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 Asunto: How the world works. Paul Cockshott
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Capítulo Primero.

El trabajo y la sociedad.

La sociedad no puede sobrevivir sin trabajo. Para conseguir nuestros vestidos, alimentos y cobijo tenemos que trabajar, y como sabe todo padre de familia, es el trabajo lo que sostiene a la próxima generación. La sociedad es, por encima de todo lo demás, un esfuerzo colectivo para asegurar su propia continuidad física.

Todos nacemos en el seno de, y somos conformados por, una sociedad ya estructurada en función de tareas colectivas. Las tareas de la producción física, de la reproducción humana y de las propias relaciones sociales que consiguen todo ello. Las sociedades asignan a sus integrantes diferentes roles sociales, y el total de horas en las que están conscientes en diferentes actividades. Algunas actividades, como vestirse o comer, son estrictamente personales. Otras, como el cuidado de los niños, guisar para la familia, cultivar la tierra o la industria benefician a otras personas.

Las distintas clases de actividades resultan en efectos útiles diferentes: el sexo la descendencia, el horneado el pan, la albañilería las paredes. Para conseguir cada efecto útil es preciso llevar a cabo secuencias particulares de movimientos corporales que se relacionan con el entorno, con las herramientas y con otras personas. Esto constituye la manifestación concreta de la actividad.

Pero desde el punto de vista de la sociedad en su conjunto, toda actividad posee un aspecto adicional y de carácter más abstracto, ya que cada una de esas actividades forma parte de la división social del trabajo. Las personas y el tiempo de sus miembros son el recurso fundamental de la sociedad. Ambos son recursos escasos. En un día determinado sólo viven unas cuantas personas, y el día tiene 24 horas, parte de las cuales hay que dedicar al descanso. La división social del trabajo tiene que asignar a las personas el tiempo disponible para llevar a cabo las tareas necesarias para la supervivencia de la especie. Lo que aquí se divide son los millones de personas hora que contribuyen a la jornada laboral social. Esto constituye el aspecto social abstracto de la actividad. La actividad como parte del organismo social.

La división del trabajo conjuga un resultado determinado, cuerpos concretos que llevan a cabo acciones específicas, y todo ello conlleva la posibilidad abstracta de que se obtenga un resultado diferente: la asignación de las tareas a las diferentes personas bien pudiera ser distinta. Quién sabe el trabajo que estaremos haciendo dentro de seis meses. Si las circunstancias hubieran sido otras, podríamos estar haciendo algo diferente ahora mismo.

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La división del trabajo exige cierta flexibilidad en las características corporales, con el fin de que una persona pueda desarrollar más de una tarea. Podemos hacerlo. Podemos cambiar de trabajo, podemos aprender. Los seres humanos no somos los únicos seres sociales sobre la Tierra. Antes de que edificáramos nuestras ciudades, se erigían los impresionantes castillos de las termitas, los bloques de apartamento de las abejas y los laberintos de ciertas ratas. Las termitas, en términos de biomasa total y consumo de alimentos constituyen el organismo social dominante, más que nosotros mismo. Nuestra biomasa asciende a 350 millones de toneladas, mientras que la de las termitas asciende a 450 millones de toneladas.
Estas “sociedades” poseen igualmente su propia división del trabajo. Las termitas obreras construyen torres tan altas en relación con sus cuerpos como nuestros modernos rascacielos. Recogen madera, cultivan jardines subterráneos de hongos y cuidan de sus crías. Existe una división fluctuante del trabajo, donde las proporciones de trabajadores que llevan a cabo diferentes tareas varía según las necesidades de la colonia.

Poseen un limitado elenco de tareas, y su tecnología se modifica en plazos determinados por la escala evolutiva, pero sigue siendo una división del trabajo. Las termitas obreras, consideradas individualmente no aprenden. Como especie, aprenden, pero cualquier tecnología novedosa que empleen, fue resultado del lento proceso de la adaptación genética. Además de las obreras existen otras termitas en las colonias. Son una especie polimórfica. Existen termitas soldados con enormes cabezas y mandíbulas, enormes madres y padres de mediano tamaño. Los soldados no pueden trabajar. Se consagran únicamente a defender su colonia hogar de las hormigas. Guardan los pasajes con sus enormes cabezas, mordiendo a los intrusos o vertiendo una nociva suerte de pegamento sobre ello. Aparte de eso no producen nada, ni recogen madera ni cultivan hongos, y son las obreras las que les suministran alimento.

La enorme madre o “reina”, una especie de criatura con forma de salchicha rayada amarillenta, tan grande como el dedo de un hombre tampoco puede trabajar. Yace segura en su cámara privada, acondicionada, mientras le alimentan con hongos y pone huevos. Las actividades de la madre y de los soldados son siempre concretas: la madre pone huevos y los soldados se ocupan a la defensa. No pueden emprender tareas según la necesidad como las obreras.

Cuando los biólogos estudian las sociedades de los insectos es difícil no caer en la tentación de plantear analogías con nuestras propiedades. Los propios términos obrero, soldado y reina son analogías patentes, una proyección de los sistemas de clases de nuestras sociedades en un sistema muy ajeno.

Las personas emplean el término castas para describir las diferentes formas corporales de las termitas, una analogía más que evidente con el antiguo sistema social de la India. Pero esta analogía es bastante superficial. Los cuerpos de las personas en las castas indias son iguales, y es la presión social y no la configuración física la que fuerza a las personas a desempeñar los tipos de trabajo vinculados con cada casta. Además las castas indias son hereditarias, mientras que los miembros de las diferentes “castas” en un nido de termita, ora obreras ora soldados, comparten los mismos progenitores. Sin embargo lo que prueba hablar de castas aplicándolo a las termitas, es que, al igual que en las castas de los hindús, los diferentes cuerpos de las termitas impiden una división del trabajo flexible.

Si bien las termitas-soldado no pueden ser constructoras o viceversa, es preciso que exista cierto tipo de mecanismo que regule las proporciones de estas dos formas corporales. Si hay muy pocos soldados en un entorno donde se encuentran muchas hormigas hostiles puede resultar letal para la colonia, pero demasiados soldados supone que hay muchas bocas improductivas que alimentar. En principio las proporciones de castas pueden regularse genéticamente con reinas de distinto tipo que ponen huevos en los que la proporción de soldados se ajusta a ciertas proporciones. Hay ciertas pruebas de que esto es justamente lo que sucede. En este caso, aunque una sociedad dada de termitas no pueda regular plenamente su división del trabajo la selección natural implicaría que a lo largo de una serie de generaciones de colonias la proporción de soldados se adaptaría a sus necesidades.

Otra posibilidad es que las feromonas se empleen para ajustar el desarrollo de individuos con diferentes formas corporales según surja la necesidad. De ser ese el mecanismo, si bien una termita madura no puede cambiar de casta, la casta en la que entra una termita joven según entra en la madurez se decide bastante más tarde, de modo que la colonia puede ajustar la composición de su mano de obra con bastante rapidez. Esto implicaría que había en realidad más movilidad laboral en las termitas que en las sociedades humanas de castas. ¿Por qué prestar atención a estas criaturitas estrafalarias con sus cuerpos grotescamente diferenciados?

Porque es más sencillo reconocer rasgos familiares cuando se contempla lo ajeno.

Las termitas y otros insectos sociales parecen ejemplos perfectos de “comunismo”. Comunidades en las que los individuos obran sobre todo en función de la comunidad en su conjunto más que para sí mismas. Las termitas soldado sacrifican sus vidas sin dudar por el bien de la colonia. Si se forma un agujero en el nido, los soldados se precipitan a enfrentarse con cualquier hormiga que intente asaltar la colonia, mientras que detrás de ellos las obreras tratan de tapar el agujero. En su caso no cabe la retirada. Cuando las obreras terminan el muro, los soldados quedan varados fuera. Las abejas obreras atacan sin temor alguno a los abejorros. Muchos muchas mueren, pero al rodearlo y revolotear sobre él hacen que muera por calor y agotamiento. La superioridad de este estilo de vida “comunista” (por continuar con la analogía) queda acreditada por la posición ecológicamente dominante de los insectos sociales, en especial las termitas y las hormigas. Cualquiera que haya visto y estudiado estas criaturas no puede evitar el pasmo por la completa dominación que un ejército de hormigas carnívoras africanas ejerce sobre el territorio por el que desfila, la terrible red de caminos en miniatura, troncos y principales autopistas de varios carriles. El pánico de otros insectos locales. Sus infructuosos intentos de escapar antes de ser despedazados miembro a miembro por sus diminutos atormentadores que conforman equipos para descuartizar un saltamontes o una cucaracha. Sus parientes lejanos, las pacíficas termitas, ejercen una dominación oculta y más sutil pero aún más grande. Únicamente caminan en sus senderos abovedados temporales. A resguardo de la depredación tras sus muros cosechan tanta madera muerta para sus cavernas de hongos que dominan los ecosistemas. No hay animal terrestre, salvo nuestro ganado doméstico, que posea mayor biomasa.

Esa solidaridad literalmente fraternal de los insectos sociales surge porque son todos miembros de la misma familia con los mismos padres. Cuando un soldado-termita se sacrifica a sí mismo, está protegiendo a sus parientes directos, e indirectamente está propagando la supervivencia de sus propios genes. Pero si se mira de otro modo en esas comunidades podemos ver el mismo reflejo del despotismo monárquico y la explotación, con las obreras siempre a punto de rebelarse.

Pensemos en las pobres abejas obreras. Son hembras genéticamente pero no pueden criar a su propia descendencia, y trabajan toda su vida para una reina que no tiene más que poner huevos. Si permanecen en esta subordinación es debido a las feromonas que emite la reina. Elimina esas feromonas y se rebelan. Nieh escribe que:

“Después de que la reina ha huido con el enjambre, los rasgos rebeldes de las larvas en estado de orfandad se manifiestan en las colonias de abejas melíferas. Como adultos, estos huérfanos han reducido las glándulas alimentarias para alimentar a las larvas de la colonia y ovarios más desarrollados para reproducir de forma egoísta su propia descendencia”.

Hasta que se descubrieron exo-planetas habíamos imaginado que todos los sistemas planetarios se parecerían al nuestro. Ahora que conocemos su enorme diversidad, la peculiaridad oculta del sistema solar se pone de manifiesto y por lo tanto, constituye un problema para la ciencia.

La economía académica contemporánea considera como eternas las instituciones no sólo de la sociedad humana, sino del capitalismo occidental contemporáneo. Los antropólogos, arqueólogos y biólogos que analizan los organismos sociales nos educan sobre la diversidad de formas que la producción y la reproducción de la vida social puede adoptar. Nos ayudan a poner en tela de juicio rasgos que la economía académica da por sentados.

El polimorfismo de las termitas (gráfica 1.1) puede parecer irrelevante a menos que nos recuerde que no somos más monofórficos que ellas. Somos dimórficos, con variedades corporales masculina y femenina. A primera vista las diferencias entre las hembras y los machos humanos no nos parece tan grotesca, como la de las termitas. Pero en realidad sí que somos vivamente conscientes de esas ligeras diferencias que se imponen profundamente en nuestra división social del trabajo.

Todas las castas de termitas se hayan discapacitadas en cierto sentido: únicamente los soldados pueden defenderse a si mismo, solo vuelan las que tienen alas, solo las reinas ponen huevos y solo las obreras construyen. Sus formas implican que entre ellas el potencial abstracto de la división del trabajo sólo se realiza entre generaciones. Pero esto no se predica de los seres humanos que poseen cuerpos que permiten plena participación en todas las tareas sociales. Las mujeres poseen una flexibilidad que no tiene ninguna termita. Pueden efectuar cualquier trabajo humano. Pero al contrario que los insectos aprendemos como hacer nuestros trabajos mientras dura nuestra vida. El mayor desarrollo de la tecnología humana se debe a su capacidad de aprendizaje y a su habilidad para transmitir nuevas destrezas entre generaciones.
Se da la evolución tecnológica en otros animales. Las telarañas son una tecnología desarrollada a partir de redes-globulares, que parece ser que eran la forma primitiva en que se tejían. (Gráfica 1.2).

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Las más antiguas redes globulares conocidas a partir de los fósiles están datadas en el cretácico pero disponemos de fósiles de las propias arañas que tejían redes globulares del Jurásico. Parce que se dieron invenciones independientes en materia de tejido de redes desde entonces. Dimitrov et al. han razonado que las telarañas no tiene que obedecer las mismas limitaciones arquitectónicas que las redes globulares. Esto permite a las arañas emplear espacios donde no se pueden construir globos o son muy ineficaces para cazar a las presas. Sin duda es una mejora tecnológica, pero llevó millones de años. El conocimiento sobre cómo construir un nuevo tipo de red solo puede ser transmitido de una madre araña a su descendencia si está codificado en sus genes y ha sido adquirido mediante la selección natural. Pero cuando las mujeres comenzaron a desarrollar el tejido y la tecnología textil, tal vez alrededor del año 7.000 antes de cristo, pudieron transmitir cada mejora a sus hijas verbalmente y con ejemplos prácticos lo que llevó a un rápido desarrollo de las diferentes formas y tipos de tejido, el lino, la lana, etc.

Este tipo de transmisión de información cultural no es privativa de la especie humana. Desde los tiempos de Darwin se sabe que otros primates pueden emplear herramientas. Desde los estudios de Godall en Gombe hemos sabido que este empleo de herramientas puede ser una cultura local más que un rasgo universal. La capacidad de conformar distintas culturas técnicas es un rasgo primitivo de los primates, que simplemente está más desarrollado en los seres humanos. Nuestra mayor capacidad estriba en nuestra capacidad de emplear el lenguaje más que el mero ejemplo para educar a nuestros hijos. Nuestro desarrollo dinámico de la tecnología ha permitido a nuestra especie transformar completamente su modo de vida. No es una cuestión de cambios menores: como obtenemos nuestra comida, pasando de cazar al pastoreo, de recoger plantas salvajes a cultivar, etc. Es una cuestión de cambios en la división del trabajo y de las relaciones sociales que organizan la división del trabajo y el crecimiento de relaciones cada vez más complejas de dominación, subordinación y rebelión.

Vamos a examinar la forma en la que las tecnologías han estructurado la asignación de tiempo de trabajo; las relaciones sociales en cuyo marco se ha regulado la misma, las diferentes formas de explotación y la lucha por la libertad que han surgido como consecuencia de ellas. Vamos a tratar de forma relativamente sucinta la etapa anterior a la revolución industrial, pero analizaremos las relaciones sociales de forma cada vez más minuciosa cuando nos internemos en las estructuras dominantes de la economía mundial contemporánea.

La precondición de cualquier sociedad es la reproducción de la especie. Es la más básica, en la acepción de fundamental, rama de la división del trabajo. Pero es algo que en la sociedad contemporánea no se manifiesta como parte de la economía. Parece sencillamente “la vida familiar”, algo que es privado en vez de social. La sociedad mercantil capitalista no considera “económica” una actividad a menos que haya dinero por medio. Y sin embargo las actividades que se han llevado a cabo a cambio de dinero han constituido una pequeña fracción de la vida económica hasta hace poco, visto con perspectiva histórica. Incluso ahora, constituyen apenas la mitad de la vida económica. Si desdeñamos esa perspectiva históricamente estrecha de miras de que únicamente el trabajo retribuido es trabajo, es claro que el sexo, la crianza de los hijos, su alimentación y su socialización son el fundamento de la vida económica. Es una verdad trivial, que sin personas no habría economía, pero al decir que la reproducción humana es el fundamento de la vida económica estamos diciendo más que esto:

-La “Producción” de la siguiente generación lleva tiempo y esfuerzo, y la disponibilidad de tiempo y energía son las restricciones fundamentales a las que debe obedecer cualquier economía.

-La reproducción determina la población. Los cambios poblacionales pueden dirigir los cambios económicos y los cambios en las relaciones de poder. Y eso sigue tan vigente como siempre. Lo analizaremos en los últimos capítulos.

-El enfoque de la economía ortodoxa es individualista. Define el “problema económico” en términos de individuos maximizadores de placer. Cuando se toma la reproducción como punto de partida uno se centra en la sociedad como organismo. Este organismo tiene que poder reproducir sus propias condiciones de existencia: las personas, los recursos que utilizan y sus relaciones sociales. La materia que compone un organismo viviente cambia constantemente, las células mueren, se generan células nuevas, pero la estructura permanece. Lo mismo pasa con una sociedad. Sus células, individuos, cambian. Su materia, los edificios y herramientas, cambian. Ambos cambian siendo reproducidos y reemplazados.

Para cuidar y dar de mamar a un bebé una madre debe consumir suficiente energía para dos. La cantidad de energía disponible determina hasta qué grado es posible. Si el suministro de comida es bajo, por ejemplo, puede no tener suficiente energía para amamantar a gemelos, o para alimentar a un nuevo bebé y a un niño de dos años destetado. De modo que bajo estas circunstancias las madres deben regular su fertilidad y en ocasiones han llegado a practicar el infanticidio. Cargar con un bebé también consume energía, y con perspectiva histórica hace muy poco que ya no hay que hacerlo. Hasta que se inventó el tejido, que permitía que el bebé fuera atado a su espalda, había que llevar al bebé con un brazo. Esto significa que pierde la mitad de su capacidad para producir comida cuando tiene que llevar al niño. La supervivencia de este es probable entonces que dependa de la capacidad de la madre para obtener ayuda de otros, como abuelas, viejos parientes, parientes masculinos o socios que traigan comida o cuiden del niño. En esta cuestión, en la reproducción tenemos el fundamento de la cooperación social y de la división del trabajo. Cuando un niño ha sido destetado, tiene que comer alimentos sólidos ¿de dónde procederá esto?

La edad en la que puede destetarse a los niños depende del nivel tecnológico de la sociedad y de su forma de producir comida. En una sociedad agrícola la leche de los animales y las gachas elaboradas con cereales pueden servir para alimentar a los niños antes de que se halla desarrollado su dentadura. En una sociedad pre-agrícola no es posible así que el amamantamiento tiene que durar más. En la sociedad moderna la disponibilidad de leche especial y de biberones implica que el amamantamiento puede ser completamente eliminado: el moderno mercado laboral es implacable con las madres que quieren amamantar a sus hijos o estar de un lado a otro con su bebé cuando trabajan por un salario. Los niños, una vez que pueden empezar a corretear por ahí, comienzan inmediatamente a buscar y recoger comida ellos mismos. En la mayoría de las sociedades los niños componen una parte significativa de la mano de obra, pero no es hasta que son adolescentes cuando producen suficiente comida para alimentarse ellos mismos. Siguen constituyendo un gasto neto de energía para sus parientes adultos.

Tabla 1.1 División del trabajo en la mano de obra por edad y género.

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A partir del siglo XIX se ha ido eliminando la fuerza de trabajo infantil, y eso ha ejercido un gran impacto en la asignación del tiempo en la sociedad en su conjunto y en el trabajo de otros miembros de la familia. La fertilidad es el primer freno en la reproducción de la población. El siguiente es la mortalidad, en particular la mortalidad infantil. Reproducir una sociedad exige un nivel de fertilidad femenina suficiente para asegurar que en promedio al menos una hija sobrevive hasta que esté en edad de merecer. El número de hijos supervivientes es una restricción menor. En los seres humanos nacen unos 21 niños por cada 20 niñas. A primer avista pudiera parecer que el potencial reproductivo de la población iría mejor servido si las madres mataran selectivamente parte de su descendencia masculina, pero esto no parece ocurrir nunca. Existen ejemplos de sociedades donde se mata a las niñas recién nacidas. También se dan casos donde se mata a niños de ambos sexos. Pero matar selectivamente a niñas únicamente es posible en una sociedad con una esperanza de vida relativamente alta. Engels demostró que en una sociedad con una esperanza de vida al nacer entre 20 y 30 años, que era lo normal en el mundo hasta hace poco, cualquier nivel significativo de infanticidio de las hembras resultaría en un descenso de población porque no sobrevivirían suficientes mujeres para ser madres. Otros han argumentado que Engels partió de supuestos poco realistas sobre otras causas de muerte, y que la propia estabilidad de la población en el mundo antiguo puede explicarse por el infanticidio femenino. Aunque nacen más niños que niñas, esto puede compensarse con una tasa de mortalidad más elevada.

