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 Asunto: Re: Argumentos en Pro del Socialismo (tradu)
NotaPublicado: Dom Ene 17, 2016 5:40 pm 
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Capítulo 13- Reseña de "Estrategia Revolucionaria" de Mike Macnair

Mike Macnair del Partido Comunista de Gran Bretaña ha escrito recientemente un libro
cuyo fin explícito es reformular la estrategia de la izquierda en la línea de Kautsky. Un
podría decir, seguramente es un paso hacia atrás políticamente. Pero en un cierto sentido
el acercamiento a Kautsky podría ser un avance para el movimiento comunista “oficial”.
Macnair distingue entre la tendencia de Kautsky y la derecha de la socialdemocracia.
Además, recordando cuanto del leninismo ortodoxo no es más que Kautsky de segunda
mano, Macnair hace una observación muy aguda:

“La política de coaliciones del ala derecha de la Segunda Internacional ha sido, desde
1945, la política de los socialistas de la Segunda Internacional y de los comunistas
“oficiales”. La diferencia sustancial entre ellos, antes del primer eurocomunismo y de la
caída de la URSS era que los comunistas oficiales proponían en cada país una coalición
socialista liberal que se consagrara a una postura geopolítica de neutralidad, en
conjunción con relaciones de amistad con el bloque soviético. Con el ancla soviética
extinguida, la mayoría de los antiguos comunistas oficiales quedaron desorientados en
el mejor de los casos, y en el peor pasaron a formar el ala derecha de coaliciones
gobernantes, como era el caso de los excomunistas y ex compañeros de viaje que se
pasaron al Partido Laborista”.

Un rasgo particular de la tendencia de Kautsky era su oposición a la coalición con
partidos burgueses y la insistencia de que sólo entraran en un gobierno cuando tuvieran
la mayoría necesaria para gobernar sin apoyos. En ese sentido, esa tendencia supondría
una considerable radicalización de los comunistas europeos.

Así pues, el libro es significativo. Defenderé, no obstante, que está marcado por la
incapacidad de ir más allá de ciertos límites fatales de la socialdemocracia clásica, y
también por la incapacidad de presentar una teoría positiva sobre el socialismo.
Y esas carencias teóricas son evidentes en primer lugar en su no tratamiento de la
historia de la URSS o China, y después en la incapacidad de describir por qué tipo de
economía debería luchar el movimiento comunista.

Sobre la primera cuestión Macnair escribe: “Bajo el gobierno burocrático de estilo
soviético, no había una tendencia objetiva hacia la organización independiente de los
trabajadores. Más bien había explosiones episódicas; pero hasta el punto en que la
burocracia no procedió a darles poder político, tendieron hacia un desarrollo procapitalista. La línea estratégica de una revolución obrera contra la burocracia, ya se
llamara “revolución política” como por los trotskistas ortodoxos o “revolución social”
por los teóricos del capitalismo de Estado y del colectivismo burocrático, carecía de una
base material”:

Extiende el argumento a los Estalinistas ortodoxos, que debían explicar por qué los
estalinistas reales no fueron capaces de organizar la oposición a la restauración
capitalista. Es una observación interesante, pero tiene dos problemas:

-Su foco es exclusivamente en la URSS y en Europa del Este después de la Segunda
Guerra Mundial. Ignora la experiencia de China durante la revolución cultural, y si
debemos de creer a Getty y a otros (47) la experiencia de las grandes purgas. Había
participación de la clase obrera ahí. ¿Surgió de una “tendencia objetiva”.

-Puede ser un consejo desesperado. La abolición del capitalismo privado tenderá a
remover la vieja lucha de clases entre el trabajo y el capital sobre los beneficios. Si la
lucha sindical es una precondición de la conciencia de clase, entonces el socialismo
tenderá a remover esa conciencia de clase (ya sea burocrático o no) ¿Entonces dónde va
a encontrarse el fundamento material de la resistencia a la restauración capitalista?
Macnair sostiene en relación con la URSS “Lo que sucedió fue hacer muy concretos los
avisos de Marx y Engels en 1950 sobre la toma prematura del poder en Alemania, que
formaba la base de la precaución de Kautsky en 1890 y 1900. Al escoger representar al
campesinado y otros pequeños propietarios (en especial a los burócratas estatales) el
partido de los trabajadores quedo incapacitado para representar a los mismos, con lo que
se convirtió en una especie de Bonaparte colectivo. Los líderes bolcheviques podían
verlo y sentir que les pasaba a ellos mismos, y en 1919-1923 el Comintern osciló con
una sucesión de concentos estratégicos de corta vida, cada uno de los cuales, se
esperaba, rompería el aislamiento de la revolución. Esos conceptos estratégicos no se
tornan obsoletos simplemente con el colapso de la URSS en 1991. El destino de otros
países socialistas también demuestra que son un callejón sin salida estratégico. Era, por
supuesto, como el argumento de Kautsky durante los años 20. ¿Es válido decir que el
Partido Comunista representaba a los pequeños propietarios cuando estaba en el poder”.
Bueno, ciertamente hay verdad en ello en la medida, en la que, mientras existiera la
pequeña propiedad campesina, creaba alas dentro del Partido Comunista que defendían
sus intereses: Bujarin, Gomulka, Deng. Pero estos eran sólo un ala del partido, y en la
mayoría de los casos no acabaron imponiéndose.

En la URSS la agricultura privada campesina fue en gran medida eliminada por la
colectivización. Y en los cincuenta y sesenta las granjas estatales se expandieron en
detrimento de los colectivos. En Polonia después de 1956 el ala partidaria de los
pequeños propietarios se impuso, pero no fue el caso en general. En la RDA,
Checoslovaquia y Bulgaría, la agricultura estatal o colectiva era la regla general. La
crisis del sistema socialista, dejando de lado Polonia, no fue precipitada generalmente
por las demandas de los pequeños propietarios en la agricultura y la identificación de los
burócratas estatales con los pequeños empresarios es algo poco convincente y no está
realmente apoyado por datos y argumentos sólidos.

Coaliciones.


Macnair escribe: “La política de reforma a través de gobiernos de coalición conlleva (a)
el desplazamiento de las recesiones propias del ciclo comercial a los Estados más
frágiles y a sus poblaciones y empresas; y (b) el desplazamiento de la polarización
social a la polarización entre naciones.

Por un lado, esto quita credibilidad a los reformistas: se logran las reformas y la
polarización social se reduce en los Estados exitosos. Por otro, los reformistas
necesariamente se consagran al sostenimiento y a la gestión de una fuerza militar
imperial”:

Esto puede ser verdad por lo que respecta a Alemania, El Reino Unido o los EEUU,
pero ¿qué pasa con Suecia? Es una generalización abusiva.

Macnair sigue: “en el punto de guerra global entre los grandes poderes, el carácter
ilusorio de la política de reformas a través de gobiernos de coalición se vuelve
transparente. Todo lo que mantiene a los reformistas es el miedo masivo a las
consecuencias de la derrota militar y el apoyo directo al Estado bajo la forma de
represión de sus oponentes de izquierdas. Así tanto 1914-1918 como 1939-1945
conllevaron la debilitación de la política reformista en el seno del movimiento obrero y
el crecimiento de alternativas. Después de la destrucción de la hegemonía mundial
británica vino una nueva fase de crecimiento, y el reformismo pudo revivir. Ahora nos
hallamos en el camino de otro colapso de políticas reformistas… pero lo que falta es
una estrategia plausible alternativa”.

Aunque el razonamiento anterior es sólido, Macnair ataca el eslogan “todo el poder para
los Soviets”: “Pero, todo el poder para los soviets” también era ilusorio en otro sentido.
Incluso antes de que se extinguieran en meros apéndices del Partido Comunista, los
soviets no funcionaban como parlamentos o gobiernos, incluso como la Comuna de
París, en sesión permanente. Se reunión de forma discontinua, con comités ejecutivos
que gestionaban sus asuntos.

Aunque los Bolcheviques tomaron el poder en nombre de los Soviets, en realidad la
coordinación central procedente de Rusia de los mismos la aportaban los partidos
políticos, los mencheviques y lo social-revolucionarios, y después los bolcheviques. Fue
Sovnarkom, el gobierno formado por los bolcheviques y que incluía al principio a
alguno de sus aliados, y su capacidad para conseguir a través del Partido Bolchevique
una organización nacional, lo que resolvió la crisis de autoridad en Rusia en 1917.
La cuestión es simplemente que el problema de la toma de decisiones no se resuelve por
la creación de consejos de soldados que surgen de una huelga general masiva. Por lo
tanto el problema de las formas institucionales que hará que la autoridad responda ante
las masas debe ser abordado de otro modo, abandonando el fetichismo de la huelga
general y de los consejos obreros”.

Macnair afirma que el centro de Kautsky se oponía a la izquierda sobre el fundamento
de que si el partido obrero ya tenía una mayoría entonces una huelga general no tendría
objeto, mientras que tomar el poder después de una huelga estando en minoría sería
elitista y minoritario. Contra esto argumentaban que tomar parte en una coalición
cargaría al partido obrero con la responsabilidad de las medidas adoptadas por sus
aliados de la clase media, que, quieras que no, serían hostiles a la clase obrera. Resume
la estrategia del centro de este modo:

“Cuando tengamos una mayoría, formaremos gobierno y llevaremos a cabo todo el
programa mínimo; si es necesario, estar en mayoría nos legitimaría para forzar a la
minoría pro-capitalista y pequeño burguesa. Llevar a cabo todo el programa mínimo
prevendría que el Estado en el futuro sirviera como instrumento de la clase capitalista y
permitiría que la lucha de clases progresara en un terreno más favorable para la clase
obrera”.

El Estado.

Critica las posiciones tardías de Engels sobre el Estado como insuficientes. Engels había
defendido que había que luchar por una república democrática para que una transición
pacífica al socialismo por medios electorales fuera posible, poniendo el Reino Unido y a
EEUU como ejemplos de países donde esto podía suceder. Macnair apunta que Engels
no advirtió la esencia de la forma de Estado burguesa:

“El secreto íntimo de la forma de Estado capitalista no es la democracia burguesa. En
realidad, tiene tres elementos: 1. El imperio de la ley, el poder judicial, 2. LA
financiación del Estado a través de mercados financieros organizados y 3 el hecho de
que el capital manda, y no en un Estado determinado, sino a través de un sistema de
estados internacional, en el que cada Estado sólo es una parte”.

Esto parece un poco idiosincrático, especialmente el punto 2. Ciertamente, los Estados
muchas veces recurren al déficit para financiarse, y ciertamente uno puede defender que
el crecimiento de la oferta monetaria necesaria para el circuito M-C-M´ puede ocurrir
con frecuencia de este modo. ¿Pero por qué es esto la clave? Con seguridad el poder
para exigir impuestos es más importante que esto, y en particular el poder para exigir los
tributos en dinero y no en especie. Y junto con esto va el derecho a imprimir dinero.
La aceptabilidad del dinero emitido por el Estado, y la capacidad de financiarse
mediante déficit, al final dependen del poder tributario. Sin ingresos fiscales, no se
pueden pagar los intereses de la deuda nacional, y sin la obligación de pagar impuestos
en moneda nacional, no existiría la capacidad de emitir dinero que fuera generalmente
aceptada.

¿Por qué razón pasa también por alto el monopolio de las fuerzas armadas por el Estado,
la existencia de un ejército permanente y de una policía asalariada? ¿Por qué no
menciona el Estado parlamentario como la forma constitucional característica de la
sociedad civil?

Macnair presenta una crítica interesante de rasgos nacionalistas residuales en los
escritos de Marx y Engels. Estos son por supuesto, especialmente marcados en el Engels
tardío, donde se aprecian ciertas resonancias patrióticas jacobinas, que en fecha
posterior podían servir de base para que el Partido Socialdemócrata Alemán votara
apoyar la Primera Guerra Mundial. Macnair argumenta con sentido de lo que se dice en
el Manifiesto Comunista en relación con la cuestión de que el proletariado de cada país
debe primero ajustar cuentas con su propia burguesía.

Macnair resume la línea de Lenin sobre el derrotismo revolucionario, pero defiende que
fue el carácter específico de la Gran Guerra lo que lo convirtió en una estrategia
efectiva. Si hubiera triunfado Alemania rápidamente como en 1870, no hubiera habido
caso; y ciertamente, de haber tenido que luchar Alemania una guerra defensiva en su
propio suelo, entonces la defensa de Engels de una política “defensista” hubiera
quedado reivindicada. También arguye que una política derrotista nuna se hubiera
impuesto o hubiera sido apropiada en las circunstancias de la Segunda Guerra Mundial.
La estrategia derrotista sólo puede funcionar si se aplicara en general por todos los
poderes beligerantes. Esto presuponía la posibilidad de una crisis internacional y
generalizada revolucionaria.

Aunque esto no sucedió, Macnair piensa que la estrategia derrotista era correcta porque
se basaba en una verdad importante sobre el Estado. La cuestión central es que el poder
del Estado descansa en la coherencia y solidez del ejército.

Una guerra injusta y terrible ofrece la oportunidad de que, mediante la propaganda
derrotista en las fuerzas armadas, uno pueda dislocar la principal fuerza coercitiva del
Estado y por lo tanto derrocar a la vieja clase dominante.

Macnair defiende que fue un error de la Segunda Internacional no tomarse en serio la
defensa de Engels de medidas democráticas republicanas, como servicio militar
universal, una milicia, y el derecho a llevar armas.

También deberían haber defendido que en las filas militares hubiera libertad de
expresión y el derecho a organizarse en partidos políticos y sindicatos. Esto hubiera
creado condiciones favorables a la oposición a una guerra imperialista y, aunque
Macnair no lo menciona, también hubiera creado condiciones favorables para evitar
golpes militares.

República Democrática.


Mike Macnair escribe: “La clave es reemplazar la idea ilusoria de “Todo el Poder para
los Soviets” y la vacía de “Todo el poder para el Partido Comunista” con la idea
marxista original de una república democrática pura, o una democracia extrema, como
forma de dictadura del proletariado… La tarea presente de los socialistas y comunistas
es por tanto no pelear por un gobierno alternativo. Es la que se consagra sin reservas a la
auto-emancipación de la clase trabajadora a través de una democracia radical, en
contraposición a los partidos lealistas”.

Esto es correcto, superficialmente, ciertamente el ímpetu va en la buena dirección. Pero
contiene ambigüedades reales cuando señala sus demandas. Cuando lo hace, entonces
Macnair cae en la confusión y muestra que sus concepciones de la democracia política
no se han liberado del republicanismo burgués.

Pero voy a hacer una crítica en este punto y defender que la expresión “república
democrática” es errónea desde el principio. Emparienta dos conceptos muy diferentes,
los de Atenas y la antigua Roma, dos formas de Estado que son radicalmente distintas
en relación con el grado de poder popular que se permite.

La República es Roma renacida: es el poder senatorial, es el poder presidencial (el
primer magistrado) la forma política del Estado dominante imperial. No es un accidente
ni casual que las clases esclavistas de EEUU adoptaran una forma republicana que tomó
a la antigua Roma como modelo. El movimiento socialdemócrata debería, en repúblicas
como USA, Alemania y Francia, buscar el derrocamiento de la constitución republicana
y reemplazarla con la democracia. En monarquías burguesas como el Reino Unido,
Suecia u Holanda, el eslogan del republicanismo antes de perseguir la democracia real,
no te lleva mucho más lejos a la izquierda que los liberales radicales.
¿Qué nos ofrece Macnair como las medidas políticas necesarias para alcanzar esta
“democracia extrema”

-Servicio militar universal, derechos políticos y sindicales de los militares y el derecho a
llevar armas.

-Elección y revocación de todos los cargos públicos; los cargos públicos percibirán de
media el salario de un trabajador cualificado medio.

-Abolición de las leyes de confidencialidad y de la propiedad intelectual.

-Autogobierno a nivel local, esto es, la supresión de los poderes de control y del tutelaje
del gobierno central y la abolición de la capacidad del poder judicial para revocar las
decisiones de los cuerpos electos.

-Abolición de las garantías constitucionales a los derechos de propiedad y a la libertad
de comercio y empresa.

Lo que es más impactante es lo que omite. ¿Cómo se van a alcanzar decisiones políticas
en esta “democracia radical?

Como Macnair no dice nada nuevo sobre esto, acepta las pretensiones del gobierno
parlamentario como democrático. Pero una vez que lo hace, se ha metido en un
problema. Está aceptando la estructura básica del Estado burgués designada por
Hamilton y Madison donde la gente no manda, sino que tienen la ilusión de influir a
poder elegir cuáles de sus mejores mandaran sobre ellos. Los federalistas conocían su
teoría política clásica y entendían que al establecer un Estado en esta forma en los
EEUU no instauraban una democracia, sino una República. Habían leído bien a
Aristóteles y entendían perfectamente que la elección era un principio antidemocrático:
“Existe una tercera modalidad, en la que algún elemento se toma prestado del principio
oligárquico y otro del democrático. Por ejemplo, el nombramiento de magistrados por
sorteo se considera democrático y su elección oligárquico; democrático de nuevo
cuando no se precisa ser propietario para votar, oligárquico cuando sí se necesita. En el
Estado aristocrático o constitucional, un elemento de tomaría de cada uno, de la
oligarquía la elección de cargos públicos, de la democracia que no sea preciso tener
propiedad para votar. Estas son las diversas modalidades de combinación”. (48)
Los Federalistas defendían este Estado constitucional o “aristocrático” que era
oligárquico en esencia, pero tenía ciertos rasgos democráticos. En la práctica, por
supuesto, la eliminación de los requisitos de propiedad vino posteriormente, pero la
cuestión clave era la elección. Al principio el sufragio censitario imperaba en los
Estados burgueses, y más tarde fueron eliminados, pero se retuvo el principio de la
elección.

Estaba muy claro si se estudiaba la teoría política clásica que la elección era un
principio oligárquico o aristocrático. Implicaba la selección deliberada de “los mejores”
para los altos cargos. Y nuestros mejores son las clases altas, los más cultos, los más
ricos, etc.

Cualquier sistema de elección está inherentemente sesgado contra las clases inferiores y
favorece a las superiores. Las elecciones son por su propia naturaleza oligárquicas y
elitistas.

Aristóteles también escribe: “… una oligarquía se dice que es un gobierno de hombres
de familias destacadas, de hombres de fortuna o cultura; así que, por el contrario, la
democracia es el gobierno que está en manos de gente sin linaje, pobres, y empleos
manuales”. (49)

Echemos un vistazo a EEUU, el Reino Unido o Alemania. ¿Gobiernan personas pobres
y gente que realiza trabajos manuales? Ciertamente no. ¿O tienen gobiernos compuestos
por gente de familias destacadas, fortuna o cultura? Está claro que sí. Por lo tanto, como
todos los Estados burgueses, son oligarquías, no democracias.

Como se etiquetó el antiguo Estado oligárquico como “democracia” es la mayor
falsificación intelectual de la época burguesa. Y sin embargo tanto Kautsky como
Macnair aceptan acríticamente la falsificación por su valor nominal. Acaban apoyando
la oligarquía más que la democracia.

En contraste con la forma oligárquica de gobierno, Aristóteles resumió los componentes
esenciales de la democracia:

-Que todos magistrados, fueran elegidos del pueblo llano, y que todos tuvieran mando,
cada uno cuando le tocara.

-Que todos los magistrados fueran elegidos por sorteo, salvo en aquellos cargos que
precisaran cierto conocimiento o destreza particular.

-Que no haya cualificaciones de propiedad (50), o que sean muy pequeñas, para que un
hombre pueda desempeñar un cargo.

-Que nadie debería ocupar el mismo empleo dos veces (51), o muy pocas, o rara vez,
salvo en el ejército.

-Que todos los nombramientos deberían limitarse a breve tiempo, o por lo menos tantos
como sea posible.

-Que toda la comunidad debería estar cualificada para juzgar en cualquier tipo de causa,
da igual si la cuestión es compleja, interesante o elevada; como en Atenas, donde la
gente en general juzgan a los magistrados cuando abandonan sus cargos, y deciden tanto
por lo que se refiere a los asuntos públicos como a los contratos privados.

-Que el poder supremo debe restar en una asamblea pública, y que ningún magistrado
debería tener poder discrecional salvo en pocos casos, y sin consecuencia para los
asuntos públicos (52)

Aristóteles no era precisamente un defensor de la democracia, pero trató de aportar una
descripción relativamente objetiva de las formas constitucionales vigentes en su día. Su
“Política” aportaba el “menú” para que los muy cultivados (especialmente en los
clásicos) fundadores de la Constitución Americana, hicieran su comanda.

Lo que Aristóteles describía no es una “democracia radical”. No. Estaba haciendo una
lista de las condiciones mínimas que debe tener un Estado para que pueda ser llamado
democracia. El principio clave es que, en vez de se elegidos, los cargos públicos deben
ser escogidos del público general como un jurado. Aristóteles argumenta que en las
democracias la forma mejor de magistratura, o del ejecutivo es un Consejo. Si los
magistrados se escogen por sorteo, entonces puede que carezcan de conocimientos de
especialista en el arte de gobernar, pero si son un grupo, colectivamente serán más
sabios y competentes que un individuo sólo. El pueblo no carece de sabiduría, pues en
un colectivo amplio hay personas con muy diferentes habilidades y experiencias. (53)
En una oligarquía moderna como Francia, el Reino Unido o EEUU, lo que Aristóteles
llamaba “las magistraturas” son elegidas. En esas elecciones, los que tienen dinero y
cultura tienen una gran ventaja. El proceso electoral es caro, con los costes de
publicidad electoral y de las campañas. Históricamente, en Europa al menos, los
partidos obreros, han sido capaces de enfrentarse a ello recaudando cuotas de cientos de
miles o millones de miembros. Pero cuando estos candidatos se presentan normalmente
se encuentran con la hostilidad declarada de los medios privados, que suele ser difícil de
contrarrestar.

También están bajo presión para presentar candidatos que se hallan lejos de ser
“indigentes o gente de empleos mecánicos”. La primera generación de dirigentes puede
ser de esa clase: Ramsay MacDonald o Lula.

Pero después tratan de presentar candidatos que son cultos y sofisticados. Los Obamas y
Blairs. En consecuencia, los representantes electos de partidos de raigambre popular
tienden a ser de clase más elevada que los que les apoyan. Tienden, en consecuencia, a
ser más que demasiado prudentes a la hora de llevar a cabo todo el rigor de un programa
socialista cuando se hallan en el cargo.

La selección democrática por sorteo no tiene estos problemas. Garantiza que la
asamblea será dominada por los trabajadores. Garantiza que la asamblea estará
equilibrada en términos de sexo edad, origen étnico, etc. Como tal supondría un campo
abonado y lo más favorable posible para que el socialismo obtuviera mayoría. Si
Macnair quisiera realmente seguir la lógica del partido overo siendo el más coherente
abogado de la democracia, lo que debería pedir es:

-Sustituir todos los parlamentos, consejos, asambleas y demás por jurados seleccionados
por sorteo entre la población.

-El derecho de iniciativa y referéndum, con los impuestos y el presupuestos sometidos a
voto popular, (54) y las declaraciones de guerra igualmente sometidos al mismo.

-Derechos políticos plenos, incluyendo el derecho a elegir a los oficiales a las fuerzas
armadas.

-Abolición del Poder Judicial como tal; los jurados serían dominantes en los tribunales;
ninguna privación de libertad sin precio por jurado.

Indignante.

Una de las partes más interesantes del libro de Macnair es su tratamiento de la historia
del internacionalismo. Es un ardiente defensor de la necesidad e una internacional, pero
es muy crítico con la Tercera y la Cuarta.

La Tercera Internacional es criticada por su estructura de mando militar y burocrática,
que, según sostiene, sólo podría justificarse si se hubiera dado una guerra civil general
revolucionaria en Europa en los años 20. Si no se da eso, se suprime la iniciativa local y
los eslabones horizontales que precisa el internacionalismo real. Macnair dedica tal vez
excesiva atención crítica a la internacional Trotskista, debido a su limitada influencia.
Aún ve la necesidad de una nueva internacional, pero advierte “debería ser claro que las
condiciones políticas objetivas no se dan para tal lucha. Pero si existen para luchas
unidas continentales por el poder político, que luchan por la unificación del continente:
un Partido Comunista Europeo, un Partido Comunista Panafricano, y así sucesivamente.
Una dinámica hacia la unificación continental de la política es ya visible en la política
burguesa, y no sólo en Europa sino en Iberoamérica. Incluso está presente aunque en
una forma completamente deformada y reaccionaria en el movimiento Islamista de
Oriente Medio”.

En general, lo que resulta un tanto indignante cuando se lee a Macnair, es que, aunque
su corazón y sus impulsos están en el lugar correcto, se mantiene dogmáticamente
ligado a una serie de ejemplos históricos. Es claro que su repertorio programático está
extraído casi exclusivamente del Programa de Erfurt y de los primeros programas del
RSDLP. Así que, aunque defiende la lucha por la democracia y aunque dice que
debemos oponernos al constitucionalismo parlamentario, la única media constitucional
significativa que propone, el derecho de revocación, es demasiado insuficiente para la
tarea. La gente no va a hacer una revolución democrática si el objetivo principal es
simplemente el derecho de revocación (55)

Si deseas una revolución democrática, tendrías que oponerte de modo intransigente el
principio elitista subyacente en el que se basa el sistema existente.

Deberías poner en cuestión constantemente la legitimidad de un parlamento electo. Tus
candidatos victoriosos deberían seguir el ejemplo de los republicanos irlandeses y no
acudir y añadir legitimidad al parlamento electo. Deberías considerar la posibilidad de
los Republicanos irlandeses de combinar la lucha legal con la ilegal. Deberías organizar
acciones de desobediencia masiva ante leyes injustas, como hicimos en Escocia con el
Poll Tax. Deberías oponer a la voluntad de los parlamentos a la voluntad de los pueblos
empleando tácticas como los referéndums locales que empleamos para bloquear el
intento Tory de privatizar el agua en Escocia.

Tendrías que mirar a la organización de los Cartistas o de los Covenanters, de peticiones
“monstruo” para el cambio. Pero deberían ser reclamaciones de derechos, no peticiones,
puesto que estas últimas conceden legitimidad a quien se lo estás pidiendo.
Deberías demandar una convención constitucional formada por sorteo entre la población
para redefinir la estructura del Estado. Deberías educar a los miembros del partido para
los fines de la democracia revolucionaria, de modo que si esos cuerpos elegidos por
sorteo se hacen realidad, entonces cualquier miembro del partido al que le toque pueda
desempeñar un papel dirigente en el jurado ciudadano. Los miembros del partido
deberían estar preparados para argumentar de forma intransigente en una convención
constitucional para llevar a cabo las medidas más radicales e igualitarias.

Deberías estar preparado, en tiempos de graves crisis o escándalos políticos, para que la
propia gente tomara la iniciativa de formar tal convención elegida por sorteo.
Deberías defender en el movimiento sindical que sólo elevando los objetivos de
meramente económicos a políticos puede liberarse el trabajo. En el movimiento obrero
debes defender la abolición del trabajo asalariado en términos concretos, explicando los
pasos relativamente simples que una asamblea democrática puede adoptar para lograr
estos objetivos. La lucha por los salarios y las condiciones laborales no basta, pero para
abolir el sistema asalariado debemos primero ganar la batalla de la democracia.

Escrito en 2010.

_________________
Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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14. Ideas sobre liderazgo y democracia.

Conferencia dada en la Asociación de Educación Obrera, en Estocolmo, transcrita por
Joonas Laine.


Hola a todos, soy un ingeniero informático y economista de Escocia, y hace 17 años yo
y otro colega escribimos un libro que se titulaba “Hacia un Nuevo Socialismo”, que
hace 9 años se tradujo al sueco. Desde entonces se ha traducido a otras lenguas también.
Cuando escribimos ese libro lo que nos preocupaba era la crisis de la Unión Soviética,
porque el libro estaba escrito de 1989 a 1990 y el problema era la crisis asociada con la
perestroika. Queríamos abordar la manera en la que la economía de la Unión Soviética
podía salir de la crisis en la que se hallaba sumida. Así que era un libro que trataba de
cómo podía funcionar mejor una economía socialista plenamente desarrollada. Ahora,
como todo el mundo sabe, la URSS se ha derrumbado y no hay economías socialistas
plenamente desarrolladas en el mundo de hoy, con la posible excepción de Cuba.

La cuestión que empezaron a preguntarnos los traductores del libro a otros lenguajes,
como el checo, era cuáles eran los pasos para llegar al tipo de economía que estábamos
presentando.

De modo que en mi conferencia de hoy trataré de combinar dos aspectos diferentes,
porque en principio iba a dar dos conferencias, y ahora voy a tratar de unirlas en una
sola.

Me pidieron que diera una conferencia sobre ideas de liderazgo y democracia. También
me pidieron que diera una conferencia sobre el programa de transición al socialismo en
la UE que se publicó en Berlin en marzo de este año (2010): Por lo tanto, la última parte
de la conferencia son las ideas que se presentaron en el Instituto Rosa Luxemburgo en
Berlín este año.

El trasfondo. Voy a hablar de las ideas que el movimiento socialista y socialdemócrata
ha tenido sobre la democracia y la naturaleza del liderazgo político desde el Manifiesto
Comunista, escrito ya hace 150-160 años. Y después analizaré como podemos llevar a
cabo la transición de la economía vigente a una economía socialista, medidas
inmediatas para cambiar la economía.

Así que, echemos un vistazo a las ideas que estaban presentes en el Manifiesto del
Partido Comunista. Cuando se lee ahora, resulta familiar y al mismo tiempo algo
extraño en algunas de sus partes en particular cuando uno lee frases como “los
comunistas no forman un partido separado”, que parece que va en abierta contradicción
con lo que ocurrió en el Siglo XX cuando los comunistas sin ninguna duda formaron
partidos separados. En el programa que presentamos en Berlín tratábamos de decir
fundamentalmente que las diferencias entre los que se llaman comunistas y los que se
llaman socialdemócratas, son fenómenos temporales históricos de mediados del Siglo
XX, y que uno debería adoptar una visión a largo plazo del desarrollo del pensamiento
socialista que no se ciñeran a las fronteras políticas que parecían tan relevantes en su
momento.

