.] Los factores que tenían en común era una educación pública desarrollada y asistencia médica pública, una reducción de la desigualdad económica, mejoras en los derechos de la mujer, subsidies alimentarios y en algunos casos la reforma agraria. En otras palabras, las tasas de fertilidad se redujeron no debido a la inversión capitalista y al crecimiento económico como tal, sino por las políticas públicas de mejora económica y por las luchas de grupos de personas, incluso a escala modesta, acompañadas de la emergencia de los derechos de la mujer.
Convertidos artificialmente a la pobreza.

Convertidos artificialmente en pobres.
Lo que suele llamarse “subdesarrollo” constituye un conjunto de relaciones sociales que han sido impuestas por la fuerza a otros países. Con el advenimiento de los colonizadores occidentales, los pueblos del Tercer Mundo sufrieron un revés en su desarrollo, que en ocasiones duró siglos. El Imperialismo Inglés en la India aporta un ejemplo muy aleccionador. En 1810 la India estaba exportando más productos textiles a Inglaterra que Inglaterra a la India. En 1830 el flujo comercial cambió completamente. Los ingleses habían puesto aranceles enormemente altos a los bienes manufacturados de la India y estaban inundando su colonia con sus mercancías, una práctica respaldada con los barcos de Guerra ingleses y su ejército superior. En unos pocos años, los grandes centros textiles de Dacca y Madras se convirtieron en ciudades fantasmas. Los indios tuvieron que volver al campo a recoger el algodón que empleaban las manufacturas textiles inglesas. De hecho la India no era ya sino un vaca que ordeñaban las finanzas inglesas.
En 1850, la deuda de la India había subido a 53 millones de libras. De 1850 a 1900, su ingreso per cápita había caído casi dos tercios. El valor de las materias primas y las mercancías que los Indios estaban obligados a mandar a Gran Bretaña a lo largo de la mayor parte del siglo XIX montaba más que los ingresos totals de los 60 millones de obreros industriales y agrícolas de la India. La pobreza masiva que vinculamos con la India no era la condición original del país. El imperialismo británico hizo dos cosas: en primer lugar acabó con el desarrollo de la India, y después la hizo “subdesarollarse” por la fuerza. Procesos “sanguijuela” parecidos se dieron en todo el Tercer Mundo. La enorme riqueza extraída debe recordarnos que al principio había pocos países relativamente pobres. Países como Brasil, Indonesia, Chile, Bolivia, Zaire, Mexico, Malasia, y las Filipinas eran y en algunos casos son todavía muy ricos en recursos naturales. Algunos países han sido tan saqueados como para ofrecer un espectáculo desolador en todos los aspectos. Sin embargo la mayor parte del Tercer Mundo no está subdesarrollado, sino “sobre-explotado”. La colonización occidental y sus inversiones han generado un nivel de vida en muchos casos inferior y no mayor. Cuando aludía a lo que los colonizadores ingleses hicieron a los irlandeses, Federico Engels escribió en 1856: “¿Con que frecuencia los irlandeses han empezado a intentar montar algo, y con qué frecuencia cada vez que lo han intentado han sido aplastados política e industrialmente? Merced a una opresión sistemática se han convertido artificialmente en una nación completamente empobrecida”.
Eso es lo que ha pasado con la mayoría del Tercer Mundo. Los indios mayas en Guatemala gozaban de una dieta más nutritiva y variada y mejores condiciones de vida a comienzos del siglo XVI antes de que los europeos llegaran que hoy en día. Tenían más artesanos, arquitectos y horticultores que hoy. Lo que se lama subdesarrollo no es sino el producto de la sobre-explotación imperialista. El subdesarrollo es un desarrollo en sí mismo.
El imperialismo ha engendrado lo que he denominado “maldesarrollo”: modernos edificios de oficinas y hoteles de superlujo en las capitales en vez de viviendas para los pobres, clínicas de cirugía plástica para los adinerados en vez de hospitales para obreros, exportación de productos agrícolas pagaderos en divisas para los negocios extranjeros en vez de cómoda para los mercados locales, autopistas que van de las minas y los latifundios a las refinerías y los puertos en vez de carreteras en el interior para los que quieren ver un médico o un maestro. La riqueza se transfiere de los pueblos del Tercer Mundo a las élites económicas de Europa y América del Norte (y más recientemente Japón), ya sea mediante el saqueo directo, la expropiación de los recursos naturales, la imposición de gabelas ruinosas y rentas de la tierra, el pago de salarios de miseria, y la importación forzada de bienes manufacturados a precios inflados. A los países colonizados se les niega la “libertad” comercial y la posibilidad de desarrollar sus propios mercados, recursos naturales y capacidad industrial. La autonomía y el auto-empleo ceden el sitio al trabajo asalariado. De 1970 a 1980, el número de asalariados en el Tercer Mundo pasó de 72 millones a 120 millones y la tasa está acelerándose. Cientos de millones de personas en el Tercer Mundo viven ahora en la pobreza en aldeas remotas y barrios bajos congestionados, padeciendo hambre, enfermedades y analfabetismo, muchas veces debido a que la tierra que otrora cultivaron es ahora titularidad de multinacionales agrícolas que la emplean para la minería o para productos agrícolas comerciales como café, azúcar y carne de vacuno, en vez de judías, arroz y maíz para el consumo interno. Un estudio de 20 de los países más pobres, efectuado a partir de estadísticas oficiales, halló que el número de personas que viven en lo que se llama “pobreza absoluta” o privación total, los más pobres de los pobres, está creciendo a un orden de 70.000 personas al día y llegará a 1.500 millones en el año 2000. (San Francisco Examiner, 8 de junio 1994)
El Imperialismo fuerza a millones de niños a lo largo y ancho del mundo a vivir vidas de pesadilla, con sus fuerzas físicas y mentales destruidas gravemente por la interminable explotación. Un documental del Discovery Channel, (24 de abril de 1994) informaba de que en países como Rusia, Tailandia y las Filipinas un gran número de menores de edad son objeto de venta para la prostitución infantil para ayudar a sobrevivir a sus desesperadas familias.
En países como México, la India, Colombia y Egipto, los niños son empaquetados a trabajos insalubres y de sol a sol en las granjas y en las fábricas y en las minas por unos cuantos peniques la hora, sin oportunidades de jugar, recibir una educación o asistencia médica.
En la India 55 millones de niños son alistados en la fuerza de trabajo. Decenas de miles trabajan en fábricas de cristal con temperaturas que llegan a los 50 grados. En una planta, los niños de cuatro años trabajan de las 5 de la madrugada hasta la noche, inhalando humo y contrayendo enfisemas, tuberculosis y otras enfermedades respiratorias. En Malasia y las Filipinas las corporaciones han hecho presión para hacer caer las restricciones de edad para ser contratado. La persecución del lucro se torna en la persecución del mal.