El tipo de trabajo que hacen es más probable que resulte en accidentes fatales y es más probable que mueran en la guerra.

Dejando al margen el asesinato deliberado de bebes o la muerte en la guerra, las principales restricciones para que la gente sobreviva hasta que puedan tener sus propios hijos han sido el hambre y las enfermedades. La propia enfermedad es un fenómeno social. Las enfermedades tienen que transmitirse de persona a persona, de modo que su vigencia depende de una cierta densidad de población y de un cierto grado de vinculación entre la misma. Las poblaciones pequeñas y aisladas no permiten sobrevivir a los gérmenes portadores de la enfermedad. A medida que aumenta la densidad de población y aumenta el viaje y el comercio, las plagas epidémicas se convierten en un gran peligro. Tienen que propagarse al principio por cualquier clase de animal en el que el germen o virus tenga su acomodo. De modo que el germen que causó la Muerte Negra pasó a los humanos de las marmotas de las llanuras de Mongolia, las diversas variantes de gripe de cerdos domesticados y patos.

De forma que para que esto sea un peligro tienes que haber avanzado hasta la etapa de la domesticación de animales y que exista densidad de población suficiente para que la epidemia se propague. Parece que los animales que pueden difundir enfermedades se han concentrado en África y Eurasia, ya que en las poblaciones anteriormente aisladas de las Américas que nunca habían sido expuestas a los gérmenes del llamado Viejo Mundo el efecto del contacto con los europeos fue catastrófico. Pueblos enteros fueron barridos del mapa por la presión de las enfermedades. Pero los colapsos poblacionales debidos a las plagas son catástrofes episódicas. El freno más permanente y acuciante es la comida. La capacidad humana para expandir su población en ausencia de restricciones alimentarias es enorme. Dickeman analizó diferentes estimaciones de esto a partir de poblaciones que se habían asentado en islas anteriormente deshabitadas y halló que la cifra de población podía triplicarse cada 30 años. Se trataba de poblaciones agrícolas de subsistencia que se asentaban en islas llevando consigo técnicas agrícolas y variedades de cultivo ya desarrolladas, pero da una idea de lo rápido que puede ir esto. Si las poblaciones por regla general no crecen a ese ritmo suele deberse a que en cierto sentido han alcanzado la capacidad máxima que permite el entorno, dada la tecnología de la que disponen en ese momento. Una menor disponibilidad de alimento aumenta la mortalidad e induce a las personas a limitar su población. De forma que la producción de alimentos es el proceso más urgente y por lo tanto en el corto plazo el proceso de producción más importante.
En el capítulo siguiente analizaremos los principales desenvolvimientos históricos en la producción de alimentos y las implicaciones existentes para la estructura general de la sociedad.

Después de los alimentos la segunda necesidad primaria es el vestido. Somos una especie tropical originalmente que ha emigrado a todas las zonas climáticas del planeta. Al carecer de la piel normal en los mamíferos, nuestra penetración en esas zonas ha venido dependiendo de la capacidad de fabricar un subrogado en forma de vestimenta. La importancia de mantener el calor corporal es tan alta, que los seres humanos siempre se han mostrado muy dispuestos a consagrar a ello una enorme cantidad de esfuerzo. La manufactura de hilo y ropa fue, durante milenios, la actividad laboral más intensiva en mano de obra en las economías humanas. Las transformaciones en la técnica textil, la invención de las hilanderías movidas por vapor, fueron fundamentales en la instauración de la sociedad capitalista moderna.

No puede existir actividad ni transformación de la naturaleza sin una fuente de energía. Los músculos aportaron nuestros primeros motores, y los alimentos nuestra primera fuente de energía. Después llegó el fuego. El uso de herramientas no es privativo de los seres humanos, ni siquiera que se aprenda a usar herramientas. Otros primates e incluso algunos pájaros pueden hacerlo. Pero la manipulación y el uso del fuego es lo que hace excepcional a nuestra especie. Aporta calor, permite cocinar los alimentos, iluminación y defensa frente a los animales feroces y lleva con nosotros desde hace 400.000 años, y alguno sugieren que puede que incluso antes. Con independencia de la fecha de su uso más temprano, el fuego permite acceder a recursos alimentarios que de otro modo serían indigeribles. Permite que la gente viva en climas helados gran parte del año. Permite procesar los materiales: al principio sencillamente endurecer las herramientas de madera, pero después la cerámica, los metales, el vidrio y otros procesos químicos desencadenados por el calor.

La adquisición de combustible durante cientos de miles de años ha absorbido gran parte del esfuerzo humano.

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Adesso anche da noi si va dicendo, in ossequio a quanto hanno descritto Proudhon e un ebreuccio tedesco del quale non ricordo il nome, che la colpa del cattivo stato delle cose, qui ed altrove, è del feudalismo; mia cioè, per così dire. Sarà. Ma il feudalismo c’è stato dappertutto, le invasioni straniere pure. Non credo che i suoi antenati, Chevalley, o gli squires inglesi o i signori francesi governassero meglio dei Salina. I risultati intanto sono diversi. La ragione della diversità deve trovarsi in quel senso di superiorità che barbaglia in ogni occhio siciliano, che noi stessi chiamiamo fierezza, che in realtà è cecità. Per ora, per molto tempo, non c’è niente da fare»”.


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Mié Jul 19, 2017 3:20 pm 
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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Mié Jul 19, 2017 3:48 pm 
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El bueno de Paul me dijo que había comunicado a monthly review que retenía los derechos sobre las traducciones y que adelante. Va a costar porque es largo pero mi humilde impresión es que es como el Capital actualizado y con la ventaja de que no lo ha escrito un alemán, lo cual redunda en una mayor claridad.

A ver si se puede publicar. De todas formas los camaradas que pilotan o son vagos o están muy ocupados. El libro de Shaikh es imprescindible y ya debería estar traducido.

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Adesso anche da noi si va dicendo, in ossequio a quanto hanno descritto Proudhon e un ebreuccio tedesco del quale non ricordo il nome, che la colpa del cattivo stato delle cose, qui ed altrove, è del feudalismo; mia cioè, per così dire. Sarà. Ma il feudalismo c’è stato dappertutto, le invasioni straniere pure. Non credo che i suoi antenati, Chevalley, o gli squires inglesi o i signori francesi governassero meglio dei Salina. I risultati intanto sono diversi. La ragione della diversità deve trovarsi in quel senso di superiorità che barbaglia in ogni occhio siciliano, che noi stessi chiamiamo fierezza, che in realtà è cecità. Per ora, per molto tempo, non c’è niente da fare»”.


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Mié Jul 19, 2017 3:52 pm 
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No tenía ni puta idea por cierto de que las termitas incluso "cultivan" hongos. Flipante. No se si es muy buena analogía para empezar, porque francamente, a quien le molaria ser una termita?

Ya me imagino, creo, que lo que quiere es recalcar el enfoque de la economia considerando el organismo social que reproduce sus condiciones de existencia, frente al enfoque individualista convencional.

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Adesso anche da noi si va dicendo, in ossequio a quanto hanno descritto Proudhon e un ebreuccio tedesco del quale non ricordo il nome, che la colpa del cattivo stato delle cose, qui ed altrove, è del feudalismo; mia cioè, per così dire. Sarà. Ma il feudalismo c’è stato dappertutto, le invasioni straniere pure. Non credo che i suoi antenati, Chevalley, o gli squires inglesi o i signori francesi governassero meglio dei Salina. I risultati intanto sono diversi. La ragione della diversità deve trovarsi in quel senso di superiorità che barbaglia in ogni occhio siciliano, che noi stessi chiamiamo fierezza, che in realtà è cecità. Per ora, per molto tempo, non c’è niente da fare»”.


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Jue Jul 20, 2017 12:33 am 
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Las termitas cultivan hongos, las hormigas pastorean pulgones, ambas construyen puentes bastante bien... el ser humano no es que sea tan único y especial, lo que pasa es que tenemos un tamaño que nos permite ser algo más espectaculares (el programa espacial de las hormigas sería algo digno de verse si lo hubiera, eso sí)

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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Jue Jul 20, 2017 12:36 am 
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Con el pesimismo de la razón pero sin el optimismo de la voluntad.
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No es sólo el tamaño, sino también y sobre todo la inteligencia.

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"Negar el derecho a la autodeterminación, o a la separación, significa indefectiblemente, en la práctica, apoyar los privilegios de la nación dominante". El derecho de las naciones a la autodeterminación, Lenin (1914).


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Jue Jul 20, 2017 2:37 am 
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Ricardo Mella escribió:
No es sólo el tamaño, sino también y sobre todo la inteligencia.


Una especie que construye a la escala en que lo hacen termitas y hormigas y con una sociedad tan compleja, incluyendo la explotacion deliberada y "planificada" de recursos naturales y la division del trabajo, no es precisamente poco inteligente. Puede no serlo de una manera inmediatamente reconocible (no somos capaces de apreciar si tienen arte, por ejemplo), pero desde luego que ahi hay una inteligencia.

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NotaPublicado: Jue Jul 20, 2017 7:23 am 
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Quien tiene foros de internet o tuiter? Nosotros o las termitas?

Score one for the humankind.

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NotaPublicado: Jue Jul 20, 2017 7:41 am 
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Manuel H escribió:
Ricardo Mella escribió:
No es sólo el tamaño, sino también y sobre todo la inteligencia.


Una especie que construye a la escala en que lo hacen termitas y hormigas y con una sociedad tan compleja, incluyendo la explotacion deliberada y "planificada" de recursos naturales y la division del trabajo, no es precisamente poco inteligente. Puede no serlo de una manera inmediatamente reconocible (no somos capaces de apreciar si tienen arte, por ejemplo), pero desde luego que ahi hay una inteligencia.

No digo que las hormigas no tengan inteligencia, digo que la inteligencia de los humanos es mayor.

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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Jue Jul 20, 2017 9:27 am 
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Al principio había que recoger madera o excrementos animales. Con posterioridad fue posible extraer combustibles fósiles, y dicha actividad sigue constituyendo una gran parte de nuestra actividad económica. Después del fuego sobrevino el control de la energía en general: los músculos de los animales de tiro, el viento en las velas y después los molinos de viento, la potencia del agua que desciende y ahora la energía de los átomos o del Sol. La cantidad de energía que se halla bajo el control de los seres humanos determina la escala de nuestra transformación de la naturaleza y la productividad de nuestros esfuerzos cotidianos. Al monopolizar las fuentes de energía los individuos, las empresas y los estados pueden dominar a otros. Nos hemos mantenido calientes empleando el fuego y los vestidos pero para permanecer secos y tener sombra necesitamos vivienda. Esto implicó la construcción y el mantenimiento de hogares y el duro trabajo necesario para ello. Una vez que las personas disfrutaron de casas permanentes, el trabajo de amos de casa, limpiar y el mantenimiento, se hace imprescindible. Si se es un nómada esto no es necesario, pero cuando uno se asienta debe ser metódico y ordenado, eliminar los residuos y llevar combustible y agua a la vivienda. Las viviendas pueden necesitar varios años de distintas personas para su construcción. Si se construyen a lo largo de una o más generaciones la existencia de esos hogares debe tener respaldo de unas relaciones sociales adecuadas. Estas pueden implicar un trabajo comunitario como las “casas largas” de los iroqueses o los Iban de Borneo, en cuyo caso implica un sistema social basado en clanes. Si las viviendas son más pequeñas y los asentamientos se organizan de forma territorial más que basada en el linaje, toda familia posee su propia vivienda que construye y mantiene. Una vez que se alzan las ciudades, el coste temporal de construir casas que ahora muchas veces son de varios pisos, implica que la titularidad ya no es de las familias con tanta frecuencia. Surge una clase de caseros o más tarde los bancos o el propio estado son los propietarios efectivos. La gran masa de la población está sometida a pagar alquiler a los dueños finales de las casas.

La construcción de viviendas es un medio de modificar el entorno: localmente. Pero como la sociedad humana ha adelantado mucho ha cambiado el entorno ambiental en mucha mayor medida. Ha reestructurado los ecosistemas en los que vive la gente, reemplazando a los animales salvajes con animales domésticos, los bosques por los campos de cultivo, ha redirigido los cursos de los ríos y ha modificado la composición de la atmósfera. Estas modificaciones a su vez ejercen un impacto en el sistema social en el que vivimos.

Cualquier economía depende de la información. La información es exigible tanto al nivel de la producción física como al nivel de la coordinación económica. Al nivel de la producción, es exigible poseer información sobre los procesos productivos de los bienes y servicios. Una vez que se conoce una nueva destreza, método o invención, la información puede diseminarse con gran celeridad, cambiando por completo la forma en la que la gente hace las cosas. Esta es información que se transmite entre la gente, primero en forma oral y después en textos escritos. La información también pide que sea “en forma” es decir, que de forma a las cosas. La información de un edificio puede hallarse prefigurada en el croquis de un arquitecto. La información para el libro puede estar prefigurada en un manuscrito original. La información sobre un vehículo puede pre existir en las formas de los tubos de escape, y en las máquinas herramienta de las cadenas de montaje. A dichas etapas diferentes de incorporación de la información corresponden fases diferentes en la división y subordinación del trabajo. A un nivel macroeconómico se necesita información para coordinar la producción: en el caso de los incas, registros fiscales en arcilla, los quipu, la correspondencia comercial en papel, la información codificada en los precios y en los salarios. Nuevamente todo ello formará parte de nuestro análisis de las diferentes formas sociales de producción.
El problema de la forma en la que los procesos acaban adoptando una forma estable y recurrente está muy extendido en el ámbito científico. Ha sido un tema que ha preocupado muchas veces a los biólogos y bioquímicos que estudian el origen de la vida. Tienen que explicar de qué forma, frente al aparente predominio de las leyes de la termodinámica que prevén un gran desorden, de hecho vemos estructuras increíblemente ordenadas; incluyéndonos a nosotros mismos.

Tanto Dawkins como Kauffman han contribuido con sus estudios a la posibilidad de conceptualizar la estabilidad de procesos metódicos. Su argumento fundamental es que los rasgos se estabilizan si su existencia en un momento del tiempo tn incrementa la probabilidad de su existencia en un tiempo tn + 1- Pero esta probabilidad es una probabilidad condicional, pues depende de los rasgos que se insertan en lo que Kauffman denomina redes de trabajo autocatalíticas. Son redes originalmente conceptualizadas en términos de síntesis de polímeros, cada uno de cuyos componentes, cuando esta presente, aumenta la probabilidad de la subsistencia de esa red funcional. Una llama o una célula son una de esas redes funcionales autocatalíticas. Una célula es una colección de polímeros: enzimas, lípidos y ácidos nucleicos que, en presencia de una fuente de energía externa se mantendrán a sí mismos y tal vez crezcan. Las diferentes enzimas colaboran para sintetizarse entre sí. Las células actuales dependen del ADN, pero en una época más temprana redes funcionales más primitivas y auto-subsistentes deben haber existido, y fueron la base a partir de la cual evolucionaron las células. Esas redes funcionales, en ausencia de la influencia rectora del ADN hubieran fiado exclusivamente de la reacción enzimática.

Esos conceptos pueden aplicarse a los diversos modos de producción y en concreto a aquellos, como el capitalismo, que se desarrollan sin una influencia rectora bien definida. Emplearemos estos conceptos de forma explícita o implícita en nuestro análisis de los diferentes modos de producción y a las formas sociales que suscitan.

FIN DEL CAPÍTULO PRIMERO.

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Adesso anche da noi si va dicendo, in ossequio a quanto hanno descritto Proudhon e un ebreuccio tedesco del quale non ricordo il nome, che la colpa del cattivo stato delle cose, qui ed altrove, è del feudalismo; mia cioè, per così dire. Sarà. Ma il feudalismo c’è stato dappertutto, le invasioni straniere pure. Non credo che i suoi antenati, Chevalley, o gli squires inglesi o i signori francesi governassero meglio dei Salina. I risultati intanto sono diversi. La ragione della diversità deve trovarsi in quel senso di superiorità che barbaglia in ogni occhio siciliano, che noi stessi chiamiamo fierezza, che in realtà è cecità. Per ora, per molto tempo, non c’è niente da fare»”.


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NotaPublicado: Mar Jul 25, 2017 8:01 pm 
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Capítulo Segundo.

La economía anterior a la sociedad de clases.

El fundador de la Economía Política en la era de la Ilustración, Adam Smith, afirmó que el desarrollo social humano pasó de las naciones de cazadores, a las naciones de pastores, a las naciones de agricultores. Esta última categoría representaba el mundo civilizado del siglo XVIII cuando todas las naciones civilizadas estaban compuestas en su inmensa mayoría por agricultores. Aunque se presenta como una secuencia ascendiente, y por lo tanto como una serie de etapas, estas formas sociales pudieron coexistir, y así lo hicieron, en diferentes regiones del mundo. La clave del materialismo dialéctico aplicado a la historia es buscar la explicación de las instituciones sociales en los mecanismos mediante los cuales las sociedades satisfacen sus propias necesidades.

Esta perspectiva de la historia económica fue brevemente resumida originalmente por Marx y fue refinada por Engels y Hunt y después por Marx junto con Engels en una serie más compleja de formas sociales: el “salvajismo” (equivalente a las naciones de cazadores de Smith), el barbarismo, la sociedad esclavista, el feudalismo, la producción simple de mercancías y el capitalismo, que se presentaban como diferentes etapas históricas. El enfoque que aquí adoptaremos sigue de cerca el de Smith y Engels, si bien se actualiza a la luz de la experiencia histórica y los abundantes trabajos históricos publicados desde la época en que vivieron.

Es importante señalar que mientras que estas formas de sociedad pueden poseer un orden en términos de su manifestación histórica más temprana, en cualquier momento dado, pueden coexistir varias de estas formas diferentes. Estas formas se relacionarán tanto a escala global como incluso a veces dentro de un único país. Por ejemplo EEUU en 1850 conjugaba el modo de producción esclavista, la pequeña producción mercantil y la industria capitalista en un único país, algo que acabó resultando en una mezcla explosiva.

En este capítulo y en los siguientes plantearemos un breve bosquejo de todas las combinaciones más características de la tecnología y de las relaciones sociales de producción en los principales tipos históricos existentes de sociedades: grupos de cazadores-recolectores, tribus nómadas, comunidades agrícolas tempranas, economías esclavistas, economías dominadas por terratenientes, economías capitalistas y economías socialistas industriales. En los últimos capítulos analizaremos con mucho mayor detalle la estructura económica de la economía socialista y capitalista ya que son mucho más relevantes para nuestro siglo. Las formas más tempranas aportan un grado de perspectiva histórica sobre las más recientes.