Y ese era en gran medida el espíritu que impregnaba el manifiesto comunista. Ahora, se
dice mucho, la idea del partido de vanguardia llegó al movimiento socialista con Lenin,
pero claramente no es el caso, porque si lees esa sección del Manifiesto Comunista, es
claro que la idea de que los comunistas formaran una vanguardia ya estaba ahí en 1848.
Esa es definitivamente una afirmación del principio de vanguardia. Y si contemplamos
los que se fijaba como objetivos inmediatos del comunismo, el primero es en realidad la
constitución de la clase trabajadora como clase, la constitución del proletariado como
clase. La idea es que el proletariado no existe como clase si no es a través de la acción
política. Lo que existía es un gran número de personas en las mismas o parecidas
situaciones económicas y sociales, pero sólo se convierte en clase en la medida que
participa en la política, que participa en la política defendiendo un interés común. Así
que están hablando de la constitución del proletariado como clase y por lo tanto como
un partido político, y un partido político en el sentido de una sección del cuerpo político
que lucha con el poder. El primer paso de la revolución de la clase obrera es elevar al
proletariado a la posición de clase dominante y vencer la batalla de la democracia. Pero
tenemos que preguntarnos qué quiere decir “ganar la batalla de la democracia”, y creo
que ha existido una confusión histórica sobre lo que eso implica, pues la gente ha
olvidado parte de su significado original. El lenguaje en el que se expresan Marx y
Engels está marcado por una terminología clásica. No se puede entender como escribía
mar si no se tiene en cuenta su formación clásica. Conocía bien las fuentes griegas y
romanas. El término proletariado es latino, el término “democracia” griego, y el
significado que el término democracia tiene como lo emplea comúnmente la burguesía,
es muy diferente del significado que la palabra democracia tenía hace 160 años. Hace
160 años la visión general es que la democracia era el gobierno de la plebe, de la
canalla. Si se analizan las fuentes griegas, ¿cómo define Aristóteles la democracia? No
como el gobierno de la mayoría, sino como el gobierno de los pobres. Aristóteles dice
que es sólo una coincidencia en cierto sentido ya que como los pobres son siempre
muchos más numerosos que los ricos, la democracia sea el gobierno de la mayoría. Pero
la esencia de la democracia es el gobierno de los pobres. Y en el sentido original de la
democracia, el sentido de los griegos clásicos, el sentido con el que Marx es familiar, su
significado es más cercano a la terminología de Lenin, o al más tardío término marxista
“dictadura del proletariado”.


Ahora examinemos como se desarrollo está idea mientras pasamos del partido
comunista a los primeros partidos socialdemócratas, y contemplaremos el Programa de
Erfurt de la socialdemocracia Alemana y como entendían la democracia. Se compone de
dos diferentes demandas, “legislación popular directa por el pueblo por medio de
propuestas y de rechazo a las mismas” En otras palabras no hablan de una república
parlamentaria, hablan de un Estado donde la gente se gobierna a si misma directamente,
pues todas las leyes son sometidas al pueblo, no por políticos, y sometidas al voto
general del pueblo.

La idea de la democracia que tenía el temprano movimiento socialdemócrata era aún la
de la antigua democracia griega, de gobierno directo por el pueblo, y no por el
parlamento. La única cuestión donde decían que el parlamento y la elección tenían un
papel era en la elección de magistrados y dilucidar las cuestiones referentes a la paz de
la guerra, cuestiones de emergencia que deberían ser resueltas por una asamblea electa.
Los impuestos y las leyes serían fijados por el pueblo en su conjunto. Existen algunas
cuestiones donde esto es menos radical que la antigua democracia griega. La Antigua
democracia griega restringía la elección a la elección de cargos militares, y aquí no
había demandas en ese sentido.

Si pasamos a la democracia rusa, vemos una “suavización” de las ideas radicales del
programa de Erfurt, aunque Lenin se presentara como un seguidor muy ortodoxo de tal
programa. El programa que adoptaron los socialdemócratas rusos es esencialmente una
demanda para el tipo de estructura constitucional que se generalizó en Europa después
de la Segunda Guerra Mundial, de repúblicas con un parlamento electo y soberanía.

Tener una sola cámara representativa es una reivindicación ligeramente más radical,
pues en todos los sistemas políticos de ese tipo no es el caso, pero sigue siendo un
modelo de democracia electoral. Ahora bien, ese no es el modelo original del programa
de Erfurt. En los términos en los que Marx entendía la democracia y en los que
Aristóteles entendía la democracia es muy cuestionable si puedes decir que lo que
reivindicaban los socialdemócratas rusos en 1905 era un sistema democrático.
Las ideas de Lenin estaban muy influidas por la Revolución Rusa y la Primera Guerra
Mundial, y las ideas que la mayoría de la izquierda que desciende de la izquierda
comunista tienen de la democracia están muy influenciadas por la modificación de
Lenin del programa socialdemócrata ruso en 1917.


Esa es la sección clave que se modificó. Y muchas cosas son parecidas: la abolición del
ejército permanente, milicias del pueblo armadas. Lo que se introduce de nuevo son tres
aspectos. En primer lugar, que la representación parlamentaria será gradualmente
reemplazada por las instituciones soviéticas. En segundo lugar, que los representantes
pueden ser revocados, y en tercer lugar que los representantes no percibirán un salario
mayor que el trabajador promedio. Your rage is my laugh. :mrgreen:

Esos tres objetivos que se escribieron en el programa socialdemócrata ruso de 1917 son
la ortodoxia del partido comunista y de la extrema izquierda desde entonces. Ahora, voy
a defender que son principios inadecuados, y que contienen dialécticamente su propia
negación.


Contemplemos el principio revocatorio. Lenin lo derivó de su análisis de la experiencia
de la Comuna de Paris, y fue incorporado en la constitución soviética y siguió siendo
parte de la misma hasta el colapso de la URSS, pero también existe en lugares tan
sorprendentes como el Estado de Arizona en Estados Unidos que lo ha incluido en su
constitución. Y en la elección que acaba de celebrarse en el Reino Unido, todos los
partidos políticos más importantes, de izquierda o derecha, decían que estaban a favor
de la revocación de los parlamentarios, y ciertamente acabará formando parte del
Derecho inglés.

Tiene cierta utilidad, pero principalmente para ocuparse de manifiesta incompetencia o
corrupción. Los individuos que son manifiestamente incompetentes o corruptos pueden
ser reemplazados. La razón por la que su empleo es limitado es que con el fin de llevar a
cabo el derecho de revocación necesitas un número enorme de firmas. Tienes que
movilizar al 10% del electorado para firmar una petición que pida una reelección. No
carece de valor, y puede tener sus ventajas, pero lo que pongo en entredicho es que
cambie radicalmente el carácter de clase del sistema político. Es principalmente un
control sobre la corrupción.


Si echamos un vistazo a los soviets o consejos populares, son cuerpos que ciertamente
son de base, y a nivel local suponen una participación de masas que no existe en una
democracia electoral como las que existen en Suecia o Gran Bretaña. Es ciertamente
posible que el nivel de participación política del pueblo en general en un país como la
URSS en términos del número de gente que participaba en los cuerpos políticos era más
elevado que en el Oeste, incluso hasta el final derrumbe del sistema. Pero hay que
preguntar, ¿cuándo surgieron los soviets?

Históricamente han surgido en circunstancias muy específicas cuando se derroca a
autocracias militares, al sufrir estas una derrota en la guerra. Los ejemplos principales
son el derrocamiento de Napoleón III en 1871 por el ejército prusiano, pues esa derrota
militar desacreditó al estado imperial y llevó a crear milicias populares en París para
defender la ciudad. Petrogrado en 1905, o si se quiere San Petersburgo en 1905,
sobrevinieron por derrotas militares rusas. La inestabilidad en Alemania en 1919 y en
Austria Hungría, de nuevo sobrevino por derrotas militares.

La última ocasión en la que los soviets, o algo parecido, surgieron en Europa fue en Lisboa en 1975, cuando el
régimen fascista en Portugal había sufrido una serie de derrotas y el ejército se amotinó,
y eso creó las circunstancias en las que surgieron los soviets. Y este es un factor
absolutamente crucial: sólo se convierten en instituciones revolucionarias si hay un
motín militar. Y el ejército y la marina no se revela no tienes una revolución de soviets o
consejos de soldados, serán instituciones temporales con escaso poder. Y la otra
cuestión es: incluso si existen sólo pueden llevar a un cambio en el poder estatal si son
mandados por insurrectos llenos de determinación. La Comuna tuvo éxito debido a los
esfuerzos de los Blanquistas en el liderazgo de la Comuna, debido a los esfuerzos de un
grupo que se había dedicado durante años a la idea de una insurrección armada. E
igualmente ocurrió en Rusia en 1917, mientras que en Alemania en 1919 fue un fracaso,
como en Hungría en 1919. Y eso fue porque los revolucionarios rusos se habían
consagrado a la idea de la insurrección y del derrocamiento del Estado. Y así pudieron
aprovecharse de la situación que se presentó.

En este punto, voy a poner un ejemplo tomado de la física. No sé si alguna vez lo habéis
intentado, pero podéis ir a casa y tratar de hacerlo. Haceos con una copa de polietileno y
verted agua fresca en la misma poniéndola después en un microondas durante 60
segundos, tal vez un poco más. Después de esto verted un poco de “Nescafé” en ella. Lo
que ocurrirá es que el agua de repente empezará a hervir cuando los granos de café
choquen con ella porque has calentado el agua en exceso por encima del momento en
que empieza a hervir y pones los granos de café encima.

Las situaciones revolucionarias son así. Acontecimientos externos, por ejemplo las
privaciones de la guerra y el sufrimiento que la acompaña, eleva la energía emocional
del pueblo. Entonces un acontecimiento que parece menor, una marcha pidiendo pan, es
disuelta a tiros por los cosacos, que es el evento desencadenante y de repente la energía
emocional almacenada explota de manera turbulenta. Así que por un lado en la situación
tenemos un elemento determinista, la energía emocional incubada por los sufrimientos y
privaciones. Pero lo que ocurre después es caótico e indeterminado y turbulento. Lo que
ocurre después es impredecible.


La idea de Lenin de que el Partido Comunista sea una especie de Estado Mayor de los
trabajadores sólo se puede entender con la mentalidad de la Primera Guerra Mundial.
Estás en medio de un conflicto titánico, donde luchan casi todos los países del mundo,
toda Europa, Sudamérica, China, Japón, los Estados Unidos.

Y en la misma las
economías nacionales están consagradas a la tarea de la destrucción y la victoria sobre
las demás naciones y mandan sus estados mayores. Ahora, lo que la guerra nos ha
enseñado es lo que se ha convertido en una obviedad militar, que no hay plan de batalla
que resista el primer contacto con el enemigo. El Plan de Schlieffen para envolver París
era perfecto sobre el papel, pero en el caos y la turbulencia de la guerra pronto fracasó.
Y un partido político que afronta una situación revolucionaria con un plan fijo es
probable que fracase. Fue sólo porque los bolcheviques tuvieron respuestas concretas,
respuestas económicas a los problemas de la gente y comprensión de lo que los estados
mayores imperiales de Europa tardaron cuatro años en asimilar: para ganar una guerra
tienes que animar la iniciativa y la flexibilidad en una estrategia cambiante. Ellos se
adaptaron a los cambios, actuaron con rapidez que los demás partidos políticos activos
en Rusia y acabaron convirtiéndose en el partido dominante.

No sé si la gente puede verlo, pero he intentado dibujar un esquema de la estructura
soviética, de la estructura de la Constitución Soviética en los primeros años del poder
soviético. Esos círculos aquí representan mil personas corrientes, esa personas, cada mil
personas, tenían derecho a elegir a alguien para el soviet local, para el soviet de su
vecindad. Esos soviets locales después mandaban delegados al congreso panruso de los
soviets. La gente a nivel local elegía a alguien para el soviet local, y el soviet local
elegía un delegado al mencionado congreso. Después los miembros del Congreso de
Soviets (varios miles) elegían a 200 personas para el comité ejecutivo central de la
Unión Soviética. El comité ejecutivo central luego elegía a 17 personas para el consejo
de comisarios del pueblo que formaban el gobierno. Había hasta cuatro niveles de
elecciones antes de llegar al gobierno.

Y lo que este sistema de elección indirecta hacía es conceder una enorme ventaja a un
partido político bien organizado como los bolcheviques. Supongamos que los
bolcheviques componían de 1 de 50 o uno de 100 en la población rusa. Es mucho más
probable que se presentaran como voluntarios a nivel local. Es mucho más probable que
resultaran elegidos a este nivel. Una vez que estén en este nivel, los demás bolcheviques
los nominarán para ascender más. Es lo que en matemáticas se llama un proceso
exponencial, un proceso multiplicador de probabilidad. Así que la probabilidad de que
una persona corriente que no es un miembro de un partido político acabe siendo
miembro del consejo de comisarios políticos es prácticamente cero, mientras que la
probabilidad de que sea dominado por un partido político se acerca a uno. Las
matemáticas nos dicen que es inevitable que un partido político sea completamente
dominante en el consejo de los comisarios del pueblo. Ya es cuestión de casualidad si
van a ser los bolcheviques o los socialistas revolucionarios, todo podía haber pasado,
pero al final fue el partido bolchevique. Si hubieran sido los socialistas revolucionarios,
no hubiéramos oído hablar de Lenin, se hubiera borrado de la historia. Como fue, los
socialistas ganaron. Bien, esto queda explicado.

Pues si miramos a las fases por las que ha pasado Rusia, nos encontramos con la
autocracia zarista. En las primeras fases de la revolución tienes una democracia
soviética del tipo que se hablaba en el programa del RSDLP. Y con extrema celeridad,
ya en 1918, se convierte en una aristocracia bolchevique en el sentido del significado
griego original de la palabra aristocracia. Pues la aristocracia significa el gobierno de los
mejores, de los más sabios y de los más conscientes. Eso es esencialmente lo que
pretendió ser el Partido Bolchevique, los más sabios y los más conscientes
representantes de la clase trabajadora.

Se convirtió en una aristocracia bolchevique. Después degeneró en una monarquía
revolucionaria, en la que, en esencia, el poder lo ostentaba una sola personal, Stalin o
Jrushev. Al final se convirtió en una oligarquía burocrática, y ahora se ha convertido en
una oligarquía plutocrática, una oligarquía del dinero. La cuestión no es que sea
sorprendente que la democracia soviética colapsara, estaba destinada a colapsar, estaba
destinada a convertirse en una aristocracia. Tenemos que preguntarnos, ¿por qué esa
aristocracia condujo a una monarquía? ¿Por qué pasa con tanta frecuencia que las
revoluciones acaban siendo monarquías? Cuando digo monarquía, me refiero de nuevo
al sentido griego de la palabra, donde “mono” significa “único” dirigente. No significa
que tenga que llamarse rey, lo mismo da que se llame Secretario General del Partido
Comunista o Presidente de los Estados Unidos, sigue siendo una monarquía.

Y hay diferentes razones para esta situación. Una de ellas es que desde el punto de vista
de las clases populares sólo un hombre fuerte con poderes dictatoriales puede esperar
suprimir el poder de los ricos y las clases propietarias. Esos eran los rasgos de César, de
Napoleón, y en parte de Stalin. En segundo lugar, los enemigos externos y el peligro de
guerra tienden a militarizar el Estado y a elevar la posición de Comandante en Jefe a
una posición crítica. Podemos contemplar esto en Cuba o Corea, donde la amenaza
constante de los Estados Unidos conduce a un sistema de gobierno monárquico, de
hecho, en ambos casos a una monarquía hereditaria.

Además, si se tiene un sistema muy concentrado como el consejo de comisarios del
pueblo tiene individuos muy poderosos con mucha confianza, cultos, que discuten unos
con otros y eso conlleva el riesgo de inestabilidad. Todos esos estados con un sistema de
gabinetes acaban generando un premier o un secretario general que domina y rompe el
punto muerto. Todas esas cosas ocurrieron en Rusia. Tienes que acabar con el atasco,
existía la amenaza de la guerra, y si consideras la popularidad que tenía Stalin, incluso
después de la caída de la URSS, es por que la gente creía que Stalin metería en cintura a
esos oligarcas. Ese hombre fuerte se ocuparía de ello.

Si ese camino fracasa, ¿hacía donde vamos ahora? Creo que tenemos que tener una
visión muy amplia de la historia. Si se mira al mundo de 1820, tras la caída de
Napoleón, tras la derrota de la Revolución Francesa, tras la restauración de la
monarquía y la autocracia por toda Europa, uno podría pensar que la tentativa de
implantar democracias burguesas o Estados burgueses había fracasado, pero la cuestión
era que la burguesía aún no había encontrado la forma constitucional que le permitiera
gobernar de forma estable.

En el futuro miraremos a China y Rusia y diremos, vale, fueron tentativas fallidas.
Como Napoleón, como Cromwell, fueron movimientos revolucionarios que cambiaron
la sociedad pero que no lograron hallar la forma estable apropiada para el gobierno de
su clase. Vale la pena mirar el pasado. Nuestra perspectiva de la historia no debería
limitarse al Siglo XX. No debería limitarse a la época burguesa. Debemos mirar a la
historia en su conjunto. Cuando los revolucionarios americanos trataron de implantar su
estado, y es le forma estable de Estado burgués que ha sobrevivido, se fijaron en
modelos históricos. Y tenían dos modelos en los que fijarse, Roma y Atenas. Tenían que
elegir entre uno de los dos, y no es por casualidad que eligieron Roma, que la
Constitución de Estados Unidos se basa en gran medida en las ideas constitucionales
romanas, es una república, no una democracia. El Estado se diseñó en parte por
esclavistas que vieron cuál había sido el Estado esclavista mas estable en el pasado:
Roma. Y basaron su modelo de Estado en la República Romana.

Pero existe otro modelo, y es el modelo ateniense de democracia directa, y los griegos,
durante cientos de años, desarrollaron mecanismos para evitar la dominación
aristocrática del Estado. La primera cuestión es que no había democracia representativa.
Todas las decisiones políticas tenían que adoptarse por el pueblo en su conjunto por
plebiscito. Este término por supuesto es latino, pero el poder de la plebe romana para
ejercitar el plebiscito era muy limitado. En Grecia todas las leyes las aprobaba la
Asamblea. Eso es justamente lo que el programa de Erfurt había pedido en 1880. En
segundo lugar, las funciones ejecutivas del Estado las ejercitaba un consejo
seleccionado al azar, no un cuerpo electo. Los griegos creían que sólo si se selecciona a
la gente por sorteo (de hecho utilizaban máquinas para ello) se podía garantizar que el
consejo carecía de sesgos y representaba al pueblo en su conjunto, o representativo de
los ciudadanos en su conjunto, porque no son lo mismo. Si se piensa como una empresa
encuestadora quiere saber cuál es la opinión pública sobre un asunto, ¿van al
Parlamento Sueco y le preguntan su opinión? No, toman una muestra aleatoria de la
población y se lo preguntan. Si tuviéramos ese tipo de constitución ahora, el papel de
los partidos políticos sería radicalmente diferente.

Ya no existirían como un cuerpo para movilizar el apoyo a un grupo de políticos. Su
papel principal sería movilizar la opinión pública para lograr objetivos específicos
ideológicos o sociales, y la gente que se uniera a los partidos lo haría porque creerían en
ellos. No se unirían por un cálculo encubierto de las posibilidades de hacer carrera; “si
me no a este partido y juego bien mis cartas, puedo llegar a primer ministro”.
Se unirían por convicción.

Ningún movimiento que pretenda cambiar el mundo puede hacerlo a menos que tenga
una estrategia, y las estrategias tienen que estar unidas a las estructuras políticas y
económicas que existan en el momento, y a como cambiarlas de modo que resulte
favorable a la clase política que el movimiento represente.

Y eso implica que tienes que tener un programa constitucional y un programa
económico. Esto lo entendió bien la socialdemocracia temprana. Se olvidó en esencia
después de la Segunda Guerra Mundial tanto por los partidos comunistas como por los
partidos socialdemócratas.

La primera cuestión que aquí se plantea es que la socialdemocracia clásica y en gran
medida los partidos comunistas se basaban en el Estado Nación.

El filósofo comunista Althusser fue tan lejos como para decir que los partidos políticos
son parte del aparato ideológico del Estado. Todos los partidos políticos existentes eran
parte del mecanismo de legitimación del Estado.

Pero el Estado Nación ya no es más el foco del poder político que fue antaño. En
Europa la coexistencia de la UE y los Estados Naciones significa que estos ya no son
autónomos desde el punto de vista económico, y en segundo lugar, que la opinión
consistente en que si triunfaba un partido socialdemócrata o un partido comunista en un
país podía implantar una economía en ese país es poco realista, dada la escala de la
producción moderna.

En los 60 Rusia y el Reino Unido pensaban que podían competir con Estados Unidos en
casi cualquier área industrial. ¿Y que ocurre con la industria aeronáutica? Más tarde se
supo que era imposible, y en Europa, por ejemplo, sólo una industria aeronáutica
paneuropea puede movilizar la tecnología para construir aviones modernos. En la UE
del presente, todo el sistema está en crisis y está en el aire si podrá sobrevivir o no. El
problema es que la unión monetaria ha privado a los Estados Nación de medidas de
control económico. Suecia y el Reino Unido somos diferentes porque elevamos nuestra
deuda pública en nuestra propia moneda, pero cualquier país que se haya unido al euro
tiene que elevar su deuda pública en Euros. Si la deuda pública sube en Coronas o en
Libras, lo que ocurre es que hay más trozos de papel que imprime el Estado y al final el
Estado siempre puede imprimir más para resolver el problema. El Estado británico ha
hecho exactamente eso. El Estado irlandés no puede imprimir euros. Estados Unidos
sube su deuda en dólares, y si tiene problemas financiándola imprime más. Grecia,
Portugal, Irlanda, no pueden. Y cuando tienes desigualdades sistemáticas entre
exportadores netos como Alemania e importadores como Grecia y Portugal, ciertos
Estados están condenados a tener un déficit en el sector público. En el pasado podían
recurrir a la inflación con su propia moneda. Ahora no pueden hacerlo. Por lo tanto el
Estado del Bienestar y las medidas sociales en toda Europa han quedado secuestradas
por los intereses de las clases rentistas en los Estados acreedores.

Voy a citar aquí a Abraham Lincoln:

“Cualquier pueblo que así lo quiera y que tenga el poder tiene el derecho a alzarse y
derrocar el gobierno existente y formar uno que le convenga más. Es el derecho más
valioso, más sagrado, un derecho que creemos y esperamos que liberará al mundo”.

Lo que dice ese principio democrático básico es que la gente tiene derecho a rebelarse,
tiene derecho a derrocar el sistema de gobierno vigente, y la única manera de salir de
esta situación, a menos que degeneramos en la competencia entre naciones y las
carnicerías que mancharon el siglo 20, es democratizar de manera radical la Unión
Europea y permitir que una asamblea democrática del pueblo suba los impuestos y
redistribuya la renta de una parte de la Unión a otra. A menos que eso ocurra, la crisis
que está afectando a Portugal, España y Grecia en el momento será generalizada. Si uno
aplicara los principios del programa de Erfurt, que, recuérdese, se escribió en tiempos
de Bismark, en los tiempos de la autocracia alemana, si uno aplicara esto en Europa
ahora, necesitamos una asamblea popular soberana elegida por sorteo entre los
ciudadanos de Europa. Necesitamos impuestos que pueda subir esa asamblea, y que
puedan ser votados por todo el pueblo de Europa, que el pueblo de Europa pueda
proponer nuevas leyes y legislación de cualquier tipo que pueda votarse por todo el
pueblo. La única manera de hacer esto puede ser una asamblea constituyente. Y eso es
casi imposible que lo arreglen negociaciones entre Estados Naciones.

¿Qué tipos de medidas económicas serían necesarias? Sería preciso un control
democrático sobre el BCE. En vez de que mandaran en esencia los banqueros, lo
gobernarían ciudadanos corrientes, con una comisión supervisora compuesta de
ciudadanos corrientes, tal ve auxiliados por economistas nombrados por el Parlamento.
Si queremos abolir la tiranía de la deuda, abolir el poder de la clase rentista y del capital
financiero en Europa tenemos que proclamar un jubileo general de la deuda, hay que
proscribir el pago de intereses. En este momento, en esencia, las autoridades monetarias
europeas y americanas se ven forzadas a hacer cosas como esta: están siendo forzadas a
devaluar la deuda, la devalúan mediante la “Flexibilización Cuantitativa”. Reducen la
tasa de interés casi a cero para que siga marchando la economía. Pero al margen de ello
hay que ver que las claves de la solución real del problema es acabar tanto con las
deudas como con el interés. El BCE debería tener obligación legal de estabilizar el
dinero en términos de trabajo, deberías imprimir en los billetes de euro cuantos minutos
de trabajo representa. Al presente un euro representa dos minutos de trabajo más o
menos, el trabajo europeo promedio. Dos minutos de trabajo crean un valor de un euro.
Estaríamos avanzando hacia el tipo de sistema económico que Marx defendió en su
Crítica del Programa de Gotha, donde en vez de dinero tenemos créditos laborales no
transferibles.

En general los movimientos comunistas y socialdemócratas del siglo XX pensaban que
la propiedad era la esencia del socialismo, que adquirir el control de los medios de
producción era la clave. Para mi es una mala lectura. La esencia del socialismo es abolir
el trabajo asalariado. El objetivo principal es la abolición de la esclavitud asalariada. Y
de nuevo diré que el precedente histórico en este punto fue el revolucionario más
exitoso del siglo XIX. Abraham Lincoln, con su abolición de la esclavitud. Una
enmienda constitucional en EEUU abolió la esclavitud. Todo el sistema de relaciones
sociales en la que se había basado la sociedad esclavista se tornó insostenible cuando la
relación legal de la esclavitud quedó abolida. Si la esclavitud legal asalariada queda
abolida, toda la estructura de la civilización capitalista y de la explotación se derrumba.
Citemos de nuevo a Abraham Lincoln:

“El trabajo es anterior e independiente del capital. El Capital es sólo el fruto del trabajo
y nunca hubiera podido existir si no hubiera habido trabajo antes. El trabajo es superior
al capital y merece una consideración mucho mayor”.

¿Qué significa eso? Significaría que la ley debería reconocer que el trabajo es la única
fuente del valor añadido. Y es que es científicamente cierto. El capital no añade valor, el
trabajo es la única fuente del valor añadido. Por lo tanto los empleados tienen un
derecho moral y deberían tener un derecho legal a todo el valor añadido, y esos
derechos deberían poder reivindicarse ante los tribunales. Una de las lecciones clave de
la antigua democracia griega es que cuando la gente tenía el control de los tribunales de
justicia, tenían el poder. Mientras que los tribunales de justicia estén ocupados por
representantes de las clases superiores, entonces mandarán las clases superiores y
propietarias. Así que necesitas tribunales laborales compuestos de jurados seleccionados
entre los trabajadores y jueces elegidos por los trabajadores. Los empleados deberían
tener el derecho a elegir a la mayoría de la dirección de cualquier empresa. Y en
realidad esas cosas no privan a nadie de su propiedad. No violan la protección de la
propiedad privada escrita en la Constitución Europea. Afirman un derecho superior.
Afirman el derecho a que el trabajo no sea explotado, afirman que un derecho humano
es más importante que otro.

No privan a nadie de su propiedad, los accionistas todavía tendrían sus acciones,
simplemente no recibirían rentas de las mismas.

Sobre la cancelación de las deudas. La causa básica de la presente crisis era la extensión
de la deuda de forma excesiva en relación con la renta nacional. Y esto ocurre
inevitablemente si tienes una clase que deriva la mayoría de su renta del capital.
Esa clase no puede consumir toda la renta que percibe. Si no la consume, la deja en los
bancos. Si deposita el dinero en los bancos, alguien tiene que pedirlo prestado. La causa
de la deuda es el ahorro, la causa del la deuda es la acumulación de créditos. Esas son
dos caras del balance contable, y una esta insoslayablemente asociada con la otra.
Los Bancos Europeos se volvieron insolventes en 2008 y está bien claro que muchos de
ellos siguen siendo insolventes. ¿Deberían haber sido rescatados, o se debía haber
permitido dejarlos caer? Desde el punto de vista de la clase trabajadora es el caso de que
los bancos debían caer. La mayoría de los depositantes ordinarios de los bancos ya están
protegidos por fondos de garantía de depósitos que cubren unos 30.000 euros por
persona. Y muy pocas personas tienen cuentas corrientes superiores a 30.000 euros. Por
otro lado hay enormes cuentas de los millonarios, y el rescate de los bancos era en
realidad un rescate de los depósitos delos millonarios que no quedaban protegidos por
los sistemas estatales de garantía de depósitos, de haber caído los bancos. No benefició
a la mayoría de la gente, la mayoría de los ahorros de la gente estaban seguros. Eran los
millonarios y los multimillonarios los que habrían perdido, y se hubiera dejado caer a
los bancos.

Deberíamos pedir la cancelación de todas las deudas, tanto públicas como privadas,
salvo tres clases de deudas que deberían ser preservadas. Las empresas no podrían negar
sus salarios a los trabajadores; la gente debería tener un año de renta anual garantizada
mediante los fondos de garantía, y las compañías y los ricos no deberían quedar
amnistiados de los impuestos que deben. Toda la deuda debería ser cancelada, tanto la
de tarjetas de crédito, hipotecas y la estatal.

¿Cuál sería el efecto? Las empresas muy apalancadas, las empresas muy endeudadas
podrían reanudar la actividad económica. Las finanzas del Estado volverían a ser
solventes. Los consumidores podrían volver a gastar porque ya no deberían tanto. El
sistema bancario paradójicamente sería más líquido, puesto que su ratio de obligaciones
en relación con las reservas en forma de depósitos en el Banco Central sería mucho
mejor, y el poder de la clase rentista quedaría quebrantado.

Así que, en suma, lo que digo es que la lucha por la democracia directa forma parte de
la memoria perdida de la socialdemocracia. La gente olvida lo que defendía en un
principio. Las viejas formas con las que la gente se ha obsesionado, la república
parlamentaria o la república soviética, no son propias del siglo XXI. Ahora la
democracia directa es perfectamente posible con el teléfono móvil, todo el mundo puede
votar fácilmente, no hace falta reunir a todo el mundo en la plaza de Atenas, puedes
tener una plaza virtual. Debemos vencer la batalla de la democracia en su sentido
original, si hemos de hacer algún progreso.

Preguntas y respuestas.

¿Es Atenas la única referencia posible en términos de democracia, acaso la especia
humana no ha vivido cientos de miles de años en condiciones de democracia primitiva,
en sociedades de cazadores recolectores? ¿Qué decir de los Iroqueses
norteamericanos? Si Atenas es tan buen ejemplo, ¿cómo es que las mujeres no podían
votar, había esclavos, etc? Y en segundo lugar, ¿es realmente posible democratizar la
Unión Europea? No deberíamos destrozarla y construir algún tipo de Unión Europea
Socialista.


Bien, trataré de responder a ello. Tienes razón al decir que algunas sociedades tribales
son democráticas en cierto sentido. Lo que era particular de la democracia griega es que
era una democracia dentro de una sociedad de clases, con una sociedad con intereses
contrapuestos entre el campesinado y los esclavistas, y al contrario que en Roma, era el
campesinado el que dominaba mediante la democracia.

Era el campesinado y los artesanos los que mandaban. Tienes razón en que había cuatro
categorías de personas que no tenían derechos legales: niños, mujeres, extranjeros y
esclavos. Pero nadie propone que restrinjamos los derechos políticos ahora. La cuestión
es tomar los aspectos positivos, la idea, como CLR James la presentó, de que cualquier
cocinero puede gobernar. Cualquiera puede ser elegido para gobernar, no hace falta una
cualificación especial. Escoge a la gente al azar y que decidan. Esa es la lección
positiva. Por descontado que no propongo que reinstauremos la esclavitud y otras leyes
Atenienses.