La teoría del desarrollo.
Cuando decimos que un país es “subdesarrollado” estamos implicando que es atrasado de alguna manera, que su población ha mostrado escasa aptitude para conseguir cosas y evolucionar. Las connotaciones negativas del “subdesarrollo” han hecho que las naciones unidas, el WSJ y los partidos de diferentes “confesiones” se refieran a los países del Tercer Mundo como países “en vías de desarrollo” un término algo menos insultante pero igualmente falaz. Yo prefiero ceñirme a “tercer mundo” porque “en vías de desarrollo” parece una forma eufemística de decir “pobres pero tratando como pueden de solucionarlo aunque sea un poco tarde”. Aún implica que la pobreza era una condición histórica original y no algo impuesto por los imperialistas. También sugiere mendazmente que esos países se están desarrollando cuando en muchos casos sus condiciones socioeconómicas van para atrás.
La teoría dominante de la última mitad del siglo XX, enunciada repetidamente por autores como Barbara Ward y W. W. Rostow, y que sigue gozando de gran predicamento, es que corresponde a las naciones ricas del Norte ayudar a levantarse a las atrasadas naciones del sur, llevándoles tecnología y extendiendo una ética de trabajo correcta. Esta es una versión tuneada de “la carga del hombre blanco” una de las fantasías eróticas favoritas de los imperialistas.
Según este escenario de desarrollo, con la implantación de las inversiones occidentales, los trabajadores de las naciones pobres encontrarán empleos más productivos en sectores modernizados por salarios más elevados. A medida que se va acumulando el capital, las empresas reinvertirán las ganancias, generando así aún más productos, riquezas, poder adquisitivo y mercados. Al final llegará una economía más próspera. Esta teoría del “desarrollo” o de la “modernización” como a veces se la llama, poco se parece a la realidad. Lo que a surgido en el Tercer Mundo es una forma de manifestación intensamente explotadora de capitalismo dependiente. Las condiciones económicas han empeorado drásticamente con el crecimiento de la inversión corporativa trasnacional. El problema no es la pobreza de las tierras o la falta de ética de trabajo, sino la explotación extranjera y la desigualdad de clases. Nadie va a invertir a otro país por amor al arte y a la bondad sino para forrarse. La gente de esos países no necesita que les digan como tienen que labrar. Necesitan la tierra y los medios para labrarla. No necesitan que les enseñen a pescar. Necesitan los barcos y las redes y acceso a los bancos de pesca, bahías y océanos. Necesitan que las plantas industriales dejen de tirar residuos tóxicos al agua. No necesitan que les convenzan de que es mejor ser higiénicos. No necesitan un voluntario de Peace Corps que les diga que es mejor hervir el agua, especialmente cuando no pueden permitirse combustible ni tienen acceso a leña. Necesitan las condiciones que les permitan tener acceso a agua limpia, ropas y hogares higiénicos. No necesitan consejos sobre dietas equilibradas de los Americanos. Suelen saber muy bien qué comidas son más nutritivas. Necesitan que les devuelvan la tierra y la mano de obra para que puedan trabajar ellos mismos y cultivar comida para su propio consumo.
El legado de la dominación imperial no es solo la miseria, sino una estructura económica dominada por una red de corporaciones internacionales que están obligadas con sus compañías parientes de América del Norte, Europa y Japón. Si existe alguna armonización o integración sucede en las clases globales inversoras, no en las economías indígenas de esos países.
Las economías del Tercer Mundo siguen estando fragmentadas y no integradas en sí mismas y con sus compañeras, tanto en el flujo de bienes y capital y en la tecnología y en la organización. En suma, lo que tenemos es una economía global que muchas veces poco tiene que ver con las necesidades económicas de los pueblos del mundo.
Neoimperialismo.