2.1 La Revolución Neolítica.

El mayor paso revolucionario en el desarrollo humano es el que separa la caza y la recolección de todas las formas subsiguientes, ya que el desarrollo de la agricultura y el pastoreo y la domesticación de animales exigen que la humanidad descienda a un nivel trófico inferior. Para cualquier ecosistema en la superficie del mundo la fuente de energía primaria es la luz solar. Los productores primarios, las plantas y las algas, recogen la luz solar y la emplean para fijar el CO2 para producir azúcares y otros carbohidratos. Los organismos vivos también exigen nitrógeno fijado para fabricar las proteínas con las que se hacen las enzimas y la mayor parte de los tejidos animales. Este nitrógeno fijo proviene, en entornos naturales, sobre todo de bacterias especializadas, manteniendo algunas de ellas una relación simbiótica con la plantas. Los carbohidratos y las proteínas elaboradas por las plantas constituyen el fundamento del ecosistema, el nivel trófico más inferior. Es en este nivel básico en el que se produce el mayor flujo de material orgánico. Los organismos en este nivel son autótrofos, es decir que se alimentan a sí mismos.

Por encima de este nivel nos encontramos con los heterótrofos, organismos que obtienen su alimento de otros organismos. Los animales, los hongos y las bacterias son heterótrofos. El proceso de buscar la alimentación en organismos ajenos es un proceso ineficaz. Únicamente una décima parte de la energía química de los alimentos se convierte en material para la construcción del propio cuerpo del animal. De modo que si las plantas están en el nivel trófico primero, los animales herbívoros en el nivel trófico 2 y los carnívoros que se zampan a estos herbívoros están en el nivel trófico 3. En los entornos marinos pueden existir varios niveles tróficos adicionales: los Zooplancton que comen fitoplancton, que a su vez come el pescado, que a su vez comen las focas que a su vez se comen los osos y las personas. Una población de cazadores recolectores vive en los niveles tróficos superiores: 3 o superiores.

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Pueden recolectar ciertas verduras cuando el clima lo consiente, pero el sistema digestivo humano no permite que comamos cualquier tipo de planta. En un ecosistema natural únicamente una pequeña parte de la biomasa vegetal se puede comer: sobre todo fruta y tubérculos. Y muchos tubérculos no se pueden digerir a menos que sean guisados, de modo que el dominio del fuego debió haber sido un salto tecnológico clave para propagar los recursos alimentarios. Una población de cazadores tiene igualmente que competir con otros depredadores ápice como los lobos y los osos por las presas disponibles, de modo que los humanos solo disponen de una parte de los recursos biológicos en el ápice. La pena que hay que pagar por vivir en el nivel trófico más elevado es que únicamente es posible una baja densidad de población. Y esto a su vez limita en tamaño y la complejidad de los grupos sociales. Las poblaciones de cazadores pueden asentarse y construir pequeñas colonias si viven en algún lugar con abundantes recursos de pesca o al lado de lagos donde las presas tienen que ir para beber. Pero los lugares de asentamiento no pueden ser tan grandes como los que ocupan sociedades agrícolas. No disponemos de información ni somos expertos como para pronunciarnos sobre las relaciones sociales de los cazadores de la edad de piedra, pero en las más cercanas sociedades cazadoras recolectoras de África se han efectuado detallados estudios de los antropólogos. Woodburn argumenta que si bien las sociedades de cazadores recolectores no son tan igualitarias, todas las sociedades igualitarias que se han estudiados han sido de cazadores recolectores. Para que una sociedad de cazadores recolectores sea muy igualitaria, razona, el nomadismo es esencial. Debe existir lo que llama sociedades de retorno inmediato donde la gente va a cazar y recolectar y se come la comida que obtiene en el mismo día. No hay productos que se puedan acarrear o trabajo que produzca un retorno después de un tiempo significativo: barcos, empalizadas, pozos, trampas.

Tampoco hay almacenes de comida en los edificios. No se depende de plantas salvajes comestibles que reciben la atención de competidores selectivos que se hacen con ellas. No existen activos en forma de mujeres que son posesión de los hombres y se intercambian por medio de sistemas matrimoniales. En las sociedades igualitarias de cazadores recolectores la gente entra y sale a voluntad de los diferentes grupos nómadas, socavando la instauración de estructuras autoritarias.

Las sociedades cazadoras también poseen acceso universal a medios de ejercer la violencia. Las armas para cazar a los animales también pueden matar con facilidad a otras personas. Cualquier hombre que intente dominar a otro puede temer razonablemente sufrir una emboscada y ser asesinado el mismo.

También existe un acceso universal a los alimentos, al efecto de una división social del trabajo. Cualquier hombre puede ir a cazar y alimentarse si así lo desea. Por supuesto en la práctica la gente comparte la comida, pero no se ven obligados a ello. Un hombre puede esperar poder alimentarse a sí mismo con bayas y caza. Una mujer comerá la mayor parte de lo que recoja allí mismo, y sólo la comida que supone un excedente para sus necesidades personales se intercambia entre los sexos. Esta interdependencia personal impide la construcción de la autoridad, incluyendo de la autoridad inter-generacional. Tan pronto como son capaces físicamente, los jóvenes pueden cazar o recolectar por sí solos. Los padres no ejercen control sobre la comida almacenada, el ganado, etc, y por ello no pueden ejercer autoridad sobre sus hijos.

Compartir los recursos está a la orden del día. Cuando un animal es demasiado grande para que una persona se lo coma, se divide entre la banda. Puede haber protocolos y una persona especializada que no sea el cazador sea el que corte las piezas de la presa y las distribuya. Estos protocolos implican que un cazador particularmente ducho acabará contribuyendo con más carne de la que recibe de otros. Además existe una distribución adicional de la comida por medio del juego. Woodburn señala que entre los Hadza, que estudió, los hombres pasaban más tiempo jugando que cazando. Había bienes básicos que no podían ser objeto de juego, como los arcos y las flechas de madera. Bastan para que una persona pueda sobrevivir. Pero herramientas más complicadas como flechas envenenadas se apostaban en juegos de azar. Esto evitaba que alguien acumulara demasiadas posesiones.

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Adesso anche da noi si va dicendo, in ossequio a quanto hanno descritto Proudhon e un ebreuccio tedesco del quale non ricordo il nome, che la colpa del cattivo stato delle cose, qui ed altrove, è del feudalismo; mia cioè, per così dire. Sarà. Ma il feudalismo c’è stato dappertutto, le invasioni straniere pure. Non credo che i suoi antenati, Chevalley, o gli squires inglesi o i signori francesi governassero meglio dei Salina. I risultati intanto sono diversi. La ragione della diversità deve trovarsi in quel senso di superiorità che barbaglia in ogni occhio siciliano, che noi stessi chiamiamo fierezza, che in realtà è cecità. Per ora, per molto tempo, non c’è niente da fare»”.


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NotaPublicado: Mar Ago 15, 2017 10:24 am 
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Tomadas en su conjunto, estas características evitaban la constitución de relaciones sociales basadas en la propiedad privada como medio para ejercer la dominación social. Las autoridades modernas opinan que los cazadores recolectores en zonas abundantes en recursos trabajaban menos horas al día que en las sociedades agrícolas posteriores:

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Podría defenderse muy bien que los cazadores recolectores trabajaban menos que nosotros; y que, en vez de suponer una tarea continua y rutinaria, la búsqueda de alimentos es intermitente, el tiempo libre abundante, y se duerme más per cápita anualmente que en cualquier otra condición de la sociedad. La conclusión más patente e inmediata es que la gente no trabaja con mucha intensidad. La duración promedio del tiempo por persona y día que se destina a la apropiación y preparación de los alimentos era cuatro o cinco horas. Además, no trabajaban de forma continua. La búsqueda de la subsistencia poseía rasgos de intermitencia. Cesaría en un momento dado cuando se pudiera subvenir a las necesidades durante un tiempo, lo que les dejaba mucho tiempo libre”. (322)

Entre los bosquimanos! Kung Sahlins informa de que la jornada laboral promedio era incluso más breve: entre dos y tres horas para obtener comida. Una mujer podía recolectar suficiente comida para tres días con un día de forrajeo. En los días en que no se iba de forrajeo, las rutinas de preparación de alimentos no llevaban más que dos o tres horas. De modo que teniendo en cuenta el hecho de que en las sociedades cazadoras recolectoras se podía sobrevivir con una jornada de trabajo breve, el problema suscitado es qué problemas llevaron al surgimiento de la agricultura y el sedentarismo.

“Cuando se reflexiona sobre el hecho de que las técnicas de cultivo son gravosas en términos de tiempo, lo que implica que los cazadores recolectores, refutando la común creencia, trabajaban menos que los primeros granjeros, y que la transición a la agricultura no supuso un aumento notable, si es que supuso algún aumento, en el nivel de vida, que las comunidades se pusieran a cultivar de mala gana no debe sorprendernos mucho”. (375)

Las cifras que Hawkes et alia presentan para los hadza son más importantes que las estimaciones de Sahlins sobre los Kung. Los cálculos de Sahlins supondrían un máximo de 24 horas de trabajo a la semana, con la implicación de que el promedio sería bastante menor, y la Tabla 2.1 muestra que el mínimo de tiempo invertido por cualquier grupo superior a 14 personas era de 42 horas por semana, y que para los jóvenes y las ancianas el total era de más o menos 50 horas. Con todo es menos que el tiempo invertido por las mujeres en ciertas sociedades agrícolas (Tabla 2.2)

Después de analizar un gran número de estudios Cohen (78) llega a la conclusión de que en términos de producción calórica por hora de trabajo insumida, la caza y la agricultura pueden compararse. El último periodo cazador recolector en Eurasia es conocido como el periodo mesolítico. El proceso de transición a una Sociedad agrícola es conocido como la revolución neolítica.


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Economía periodizada:

Caza nómada del paleolítico: a partir de 2,5 millones de años antes de Cristo.
Caza y pesca sedentarias del mesolítico, a partir de 12.000 años antes de Cristo.
Agricultura neolítica y pastoreo: a partir del año 8000 antes de Cristo.

El elenco de tecnologías disponible en los pueblos mesolíticos puede ser enunciada del siguiente modo:

-Madera, hueso, herramientas de piedra tallada.
-El fuego.
-Cuerdas, redes.
-Agujas, utensilios de cuero y ropajes.
-Construcción de pequeñas chozas temporales de madera, piel o una incipiente albañilería con embadurnes.
-Troncos y otras embarcaciones.

Este elenco tecnológico indujo a la división del trabajo que puede observarse en la Tabla 2.3. El mesolítico parece haber sido una etapa de transición entre una sociedad nómada cazadora recolectora y una sociedad agrícola sedentaria. Durante el mesolítico se establecieron comunidades fijas en ámbitos particularmente ricos en caza o pescado. Se comenzaron a construir medios de producción duraderos como barcos. Según Woodburn este tipo de sociedad cazadora recolectora ya no es tan igualitaria como la rigurosamente nómada. Aún no puede observarse una nítida división en clases sociales pero sí una cierta desigualdad entre hombres y mujeres y entre los padres y su descendencia. El hábito de vivir en comunidades asentadas puede haber impulsado muy bien el proceso de transición a la agricultura. La gente que vive de forma continuada en un lugar completo puede cosechar repetidamente los mismos cereales salvajes y aprender de forma gradual a mejorar su rendimiento eliminando de forma selectiva las plantas que compiten con tales cereales. Los cereales que se secan al sol no se echan a perder, de modo que la costumbre de quedarse con las semillas en vez de comérselas inmediatamente prepararía a las personas para la disciplina que necesitan los granjeros para no comerse inmediatamente las semillas de los cereales.

Para que pueda cosecharse el cereal debe tener espigas que queden intactas después de que maduren las semillas. Las hierbas salvajes tienden a dejar caer sus semillas en cuando maduran. Si eso es lo que pasa caerán al suelo en el momento en que se trate de cortarlas, haciendo que la recolección se más dura. Cuando la gente siembra las semillas de forma deliberada, mantener las semillas en la espiga se convierte en un rasgo de supervivencia en el cereal. Los humanos cosecharían de forma selectiva las espigas completas y mantendrían seguras las semillas hasta que volvieran a plantarse. Lo que había sido antaño una mutación perjudicial era un proceso que se fomentaba.

¿Pero si el trabajo agrícola es bastante más duro que la caza, por qué la gente se tomó la molestia? No es una cuestión de descubrimiento. Cohen sostiene que los principios de la domesticación eran bien comprendidos. Todos los cazadores recolectores, que no tenían cerebros inferiores a los nuestros, habían observado que las plantas salen de las semillas. El problema es tener un acicate para preocuparse de las semillas.

Weisdorf (375) argumentó que fue el surgimiento de especialistas que no producían comida lo que hizo que valiera la pena pasa a la agricultura. Razonaba que lleva tiempo aprender nuevas destrezas. Puede que no valga la pena trabajar más horas para conseguir comida cuando es más fácil conseguirla cazando, pero puede valer la pena trabajar más tiempo para obtener ropa, zapatos o herramientas confeccionadas por los trabajadores más hábiles. Según él, este fue el incentivo que llevó a una economía en la que una minoría de granjeros sedentarios podía sustentar a una minoría de artesanos hábiles. Pero este argumento tiene el problema de que puede caer en una petición de principio. La población de trabajadores cualificados necesita la condición necesaria de un excedente agrícola para sustentarlos. ¿Pero si aún no existen, como pueden las personas ansiar unos bienes que van a producir? También supone que los cazadores recolectores reconocerían las ventajas de poseer bienes más duraderos frente a la pérdida de libertad que conllevaba la vida sedentaria, pero las observaciones de estos grupos de personas no ofrecen respaldo a este punto de vista.

Si ya existían estos especialistas en el mesolítico, esto permitiría que la gente experimentara atracción por los bienes que podían producir, pero eso implicaría que era posible que una sociedad de cazadores recolectores pudiera mantenerlos. Si la caza y la recolección permitían que se obtuviera comida con menos esfuerzo, hubiera sido mucho más fácil sustentar a los especialistas con la caza en vez de pasar a la agricultura. ¿Si la caza y la pesca han dado resultado durante millones de años, por qué cambiar súbitamente a un modo de vida completamente distinto?

Hasta hace únicamente 10.000 años todo el mundo vivía de la caza y la recolección de frutos presentes en la naturaleza salvaje. Sólo hace 2.000 años la mayoría de la población mundial vivía de la agricultura. En 8.000 años, en cuatro masas continentales la gente pasó a la vida agrícola. Únicamente en Australia, donde es posible que no existieran precursores apropiados en estado salvaje de los cereales, no se desarrolló la agricultura. (EN OPINION DE COOK VIVIAN DE PUTA MADRE O POR LO MENOS PASABAN DE LOS BIENES QUE LOS EUROPEOS LES OFRECIAN EN CAMBIO)

Lo notable del asunto no es únicamente un desarrollo tan veloz en términos históricos, sino que la agricultura se desarrollara de forma independiente y con diferentes cereales básicos en lugares tan diferentes. La transición en términos geológicos empezó hace nada, tras el fin de la primera edad de hielo. Eso naturalmente ha llevado a los estudiosos a pensar que el cambio climático tuvo algo que ver con ello. Sin embargo hay que tener en cuenta que desde que los humanos evolucionaron y adquirieron cerebros de gran complejidad se habían dado varias edades de hielo. ¿Por qué fue únicamente esta última la que sirvió de detonante para la diseminación de la agricultura por todo el mundo, y las otras no?

Una teoría alternativa considera que el cambio fue debido a la presión poblacional. (78) El argumento es que la clave de la agricultura es que permite mantener a más personas por kilómetro cuadrado, consecuencia de un descenso en el nivel trófico y también consecuencia de la necesidad de asegurar que los cereales son la especie dominante entre las plantas del área cultivada. La razón es que la población debido a la mejora de la tecnología utilizada para la caza, había crecido hasta el punto de que estaba afectando al ecosistema y reduciendo la caza disponible. La escasez de comida resultante incentivó a la gente a aprovechar la oportunidad de cultivar varias plantas que anteriormente se encontraban en estado salvaje.

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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Vie Ago 18, 2017 4:03 pm 
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Con dicho proceso se emprendió el camino a un nuevo modo de producción que por un lado era más intensivo en trabajo que la caza, pero que por otro lado era más productivo en términos de output por kilómetro cuadrado. Este paso a la agricultura permitió un mayor crecimiento de la población que acabó para siempre con la posibilidad de un regreso general a un modo de existencia basado en la caza.

Sabemos que hay pruebas considerables de que las poblaciones cazadoras-recolectoras fueron responsables de la extinción de buena parte de la megafauna en distintas partes del mundo, especialmente cuando los cazadores se internaban en nuevos espacios en los que no habían vivido seres humanos hasta entonces (44) (265). Esto fenómeno parece haber sucedido por primera vez en Australia hace 45.000 años y en las Américas hace 12.000 años. Una vez que el pueblo Clovis llegó a América del Norte desde Siberia con sus tecnológicamente avanzadas jabalinas de piedra aguzada, barrieron por lo que parece las Américas como una guerra relámpago extinguiendo la megafauna a su paso. (152) La extinción de la megafauna del norte de Eurasia tardó más pero concluyó más o menos en la misma época que en las Américas. La extinción de esos animales puede, con la excepción de Australia, haber desencadenado la transición a un estilo de vida mesolítico más sedentario fundado en la recolección más intensiva de los recursos en estado salvaje que quedaban.

La exclusión de la posibilidad de escapar a la presión poblacional emigrando a zonas menos habitadas podría haber intensificado aún más el incentivo para desarrollar nuevas fuentes de alimentos. Desde este punto de vista fue la sobre-explotación de los recursos existentes en relación con el tamaño de la población lo que indujo a la variación del modo de producción. Cuando finalizó la transición al cultivo y después a la domesticación de animales la densidad de población creció lo bastante como para consentir la formación de pequeñas ciudades o de aldeas de cierta dimensión, aunque el diseño de esos asentamientos tempranos como Aşıklı Höyük (8.500 antes de Cristo) o Çatalhöyük (del 7.500 al 6.000 antes de Cristo) no se parecía mucho a las ciudades y pueblos que conocemos ahora. Los asentamientos consentían en edificios tan juntos que no había calles entre ellos y las casas carecían de puertas, llevándose por lo visto a cabo el acceso a las mismas por medio de tejados planos con escaleras que llevaban a las habitaciones (107) como se muestra en la gráfica 2.3. Esos asentamientos parecen haber tenido rasgos igualitarios sin que se aprecie claramente distinción alguna entre el tamaño de las casas y ningún vestigio de templos. Los asentamientos tampoco están fortificados.

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El pueblo empleaba aún herramientas de piedraa, y en los estadios (así te mola más, borjamari) más tempranos carecían de cerámica, aunque esta técnica se desarrolló en el neolítico tardío. La subsistencia se basaba en una mezcolanza de domesticación de plantas y recolección de plantas en estado salvaje. Las ovejas salvajes al principio eran objeto de pastoreo, pero en la época de Çatalhöyük parecen haber sido domesticadas. Además se consumía el ganado y los caballos, aunque parece que aún en variantes no domesticadas. Aunque se consumía menos ganado vacuno, cada vaca produje tanta carne como 30 ovejas, por lo tanto el ganado vacuno comprendía la mayor parte de la carne consumida.

La división primitiva del trabajo posee un carácter sexual, las mujeres cosechan plantas y preparan los alimentos de origen vegetal, que seguramente aportaban la mayoría de las calorías (259) y los varones atrapaban a los animales. Las pruebas artísticas apuntan a que los Çatalhöyük poseían una división del trabajo parecida. No está muy claro si en el proceso de transición a comunidades neolíticas sedentarias se llegó al matriarcado, pero es muy probable. Esta idea ganó vigencia tras el análisis de ciertas obras de arte descubiertas en las excavaciones de Çatalhöyük, que han sido denominadas representaciones de diosas, pero uno debe tener mucho cuidado de pasar a interpretaciones basadas en un lenguaje perteneciente a una época muy posterior. Las excavaciones de Çatalhöyük también han aportado una plétora de esculturas con motivos fálicos, de modo que están presentes representaciones de ambos sexos.