Por lo que respecta a la UE. Recuerda como estaban operando los socialdemócratas en
Rusia y Alemania. En los tiempos del programa de Erfurt, la Federación Alemana se
acababa de establecer, pero en términos muy poco democráticos. Podrían optar por
decir, oh, destruiremos la federación alemana y volveremos a Baviera e instauraremos el
socialismo en Baviera y Wurttemberg. No decían eso. Reconocieron que la clase
dominante había instaurado una unión y que lucharían por el poder dentro de esa unión.
Si miramos a Rusia, no dijeron, vamos a dividirnos en un montón de pequeños estados,
dijeron, vale, vamos a darles el derecho de autodeterminación, porque cuando intentaron
ejercer este derecho contra el gobierno socialista no fue muy buena idea. Así que
defendieron la unión territorial. No digo que mantengas la estructura institucional de la
UE, lo que digo es que sería un desastre que las clases trabajadoras de Europa que no
estuviera unida, que no fuera una Unión. Y cambias la estructura institucional, pero
volver a los Estados Nación sería un desastre, y debemos oponernos a cualquier
tendencia a demonizar la UE que al mismo tiempo resucite al Estado Nación, porque el
Estado Nación es peor.

Otra pregunta sobre la democracia directa. ¿Qué pasa con Suiza, no tienen
mecanismos de democracia directa, y sin embargo sigue siendo un Estado burgués
conservador convencional?


La democracia no garantiza que gobernará la clase obrera. Lo que hace es aportar el
marco más favorable para el movimiento obrero, pues existen los menores obstáculos
posibles para que la clase obrera ejerza el poder. No puedes borrar de un plumazo la
actual estructura de clases de la sociedad. Si la estructura de clases de la sociedad no es
favorable al movimiento obrero, entonces no triunfará por mucha democracia que haya.
Y eso se puede ver en los Estados Unidos donde hay estados con Constituciones muy
democráticas, pero ni la estructura de clases ni la ideológica son favorables. No implica
que la clase obrera gobernará, pero es mejor tener un sistema en el que, cuando la clase
obrera sea más consciente, pueda ejercitar el poder de esta forma.

-Pregunta: Puede que no tenga esto fresco en la memoria, ya hace tiempo que lo he
leído, así que puedo equivocarme. ¿Pero de verdad afirma que toda su conferencia se
halla inserta dentro de la tradición marxista?


-Ciertamente afirmo que los aspectos económicos son marxistas, y que los políticos son
los mismos que propugnaba la izquierda proletaria del partido socialdemócrata alemán.

-Bien. Toda esta idea de los vales laborales, ¿acaso no criticó Marx en “La Miseria de
la Filosofía” a Proudhon por estas ideas y después Engels en el Anti-Duhring contra
Eugen Duhring, puesto que lo que es un equivalente, todavía es un cambio, pero lo que queremos
es socializar la producción e implantar valores de uso que no puedan ser comprados ni
vendidos…. Por supuesto es una transición….


Hay que distinguir lo que Marx criticó y lo que veía como positivo. Criticó a Proudhon,
pero apoyó a Owen. Owen también defendía los vales laborales. La diferencia es que
Owen los defendió en un sistema de productores asociados que gobernaban la sociedad,
no en una sociedad de productores independientes.

La idea de implantar vales laborales sólo se vuelve no capitalista si se produce la
abolición del trabajo asalariado y en el largo plazo si los vales son intransferibles.
Cuando hablaba del sistema de Owen, Marx dijo que los vales laborales de Owen no
eran más dinero que un billete de teatro es dinero. La cuestión es que no circulan. En
última instancia los vales laborales son concedidos por la sociedad a cada individuo en
proporción al número de horas trabajadas. Te devuelven, dice Marx, del almacén
común, bienes que requieren la misma cantidad de trabajo, y dice sí, que esto aún resta
en el principio de igualdad en que se basa la sociedad burguesa. Pero va a haber un
prolongado periodo histórico antes de que se pase a un estado en el que pueda regir otro
principio diferente. Podemos verlo en el caso de bienes de la sociedad de la
información, como la música que se descarga uno de internet o el software libre, ahora
podemos ir hacia la distribución gratuita. Pero es una ilusión pensar que uno puede
pasar a una distribución ilimitada de bienes en un contexto de recursos naturales
limitados. No puedes hacer eso, hay que establecer cierta probabilidad entre el esfuerzo
que uno hace y lo que recibe.


-¿Qué pasa si alguien trabaja más rápido o mejor que otro, van a cobrar lo mismo?

Marx dice que si alguien trabaja mejor o más rápido, obtienen ingresos mayores, están
realizando más trabajo y por lo tanto tienen más ingresos, y por lo tanto cualquier
principio de igualdad aún radica en la desigualdad entre los individuos. Pues algunos
individuos, como dice Marx, son más vigorosos o más rápidos que otros, y por lo tanto
obtienen más ingresos que otros. Pero añade que se avanzará al principio de “a cada
cual según su necesidad”. Algunas personas han interpretado mal el término
“necesidad” como si significara distribución gratuita. No significa eso. Significa que si
alguien tiene una familia mayor, si alguien está enfermo o capacitado, si existe alguna
necesidad determinable de manera objetiva, serán compensados. Pero eso es algo que el
movimiento obrero ya ha ganado, en principio al menos, en Europa, aunque no en
EEUU, pero en Europa la mayoría de los Estados del Bienestar reconocen el principio
de necesidad y de la satisfacción de las necesidades en un cierto número de campos, en
sanidad, educación, etc… Así que el principio de la necesidad no es la cuestión crítica,
la socialdemocracia ya ha triunfado en muchos lugares, lo que no ha conseguido es la
abolición de la explotación.

-¿No existe un peligro con el dinero electrónico circulando?

Eso es justamente lo que digo de la idea de Marx de que los créditos laborales no son
transferibles. Existe una contabilidad de lo que obtienes por tu trabajo y de lo que retiras
de los almacenes comunes, con una cierta proporcionalidad. Pero no lo puedes usar para
explotar a otra gente, no lo puedes usar como capital. Van marcados con tu nombre, en
ese sentido. Es una cuestión de software, de si el software permite transferencias.
-Pregunta sobre David Schweickart el socialismo de mercado y su crítica.

El (el hombre de la audiencia) pregunta si estoy familiarizado con el trabajo de
Schweickart sobre el socialismo de mercado.


Lo estoy. Las primeras fases de lo que propongo no encontrarían objeción alguna por su
parte, según creo. Veo que a largo plazo el socialismo de mercado es una forma social
inestable. En principio puedes establecer empresas titularidad de los trabajadores, pero a
menos que el movimiento sindical europeo consiga un proceso rápido de fusiones y la
formación de sindicatos europeos industriales, como un solo sindicado europeo que
hace yogurt en la que Farmalat, Danone y otras empresas del sector se unan, que haya
un solo sindicato de ferroviarios que se ocupe de todas las vías férreas, que haya un solo
sindicato de trabajadores de las líneas aéreas que se ocupen de todas ellas, aboliendo la
competición entre sectores, existe un peligro de que las cooperativas independientes
puedan regenerar gran parte de la dinámica de la economía capitalista. Así que, a menos
que la fase de las cooperativas sea un periodo transitorio para lo que Marx llamó “libre
asociación de los trabajadores”, la fusión voluntaria en grandes sindicatos, no creo que
esto fuera sostenible durante más de 50 o 60 años. Generaría el tipo de tendencias que
se acabaron dando en Yugoslavia.

(Preguntas sobre la huelga general y los comités de huelga, muchas de ellas inaudibles;
escepticismo sobre la “democracia de teléfono móvil” sobre reemplazar los soviets, etc,
al final hay una pregunta sobre las tasas de explotación que Cockshott y Cotrell
calcularon para el Reino Unido hace 20 años, ¿son los cálculos más recientes?)


Hubo un montón de preguntas… David Zachariah, que está aquí (entre la audiencia)
creo que ha realizado cálculos en Suecia sobre la tasa de explotación podéis
preguntárselo a él, ha hecho cálculos en valores laborales aquí. Así que le cedo el turno.
Pero existen ciertamente ocasiones donde los consejos de trabajadores se han formado
en huelgas generales, en grandes huelgas. Pero son distintas de los soviets, sin embargo,
por que no son órganos de poder estatal. Sólo se convierten en órganos de poder estatal
cuando están armados y mandan fuerzas militares, y esas fuerzas militares pueden hacer
cumplir la voluntad de los soviets y eliminar a los que se opongan ¿no?

Los soviets en Rusia podían poner a los Blancos contra el paredón. Los demás no
pueden, no son órganos de poder estatal. En mi opinión es peligroso extrapolar una
organización temporal que no tiene poder estatal a una constitución con poder estatal
entendido como el poder de disparar a la gente. Y se puede ver la diferencia entre un
comité de huelga y los soviets cuando se recuerda Kronstadt.

-Cuando hablais de democracia directa y de economía planificada y demás, hay
muchas cuestiones aquí (a un nivel abstracto) pero ¿qué tipos de movimientos de
masas, qué tipo de dinámica queréis traer, tenéis algún tipo de…


-Es muy difícil decir como puedes hacer que se produzca un cambio en una… sociedad
o un continente entero. Pero yo creo que a menos que tengas una visión de a dónde
quieres ir, nunca vas a llegar allí. En cuanto a las fases, creo que es esencial formar un
partido socialista de izquierdas unificado a nivel europeo que se presente a las
elecciones europeas como un partido único, en vez de partidos políticos nacionales
afiliados unos con otros, y que tienes que ganar la batalla ideológica por el principio
democrático. Tienes que hacer pensar a la gente que sí, podemos cambiar las cosas,
podemos gobernarnos nosotros mismos, no necesitamos a los políticos. Es un gran
obstáculo, porque los EEUU ha redefinido la democracia por la democracia a la
americana, y eso implica una forma de gobierno particular que no conserva su sentido
originario. Así que creo que necesitas un partido socialista europeo que tenga un
programa de democracia radical como su objetivo principal, y tratar de ganar a más
gente que sólo a la clase trabajadora, porque la democracia radical tiene mucho más
apoyo potencial que el que se limita a la clase trabajadora.

Pero más allá de una afirmación muy general como esa, no iré más allá.

-Creo que hay otra cuestión que no respondió, al chico que ha hablado antes, ¿qué
pasa con esta democracia de “teléfono móvil”, que es algo atomístico, que no hay
mucha interacción ni diálogo entre las personas, interacción colectiva.


Algunos de estos son verdaderos problemas de escala. Hay decisiones que hay que
tomar que no son locales. Es fácil decir, vale, vamos a seleccionar gente de un pueblo o
una ciudad pequeña para debatir algo. Cuando decís que vais a tomar a la gente de un
país incluso del tamaño de Suiza para debatir una cuestión nacional muy trascendente,
no se puede hacer localmente. Si tratáis de construirlo sobre una base local, y después
de modo indirecto lo que estáis haciendo es construir una estructura jerárquica de
concentración del poder cuando lo que queréis es devolver el poder a las masas.

No veo razón por la cual no podemos tener debates, debates públicos entre audiencias
seleccionadas al azar, debatiéndose las cuestiones en Televisión y que después la gente
pueda votar. Si se miran las elecciones actuales, la única parte interesante de una
elección, son los comentarios de las audiencias sobre los debates. Si tienes estos debates
sin políticos al frente, y debates las cuestiones, creo que esa es la única manera en la que
se puede superar el problema de escala en una sociedad moderna, no vivimos en tribus,
no vivimos en ciudades estados, debemos de hacer las cosas de otra forma, aunque
debamos aprender de los errores del pasado.

Respecto a la pregunta de la importancia de la transformación psicológica de la gente,
¿no se volverán a reconstruir las antiguas estructuras, si no hay transformación
psicológica, aunque hayas cambiado las condiciones externas?


Creo que los valores sociales que dominarían en un tipo diferente de sociedad también
serían diferentes, pero es difícil especula en que modo lo serían sin experimentarlo. Pero
creo que hay un riesgo que se ha asumido en el pasado por gente como Che Guevara,
que al enfatizar una nueva moral socialista quería que el cambio psicológico superara
las barreras institucionales e ir más allá de lo que las instituciones pueden hacer. El
riesgo de que hagas esto es que te vuelves como las Iglesias Cristianas, que enseñan a la
gente a ser virtuosa en un mundo que les fuerza a no serlo. A menos que crees una
sociedad donde la virtud sea recompensada.

No me refiero a una suerte de sacerdocio global, pero me parece que tenemos que
cambiar nuestro modo de pensar, y no sé si la reorganización de las condiciones
externas es suficiente. Ciertamente creo que hay una necesidad de, llamémoslo así, una
transformación psicológica. ¿No estás de acuerdo?


En cualquier sitio en que haya un movimiento revolucionario serio, y podemos tomar
tres ejemplos. Si tomamos le Revolución Inglesa, estaba asociada con un movimiento
ideológico muy vigoroso que tomó forma religiosa en su día. Si miramos a la revolución
en Irán, ocurrió algo parecido. En la Revolución Cultural China hubo un intento muy
serio de cambiar la psicología. Así que cualquier revolución social importante genera
tentativas de cambiar la psicología. Ahora bien. Lo exitosos que pueden ser a largo
plazo, no lo sé, pero es una parte inseparable del proceso. Estoy de acuerdo.

-Cuando tienes una enorme economía planificada, uno de los principales problemas es
reunir la suficiente información para tomar decisiones sensatas. ¿Tenéis algún consejo
sobre como lograrlo?


En un nivel es una cuestión técnica. Los medios para resolverla ya los tenemos con la
informática e internet. Los detalles de los insumos en cada proceso de producción están
registrados en los ordenadores locales de las compañías que los adquieren.

Pero el secreto comercial implica que la información que se reúne localmente no está
disponible al púbico, así que una forma de tratar con ello es romper el secreto comercial
que existe y hacer que esta información sea disponible para todo el mundo. Y ese era
uno de los grandes objetivos de (Viktor” Glushkov, que fue el pionero informático
soviético que en los 60 trató de persuadir a los dirigentes soviéticos que implantaran lo
que ahora entendemos como internet. Y defendía cosas que ahora parecen obvias, que
en las bibliotecas y lugares públicos hubiera terminales de ordenador donde la gente
pudiera ir y buscar cualquier tipo de información. Decía que toda la información de la
economía debía ser registrada en lo que sería esencialmente un internet libremente
abierto al público. Y creo que tenía razón, ese es el camino.

Si le entiendo bien, ha dicho que no deberíamos abolir la propiedad privada sino que
debíamos dedicar nuestras energías a la abolición del trabajo asalariado. ¿Qué
hacemos con la propiedad privada?


Bueno, tiene que preguntarse que es la propiedad privada si no tienes derecho a explotar
el trabajo ajeno. Supón que eres un residente acaudalado de Savanah, (En Georgia,
Estados Unidos) en 1960 y tienes esclavos y acciones sobre plantaciones esclavistas,
¿vale? Puedes comerciar con esas acciones. Y es lo que ocurría. Tan pronto como la
esclavitud fuera abolida, tus acciones no valdrían nada por que son una representación
de una relación social que ya no existe.

-¿Pero qué pasa cuando islas enteras son propiedad de familias?

Actualmente hay tres mecanismos de explotación en los que se basa la sociedad
presente. Uno de ellos es la explotación directa del trabajo asalariado. La segunda es la
explotación de la gente mediante la deuda. Y la tercera es la renta, poder exigir una
renta por el uso de la tierra. Lo ideal sería nacionalizar toda la tierra. Pero existen ciertos
riesgos políticos si se trata de hacerlo cuando estamos en un área en la que un número
significativo de personas son campesinos independientes. No querrás entregar a la
población campesina en manos de la reacción si amenazas con expropiarles sus tierras.
Así que una política más efectiva es introducir lo que el movimiento de reforma agraria
en EEUU llamaba “full site value taxation”, en la que introduces un impuesto sobre la
tierra que es proporcional a la renta que obtienes sobre la tierra, así que efectivamente
confiscas la renta de la tierra.

Quieres decir que cuanto más tierra tienes, más impuestos…

Escocia todavía tiene un patrón feudal de propiedad de la tierra, con un puñado de
familias aristocráticas, duques y “earls”, que son dueños de la mayor parte del país. Y
obtienen sus ingresos haciendo pagar una renta a los arrendatarios. Y si el arrendatario
recibe una subvención de 2000 libras de la UE para mejorar su tierra, el duque subirá la
renta diciendo, oh, ahora percibes dinero de la UE, pues si sacas 2000 libras, la renta va
a subir 2000 libras. Por lo tanto, ese derecho a la renta de la tierra debería ser
neutralizado diciendo, vamos a poner un impuesto del 100%.

Así que no les quitas la tierra, la pueden retener nominalmente pero no van a sacar
ninguna renta de ella ni tendrán poder sobre ella. Es una mera concesión política, no vas
a dar a la derecha la opción de la propaganda que dirá, te van a quitar tu casa, estos
socialistas, te van a quitar la tierra, te van a quitar el coche. Y si dices que vas a abolir la
propiedad privada, eso es lo que va a decir la derecha. Tú quieres abolir la explotación.
Si se presenta así, ¿quién va a decir que es bueno mantener la explotación? Si dices, voy
abolir la propiedad privada, mucha gente los esgrimirá como el hombre del saco y tienes
ese riesgo político.

Hay que concentrarse en lo que quieres conseguir, y no en la forma. Hay que hacer las
cosas de modo que se le ponga difícil la propaganda a la derecha. Quieres conseguir ese
efecto, pero cambias los términos.


Dices que la UE es la alternativa para Europa. Creo que la UE es cara y muy poco
democrática, y cada vez se aleja más del socialismo, y tiene partidos nacionalistas…
así que me pregunto, ¿cómo puedes decir que la Unión es la alternativa para Europa?


-La vigente constitución de la UE es muy poco democrática pues el parlamento tiene
poderes muy limitados, no puede promover legislación general, no elige la comisión
entre sus miembros, no puede elevar impuestos generales, etc. Y eso aparte de lo poco
representativa que ya de por si es la democracia parlamentaria. Lo que digo es que
tienes que concentrarte en el área geográfica que constituye una economía unificada y
unir a las clases trabajadoras en esa área para luchar por derechos comunes y objetivos
comunes que ahora sólo se pueden conseguir a esa escala. Ninguna nación individual
puede esperar resistir al capital global, solo puedes hacerlo a un nivel continental. Y
promover una estrategia de digamos, en Grecia nos lo montaremos solos como dice el
KKE, puedo entender los incentivos que tienen para hacer eso, pero nunca funcionaría a
largo plazo, pues cualquier país socialista independiente se vería sometido a tal presión
del capital internacional que no sería posible que tuviera una economía socialista
internamente, sólo si partes de una gran escala puedes hacerlo. Si hay un movimiento
político a la izquierda en China pueden hacerlo, y nadie podría detenerles. Pero Suecia,
Irlanda, no, no sería viable a esa escala.

Conferencia pronunciada en Noviembre de 2010.

_________________
Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Argumentos en Pro del Socialismo (tradu)
NotaPublicado: Dom Ene 17, 2016 5:54 pm 
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15. Economía del socialismo. Venezuela y la Economía Política Socialista.

En 1989 Paul Cokshott y Allin Cotrell escribieron un libro sobre socialismo que fue
publicado tres años más tarde en lengua inglesa con el título de “Hacia un Nuevo
Socialismo”. El libro se dirigía a potenciales lectores en la Unión Soviética y en los
países del Este de Europa, ya que abordaba cuestiones a las que el socialismo se
enfrentaba en dichas naciones. La intención era que se tradujera y publicara en ruso. El
libro presentaba un modelo para hacer funcionar una economía socialista basada en
principios económicos y éticos claros, reafirmando al tiempo los valores axiológicos del
socialismo contra las medias pro-capitalistas que habían sido introducidas bajo
Gorbachov.

Los acontecimientos fueron demasiado rápido para permitir que fuera publicado en ruso
antes del colapso de la URSS, pero desde entonces se ha reconocido que lo que
decíamos era suficientemente importante como para que editores en Suecia, Alemania,
Checoslovaquia y Venezuela hayan publicado traducciones con diversos títulos según
los países.

En el año 2007, cuando nos hallábamos en un taller en Venezuela con ocasión de la
inminente publicación de la traducción al castellano titulada “Hacia el Socialismo del
Siglo XXI” le preguntaron a Paul cuales eran los principios contenidos en el libro que
podrían ser de aplicación al proceso de instauración del Socialismo en su país. Este
trabajo trata de responder a esta cuestión.

Claramente un modelo económico diseñado para responder a los problemas de una
economía socialista industrial madura no puede aplicarse de modo inmediato a
Venezuela. Lo que podemos hacer es dar cierta idea a la gente de cómo pude acabar el
proceso de transformación socialista. Podemos ponerles en guardia para que eviten
ciertos errores económicos que se cometieron en la URSS y en la Europa del Este:
porque los que no aprenden de la historia están condenados a repetirla. Si no se elige
con prudencia, uno puede tener la sensación de ir en círculos. La intención es caminar
hacia el socialismo, pero bien se puede tomar inadvertidamente por un sendero que lleve
de vuelta al capitalismo. Y bien sabemos que esto fue lo que acabó sucediendo en las
diversas tentativas para implantar el socialismo en el siglo XX. Lo peor es que las
implicaciones de dichas decisiones no son inmediatamente evidentes en el momento en
que se adoptan. Eso significa, que, casi hasta el último momento, la gente puede pensar
que todavía están en el curso correcto.

Este no es lugar para repetir lo que se dijo en el libro “Hacia un Nuevo Socialismo”,
pero permítasenos resumir los aspectos clave del socialismo maduro que describe:

1- La economía se fundamenta en la aplicación deliberada y consciente de la teoría del
valor como fue desarrollada por Adam Smith y Karl Marx. Es un modelo en que los
bienes de consumo tienen un precio en términos de horas y minutos de trabajo
invertidos para producirlos, y en el que cada trabajador recibe créditos laborales por
cada hora trabajada. La aplicación consistente de este principio erradica la explotación
económica.

2- La industria es de titularidad pública, administrada de conformidad con un plan y no
para fines de lucro. Las empresas minoristas por ejemplo, trabajan para buscar el
equilibrio más que para obtener un beneficio.

3-Las decisiones se tratan democráticamente, tanto a nivel nacional como local. Esto se
aplica en particular a decisiones concernientes al nivel de impuestos y el gasto público.
Esta decisión democrática es vital para prevenir que se pase de la explotación capitalista
a la explotación estatal.

Si comparamos estos rasgos fundamentales con la Venezuela de hoy, no podemos por
menos de afirmar que aún queda mucho por hacer. En algunos rasgos todavía no se ha
iniciado en serio el progreso hacia el socialismo, y en otros ha comenzado pero tan sólo
se han dado algunos pasos.

Analizaremos estas cuestiones una por una.

Aún una economía monetaria.


La economía Venezolana aún se basa en el dinero. En su magna obra “El Capital” Karl
Marx, mostró como el dinero se hallaba en la raíz de los males del capitalismo. La
esencia del capitalismo es comenzar con una suma de dinero a principios de año y
acabar con una suma mayor al final. Marx represento lo anterior como D–>D’, donde
M puede ser 1.000.000 de dólares y M´ 2.000.000.

Como los capitalistas tienen más dinero que los trabajadores, pueden emplearlo para
contratar a trabajadores asalariados. Estos salarios representan mucho menos valor que
el que los trabajadores (en promedio) crean durante la semana. Puesto que el capitalista
puede vender el producto por un valor superior al pagado en salarios, los capitalistas se
van enriqueciendo mientras que los trabajadores siguen siendo (relativamente) pobres.
El proceso aún continúa en Venezuela. Esta es la causa raíz de las diferencias entre ricos
y pobres, entre la oligarquía y las masas populares.

Y además de esto existe una forma secundaria de explotación que permite a los
capitalistas aumentar su dinero: prestar dinero a interés. Este proceso permite que el
prestamista se haga más rico cada año sin hacer absolutamente nada. Y una vez más,
esto sigue ocurriendo en Venezuela.

Aún una economía no planificada.

En Venezuela, al contrario que por ejemplo en la URSS, la oferta de la mayoría de los
bienes y servicios la regula el mercado. Aunque esto no es algo totalmente malo, pues
permite en un sentido limitado que la oferta se ajuste a las necesidades populares, el
problema es que la provisión de bienes o servicios queda sesgada sistemáticamente
hacia los deseos y ansias de los ricos.

Hoy en día Venezuela carece de los mecanismos a través de los cuales la estructura
global de la economía pueda ser regulada a través de un plan social consciente tanto
para lograr desarrollo como para satisfacer de modo equitativo las necesidades de sus
ciudadanos.

Hacia Un Nuevo Socialismo, daba por sentada la propiedad popular de los medios de
producción. La mayor parte de la economía en Venezuela está aún en manos privadas,
aunque tal vez esto esté cambiando.

La Revolución Democrática aún no es completa.


En tanto que Venezuela ha dado grandes pasos hacia la democracia participativa, aún
debe ser introducida en cuestiones clave del control económico nacional. Cuestiones
que atañen a los ingresos fiscales del Estado y a la asignación de estos ingresos entre las
principales partidas presupuestarias: defensa, servicios sociales, inversiones en
infraestructuras, etc, se siguen tomando de manera centralizada en vez de permitir que
todo el pueblo las vote.

Si no se aborda esta cuestión, a largo plazo constituirá un grave peligro al dominar el
Estado cada vez más la economía. Se puede acabar como en la URSS, donde el Estado y
su burocracia podrían verse más bien como una nueva clase explotadora.

Cuando pensamos en lo que sucedió en la URSS justo antes de su colapso, el deseo de
los burócratas estatales de pasar de ser “como” una clase explotadora a ser capitalistas
de todas todas, como los oligarcas rusos de hoy, debe contarse como un factor clave en
su derrumbamiento.

Cómo llevar a cabo la transformación.

El gran economista Keynes señalaba que los hombres políticos prácticos, ya fueran
prudentes u osados, se encontraban a veces repitiendo inconscientemente las ideas de
economistas hace mucho tiempo muertos.

Los políticos que defienden el neoliberalismo, lo sepan o no lo sepan, están repitiendo
las ideas de los economistas Austriacos reaccionarios Ludwig Von Mises y Hayek. Las
políticas que sugerimos más adelante responden a estas ideas a partir de los análisis de
otros, en particular el filósofo y economista escoces Adam Smith, el economista alemán
Karl Marx, el economista socialista polaco Oscar Lange y el inglés Maynard Keynes.
Como economistas y científicos sociales sólo podemos bosquejar posibles cursos de
acción y prever sus posibles consecuencias. Las decisiones sobre el curso que hay que
tomar son esencialmente políticas y la comunidad política, los dirigentes y los
ciudadanos de los países concernido son los dueños de su propio destino. Lo que los
intelectuales pueden hacer es sugerir alternativas que tengan influencia en los términos
del debate.

En la última sección analizamos objetivos clave en la transformación socialista de una
economía y la medida en la que han sido alcanzados en la experiencia Venezolana.
Ahora cambiaremos el foco hacia políticas específicas, que presentaremos una por una
explicando cómo cada una de ellas nos ayuda a lograr los objetivos más amplios
descritos con anterioridad.

Estabilización monetaria.

Existe, para los estándares mundiales, un grado considerable de inflación en la
economía venezolana. Esto queda enmascarado por medidas administrativas para
estabilizar los precios de ciertos bienes indispensables para la subsistencia, pero no la
hace menos real. En sí misma la inflación no va necesariamente contra los intereses de
los pobres y los obreros, siempre que los salarios vayan en consonancia con los precios.
A los que les pega más duro la inflación es a los rentistas cuyos activos monetarios y
ganancias por interés se deprecian.

Puesto que esta gente de todos modos son enemigos del socialismo, un gobierno
socialista no se tendría que preocupar mucho de las pérdidas en la que incurren sino
fuera por otros efectos sociales de la inflación.

La incertidumbre sobre los precios futuros puede conducir a una psicología social de
inestabilidad que acaree una pérdida de confianza en el gobierno. Explicamos en el
anexo como este tipo de inflación desempeñó un papel en la caída de la URSS. Sólo por
esta razón será necesario que el gobierno venezolano tome medidas para regular la
inflación.

Sin embargo, si los objetivos de uno son instaurar una economía socialista
fundamentada en el pago de equivalentes laborales, la reforma monetaria debe ser un
paso hacia este objetivo. Lo que sugerimos es que siguiendo a la introducción del nuevo
Bolívar Fuerte, el Estado fije una obligación legal para el Banco Central de mantener
estable la moneda en términos de trabajo. (56) Un prototipo para esto puede ser la
exitosa reforma monetaria del gobierno laborista británico después de 1996. En esos
días el gobierno colocó la política monetaria bajo el control de un comité de expertos
economistas (El Comité de Política Monetaria) y les impuso una clara obligación legal
de alcanzar un objetivo concreto de tasa de inflación. Uno podría haber esperado que
esta política fuera severamente deflacionaria, pero en realidad ha sido muy exitosa,
porque el comité está legalmente obligado a soslayar en sus políticas tanto la inflación
como la deflación. Mientras que nuestra propuesta difiere de la política Británica en el
objetivo que fija (abogamos por fijar el valor de Bolívar en términos del trabajo y no en
términos de índice de coste la vida) Las razones para ello son de dos clases: (esto
contrasta con la política actual de fijar el valor del bolívar en términos de dólares)

1- En tanto sube la productividad el trabajo, un Bolivar fijado en términos de horas de
trabajo, tendrá mayor poder adquisitivo cada año, reduciendo el coste de la vida.

2- Una vez que el valor del bolívar ha sido estabilizado en términos de trabajo, entonces
el valor laboral de los billetes de Bolívares debe imprimirse en los mismos en horas y
minutos. Esos pasos serían un acto de pedagogía revolucionaria. Revelaría claramente a
los oprimidos cuánto les sisa el sistema existente. Supóngase que un trabajador trabaja
45 horas por semana y recibe a cambio como salario bolívares con 15 horas impresos en
los mismos. Se darán cuenta de que le están estafando 30 horas cada mes. Esto logrará
subir la conciencia socialista del pueblo, y creará una opinión pública favorable para
otras medidas socialistas.

En vez de tener sólo un comité de economistas encargado de regular el valor del bolívar,
el principio de la democracia participativa implica que el “Comité de Valor Monetario”
debería componerse tanto de economistas como de delegados de los sindicatos y de las
asociaciones de consumidores. El Comité de Política de Valor, tendría que encargar
encuestas en relación con el trabajo efectuado en las diferentes industrias, y cuanto valor
monetario añadido se produce en las mismas, todo ello con el fin de dar unas directrices
claras a la política de estabilización.

Reforma de la contabilidad y presión a favor de precios equitativos.