Algunas veces la dominación imperial se explica como si naciera de un deseo innato de dominio y expansión un “imperative territorial”. De hecho la forma de manifestación del imperialismo en nuestros días no es la territorial. En comparación con el siglo diecinueve y principios del siglo XX, cuando las potencias europeas se repartían el mundo ya casi no quedan dominios coloniales de iure. El Coronel Blimp está muerto y enterrado, y los que mandan son hombres trajeados. En vez de ser colonizados directamente por la potencia colonial, se ha concedido a los países más débiles la apariencia de soberanía mientras que el capital occidental conserva el control de la parte del león de sus recursos naturales. Se ha denominado de forma diversa a esta modalidad: imperio informal, colonialismo sin colonias, neocolonialismo o neoimperialismo.

Los dirigentes políticos y económicos de EEUU se contaron entre los primeros adeptos de esta nueva forma de imperio, especialmente en Cuba a comienzos del Siglo XX. Después de haberle quitado la isla a España con un pretexto falso para desencadenar la guerra en 1898, concedieron a Cuba su independencia formal. Ahora los cubanos tenían su propio gobierno, constitución moneda, bandera y policía. Pero las principales decisiones de política exterior estaban en manos de EEUU como lo estaba la riqueza de la nación, incluyendo el azúcar, el tabaco y el turismo, y las principales exportaciones e importaciones. Históricamente los intereses capitalistas americanos han querido menos adquirir más territorio que más riqueza, prefiriendo llevarse el tesoro de otras naciones sin tener que llevar la carga de administrarlas. Con el neo-imperialismo, la bandera se queda en casa, pero el dólar va a donde le manden, normalmente con ayuda de la espada.