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No tiene demasiada importancia la denominación que demos a estos hallazgos arqueológicos, ya sean imágenes religiosas, eróticas o juguetes sexuales. Es aún más aventurado llegar a conclusiones sobre el domino de un sexo sobre el otro con tales indicios. Excavaciones más recientes han hecho surgir la interpretación de que en Çatalhöyük se daba una cierta igualdad entre los sexos, que figuraban con la misma preeminencia en los rituales de enterramiento, consumían alimentos similares y que llevaban vestidos y adornos de hueso parecidos. Se han encontrado igualmente depósitos de hollín, que había sido inhalado, en esqueletos de hombres y mujeres, lo que implicaba que ambos sexos trabajaban más o menos la misma cantidad de horas tanto en el hogar como fuera de él. En conjunto Hodder ha llegado a la conclusión de que no tenemos pruebas claras que apunten ni al patriarcado ni al matriarcado. (170) Aunque como apuntan Ryan y Jethá, (319) los antropólogos y los arqueólogos no son especialmente duchos a la hora de reconocer el matriarcado, pues están más predispuestos a contemplarlo como una simple inversión del patriarcado.

Tampoco parece que existiera un sistema judicial. Los enterramientos no muestran prueba alguna de que alguien falleciera como consecuencia de la violencia, y no encontramos representaciones de tribunales, ejecuciones y otros castigos en el arte de la antigua ciudad.
La revolución neolítica llevó a un prolongado periodo de desarrollo social relativamente igualitario. Si fijamos el comienzo de la agricultura hace unos 11.000 años, en la mitad de ese periodo nos encontramos con la expansión de sociedades agrarias sin clases. Según el influyente arqueólogo Lord Renfrew la invención de la agricultura en la península de Anatolia por aquel entonces ejerció un impacto profundo en las lenguas que ahora se hablan en Europa, Australasia y las Américas. (307)

Los principales lenguajes Europeos, Iranís y del Norte de la India se sabe desde hace mucho tiempo que poseen un antepasado común, conocido como proto-indoeuropeo. Esta cuestión ha quedado probada mediante el análisis del parecido en los vocabularios de las versiones presentes e históricas de las lenguas que se hablaban en dichos lugares. (Gráfica 2.5) Renfrew se dio cuenta de que este patrón de lenguajes se conformaba con la dispersión de la población desde Anatolia tras la invención de la agricultura. Esta puede sustentar a más población por kilómetro cuadrado que la caza, de modo que un pueblo agrícola tratará de aumentar su territorio a expensas de sus vecinos cazadores. No sólo disponen de más comida sino que una vez que se han asentado aumenta la tasa de natalidad. Una mujer nómada que tiene que transportar a sus hijos no podrá tener otro hasta que el último pueda andar y sostenerse. Una vida en un asentamiento fijo elimina este problema y al tiempo hace que se pueda disponer de leche de procedencia animal y gachas como comida para los bebés, acortando el tiempo de la lactancia y la vuelta al periodo de fertilidad. En la medida en que crecían las poblaciones agrícolas, y que se dispersaban más allá de su hogar originario, llevaban sus lenguas con ellos.

La distribución de lenguas presente es el resultado de miles de años de migraciones que han borrado parcialmente el foco originario neolítico de la dispersión del lenguaje. Anatolia en su historia reciente ha sido poblada por turco-parlantes que desplazaron a la población originaria. Pero un análisis detallado de la forma en que los lenguajes han ido cambiando a lo largo del tiempo apunta a que comenzaron a separarse hace 8.700 años, lo que es coherente con la idea de que la dispersión de las lenguas coincidió con la revolución neolítica en Anatolia. (38, 145)

Según Renfrew no nos encontramos ante un acontecimiento aislado. Se dio una expansión parecida de la población y de los lenguajes vinculados con ella en otros lugares en los que se inventó la agricultura (308): en China, con la dispersión de las lenguas bantú a partir del origen de la domesticación de plantas en África Occidental.

2.2 Reproducción.

Se puede dividir una sociedad agrícola sin clases en tres grupos: adultos que son los productores directos, los niños que ocuparán su lugar en su momento, y los ancianos y enfermos que no pueden realizar los trabajos más duros o cultivar la tierra.

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En esta sección derivaremos un sencillo modelo económico de producción y reproducción en tal sociedad. Emplearemos el símbolo A para designar a la porción de la población en sus años de trabajo durante la vida adulta, C para la fracción de años en los que se vive como un niño dependiente y E como la fracción de años en los que una persona es un anciano. Supongamos que una persona puede efectuar un trabajo agrícola pesado a partir de los 19 años y que a los 60 están demasiado viejos para continuar, y que si llegan a esa edad es difícil que pasen de los 65. Esto implicaría C = 18 65 = 27.7%,A = 42 65 = 64.6%,E = 5 65 = 7.7%.

Esto se muestra como una primera estimación en la Tabla 2.4, pero se pasa por alto el efecto de la mortalidad infantil. Gran parte de los niños que nacen nunca llegan a la edad adulta. Supongamos que lo niños mueren en la infancia a una edad promedio de 5 años, pero que después de esa edad las tasas de mortalidad infantil son bajas. El efecto de esto es que al nacer un niño tiene una esperanza de únicamente 11 años y medio de infancia, 21 años de vida adulta y 2 años y medio como anciano, lo que nos da una esperanza de vida de 35 años. Gráfica 2.4. El efecto neto de una elevada mortalidad infantil es que la fracción del conjunto de la población productiva es inferior que lo que sería el caso de no tener en cuenta ésta.

Supongamos que en un año un adulto consume α calorías y un niño consume β, por lo tanto el consumo anual de alimentos F para una comunidad de n personas será:

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Supongamos ahora que un trabajador adulto puede producir p calorías por año en la manifestación de cultivos. De modo que la producción de alimentos de la comunidad será nAp. Ciertamente para que la comunidad pueda sobrevivir el monto de comida cultivada debe, en promedio, exceder la que se consume. Y tiene que excederla porque tendrán que apartarse ciertos almacenes para subvenir a las necesidades en los años de malas cosechas. Una comunidad que se come toda su cosecha cada año se verá enfrentada con una elevada tasa de mortalidad en cuanto llegue la primera mala cosecha. Sin embargo el almacenaje de grano no es completamente fiable. Los animales pestíferos consumen parte de lo que se almacena, de modo que hay que reponer constantemente los graneros. Si suponemos que la comunidad conserva 1/f de grano en reserva y que una fracción w de él es desperdiciada cada año las exigencias alimentarias serán F((1 + w/f ).

El nivel de productividad necesario para que una comunidad sobreviva simplemente puede ser enunciado así:

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Hagamos algunos números. Tomaremos como premisa las cifras proporcionadas por la ONU para las exigencias alimentarias de personas que llevan a cabo un trabajo moderadamente arduo. Son diferentes para hombres y mujeres y dependen de su peso corporal. Si tomamos el peso promedio de los hombres como 68 kilos y de las mujeres como 60 kilos obtenemos un promedio de α= 922, 00kcal por año para los adultos, y para los niños un promedio de β=600, 000kcal por año. Empleando los valores de A, C, E de la tabla 2.4, y bajo el supuesto de que la reserva para la época de las vacas flacas es la mitad de la cosecha, y que se echa a perder anualmente una cuarta parte de la misma, tenemos que un campesino adulto en una agricultura de subsistencia tiene que producir alrededor de un millón y medio de kilo calorías por año. Además de poseer una mínima tasa de producción de alimentos por trabajador adulto, la reproducción social siempre exige un mínimo nivel de tasa de fertilidad eficaz. Hasta ahora hemos supuesto que la tasa de fertilidad al nivel de mantenimiento es de 4 hijos por mujer y que existe un 50% de mortalidad infantil. Si el nivel de mortalidad infantil fuera superior, digamos del 55%, sería necesario un nivel de fertilidad de 4.4.

La regla es que la tasa de reemplazo de fertilidad Fr se define:

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Donde Dc es la tasa de mortalidad infantil. Para que la población aumente el nivel real de fertilidad debe superar la tasa de reemplazo. Esto puede ocurrir bien si se incrementa el número de partos por mujer o por el descenso de la mortalidad infantil. Las muertes en la infancia están muy vinculadas con suministro de alimentos, por lo que una mejora en la productividad agrícola supondrá niños mejor alimentados y con mejor estado de salud que es más probable que lleguen a la edad adulta. Pero desde el punto de vista de la mera supervivencia, cualquier incremento en la producción más allá del umbral de la mera reproducción social supone la existencia de un excedente.

El anverso de esta situación es que en cualquier sistema de explotación de clase que confisca este excedente, tiende a aumentar la tasa de mortalidad y a evitar el crecimiento de la población. La agricultura introduce, por primera vez, la dependencia del trabajo presente con respecto al trabajo pasado. Los cazadores no pueden conservar largo tiempo lo que han atrapado, por lo que la producción está dirigida a sus necesidades más inmediatas. La agricultura, en la mayor parte de los lugares, está ligada a un ciclo anual. Los que trabajan como sembradores en primavera se alimentan del grano cosechado el año anterior. Más allá de la necesidad de mantener un stock de grano colchón para afrontar una mala cosecha, incluso la producción corriente depende del almacenamiento.

El cereal del otoño tiene que almacenarse para las semillas del año siguiente y para alimentar a los trabajadores del año siguiente. Esto genera una dependencia de los que trabajan ahora con respecto a los que han trabajado antes. No pueden plantar o comer esta primavera a menos que obtengan grano de los que lo cultivaron el último año. Esta dependencia temporal se manifiesta en primer lugar como dependencia de los ancianos, los que vivieron antes y trabajaron antes. Después es el fundamento de la explotación de los patronos y usureros. Los ancianos controlaban el grano que alimentaba a los jóvenes y tomaban posesión a su vez de la cosecha del año corriente. Las relaciones sociales de producción se superponen con, y son percibidas como, relaciones de descendencia y después de patronato. En términos rituales podemos observar, en la agricultura neolítica, el surgimiento del culto a los ancestros. Se alzan túmulos muy complejos que se convierten en un monumento duradero. La dependencia de la producción se proyecta en el mundo de la mitología. El honor anual que se concede al padre y a la madre, la entrega de la cosecha, se convierte en el fundamento de los sacrificios, primero a los antepasados y después a parientes divinos más abstractos. Las relaciones de filiación se convierten en el principio organizativo de una sociedad de clanes, de círculos anidados de relaciones a partir de los cuales crece la jerarquía de liderazgo de clan y al fin de la realeza.

2.3. La formación de clases.

La sociedad de las termitas, como todas las sociedades de insectos sociales que conocemos, no tiene clases. En una escala evolutiva parece que no se impone la sociedad de clases. Sin embargo es prevaleciente en la escala temporal más breve de la civilización humana. Hasta donde podemos ver, las tempranas ciudades neolíticas como Çatalhoyuk eran también igualitarias. Parece que se produjo una demora de miles de años entre el desarrollo de la agricultura y el surgimiento de Estados de clases. Este periodo contempló la expansión de las poblaciones agrícolas a partir de los centros originarios de domesticación en Europa, la India, China, etc. En nuestro argumento anterior la expansión únicamente hubiera sido posible si existía un excedente alimentario sustancial que se consagraba a los niños extra. El consumo de un excedente alimentario por una clase explotadora hubiera inhibido el crecimiento de la población.

Si bien un excedente alimentario es condición necesaria de la creación de clases, no es condición suficiente. Un excedente alimentario puede ir destinado a profundizar en la división del trabajo, permitiendo que ciertos tipos de personas se especialicen en trabajo no agrícola: alfareros o herreros. Una sociedad con granjeros, herreros y alfareros no es, como tal, una sociedad de clases, incluso si los oficio son hereditarios, puesto que la relación entre los oficios es de igual a igual. No existiría explotación alguna. La formación de clases exige algo más. Exige que al menos parte del excedente alimentario se destine a sustentar a un gripo de personas que ya no participa en la producción física. Y este estatus improductivo tiene que ser algo que se extiende a lo largo de las generaciones. En cualquier sociedad los niños pequeños no son productivos, pero eso no los convierte en clase. Para que exista una clase no productiva debe haber gente que pase la mayor parte de su vida como no productores y sus hijos, a su vez, probablemente conservarán el mismo estatus. Pero por descontado la clase pudiente en la sociedad tiende a consumir más que comida. Por lo común disfrutan de una parte desproporcionada de otros bienes como ropas finas, joyería, adornos, etc. De modo que el excedente de que dependen no puede ser simplemente alimentario. El excedente alimentario es la condición necesaria.

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Sin el mencionado excedente los artesanos no tendrían comida disponible y tiempo para producir los artículos de fausto y boato. Una clase pudiente implica un excedente más general. Si no se produce suficiente ropa para vestir a la población trabajadora los gobernantes se quedan en pelota. Los Emperadores vestidos implican un excedente de tejidos, los emperadores con zapatos un excedente de cuero.

Al principio es necesario un excedente de comida para el crecimiento de la población, después para una división del trabajo especializada. Si los herreros pasan la mayor parte de su tiempo elaborando herramientas de bronce, no pueden cultivar su propia comida al mismo tiempo. Pero esta necesidad de excedente no proviene de un incremento real en la producción de comida. Si en una comunidad de 50 una persona se convierte en herrero y tiene un ayudante, no hace falta más comida que si las 50 personas cultivaran la tierra. Pero sí que exige que los 48 que siguen cultivando la tierra trabajen con mayor intensidad o sean más productivos. En el caso de los herreros del bronce y después del hierro, sus productos incluyen herramientas agrícolas, al principio hachas y otras utensilios para cavar, de modo que un grupo más reducido de agricultores con utensilios metálicos pueden producir más que un grupo superior con herramientas de piedra. Gliman et al. (142) razonaban que de hecho se han encontrado muy pocos utensilios agrícolas de bronce en las excavaciones europeas de la era homónima.

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No obstante Wells argumenta en la misma obra que eso se debe a la conservación diferenciada, ya que las herramientas de bronce, al contrario que los adornos, son demasiado útiles como para ser enterrados en las tumbas que son objeto de excavaciones arqueológicas, y de todos modos se hubieran vuelto a refundir si estuvieran dañados. Por consiguiente no es pacífico entre los arqueólogos si la producción de herramientas agrícolas de bronce contribuyó realmente en gran medida al aumento de la producción.

¿Por qué es relevante todo lo anterior?

Porque la estratificación social ya se manifiesta de forma patente en el registro arqueológico europeo durante la Edad de Bronce. En la Europa Neolítica, como en Anatolia, nos encontramos hasta donde podemos deducir con sociedades relativamente igualitarias. Las casas largas como las que fueron descubiertas en las excavaciones de Balbridie apuntan a asentamientos comunales, muy parecidas a las que usan en la historia reciente comunidades donde se sabe que no hay clases. Además, durante el neolítico, la costumbre eran los enterramientos comunales en carretas. Los cuerpos probablemente quedaban expuestos a las aves de presa, con el fin de que se separara la carne antes de que los huesos se pusieran en la carreta. En la edad de bronce nos encontramos con enterramientos individuales y con grandes túmulos que contienen únicamente un cadáver. Al lado de los cuerpos hallamos adornos, cerámica e incluso armas. En el mismo periodo se encuentran centros ceremoniales cada vez más complejos, como los célebres círculos de piedra, que se comenzaron a construir.

Sin embargo tenemos un problema a la hora de explicar el incremento de la estratificación de clases como resultado directo de la productividad creciente (ya sea o no verdad que los instrumentos de bronce influyeron o no). ¿Por qué los agricultores sencillamente no trabajaban menos con sus mejores herramientas de bronce, o sustentaban a los herreros del bronce con el fin de que elaboraran utensilios de cocina de bronce, etc?

Este tema reviste un carácter más general y no puede aplicarse específicamente a la edad de bronce, ya que sabemos que fuera de las sociedades europeas, que no disponían de bronce o hierro, se convirtieron en sociedades de clase. ¿Por qué razón un excedente llevó a una estructura de clase?

Una sociedad de clase exige un excedente, pero la inversa no se sostiene. Un excedente alimentario no exige que exista una clase explotadora. Conseguir ese resultado parece haber necesitado de otras desgracias, como la guerra, el patriarcado y la religión.

2.4 La Guerra, el Patriarcado y la religión

Para librar una guerra tienes que tener algo por lo que luchar. Si la guerra en sociedades cazadoras recolectoras parece que es poco corriente (128, 320) ha sido muy común en sociedades dedicadas en alguna medida al pastoreo o que practiquen alguna suerte de agricultura. Es evidente que cuando se domestica al ganado vacuno o a otras bestias te las pueden robar, y eso puede ser causa para una expedición de castigo. Pero la guerra no se limita a lo que Smith denominó “naciones de pastores” por formidables que hayan sido. Las naciones y las tribus que conjugan agricultura con instrumentos más o menos sofisticados y la caza han sido muy belicosas. ¿Por qué? Según Meillassoux (254) la causa del conflicto era no tanto la captura de ganado vacuno o caprino sino de mujeres jóvenes. Las sociedades cazadoras recolectoras en sentido riguroso son nómadas, no tienen asentamientos permanentes y la gente se desplaza en pequeñas bandas errantes. La agricultura fija a la gente. Sostiene que la forma originaria de la familia en la transición a la agricultura es matri-local. Eso significa una sociedad en la que las mujeres adultas permanecen en el hogar o comunidad materno. En la medida en que existe movilidad entre las comunidades, son los hombres los que emigran buscando mujeres en otras comunidades. En principio ambos sexos pueden desplazarse. Se puede tener un sistema matri-local donde las mujeres permanecen en el lugar de nacimiento y los hombres emigran, o una sociedad patri-local que viceversa. Aunque lógicamente no parecen sino imágenes especulares, sus efectos económicos son en realidad muy distintos. El potencial reproductor de una comunidad lo fija cuántas mujeres jóvenes existan, no cuantos hombres jóvenes. Esto lleva aparejado graves consecuencias para comunidades relativamente pequeñas, que aún no pueden sustentarse un año entero por medio de la agricultura.

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Esas comunidades tienen que ser reducidas en relación con sus alrededores para evitar el agotamiento de la caza disponible. En el seno de esas pequeñas comunidades las leyes de la probabilidad implican que el número de personas de cada sexo que llegan a la mayoría de edad está sometido a fluctuaciones. Supongamos que tenemos una pequeña comunidad en la que la llegada a la mayoría de edad de cada generación asciende en promedio a 20 personas. Esperaríamos que la mitad de las mismas fueran mujeres jóvenes, pero como muestra la Gráfica 2.8 el número de mujeres puede variar entre 5 y 15. En una generación cada 3 tendríamos 8 o menos mujeres jóvenes, lo que amenazaría la futura supervivencia de la comunidad, y más cuando se tiene en cuenta que algunas pueden ser estériles, algunas pueden morir siendo aún jóvenes, etc.