La mayoría de las empresas actualmente han de llevar una contabilidad monetaria
ordenada. El gobierno debería hacer que fuera una condición para aprobar y auditar su
contabilidad, que también registraran contabilidades en términos de tiempo de trabajo, y
que marcaran todos los productos que vendieran con su contenido laboral.
Al principio las empresas no tendrían obligación legal de vender sus mercancías a sus
valores verdaderos. Podrían tratar de venderlo por un precio que sería superior o inferior
al valor real. Pero puesto que ahora el consumidor puede ver cuando se le cobra de más,
los consumidores tenderán a evitar compañías que venden los bienes por encima de su
valor real. Esto introducirá una presión psicológica y de los consumidores a las
empresas que están cobrando en demasía. Y también supondrá un ejercicio de
pedagogía socialista que elevará la conciencia de clase.

En los primeros meses, antes de que todos los bienes vengan con el contenido laboral
impreso en las etiquetas, las compañías tendrán que imputar valores laborales a los
bienes adquiridos usando la tasa de cambio impresa entre Bolívares y horas de trabajo.
Y eso se sumará al valor trabajo de sus insumos, el número de horas que trabajan los
empleados para obtener un valor trabajo del producto final.

Hemos mencionado con anterioridad la necesidad de instaurar una contabilidad laboral
en la industria para propósitos pedagógicos. El gobierno debería tener un sistema dual
de contabilidad nacional, contabilidad en trabajo junto con contabilidad monetaria,
puesto que, al nivel de la política económica nacional, habría muchas cuestiones en las
que las cuentas laborales serían más informativas que las monetarias. La contabilidad
monetaria encubre el hecho de que lo que hace la política económica del gobierno
realmente es reasignar trabajo. El dinero es el velo bajo el que acontece la asignación
real del trabajo.

Consagrar en la ley los derechos del trabajo.

La evidencia científica demuestra que en el mundo capitalista el valor monetario de los
bienes está determinado de manera abrumadora por sus contenidos laborales. Los
estudios demuestran que en la mayoría de las economías la correlación entre valores
laborales y precios es de más del 95%. De modo que la hipótesis científica adelantada
por Adam Smith según la cual el trabajo era la fuente del valor ha quedado verificada
estadísticamente. Esta verdad científica debe ser incorporada en la ley.
La Ley debe reconocer que el trabajo es la única fuente del valor y que, en
consecuencia, los trabajadores, o los Sindicatos, tendrán derecho a reclamar a sus
patronos si se les paga menos que el pleno valor de su trabajo. Si tenemos en cuenta las
primeras medidas y la pedagogía revolucionaria que se seguiría de ellas, sería
relativamente fácil celebrar un referéndum sobre esa ley.

Después de aprobar una ley semejante, sobrevendría una enorme oleada de activismo
obrero, cuando los trabajadores y los sindicatos lucharan para acabar con la estafa y el
engaño a los que ellos y sus antepasados han sido sometidos. También supondrían un
enorme incremento en los salarios reales, cimentando el apoyo al gobierno socialista.
La clase patronal, por otro lado, contemplaría un acusado descenso de sus ingresos
inmerecidos. Los empleados que fueran gerentes activos de las fábricas todavía tendrían
un derecho legal a ser retribuidos en función de las horas que invierten en gestionar la
empresa, ni más ni menos que como cualquier otro empleado.

El efecto acumulativo de las tres medidas delineadas hasta ahora sería abolir de modo
sustancial la explotación capitalista en el lugar de trabajo (al menos a corto plazo).
Habrá dificultades a largo plazo si no se adoptan también otras medidas, y las
examinaremos más tarde.

Eliminando otras formas de explotación.

Además de la explotación de los obreros por los patronos, hay otras formas de ingresos
no ganados, algunos de los más económicamente importantes son el interés y la renta.

Usura.


El interés, ganar dinero a partir del dinero mismo, fue considerado pecaminoso durante
miles de años. Eminentes filósofos como Aristóteles lo condenaron. Encíclicas papales
lo prohibieron y la ley islámica aún lo prohíbe en los países musulmanes. Pero en los
países capitalistas, tal llegó a ser el poder social de los bancos y otras entidades
financieras que se dio al traste con todas estas objeciones de orden moral.
En los países capitalistas que estaban atravesando una muy rápida industrialización, por
poner un ejemplo, Japón en los cincuenta o sesenta, prestar dinero a interés servía a una
finalidad económica necesaria, puesto que permitía canalizar el ahorro de la gente, a
través de las entidades financieras, a la industrialización.

Pero una vez que un país se ha industrializado, las empresas financian la mayoría de sus
inversiones con beneficios internos. Y ciertamente, con frecuencia obtienen más
beneficio del que saben cómo invertir. En vez de pedir prestado a los bancos, las
empresas industriales tienen un excedente financiero, y prestan ellas mismas a los
bancos. Los bancos a su vez canalizan el excedente financiero de las empresas a
préstamos al tercer mundo, o a los gobiernos y consumidores del Norte. Prestar a
interés, debilita la función progresiva temporal que tenía durante la industrialización y
vuelve a ser lo que la moral y la religión condenaron: pura usura.

El socialismo pretende abolir el interés como forme de ingreso. No existe clase de los
rentistas, gente que no trabaja sino que simplemente vive de los intereses que les da su
dinero. Por lo tanto es claro que en un momento dado un gobierno que se tome en serio
la construcción del socialismo debe prohibir el préstamo de dinero a interés. Podría
establecer, por ejemplo, que no podrían reclamarse el pago de intereses sobre las deudas
en los tribunales civiles. Se impondrían penas severas a los que emplearan amenazas u
ocasionaran otra serie de perjuicios para arrancar intereses.

Y antes de dar un paso semejante, un gobierno socialista necesita de alternativas para
reemplazar la función económica que aún desempeñan los préstamos y los pagos de
interés, la inversión.

Aún serán necesarios los préstamos para financiar inversiones nuevas. Esto puede
hacerse con préstamos sin interés concedidos por banco estatal. Pero si no se hace con
cuidado, la expansión resultante de la masa monetaria conducirá a la inflación
encubierta que se daba en la URSS.

La inversión en crédito se fundamenta en la ilusión de que puedes desplazar el coste de
la inversión al futuro. En tanto que esto puede ser verdad para el prestatario individual,
para la sociedad en su conjunto, la inversión de hoy solo puede efectuarse empleando el
trabajo de hoy. No podemos hacer que las generaciones futuras vuelvan atrás en el
tiempo para trabajar por nosotros. Así que las economías socialistas deben depender
fundamentalmente de los ingresos fiscales para financiar la inversión.

Regulación de niveles de precios.

Los bancos centrales capitalistas tratan de controlar la inflación ajustando la tasa de
interés. Si la inflación es muy alta lo suben. El efecto es sofocar la inversión, reducir la
demanda y por lo tanto reducir las presiones inflacionarias. Si se prohíbe el interés,
¿cómo se va a regular el nivel de precios?, o a la luz de lo que decíamos antes, ¿cómo
podría el Comité de Política de Valor asegurar que el valor del Bolívar en términos de
trabajo permaneciera firme?

Un mecanismo de control alternativo sería ajustar los términos en los que se conceden
los préstamos. El Banco estatal podría fijar una duración máxima para los precios. Por
ejemplo si el Comité de Política de Valor pensara que el valor de la moneda está en
peligro de caer podría acortar el periodo de los préstamos que podría conceder. Si los
periodos de los préstamos se redujeran de 10 años a 5 años, entonces los reembolsos
mensuales aumentarían, ni más ni menos que como pasa hoy en día con las subidas de
los tipos de interés.

Otros medios de regular los precios son las políticas fiscales. El papel moneda, como el
Bolívar, tiene cero valor intrínseco (no es más que un billete impreso) tiene un valor que
se le imputa, que nace del hecho de que el gobierno lo aceptará como moneda de curso
legal para pagar tributos. Como la gente necesita dinero para pagarlos, eso les fuerza a
valorarlo. Si los gobiernos ingresan menos de lo que gastan, subirá la masa monetaria y
eso conducirá a la inflación.

Por lo tanto la segunda manera de regular los precios es ajustar con finura los ingresos
fiscales.

La Renta es otro modo de explotación. Los socialistas la consideran como inmoral
puesto que el terrateniente se enriquece, no por su propio trabajo, sino por el trabajo de
otros en combinación con la generosidad de la naturaleza. La renta no obstante es un
fenómeno inevitable en una sociedad productora de mercancías. Si hay algún producto,
ya sea crudo, o maíz, y la eficiencia de la producción depende de las tierras utilizadas,
subirá la renta.

Suponed que el precio de una tonelada de maíz es 200 dólares, por lo tanto cualquier
tierra en la que el coste de producción del maíz es de menos de 200 dólares vale la pena
cultivarla. Por el coste de producción entendemos el coste marginal del trabajo
traducido en dinero (incluyendo los fertilizantes). Si la tierra produce maíz a un coste de
producción de sólo 50 dólares (digamos por ejemplo por ser especialmente feraz)
entonces el dueño puede arrendarla a agricultores por 150 dólares al día y todavía
pueden mantenerse incluso vendiendo maíz a 200.

Lo mismo se aplica a la producción petrolífera. Si en el campo de petróleo marginal
(pongamos las arenas de Athabasca en Canadá) se puede producir petróleo a 50 dólares
el barril, entonces un campo productivo como los venezolanos donde los costes son
mucho menores (digamos 15 dólares) le dará a su propietario (el Estado en este caso)
una renta de 35 dólares el barril.

En una economía socialista toda la renta debería apropiársela el Estado y debe ser
empleada para el bien común en general. Los Estados Socialistas han nacionalizado
normalmente la tierra, sin embargo no siempre han exigido una renta por usar la tierra.
En el caso de la extracción de minerales lo mismo daba, porque se ocupaban de ello las
empresas estatales y la renta no hubiera sido más que una transferencia ficticia entre
sectores del Estado. Pero el no exigir rentas agrícolas a las granjas colectivas acabará
acentuando las diferencias de renta entre regiones más fértiles y menos fértiles.
En la situación inmediata en Venezuela, la nacionalización de las tierras puede que no
sea al principio políticamente aconsejable puesto que podría hacer que los pequeños
agricultores sea aliaran con los grandes terratenientes. Una alternativa, que a largo plazo
produciría un efecto similar, sería introducir un impuesto agrícola sobre la renta de la
tierra. El umbral del impuesto se fijaría lo suficientemente elevado para asegurar que los
pequeños agricultores no pagaran más que una cantidad simbólica, pero en fincas de
mayores dimensiones y más fértiles se fijaría en un nivel que supondría la confiscación
de la mayor parte de los ingresos por renta. Los efectos en los terratenientes serían
similares a los alcanzados por la nacionalización: privarles de sus ingresos no ganados y
hacerlos disponibles para usos comunales. Pero es ideológicamente más complicado
hacer una campaña para justificar la evasión fiscal que montar una campaña para
resistirse a la expropiación.

Finanzas estatales y moneda extranjera.

Eso nos lleva al tema general de las finanzas estatales.
Las economías socialistas de forma característica tienen un nivel superior de gasto
público que las capitalistas con un nivel de desarrollo económico similar. Es esencial
que el Estado tenga un mecanismo eficaz para subir sus ingresos, con impuestos que
sean fáciles de recaudar y que hagan el fraude complicado.

Venezuela no es un país corriente por tener enormes ingresos del petróleo, lo que ayuda
y no poco, pero el principio sigue siendo ese.

Los países socialdemócratas como Suecia confían sobre todo en los ingresos fiscales
recaudados por un funcionariado eficaz. Los países socialistas del Este como la URSS,
confiaban en impuestos sobre los rendimientos en la industria y sobre los beneficios
obtenidos por las empresas estatales. Debido a la importancia que tienen los ingresos
del petróleo en Venezuela, se acerca más al modelo soviético.

¿Cuáles de estos modelos de ingresos fiscales deben ser utilizados como una de las
principales cuestiones económicas que tiene que afrontar Venezuela si quiere
convertirse en una economía socialista?

En Hacia Un Nuevo Socialismo, Cotrell y Cockshott defendieron que el modelo fiscal
soviético tenía importantes inconvenientes, que, a largo plazo, contribuyeron al colapso
final de la economía soviética.

1- El uso de los impuestos indirectos, como sobre los rendimientos o los impuestos
sobre el valor añadido (57) y la confianza a fortiori en las réditos y beneficios, sitúa al
Estado en posición se capitalista colectivo frente a los trabajadores.

2- Los socialistas tradicionalmente también han venido oponiéndose al empleo de los
impuestos indirectos, puesto que los mismos son formas de imposición regresivas más
que progresivas.(58)

3-Resultaba en una estructura de precios distorsionada que infravaloraba
sistemáticamente el trabajo en detrimento de la eficiencia económica.

4- La dependencia en los beneficios de la industria estatal es una forma oculta de
obtención de rédito, que no es fácil que resulte susceptible de control democrático.
En el caso de Venezuela, concurre el complicado factor adicional consistente en que los
precios del petróleo dependen del muy volátil precio mundial en el mercado petrolero, y
eso puede provocar fluctuaciones inesperadas en los ingresos estatales. La reciente alza
en los precios del petróleo ha beneficiado mucho al gobierno, pero hay que recordad
que los precios igual que suben, bajan.

Se dice que el gobierno de Venezuela tiene mucho dinero gracias al petróleo, pero es
importante comprender bien en qué sentido tiene mucho dinero. Lo que tiene son
muchos dólares, y eso está bien si el gobierno quiere comprar directamente mercancías
manufacturadas en otros países. Los dólares también están bien para la ayuda exterior.
Pero los dólares no valen para pagar los salarios de los empleados del gobierno, o
cuando el gobierno quiere comprar bienes nacionales, para los que precisa de bolívares.

El gobierno puede obtener Bolívares de diferentes maneras:

1- Pueden obtenerse a partir de impuestos (el término alemán para estos tributos
Mehrwertsteur se traduce por cierto como “impuesto sobre la plusvalía” que explica
muy bien su función económica desde el punto de vista de la economía política
marxista. Los impuestos progresivos son los que más afectan a las rentas más elevadas.

2- Puede emitir bonos de deuda en Bolívares en el mercado abierto empleando sus
reservas de dólares.

3- Puede adquirir Bolívares en el mercado abierto empleando reservas de dólares.
4- Puede utilizar el Banco Nacional para obtener crédito.
El hecho de que la tasa del mercado negro para el dólar esté muy por encima de la tasa
oficial, y que exista mucha inflación indica que el Estado ha estado confiando
demasiado en el último de los últimos métodos de financiación.

Debe uno percatarse de que los dólares no pueden emplearse para compensar una caída
de ingresos fiscales en bolívares mientras que se mantengan los controles de tipo de
cambio.

Los ingresos por dólares sólo pueden convertirse libremente en ingresos en Bolívares
mediante la compra por el Estado de Bolívares en el mercado abierto. Esto, a su vez
implica que los ciudadanos venezolanos tendían que ser libres de vender dólares en el
mercado abierto.

Se puede entender que el gobierno mantenga controles de los tipos de cambio para
evitar que las clases altas saquen del país sus activos en Bolívares, y en el proceso
agoten las reservas exteriores del gobierno, así que estamos en un buen dilema. El
dilema indica que el gobierno aún no se siente lo bastante poderoso para abatir el poder
económico de la oligarquía.

Sugerimos dos posibles políticas en esas circunstancias.

1- Aumentos en el tipo marginal de los impuestos sobre la renta y abolición de las
exenciones tributarias en la medida necesaria para financiar los gastos nacionales con
los ingresos fiscales domésticos.

2- Y de modo más radical, una acusada reducción en la cuantía de Bolívares privados
puede sobrevenir con la reforma monetaria propuesta. Si hubiera un límite a la cuantía
que cualquier persona pudiera cambiar (en bolívares nuevos por antiguos) pudiendo
fijarse dicho límite en cierto número de meses del salario promedio, el capital monetario
de los ricos ya no sería suficiente para amenazar las reservas exteriores del Estado de
manera subsiguiente a la remoción de los controles de cambio. También reducirían, por
cierto, el poder social de la clase capitalista.

Cada una de estas políticas tiene ciertos riesgos, que han de sopesarse en relación con
los futuros beneficios de un sistema más estable de finanzas públicas.

Previsibles consecuencias.

Las políticas descritas, harían, creemos, progresar en gran medida hacia la
transformación a una nueva economía socialista. Sin embargo, como socavan
importantes componentes funcionales del capitalismo, habría consecuencias si no se
ponen en marcha mecanismos alternativos.

Acabar con la producción de plusvalía pagando a los trabajadores el valor pleno que
crean haría que no fuera rentable poner empresas. Hay peligro que en estas condiciones
los capitalistas vieran que es más rentable dejar su dinero en el banco y obtener interés
más que emplear obreros.

Sería por lo tanto importante que se aboliera el pago de intereses antes que introducir el
derecho al valor pleno del trabajo.

También sería necesario introducir el derecho a que los empleados fueran capaces de
votar que su empresa fuera cogestionada por un comité que tuviera una clara mayoría de
empleados, con el fin de prevenir que los propietarios de deshagan de sus activos y
cierren la empresa que ahora no les es suficientemente rentable.

Escrito en junio de 2007

Notas
56This should be contrasted to the current policy of attempting to fix the value of the
Bolivar in terms of dollars.
57The German term for such taxes Mehrwertsteur translates incidentally as 'surplus value tax',
encapsulating very well what its
economic function is from the standpoint of Marxian political economy.
58A progressive tax is one which bears most heavily on people with higher incomes.15. Economía del socialismo. Venezuela y la Eople with higher incomes.

_________________
Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Argumentos en Pro del Socialismo (tradu)
NotaPublicado: Dom Ene 17, 2016 5:57 pm 
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16. Factores económicos en el fracaso del Socialismo Soviético.

A Paul Cockshott le preguntó el General José Ángel que desarrollara más los
comentarios que hizo sobre las causas del colapso soviético. Esta es una muy breve
perspectiva personal acerca de una cuestión que obviamente es tan extensa como
controvertida.

El colapso de la economía soviética y después de la economía rusa bajo Gorbachov y
después bajo Yeltsin fue un desastre económico sin precedentes en tiempos de paz. La
segunda superpotencia del mundo quedó reducida a una economía quebrada y menor
con un enorme descenso de la producción industrial y del nivel de vida. Nada ilustra
mejor la escala de la catástrofe que los datos demográficos que muestran un enorme
ascenso en la tasa de mortalidad que conllevaron la pobreza, el hambre, las personas sin
hogar, y el alcoholismo.

[Figure: Soviet Economic collapse let to huge increase in mortality
with 5.7 million excess) Tabla de exceso de mortalidad.
Russian deaths 1991-2001. Vertical axis 1,000 deaths per annum.]

Al determinar que causó todo esto uno tiene que mirar a los factores
a corto medio ylargo plazo que llevaron al estancamiento relativo, a la crisis y después al colapso. Los
factores a largo plazo eran los problemas estructurales de la economía soviética y las
reformas necesarias para abordarlos. Las políticas introducidas por los gobiernos de
Gorvachov y Yeltsin, lejos de tratar con estos problemas hicieron la situación
catastróficamente peor.


Largo plazo.

Durante el periodo que va de 1930 a 1970, excluyendo los años de guerra, la URSS
experimentó un rápido crecimiento económico. Hay mucho debate sobre la rapidez del
crecimiento, pero es generalmente aceptado que creció significativamente más que los
EEUU entre 1928 y 1975, con tasa de crecimiento descendiendo hasta la de los EEUU
después de eso (59) Ese crecimiento se produjo en un país campesino cuyo nivel de
desarrollo había sido comparable a la India en 1922, par convertirse la segunda potencia
tecnológica, industrial y militar a mediados de los 60.
Los analistas han dado una serie de razones para el descenso del crecimiento en el
periodo final.

Es fácil que una economía crezca con rapidez durante la fase inicial de industrialización
cuando el trabajo cambia de la agricultura a la industria. Después de eso el trabajo tiene
que apoyarse en mejoras en la productividad en una economía ya industrializada, que
son inferiores a la diferencia de productividad entre la agricultura y la industria.
Una porción relativamente grande de la producción Soviética se dedicaba a defensa,
particularmente en las últimas fases de la Guerra Fría, donde competían con los
programas de “Guerra de las Galaxias” de Reagan. El personal cualificado requerido
para la defensa limitó el número de científicos e ingenieros que podían ser empleados
para inventar nuevo y más productivo equipamiento industrial. Los EEUU y otros
países capitalistas impusieron embargos en la oferta de equipamiento tecnológico
avanzado en la URSS. Esto significó que la URSS tenía que confiar en un alto grado en
diseños domésticos. En el Oeste no había barreras comparables a la exportación de
tecnología por lo que el desarrollo industrial de los países capitalistas occidentales fue
sinérgico.

La mano de obra seguramente no se empleaba con tanta eficiencia en la industria
soviética como en EEUU o en la RFA. En un sentido, por supuesto, la URSS empleaba
eficazmente su fuerza de trabajo, no tenía desempleo y la proporción de mujeres con un
trabajo a tiempo completo era más elevada que en ningún otro país. Pero una economía
industrial desarrollada tiene que poder transferir trabajo a donde pueda usarse de manera
más eficiente. Con el capitalismo esto se consigue con la existencia de la reserva de
desempleados, que aunque es ineficiente a nivel macroeconómico, permite la rápida
expansión de nuevas industrias.

Las empresas soviéticas tendían a “atesorar” trabajadores manteniendo a la gente en
plantilla por si necesitaban satisfacer nuevas demandas de las autoridades de
planificación. Esto era posible tanto por los niveles relativamente bajos de salarios
monetarios, y porque el banco estatal rápidamente ofrecía crédito para cubrir estos
costes. El bajo nivel de salarios monetarios era a su vez consecuencia del modo en que
el estado extraía sus ingresos de los beneficios de las empresas estatales más que de los
impuestos sobre la renta.

Si bien el crecimiento económico soviético en los ochenta bajó a los niveles de EEUU
por si mismo eso no suponía un desastre, ya que después de todo EEUU había
experimentado este tipo de crecimiento (2,5% al año) durante décadas sin crisis. En
verdad, mientras que los ingresos de los trabajadores en los EEUU se estancaron en los
ochenta, en la URRS siguieron subiendo. La diferencia estaba en la posición de la
intelectualidad y los gerentes en los dos países. En los EEUU las diferencias de ingresos
eran relativamente pequeñas, y aunque todos los grupos siguieron experimentando un
alza salarial, era mucho menor que había sido en los cincuenta y sesenta.

Para la intelectualidad soviética ese estancamiento en un crecimiento del 2,5% era un
estancamiento intolerable, tal vez porque comparaban su situación con la de los gerentes
y profesionales en EEUU o Alemania. Por lo tanto esa clase percibía que el sistema
socialista estaba fracasando cuando se comparaba con los EEUU.

Una vez más esto no hubiera resultado crítico para la supervivencia del sistema de no
haber sido por el hecho de que esos estratos sociales eran desproporcionadamente
influyentes en la URSS. Aunque el Partido Comunista dirigente era en principio un
partido de trabajadores, una parte desproporcionada de sus miembros eran
seleccionados de los técnicos y profesionales más cualificados, con una representación
muy baja de los trabajadores manuales.

La ralentización del crecimiento soviético fue en gran medida el resultado inevitable de
la madurez económica, un movimiento de la tasa de crecimiento propio de los países
industriales maduros. Un modesto programa de medidas para mejorar la eficacia de la
gestión económica probablemente hubiera producido alguna recuperación de la tasa de
crecimiento, pero hubiera sido poco realista esperar que regresaran las tasas de
crecimiento de los cincuenta y sesenta. Lo que ocurrió en la URSS, sin embargo, no fue
la aplicación de un modesto programa de reformas, sino un trabajo de demolición
radical de sus estructuras económicas básicas. Ese trabajo de demolición fue motivado
por la ideología liberal. Los economistas liberales, tanto en la URSS como los visitantes
de EEUU prometieron que una vez que el sistema de planificación fuera suprimido y las
empresas pudieran competir en el mercado, la eficacia económica mejoraría de manera
radical.

Medio plazo.

Las causas del colapso económico soviético a medio plazo responden a las políticas que
llevó a cabo el gobierno de Gorvachov para mejorar la economía.
El efecto combinado de estas políticas fue la bancarrota del Estado y la devaluación.
Uno ha de percatarse que la base financiera del Estado Soviético descansaba
fundamentalmente en los tributos sobre los beneficios de las empresas y en los
impuestos indirectos. En un esfuerzo para detener el alcoholismo que producía
absentismo laboral y enfermedades, el Gobierno de Gorbachov prohibió el alcohol. Esto
y la mejora general de la disciplina laboral llevó a cierta mejora en el crecimiento
económico. Sin embargo tuvo efectos secundarios no previstos. Puesto que las ventas de
vodka ya no podían producirse en las tiendas del gobierno, surgió un mercado negro de
vodka ilegalmente destilado, controlado por un submundo criminal. Esta clase criminal
que obtenía dinero e influencia después se convirtió en el enemigo más peligroso.
Con el dinero que los criminales obtenían del alcohol ilegal, el Estado perdió una
importante fuente de ingresos fiscales, que, como no fue compensado con otros
impuestos, condujo a un proceso inflacionario. Si la pérdida de los impuestos sobre el
alcohol hubiera sido el único problema para las finanzas estatales, se podría haber
resuelto subiendo los precios de otras mercancías. Pero la situación empeoró, cuando
Gobachov, influido por los argumentos de los economistas liberales, permitió a las
empresas retener una gran parte de los impuestos sobre los beneficios que debían al
Estado. Los liberales decían que si los gerentes podían retener sus beneficios, harían un
uso más eficiente de ellos que el gobierno.

Lo que sobrevino es una terrible crisis financiera del Estado, que se vio forzado a emitir
crédito mediante el banco central para financiar sus gastos corrientes. La expansión de
la masa de la monetaria llevó a una rápida inflación y a la erosión de la confianza
pública en la economía. Y además, los fondos adicionales no controlados por los
gerentes abrieron enormes oportunidades para la corrupción. El gobierno de Gorbachov
había legalizado las cooperativas de trabajadores, que podían comerciar
independientemente. Esta forma legal fue empleada por un nuevo estrato de
funcionarios corruptos, criminales y pequeños hombres de negocios para lavar dinero
obtenido mediante prácticas corruptas.

Causas inmediatas.


La economía soviética había atravesado las fases del estancamiento, gestionado mal la
crisis, y por último entró en la fase de un colapso catastrófico, sin precedentes en
tiempos de paz.

Después de un golpe fracasado de parte de las fuerzas armadas y de los servicios de
seguridad, Yeltsin, en vez de ayudar a restaurar el gobierno constitucional del Presidente
Gorvachov, tomó el poder para si mismo. Siguiendo instrucciones de consejeros de
EEUU introdujo un programa de choque para convertir la economía en capitalista en
100 días.

En la antigua URSS no había clase capitalista. En occidente los gobiernos podían
privatizar las empresas públicas vendiendo sus acciones en bolsa donde las acciones
serían acaparadas por las clases superiores, o, como en el caso de las privatizaciones de
Thatcher, por secciones de la clase media. Pero en la URSS las cosas eran muy distintas.
No había ninguna clase de individuos lo suficientemente rica para comprar las empresas
del Estado legalmente. Además, la escala de la privatización era tan enorme, incluso en
una economía de mercado, que los ahorros de la población hubieran sido insuficientes
para comprar toda la industria de la nación. Bastaba usar la lógica y el sentido común
para predecir con certeza que la única manera en la que la industria podía pasar a manos
privadas sería mediante la corrupción y el gansterismo.

Y eso es justo lo que ocurrió, con un puñado de mafiosos con conexiones se quedaron
con la mayoría de la economía.

La teoría liberal dice que una vez que las empresas fueran privadas y sin interferencia
estatales, la “magia del mercado” aseguraría que interactuarían productivamente y de
forma eficiente para el bien público. Pero esta visión de la economía sobrestimaba de
modo exagerado el papel de los mercados.

Incluso en las llamadas “economías de mercado”, los mercados del tipo que se
describen en los manuales de economía son la excepción, restringidos a áreas de
especialistas como los mercados monetarios y el del petróleo. La principal estructura
industrial de la economía depende de un complejo sistema interconectado de relaciones
regulares de productores y consumidores en los que los mismos proveedores hacen
entregas reguladas a los mismos clientes semana sí, semana también. En la URSS este
sistema interconectado abarcaba dos continentes, e incluía en su red a otras economías:
el Este de Europa, Cuba, Vietnam del Norte, etc. Las empresas dependían de pedidos
regulares del Estado, que se mandarían a otras empresas a miles de kilómetros.

Ciudades enteras y comunidades en la rigurosa Siberia confiaban en estos pedidos para
su supervivencia económica. Una vez que el Estado estuvo tan quebrado que no podía
seguir haciéndolo, una vez que no podía pagar los salarios, y una vez que la red de
planificación que había coordinado estas órdenes fue suprimida, lo que ocurrió no fue la
organización espontanea de la economía prometida por la economía liberal, sino un
proceso de colapso parecido al dominó. Sin pedidos ni órdenes, las empresas de la
industria primaria cerraron. Sin entregas de componentes y suministros las industrias
secundarias ya no podían continuar con la producción, así que cerraron. Fue una
cascada rápida y destructiva, donde una industria cerraba detrás de otra. Y encima el
proceso fue todavía peor puesto que la URSS se desintegró en una docena de países
diferentes cada uno con sus economías separadas. El sistema industrial había sido
diseñado para trabajar como un todo integrado, pero cercenado por las barreras
nacionales acabó en ruinas.

Las siguientes cifras muestran hasta que punto había caído la economía. Estos datos
muestran la escasa recuperación, incluso después de 13 años de operación del mercado
libre.

Si la economía hubiera seguido creciendo incluso con las modestas tasas de los últimos
años de Brezhnev, (digamos al 2,5%) entonces la producción industrial hubiera, en esta
escala, estado en un 140% en los niveles de 1990. El efecto neto de 13 años de
capitalismo fue dejar a Rusia con la mitad de la capacidad industrial que se habría
esperado incluso en los peores años de la economía socialista.

Cuestiones económicas claves.

Haciendo caso omiso, por ahora, las lecciones políticas, que hemos desarrollado por extenso en
nuestro libro “Hacia el Socialismo del Siglo XXI”, las lecciones económicas claves son:

1-Es vital que el Estado mantenga un sistema tributario vigoroso, honrado y eficiente.

2-Es importante cuando se traten de cambiar rápidamente las relaciones sociales que
uno no desmantele los antiguos mecanismos económicos más rápido que se puedan
introducir los nuevos.

3-Uno nunca puede sobrestimar la capacidad de los mercados para organizar una
economía.

4-Uno debe precaverse contra el riesgo de que una corrupta clase gerencial trate de
apoderarse de la propiedad pública para sus intereses privados.

5-Permitir la existencia de mercados negros criminales es peligroso a largo plazo.

6-Hasta que el dinero pueda se reemplazado por la contabilidad laboral, es peligroso
permitir una inflación prolongada.

Escrito en 2007.

Notas.