Después de la Segunda Guerra Mundial, las potencias europeas como el Reino Unido y Francia adoptaron una estrategia de neo-imperialismo. Con el tesoro vacío después de años de guerra, y enfrentándose a una intensificada resistencia popular en el propio tercer mundo, decidieron de mala gana que su hegemonía económica se llevara a cabo por medios indirectos; al fin y al cabo era más costosa y políticamente más presentable que el mando colonial directo. Descubrieron que al eliminar las detalladas normativas coloniales eso hacía más difícil que los elementos nacionalistas en los países colonizados movilizaran los sentimientos anti-imperialistas. Aunque los nuevos gobiernos estaban lejos de ser completamente independientes, tenían más legitimidad a los ojos del pueblo que una administración imperial sin más ni más. Además en el neoimperialismo el gobierno nativo carga con el coñazo y el coste de administrar el país mientras que los intereses imperiales están libres de centrarse en lo que les interesa, que es acumular capital. La gloria va después.

Después de años de colonialismo, el país del tercer mundo encuentra que le es muy difícil desembarazarse de la relación desigual con su antiguo colonizador e imposible salir de la esfera global capitalista. Los países que tratan de sacudirse el yugo son sometidos a sanciones terribles económicas o militares por una u otra potencia, que normalmente a día de hoy son los EEUU.

Los dirigentes de los nuevos países pueden soltar todos los eslóganes revolucionarios que quieran, pero se encuentran encerrados en la órbita capitalista global, y se ven forzados a colaborar con las naciones del primer mundo para la inversión el comercio y la ayuda externa. Así que hemos sido testigos del curioso fenómeno de dirigentes de los países independientes del tercer mundo que denuncian el imperialismo como la causa de todos sus males, mientras que los disidentes de esos países denuncian a sus dirigentes como colaboradores del imperialismo. En muchos casos surgió una clase compradora o fue instalada como premisa de la independencia.

Una clase compradora es la que coopera en convertir su propio país en un estado cliente por mor de los intereses extranjeros. Un estado cliente es uno que está abierto a la inversión en términos muy favorables para los inversores extranjeros. En un estado cliente, los inversores corporativos gozan de subsidios estatales directos y concesiones sobre tierras, acceso a las materias primas y a una mano de obra barata, impuestos escasos o inexistentes, pocos sindicatos efectivos, ninguna ley que contemple un salario mínimo o normas de seguridad laboral, ni ninguna legislación medioambiental o de protección de los consumidores digna de mención. Las leyes proteccionistas que pueda haber no se hacen cumplir.

A fin de cuentas el Tercer Mundo es una suerte de paraíso capitalista, donde la vida es parecida a como era en Europa y EEUU durante el siglo XIX con una tasa de ganancia mucho más alta que la que puede conseguirse hoy en un país donde existan muchas regulaciones. La clase compradora recibe un buen cacho por su cooperación. Sus dirigentes gozan de oportunidades de llenarse los bolsillos con la ayuda extranjera que mandan los gobiernos occidentales, en especial EEUU. Se asegura la estabilidad con fuerzas de seguridad adiestradas y armadas por las potencias, en especial EEUU, con las últimas tecnologías de terror y represión.

Sin embargo, el neo-imperialismo no carece de peligros. Lograr la independencia de iure crea expectativas en el populacho de lograr la independencia de facto. Las formas de autogobierno incitan a desear los frutos del auto-gobierno. Algunas veces surge un dirigente nacional que es un patriota y reformista y no un comprador colaboracionista. Por lo tanto el cambio del colonialismo o neo-colonialismo no carece de problemas para los imperialistas y a fin de cuentas representa al menos una ganancia neta en este sentido para las fuerzas populares del mundo.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Contra el Imperialismo.
NotaPublicado: Jue Jul 13, 2017 12:01 am 
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Contra viento y marea
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Traducción al español por Huan Manwe