En principio algunos hombres jóvenes pueden emigrar y tratar de unirse a otra comunidad con un excedente de mujeres, pero lo que parece haber ocurrido con más frecuencia, según Meillassoux, es que los hombres se organizan para efectuar incursiones en las comunidades vecinas y secuestran a mujeres jóvenes. MIRA COMO EN EL RAPTO DE LAS SABINAS. Teniendo en cuenta que la comunidad aún depende parcialmente de la caza, se trata de hombres hábiles en el uso de arcos y flechas, y las destrezas necesarias para cazar se traducen con rapidez en capacidad bélica. Esto lleva a una hostilidad endémica y a la mutua suspicacia entre comunidades. Los hombres adquieren el estatus social de guerrero tanto para secuestrar mujeres de otros grupos como para proteger a sus “propias” mujeres. Esas sociedades pueden seguir siendo matrilineales, y se puede seguir criando a los hijos en un hogar relativamente comunal, desempeñando sus tíos lo que podríamos denominar el rol paternal. No se daría un sistema de monogamia estricta. Pero los comienzos de la dominación colectiva de los hombres sobre las mujeres están ahí. Los hombres, en tanto que guerreros y cazadores desarrollan ideologías que les representan como protectores y héroes y que justifican relegar a las mujeres a tareas meramente manuales y rutinarias de carácter agrícola. En particular, las mujeres secuestradas, separadas de su propia comunidad, estarán en una posición aún más subordinada. Esta combinación de caza y horticultura limita la dimensión de las comunidades asentadas. La precariedad de las condiciones reproductivas lleva a secuestros e incursiones.

Los cazadores desarrollan atributos bélicos y comienza a imponerse la dominación masculina. Pero tal dominación tiene un carácter más colectivo que individual. Aún no existe la figura del patriarca, que ejerce un control exclusivo sobre la sexualidad de “sus” mujeres. La sociedad puede aún aprobar conductas sexualmente licenciosas, con diversos rituales orgiásticos e ideas de la paternidad un tanto difusas (319 Capítulo 9) EN LOS NATIVOS DE LA ISLA SENTINEL SE HA INFORMADO DE UNA ESPECIE DE RITUAL ORGIASTICO, DONDE SE APAREAN POR TURNO, O ALGO ASÍ.

La contradicción fundamental vinculada con pequeñas comunidades matrilineales puede conciliarse de dos maneras:

-Si se van convirtiendo en sociedades más consagradas a la agricultura y a la pesca mientras su tamaño crece es posible formar comunidades matrilineales o incluso matriarcales que no padecen una penuria aleatoria de mujeres en edad fértil.

-Convertirse en una sociedad patrilineal y consecuentemente patriarcal, manifestada en la familia y el clan.

La probabilidad de que una comunidad de varios cientos de personas sufra de fluctuaciones graves en la proporción entre los sexos es muy baja. Las comunidades como las ciudades neolíticas de Anatolia pueden haber sido suficientemente grandes y suficientemente dependientes de la agricultura como para no tener que convertirse en la cultura bélica que observó Meillasoux en esas tribus recientes que combinaban la caza con agricultura con utensilios. Esas sociedades aún tendrían problemas potenciales en el seno de los hogares individuales matrilineales si no nacieran hijas en un hogar concreto. Pero esto no es un problema en una comunidad pacífica. Puede solucionarse adoptando hijas de otras familias, como sucede en la moderna tribu matriarcal Mosuo. (34) Aunque no podemos pasar de especulaciones con respecto a lo acaecido en Anatolia, podría dar cuenta de lo que parece un prolongado periodo de desarrollo pacífico de esas comunidades, sin pruebas clara ni de estratificación ni de desigualdad sexual en el registro arqueológico.

Lo que sabemos es que en las culturas históricas más tardías con agricultura cerealista parece haberse impuesto el patriarcado. Meilassoux ofrece un relato teórico de su desenvolvimiento. La mayor producción de la agricultura cerealista asentada permite una población más densa y al mismo tiempo hace menos atractiva la desviación de esfuerzo del cultivo al combate. Las relaciones pacíficas entre pequeñas comunidades domésticas adyacentes permiten el intercambio no violento de mujeres jóvenes para compensar el déficit que se daría siempre de forma aleatoria. Las mujeres que se mudan a otra comunidad, donde carecen de respaldo materno, es probable que sean asimiladas en estatus a las que tenían las antiguas cautivas: subordinadas a la suegra y al marido. Una vez que estas transferencias se hacen más comunes y cada vez más mujeres se hallan en un estado subordinado, la práctica se generaliza y todas las novias quedan sujetas a la autoridad de la matriarca presente y su nuevo marido. En el curso del proceso la autoridad general del hombre sobre la mujer aumenta. Es el poder procreador de la mujer lo que está sujeto a negociación cuando se la lleva a otro grupo por un periodo que se considera a priori que dure tanto tiempo como su fertilidad. Se llega a un acuerdo que pacta el momento de devolución de la descendencia de la mujer ya que, debido a las precitadas circunstancias, una mujer no procrea para su comunidad de origen (la identidad de la familia que se beneficiará de su procreación debe hacerse pública mientras que los títulos de la otra comunidad son limitados) y también porque, como la mujer no procrea para su propio beneficio, la filiación patrilineal constituida “jurídicamente” debe sustituir a la evidente filiación materna. (254)
Los intercambios entre comunidades pueden llegar a ser bastante complejos, llevando aparejados deudas que se contraen a lo largo del tiempo: si dos mujeres van de la comunidad A a la comunidad B este año, se conviene que en un momento dado en el futuro vendrán otras dos mujeres de vuelta. PARECE UN CANJE DE PRISIONEROS. Esto hace a las hijas “valiosas” en un proceso de intercambio que se parece al comercio. El cabeza de familia, que tal vez al principio era una mujer, más probablemente un hombre, las ve como un recurso que le da poder e influencia. Como tal, la premisa por defecto es que todas las hijas se juntarán con gente de fuera de la comunidad, y la exogamia deviene norma general.

Como el matrimonio y la reproducción social constituyen la principal razón de estas relaciones externas, el matrimonio, con el fin de mantener la autoridad de los ancianos, debe estar prohibido dentro del grupo de modo que las mujeres núbiles sean objeto de disposición en estas transacciones. Paradójicamente, las restricciones al matrimonio devienen cada vez más necesarias y rigurosas dentro del grupo, y al extenderse, puede evolucionar hasta llegar al matrimonio endogámico.

Cuando la reproducción es estadísticamente posible con el apareamiento de los integrantes de la comunidad, el poder de los ancianos, reconstruido con sus funciones de gestión matrimonial, se ve amenazado por los propios efectos de esta gestión que hace posible la expansión de la comunidad. De este modo la autoridad política depende de una circunstancia que tiende a abolirse cuando se refuerza.
Para preservar cualquier tipo de autoridad hay que fabricar y desenvolver una ideología coercitiva y autoritaria. La religión, los rituales mágicos y un terrorismo basado en la superstición caen sobre las espaldas de las personas dependientes, los jóvenes y sobre todo las mujeres pubescentes; las prohibiciones sexuales se convierten en absolutas y los castigos por las transgresiones se hacen más duros. La endogamia se convierte en incesto y las restricciones sexuales en tabú.

La religión, los rituales mágicos y el terrorismo basado en la superstición justificaban tanto el patriarcado como la jerarquía de clase. Watts et al. (373) presentan pruebas convincentes de que la religión, específicamente en su manifestación de sacrificio humano, estaba muy implicada en la conformación de sociedades estratificadas. Emplearon como datos una gran muestra de 93 sociedades del pacífico diferentes, que, siendo culturas insulares estaban relativamente aisladas.

Se apreciaron pruebas de sacrificios humanos en 40 de las 93 culturas estudiadas, el 43%. El sacrificio humano se practicaba en 5 de las 20 sociedades igualitarias (el 25%), 17 de las 46 sociedades moderadamente estratificadas (37%) y 18 de las 28 sociedades muy estratificadas objeto de estudio (el 67%)

Después llevaron a cabo el modelo de simulación de Markov sobre el proceso de evolución de elevada estratificación y el sacrificio humano se superponía al árbol filogenético de la evolución cultural de las lenguas, lo que seguía la pista a los orígenes de la estratificación y los orígenes de los sacrificios humanos. Llegaron a la conclusión de que el sacrificio humano potencia la posibilidad de transición a un estado muy estratificado y estabiliza dicho estado una vez que existe. Concluyen diciendo:

“El sacrificio humano legitima las distinciones de poder basadas en la clase conjugando exhibiciones de autoridad definitiva (privar de la vida) con justificaciones sobrenaturales que sacralizan la autoridad como algo que viene de lo alto. (…) Nuestros resultados aportan fuertes pruebas para la tesis de que el sacrificio humano desempeñó un papel muy vigoroso en la construcción y mantenimiento de sociedades estratificadas. Aunque el sacrificio humano se practicaba en la mayoría de las sociedades muy estratificadas en nuestra muestra, era relativamente mucho menor en sociedades igualitarias, y vemos que su efecto dependía del nivel de estratificación. Más en concreto el sacrificio humano incrementaba de forma sustancial la probabilidad de una elevada estratificación social y evitaba que se desvaneciera la estratificación social una vez que había surgido, sin que se encontrara que aumentara la estratificación en sociedades igualitarias.”

Esto resulta coherente con los relatos históricos que especulan que con el fin de que los sacrificios humanos fueran explotados por las élites sociales, antes tenía que haber élites sociales. Ingham llega a conclusiones parecidas empleando datos de la sociedad azteca.
Con la guerra, el patriarcado, la religión y la jerarquía bien asentados, el escenario estaba preparado para el advenimiento de la esclavitud.

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Adesso anche da noi si va dicendo, in ossequio a quanto hanno descritto Proudhon e un ebreuccio tedesco del quale non ricordo il nome, che la colpa del cattivo stato delle cose, qui ed altrove, è del feudalismo; mia cioè, per così dire. Sarà. Ma il feudalismo c’è stato dappertutto, le invasioni straniere pure. Non credo che i suoi antenati, Chevalley, o gli squires inglesi o i signori francesi governassero meglio dei Salina. I risultati intanto sono diversi. La ragione della diversità deve trovarsi in quel senso di superiorità che barbaglia in ogni occhio siciliano, che noi stessi chiamiamo fierezza, che in realtà è cecità. Per ora, per molto tempo, non c’è niente da fare»”.


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Vie Ago 18, 2017 4:27 pm 
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Capítulo tercero. La Economía Esclavista.

Encontramos un escaso desarrollo de la esclavitud en las sociedades cazadoras recolectoras. Noeboer (277) registró 88 ejemplos de tribus de cazadores con respecto a las cuales podía encontrar registros detallados y se percató de que únicamente 18 de ellas tenían esclavos. La esclavitud en una sociedad de clanes es consecuencia de la guerra. Los prisioneros pueden ser muertos, sometidos a rescate u obligados a realizar trabajos forzados. Pero en una sociedad de clanes sin una producción de mercancías desarrollada, la escala potencial de la institución queda limitada por las necesidades de consumo del hogar donde trabaja el esclavo. Esta índole de esclavitud tribal doméstica existía hasta hace poco en partes de África (117) y estaba muy extendida en el pasado. Para emplear a los esclavos a gran escala, para que supongan el elemento definitorio de un sistema económico, la cosecha que producen tiene que ser objeto de venta, lo que a su vez depende de otros aspectos:

-Debe existir un mercado de consumidores que no puedan producir su propia comida. Esto suele llevar aparejado la existencia de una población urbana.

-Deben existir los medios de transporte necesarios para transportar el producto de las granjas a consumidores que se hayan a una distancia considerable.

-Debe existir un mercado de esclavos.

Por consiguiente la instauración de una economía esclavista depende de una cierta densidad de población, sin la cual no hay ciudades; y de un cierto nivel de tecnología, en particular la tecnología del transporte, sin la cual no puede haber mercados donde se intercambien bienes.

3.1 Complejo tecnológico.

La fuerza bruta humana por sí sola no puede transportar grandes cargas de forma económica a una gran distancia. Para conseguirlo son necesarias fuentes no humanas de fuerza. El capitalismo moderno global se basa en la potencia del diésel aplicado a la navegación y las turbinas. La esclavitud clásica dependía de las velas cuadradas que se encontraban en el Mediterráneo y de los carros tirados por bueyes. La precondición de este rasgo específico de la civilización clásica era su carácter marítimo. La antigüedad greco-romana era en cuanto a su más profunda estructura, mediterránea en su quintaesencia. (Anderson, página 20).

El transporte de larga distancia siempre depende del mar. El transporte por tierra, tanto ahora como en el pasado exige más energía para desplazar cargas pesadas que las vías acuáticas. Por consiguiente el transporte terrestre llevado a cabo por animales de tiro se ceñía a productos de alto valor añadido: sal, tejido, etc. El transporte por ruedas depende a su vez de la existencia de caminos bien mantenidos y está muy limitado por la eficiencia de los arneses disponibles. Los antiguos arneses para caballo solo permitían llevar cargas ligeras sin estrangular a las bestias, así que el vehículo favorito era el carro tirado por bueyes en las civilizaciones clásicas mediterráneas. Una persona sólo puede mantener una potencia de 50 a 90 vatios cuando trabaja, mientras que un par de bueyes que tiran de un carro pueden llegar a 1000 vatios (340). Las civilizaciones esclavistas avanzadas tenían a su disposición la rueda, como se ha dicho; también disponían de instrumentos rotatorios para otros fines: la rueda del alfarero, el torno, computadoras mecánicas, la prensa para la producción de aceite de oliva, y, con el molino de agua por primera vez se obtuvo un modo artificial de movimiento mecánico. (339)

En el mundo clásico, en contradicción con lo que White afirma, se conocía la manivela, y podía fabricar mecanismos de movimiento alternante de una sofisticación que no se conoció hasta el siglo XIX. Aunque los romanos conocían la turbina de vapor y hubieran podido fabricar pistones para el movimiento alternativo prácticamente homomórficos con los que se encuentran en los motores de vapor no disponían de transporte por tierra desplazado con fuentes de energía de esta índole. Incluso en los mejores caminos el carro sólo era eficaz en términos económicos en viajes cortos.

El transporte más pesado dependía de las vías marítimas o fluviales. Los carruajes podían transferir el producto de las granjas al mar, pero la vialidad global de las industrias de exportación basadas en la mano de obra esclava, ora en la economía de la época clásica o durante el Renacimiento de la civilización basada en la esclavitud en el Atlántico dependían del mar y la vela.

La energía humana, por medio de los remos, puede impulsar una pequeña embarcación a una velocidad de crucero de 2 o 3 nudos. Pero para conseguir esto la embarcación debe ser poco ancha y está muy mal acondicionada para llevar un cargamento pesado. Un cargamento pesado y que se pueda transportar por mar necesita de velas o de la potencia proporcionada por los motores.

Las velas constituyeron la primera tecnología que podía emplearse para concentrar potencia inanimada. Las naves clásicas del Mediterráneo estaban provistas de un solo mástil y tenían velas cuadradas. Se creía hasta hace poco que esto las limitaba a navegar más o menos a favor del viento. Las más recientes investigaciones han llegado a la conclusión de que se podía navegar contra el viento con las velas disponibles, aunque las velocidades obtenidas serían muy inferiores. Casson (52) ha confeccionado tablas que enuncian el tiempo posible que llevaba la navegación basándose tanto en los documentos históricos como en los datos modernos sobre los vientos más frecuentes. Sugiere que en un viaje de Roma a Alejandría, si había viento favorable de poniente, se podía llevar a cabo en 12 días, mientras que el viaje de vuelta, donde había que navegar contra el viento, hubiera llevado de 50 a 70 días.

Los barcos eran pequeños en comparación con los tiempos modernos. Si bien había barcos de más de 350 toneladas, la mayoría no habrían pasado de 100 toneladas. En conjunto el tamaño no habría sido muy diferente del empleado en los comienzos de la edad moderna en Europa. (173) La vela continuó siendo el primer motor durante el periodo de la esclavitud transatlántica aunque los buques que se empleaban en el comercio de esclavos hasta finales del siglo XVIII tendían a ser tal vez dos veces más grandes que las estimaciones de Houston sobre el tamaño de los navíos clásicos. (140) (279)

La economía esclavista del litoral del océano Índico entre 1000 y 1900 también empleaba el transporte marítimo, con aparejos proa a popa. En este, caso, sin embargo, las variaciones estacionales en los vientos dominantes en el Monzón hacían que navegar contra el viento fuera menos esencial que en el Mediterráneo. (164). Los principales adelantos en materia de navegación en las economías esclavistas atlánticas y mediterráneas fueron:

-Instrumentos de navegación mejorados, como el compás, el astrolabio y después el sextante.

-Adopción de quillas más resistentes y mejor diseño interior de los barcos.

-Plataformas interiores, especialmente importantes para el transporte de esclavos.

-Mejores velas, múltiples mástiles y más aparejos de proa a popa, que mejoraban la navegación contra el viento.

Algunos estudiosos piensan que la economía esclavista en Arabia y el Océano Índico fue pionera en el empleo del aparejo de proa a popa, con la conocida vela latina. EL término inglés mizzen, como en mástil mizzen deriva posiblemente del áraba mizan, que significa equilibrio. Una vela latina es triangular pero cuelga de un mástil que parece como una balanza baja en uno de los extremos. (Hourani y Carswell 172, Capítulo 3). Sin embargo Casson (53) y Whitewright sostienen que hay pruebas de que la vela latina ya se empleaba en la época romana. Si eso es el caso, un paso técnico clave que facilitaba el comercio de larga distancia para la modalidad esclavista de producción, hubiera sido transmitido, a través de los portugueses del siglo catorce, por parte de las economías clásicas esclavistas a las recientes.

Estos adelantos constituyeron un pre-requisito para la institución de una economía esclavista de escala oceánica, no ya mediterránea. La operación de los navíos de vela tendía necesariamente a adoptar una forma capitalista. Los barcos no sólo eran muy caros, lo que exigía que los financiaran sociedades que prefiguraban las posteriores sociedades por acciones (18), era, en las economías pre-capitalistas el principal ejemplo de producción por medio de máquinas provistas de un motor.

Los navíos de vela empleaban la potencia del viento que evitaba tener que haber empleado un gran número de remeros. Esto se comparte con los rasgos arquetípicos de la industria capitalista, la sustitución del trabajo humano con máquinas movidas por energía inanimada. La anomalía del capital mercantil existente en la antigüedad y en la Edad Media debe comprenderse que surgió porque la navegación era el primer campo al que se le aplicaban estos ingenios. La ganancia del capital mercantil debe por tanto entenderse como un caso especial y precoz de producción de plusvalor relativo (Sección 5.4.6)

Empleando el poder del viento los navieros en, digamos, la Italia del siglo primero podían intercambiar el vino italiano por el cereal egipcio, de modo que la mano de obra necesaria para cultivar las uvas, más la mano de obra necesaria para su transporte era menos que la mano de obra necesaria para cultivar la misma cantidad de cereal en Italia. En la medida en que el cereal importado de Alejandría se empleaba para sustentar a los explotados esclavos de Italia, el abaratamiento del cereal, que hubiera reducido la fracción de tiempo que los esclavos tenían que trabajar para proveer a su subsistencia, incrementó el número de horas por semana en el que producían una ganancia para sus dueños. Una fracción de este excedente incrementado se lo embolsan los capitanes y los navieros como ganancia monetaria.

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3.2 Esquemas de reproducción.

La esclavitud puede constituir el elemento preponderante en una economía incluso si los esclavos suponen únicamente una minoría de la población. Según Finley (127) Capítulo 2, los esclavos suponían alrededor de un tercio de la población del Sur de los EEUU, y una proporción similar en Brasil, la antigua Roma y la Atenas clásica. Se trataba de sociedades esclavistas porque la esclavitud era la principal modalidad de explotación, la principal modalidad de extracción de un excedente económico del que dependían tanto la prosperidad como el poder político de las clases dominantes. Cada gran sistema económico se caracteriza por un mecanismo concreto a partir del cual se lleva a cabo la extracción de un excedente económico. Este mecanismo confiere su estructura a todo el sistema de la reproducción social. A partir de él surgen las formas de estado y las contiendas políticas. Desde este enfoque, el rasgo crucial de la esclavitud es que el esclavo es una persona que se compra y se vende y que es obligado a trabajar para otros.