59 For more details see the attached appendix B which is reproduced from the web-site 21 st
Century Socialism.

_________________
Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Argumentos en Pro del Socialismo (tradu)
NotaPublicado: Dom Ene 17, 2016 5:58 pm 
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17. Recensión. Abundancia Roja de Francis Spufford.

Este es un libro maravilloso y extraño. Está emplazado de modo notable entre la
divulgación científica, la historia social y la ficción. El autor la describe tanto como una
novela cuyo héroe es una idea y un cuento de hadas. La idea heroica es una óptima
planificación. La idea de controlar una economía planificada de modo que se asegure
que los recursos se asignen de manera óptima para conseguir la “abundancia roja” del
título.

Combinando caracteres reales e imaginarios, políticos como Jrushov, matemáticos y
economistas como Kantorovich y Nemchinov, con personajes menores de ficción, nos
ofrece un cuadro fascinante y aparentemente realista de la URSS en los cincuenta y
sesenta. No es una única narrativa como uno esperaría de la ficción histórica. En vez de
ello nos ofrece una serie de “fotografías” de las vidas de diferentes personas, separadas
por varios años. El eslabón común es el proyecto de los reformadores económicos
cibernéticos, y las ambiciones de Jrushev de obtener la abundancia comunista.

El autor muestra verdadera habilidad como divulgador científico, explicando temas tan
diversos como la “Pentode valve logic” de las tempranas computadoras BESM
funcionaban, o los mecanismos moleculares del mecanismo de la carcinogénesis que
acabó matando a su creador. Describe de forma vívida el entusiasmo y la confianza de la
URSS en los años cincuenta cuando Jrushev alardea de que alcanzarán a los EEUU en
los ochenta y se podrá lograr el comunismo. Nos ofrece una buena y didáctica narración
de los mecanismos básicos de la economía soviética, y, a través de las vidas de
personajes secundarios, nos pinta un cuadro de su operación real que es más detallado y
convincente que cualquier trabajo histórico académico.

Extrae la idea de la gestión económica cibernética de la esperanza de los cincuenta y de
los sesenta, donde se relegó a Kantorovich a la menos ambiciosa tarea de optimizar la
producción de acero para tuberías en la industria del petróleo y el gas natural.
Irónicamente, dice Spufford, mientras que las tasas de crecimiento bajaron en los
setenta, fue sólo por la explotación del petróleo mediante la exportación de mismo que
pudieron subir los niveles de vida soviéticos.

Este es un libro que deberían leer todos los que están interesados en serio en la
posibilidad de un tipo de economía diferente de la que tenemos. Muestra los puntos
fuertes, tanto como las fragilidades ocultas del intento más serio para construir una
alternativa capitalista, una tentativa que nació cuando la idea de un futuro comunista
todavía se tomaba en serio por gran parte de la sociedad. Leerlo es estar convencido de
que sea cual sea la vedad del la crítica izquierdista convencional de que la URRS era
antidemocrática y burocrática, había mucho más en cuestión en esta tragedia.
Pone sobre el tapete cuestiones políticas y filosóficas reales que tienen que afrontarse
por cualquier futuro proyecto socialista, y llama la atención a una historia olvidada que
los socialistas de hoy ignoran peligrosamente.

El grueso de lo que hemos leído y oído de la URSS se centra en los años veinte y
treinta. Los restantes cincuenta años de su historia se desvanecen ante el glamour,
grandeza y horror de los primeros años. Pero los tempranos sesenta, cuando Rusia ya
era un país industrial, con muchas áreas con tecnología competitiva en aviación,
exploración del espacio y computación, ofrecen lecciones mucho más relevantes para la
izquierda europea que los años temprados.

Está clara la lección que extraerán los economistas ortodoxos: está muy bien esa
oportuna exploración, ahora que mucha gente ha criticado la idea del mercado, de por
qué razones las alternativas son peores.

Pero esas conclusiones revelan una injustificada y cruel arrogancia. Es una arrogancia
no justificada por el último y elegíaco párrafo del libro. La restauración del mecanismo
de mercado en Rusia fue un experimento basto y controlado. La nación, el carácter
nacional y la cultura, los recursos naturales y el potencial productivo siguieron siendo
los mismos. Sólo cambió el mecanismo económico. Si los economistas occidentales
ortodoxos estuvieran en lo cierto, deberíamos haber esperado que el crecimiento
económico y los niveles de vida hubieran dado un salto adelante después de la terapia
de choque de Yeltsin. En vez de ello el país se convirtió en una ruina económica. La
producción industrial colapsó, las industrias técnicamente avanzadas se atrofiaron, y los
niveles de vida descendieron tanto que la tasa de mortalidad ascendió un terció llevando
a 5,7 millones de muertes extra.

Si eras un anciano pensionista, si eras un agricultor, si eras un obrero manual, el
mercado era bastante peor que incuso la relativamente estancada economía soviética de
Breznev. La recuperación con Putin, que lo fue, casi fue debida enteramente a un efecto
secundario de la elevación de los precios económicos del petróleo, el mismo proceso
que había operado con Breznev.

Pero eso no excusa considerar seriamente los problemas que se exponen tan
vívidamente en el libro. Spuddord cuenta como los intentos de seguir las
recomendaciones de los reformistas y subir el precio de los alimentos para aumentar los
ingresos de los banqueros provocaron huelgas de los trabajadores industriales, que
fueron suprimidas brutalmente. El mismo escenario se dio en Polonia en los 70 y 80,
donde cualquier tentativa de subir los precios subsidiados ridículamente bajos de la
carne llevaba a huelgas. Spufford, expone la desconexión entre las recomendaciones de
los economistas reformistas y las vidas reales de las personas en las que impactarían las
reformas. Los subsidios a los productos de alimentación eran debidos a la mala
conciencia de la desigualdad. Eran necesarios porque sin ellos, los que tenían salarios
inferiores no podían haber sobrevivido. Marx había defendido que en la primera fase del
comunismo a la gente habría que pagarla con vales laborales y no con dinero, una hora
de trabajo un vale para una hora de trabajo. Los bienes tendrían un precio equivalente a
las horas de trabajo necesarias para fabricarlos y el gasto social se financiaría mediante
un impuesto sobre la renta. Los precios soviéticos se desviaban mucho de los valores
laborales por dos razones:

-Los bien conocidos subsidios a los alimentos básicos y a la vivienda.

-El impuesto sobre los beneficios, según creo, se calculaba sobre la base del beneficio
total, no sólo los salarios, como tal era similar al mark-up porcentual fijo.

Marx postuló los precios de producción. Dado que debido a los subsidios, los salarios
subestimaban el valor real de la fuerza de trabajo, este tipo de markup significaría que la
desviación de los precios de los valores laborales sería en realida más alta que durante el
capitalismo.

Para haber promovido el objetivo comunista de Jrushev, Kantorovich tendría que haber
propuesto salarios igualitarios y un cambio en las financias estatales de los impuestos
sobre los beneficios a los impuestos sobre la renta, antes de que los precios pudieran
racionalizarse.

Spufford le otorga el mayor énfasis a las políticas promovidas por los que secundaban a
Kantorovich y Nemchinov, que abogaban por una reforma de precios como parte de un
programa que permitiera la operación óptima de la economía. Kantorovich arguyó que
estos precios, evaluaciones objetivamente determinadas, nación de la estructura técnica
objetiva de la economía. Si los precios reales se correspondieran con valores
objetivamente determinados, entonces las señales que aportaran estos precios guiarían a
las fábricas individuales a producir según lo que el plan necesitara. Aquí existe por
supuesto un gran parecido argumental con lo que postulan los economistas occidentales
sobre el papel de los precios al guiar la asignación de recursos en una economía
mercantil. No es un accidente que Kantorovich fuera el único economista soviético que
ganara un premio nobel de economía.

Pero existía una paradoja fatal en toda estsa noción, una que Spufford ilustra en una
reunión entre Kosygin y uno de los principales reformistas: ¿cómo calcular estos
precios óptimos? Matemáticamente estaba claro, pero los problemas técnicos de
manejar tal cantidad de datos con los ordenadores de los años sesenta eran enormes. Y si
el Gosplan pudiera concentrar la información y hacer los cálculos, entonces los precios
indicativos hubieran sido innecesarios, todo el proceso de cálculo podría haberse hecho
“en especie” con las valoraciones objetivas teniendo una existencia transitoria como
coeficientes dentro de las matrices de los ordenadores de planificación.

De modo que el programa de Kantorovich acababa precisando del mismo nivel de
recursos de computación que el de su rival cibernético Victor Gluschov que
aparentemente defendía la total abolición del dinero, algo superficialmente cercano a la
visión del comunismo de Jrushev. En este contexto vale la pena leer “InterNyet: por qué
la URRS no construyó una red informática nacional, por Slava Gerovich. Hubiera sido
interesante que Glushov apareciera como un personaje en el libro, más que como
alguien al que se alude de pasada. Al final es claro por qué Glushov es una figura tan
ocscura para Spufford. Spufford revela que se había basado únicamente en las fuentes
de habla inglesa. Lo que sabía de Gluschob provenía de la breve narración de Gerovich.
Con todo, dejadme deciros, es un libro que debería leer todo el que se tome con un
interés serio las alternativas económicas.

Escrito en mayo de 2010.

_________________
Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Argumentos en Pro del Socialismo (tradu)
NotaPublicado: Dom Ene 17, 2016 6:02 pm 
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Capítulo 18. Contra Mises.

El primer defensor de que el cálculo económico socialista era imposible fue el
economista de la Escuela Austriaca Von Mises. En su libro Acción Humana (60)
dedicaba un capítulo a atacar el socialismo. Tenía dos argumentos fundamentales: en
primer lugar que los propios socialistas no se ponían de acuerdo con lo que era el
socialismo, y por otro trataba de mostrar que el cálculo económico era imposible sin
mercado.

El argumento de la Discordia.

Mises hace notar que los socialistas no tienen una idea uniforme de lo que es el
socialismo. Cada socialista, o al menos cada grupo de socialistas proclaman que solo su
visión del socialismo es correcta y que los demás son embaucadores, enemigos del
pueblo, etc. Cada socialista, dice, asume implícitamente que el futuro estado socialista
será encabezado por el mismo. Socialismo será lo que el diga.

Las demás visiones serán herejías peligrosas merecedoras del pelotón de ejecución.
Esto nos parece una caricatura bastante precisa de una importante fracción del
movimiento socialista. Mientras que los partidos comunistas tendían a tener una idea
bastante clara de lo que querían, basada en su mayor parte en una imitación de la URSS,
a otros partidos socialistas no les gustaba nada dar una visión concreta de cómo debería
organizarse el socialismo. En todos los bandos ha habido una reticencia clara a analizar
los problemas prácticos de organizar una economía socialista.

Antes de la Revolución Rusa.


El socialismo surgió primero como un movimiento filosófico con pensadores como
Owen o Fourier a principios del siglo XIX. En esa fase los pensadores socialistas
estaban dispuestos a presentar planes utópicos bastante detallados para la reorganización
de la sociedad. Después se convirtió en un movimiento político de las clases
trabajadoras que buscaban una sociedad más justa. Marx y Engels, los pensadores
socialistas con la influencia más duradera en el movimiento obrero aplaudieron el
trabajo te los utópicos tempranos al iniciar el movimiento socialista. Y cubrieron
especialmente de elogios a Owen. Pero eran muy críticos de utopías de filósofos
posteriores como Proudhon y Duhring. Sostenían que los utópicos posteriores eran
pálidos reflejos de los primeros pioneros y que sus utopías eran en su mayor parte
inconsistentes internamente.

Marx adoptó el punto de vista de que como científico no podía presentar teorías
detalladas sobre el socialismo, una forma de sociedad que aún no existía. La
investigación económica y social tenía que basarse en los datos aportados en la sociedad
real. Estaba dispuesto a identificar rasgos del capitalismo contemporáneo que revelaban
el potencial para una producción futura socializada pero no para construir una teoría
detallada del socialismo en ausencia de data. Estaba dispuesto a decir que el capitalismo
había generado una lucha de clases que acabaría llevando a la dictadura del proletariado
y a una sociedad sin clases. Como sería esta, sólo daba predicciones esquemáticas, que
se basaría en la producción planificada más que en el mercado, que no emplearía el
dinero, etc.

Después de la Revolución Rusa.


Después de la revolución Rusa, y en particular después de mediados de los años treinta,
los comunistas sostenían que los puntos de vista de Marx se habían en gran medida
puesto en práctica. Se había implantado la dictadura del proletariado, la economía se
operaba con un plan unificado y las clases habían sido abolidas. Habían tenido que
inventar cosas mientras trabajaban. Habían tenido que improvisar y gran parte de lo que
hicieron no fue predicho en detalle en los escritos de Marx. Pero eso era de esperar, el
socialismo es algo que surge de la vida real y la historia no es la cristalización de sueños
filosóficos. Para los comunistas, de los años 30 a los 60, si querías saber lo que era el
socialismo, había que mirar a Rusia.

Para los socialistas no comunistas la cuestión era más ardua. Aunque la gran mayoría de
los socialistas durante el periodo de los 30 a los 50 tomaron las cosas por su valor
nominal y aceptaron que Rusia era socialista, había siempre una minoría que no la
consideraba así, y en Europa occidental durante los últimos 30 años ese punto de vista probablemente había
venido a representar la mayoría de la opinión socialista.

El argumento de los Social-Demócratas.

Desde los primeros días de la Revolución Comunista en Rusia los partidos
Socialdemócratas en Europa sostenían que el socialismo no podría instaurarse con los
métodos dictatoriales que usaban los bolcheviques.

Defendían que el movimiento obrero había peleado duro en las décadas anteriores para
obtener el sufragio universal y la libertad de prensa y asociación. Establecer una
dictadura de partido único, imponer la censura, encarcelar y ejecutar a los opositores
políticos iba contra todo lo que el movimiento había defendido.

El socialismo según argumentaban sólo podía establecerse sobre la base de la libertad
de prensa, de asociación política y de elecciones parlamentarias abiertas. Un socialismo
que negara esto o no era socialismo o si lo era no valía la pena. Este es un claro
argumento que han defendido los socialdemócratas durante siete décadas. Su debilidad
es que los comunistas podían responder simplemente: “¿Quién dice que no puedes
construir el socialismo con una dictadura? Eso es sólo cretinismo parlamentario. Hemos
intentado la dictadura y funciona. Vosotros habéis intentado medios parlamentarios,
¿dónde está vuestro socialismo?”

En cuestiones económicas, los socialdemócratas tenían menos que decir contra el
comunismo. La Socialdemocracia tiene una definición “liberal” del socialismo tanto por
lo indeterminada como en el sentido Manchesteriano. Una economía mixta con
legislación social y algunos elementos de planificación industrial sería socialista, así
que su crítica del comunismo soviético es que no era necesario ir tan lejos. La dirección
económica no estaba en cuestión, más bien era el consejo de la moderación. La
propiedad pública de los medios de producción, la planificación, los derechos sociales y
la distribución más equitativa de la renta se aceptaban como objetivos socialistas tanto
por los Comunistas como por los Socialdemócratas. Los últimos se presentaban a si
mismos como socialistas democráticos sin poner en cuestión el socialismo de los
últimos, sólo su totalitarismo.

El argumento de los Trotskistas.

Aunque ha habido una considerable intersección entre Trotskismo y socialdemocracia,
con todos los partidos socialdemócratas de cierto fuste conservando facciones
trotskistas, su fundador era un comunista y en consecuencia sus argumentos que
negaban que la URSS fuera socialista parten de premisas diferentes. Sus puntos clave
eran:

-Socialismo en un solo país: es en principio imposible construir el socialismo en un solo
país. La URRS es un solo país. Se sigue que la URSS no puede ser socialista.

-El argumento de la abundancia. El socialismo solo es posible cuando la humanidad
pasa del reino de la necesidad a la libertad. En la URSS había muchas escaseces, que
surgían en buena parte de ser un país aislado. Por lo tanto la URSS no podia ser
socialista

Socialismo en un solo país.


¿Cuál es la “cuestión” del socialismo en un solo país”? Parece no haber una única
cuestión sino varias. Aquí hay unas cuantas:

-¿Es el socialismo posible en un solo país?

-¿Es el socialismo posible más de un país?

-¿En el largo plazo es el socialismo más estable en a) un solo país y b) muchos países.
En breve nuestras respuestas serían, sí, sí, a.

Puede parecer un poco paradójico pero se hará más claro lo que queremos decir cuando
desarrollemos el argumento.

Desde nuestra perspectiva las dos primeras preguntas son en parte empíricas. Sólo en
parte, porque el significado de la cuestión aún descansa en la interpretación que uno
haga de la palabra país.

Normalmente se refiere a un Estado-Nación. Pero las naciones y los Estados no son lo
mismo. La URSS era una organización internacional de poder estatal proletario y no un
Estado-Nación en el antiguo sentido. Si por país entendemos explícitamente una nación
hay que decir que no tenemos evidencia empírica para saber si el socialismo es posible
en un solo país. Si por país entendemos un solo poder estatal, entonces tenemos
experiencia histórica de un solo país socialista de los años 30 a los años 40. Pero
periodo de tiempo dado está determinado por el punto en que las características
distintivas de una economía socialista aparecieron.

Así que en cualquier definición que
escojamos, nación, o poder unitario estatal, entonces desde finales de los 50 está claro
que pueden coexistir una pluralidad de países socialistas. Consideramos el periodo de
finales de los 50 como crucial, puesto que aunque las democracias populares de Europa
del Este sólo eran poderes estatales nominalmente independientes, los partidos
comunistas de allí eran los agentes efectivos del poder estatal y los partidos comunistas
estaban tan estrechamente coordinados que se podía dudar de que los estados pudieran
considerarse realmente independientes.

China, donde el partido comunista era
independiente de Moscú, no había establecido una economía socialista a principios de
los 50. Sobre la cuestión del socialismo es más estable en un país o varios parece que es
más estable en uno siempre que por “país” uno entienda un poder estatal unitario. Un
poder estatal unitario está en mejor situación para presentar un frente unido al mundo
capitalista hostil, y en mejor situación para coordinar el desarrollo económico de
naciones con diversos niveles de desarrollo. Uno sólo tiene que considerar cuáles
hubieran sido las oportunidades supervivencia del socialismo y la URSS no se hubiera
forzado, y si hubieran existido una multiplicidad de Estados Naciones soberanos en su
territorio. Las potencias imperialistas hubieran ido a por ellos uno por uno. En el
periodo de posguerra, los cismas entre países socialistas como los de Yugoslavia y
China con la URSS o los de China con Vietnam han sido explotados con efectos
desastrosos por los EEUU y han perjudicado el desarrollo económico de los países
socialistas. En un sentido paradójico, puede decirse que el abandono de la política del
socialismo en un solo país en el sentido de un Estado monolítico por el movimiento
comunista a finales de los cuarenta y principios de los 50 contribuyó a su colapso en
1990.

El argumento de la abundancia.

Ese argumento fue respondido de forma convincente por Nove (61 ), y podemos hacer
una breve síntesis de sus problemas aquí. Consideremos los niveles de vida de las clases
trabajadoras en Europa cuando escribían Marx o incluso Lenin. Ahora consideramos lo
que la concepción de abundancia hubiera sido entonces: comida adecuada y nutritiva,
vestidos y zapatos resistentes, casas con buena calefacción y alcantarillado, acceso a la
educación, a la cultura, a la literatura y al tiempo libre, una jornada de ocho horas,
tratamiento sanitario gratuito.

Teniendo en cuenta las condiciones de vidas del proletariado británico del siglo XIX, o
de los trabajadores de la Rusia zarista esto hubiera parecido abundancia (62)
Y para los estándares que el movimiento obrero tenía originalmente en mente, los
trabajadores de la RDA, de Checoslovaquia y en gran medida de la URSS estaban
entrando en una era de abundancia en los ochenta (63)

A pesar de eso esas economías aún no habían acabado con la escasez. Eso era cierto
bien la medida de la escasez fuera la presencia de colas o que las restricciones
presupuestarias del gobierno no permitieran satisfacer las aspiraciones de la población
por lujos orientales. El avance de la tecnología ha dado lugar a nuevas aspiraciones que
aún hay que satisfacer. En cualquier sociedad tecnológicamente avanzada este va a ser
el caso.

Las nuevas tecnologías abren nuevas posibilidades que no pueden satisfacerse de modo
inmediato en cantidades ilimitadas. Puede muy bien ser el caso de que en las economías
de mercado la publicidad estimula de modo artificial esas necesidades (de ahí la
oposición a la publicidad) pero incluso en ausencia de anuncios no había carencia de
demanda en el mercado negro por productos de Sony en la URSS. Además de eso, es
una cuestión abierta si el nivel actual de vida de, digamos, Francia, podría extenderse a
toda la población mundial dados los recursos en definitiva limitados del globo.
Es incluso cuestionable si el establecimiento de una economía socialista mundial, a
corto plazo al menos, podría aliviar la escasez en la URSS. Aunque su renta nacional
per cápita está por debajo de los países capitalistas más avanzados, aún estaba bastante
por encima de la media para los estándares mundiales. Como tal, podría esperarse que
tuviera que realizar ayuda exterior sustancial a los países comunistas del tercer mundo.
Y esas ayudas a Vietnam, Cuba, Angola, ya eran tema de cierto resentimiento popular.
El argumento de los Comunistas de Izquierdas.

Otra escuela de pensamiento socialista era el Comunismo de Izquierdas criticado por
Lenin en su panfleto “Comunismo de Izquierda”. Dada su influencia en sus días, sus
puntos de vista sufrieron de un gran descrédito. Su mejor teórico fue Amadeo Bordiga,
el fundador del PCI. Sorprendentemente, siguió activo en política hasta los 60. En 1952
Stalin publicó su obra “Problemas Económicos del Socialismo en la URSS” que fijaron
los términos del debate comunista ortodoxo sobre la economía soviética. Poco después
una publicación de Bordiga apareció bajo el imprimatur de la Internacional Comunista,
llamada, Diálogo con Stalin. En la misma Bordiga argumentaba contra la idea de que la
URSS era socialista, sosteniendo en vez de ello que su economía era una forma de
capitalismo de Estado. Alguno de sus argumentos van en paralelo con los de los
Trotskistas, el socialismo no es posible en un solo país y hace falta abundancia. Además
argumentó que la URSS seguía siendo una sociedad de producción de mercancías.
La visión marxista del socialismo siempre se había pensado como una sociedad en la
que la producción de mercancías se había abolido. Pero en la URSS los trabajadores aún
eran asalariados y recibían rublos para comprar bienes en las tiendas.

A un nivel formal estaba en lo cierto. Pero las dificultades que implicó establecer una
economía de mercado auténtica en Europa del Este después de la contrarrevolución de
1990 indicaba que la realidad social detrás del dinero y los precios en esos países era en
cierto modo diferente de la de occidente.

En los mercados de bienes de consumo, los precios guardaban escasa relación ya con la
cantidad de trabajo socialmente necesario para producirlos o con la demanda. En los
bienes de producción no había realmente ningún mercado, puesto que sólo el dinero no
bastaba para asegurar la oferta de un fin si no había sido asignado por el plan.
Bordiga tenía razón al decir que la existencia del dinero y la forma mercancía eran un
problema potencial, pero como otras comunistas de izquierda no daba muchos detalles
sobre qué forma de cálculo económico podría emplearse.

El argumento de los Maoístas.


Durante la década de los sesenta la sección maoísta del PCC empezó a defender que la
URSS había vuelto al capitalismo. Se dijo que Jrushev y después Kosygin habían
tomado un camino capitalista y que la URSS había pasado de ser un estado socialista a
ser un estado social imperialista.

Teniendo en cuenta que los cambios económicos introducidos por Jrushov fueron
mínimos, el argumento es difícil de sostener. Si, no obstante, uno los ve como
comentarios alegóricos sobre un debate político chino interno sobre el camino correcto
hacia delante, tienen bastante más sentido. En china había una dura pugna entre los
maoístas y los seguidores de Liu Shaoqi y Deng. Liu fue estigmatizado como el Jrushov
chino. Esto puede verse también como considerar a Jrushov el Liu de China.
Si las políticas económicas seguidas por Deng después de llegar al poder son indicativas
de lo que se proponía en los debates políticos secretos del partido durante los sesenta
entonces los cargos de “ir por el camino capitalista” parecen haber sido apropiados en el
contexto chino. Pero hasta Gorbachov los que abogaban por medidas similares en Rusia
estaban lejos de los centros del poder político.

Resumen.

Ya ha pasado mucho más de un siglo desde que Marx escribió y tenemos mucha
evidencia histórica para continuar. Hemos tenido grandes oportunidades para observar
las sociedades que según la opinión común se consideraban socialistas. Decimos según
la opinión común, conscientes de que hay personas que discrepan, pero ya tome uno en
cuenta las constituciones de estas sociedades, que se proclamaban socialistas, la visión
común de los ciudadanos que las consideraban socialistas, o la visión común de la
prensa internacional que las declaraba socialistas parece haber habido un consenso
sobre ello.

Muchas corrientes de pensamiento en el movimiento socialista han discrepado de ese
consenso, sobre la base de que las condiciones de los países del socialismo “realmente
existente” vulneraban numerosos ideales socialistas.

Y puede muy bien ser la verdad, pero como materialistas no podemos juzgar la realidad
con los patrones del ideal. No es trabajo de la realidad materializar nuestros ideales. La
realidad simplemente ES, con toda su gloria horrores y contradicciones. Al juzgar la
realidad del socialismo parangonándola con los ideales defendidos por sus primeros
teóricos uno está adoptando un criterio inusual. No juzgamos al feudalismo o al
capitalismo por los patrones del ideal, pues si lo hiciéramos veríamos que ninguna
sociedad capitalista real ha correspondido del todo al ideal. Y uno ha de notar que es un
argumento común de los oponentes del marxismo decir que puesto que el Reino Unido
difería en muchos aspectos, con su Estado del Bienestar, del tipo ideal del capitalismo
del siglo XIX, ya no era realmente capitalista.

Si uno presenta una teoría sobre una clase de sociedad antes de que venga a la existencia
el estatus científico de la teoría no es muy fuerte. Si las predicciones de la teoría entran
en conflicto con observaciones posteriores uno puede o decidir que la teoría debe ser
modificada o que la realidad se ha comportado mal.

Si uno adopta la última postura y dice que el socialismo no se ha dado en ninguna parte
del mundo, uno puede esperar (creemos que en vano) evadir la presente impopularidad
del socialismo existente, pero difícilmente habrá mejorado su capacidad para intervenir
prácticamente en las contradicciones que llevaron a esa impopularidad. Un ideal puede
mantenerse prístino pero su distancia con la realidad vicia toda su fuerza práctica
política y uno se queda en la situación que precisamente Marx criticó en los Utópicos.
Por lo tanto tomaremos una aproximación empírica para determinar cuales han sido los
rasgos distintivos de una sociedad socialista.

-La ausencia de una clase de propietarios acaudalados en la agricultura o la industria.

-La asignación de los instrumentos de producción mediante un sistema de directivas
estatales.

-La consiguiente ausencia de mercados de bienes de capital o materias primas.

Ciertamente uno podría preguntarse por el significado de los términos bienes de capital
en esas sociedades.

-La existencia formal de un mercado de bienes de consumo sometido a las restricciones
siguientes: una porción significativa de los bienes de consumo se distribuían de modo
diferente a la compraventa y el mecanismo de precios en el mercado de bienes de
consumo generalmente no operaba.

-La ausencia de un mercado de la tierra, y de la ausencia de la renta como categoría
económica.

-Una menor variación de los ingresos que la media existente en los países capitalistas en
una fase equivalente de desarrollo industrial.

-Un modo distintivo de extracción del excedente: la división políticamente determinada
de las formas concretas del producto social entre las categorías del consumo corriente,
la acumulación y el consumo improductivo.

-La relegación de la tributación de un medio de extracción del excedente a un medio de
asegurar la estabilidad monetaria.

-La existencia de dinero y trabajo asalariado-

-La ausencia de un ejército de reserva de los parados, asociado con frecuencia a
escaseces crónicas de mano de obra.

Estas parecen ser los rasgos estructurales significativos que separaban el mundo
socialista del capitalista. También hay rasgos que los defensores del capitalismo en esos
países desearían abolir.

Los socialistas a la izquierda de la socialdemocracia que niegan que el socialismo ha
existido nunca no especifican en general cuales de esos rasgos son incompatibles con el
socialismo. Uno tiene que asumir que los sistemas socialistas que defienden
compartirían la mayoría de esos rasgos. Las excepciones pueden ser quizás el Partido
Comunista Internacional Bordigista, que defiende que la continuada existencia de
dinero en la URSS era un factor decisivo para evitar que la URSS hubiera sido socialista
alguna vez.

Nuestro punto de vista es que aunque sea infructuoso seguir preguntándose si la URSS
era socialista no se sigue que uno tenga que aceptar las medidas políticas y económicas
tomadas por su gobierno. Si uno abandona el punto de vista utópico y ve el socialismo
como una forma concreta de sociedad con sus propias y contradictorias formas de
desarrollo, uno puede empezar a preguntarse qué políticas económicas y sociales debe
adoptar una sociedad socialista. Cualquier sociedad real está llena de contradicciones, y
es o bien destruida por ellas o se desarrolla cuando las resuelve.

Durante los años 30 se reconocía por casi todo el mundo que el capitalismo liberal había
llegado a un punto muerto y no ofrecía otras perspectivas más que una horrible
alternancia entre guerras mundiales y recesiones económicas. No es para sorprenderse
que mucha gente pensara que sólo el nazismo o el comunismo ofrecían alguna
esperanza para el futuro. Pero en los cincuenta todo eso había cambiado. La
subordinación de todas las demás potencias capitalistas a los EEUU, la economía
keynesiana, el GATT y el FMI habían transformado estas perspectivas.

Las contradicciones económicas del mundo socialista han sido evidentes y crecientes
durante más de dos décadas. Ahora es evidente por si mismo que el socialismo está
acabado del mismo modo que el capitalismo estaba acabado en los años treinta. Es tan
evidente por si mismo como falso. Nuestra opinión es que la crisis del socialismo surge
primeramente de malas políticas económicas y puede resolverse mediante una radical
transformación de estas políticas. No deseamos presentar nuestro punto de vista como
un esquema inalterable y anatemizar cualquier desviación de las mismas. Creemos que
tienen fundamentos más sólidos y que tienen más probabilidades de tener éxito que las
políticas económicas seguidas por los gobiernos socialistas en el pasado reciente.
El argumento del cálculo.

“El director (64) quiere construir una casa. Hay muchos métodos con los que puede
construirla. Cada uno de ellos ofrece, desde el punto de vista del director, ciertas
ventajas y desventajas en relación con el uso del futuro edificio y resulta en una
diferente duración de la vida útil del edificio; cada uno de ellos requiere otros gastos de
materiales de construcción y de trabajo y absorbe otros periodos de producción. ¿Qué
método escogerá el director? No puede reducir a un común denominador los distintos
materiales y clases de trabajo que hay que expender. Por lo tanto no puede compararlos.
No puede unir a ellos ni al periodo de espera (periodo de producción) ni a la duración de
la vida útil una expresión numérica definida. En breve no puede al comparar costes ni
ganancia recurrir a operaciones aritmética
s (65)”

A Mises le preocupa sobre todo la cuestión de la elección de las técnicas que hay que
emplear en un proceso de producción. Su tesis es que sólo el mercado, al reducir todos
los costes y beneficios a un común denominador, el dinero, permite una comparación
racional de las posibilidades alternativas.

Pasa revista a los diversos modos en los que esto puede hacerse y los rechaza todos.
El cálculo en especie se rechaza porque uno no puede sumar cantidades de insumos
diferentes a menos que los convierta a una unidad común de medida como el dinero.
Esto parece un argumento razonable a primera vista pero implica ciertas suposiciones
sobre la naturaleza del cálculo a las que volveremos más adelantes.

El cálculo en términos de la teoría laboral del valor se rechaza con una sóla frase:

“Esta sugerencia no tiene en cuenta los distintos factores materiales de producción e
ignora las diferentes calidades del trabajo realizado en las diversas horas trabajadas por
diferentes personas” (66)


Este es un tratamiento bastante conciso de la cuestión así que nuestra réplica también
puede ser concisa. Hemos mostrado en otros capítulos que la teoría laboral del valor
permite a uno asignar diferentes medidas a los diferentes trabajos creadores de valor con
diferentes grados de cualificación. La esencia del método es medir el adiestramiento de
los trabajadores en términos de trabajo también e imputar esto al trabajo que realizan
una vez que están adiestrados.

En cuanto a no tomar en cuenta las materias primas, la teoría clásica de la renta muestra
como el nivel de la renta diferencial del suelo se rige por los costes marginales de
producción en mano de obra. No hay razón por la que este cálculo no se pueda aplicar
de modo directo en una economía socialista. Si este fundamento se sigue, entonces la
destrucción del medio ambiente resultante no tiene que ser peor que la aplicación del
mismo principio en las economías de mercado. Y dado el enorme daño ambiental
producido a los ecosistemas del mundo por el principio burgués de valorar las materias
primas sobre la base de los costes marginales de producción, esperamos que una agencia
de producción socialista adopte reglas un poco más estrictas a ese respecto.
Rechaza la sugerencia de que la unidad de medida sea la utilidad sobre la base de que
no se puede medir directamente. Estamos de acuerdo con él en esto.

Rechaza la aproximación del socialismo de mercado sobre la base de que el mercado es
en esencia la persecución del interés propio y que su operación efectiva implica la
existencia de emprendedores que asumen riesgos. Si uno acepta que hay que perseguir
el propio interés a través del mercado y que este es necesario para el cálculo económico,
es incoherente tratar de imitar y excluir la función del emprendedor. En vista de lo que
ha ocurrido en la URSS desde Gorbachov, esta sin duda es una observación
políticamente astuta. Una vez que los socialistas han concedido que el mercado tiene
virtudes es difícil denunciar el vicio del explotador vestido ahora con el brillante ropaje
del emprendedor.

Ataca el uso de “las ecuaciones diferenciales de la economía matemática” como una
técnica de cálculo económico socialista. No está claro exactamente a qué ecuaciones
diferenciales se refiere, pero parecen ser las de la estática comparativa. La economía
moderna tiende a asumir que una ecuación diferencial implicará derivadas con respecto
al tiempo, y que por lo tanto su función es capturar la dinámica economía. Asumimos
que Mises se refiere simplemente al cálculo diferencial que se emplea en la economía
neoclásica para deducir condiciones de equilibrio estático. El meollo de esta
argumentación es que las condiciones de equilibrio tratadas en la estática comparativa
es una construcción completamente abstracta que nunca se da en la realidad. La
economía se halla en un constante proceso de cambio y los recursos presentes
disponibles son siempre una secuela del pasado que no se adapta a las necesidades
presentes. Esto es también bastante cierto, pero no demuestra que es imposible planear
como usar mejor los recursos presentes para lograr una producción futura dada. Nuestro
algoritmo para equilibrar el plan que toma en cuenta los stocks presentes es uno de los
probablemente muchos procedimientos matemáticos que pueden emplearse para lograr
este fin.

También rechaza lo que denomina método de ensayo y error. Este es el más interesante
en nuestro contexto presente porque guarda cierta relación con lo que defendemos.
“Podemos asumir que en la mancomunidad socialista hay un mercado de bienes de
consumo y que los precios monetarios para los bienes de consumo se determinan en este
mercado. Podemos asumir que el director asigna periódicamente a cada miembro una
cierta cantidad de dinero y vende los bienes de consume a los que ofrezcan mayores
precios…

Pero el sello característico de un sistema socialista es que los bienes de producción están
controlados por una agencia en cuyo nombre actúa el director y no se compran ni se
venden, y no hay precios para ellos. Por lo tanto no pueden compararse el input y el
output mediante los métodos de la aritmética” (67)

Este mecanismo es parecido al que defendemos para la producción de bienes de
consumo. Mises se concentra de nuevo en la presunta imposibilidad de aplicar métodos
aritméticos para comparar insumos y productos en ausencia de un mercado para los
medios de producción. Nuestra respuesta es simple, la agencia de planificación conoce:

-Los contenidos laborales de los diferentes medios de producción.

-El número de vales laborales para procurar cada bien de consumo en venta a los
individuos.
A partir de esto es posible compara el coste social de producir algo con la valoración
efectuada por los consumidores.

Tratar con los medios de producción es un poco más complicado. En este caso no
tenemos un mercado que nos de una medida de demanda del bien, pero tenemos la
información más directa derivada del análisis insumo producto. Sabemos cuanto de cada
bien intermedio se requiere para satisfacer una mezcla dada de bienes de consumo
finales. No necesitamos un mercado de bienes intermedios para determinar cuantos hay
que producir

Todo el tiempo, Mises identifica cálculo con aritmética. Esto es comprensible por
cuanto el cálculo comercial y la aritmética siempre han estado muy asociados. El
Cálculo (68) y las operaciones aritméticas son prácticamente sinónimos. Pero el cálculo
puede verse como un ejemplo particular del fenómeno más general de la computación o
la simulación. Lo que un sistema de control precisa es la capacidad de computar. Esto es
verdad sea el sistema de control una serie de empresas actuando en un mercado, una
agencia de planificación, el piloto automático de un avión o el sistema nervioso de una
mariposa. Pero de ningún modo es necesario que esta computación proceda mediante
medios aritméticos.


Lo importante es que el sistema de control sea capaz de modelar aspectos significativos
del sistema que hay que controlar. Las empresas hacen esto controlando sus stocks y
mediante la contabilidad, y así modelan la localización y el movimiento de las
mercancías. Aquí se usan las reglas de la aritmética. La aplicabilidad de la aritmética al
problema descansa sobre una teoría de los números que es un modelo para las
propiedades de las mercancías. Una mariposa en vuelo ha de controlar sus músculos
torácicos para dirigir su movimiento hacia objetos, flores o frutas, que le aportarán
fuentes de energía. Al hacer esto tiene que computar cuantos movimientos posibles de
las alas son necesarios para acercarla al néctar. Y que sepamos de momento hace estas
computaciones sin saber aritmética.

Para usar terminología económica la mariposa tiene muchas elecciones abiertas.
Diferentes secuencias de movimientos musculares tienen costes diferentes en términos
de consumo de energía y ofrecen diferentes beneficios en términos de néctar. Su sistema
nervioso tiene que tratar de minimizar los costes y maximizar los beneficios usando
medios de computación no aritméticos. La supervivencia continuada de las mariposas es
prueba de su eficacia en computación.

Una agencia de planificación es probable que haga un amplio uso de la aritmética, y
ciertamente, si uno quiere tomar decisiones localizadas sobre el empleo óptimo de
recursos mediante métodos aritméticos, entonces los argumentos de Mises sobre la
necesidad de convertir diferentes productos en un común denominador para propósitos
de cálculo es bastante correcta. Ese es exactamente el papel que juegan los valores
laborales en nuestra propuesta: permiten a los ingenieros tener una buena estimación de
lo que va a ser un método barato de producción.


Si, no obstante, uno quiere realizar optimizaciones globales en toda la economía, otras
técnicas de computación que tienen mucho en común con el modo en que se cree que
funcionan los sistemas nerviosos son apropiadas. En principio pueden realizarse sin
recurrir a la aritmética. Ciertamente Oskar Lange fue pionero de tales aproximaciones
en los cincuenta cuando construyó un modelo hidráulico de la economía polaca para
propósitos de planificación. Mises como muchos teóricos burgueses, confunde la forma
histórica particular con la que una función se lleva a cabo con su esencia. Razona que:

-Las economías deben optimizar.

-La aritmética nos permite construir relaciones ordenadas de números, que pueden
usarse para optimizar.

-Si uno tiene que ordenar números deben ser del mismo tipo.

-Esto requiere la conversión a una unidad común de medida.

-El dinero es un método para convertir a una unidad común de medida.

-Por lo tanto todas las economías necesitan el dinero.

El problema con este argumento son los pasos 2 y 5. Aunque son ciertas, no apoyan la
conclusión 6. Para llegar a esa conclusión necesitamos premisas más fuertes:

-La ordenación aritmética es la única manera de optimizar.

-El dinero es la única medida práctica.

Como hemos demostrado, estas afirmaciones son falsas: hay métodos no aritméticos de
optimizar y el dinero no es el único método de convertir todo a una unidad de medición
común.

Escrito en 1992.

_________________
Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Argumentos en Pro del Socialismo (tradu)
NotaPublicado: Dom Ene 17, 2016 6:07 pm 
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Capítulo 19. Una mirada crítica al socialismo de mercado.

Los defensores del mercado lo comparan con un sistema de votación que hace al
consumidor “soberano”. Y así es, pero los consumidores y las personas son dos grupos
diferentes. Consumidores son los que tienen dinero. Sólo los que ya poseen algo pueden
ver satisfechas sus necesidades. Los parados, con sólo su trabajo no demandado para
ofrecer, no tienen voto en este sistema. Si, no obstante, asumimos primero una
distribución de la renta muy igualitaria, no se aplicaría esta objeción al mercado.

Mientras que el mercado se restrinja a los bienes de consumo, no hay razón para que sea
incompatible con el socialismo. El principio básico de un mercado socialista de bienes
de consumo puede formularse de manera muy sencilla. Todos los bienes de consumo se
marcan con sus contenidos laborales, es de decir, la cantidad total de trabajo social que
hace falta para producirlos. Pero aparte de esto, los precios actuales (en vales laborales)
de los bienes de consumo, serán fijados, tanto como sea posible, en niveles de equilibrio
de mercado. Los precios de equilibrio son los que igualan la oferta (decidida
previamente cuando se formula el plan) y la demanda.

Por definición estos precios
evitan escaseces y excedentes manifiestos. La aparición de una escasez (exceso de
demanda) resultará en una subida del precio que ocasionará que los consumidores
reduzcan el consumo del bien en cuestión. La oferta disponible irá dirigida a los que
estén dispuestos a pagar más. Si hay un excedente caerá el precio, animando a los
consumidores a consumir más del bien en cuestión.

Supóngase que una radio requiere 10 horas de trabajo. Se marcará con un valor laboral
de 10 horas, pero si aparece un exceso de demanda, el precio subirá para eliminar el
exceso de demanda. Supón que el precio es 12 vales laborales. Entonces la radio tiene
una ratio de valor trabajo de 1.2.

Los planificadores (o sus ordenadores) registran esta ratio para cada bien de consumo.
La ratio variará de producto a producto, a veces alrededor de 1.0 a veces por encima (si
el producto es muy demandado) y algunas veces por debajo (si el producto es
impopular). Los planificadores seguirán esta regla: incrementa el objetivo de
producción de bienes con una ratio por encima de 1.0 y redúcelos para aquellos con una
ratio inferior a 1.0. La cuestión es que esas ratios ofrecen una medida de la eficacia del
trabajo social para satisfacer las necesidades de los consumidores (producción de
“valores de uso” por emplear la terminología de Marx) en las diferentes industrias.

Si un producto tiene una ratio de precio de equilibrio de mercado en relación con los
valores laborales por encima de 1.0 eso indica que la gente está dispuesta a gastar más
vales laborales en el bien (por ejemplo trabajar más horas para adquirirlo) que el tiempo
de trabajo necesario para producirlo. Pero esto a su vez indica que el trabajo dedicado a
producir el producto tiene una “efectividad social” por encima de la media. A la inversa,
si el precio de equilibrio cae por debajo del valor laboral, eso nos dice que los
consumidores no “valoran” el trabajo a todo su valor: el trabajo invertido en este bien
tiene una eficacia por debajo de la media.

La paridad, o una ratio de 1.0 es una condición de equilibrio: en este caso los
consumidores “valoran” el producto en términos de su propio tiempo de trabajo, justo
en lo que cuesta a la sociedad producirlo. Eso significa que el objetivo de los mercados
socialistas minoristas debería ser no tener ni ganancia ni pérdida; los bienes vendidos
baratos compensan los que se venden con una prima.

Existen por lo tanto dos mecanismos con los que los ciudadanos de una sociedad
socialista pueden determinar la asignación de su tiempo de trabajo combinado. En un
nivel, votan periódicamente la asignación de su trabajo en usos definidos ampliamente
como bienes de consumo, inversión en medios de producción y sanidad. En otro nivel
“votan” sobre la asignación del trabajo en el seno de los bienes de consumo gastando
sus vales laborales.

Pago en vales laborales.

Era un supuesto común del socialismo del siglo XIX que la gente recibiría su salario en
vales laborales. Encontramos esta idea bajo diversas formas en Owen, Marx, Lasalle,
Rodbertus y Proudhon. El debate se centraba en si esto implicaba o no una economía
totalmente planificada. La Crítica del Programa de Gotha contiene una explicación
particularmente clara de esta idea:

“El productor individual recibe de la sociedad (tras las deducciones) exactamente lo que
le ha dado. Lo que le ha dado es su cantidad individual de trabajo. Por ejemplo el día de
trabajo social consiste en la suma de horas individuales de trabajo. El tiempo de trabajo
individual del productor individual constituye así su contribución al trabajo social, su
porción del mismo. La sociedad le entrega un certificado que acredita que ha realizado
una cantidad de trabajo (después de deducir el trabajo realizado para el fondo común) y
con este certificado puede retirar de la oferta social de medios de consumo tanto como
cueste un equivalente cantidad de trabajo. La misma cantidad de trabajo que ha
entregado a la sociedad bajo una forma, la recibe de otra”.

Con el entusiasmo de un pionero. Owen trató de introducir el principio en Inglaterra a
través de cooperativas voluntarias. Los socialistas más tardíos consideraron que el
objetivo de Owen sólo se podría lograr si se abolía completamente la economía
capitalista.

Aunque Marx tenía mucho bueno que decir de Owen, criticó a Proudhon y Rodbertus.
Vale la pena considerar la crítica marxista al “dinero trabajo”; porque puede parecer a
primera vista que hay una tensión entre la crítica de Marx y sus propias propuestas.
Ciertamente, la crítica del dinero trabajo es susceptible de una mala lectura que la
convierte en crítica de cualquier intento de abandonar el mercado, mediante un cálculo
directo de tiempo de trabajo. Esta lectura se ha hecho por escritores tan alejados como
Karl Kautsky y Terence Hutchinson.

El objeto básico de la crítica de Marx y Engels podría describirse como una apropiación
“ingenuamente socialista” de la teoría del valor de Ricardo. Si sólo, decían los
reformistas, pudiéramos imponer la condición de que todas las mercancías se
intercambiaran en función del trabajo incorporado en las mismas, se acabaría con la
explotación. De ahí los diferentes planes, desde John Gray en Inglaterra pasando por
una larga lista de socialistas ricardianos ingleses a Prodhon en Francia y Rodbertus en
Alemania, para obligar a que el cambio se hiciera de conformidad con los valores
laborales.

Marx critica los planes de Prodhon en su obra “Miseria de la Filosofía” y se ocupa de
John Gray en su “Contribución a la Crítica de la Economía Política”. Engels ataca la
variante de Rodbertus en su prefacio de 1884 a la primera edición alemana de Pobreza
de la Filosofía. Entre Marx en 1847 y Engels en 1884 encontramos una línea de ataque
constante a estas propuestas. Desde el punto de vista de Marx y Engels, dichas
propuestas, por muy honradas que fueran las intenciones de sus propagadores,
representaban un intento utópico y ciertamente reaccionario para volver a un mundo de
“producción simple de mercancías” un intercambio entre productores simples que son
dueños de sus propios medios de producción. Estos utópicos no reconocían dos
cuestiones vitales.


En primer lugar la explotación capitalista se produce a través del intercambio de
mercancías según sus valores laborales (con el valor de la mercancía especial fuerza de
trabajo determinada por el contenido laboral de los medios de subsistencia de los
trabajadores)

En segundo lugar, aunque el contenido en trabajo rige el equilibrio a largo plazo de las
tasas de intercambio de mercancías en el capitalismo, el mecanismo en que la
producción se ajusta continuamente en relación con la demanda cambiante, y a la luz de
la variación de la tecnología, bajo el sistema de mercado, descansa en la divergencia de
los precios de mercado de sus valores de equilibrio a largo plazo. Esas divergencias
generan diferentes tasas de beneficio, que a su vez guían el capital a ramas de
producción donde la oferta es inadecuada y hacen salir al capital de ramas donde la
oferta es excesiva, a la manera clásica de Ricardo y Smith. Si esta divergencia se
suprime por decreto, y el mecanismo de señales que son los precios se suprime, habrá
caos, con escaseces y excedentes de bienes concretos por todas partes.

Una cuestión que surge constantemente en la crítica de Marx es esta: según la teoría del
valor trabajo, es el tiempo de trabajo socialmente necesario el que rige los precios de
equilibrio, y no sólo el contenido laboral “en bruto”. Pero en una sociedad productora
de mercancías, lo que es trabajo socialmente necesario sólo emerge mediante la
competencia mercantil. El trabajo es primero “privado” (llevado a cabo en diferentes
talleres y empresas) y se valida o constituye como social sólo mediante el intercambio
de mercancías. La necesidad social del trabajo tiene dos dimensiones. En primer lugar,
las condiciones técnicas de producción y la productividad física del trabajo. Los
productores ineficientes o haraganes, o los que usen tecnología anticuada, no realizarán
un precio de mercado en línea con el insumo de trabajo real, sino sólo con la cantidad
menor que se define como “necesario”. En segundo lugar hay un sentido en el que la
necesidad social del trabajo es relativa a la estructura prevalente de la demanda. Si una
cierta mercancía se produce de más en relación con la demanda, no logrará tener un
precio en consonancia con su contenido laboral, incluso si se produce con una eficiencia
técnica promedio o mejor.

Los proponentes del dinero trabajo quieren cortocircuitar este proceso, actuar como si
todo el trabajo fuera inmediatamente social. Los efectos en una sociedad productora de
mercancías sólo pueden ser desastrosos.

Ciertamente la lección de Marx y Engels a los socialistas partidarios del dinero trabajo,
sobre la belleza del mecanismo de la oferta y la demanda en el capitalismo y la necedad
de fijar los precios arbitrariamente con su contenido laboral real, son muy agradables
para los críticos del socialismo.

Parece que Kautsky también leyó la crítica del dinero trabajo y pensó que ponía en tela
de juicio el objetivo marxista de cálculo directo en términos de contenido laboral, así
que por los años 20 la figura que se veía como el custodio autorizado del legado
marxista en occidente había abandonado este principio central del marxismo clásico.
Pero de la exposición de la crítica del dinero trabajo que hemos hecho, los límites de la
misma deberían quedar claro. Lo que rechazan Marx y Engels es la noción de fijar los
precios según su contenido laboral en una economía productora de mercancías donde la
producción es privada.

En una economía donde los medios de producción se hayan bajo control comunal, por
otro lado el trabajo es “directamente social” en el sentido de que se subordina a un plan
preestablecido. Aquí el cálculo del contenido laboral de los bienes es un elemento
importante del proceso de planificación. Y aquí el movimiento de los recursos en
función de las necesidades sociales y prioridades sociales cambiantes no se produce a
través de la respuesta de las empresas privadas que buscan maximizar el beneficio a las
divergencias entre los precios de mercado y los precios de equilibrio a largo plazo, así
que en este caso la crítica del dinero trabajo se vuelve irrelevante.

Ese es el contexto de la sugerencia de Marx para la distribución de bienes de consumo
mediante vales laborales. El significado de los vales laborales es que establecen la
obligación de todos de trabajar aboliendo los ingresos no ganados: hacen las relaciones
laborales entre las personas obvias y transparentes; y son igualitarias asegurando que
todo el trabajo cuente como equivalente. Es el último punto el que aseguró que nunca
fuera adoptado bajo los socialismos de Estado burocráticos del siglo XX. ¿Qué dirigente
o gerente esta dispuesto a ver que su trabajo es igual que el de un obrero cualquiera?
Vales laborales y retribución por el trabajo realizado.

La diferencia entre el sistema de vales laborales y la contratación de fuerza de trabajo
puede mostrarse con algunos ejemplos contemporáneos.

Supón que contratas a un autónomo fontanero para que te arregle el baño. El fontanero
calculará el tiempo que le llevará y pedirá su retribución sobre esa base. Después de
acabar el trabajo le pagas al fontanero por el material y la mano de obra. No contratas su
capacidad para trabajar un día, le pagas por el trabajo que hace. Si no lo termina no
cobra, y le corresponde a él juzgar el tiempo que le va a llevar. Como está autoempleado tiene un incentivo para estimar bien.
Supón por otro lado que llamas a un mecánico empleado por una compañía para arreglar
la calefacción. Es probable que te vayan a cobrar por el tiempo que le lleve. La
compañía no necesita controlar lo dura y eficazmente que trabaja el mecánico, pues el
sistema significa que no puede perder. La compañía compra su capacidad de trabajar a
10 dólares por hora y te la vende a 40 dólares. Aquí te están revendiendo la fuerza de
trabajo, no el trabajo realmente realizado.


Finalmente, supón que firmas un contrato de mantenimiento por 80 dólares al año. La
compañía te está vendiendo la promesa de trabajo realizado efectivamente, trabajo
abstracto, y tiene la responsabilidad y el incentivo de asegurar que el trabajo se hace con
eficacia y a tiempo.

La retribución en vales laborales implica la retribución por trabajo realizado
efectivamente como en el primer y tercer caso. Cuando Owen proponía esa retribución
para los artesanos no había problemas. La prueba del trabajo realizado se aportaba por
el producto entregado al “intercambio de trabajo”. En una economía moderna implica
un sistema de trabajo a piezas o un estudio detallado de trabajo para llegar a
estimaciones de tiempo requeridas en condiciones de habilidad promedio para llevar a
cabo una tarea.

Argumento General contra el Socialismo del Mercado.

Lo anterior resume los argumentos sobre el papel del mercado en el socialismo que
presentamos en el 93. Hacia un Nuevo Socialismo fue escrito a finales de los ochenta
cuando las ideas del socialismo de mercado entraron en el debate público con
Gorbachov en la URSS.

El libro era en cierto modo una polémica contra el socialismo de mercado. Aunque
reconocía el papel necesario de un mercado de bienes de consumo, se plantaba
firmemente a que hubiera un mercado de trabajo y bienes de capital. El argumento era
que los avances en la tecnología de la información permitían un sistema de planificación
eficiente que podía construirse y reemplazar al mercado en la asignación de medios de
producción, mientras que las preocupaciones socialistas por la equidad deberían
prohibir un mercado para el trabajo. Tomamos esta posición porque creemos que la idea
del socialismo de mercado era fundamentalmente corrosiva. Socavaría los logros
socialistas logrados durante el siglo XX y legitimaría una transición al capitalismo. Los
acontecimientos subsiguientes validaron esta intuición. En esta sección presentamos
argumentos generales contra el socialismo de mercado antes de analizar lo que decían
escritores occidentales partidarios del mismo.

Se ha hecho notar durante mucho tiempo por los socialistas que las economías basadas
en la producción simple de mercancías tienden a generar capitalismo. Lenin escribió:
“la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía continuamente
cotidianamente, cada hora, espontáneamente y a escala masiva”, y ese punto de vista lo
adquirió seguramente tras su exhaustivo estudio sociológico de la economía agraria
rusa. Ese punto de vista llevó a los comunistas ortodoxos a oponerse a la extensión de
las relaciones de mercado (como Stalin, Chun Chiao, Sayers) incluso si en principio no
implicaba contratos laborales explotadores. La sospecha es que algunas personas se
enriquecerían y otras se empobrecerían si se extendieran las relaciones de mercado, y
que con el tiempo esas diferencias se solidificarían en una nueva jerarquía de clase.
Las economías de mercado son fundamentalmente caóticas. Las rentas de los agentes
económicos individuales, ya sean personas, empresas, o cooperativas están sometidas a
una variación aleatoria constante. Un vendedor de mercancías tendrá meses buenos y
malos, años buenos y malos. Este proceso aleatorio significa que incluso si no hay
inicialmente compraventa de fuerza de trabajo deben surgir desigualdades de renta.
En una economía de mercado, cientos de miles de empresas e individuos interactúan,
vendiendo bienes y servicios. Esto es parecido al gas en el que un gran número de
moléculas interactúan rebotando unas con otras. La física nos dice que esos sistemas
tienen un “alto grado de autonomía”, con lo que quieren decir que los movimientos de
las moléculas individuales son “autónomos” o aleatorios. Pero aunque las moléculas
individuales sean “libres” de moverse, podemos predicar cosas de ellas en conjunto.
Podemos decir cuál será su velocidad media (su temperatura) y cuales serán sus
distribuciones probables en el espacio.

La rama de la física que estudia esto es la mecánica estadística o la termodinámica. En
vez de hacer afirmaciones deterministas, trata con probabilidades y promedios, pero aún
obtiene leyes fundamentales, las leyes de la termodinámica, que se sabe que rige el
funcionamiento del universo.

Cuando los métodos de la mecánica estadística se aplican a la economía capitalista
(Wright, Farjoun) las predicciones que hacen coinciden casi exactamente con la teoría
laboral del valor como se describe en el libro primero de “El Capital” de Marx. La
mecánica estadística mostró que los precios de venta de los bienes variarán en
proporción al contenido en trabajo como Marx había supuesto. Como el mercado es
caótico, los precios individuales, no serían exactamente iguales a los valores, pero se
agruparían de manera muy cercana alrededor de estos.

En el tomo Primero de El Capital la teoría del valor trabajo se toma como una regla de
oro empíricamente válida. Marx sabía que era correcta, pero no dijo por qué. Aquí por
lo menos tenemos una teoría científica sólida que lo explica. Es el trabajo de la ciencia
descubrir los mecanismos causales. Una vez que lo ha hecho puede hacer predicciones
que pueden ponerse a prueba. Si hay dos teorías en competencia que hacen diferentes
predicciones sobre la realidad, podemos determinar mediante una cuidadosa
observación que teoría está en lo cierto. Es el método científico corriente. Farjoun y
Machover hicieron ciertas predicciones que iban directamente en contra de las
predicciones de críticos de Marx como Samuelson. En particular su teoría predice que
las industrias con una alta ratio de mano de obra en relación con el capital serán más
rentables. La economía convencional predice que no habrá una desviación sistemática
en las tasas de beneficios de las diferentes industrias. Cuando se pone a prueba, resulta
que Farjoun y Machover estaban en lo cierto. Las industrias con una alta ratio de mano
de obra en relación con el capital son más rentables (Cockshott 2003)

Es justamente lo que deberíamos esperar si la fuente del beneficio fuera la explotación
del trabajo más que el capital. Su teoría hacía predicciones que no sólo resultaban
empíricamente acertadas, sino que al mismo tiempo verificaban la teoría de Marx de la
explotación del trabajador.

El siguiente gran paso lo realizó el físico Yakovenko, que mostró (Dragulescu,
Cockshott) que el dinero en una economía de mercado desempeñaba el mismo papel
que la energía en la física. Así como la energía se conserva en las colisiones entre
moléculas, así el dinero se conserva en los actos de compra y venta. ¡Hasta ahora es
muy obvio!

Lo que no es tan patente es lo que esto implica. Yakovenko mostró que las leyes de la
Termodinámica implicaban que la distribución de dinero entre la gente seguiría la
misma forma que la distribución de energía entre moléculas en un gas: la llamada
distribución Gibbs-Boltzmann.

Esto suena muy científico, ¿pero qué quiere decir?

Figura 1.1 Distribución Gibbs-Boltzmann. Si la distribución es así un montón de gente
tendrá poco dinero y poca gente tendrá mucho. PONER GRÁFICA.

Lo que quiere decir eso es que poca gente tendrá mucho dinero y mucha gente muy
poco, Dice que la distribución del dinero será muy desigual, como vemos en la sociedad
capitalista. De hecho Yakovenko mostró que la distribución de dinero en EEUU
encajaba con la distribución Gibbs-Boltzmann casi perfectamente.

Hay una tendencia a pensar que las diferencias de riqueza se deben sobre todo a la
diferencias de capacidad intelectual o de esfuerzo laboral. Pero la física nos dice que no
es así. En una economía de mercado, las leyes de la probabilidad significan que un
montón de dinero acabará en manos de pocas personas.

Y de hecho si echamos un vistazo a EEUU hallaremos que la distribución de riqueza es
incluso más desigual de lo que uno esperaría de la ley Gibbs-Boltzmann. Si esta ley se
aplicara habría millonarios pero no gente con miles de millones. ¿Por qué esa
disparidad?

Las ecuaciones originales de Yakovenko representaban una economía bastante parecida
a lo que Marx llamaría “producción simple de mercancías”. Asumía sólo la compra y la
venta. Los trabajos más recientes de Yakovenko y Wright (Dragulescu, Wright) han
mostrado que si modificas esas ecuaciones e introduces las ganancias de dinero por la
percepción de intereses sobre el mismo, o la contratación de trabajo asalariado, entonces
las ecuaciones predicen una polarización de la población en dos grupos. La gran masa
de la población los asalariados y pequeño-burgueses siguen una distribución GibbsBoltzmann. Pero existe una segunda clase, aquellos que derivan sus rentas del capital,
cuya riqueza sigue una ley diferente, una ley de potencia. Si miramos a la distribución
de riqueza veremos de nuevo que tienes exactamente la distribución que predice la
teoría de Yakovenko. Esto, dice Yakovenko, prueba que Marx tenía razón cuando decía
que en esencia la sociedad moderna estaba comprendida de dos clases distintas y
contrapuestas: capitalistas y proletarios.

¿Qué conclusiones podemos extraer de todo esto con respecto al socialismo de
mercado? La primera cuestión es que en cuanto tienes un grupo de agentes privados, ya
sean individuos, empresas o cooperativas que realizan un comercio en dinero, las leyes
de la termodinámica implican que la máxima entropía (más probable) distribución del
dinero entre los agentes será muy desigual. Ya que, como dijo Adam Smith, el dinero es
el poder para disponer del trabajo de otro, esta distribución desigual del dinero se
traduce en una desigual distribución del poder social. Los agentes con más dinero están
en posición de contratar otros agentes en términos contractuales favorables a los
contratantes. Tan pronto como esto ocurre el proceso de desigualdad de rentas se
acelera, y pasas de la distribución Gibbs-Boltzmann a la todavía más desigual
distribución de la ley de potencia propia de la sociedad capitalista.