Al ser susceptibles de compraventa los esclavos este tipo de economía tiene, como las capitalistas, una serie de mercados relativamente bien desarrollados. La gráfica 3.1 ofrece un bosquejo de los flujos mercantiles esenciales vinculados con la unidad básica de la producción esclavista: la finca agrícola. El dueño de la finca debe invertir dinero en esclavos. Después los pone a trabajar. Parte de lo que cosechan se conserva en la finca para alimentar a la mano de obra.

Esta parte de la cosecha no va al mercado, pero sí el excedente. De ahí que la viabilidad de una finca esclavista depende de que el producto excedente valga bastante más que los esclavos que fueron adquiridos para producirlo. La existencia de esclavos en un mercado, cuyo valor puede ser comparado con el valor de la cosecha que producen coercitivamente, implica que en ocasiones es perfectamente racional desde el punto de vista del dueño de esclavos matarlos a trabajar.

Mientras que los países dependían para la oferta de trabajo servil del incremento popular a su propia población de esclavos existía un límite evidente al alcance del sistema y a las penurias que era capaz de ocasionar. Donde el carácter del clima o la naturaleza del trabajo que había que hacer, era perjudicial para la vida humana, los esclavos procedentes del propio medio sólo podrían subsistir si se prestaba atención a sus necesidades físicas.

De lo contrario se hubiera extinguido junto con sus víctimas. Pero una vez que existe un comercio de esclavos esos frenos naturales al desarrollo pleno de la esclavitud se eliminan en efecto. (Cairnes and Smith 47, Capítulo IV.iii)
Al contrario que en un Estado capitalista moderno, los propios esclavos no constituyen un mercado de ciertas dimensiones para comprar mercancías. Ellos mismos son mercancías, pero no pueden comprar mercancías. Los esclavos agrícolas subsistían en gran medida con la comida que generaban ellos mismos en el agro.

De modo que aunque una sociedad esclava engendre un mercado, su alcance es mucho más limitado que en una economía moderna. El excedente de los esclavos se puede vender en el mercado, pero el producto necesario para su subsistencia, ni el producto de lo que con frecuencia es un sector agrícola de subsistencia muy grande junto con las fincas esclavistas.

El producto excedente del campo, predominantemente de la agricultura esclavista, tenía que venderse en los mercados de las ciudades. Esto presupone medios técnicos de transporte, como ya se ha analizado: carreteras, carros, naves y puertos.

Pero también implicaba que la población urbana dispusiera de dinero para comprar la cosecha.

El equilibrio fundamental de la economía política tiene que ser:

-Ventas de los latifundios- compras de esclavos = Ganancias de los dueños.

-Compras de alimentos por parte de la economía urbana = ganancias de los dueños + ventas a los importadores de esclavos.

El sector urbano obtiene el dinero para comprar los productos de los latifundios porque la aristocracia dueña de esclavos vive en las ciudades y gasta allí sus ganancias. Mantienen a su familia urbana allí. Esta se compone no sólo del paterfamilias su mujer y los hijos sino un séquito de esclavos domésticos. Los alimentos y demás suministros de estas familias se adquieren en el mercado urbano y mantienen de forma indirecta a una suerte de clase media de profesionales y comerciantes que podrían poseer uno o dos esclavos ellos mismos. Toda esta masa se sustenta de modo directo o indirecto de los réditos de los dueños de esclavos. Queda el coste de los esclavos comprados por el latifundio. Ese dinero sale del latifundio para que se lo embarquen los mercaderes de esclavos. ¿Cómo circula de nuevo el dinero a las ciudades para que puedan comprar comida?

Sin él no dispondrían del suficiente efectivo para comprar todo el excedente de los latifundios. Una posibilidad sería que los mercaderes de esclavos compraran bienes de exportación de las ciudades que intercambian por esclavos en la frontera con los bárbaros. Aunque estamos simplificando mucho en relación con la esclavitud clásica se ajusta bastante a la relación entre la economía británica metropolitana y sus plantaciones de esclavos en las Indias Occidentales. Por lo tanto el cierre y equilibrio de la economía política esclavista es:
Ventas de esclavos = Compras de mercaderes de esclavos.

3.3 Contradicciones y desarrollo.

En realidad el esquema de reproducción bosquejado hasta ahora es muy simplificador. Muchas de las ventas a las ciudades correrían a cargo de granjeros libres, y algunas exportaciones de manufacturas las adquirirían esos campesinos.

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Uno puede considerar este intercambio como autónomo con respecto al circuito monetario engendrado por la economía esclavista. Elimina el sector esclavista, y el volumen de intercambio de mercancías entre el campo y la ciudad sería muy inferior. A la inversa, si se redujera el mercado, también la viabilidad de agricultura esclavista a gran escala. Ciertamente, con el derrumbe de la economía esclavista clásica en Occidente en el siglo VI, hubo una enorme disminución del nivel de circulación de mercancías y una no menos mayor reducción de la economía monetaria. Rostovtzeff atribuyó esto a la diseminación progresiva de la civilización clásica que socavaba las condiciones mercantiles necesarias para su propia existencia:

“Ya había pasado el tiempo en que Grecia e Italia producían el vino y aceite que consumía el mundo. Con el Imperio casi todas las provincias producían suficientes mercancías de este tipo para sus propias necesidades y podían incluso exportar el excedente. Esto supuso un golpe tremendo a la prosperidad agrícola de Grecia e Italia. Como no tenían nada que exportar a cambio del grano importado no les quedó otra que regresar a una forma más primitiva de agricultura y cultivar cereal para su subsistencia”.

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Además también se encontraban en diversos momentos y lugares exportaciones de mercancías especializadas: tejidos, cerámica, metalurgia, instrumentos de cristal. Gran parte de estos objetos eran fabricados por esclavos. Nuevamente, según Rostovtzeff la diseminación de la tecnología de producción en masa de alfarería de Grecia, a Italia y al norte y al sur de la Galia tuvo el efecto de acabar con la prosperidad industrial original de Italia. Al mismo tiempo se produjo un viraje que llevó a un crecimiento del trabajo asalariado y la aparcería en la agricultura. Se trataba de una respuesta racional a la dificultad cada vez mayor de obtener esclavos.

Finley (127) Harper (150) y Rostovzeff razonan que los dueños de fincas se decantaban entre la esclavitud y otras formas de explotación como el trabajo asalariado, la aparcería y el arrendamiento en una forma que era completamente racional y dependiente de la disponibilidad de estos tipos de trabajadores (Gráfica 3.2). El campesinado libre fue sometido en la República a la presión de la competencia de las fincas esclavistas y se veían amenazados constantemente con convertirse en esclavos ellos mismos por no pagar sus deudas o descender a la condición de arrendatarios o proletarios urbanos.

Una economía política exige una superestructura política que emplea a toda la población libre como contrapeso contra los esclavos:
“El esclavo vive en una sociedad que le considera como tal; no puede haber esclavos si no hay una sociedad de hombres libres. De este modo el déspota, por grande que sea su poder, no es como tal un dueño de esclavos. El dueño de esclavos tiene a la comunidad de los libres que le apoya” (Nieboer 277, página 32)

Sabemos que en el Sur de EEUU anterior a la guerra los Estados esclavistas tenían de una milicia de hombres libres armados que formaban un bloque sólido frente a los esclavos, siempre listas para sofocar una rebelión de estos. El mismo principio se aplicaba en las antiguas repúblicas esclavistas, que dependían de una ciudadanía armada y libre.

Pero mientras que la dicotomía libre/esclavo y el orgullo del hombre libro evitaba cualquier solidaridad entre el campesino y el esclavo, no bastaba para evitar el conflicto de clases dentro de los hombres libres. Como han explicado Parenti (288) y Rostovzeff (315, capítulo IX), los conflictos de clase resultantes entre los campesinos libres y los proletarios por una parte y la aristocracia dueña de esclavos por otra dominaron la época del crepúsculo republicano. Conflictos parecidos en Atenas llevaron a una revolución que inauguró la democracia ateniente. (Gráfica 3.4). Esto se reconocía por los contemporáneos como el gobierno de los “pobres” como contrapuesto al de los “ricos” que podemos interpretar que significa el dominio político de los libres campesinos y artesanos frente a los más ricos dueños de esclavos. En la constitución romana el poder político estaba muy seguro en las manos de la aristocracia esclavista, un factor que sin duda alentó a la aristocracia esclavista a adoptarla como modelo.

La existencia de un enorme sector esclavista tanto en la agricultura como en la manufactura hacía imposible que el proletariado romano se agrupara en sindicatos para conseguir mejores condiciones de vida. La esclavitud degradaba a todos los trabajadores. Los salarios reales de los libres en el final del imperio romano suponían 1/3 de los de Londres o Ámsterdam en el capitalismo temprano. Estaban incluso por debajo de los salarios en la India durante el siglo XV; aunque seguramente no estuvieran muy lejos de los salarios en la India durante el siglo 19 después de que fuera arruinada la industria artesanal india por la competencia británica. Muy pequeña parte de la gran riqueza material de la sociedad esclavista, patente en sus monumentos y restos arqueológicos, se filtraba a los que trabajaban en los cimientos. La competencia con los esclavos implica que las personas libres no pueden subir muy por encima del nivel de los esclavos. Esto es verdad doquiera que exista la esclavitud y el reconocimiento de este hecho estaba detrás de la solidaridad que los obreros británicos mostraron con la causa de la Unión en la Guerra de Secesión. La depresión de los salarios que engendraba la institución de la esclavitud suponía, por descontado, que sólo podía existir un mercado restringido de trabajadores asalariados en el campo o en la ciudad.

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3.4 La reproducción humana.

Al contrario que en la economía feudal que vino después, el modo de producción de la Antigüedad no poseía ningún mecanismo natural interno de recurrencia, porque su fuerza de trabajo nunca podía se estabilizada homeostáticamente en el seno del sistema. ( Anderson 10, página 76)

La conservación del sistema esclavista dependía de un flujo constante de nuevos cautivos encadenados. Desde el punto de vista de Weber, la economía esclavista genera un déficit permanente de esclavos que sólo puede compensarse con fuente exteriores. Al principio esta fuente de esclavos eran los cautivos de guerra durante los siglos en que primero la república y después el imperio fueron extendiéndose por Italia, el Norte de África, Grecia y luego Asia Menor y gran parte de Europa. Era este proceso el que a la vez aportaba los cautivos para trabajar en los latifundios y al mismo tiempo, con los impuestos de guerra empobrecía al campesinado libre, permitiendo que la esclavitud se convirtiera en la forma económica dominante.

Como cautivos tenían que padecer elevados niveles de mortalidad debido al trabajo excesivo y tenían escasas oportunidades de formar familia.

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Weber explicaba que los esclavos romanos tendían a estar segregados por sexos con hombres que estaban en cuarteles o granjas, y las mujeres hacían las veces de servidoras domésticas. Cuando se conjugaba con una elevada tasa de mortalidad debida al exceso de trabajo y a los malos tratos, la única situación posible era un déficit perpetuo, que a su vez motivó las conquistas emprendidas por las clases dominantes durante siglo. Se decía que Cesar había vendido literalmente cientos de miles de cautivos de sus conquistas. Con la última conquista importante, la de Dacia (la Rumania moderna) en el siglo II, la oferta se agotó. En consecuencia la clase dominante encontró más económico cambiar a un sistema de explotación de terratenientes, ya sea en su modalidad de aparcería o como una forma de proto-feudalismo denominada colonato. Esos arrendatarios aún estaban vinculados a su patrón, pero tenían familias a las que acudir como fuente de trabajo de generación en generación.

La esclavitud estaba ligada con una estructura familiar patriarcal en la clase dominante. Se controlaba de forma rigurosa la actividad sexual de las mujeres libres. En el Derecho Romano tener sexo con una mujer libre fuera del matrimonio era un delito, adulterio en el caso de una mujer casada, stuporum o violación en el caso de una mujer soltera. Como el Estado Romano no disponía de un sistema policial permanente, esos crímenes serían perseguidos por medio de la familia o si el marido presentaba una acusación criminal. La actividad sexual de la mujer se consideraba propiedad bien de su familia bien de su marido, que eran, por tanto, los legitimados para ejercer la acción criminal correspondiente.

Aunque formalmente el sistema se basaba en la monogamia, de hecho, para los dueños de esclavos era un sistema de poligamia. Sólo los hijos de una esposa libre contaban como heredero, pero más allá de ello estaban las formas siguientes legales de sexo fuera del matrimonio:

-Relaciones de concubinato que se reconocían con mujeres de clase social inferior, ya fueran esclavas o libertas en el mejor de los casos. El fin de esas relaciones era el sexo sin descendencia.

-La prostitución como institución surgió junto con el sistema esclavista. Las condiciones necesarias para su existencia eran, y siguen siendo:

-El dominio patriarcal.

-El comercio de mujeres esclavizadas o empobrecidas para ejercer la prostitución.

Heuman y Burnard (164) informan que incluso hoy en día, el flujo de mujeres que padecen el tráfico sexual únicamente en el Sureste Asiático es del orden de 300.000 al año.

-Una clase de hombres relativamente ricos.

-Un sistema bien desarrollado de economía monetaria, con el fin de que el sexo pueda convertirse en un negocio que da dividendos.
Las prostitutas eran, en general, esclavas y los dueños de esclavos no tenían el menor escrúpulo en explotarlas sexualmente. Este hipócrita fariseísmo de la política sexual romana fue resumido por el moralista cristiano Salviano en un aforismo “adulteria vetantes, lupanaria aedificantes”, o lo que es lo mismo, “se prohíbe el adulterio y se construyen burdeles”.

-La explotación sexual de las esclavas domésticas. En todas las sociedades de clases las criadas domésticas han sido víctima de la lujuria de sus amos. Aunque la madre de familia deploraba tal conducta, las criadas estaban indefensas frente a sus amos y podían ser azotadas por sus amas si se descubría que habían cedido. El dominus por otro lado no obtenía únicamente gratificación sexual sino niños esclavos vendibles.

Vale la pena observar que la explotación sexual y doméstica es diferente. La explotación económica implica la apropiación del producto físico de una clase trabajadora por una clase explotadora. La explotación sexual es cualquier práctica por medio de la cual las personas obtienen una gratificación sexual o descendencia abusando de la libertad sexual de otra persona. (95)

Esto sigue siendo un problema en las sociedades post-esclavistas. El análisis de Weber ha sido criticado por teóricos sociales más recientes como Harper que afirma que subestimó el significado de la reproducción natural entre los esclavos. Incluso si se mantiene apartados a los esclavos varones y mujeres, las esclavas eran objeto de explotación sexual por parte de sus amos, y sus hijos podían venderse con ganancia en el mercado de esclavos.

Sostienen que no es demasiado seguro generalizar a partir de la elevada mortalidad esclava en los EEUU en relación con las economías esclavistas más antiguas. La mortalidad en las tempranas formas de esclavitud puede haber sido algo interior, aunque en ausencia de datos fiables resta una cierta incertidumbre. Lo que sí sabemos es que la esclavitud sobrevivió en EEUU bastante tiempo después de que terminara el comercio de esclavos, y sobrevivió, aunque no necesariamente en la misma escala, en el Imperio Romano tras el final de las conquistas. Esto indica que una proporción sustancial de la mano de obra en ambos sistemas esclavistas pueden haber nacido esclavos.
Por otro lado el propio Harper documenta el grado al que llegó el comercio de esclavos a larga distancia, importando esclavos del África sub-sahariana, de la frontera gótica hasta el mismo Cáucaso. Tal importación a gran escala indica que la reproducción natural era insuficiente para mantener la economía esclavista, y que en un grado significativo se parasitó el excedente natural de población de las sociedades tribales y de clan que las rodeaba. Es posible por tanto que Weber estuviera en lo cierto, que en tanto la oferta exterior de esclavos, la fuera por la guerra o por el comercio, se reducía, subía su precio y eso alentaba el viraje hacia el colonato. Este a su vez habría cambiado la relación básica de explotación de una que presuponía la producción de mercancías a otra en la que la producción de mercancías era secundaria.

Este cambio en las relaciones de producción tendría como efecto el colapso general de los mercados que se observó en todo el territorio del Imperio Romano de Occidente.

El relato de Weber, en el que la esclavitud da paso a un sistema donde dominan los terratenientes a los aparceros y campesinos vinculados a la tierra encaja igualmente con lo que sucedió en los EEUU y Brasil con la abolición formal de la esclavitud. Si la esclavitud en sentido formal es abolida, pero la tierra todavía es de los esclavistas, tenemos la consecuencia inevitable.

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Adesso anche da noi si va dicendo, in ossequio a quanto hanno descritto Proudhon e un ebreuccio tedesco del quale non ricordo il nome, che la colpa del cattivo stato delle cose, qui ed altrove, è del feudalismo; mia cioè, per così dire. Sarà. Ma il feudalismo c’è stato dappertutto, le invasioni straniere pure. Non credo che i suoi antenati, Chevalley, o gli squires inglesi o i signori francesi governassero meglio dei Salina. I risultati intanto sono diversi. La ragione della diversità deve trovarsi in quel senso di superiorità che barbaglia in ogni occhio siciliano, che noi stessi chiamiamo fierezza, che in realtà è cecità. Per ora, per molto tempo, non c’è niente da fare»”.


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Mar Ago 22, 2017 3:16 pm 
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¿Sin embargo, por qué razón no pudo haber continuado el comercio de ultramar de esclavos de forma indefinida? Una posible respuesta la ofrecen los adelantos en materia de armamento. La pericia cada vez mayor en la forja del hierro permitió el desarrollo de la catafracta o caballero acorazado. Con la invención del estribo un caballero acorazado podía blandir una lanza sin caer del caballo debido al impacto del choque.

Estos cambios técnicos supusieron un viraje decisivo en el equilibrio de poder militar, siendo ahora el arma predominante la caballería con su fuerza de choque. (125,383,390)

El Estado esclavo había fiado en la capacidad de combate superior de su infantería profesional para conservar el dominio estratégico sobre las sociedades “bárbaras” que la rodeaban. Si esta tecnología militar constituyó un factor en el colapso del imperio, explica por qué, una vez que se estableció el feudalismo, la infantería compuesta por ciudadanos nunca pudo enfrentarse al dominio de la aristocracia montada hasta finales de la Edad Media. Las armas de fuego pondrían fin a la caballería pesada y a la aristocracia militar.

La transformación social progresiva de las sociedades bárbaras en sociedades de clases (159) también hubiera eliminado la superioridad organizativa que poseía el Estado romano sobre sus vecinos y puede haber afectado a su capacidad de explotarles con incursiones en busca de esclavo.

Los concretos incidentes históricos que provocaron la caída del estado esclavista no son, sin embargo, fundamentales en una teoría de la dinámica global de la forma esclavista de economía puesto que se trata únicamente de una sociedad esclavista. La esclavitud siguió existiendo, bien que como un componente menor del sistema de explotación, bien entrado la edad media. Tal vez un 10% de la población inglesa era esclava en 1066. En los imperios árabe, otomano y bizantino que sucedieron a Roma también persistió la esclavitud. Nunca dejó de capturarse a esclavos en el áfrica sub-sahariana, que eran transportados al norte a través del desierto. El modo de producción esclavista ya se encontraba bien asentado en los Imperios Sahel como Burnu y Sokoto. Heuman y Burnard 164, capítulo 2, informan que a mediados del siglo XIX había tantos esclavos en Sokoto como en EEUU. A partir del 1500, el comercio de esclavos, que se había dirigido al norte y al este pasó al sur, a Benin, en lo que se denominó comerció transatlántico. Entre 1500 y 1900 se transportó por mar a 12 millones de esclavos desde las costas de África a las plantaciones de Brasil, el Caribe y América del Norte. En la misma época se vendieron 5 millones de esclavos al mundo islámico. El número total de esclavos que se comercializaron en el ámbito del océano Índico era muy superior, pero la mayoría provenían de otros lugares: dentro de India, del Asia Central y de China (164 capítulo 3)

Como consecuencia de 2000 años de comercio de esclavos en África se produjo una descompensación demográfica crónica, que ralentizó el desarrollo democrático y social. Ello constituye el parasitismo esencial del sistema esclavista. Si el trabajo esclavo es tan rentable se debe a que los costes de reproducción de los esclavos tiene que soportarlos la sociedad de la que provienen. Globalmente transfieren el trabajo de la reproducción humana de un territorio a otro. Y al reducir el precio de la mano de obra esclava por debajo del nivel necesario para su propia reproducción alienta la explotación más despiadada de los desgraciados que sufren el cautiverio.