Esta es una predicción que surge de los modelos de estimulación de la economía, pero si
miramos a ejemplos reales de economías socialistas que toman el camino del socialismo
de mercado, como China bajo Deng y después, contemplamos en la realidad el tipo de
diferencias de renta que esos modelos predicen.

Puede argumentarse que en China la introducción de las relaciones mercantiles fue
mucho más allá que lo que defendían algunos socialistas de mercado. Puede ser verdad,
pero este tipo de proceso toma su propia dinámica. Mi propio trabajo, inspirado por la
experiencia de la reforma, contribuyó con argumentos originales a refutar la teoría de
Lange. Parece que es muy improbable generar los incentivos vigorosos minimizadores
de costes o maximizadores de beneficios, dados por sentados en el mundo de la teoría
de Lange, en una empresa pública bajo un régimen de restricciones presupuestarias
blandas.

Es imposible emparejar una estructura de propiedad arbitrariamente elegida y también
una arbitrariamente elegida serie de mecanismos de coordinación. Hay una íntima
afinidad entre ciertas formas de propiedad y ciertos mecanismos de coordinación. El
mercado descentralizado y la propiedad privada van juntos. Un importante contraargumento proviene de la esfera política e ideológica. El funcionamiento correcto del
mercado depende del “clima”. Requiere de un medio ambiente favorable al mercado.
Si los políticos que gobiernan un país son enemigos jurados de una genuina
descentralización, el mercado será desterrado a las áreas marginales de la economía y no
podrá llegar a ser el coordinador e integrador fundamental (Kornai)

A la inversa, si queremos detener una distribución muy desigual de la renta, tenemos o
que remover el mecanismo que la genera, o trabajar para reducir la entropía del sistema.
La propuesta de Marx para abolir el dinero e implantar la contabilidad en vales de
trabajo que no circulan, que no funcionan como dinero, remueve el proceso aleatorio
subyacente que genera la desigualdad. El modelo Sueco trata de reducir la entropía a
través de los impuestos redistributivos. Tiene que trabajar constantemente contra la
tendencia de la economía de mercado para generar un alto grado de desigualdad y en el
mejor de los casos solo puede mitigar parcialmente la misma.

Una evaluación de Yunker.


En una serie de artículos científicos, por ejemplo (Yunker 1979, Yunker 1988), Yunker
ha presentado una forma de socialismo de mercado. En esos artículos su preocupación
principal ha sido defender el socialismo de mercado frente a las críticas de los
economistas neoclásicos que son favorables a la economía capitalista. Puesto que los
lectores pueden no estar muy familiarizados con sus ideas haremos un breve resumen de
sus propuestas y de la defensa que hace de las mismas, antes de ofrecer una evaluación
crítica.

Yunker concibe lo que llama un modelo de socialismo orientado al beneficio. La
economía sería dirigida, como ahora, por empresas cuyo estatus jurídico permanecería
en su mayor parte inalterado. Esas compañías podrían realizar todos los tipos de
transacciones comerciales que hacen las empresas ahora en EEUU. Esas empresas
emplearían a la gente con el mismo tipo de contratos que en el presente, y tratarían de
maximizar sus beneficios. Las empresas podrían ser dueñas de acciones o hacerse
préstamos como ahora. La única limitación a la actividad capitalista sería que los
beneficios de las acciones no serían asignados a individuos. En vez de ello, todas las
acciones que no fueran titularidad o gestionadas por otras compañías serían conferidas a
un cuerpo público que el llama el Buró de Propiedad Pública (BPO) El BPO estaría
obligado a maximizar los retornos sobre el capital del que fuera titular. Las rentas del
capital serían después distribuidas por el BPO entre todos los empleados de la economía
como un porcentaje suplementario de sus ingresos salariales.

Está claro que la forma de socialismo por la que aboga Yunker se parece mucho al
capitalismo. Si se le puede llamar socialismo o capitalismo propiedad del Estado es lo
de menos, pero la intención de Yuner evidentemente es rechazar gran parte de las
críticas de los economistas partidarios del capitalismo diciendo, mirad, el socialismo
puede ser muy parecido al capitalismo que conocéis y amáis, así que vuestras críticas
del socialismo están mal fundadas.

Yunker dedica considerable atención a los problemas de incentivos para los gestores
socialistas en comparación con los capitalistas privados. Un gerente propietario gana
todo el beneficio de cualquier incremento de los ingresos lo que no sería el caso de un
gerente asalariado en condiciones de equilibrio de mercado. Yunker apunta que en la
práctica la mayor parte de las grandes compañías ya las llevan gerentes asalariados, así
que en cierto sentido la situación no variaría mucho. La cuestión entonces sería
¿perseguirían los gerentes de los fondos del BPO el uso eficiente del capital como lo
hacen los accionistas individuales?

De nuevo una de sus respuestas es que ya una gran porción de las participaciones son
titularidad de inversores institucionales que pagan salarios y bonos para financiar a los
gerentes, así que la situación no es tan distinta.

Ha realizado estudios empíricos sobre el esfuerzo que los accionistas privados tienen
que invertir para influenciar en la tasa de retorno que obtienen de su capital (yunker
1974) de lo que concluye que sólo necesitan gastar 9 horas al mes para acercarse a la
tasa máxima de beneficio sobre su capital. Por lo tanto concluye que el BPO puede
esperarse que obtenga un rendimiento cercano a la máxima tasa de retorno con sólo un
esfuerzo relativamente ligero en la gestión de los fondos.

Sigue construyendo un modelo económico teórico relativamente elaborado que permite
ayudarnos a comprender la relación entre el retorno del capital y el esfuerzo de los
gerentes, y concluye que esta gestión eficiente puede obtenerse con niveles de
incentivos muy inferiores de los que son típicos de los CEOS en las compañías
americanas.

Evaluación Crítica.

El trabajo de Yunker tiene que valorarse desde el punto de vista de la amalgama
ideológica en la que está inserto, pues su coherencia teórica y científica y en términos de
sus implicaciones sociales y políticas.

El contexto ideológico de sus escritos es muy claramente el de la economía ortodoxa en
los EEUU. La profesión económica en EEUU es tan hostil al socialismo como en
cualquier otro país. Eso significa que Yunker tiene que nadar contra una marea de
hostilidad a cualquier forma de socialismo, y que existe en un universo discursivo que
es muy, muy diferente al de los socialistas marxistas. Podría haber descartado la
amalgama de la economía neoclásica y formulado una crítica externa del capitalismo,
pero ha elegido criticarla en sus propios presupuestos. Usa el aparato conceptual
familiar de sus oponentes y las instituciones más familiares del capitalismo americano
para defender el socialismo.

En un sentido esto es de esperar. Las críticas socialistas desarrolladas espontáneamente
del orden existente es de esperar que partan de las ideas económicas dominantes en su
día. El socialismo de Owen y Marx se construyó sobre una valoración crítica de la
economía política clásica británica, así que no es sorprendente que el socialismo
moderno que surge en los EEUU se construya empleando el marco conceptual de la
economía neoclásica dominante.

La ventaja de este enfoque es que el socialismo de Yunker es más difícil que los
neoclásicos puedan descartarlo de un plumazo, como el socialismo marxista.
La desventaja es que este enfoque es poco probable que pueda apelar a los activistas de
base, porque parece ofrecer una sociedad que es sólo ligeramente diferente a la de hoy
en día. Incluso un examen superficial del debate sobre el socialismo en las redes, en
contraposición al debate en revistas académicas, muestra que la visión de Yunker ha
generado mucho menos interés que la visión de Michael Albert (Albert 1991) por
ejemplo.

Cuestiones teóricas.

Pero la recepción ideológica de esas ideas no lo es todo. Se ha de valorar también el
estatus científico de sus argumentos. Desde nuestro punto de vista como socialistas
marxistas, nos gustaría saber por qué Yunker elige descartar la planificación como parte
del socialismo. El apoyo a la planificación en contraposición a la competencia mercantil
ha sido la posición preponderante entre los socialistas, así que uno esperaría que Yunker
dedicara algún esfuerzo a justificar su rechazo de la misma.

Por el contrario (yunker 1988) se contenta con una sola frase:

“Entre los economistas occidentales, es casi un axioma que la economía capitalista de
mercado de EEUU es muy eficiente en relación con la “economía planificada” socialista
de la URSS (Yunker 1988)

Después supone que esta creencia está justificada y construye todos sus argumentos
posteriores sobre ese supuesto. Su formulación es reveladora en muchos sentidos. En
primer lugar por su empleo del término “economistas occidentales”. Al decir esto no
puede haberse referido sólo a los economistas que vivían al oeste del telón de acero,
puesto que en el tiempo en que escribía existía un grupo, pequeño, pero todavía real de
economistas de inspiración marxista en occidente. Estos economitas no hubieran
tomado como axiomático que el capitalismo de mercado era más eficaz que la
planificación socialista. Por economistas occidentales se refería a aquellos economistas,
da igual donde vivieran, que se adherían al neoliberal consenso de Washington. Era una
referencia a, o una afirmación de lealtad ideológica más que una afirmación geográfica.
Y lo siguiente que resulta revelador es su empleo de la palabra “axiomático”. Uno tiene
que preguntarse, ¿por qué los axiomas son relevantes a un estudio empírico como es la
economía? El lugar para los axiomas está en las teorías formales, como en la teoría de
los números o la lógica de predicados. Los axiomas y las leyes de inferencia aportan un
medio mediante el cual es posible evaluar la validez de algunos, pero no todos, los
presupuestos dentro de los cuales una teoría ha de ser evaluada. Si tenemos una serie de
axiomas y las reglas de inferencia es posible emplear un procedimiento determinista
para dividir las proposiciones entre las que son probablemente ciertas, las que son
probablemente falsas, y aquellas en las que no se puede obtener ninguna respuesta
determinista.

Las personas que construyen teorías formales tienen libertad para seleccionar axiomas,
y mediante la selección de los diferentes axiomas surgen diferentes teorías formales,
siendo el ejemplo más famoso la alternativa axiomatización de la geometría por
Riemann en 1854.

La referencia de Yunker a “virtualmente axiomático” revela el sesgo que los
economistas neoclásicos tienen a la hora de tratar la economía como un sistema formal
más que una ciencia empírica. Los economistas neoclásicos parten de un discurso de
pruebas a partir de axiomas más que mediante el método de contraste de la ciencias
empíricas: hipótesis, pruebas experimentales o observacionales, modificación de las
hipótesis. La biología no procede de forma axiomática, ¿por qué debería la economía?
¿No es posible que el enfoque axiomático nos diga algo sobre el papel social de la teoría
económica neoclásica?

¿No podría ser que la función de esta teoría es demostrar ciertas proposiciones políticas,
que todo va muy bien en el mejor de los mundos posibles?

Después está el adjetivo: virtualmente. Es “virtualmente axiomático” que el capitalismo
de mercado es superior al socialismo planificado? ¿Por qué ese adjetivo? Porque los
economistas neoclásicos no han sido capaces de demostrar la superioridad de la
economía de mercado sobre la economía planificada sobre su anterior serie de axiomas.
Por el contrario, durante el siglo posterior a Barone (Barone 1908) ha resultado evidente
que los axiomas de los economistas neoclásicos pueden emplearse par mostrar que el
socialismo era tan eficiente como el capitalismo de mercado. Así que se hace necesario
que los “economistas occidentales” añadan un final “axioma virtual” para asumir lo que
quieren demostra en primer lugar.

Yunker parece que no se sentía cómodo del todo descartando el socialismo realmente
existente en una frase, así que añade en una nota a pie de página una referencia al
trabajo de Bergson (Bergson 1978) que se dice que validó empíricamente este axioma
virtual. Pero el trabajo de Bergson usa datos de los sesenta y setenta. Trataba de mostrar
que la economía soviética era menos eficiente en su empleo de recursos que la de
EEUU. Pero esas comparaciones estaban contaminadas por la dificultad de compensar
factores distintos que el sistema social que distinguían los dos países: fase de
industrialización, nivel disponible de tecnología, nivel de cultura técnica de la mano de
obra, diferencias en las culturas nacionales, etc.

Pero esos debate de los 70 son ahora historia. Tenemos los resultados de un experimento
controlado en Rusia para continuar. A partir de 1989 el gobierno Ruso siguió el consejo
de economistas americanos que tomaban como un axioma que reemplazar la economía
planificada con un libre mercado resultaría en una enorme mejora de la eficacia
económica. Si estos economistas hubieran estado en lo cierto, si hubiera sido el caso de
que lo primero que impedía avanzar a la economía rusa eran los frenos impuestos por la
planificación central, hubiéramos debido esperar que Rusia experimentara un salto en la
prosperidad y en crecimiento económico desde 1989.

Y la verdad fue lo contrario. La implantación de una economía de mercado llevó a un
declinar catastrófico en el producto económico total

(TABLA PÁGINA 152)

Y no estamos diciendo que el sistema de planificación soviético, o su sistema de cálculo
y valoración económica fueran adecuados. En Hacia un Nuevo Socialismo
argumentamos que surgían considerables ineficiencias por la infravaloración del trabajo
en la URSS; que la planificación se basaba en objetivos agregados más que detallados;
que no hizo un uso efectivo de la informática y la tecnología de telecomunicaciones;
que los bienes de consumo divergían con frecuencia excesivamente de los valores
trabajo. Pero nuestra respuesta, escrita en 1989, no era abogar por reformas de mercado,
que considerábamos que tendrían consecuencias catastróficas para las clases
trabajadoras de la URSS. En vez de ello abogábamos por un modelo de planificación
modernizado, sofisticado tecnológicamente y democrático.

Creemos, en retrospectiva, que nuestro escepticismo sobre las reformas de socialismo
de mercado que se defendía en la URSS ha quedado vindicado. Parece que para Yunker
no han existido los noventa. Parece que no tiene nada que decir sobre el fracaso total de
la trayectoria del socialismo de mercado de Gorbachov. Sigue rechazando la
planificación basándose en poco más que los prejuicios de la guerra fría.

Uno de los puntos clave de los argumentos de Yunker concierne al papel de la gestión
bajo el socialismo y el capitalismo. Le preocupa mostrar que los empleados asalariados
de las BPO serán tan eficaces de los activos de capital de titularidad pública como los
presentes gestores de fondos o los capitalistas individuales lo son con los fondos de
titularidad privada. Su preocupación es con el uso eficaz del capital como componente
clave de la eficiencia global. Toma el retorno del capital empleado como el indicador
clave de la eficiencia económica, y defiende que si la industria socialista se orienta a
esto, será tan eficiente como la industria capitalista presente al mismo tiempo que
permitirá una mayor equidad.

Se presentan varias cuestiones teóricas aquí:

-¿Qué significa gestión del capital?

-¿Puede una sola agencia como el BPO operar de modo análogo a múltiples gestores de
fondos privados?

-¿Es realmente el beneficio un buen indicador de la eficiencia del capital?

-¿El retorno del capital se determina sólo por los esfuerzos de los gestores del mismo o
por otros factores muy distintos?

En el estudio empírico de Yunker sobre la gestión del capital (Yunker 1974) se centraba
en los inversores individuales. Pero estos eran inversores sólo en un sentido muy
limitado. No compraban directamente plantas o bienes de equipo, sino que compraban y
vendían activos financieros. Eran lo que se llamaba rentistas, gente cuya riqueza
consistía en títulos de papel de futuros flujos de réditos. La gestión del capital,
entendida en este sentido, es una tarea mucho más simple que la gestión eficiente de
acticos de capital reales y de los procesos capitalistas reales de producción. Los
primeros afectan a los réditos de un rentista individual, pero en un juego de suma cero.
Cuando el Sr. A vende un stock de bajo rendimiento y compra uno de alto rendimiento,
gana, pero solo a expensas del Sr B que compra un stock de bajo rendimiento, y de un
Sr C que le vendió el stock de alto rendimiento.

Comparemos esto con la tarea de organizar la producción de un súper jet Jumbo A380.
Esto precisa de la coordinación eficaz de un enorme número de distintos procesos
laborales en distintas naciones y usando una gran variedad de capital. La ejecución
eficaz de ese tipo de gestión afecta directamente al bienestar agregado. Determina la
puntualidad de la entrega de los jets. Determina su fiabilidad y seguridad. Esas
decisiones de gestión influencian su consumo de combustible, etc

Así que hay dos tipos bastante distintos de gestión del capital implicadas aquí, una tiene
implicaciones puramente egoístas, otra sociales.

En la clase de economía por la que aboga Yunker, con sólo un propietario final, la BPO,
el rentista privado de la gestión del capital sería irrelevante. El Estado es el último
propietario de todas las acciones por lo que no puede afectar sus ingresos con negocios
de portafolio. Así que los empíricos estudios de Yunker son irrelevantes para la cuestión
que aborda.

Puede objetar que aunque comprar y vender acciones puede ser un juego de suma cero,
eso no afecta a nuevas emisiones de acciones. Aquí, una consecuencia de la compra de
acciones es la financiación de inversión real de capital, y las evaluaciones del mercado
acerca de financiar o no esas emisiones, tienen un efecto real en la producción futura. Es
en este contexto donde tenemos que preguntar: ¿podría una sola agencia operar de
forma análoga a múltiples gestores de fondos?

No.

Como el BPO es el accionista final, tendrá una visión sinóptica de los planes de
inversión de todas las empresas en la economía. Puesto que los planes de inversión de
una empresa afectarán a otras empresas, el BPO tiene que tener esto en cuenta.
Conociendo las inversiones planificadas de todas las líneas aéreas, por ejemplo, y
conociendo las mejores proyecciones disponibles para estas empresas en relación con el
crecimiento del mercado de las líneas aéreas, estará en posición de juzgar si los planes
de inversión son excesivos. No estará sujeto al “espíritu animal” que motiva a los
inversores privados en una burbuja. Un sistema de inversión de capital financiado por
una BPO será mucho menos probable que engendre las burbujas que una y otra vez han
causado un desastroso desperdicio de capital real en la economía de EEUU, desde la
burbuja de los ferrocarriles del siglo XIX a la burbuja inmobiliaria que colapsó de modo
tan dramático en 2008.

Muchos dirían que esto no es mala cosa. Pero observemos que en el proceso, el BPO
tendría que actuar más como el GOSPLAN.

Si tiene que tomar sólidas decisiones de inversión, tendrá que construir cada vez más
sofisticados modelos econométricos insumo-producto de toda la economía de EEUU.
Sólo entonces estará en posición de valorar si una inversión particular en nuevos stocks
dará o no un buen retorno. Tendrá, en otras palabras, que planificar.
Implicaciones sociales y políticas del modelo de Yunker.

Dada la posición de EEUU en el sistema político y económico mundial, y dada la
ausencia de un movimiento obrero socialdemócrata significativo allí, esa discusión
sobre el socialismo americano parece ligeramente artificiosa. Sin embargo no es
inconcebible que durante el curso del Siglo XXI cambien las cosas. EEUU ha pasado de
ser el mayor acreedor mundial al mayor deudor. En China tiene por primera vez un rival
industrial con la población y los recursos para sobrepasarlo potencialmente.

En el tiempo en que escribo esto, (marzo de 2009) está entrando en lo que parece ser la
mayor recesión en tres generaciones. Estos factores pueden llevar a que arraigue un
movimiento socialista o socialdemócrata serio en EEUU en el próximo cuatro de siglo.
¿Pero sería la ideología de Yunker una base razonable para ese movimiento?

Creemos que no.

Las propuestas de Yunker son demasiado tímidas para inspirar a una nueva generación
de organizadores de la clase trabajadora. Aunque sus ideas pudieran, si de algún modo
se llevaran a la práctica, suponer cierta mejora en la renta de los trabajadores, dejarían la
mayor parte de la estructura de la sociedad inalterada. El estrato más alto de los
capitalistas sería suprimido, pero el resto de la estructura de clases permanecería. Las
clases gerenciales y profesionales retendrían su posición frente a la clase trabajadora.
Los trabajadores serían empleados por las mismas compañías, dirigidos del mismo
modo, con la única diferencia de que el Estado sería el accionista final. Como sus
propuestas no hacen nada para estrechar las diferencias salariales, como no aportan
garantía de pleno empleo, se vería que tienen que ofrecer poco a la clase trabajadora.
Puede que recibieran cierto apoyo de sectores de la clase media, pero en las luchas
ideológicas que sobrevendrían en un movimiento obrero socialista creciente, serían
reemplazadas por doctrinas más radicales.

Uno tiene que darse cuenta que para que el socialismo esté “en la agenda” en los EEUU
presupondría:

1- Un movimiento político por lo menos comparable con la socialdemocracia
clásica sueca o alemana, o los importantes movimientos comunistas de la
posguerra.

2- Una gran guerra resultante en una derrota, comparable a la sufrida por Francia en
1870, Rusia en 1917 o Alemania en 1918 o 1845, o una victoria pírrica que sólo
pudiera ganarse después de años de sacrificio nacional, como el Reino Unido en
1945.

En estas circunstancias, las diversas doctrinas socialistas, memes para tomar prestado el
término de Dawkins, lucharán para extenderse. Las leyes de la evolución favorecerán a
las que se ajusten más al nuevo entorno político y económico. Las doctrinas de Yunker
se han confeccionado en un nicho particular evolutivo dentro de los márgenes de la
ortodoxia económica americana, en un clima de dominación mundial de EEUU. Parece
poco probable que se reproduzcan con éxito en un movimiento obrero en unos Estados
Unidos derrotados y en decadencia.

Escrito en 2009

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_________________
Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Argumentos en Pro del Socialismo (tradu)
NotaPublicado: Dom Ene 17, 2016 6:09 pm 
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Capítulo 20. Hacia un Nuevo Socialismo.

Transcripción de un video de O. Ressler, grabado en Glasgow.


Me llamo Paul Cockshott; soy coautor del libro “Hacia un Nuevo Socialismo”, que
escribí con mi amigo Allin Cottrell. Escribíamos respondiendo a la situación política de
los ochenta, cuando estaba claro que la URSS tenía problemas, y cuando las ideas promercado estaban difundiéndose en el Partido Laborista.

Particularmente influyente en esos días fue el catedrático Alec Nove por sus estudios
soviéticos en la universidad de Glasgow, que escribió un libro defendiendo el
socialismo de mercado. Como experto en la economía Soviética, sus argumentos
parecían convincentes, y ciertamente convencieron a la dirigencia del Partido Laborista
en el Reino Unido. Pero pensábamos que podríamos rebatirle empleando ideas de la
informática moderna y de la economía política clásica, y de eso trataba nuestro libro.
Ya estamos en el Siglo XXI y la gente comienza a plantearse de nuevo la viabilidad del
socialismo. Me parece que ahora hay un mayor número de personas que se acercan y
proclaman que existen tres ingredientes claves para lograr un socialismo viable hoy en
día.

Uno de ellos es sustituir el dinero y los precios con economía basada en el tiempo de
trabajo. Otra es emplear la tecnología informática mucho más avanzada de la que
disponemos ahora, para que una planificación racional y detallada sea concebible de
uno modo que no podía ser con anterioridad. Y finalmente, el principio que creo que la
mayoría de los socialistas modernos defenderían, es reemplazar la democracia
representativa con algún tipo de democracia participativa para dar a la mayoría de la
población control real sobre la disposición de la renta nacional.

La cuestión de porque debería preferirse el socialismo al capitalismo no se puede
responder en términos abstractos, porque no todo el mundo va a preferirlo. Quien va a
preferirlo, dependerá, fundamentalmente, de si eres rico o pobre. Los estudios que
hemos realizado sobre la distribución de la renta en el Reino Unido indican que si se
introdujera un sistema igualitario de retribución, la mayoría de la población saldría
beneficiada. Calculamos, a principios de los 90, cuanto obtendría una persona si se
introdujera un sistema igualitario de retribución. Y la única sección de la población que
perdería netamente era el top del 25% de las personas con trabajos de oficina.
Todos los trabajadores manuales, hombres o mujeres, saldrían ganando, todos los
cuartiles de las trabajadoras saldrían ganando e incluso tres cuartas partes de los
trabajadores de oficinas saldrían ganando.

La gente que saldría perdiendo sería una pequeña minoría de las personas mejor
retribuidas y una minoría aún menor de personas que extraen su renta de la propiedad.
Una de las críticas que hizo Alex Nove en su libro era la incapacidad de los
planificadores soviéticos para planificar en detalle. Puedes tomar ejemplos: podrían
hacer un plan para hacer pantalones, pero no necesariamente conseguían el plan
correcto para el número de cremalleras, así que podías acabar con pantalones sin
cremalleras o zapatos sin nudos. Esas cosas provenían del hecho de que los objetivos
del plan se fijaban en términos agregados. Los objetivos del plan se fijaban para un par
de miles de categorías de bienes, y se fijaban en términos monetarios. No se fijaban en
términos de los productos físicos reales que se iban a fabricar. Se puede contrastar esto
con el sistema de códigos de barras que se introdujo en el mundo capitalista en los 70,
que permite a cada producto individual tener un único número de identificación. Los
modernos supermercados tienen un sistema de retroalimentación, y pueden saber
exactamente cuánto se ha vendido de cada producto. Necesitas un sistema de
planificación que adopte este sistema, si va a ser eficaz.

He realizado experimentos con un modesto ordenador que costaba tal vez 5000 libras,
que tiene nuestro departamento, y encontré que podía resolver las ecuaciones de una
economía del tamaño de Suecia en dos minutos. Si uno usara el tipo de ordenadores del
departamento de Física o que tiene cualquier centro de predicción del clima, sería una
cuestión fácil resolver las ecuaciones.

El problema restante es obtener la información, tener las estadísticas. Y también eso es
cada vez más fácil, porque cuando uno lo piensa, cada centro de producción hoy en día
usa ordenadores para pedir sus componentes. Emplea hojas de cálculo para calcular sus
costes. Los datos se introducen en los ordenadores y en bases de datos. En muchos
casos, los que los usan y los proveedores comparten estas bases de datos ya en el mundo
capitalista. Al mismo tiempo, compañías como google han desarrollado la tecnología
para concentrar enormes cantidades de información en sus servidores. Si la compañías
crearan páginas web que contuvieran la información sobre lo que necesitan producir de
cada producto, podría ser fácilmente capturado con sistemas parecidos a google. Lo que
impide que eso se haga hoy en día es el secreto comercial. Las compañías no quieren
que otras se enteren de lo que están haciendo. Pero si concebimos un sistema de
empresas públicas, no hay razón para que no puedan publicar sus necesidades de
recursos en páginas web o mediante cualquier otro sistema que las conecte a una base
de datos, recogiéndose así los datos que son necesarios para la planificación.

II

La idea de usar vales laborales, en vez de dinero, se remonta a los comienzos del
movimiento socialista. El primero en proponerla fue Robert Owen, alrededor de los
años 30. Su idea es que te desprendieras de los billetes de banco y a la gente se la pagara
en billetes laborales. Si alguien había trabajado, digamos, cinco horas produciendo algo,
recibirían vales por 5 horas, y luego podrías ir a una tienda cooperativa y comprar
bienes que llevara 6 horas hacer. Si haces eso, no habría intermediarios, ni beneficio, ni
para la tienda, ni para el patrono y por lo tanto la principal causa de la explotación
desaparecería de un plumazo.

La idea se adoptó en una forma u otra por Lasalle, Prodhon y Marx. En el siglo XIX
todos los líderes socialistas la defendían.

Otra diferencia entre los vales laborales y el dinero es que el dinero puede circular entre
la gente. Y esa es la base de la explotación capitalista, emplear a la gente y darle la
mitad del valor que producen. Para prevenir esto, el plan de Owen era que estos vales no
circularían, y serían cancelados una vez que la gente los hubiera entregado en la tienda
corporativa, y que sólo podrían usarse una vez. Por lo tanto no tendrías circulación de
capital. Hoy en día no lo tienes que hacer con papel, puedes usar cualquier sistema de
contabilidad electrónica, como las tarjetas de créditos, pero se aplica el mismo
principio.

Uno de los problemas, con el que siempre se encuentran los socialistas, es que la gente
dice que si reduces las diferencias de ingresos, no hay incentivos. Si se aplica esto al
caso de los vales laborales, hay que darse cuenta de por que te los entregan.
Se entregan a la gente que realiza un trabajo de intensidad media, y cuando es posible
medir la productividad física. Si una persona está físicamente produciendo más bienes
en una hora que otra, entonces puedes pagar a un más que otra, porque sabes que
producen más. Cuando se trata de un trabajo muy colectivo, donde colabora mucha
gente, entonces no es tan fácil decir que una persona en concreto ha contribuido más o
menos. En esas circunstancias, no puedes fiarte de ese tipo de incentivos. Pero si se
piensa que solo los incentivos monetarios son relevantes, hay que explicar dos rasgos
muy importantes del mundo moderno: uno de ellos es el éxito de la economía japonesa,
donde a la gente no se le pagan incentivos monetarios, sino que tienden a recibir un
salario que depende del número de años de servicio. Y eso no ha impedido que Japón
tenga trabajadores entre los más productivos del mundo.

Después tomas otro ejemplo y ves a dos personas: a Bill Gates y a Linus Torvalds. Bill
Gates es dueño de una compañía que produce Windows, y Linus Torvals escribió el
sistema original operativo de Linux. Linus Torvald y otros que desarrollaron Linux lo
hicieron por amor al trabajo. Lo hicieron por amor de producir algo útil. Y al final han
producido algo más útil que la gente con incentivos pecuniarios como Bill Gates. Si
miras a Internet ahora, funciona en gran medida con servidores de Linux. Funciona
empleando servidores web Apache. Todo este software lo han escrito personas sólo por
amor al arte. Uno no debe subestimar el grado en que la gente tiene orgullo por su
trabajo y quiere que se haga bien, y están dispuestos a hacerlo, como el movimiento de
software libre muestra, sin que les paguen, si la satisfacción por el trabajo bien hecho
les basta.

Si tienes un sistema de gente que recibe vales laborales, la persona media obtendrá el
doble de lo que saca ahora, antes de impuestos. Ya que es un rasgo general de las
economías capitalistas que los ingresos tienden a dividirse al 50/50 entre salarios y
beneficios. Es un nivel de beneficios históricamente inferior que en el Reino Unido,
pero históricamente ha tendido a ser más o menos 50/50, así que puedes ver como los
ingresos reales se doblan. Además tienes que pagar impuestos, pero los ingresos antes
de impuestos serían más o menos el doble.

La cuestión es: ¿por qué la gente que tiene más educación debe recibir mayor salario?
En una economía capitalista se les paga más si hay una escasez de una destreza
particular. EN especial, por ejemplo, si miras a los médicos en EEUU. Cobran mucho,
porque la Asociación Médica Americana trata de restringir la oferta de médicos.
Si por otro lado, en una economía capitalista, tienes una profesión que requiere
educación, pero hay mucha gente adiestrada, como los estudios de medios, por ejemplo,
mucha gente ha sido educada para hacerlos al momento y lo salarios que obtienen no
son los que obtienes como un trabajador promedio manual. La razón es la oferta y la
demanda.