Las cuestiones más importantes que hay que destacar de la economía esclavista son las siguientes:

-Es un sistema de producción que engendra un intercambio de mercancías bien desarrollado. En esto posee un rasgo común con el capitalismo.

-Su dominio sobre otras formas de explotación depende de la capacidad de servirse de fuentes exteriores de trabajo esclavo. Esta dependencia de la oferta exterior de mano de obra es algo que nos volveremos a encontrar cuando analicemos la economía capitalista.

3.5. Mercancías y precios.

En el anterior análisis sobre la esclavitud habíamos afirmado que uno de los rasgos distintivos de las economías basadas en la esclavitud es que poseían mercados bien desarrollados. Sin embargo hasta ahora hemos abordado los mercados y las mercancías en su acepción de sentido común. Tenemos que analizar la cuestión con más profundidad y plantear una teoría de las mercancías. En esta obra emplearemos la teoría clásica del precio y la circulación de mercancías.
Cuando hablamos de la teoría clásica nos referimos a la idea de que el trabajo es la fuente del valor. Teoría que era aceptada ya en la época del insigne sociólogo musulmán Ibn Kaldun y por Petty y Adam Smith, así como por Karl Marx.

Mercancías y precios.

3.5.1 Precios neoclásicos.

Si has estudiado economía en el colegio en la universidad, es poco probable que te hayan enseñado esta teoría. Lo más probable es que aprendieras la teoría neoclásica que plantearon en el siglo XIX autores como Jevons o Marshall. Se podría afirmar que esta teoría ganó predicamento y acabó imponiéndose porque la teoría clásica, que habían adoptado los escritores socialistas, tenía mala fama en la sociedad culta. La teoría neoclásica parecía mucho más sofisticada. Era más matemática y tenía una apariencia científica. A los estudiantes les resulta más atrayente debido a un seductor uso de diagramas. Para los que no hayáis estudiado economía, la gráfica 3.5 es la teoría de precios que se enseña a millones de estudiantes.

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Hay dos líneas, que a veces se dibujan ligeramente curvadas. A una se la denomina la función de oferta y a otra la función de demanda. La función de demanda se basa en la idea de sentido común de que si algo es barato, l agente comprara más, por lo que tiene pendiente descendiente. Los profesores tienen pocos problemas inculcando esta idea. La otra línea, que se llama la función de oferta, tiene una pendiente que va en sentido contrario. Lo que trata de mostrar es que cuanto mayor sea la oferta más sube el precio de cada bien. Es más difícil inculcar esto, puesto que el sentido común y la experiencia habrán enseñado a los estudiantes que la verdad es lo contrario: cuando las industrias aumentan la producción pueden producir con más eficiencia y ofrecer el producto a menor coste. Esas objeciones provocan gesticulaciones en la pizarra y excusas de diversos tipos.

Lo notable de un diagrama clásico es que es valioso y comprensible intuitivamente. Si se plantean las matemáticas de este modo se aprovecha la capacidad de procesamiento de nuestro córtex visual para comprenderlas. Esa es la razón por la que los diagramas de Venn les resultan mucho más fáciles de entender a los estudiantes que la Teoría Axiomática de Conjuntos. (203)

Nuestro cerebro nos dice que si parece que está bien, no sólo está bien, sino que es real. Así que después de haber visto los diagramas los estudiantes salen pensando que las funciones de oferta y demanda son reales, después de todo las han visto. No sólo eso, uno puede ver que la intersección de tales funciones predice rigurosamente tanto la cantidad de la mercancía vendida, q, y su precio p. Si esta teoría se hubiera presentado completamente en forma algebraica, sería menos equívoca, menos atrayente, y más susceptible de un análisis crítico.

Demostraremos que una vez que se convierte en notación algebraica es claro que la teoría vulnera dos principios fundamentales del método científico. Su apariencia científica no es más que un disfraz. La Navaja de Ockham, es el principio que suele atribuirse al filósofo medieval Guillermo de Ockham en la edad media, al que se le atribuye haber dicho que en una explicación, ENTIA NON SUNT MULTIPLICANDA PRAETER NECESSITATEM o, en buen romance, que no se debe multiplicar las entidades sin causa. Su afirmación ha sido aceptada por lo general por los científicos que han interpretado que cuando se presenta una hipótesis debe ser lo más sencilla posible.
¿Por qué es un buen principio para la ciencia?

Además de la creencia filosófica en la sencillez y elegancia de las leyes naturales, existen razones más pragmáticas para respetar la navaja de Ockham en la práctica. La principal es que si uno plantea una teoría suficientemente complicada puedes hacer que te cuadre con cualquier serie particular de observaciones, pero a expensas de una pérdida de capacidad predictiva general.

Un célebre ejemplo es el modo en que la teoría geocéntrica astronómica de la antigüedad clásica fue preservada añadiendo epiciclos que daban cuenta del movimiento retrógrado aparente de Marte. Tolomeo conseguía obtener buenas predicciones, lo que no es el caso de los economistas muchas veces, pero a expensas de una teoría con escasa lógica interna y que ahora sabemos que estaba completamente patas arriba.

La teoría neoclásica de la oferta y la demanda multiplica los entes sin necesidad. Cada una de las funciones posee al menos dos parámetros que concretan su posición y su pendiente. Pero los datos reales observados únicamente poseen dos parámetros: un precio y una cantidad en un día concreto. De modo que la teoría trata de explicar dos números y en el proceso de hacerlo introduce cuatro números nuevos, entidades que no son necesarias. Para Tolomeo la complejidad de los epiciclos le permitía predecir el movimiento planetario con precisión, y en la medida en que no había más epiciclos que los necesarios para llegar a esa precisión, la teoría de Tolomeo cumplía con la navaja de Ockham. Pero la prodigalidad con la que los economistas desperdigan variables consigue el efecto contrario. Su teoría de los precios es indeterminada y no puede hacer predicciones falsables. La falsabilidad es otra piedra angular del método científico. Una teoría sobre las causas tiene que ser falsable para comprobar si es cierta. Para que funcione, las entidades que utilices tienen que ser mensurables. ¿Pero qué predicciones falsables presenta la teoría neoclásica sobre la estructura de los precios industriales, por ejemplo, en la industria de EEUU?

No puede, ya que las funciones de oferta y demanda de las diversas mercancías no sólo son desconocidas de modo contingente, sino que son en principio incognoscibles. La teoría dice que las dos funciones definen singularmente el precio y la cantidad a la que será vendido en un día concreto, pero hay pares de líneas infinitos que pueden dibujarse para que intersecten en el punto (q, p) en la gráfica 3.5.

Tampoco sirve de mucho observar cómo varían día a día los precios y cantidades, ya que la propia teoría sostiene que cualquier cambio en el precio o en la cantidad debe provenir de “variaciones” en las funciones. Lo que esto significa es que el profesor de economía va a la pizarra con la regla y dibuja dos líneas más intersectando en el nuevo precio y cantidad. Esto, dice al alumnado, es lo que sucede en los mercados reales, los precios cambian porque se desplazan las funciones de la oferta y la demanda.

Pero salpiquemos cualquier serie arbitraria de puntos en la gráfica de precio cantidad, y claramente puedes trazar líneas que intersectan en cada uno de ellos. Si consideramos que esos puntos son precios en días sucesivos, nunca podrá existir una secuencia de esas mediciones de precios y valores que no pudiera ser “explicada” moviendo una regla y dibujando pares de líneas que intersectan. Así que la teoría no es falsable. No hace predicciones operativas específicas sobre los precios y las cantidades. Es cierta por definición y superflua por definición. Ni siquiera es falsa. (391)

3.5.2. La teoría clásica de los precios.

La teoría clásica de los precios era sencilla, falsable, ha sido comprobada y es correcta. Dice que los precios a los que se venden las mercancías que se producen en masa tienden a ser proporcionales al trabajo necesario para fabricarlas. Las cosas son valiosas si cuesta mucho trabajo hacerlas, baratas si cuesta poco trabajo. Un resumen terso de la teoría lo tenemos en la afirmación de Marx: el valor de una mercancía es al valor de otra mercancía como la cantidad de trabajo incorporado en una de ellas es a la cantidad del trabajo incorporado en la otra.

Esta afirmación tiene varios matices pero no impiden que la teoría pueda hacer predicciones significativas y comprobables. Los matices suelen revestir la forma de que tal y cual aspecto engendrará cierto grado de fluctuación aleatoria entre los precios relativos y las proporciones de trabajo relativos. Por ejemplo si una mujer es especialmente rápida una hora de trabajo generará más valor que la media.

Si una fábrica emplea una organización de la producción inusitadamente eficaz que le permite usar menos trabajo de lo normal, una hora de trabajo por obrero creará más valor que la media. Además esperaban que los precios relativos de mercado fluctuaran ligeramente por encima y por debajo de las proporciones de trabajo incorporados. Los escritores clásicos trabajaban antes del desarrollo de la estadística como una moderna disciplina científica, pero no es complicado traducir lo que decían en términos modernos. Esta traducción fue efectuada por dos matemáticos en los 80. Farjoun y Machover (121) formularon las tesis clásicas, a grandes rasgos, como sigue: las proporciones de precios entre pares de mercancías son variables aleatorias cuyo valor esperado es la proporción del contenido en trabajo de las dos mercancías.

Así que si tomamos dos mercancías: un modelo particular de botas masculinas de la talla 8, y un modelo concreto de Volkswagen Golf, y conocemos la proporción de cuánto trabajo se gastó en fabricarlos, podemos efectuar una predicción razonable de sus precios relativos. Más en concreto, la proporción de precios seguirá una distribución normal (Gráfica 5.17) alrededor de la proporción de contenido de trabajo con una desviación típica relativamente pequeña.

3.5.3 Pruebas de la teoría.

En esta forma las predicciones de la teoría clásica de los precios son claramente falsables, en el bien entendido de que estipulemos el pequeño alcance de la desviación típica. Se ha dicho que al menos uno de los economistas clásicos, Ricardo, estimó que el 93% de las diferencias en los precios relativos se podrían explicar por diferencias en el contenido de trabajo. (295) Farjoun y Machover argumentan con fundamentos estadísticos muy generales que la desviación típica en la ratio trabajo/precio sería alrededor de un sexto de la media de la distribución.
Desde los años 80 es posible emplear ordenadores para obtener estimaciones de la proporción entre los precios de venta de los productos industriales y el trabajo directo e indirecto que emplean. Se ha llevado a cabo un gran número de estudios que tienden a confirmar dichas hipótesis. En general los estudios encuentran que la correlación entre los precios de la producción industrial y el contenido laboral es aún mayor que el 93% de David Ricardo. Por lo general la correlación es del orden de 95 a 97 por ciento.
Comprobamos la desviación típica de la distribución de precios y valores y comprobamos que el error estándar era en realidad menor que el vaticinado por Farjoun y Machover (121) más cera de 1/10 que de 1/6.
La teoría clásica ha sido comprobada y es correcta. La teoría neoclásica no puede ser falsada, y por lo tanto haremos caso omiso de ella en el resto de la obra.

3.6. Trabajo y precio con la esclavitud.

Estas pruebas provienen en su integridad de la economía moderna. El primer registro histórico de una persona que ligaba tiempo de trabajo a valor aparece en la obra de Ibn Kaldun en el siglo XIV. Si él, en esa época, estaba afirmando como un hecho que el valor se genera por el trabajo, podemos suponer sin problemas que observó esa relación en la práctica. Por su puesto sería una observación empírica y a grandes rasgos, no un estudio econométrico preciso moderno, pero indica que esta relación ya era manifiesta en el siglo XIV. No disponemos de fuentes escritas que efectúen una observación causal parecida en la época de la esclavitud clásica. En el norte de África en el siglo XIV había una gran cantidad de esclavos, pero más bien en el hogar y en agricultura a pequeña escala. Una serie de rebeliones de esclavos entre los siglos VII y IX habían llevado a una reducción de las plantaciones basadas en la esclavitud a gran escala. Cuantos más esclavos más posibilidades de que una rebelión tuviera éxito. Así que no puede considerarse que la observación de Kaldún se basara en los precios de una economía predominantemente esclavista.

No sabemos si los precios se regían por el contenido laboral en esa época pero la idea parece razonable ya que las plantaciones esclavistas parecen haber empleado muy racionalmente el trabajo de que disponían. Considérese el análisis siguiente de Catón sobre la distribución del trabajo esclavo:

“En cuanto el "pater familias" llega a su hacienda, después de prestar sus respetos a los lares, debe recorrer la propiedad el mismo día. De no ser posible, al menos el día siguiente. Cuando se haya enterado de la condición de la hacienda, del trabajo que se ha hecho y del que queda por hacer, pregúntele al administrador, por el progreso de los trabajos y el rendimiento en vino, cereal y otros productos. Después de esto, debe calcular la mano de obra y el tiempo consumido. Si el rendimiento no es evidente el administrador se va a justificar diciendo que algunos esclavos estuvieron enfermos, que hizo mal tiempo, que algunos esclavos se escaparon, que llegaron los impuestos de Hacienda. Una vez que haya terminado con sus excusas, hágale rendir cuentas de las obras y de los obreros. Si llovió, debía haber hecho trabajos que puedan realizarse entonces: lavar las vasijas, untarlas de pez, limpiar los edificios , sacar fuera el estiércol, cambiar las simientes, hacer cuerdas, remendar las ropas ... Durante los días festivos se podían arreglar los fosos, empedrar el camino público, cortar los zarzales... Si los esclavos se encontraban enfermos , no había que darles tanto alimento, etc. Después de realizar las cuentas haga una venta pública: venda su aceite si está a buen precio; venda el vino y el grano que le sobren; venda los bueyes y los terneros y corderos destetados, la lana, pieles, carretones viejos, hierros viejos, esclavos ancianos y enfermos, todo cuanto sea necesario”.

Fijémonos bien en la alusión a la necesidad de calcular el tiempo de trabajo efectuado para producir tanto vino, cereal, etc. Se supone que hay “contabilidad en efectivo, contabilidad de cereal, contabilidad de vino, contabilidad de aceite” de todo lo que es necesario para un cálculo racional del trabajo consagrado a cada rama de la producción agrícola y su rendimiento respectivo. Las instrucciones terminan indicando que hay que vender si el precio es satisfactorio. Aquí nos encontramos con todo lo que es necesario para que el tiempo de trabajo sea el elemento regulador de los precios en una economía esclavista.

El dominus sabe lo que cuesta cada producto en trabajo, conoce el precio de mercado vigente y únicamente venderá si el precio es “satisfactorio”. ¿Pero qué significa eso? El baremo que hace algo satisfactorio lo aporta el “cálculo de la mano de obra y el tiempo consumido”, junto con la contabilidad del aceite, el vino y el cereal. Conoce los costes relativos en términos de trabajo esclavo de los diferentes productos, y puede por tanto evaluar cuándo los precios relativos son suficientemente satisfactorios para justificar una venta. Si el precio desciende por debajo de un nivel satisfactorio, la hacienda no venderá el producto hasta que suba el precio.

No hace falta hacer lo que hizo Adam Smith, y proyectar en el pasado la regulación del precio por el trabajo en un pasado imaginario en el que los cazadores individuales canjeaban castores por ciervos. Un pasado que únicamente podemos imaginar, ya que la individualización precisa para la existencia de un comercio regular no existe en una sociedad de cazadores recolectores. Smith concebía a los cazadores de ciervos y castores como si se tratara de oficios especializados anteriores al surgimiento de la propiedad privada y el intercambio general de mercancías con el fin de aportar un relato mítico de algo que observaba que ya estaba ocurriendo en el sistema que combinaba esclavismo y capitalismo del siglo XVIII, la economía atlántica.

Si leemos lo que escribieron los clásicos sobre la agricultura podemos entender mejor el proceso. Los latifundios producían múltiples mercancías, los dueños conocían sus costes en trabajo relativos y esto aportaba la base para que el tiempo de trabajo fuera el factor regulador del precio.

La clase que poseía esclavos no sólo era dueña de haciendas, también llevaban otros tipos de empresas. Si el trabajo esclavo rendía más réditos en efectivo que otra rama de actividad, hubieran empleado este en sus haciendas o invertido en talleres con trabajadores esclavos urbanos. No sabemos si los precios estaban regulados por el trabajo en la ciudad de Roma, pero es una hipótesis razonable. Es una hipótesis que puede ser puesta a prueba.

En principio es posible investigar para ver si los precios en las economías esclavistas seguían la ley del valor. Los precios relativos con los que nos encontramos, por ejemplo, en el célebre edicto de Diocleciano (301 después de Cristo) pueden compararse con los cálculos del tiempo que lleva hacer cosas con las condiciones técnicas de esa época; cuando de productos agrícolas se trata, las técnicas de producción permanecieron más o menos iguales hasta la historia contemporánea, así que se pueden aprovechar los datos sobre el empleo de la mano de obra en periodos más recientes. En la economía de América del Norte por supuesto disponemos de muchos más datos. Esto haría que una investigación parecida fuera más sencilla.

3.7. El Dinero.

El dinero en la forma de acuñación de moneda surge en sociedades con mercados y ciertamente es muy posible que sea un factor crucial para hacer surgir los mismos mercados. Una economía esclavista desarrollada presupone el dinero y los intercambios monetarios. En esta sección contemplaremos las propiedades generales del dinero que surgieron por vez primera con la esclavitud. Son propiedades que existen en el presente.

Las compras con la mercancía dinero permiten la fijación de una serie de valores mercantiles coherentes. Supongamos que, como en el edicto de Diocleciano, un huevo vale un denario, y una medida de vino por 8 denarios, y una medida de aceite de oliva 40, podemos representarlo como en esta tabla:

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Después podemos ver fácilmente como un “sectarius” de vino posee el valor de 8 huevos. Es evidente con dos mercancías y con dinero, pero si se considera una hipotética economía de trueque sin dinero, la cosa se complica. Ahora tienes una matriz de relación de intercambio por parejas como esta.

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Interpretad esto como si se dijera, por ejemplo que una medida de aceite obtendrá en cambio 40 huevos o 5 medidas de vino.

Sabemos que esta tabla es coherente ya que la hemos elaborado partiendo de los precios anteriormente aludidos. Consideremos la complejidad que surge incluso con esta tabla simple de tres mercancías. En vez de tres precios, nos encontramos con 9 ratios de intercambio. Si tuviéramos cuatro mercancías tendríamos una tabla de 4 x 4 con 16 ratios. En general el tamaño de tu tasa de cambio crece al crecer el número de mercancías sometidas a trueque. Diocleciano fijo los precios, que sepamos, de unas 1000 mercancías. Si, en vez de especificar precios en dinero hubiera fijado un conjunto de tasas de trueque la tabla hubiera tenido un millón de números. Teniendo en cuenta el hecho de que los romanos tenían que llevar a cabo todos sus cálculos empleando el ábaco, hubiera sido bastante imposible hacer los cálculos de una tabla así, y ya no digamos distribuir copias de la misma. Por lo tanto un efecto útil del dinero es la compresión de datos. En vez de concretar un millón de proporciones bastaba fijar mil precios en denarios. Sin embargo esta compresión funciona únicamente con lo que hemos denominado tablas de trueque coherentes. En esta acepción la definición es circular, puesto que las tablas de tasas de trueque coherentes son las que puedes generar a partir de un único grupo de precios monetarios. Pero la lógica de los agentes privados que intercambian implica que cualquier otro tipo de tabla de trueque es inestable.