Pero más en general, si se toman profesiones muy bien retribuidas en el capitalismo,
suele ser porque la educación es cara y sólo los ricos pueden permitirse pagar esa
educación a sus hijos, con lo que la oferta está restringida. Si la educación la asume el
Estado y a la gente se le paga un salario cuando estudian, no hay ninguna razón especial
por la que un individuo debería beneficiarse de ello. Los costes de la educación no los
ha satisfecho el individuo, sino el contribuyente. Si la restricción de entrada debido a la
falta de riqueza se suprime, uno esperaría ver que también se suprimiría la escasez de
oferta.

Si uno compara la situación de los médicos en EEUU y en la URSS, los médicos en los
EEUU eran escasos y muy bien pagados, mientras que los médicos en Cuba y la URSS
eran abundantes y no estaban particularmente bien pagados. Pero eso no impedía a la
gente dejar de querer ejercer la medicina, porque mucha gente quiere hacerlo por
razones humanitarias.

Una de las diferencias clave entre una economía socialista y una economía capitalista,
es que en una economía capitalista siempre hay paro. El paro es como un palo que
empuja al trabajador a trabajar mejor. En una economía socialista, donde la asignación
de recursos es planificada, tiende a haber pleno empleo. Tenías pleno empleo en todas
las economías socialistas, cuando existían. De todos modos, el pleno empleo puede
presentarse en dos formas: puede venir porque, en la economía en su conjunto, había
suficiente demanda de trabajo para absorber a todos los que deseaban trabajar, o porque
la gente tenía un derecho a trabajar en un lugar de trabajo particular cuando comenzaban
a trabajar. Y si pasa lo segundo, corres el peligro de que la economía se petrifique. Es
muy difícil reasignar recursos a nuevas industrias y cerrar las antiguas, cuando cambian
los gustos y la técnica. Así que el Estado debe garantizar a la gente un empleo, pero no
necesariamente un empleo indefinido en el mismo lugar. Si las fábricas se cierran, el
Estado debe crear un número igual de trabajo en otro sector de la economía, antes de
cerrar las fábricas, para que la gente pueda cambiar. Pero eso no significa que tengas
que seguir funcionando con las mismas fábricas en el año 2000 hasta el 2050.

III

Originalmente la democracia significaba el gobierno directo por la masa del pueblo,
como Aristóteles dejó claro, significa gobierno por la masa más pobre del pueblo. El
sistema que tenemos ahora se llama democracia, que es un sistema de gobierno
electoral, que al menos según la antigua teoría política griega, debería describirse más
como una aristocracia o una meritocracia. Pues cualquier sistema basado en elecciones
se funda en el principio de seleccionar a la gente que sean los mejores para gobernar. ¿Y
quiénes parecen los mejores en cualquier sociedad? Los que parecen los mejores son
siempre los ricos y los más cultivados. Y como dice Aristóteles, los más cultivados y los
más elocuentes son casi siempre los más ricos.

Y esto se puede ver en Estados Unidos, donde para ser candidato a la presidencia o
tienes que ser tu mismo millonario o estar respaldado por millonarios. Pero incluso si
uno mira el Parlamento Europeo y hace un cruce con la población que está representada
en el mismo, observa el porcentaje de mujeres y hombres, observa el porcentaje de
gente de distintas clases sociales, observa el porcentaje de gente de razas diferentes.
¿Representan de verdad a la población europea? No. Cualquiera que haya trabajado para
una compañía encuestadora y hubiera seleccionado a los miembros del Parlamento
Europeo para obtener una muestra representativa de la opinión en Europa, sería
despedido. Es ciertamente muy poco representativo.

Hay una manera científica de lograr una muestra representativa, y es el sorteo. Y así es
como los griegos lo hacía. Si visitas el museo del Ágora de Atenas, puedes ver las
antiguas máquinas de votación que empleaban los griegos. Aunque algunas piezas han
desaparecido, se basaban en el principio, pones tu cédula de identidad en la máquina, le
das a la manivela, o le da un asistente, y si salía una bola blanca, quedabas elegido y si
salía una negra, no.

Seleccionaban aleatoriamente si ibas a ser un miembro del consejo o no. Y esa es la
única manera en la que puedes obtener una muestra representativa para formar un
cuerpo deliberativo.

La mejor esperanza, según creo, para que se tomen decisiones ecológicamente acertadas
es, en primer lugar, que la decisión ya no se tome por un individuo, sino que se trate de
una decisión colectiva, y que implique al mayor número de gente posible. Si mucha
gente está implicada en la toma de una decisión, existe un importante debate sobre la
cuestión. Si la gente tiene voz sobre algo, tendrán más interés en ello y deliberarán
sobre la toma de decisiones.

Una transición a una economía socialista tiene que pasar por una fase intermedia de
transición a una economía basada en cooperativas. La primera cuestión concierne a la
democracia. El Estado actual no es democrático en el sentido clásico y hay que
reemplazarlo con uno más democrático, porque no pensamos que se puedan conseguir
cambios realmente radicales en la sociedad que defendemos a menos que tengas una
estructura mucho más democrática.

Así que el primer tipo de movimiento es un movimiento que se enfrente al Estado
existente y abogue por la democracia directa. Desde el punto de vista económico,
concebimos la primera fase de transición como una de cambios legislativos, que permite
el voto de los empleados de una empresa para que se transforme en una empresa
autogestionada por los trabajadores, en la que la mayoría de los directivos son elegidos
o seleccionados, por sorteo, entre los trabajadores, y una minoría por los accionistas.
Esos directivos es probable que quieran repartir bastantes menos dividendos a los
accionistas que los existentes.

El proceso de transformación de la economía en una economía plenamente socialista no
debe hacerse demasiado rápido, porque primero tienes que implantar un sistema de
planificación alternativo. Primero tienes que implantar un sistema de planificación “en
la sombra”. Y luego necesitas pasar de una economía monetaria a una economía basada
en valores trabajo.

Hemos visto algo análogo que ha pasado en Europa, donde se ha pasado de las monedas
nacionales al Euro después de unos años de planificación. Y lo que ocurrió fue que a
partir de cierta fecha las monedas nacionales dejaron de ser reconocidas como monedas
de curso legal para pagar deudas e impuestos. El mismo proceso tendrá que ocurrir: a
partir de cierta fecha los pagos se realizarán en vales laborales.

Un efecto de esto es si había un debate de si debería aprobarse esa ley, pues sería muy
polarizadora. Debido a que las personas que tienen mucho dinero en el viejo sistema,
perderían, y las personas que tienen enormes deudas (o incluso pequeñas) con el viejo
sistema, se beneficiarían. En una economía moderna donde la mayoría de las personas
son deudores, creo que eso es potencialmente un factor muy significativo en un voto
para abolir el dinero y pasar al dinero trabajo, porque la mayoría de la gente se
beneficiaría de ello, mientras que los millonarios que tienen grandes cantidades de
dinero perderían. Su dinero carecería de valor.

Así que plantea la cuestión de la riqueza y la pobreza de una manera particularmente
aguda, y también la emisión de deuda y crédito. Y creo que esa es una cuestión
importante a la hora de decidir.

Conferencia pronunciada en 2006.



THE END.

_________________
Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: La interpretación TSSI de Marx.
NotaPublicado: Lun Ene 18, 2016 7:25 pm 
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¿Si el libro de Andrew Kliman "Reclaiming Marx Capital" está traducido al castellano? ¿Cómo podría enterarme? No lo veo, pero es que me ha molado mucho y seguramente me ponga si no lo está. Es un chillapantallas entrañable y considera que el famoso Problema de la Transformación es un no problema (y reduce las matemáticas al mínimo para cazurro como yo, con un poco de álgebra se puede tomar la idea general)

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 Asunto: Re: ¿Alguien sabe?
NotaPublicado: Lun Ene 18, 2016 7:26 pm 
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https://en.wikipedia.org/wiki/Andrew_Kliman

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 Asunto: Re: ¿Alguien sabe?
NotaPublicado: Lun Ene 18, 2016 7:35 pm 
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En el ISBN no viene.

Andrew Kliman NO existe.

Es todo lo más que yo puedo aportar. :(

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Puta España. Referéndum o muerte.


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 Asunto: Re: ¿Alguien sabe?
NotaPublicado: Lun Ene 18, 2016 7:44 pm 
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A ver si Neck me confirma que no. Es que he acabado el de Fitzpatrick y maburro, necesito más material, y no me voy a poner con Plantinga Naninga.


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 Asunto: Re: Economía socialista y marxismo.
NotaPublicado: Mar Ene 19, 2016 3:25 pm 
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Socialismo y Marginalismo en economía.

1870-1930

Editado por Ian Steedman.

Londres y Nueva York.


La supremacía del marginalismo en la economía coincidió con una gran expansión de las ideas socialistas. Y debido a que muchos pensadores socialistas y marxistas se ocupaban de asuntos económicos, era prácticamente imposible que hicieran caso omiso de este desarrollo. Los socialistas se veían en la tesitura bien de defender la economía marxista contra la crítica marginalista o de mostrar que el socialismo era compatible con el marginalismo.

Esta obra explora las diversas respuestas socialistas en una serie de importantes países europeos que comprende Italia, Francia, Rusia y las naciones de habla alemana. Ninguna respuesta se impuso completamente. Algunos socialistas defendían la economía marxista y rechazaban de plano el marginalismo; otros criticaron el análisis económico marxista “desde dentro”, sin pasarse claramente al marginalismo. Y otros trataron de encontrar una suerte de compromiso teórico o amalgama, o bien aceptar sin más la economía marginalista y emplear sus conceptos para defender el socialismo. El primer capítulo presenta los hallazgos generales en todos los países, en tanto los ocho capítulos restantes son estudios detallados de cada nación.

Se hará patente que las relaciones entre el marginalismo y el capitalismo resultan complejas y variables, y esta obra presta la misma atención tanto a las diferencias como a los puntos de coincidencia. También resalta muchas de las muchas contribuciones innovadoras a la economía política “clásica”. Algunas de las cuales sólo iban a ser redescubiertas después de muchas décadas.

Ian Steedman es Catedrático de Economía en la Universidad de Manchester. Ha sido muy influencido por los economistas italianos. Ha trabajado en teoría del comercio internacional, teoría del capital y en historia del pensamiento económico (especialmente Ricardo, Marx, Jevons y Wicksteed) Sus obras incluyen “Marx después de Sraffa”, “El comercio entre Economías en Desarrollo” y “De la explotación al altruismo”.

Socialismo y marginalismo en economía, 1870-1930.

Un breve resumen.


Después de la década de 1870 se extendió y fortaleció de forma gradual el análisis marginalista en la economía; reconocer este hecho no es pensar que el marginalismo se impuso de la noche a la mañana ni aceptar categóricamente la existencia de una revolución marginalista en la ciencia económica. En ese mismo periodo fue testigo del crecimiento de las ideas y el movimiento socialista, y dada la importancia de las materias económicas para los socialistas, no es de extrañar que el enfoque marginalista de la economía fuera analizado ampliamente por su parte. Igualmente, como es natural, una serie de economistas marginalistas analizaron ciertas ideas socialistas, sin olvidar por supuesto las teorías económicas basadas en Marx. Ciertamente, algunos socialistas (muchas veces socialistas marxistas) se sentían inclinados a presentar la dicotomía de marxismo versus marginalismo; habrá muchos ejemplos de esto en los capítulos que siguen a continuación. En conjunto, no obstante, estos capítulos demostraran lo adecuado del título elegido para nuestra obra, pues las relaciones mutuas involucradas resultaron complejas, algunas veces conflictivas y otras complementarias.

Cualquier concepción de una relación sencilla y directa entre el socialismo y el marginalismo es probable que derive al menos parte de su (aparente) vigor de descripciones demasiado simples, por ejemplo, la teoría objetiva de Marx frente a la teoría subjetivista de la utilidad marginal. Pero la realidad, como casi siempre ocurre, es mucho más compleja. Por un lado, el marginalismo no era un cuerpo de análisis económico completamente homogéneo y acabado; más bien adoptó diferentes formas, ofreció énfasis en aspectos diferentes, aún se estaba desarrollando y, ciertamente, fue testigo de sus propios disensos internos (Wicksteed (1905) sobre el Profesor Marshall y su “escuela de apologistas”).

El socialismo, de manera más clara si cabe, es sin duda una idea muy proteica que si nos pusiéramos a ello, tendríamos que dedicar todo un volumen para poder ilustrarla; aquí simplemente traeremos a colación las imágenes que sugieren etiquetas como el igualitarismo el colectivismo, el socialismo gremial, el sindicalismo, la economía planificada, el anarquismo, el socialismo Fabiano, la socialdemocracia, la Segunda Internacional, y todas imágenes, junto con muchas otras, conforman el abigarrado mosaico del socialismo desde 1870 a 1930. Y tampoco el marxismo se había convertido aún en una doctrina monolítica; en los próximos capítulos podrán apreciarse importantes discrepancias entre marxistas y también las ideas de muchos marxistas que rechazaron de forma clara y explícita aspectos muy relevantes de la teoría económica de Marx. Pero tanto el marginalismo, como el socialismo y (dentro del socialismo) el marxismo, son doctrinas heterogéneas, no es de extrañar que las relaciones entre ellas no puedan ser aprehendidas por descripciones que sean a la vez sencillas y verdaderas. Y tampoco, por supuesto, queremos decir que estas relaciones, por complejas que sean, no cambiaron durante el periodo que abordamos; los siguientes capítulos apuntaran diversos cambios, tanto en las ideas de individuos concretos como en las tendencias más amplias.

Queda claro así, pues, por que no se impone ninguna definición rígida del marginalismo y del socialismo (o ciertamente del marxismo) en esta obra. Tampoco se apreciará una frontera muy definida entre los escritos académicos y políticos, incluso aunque el peso del debate se inclinará más por la última categoría. Como el núcleo del debate es de orden claramente teórico y tiene que ver sobre todo con la teoría del valor y la distribución, estaría más allá del alcance de los presentes ensayos evaluar si los debates que rememoran tuvieron efectos políticos e históricos más amplios (incluso si los capítulos tercero y cuarto pueden indicar algunos de estos efectos en Suecia y Dinamarca.

Los ensayos que siguen no pueden, naturalmente, pretender ofrecer un análisis extenso de las relaciones entre el socialismo y el marginalismo en economía, incluso en el periodo que va de 1870 a 1930. Se centrarán, como podrá apreciarse, en la literatura en lengua alemana, en Dinamarca, Suecia, Italia, Francia, Holanda y Rusia. Y con todo estos estudios de diferentes países ya muestran por un lado, una diversidad de interacciones entre el marginalismo, el socialismo (y más particularmente) el marxismo, y por otro lado, una serie de temas comunes que surgen en un país detrás de otro. Esté último fenómeno puede haber tenido origen en la lógica intrínseca de ciertos argumentos; o en el hecho de que, como se desprende de varios capítulos, muchos de los partícipes en los debates relevantes estaban muy bien informados con respecto a la literatura económica del extranjero; o en otros procesos. Pero sea cual fuera su fuente, el fenómeno en sí mismo indica que el examen de debates parecidos en otros países puede no revelar muchos nuevos rasgos generales de las relaciones entre el socialismo y el marginalismo, aunque sí detalles específicos fascinantes,. Esta sería mi visión general, por ejemplo, en relación con el caso británico; ver p.ej, Ellis (1930), Steedman (1989), Thompson(1988). Aunque naturalmente sería de gran interés que demostraran mi error en esta materia y los posteriores estudios nacionales, en cualquier país, serán por supuesto bienvenidos.

Debido a que los ensayos de esta obra se centran sobre todo y necesariamente en el socialismo y el marginalismo y sólo pueden aportar un trasfondo muy limitado, sería de ayuda para el lector que recordara algunos de los contextos culturales e históricos más amplios y el hecho de que tanto el socialismo y el marginalismo pueden contemplarse, en puridad, como movimientos relativamente minoritarios en ese contexto más amplio; ¡centrarnos en esta cuestión no pretende dar una importancia desproporcionada a la materia con la que tratamos!

ALGUNOS TEMAS COMUNES.

Puesto que los ensayos subsiguientes adoptan un punto de vista nacional, o lingüístico, a la hora de estudiar las relaciones entre socialismo y marginalismo, podría resultar útil en este punto presentar un breve resumen de ciertos temas comunes que surgen, y que se manifiestan en las perspectivas “nacionales” de los ensayos. Por supuesto, no voy a tratar de reproducir en todo su profuso detalle lo que se puede encontrar en los ensayos mismos. Simplemente nos centraremos tanto en la diversidad de relaciones entre socialismo y marginalismo y en el hecho de que ciertamente surgieron temas comunes a nivel internacional; ciertamente no trataremos de imponer cualquier patrón simple sobre los hallazgos de los ensayos o proponer tesis claras y sencillas.

Un componente de la relación entre el socialismo y el marginalismo fue ciertamente de antagonismo; veremos ejemplos de ello en Alemania, Italia y Rusia. Pero de forma más rigurosa, se trataba en general de la oposición que se percibía entre el socialismo y el socialismo marxista en particular, más que el socialismo con otras variantes. Incluso si Croce dijo que el marginalismo y el marxismo eran sencillamente no conmensurables (capítulo 5), los autores marxistas en general tuvieron reacciones muy negativas frente a la teoría marginal, o, más exactamente, a la teoría de la utilidad marginal. La objeción más comúnmente expresada de que la teoría marginal era “subjetivista” (en contraste con el tono “objetivo” de la teoría marxista”) claramente no podía ser aplicada con tanto entusiasmo contra gran parte de la teoría de la productividad marginal (fuera cual fuera su fortaleza o debilidad en relación con la teoría de la demanda). Esa oposición no era toda unilateral, por supuesto. Wicksell, por ejemplo, era un reformista radical, un igualitarista y de ningún modo un “armonicista económico”, incluso aunque discrepara con los socialistas suecos sobre temas de población; pero ese radicalismo político no le impedía oponerse claramente al análisis económico marxista.

Tampoco era necesario ser marginalista, por supuesto, para tener una actitud crítica con al menos parte del análisis económico de Marx, incluso si el conocimiento de los argumentos marginalistas pueden haber teñido esa actitud de manera más o menos directa, y los ensayos subsiguientes mostraran muchas críticas de la teoría económica marxista formuladas por socialistas e incluso por los propios marxistas. Así, Loria en Italia y Bortkiewicz en Alemania sostuvieron en el tiempo relaciones bastante complejas tanto con el marginalismo como con el marxismo y (como se sabe bien en el caso de Bortkiewicz pero menos en el de Loria, presentaron teorías sobre la tasa de ganancia diferentes del marginalismo y que discrepaban con Marx en aspectos muy significativos. (Es digno de notarse que Loria prestó mucha más atención al papel de la tierra que muchos economistas heterodoxos. Bortkiewicz, al igual que Dmitriev, defendió con vigor a Ricardo e insistió ciertamente en que la teoría del beneficio de Ricardo superaba a la de Marx en algunos aspectos). En un espíritu de algún modo parecido, autores como Leontief, Remak y Charasoff desarrollaron teorías no marginalistas sobre precios y beneficios que pueden verse como críticas implícitas de la teoría marxista y/o como mejoras de esta. Un rasgo común de estos desarrollos, en un entorno Ruso/Alemán, era por supuesto que incorporaban un enfoque “excedentario” de los beneficios en tanto que no empleaban ningún tipo de teoría del valor trabajo; pueden verse, en parte, como expresiones formales de un enfoque que ya había surgido anteriormente en el periodo que tratamos. En Italia Gradiadei había hecho hincapié en que se podía sostener una visión parecida a la de Marx sobre la explotación y el excedente económico con independencia de la teoría del valor trabajo. Rechazando tanto esta última como cualquier teoría del beneficio basada en la productividad marginal, Graziadei insistía en que había que analizar los beneficios en términos de un excedente de producción física, sin que hiciera falta teoría del valor alguna. En Alemania, Conrad Schmidt (1897) adoptó una posición similar, mientras que en Rusia Tugan-Baranovsky señaló, al igual que Graziadei, que se podía obtener beneficios positivos en una economía completamente automatizada, por lo que el trabajo excedente no podía ser su fuente fundamental. Más bien, esa fuente tenía que hallarse en la existencia y causas de un excedente de producción física.

Tugan-Baranovsky también fue uno de los que defendió que la fortaleza del análisis de Marx radicaba en su aspecto sociológico más que en su teoría económica, y este punto de vista fue compartido por su compatriota Struve que sugirió que la sociología marxista de la explotación y la existencia de un excedente económico debían mantenerse pero sin que fuera necesaria una teoría del valor. Karleby, en Suecia, y Kuyper, en los Países Bajos, fueron más allá manteniendo que la sociología marxista y la teoría de la explotación deberían retenerse pero en conjunción con la teoría económica subjetivista.

De este modo, cada uno a su modo, una serie de socialistas de distintos países, y a los mencionados anteriormente podría añadirse a Coletti en Italia, no veían la teoría del valor trabajo como la espina dorsal teórica del pensamiento socialista sino como un freno real en el desarrollo de la misma. Graziadei, por ejemplo, era muy enfático cuando decía que tanto la honradez intelectual como el fortalecimiento del socialismo precisaban el abandono de la teoría del valor trabajo. (Presumiblemente hubiera aceptado la observación de Böhm-Bawerk de que los mejores pensadores socialistas echarían mano de una teoría con futuro. Hilferding y otros respondieron de forma muy distinta, por supuesto, tratando de defender la teoría del valor trabajo frente a críticas como la de Böhm-Bawerk.

Podemos ocuparnos ahora de aquellos aspectos de la relación entre el socialismo y el marginalismo que involucraban ora el hincapié en la complementariedad con el marginalismo, ora análisis socialistas más tradicionales, o incluso la insistencia en que la economía marginalista debía ser sencillamente la forma de análisis económico que tenían que emplear los socialistas para defender su posición. En Rusia, Tugan-Baranovsky, por ejemplo, sostenía que la economía marxista y la marginalista eran complementarias y no contradictorias. Más en concreto, señalaba, como lo hicieron Eduard Bernstein y Conrad Schmidt, y otros, que en relación con la teoría del valor los precios relativos equivaldrían con frecuencia tanto a las utilidades marginales relativas como a los costos marginales relativos; por lo tanto, las relaciones (Pi/Pj)=(UMi/UMj)=(ImagenTi/ Qi)/ (ImagenTj/ Qj) en una notación presumiblemente clara, muchas veces se mantienen simultáneamente.

Ciertamente, si los costes laborales fueran constantes entonces (Pi/Pj)=(UMi/UMj)= (Ti/Tj) también se mantendría muchas veces. (Ti denotando el coste promedio y marginal de trabajo del bien i), y tanto la teoría de la utilidad marginal como la teoría laboral del valor realizan una afirmación correcta sobre los precios relativos de las mercancías. (El lector podría desear fijar supuestos suficientes para hacer bueno este argumento, que era por supuesto familiar para JEvons y Wicksteed, por ejemplo). En Italia autores como Conigliani, Ricca-Salerno, el joven Arturo Labriola y Loria tendieron a conjugar el análisis marxista y marginalista al debatir cuestiones de importancia para los socialistas; véase por ejemplo el análisis marginalista de Loria de un mercado de trabajo monopsónico (Capítulo 5)

Los escritores socialistas Kuyper y Cornelissen fueron más allá, empleando completamente el análisis marginalista y eliminando la influencia de los marxistas holandeses que habían hecho caso omiso de él.

Al igual que Loria, Cornelissen vio la relevancia del análisis marginal de la fijación de precios monopólica (monopsonística) y es de notar que Frank, en Rusia, que más tarde se acercó al marginalismo, comenzó despreciando la teoría austriaca salvo por su relevancia, precisamente, para la fijación de los precios en el monopolio. (El análisis marxista, que se basa en los precios de producción y en una tasa de ganancia uniforme, nunca ha sido especialmente eficaz a la hora de abordar los precios monopolísiticos)

Kuyper y Cornelissen no estaban solos. En Suecia, no fue sólo el célebre Wicksell el único que era radical y de izquierdas y marginalista: Gustav Steffen, un reformista, un socialista moderado y amigo de Wicksteed también se mostraba hostil al análisis marxista, veía la importancia de la demanda en la determinación de los precios y recibió bien el marginalismo. En Dinamarca tampoco hubo conflicto entre la economía marginalista y la reforma social y Bing, Petersen y Westergaard emplaron la teoría marginal, especialmente para argüir contra cualquier “ley de hierro” de los salarios y el uso conservador que se le daba. Y en Alemania Bernstein afirmó que los socialistas deberían dejar su hostilidad hacia la economía “Jevoniana” (como Steffen, Bernstein había pasado un tiempo en Londres) y Vleugels insistía en que la economía marginalista no era “apologética” en relación con la economía de mercado capitalista y que estaba siendo adoptada por los teóricos socialistas. En Italia, Montemartini y Leone habían defendido que se podían emplear los métodos marginalistas para analizar cuestiones socialistas y Leone había advertido que el socialismo empezaba a aparecer como “anti-ciencia económica) cuando, por el contrario, debería servirse de esa ciencia. Casi no hace falta decir que (cualquiera que fueran sus opiniones políticas) Pareto y Barone contribuyeron a lo que más tarde se conoció como debate sobre el cálculo socialista. En Francia, Sorel, Walras y el grupo de la Revue Socialiste ¡no eran nada hostiles con el marginalismo!

Como se ha señalado anteriormente, los siguientes ensayos muestran que la relación entre el socialismo en general, el marxismo más específicamente y el marginalismo ha sido multifacética y cambiante. En sentido amplio, sin embargo, estas variadas relaciones no eran particulares de ningún país sino que se manifestaron internacionalmente. Muchos, pero no todos, los autores socialistas que se van a analizar eran gente con mente abierta e imaginación. Sería contrario al espíritu de este breve resumen y de la obra en su conjunto sugerir aquí que debe extraerse cualquier conclusión sencilla y unilateral de los antiguos argumentos que se recuerdan en estos ensayos. Y con todo el lector que tenga en mente, mientras estudia estos ensayos, el curso que tomaron los subsiguientes desarrollos del a economía socialista pueda tal vez reflexionar que se aprendieron muchas cosas en el periodo analizado que fueron olvidadas y que tuvieron que volver a aprenderse al final. Esa pérdida cultural no fue, por supuesto, peculiar y privativa de la materia que tenemos entre manos.

BIBLIOGRAPHY
Ellis, R.W. (ed.) (1930) Bernard Shaw and Karl Marx. A Symposium 1884–1889,
New York: Random House.
Schmidt, C. (1897) ‘Grenznutzenpsychologie und Marx’sche Werthlehre’, Der
sozialistische Akademiker, 3:18–22.
Steedman, I. (1989) ‘P.H.Wicksteed’s Jevonian Critique of Marx’, in I.Steedman
(ed.) From Exploitation to Altruism, Cambridge: Polity Press.
Thompson, N. (1988) The Market and its Critics: Socialist Political Economy in
Nineteenth Century Britain, London: Routledge.
Wicksteed, P.H. (1905) ‘Note on Jevons’s Economic Work’, Economic Journal,
XV:432–6.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: Economía socialista y marxismo.
NotaPublicado: Mar Ene 19, 2016 3:56 pm 
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A ver si Seppy o alguien me ayudan con una cosa:

Citar:
En Rusia, Tugan-Baranovsky, por ejemplo, sostenía que la economía marxista y la marginalista eran complementarias y no contradictorias. Más en concreto, señalaba, como lo hicieron Eduard Bernstein y Conrad Schmidt, y otros, que en relación con la teoría del valor los precios relativos equivaldrían con frecuencia tanto a las utilidades marginales relativas como a los costos marginales relativos; por lo tanto, las relaciones (Pi/Pj)=(UMi/UMj)=(ImagenTi/ Qi)/ (ImagenTj/ Qj) en una notación presumiblemente clara, muchas veces se mantienen simultáneamente.

Ciertamente, si los costes laborales fueran constantes entonces (Pi/Pj)=(UMi/UMj)= (Ti/Tj) también se mantendría muchas veces. (Ti denotando el coste promedio y marginal de trabajo del bien i), y tanto la teoría de la utilidad marginal como la teoría laboral del valor realizan una afirmación correcta sobre los precios relativos de las mercancías


En la fórmula donde sale el símbolo de la derivada (en la otra entiendo que mu es um utilidad marginal y así lo he puesto, y L trabajo, por lo que he puesto T) la Q me imagino que es "quantity" y ¿se debería poner C?

Si estuviera el Rulas o Ñbrevu...

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 Asunto: Re: Economía socialista y marxismo.
NotaPublicado: Mar Ene 19, 2016 3:59 pm 
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Sé que la movida va de esto:

https://www.marxists.org/espanol/hyndman/1896/00001.htm

Citar:
"Puede que el lector siga teniendo confianza en las teorías anteriores cuando vea que conducen directamente a la bien conocida ley, como se formula en el lenguaje ordinario de los economistas, de que el valor es proporcional al coste de producción".

Cuando leí por primera vez este pasaje, hace 23 años, tiré el libro. Me pareció que me habían tomado por tonto las 180 páginas anteriores, que no habían aportado ninguna idea nueva para mi espíritu. Es una confesión inculpatoria tan completa como la de Henry George, que todo lo que no es salario es renta.

Pero el profesor Jevons necesita una ecuación de ratios para confirmar la cosa. En la página 191 encontramos lo siguiente:

"Valor por unidad de x = coste de producción por unidad de x

Valor por unidad de y = coste de producción por unidad de y

O en otras palabras, el valor es proporcional al coste de producción".

"Como además, los grados finales de utilidad de una mercancía son inversos a las cantidades intercambiadas, se sigue que los valores por unidad son directamente proporcionales a los grados finales de utilidad"

¿Hemos llegado a los grados finales de futilidad a través de toda esta obtusa palabrería? Porque si la "ratio de intercambio",o"de dos mercancías está sometido a una pugna entre las condiciones de la producción y del consumo", que es lo mismo que decir la oscilación temporal del mercado por la acción de la oferta y la demanda, siendo el valor "proporcional a los costes de producción", pues para este viaje no se necesitaban alforjas, porque hemos llegado a donde nos decían los clásicos hace 50 años. Tenemos de hecho lo que el propio Jevons llama:

"La bien conocida y casi autoevidente ley de que los artículos que pueden producirse en mayores o menores cantidades se cambian en proporción a los costes de producción. La ratio de intercambio de las mercancías se conformará, de hecho, a largo plazo, al coste de producción".

Y vuelve:

"Así que hemos probado"- y con matemáticas, que es mejor- "que las mercancías se intercambiarán en cualquier mercado en razón de las cantidades producidas por la misma cantidad de trabajo. Pero como el incremento del trabajo considerado es siempre el final, nuestra ecuación también expresa la verdad de que los artículos se cambian en cantidades inversas al coste de producción de las porciones más costosas, es decir, la últimas porciones añadidas".

_________________
Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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Traducción al español por Huan Manwe