Imaginemos que tomamos la tabla (B) y no cambiamos más que un número, la tasa de trueque entre el aceite de oliva y los huevos, lo que nos da la tabla (C) con los guarismos cambiados en negrita.

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Supongamos que se comienza con 20 huevos. Según la tasa de cambio de la tabla C puedo obtener una medida de aceite. Después, por la última fila, puedo cambiarla por 5 medidas de vida. Después, por la fila de en medio, puedo cambiar cada uno de ellos por ocho huevos, lo que me daría 5 x 8= 40 huevos, dos veces más que los huevos con los que empecé. Una tabla de trueque coherente no te permite hacer esto. Es coherente porque cualquier secuencia circular de trueques te lleva a lo que tenías al principio. No te deja comerciar para obtener ganancia. En realidad, como se ha dicho, nunca obtienes sistemas sofisticados de trueque, el número de proporciones de cambio necesarias es sencillamente inmanejable. Pero incluso suponiendo que tienes esa economía de trueque, las tablas de trueque incoherentes serían inestables. Volvamos a pensar en la tabla C. Nadie que tuviera aceite de oliva estaría dispuesto a cambiarlo directamente por 20 huevos, puesto que conocerían que cambiándolo en primer lugar por vino y después por huevos sacarían 40 huevos. Así que, sometido a una cierta cantidad de ruido estadístico, únicamente conseguirías un grupo coherente de tasas de trueque.

Con el trueque de pares tenemos un número de ratios intratables: mil bienes implican un millón de tasas de trueque. También son necesarios cálculos muy complicados, muchas divisiones extremadamente difíciles de hacer en el pasado. Las tasas de trueque coherentes son reducibles, en términos de información, a una única columna de números en la tabla (A). Esa columna nos informa del valor relativo de los bienes.

Cualquier sociedad en la que se registre un intercambio, se ve auxiliada por la lógica del cambio, y forzada por razones de complejidad en el cálculo, a emplear algo equivalente a la columna de precios. El contenido de información en esa columna, que asocia un número a cada clase y unidad de bien, es un sistema de valor. Las unidades que se utilizan para manifestar los valores son el patrón de valor. No importa si empleamos uno u otro de los bienes existentes en el mercado como medida de valor. Estamos lidiando con un imperativo de cálculo abstracto al que le es indiferente el patrón utilizado.

No hacen falta monedas físicas para poseer un patrón de valor. Polanyi et al 299 sostenían que en la antigua Mesopotamia había un patrón de valor, el shekel, que era bien una medida de cebada o el monto de plata que pesaba lo mismo que un grano de cebada. La existencia de ese patrón no implica que las transacciones se llevaran a cabo realmente entregando medidas de cebada para comprar cosas. Los escribas llevaban registros en tablillas de arcilla donde hacían constar los movimientos físicos de los bienes y su valor equivalente en shekels. Pero para que funcione este tipo de transacción dependes de registros escritos y de una clase de escribas con conocimientos de matemáticas. No es posible llevar a cabo transacciones de mercado ordenadas cuando impera el analfabetismo, lo que no fue el caso tras la invención de la acuñación de moneda. Los patrones de valor no han sido utilizados únicamente para comprar y vender, también se empleaban en la civilización sumeria para calibrar las responsabilidades tributarias. Al expresar las mismas en medidas de cebada, permitiendo que las deudas tributarias pudieran solventarse con bienes diferentes: aceite, sal, dátiles, etc, la cebada como patrón de valor permitía al Estado aceptar diferentes pagos en especie, sin tener que concretar exactamente los bienes que debería aportar cada campesino. Los códigos legales concretaban el equivalente en cebada de un gran número de bienes. (301)

Como hemos dicho, la idea de un sistema de trueque generalizado es una fantasía por razones de cómputo, pero aún puede plantearse la hipótesis de que es la lógica de unos intercambios coherentes junto con la simplicidad computacional lo que llevó a los productores de mercancías a adoptar un equivalente universal como el gur de cebada sumerio. Pero no está nada claro que esto surgiera de la circulación de mercancías y no de la necesidad de recaudar tributos.

Lo que distingue al dinero circulante de una medida abstracta de valor o unidad de cuenta es que el dinero está compuesto de objetos físicos distintivos que pueden transportarse, contarse, y pasarse de mano en mano. Toman dos manifestaciones distintas:

1-Objetos relativamente escasos producidos de forma privada como las conchas de caracol que se usaban mucho en la economía de semi-esclavitud urbana de África Occidental o los brazaletes de bronce que usaban para transacciones de más valor.

2-Monedas de curso legal que tuvieron su origen en China y más tarde en las economías esclavistas del Mediterráneo.

Las propiedades físicas del dinero son muy importantes. El dinero debe estar compuesto de unidades discretas duraderas, no valiendo una cantidad continua. Las conchas pueden servir como dinero pero el vino de palma no. Existe una ligazón entre el cálculo y la cualidad de ser discreto. El término cálculo deriva del término latino para guijarro, porque los cálculos se hacían con guijarros o piedrecitas. La moneda es un sistema de auto-cálculo y auto-registro. Si tienes una serie de monedas en la cartera, por su apariencia física, registran el título de que dispones sobre el resultado del trabajo social. No tienes que llevar un registro simbólico separado en una hoja o en un ordenador.

Los sistemas bancarios de créditos registrados han existido al menos desde los tiempos babilónicos. Estaban muy extendidos en la época romana y ahora son omnipresentes. En el Egipto Helenístico estaban bien desarrollados sistemas de transferencias por medio de giros, siendo la unidad de cuenta en este caso el cereal en vez de la moneda. Sin embargo la actividad bancaria exige el registro permanente de las transacciones y los balances. Esto exige tiempo, recurso y una clase de trabajadores alfabetizados y duchos en matemáticas que, hasta la edad contemporánea, eran escasos. Esos costes implican que si bien los mercaderes y los ricos podían recurrir a los bancos para facilitar las transacciones, hasta la invención de los registros informáticos, el grueso de la población quedaba fuera del sistema bancario. Podían poseer cuentas de débito locales con comerciantes individuales, comprando con la pizarra, pero eso es todo. Las cuentas de crédito, o las cuentas de crédito generalizables del tipo de Visa, no podían extenderse a toda la población hasta que la informática se generalizó a finales del siglo XX.

Las monedas o las conchas, por contraste, aportan un sistema distribuido de registro, que no exige más que la simple destreza de saber contar por parte de la población general. Ni siquiera tienes que saber sumar y restar. Toma las monedas de tu cartera y entrégalas y la suma relevante queda deducida automáticamente de tu cuenta. De forma análoga la cuenta del vendedor queda actualizada en cuanto se embolsan las monedas sin que tengan que saber cómo hacer sumas largas. Además de estas ventajas prácticas, el dinero tiene que ser diferenciado lógicamente de la actividad bancaria. Ya no es evidente para nosotros puesto que la mayoría del intercambio moderno de mercancías emplea las operaciones bancarias más que el dinero. Eso lleva a la gente a identificar las cuentas bancarias con el dinero. Pero existe una enorme diferencia lógica. El dinero sólo se manifiesta en cantidades positivas. Las cuentas de los bancos pueden poseer valores negativos o positivos, créditos o débitos. El dinero por tanto es un modelo de Números Naturales mientras que las cuentas de los Bancos son un modelo de números Integrales. La diferencia queda ofuscada en el discurso moderno sobre la “oferta de dinero” y las finanzas públicas. Los argumentos que son válidos desde el punto de vista lógico cuando se aplican al dinero ya no son válidos cuando se aplican a los créditos bancarios.

Los registros que incorporan poder social tienen que ser a prueba de fraude. Hoy en día empleamos sofisticados cifrados electrónicos para las compras más mundanas, cifrados que estaban más allá de los alcances de los más sofisticados servicios de inteligencia a mediados del siglo XX. Otras épocas han fiado en firmas y sellos sobre los registros o en los extremos de palos quebrados. Sea cual sea la técnica, la virtud del dinero radica en que sus unidades son difíciles de falsificar. Las conchas de caracoles se usaban como moneda más allá de donde se hallaban los moluscos, y como eran productos naturales no podían hacerse a mano.

Las monedas se han basado en dos técnicas. La réplica exacta de las marcas es complicada, así que las monedas falsificadas eran palpablemente distintas de las originales cuando se las analizaba de cerca. En segundo lugar, en el caso de las monedas de gran valor, el material del que están hechas puede ser muy caro: ya sea un metal precioso puro o una aleación con componentes dispendiosos. Muchos sistemas de acuñación de moneda europea en los últimos 2.600 años funcionaban así.

En contraste, el dinero chino estaba formado exclusivamente por metales básicos durante 3000 años hasta que acuñaron moneda de plata en 1790. Inicialmente las monedas tenían la forma de conchas o utensilios agrícolas: azadas, cuchillos, etc. En el tercer siglo antes de cristo llegó la forma convencional de moneda redonda con un agujero en el centro. Los economistas modernos, haciendo caso omiso de esa larga historia de los metales básicos en China, tendían a suponer que el contenido en metales preciosos de una moneda era esencial. Los chinos tenían que confiar en el poder del Estado más que en la composición de las monedas para suprimir a los falsificadores. También había menos incentivos para falsificar debido al bajo valor de las monedas individuales. En las transacciones más importante se ha empleado el papel moneda en China durante 1000 años. Los billetes de papel poseen manifiestamente el mismo carácter de auto-registro discreto que las conchas y las monedas.

¿Por qué razón las monedas, y, dando un salto, los billetes de papel pueden medir el valor y registrar títulos sobre el resultado del trabajo social?

Los economistas clásicos daban respuestas distintas. Según Marx, el dinero tenía valor porque las monedas estaban hechas de oro o plata y el valor de una moneda de oro era sencillamente el valor del oro contenido en la misma. El oro requiere de mucha mano de obra para poder extraerse, así que un pequeño peso en oro puede cambiarse por muchas horas empleadas en otras actividades. Desde este punto de vista las monedas no eran sino pesos de oro estandarizados. El Estado interviene simplemente para aportar trozos de metal estandarizados portátiles. El sello real sobre ellos certificaba que el oro era puro y su peso preciso.

Ricardo partió de un supuesto similar, pero dijo después que los precios reales de los bienes estaban afectados no sólo por el trabajo necesario para extraer el oro, sino por la cantidad de dinero que circulaba en un país. Si existía un flujo de oro para pagar las importaciones, el stock de oro que circulaba como moneda se reduciría. Al estar disponible menos dinero para adquirir mercancías, se produciría una caída general en los precios. Los precios menores de los bienes de esa nación fomentarían las exportaciones, mientras que al mismo tiempo la escasez de contante perjudicaría a las importaciones. Al cabo los desequilibrios comerciales se compensarían con las variaciones de precios que llevaría aparejada la cantidad de dinero. Nos encontramos ante la manifestación inicial de la célebre teoría cuantitativa del valor monetario. Marx puso en tela de juicio este mecanismo. Sostenía que sólo una pequeña fracción del oro existente en un país se empleaba para la circulación en un momento dado. La mayor parte se acumulaba de modo que servía de colchón para el efecto de los cambios en la cantidad. Un incremento del stock de oro de una nación simplemente haría que se acaparara más oro como reserva en cajas fuertes privadas o bancos. Estos puntos de vista reflejan el alcance del debate que se daba a comienzos de la Europa del siglo XIX y están planteadas en el contexto de la historia específicamente europea de la acuñación de dinero de oro y plata. Pero esta perspectiva no logra generalizarse a la prolongada historia del dinero en China o a los sistemas monetarios que existen en el mundo contemporáneo, que ya no fía más en el oro o la plata. Ricardo se preocupaba por los flujos de oro debido a un rasgo persistente del comercio entre China y Europa. Mientras que Europa, desde la apertura de las rutas marítimas a Oriente, ansiaba las manufacturas Chinas de alta calidad, poseía pocas mercancías de una calidad equivalente para exportar. Así que tenían que recurrir a la moneda fuerte para comprar sus importaciones de China. Gran parte de la plata de las colonias europeas del Nuevo Mundo fue a través del pacífico para pagar las importaciones de té, cerámica, sedas, etc. de China. El mecanismo supuestamente equilibrador de Ricardo era ineficaz dada la baja calidad, desde la perspectiva China, de las exportaciones europeas. Una caída en el precio de la cerámica europea de baja calidad no induciría a los chinos a preferirlas a sus propias manufacturas de porcelana fina. Así que la Compañía de las Indias Orientales hizo las veces de narco traficante, exportando opiáceos adictivos a China a través de su enclave comercial en Hong Kong. Una vez, en China, por supuesto, la moneda fuerte no generaba el efecto inflacionario vaticinado por Ricardo porque la moneda no se basaba en metales preciosos, se desvanecía siendo acaparada como vaticinaba la teoría monetaria de Marx.

Sin embargo ni la teoría de Ricardo ni la de Marx explicaba a plena satisfacción la situación China. ¿Si el dinero de China era papel o cobre, por qué tenía valor en absoluto?

Si analizamos el origen histórico de la acuñación de moneda en occidente, las monedas más tempranas fueron acuñadas el Lidia, hogar del legendario Rey Midas, a comienzo del siglo VII antes de cristo. Estas monedas parecían encajar con la idea de que eran pesos estandarizados de metales preciosos. Tenían la forma de granos de café con un emblema de un león en una cara. Se fabricaban con pesos estándar precisos. En un breve periodo de menos de un siglo evolucionaron a monedas redondeadas.

El relato clásico del origen de las monedas pasa por alto un detalle crucial. Las monedas lidias no estaban hechas de oro sino de electro, una aleación de oro y plata que se da naturalmente en la zona. Esto significa que se habría defraudado a la gente que aceptara las monedas en su peso convencional en oro. No sólo eso, sino que el contenido de oro de esas monedas era inferior al electro natural lo que indicaba que el Reino de Lidia estaba añadiendo plata a la mezcla antes de marcas las monedas. 84. Bolin (35) apunta que desde los primeros tiempos, la acuñación de monedas fue una actividad rentable. Narra que durante el Imperio Romano se dio un proceso reiterado para reducir el metal precioso de la moneda, y el denario pasó de ser una moneda de plata a otra predominantemente de cobre con una capa de plata por las apariencias. Este proceso se refleja en la más reciente historia monetaria con el penique inglés que pasó de ser una moneda de plata en el siglo XVIII a ser de cobre, después de bronce y encogiéndose a la vez. El penique contemporáneo ni siquiera es de cobre, tiene un núcleo de acero revestido de cobre. Esto refuerza la experiencia China de que se puede llevar a cabo la actividad comercial durante periodos prolongados, gran parte del siglo III en la época romana, desde 1947 en el caso británico.

Las monedas que se encuentran enterradas son una de las reliquias más comunes de épocas pretéritas, y algunos han sentido la tentación de hacer equivalentes los periodos de oro y plata puros con una producción de mercancías particularmente bien desarrollada. Si esto fuera cierto y seguro, Londres debía haber sido más próspero y comercial con Jorge I que con Jorge VI en cuyo reino la moneda casi se convirtió en metal de poco valor.

Una teoría alternativa del dinero cuyos más recientes exponentes son Wray (394) e Ingham (180) atribuye su valor a la capacidad del Estado para imponer obligaciones como impuestos y sanciones sobre sus súbditos. El Estado pretende ostentar un título sobre parte del producto excedente social. Si el Estado concreta que las obligaciones fiscales tienen que satisfacerse con trabajo o cereal no surge el dinero.

Pero si está dispuesto a aceptar monedas acuñadas por él mismo, estas adquieren valor. No por el trabajo expendido en hacer la moneda, sino porque las monedas hacen las veces del trabajo que de otro modo tendría que haberse llevado a cabo directamente. En la medida en que exista en un ámbito un Estado unificado con competencias eficaces en materia tributaria, y que esté dispuesto a aceptar su propia moneda como forma de pago de impuestos, estas monedas circularán de forma efectiva. Esta teoría explica:

-Porqué xiste un sistema monetario distinto normalmente para cada Estado.

-Porqué as sociedades han podido funcionar prolongados periodos de tiempo con monedas con un valor simbólico.

-Porqué la acuñación de moneda no es sólo una fuente de ingresos para el Estado, sino que ha sido protegida infligiendo las penas más horrendas contra los falsificadores.

-Cómo los estados pueden modificar el sistema monetario. Por ejemplo, las autoridades coloniales británicas privaron de su carácter monetario a las conchas estipulando que las deudas tributarias tenían que pagarse con moneda de curso legal británica.

Antes de la invención de las monedas o el papel moneda la apropiación de trabajo excedente por parte del Estado era directa bajo la forma de obligaciones laborales, o en la forma en especie de cereales u otros productos agrícolas. Llamamos a esto la apropiación real del producto excedente. Los impuestos monetarios, son, por contraste, una apropiación de riqueza meramente formal o simbólica. Pero el Estado necesita apropiarse de un excedente real. Necesita trabajo real para construir infraestructuras, comida para sus soldados, hierro real para sus armas. Esa riqueza real la compra con la moneda. La moneda divorcia la apropiación real de la formal. Las dos aparecen separadas en el tiempo, el espacio y la persona. Pueden ser distante en el tiempo porque el estado pueden comprar recursos, apropiarse del excedente real, antes de que se paguen impuestos en dinero. Ciertamente a menos que el Estado haya acuñado las monedas comprando cosas, no hay dinero disponible para pagar impuestos. Está separado en el espacio porque los impuestos pagados en una parte del Estado pueden emplearse para comprar trabajo y recursos en otra parte. Esto libera a la administración estatal regional en un imperio de la dependencia de recursos puramente locales. La invención de la acuñación de moneda consentía la separación del contribuyente del proveedor del excedente físico. Los impuestos que pagaban los campesinos pueden pagar los salarios de un ejército profesional, sin que los mismos campesinos hagan el servicio militar. Sin la capacidad de pagar a un ejército mercenario profesional, las conquistas de un Alejandro o un Trajano hubieran sido imposibles. Para que sucediera todo esto la sociedad tenía que reorganizarse con fundamentos mercantiles. Los campesinos, para pagar sus impuestos en dinero debían producir “cash-crops”. Los mercaderes, los capitanes de navío y la tripulación debían unir las provincias que pagaban los impuestos con las metrópolis donde se gastaban, y cuya población dependía en parte del gasto imperial.

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Adesso anche da noi si va dicendo, in ossequio a quanto hanno descritto Proudhon e un ebreuccio tedesco del quale non ricordo il nome, che la colpa del cattivo stato delle cose, qui ed altrove, è del feudalismo; mia cioè, per così dire. Sarà. Ma il feudalismo c’è stato dappertutto, le invasioni straniere pure. Non credo che i suoi antenati, Chevalley, o gli squires inglesi o i signori francesi governassero meglio dei Salina. I risultati intanto sono diversi. La ragione della diversità deve trovarsi in quel senso di superiorità che barbaglia in ogni occhio siciliano, che noi stessi chiamiamo fierezza, che in realtà è cecità. Per ora, per molto tempo, non c’è niente da fare»”.


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Traducción al español por Huan Manwe