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 Asunto: Re: ¿Alguien sabe?
NotaPublicado: Mié Ene 20, 2016 7:02 pm 
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No está traducido y Kliman nos ha dado permiso. :thumb: Pero eso sí, del tirón, nos lo hará revisar por HEXPERTOS y si encuentra una editorial pa publicarlo en España. Pero ya que lo hacemos de gratis y por la causa...

Bueno, al menos pondré un fragmento aquí donde responde a la crítica de Bohm-Bawerk que repiten los liberales patrios. Básicamente, quote-mining de Marx para decir que el libro 1 y el 3 se contradicen (Kliman cita pasajes donde se ve que no se contradice, aparte de que son diferentes niveles de análisis) y Bawerk no cita más que cachos de frases de Marx (y fuera de contexto) y/o lo parafrasea y que afirmación de BB de que las igualdades totales de valores y precios es una tautología sólo tiene sentido si se considera, como consideraba el austriaco, que el dinero no es más que un velo y al final se cambian cosas por cosas. Si no se demuestra eso, no se puede decir que es una tautología la solución de Marx de la dichosa transformación.

Y además, también el PIB es algo agregado, los precios totales después de restar el precio de los insumos intermedios. Y sin embargo debe ser algo significativo, porque los gobiernos tienen muy en cuenta si sube o baja.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: ¿Alguien sabe?
NotaPublicado: Mié Ene 20, 2016 7:27 pm 
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Camarlengo
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Hombre... si se publica tendrás derechos de traducción, digo yo. La plusvalía del trabajo del trabajo y eso, ¿no?

Millonario no te vas a hacer, ya te aviso. :lol:

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 Asunto: Re: ¿Alguien sabe?
NotaPublicado: Mié Ene 20, 2016 7:41 pm 
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No free of charge. ¡Millonario! Lol. Con lo mío tengo techo, como tres veces al día y tengo conexión a internés, un ereader y algo para tomar algo de vez en cuando y con eso me basta. Ya sé que no me iba a hacer millonario con eso, ni me importa, ni quiero.

Me gustaría, eso sí, que el pavo me dijera que he hecho un buen trabajo.

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 Asunto: Re: ¿Alguien sabe?
NotaPublicado: Mié Ene 20, 2016 7:59 pm 
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Camarlengo
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Malet escribió:
Me gustaría, eso sí, que el pavo me dijera que he hecho un buen trabajo.


Que harás un trabajo cojonudo, seguro, aunque yo de marxismos ni papa pero las traducciones tuyas que he leído (capítulos sueltos :oooops: ) están fetén. Que él pueda valorarlo... ¿tiene suficiente dominio de español el fulano o dirá lo que le cuenten?

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 Asunto: Re: ¿Alguien sabe?
NotaPublicado: Mié Ene 20, 2016 8:14 pm 
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polin escribió:
Malet escribió:
Me gustaría, eso sí, que el pavo me dijera que he hecho un buen trabajo.


Que harás un trabajo cojonudo, seguro, aunque yo de marxismos ni papa pero las traducciones tuyas que he leído (capítulos sueltos :oooops: ) están fetén. Que él pueda valorarlo... ¿tiene suficiente dominio de español el fulano o dirá lo que le cuenten?


No, no sabe español. Lo va a revisar otro economista marxista en castellano o sea que... estoy con Algebra for Dumies :lol: para las partes jodidas.

Oye, los libros for dumies sirven de la hostia

Gracias Polin. Esto es serious shit, así que del tirón nada, como en las de aquí. :lol:

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 Asunto: Re: ¿Alguien sabe?
NotaPublicado: Vie Ene 22, 2016 2:29 pm 
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Estoy manos a la obra, y haciendo uso de mi derecho a quotear:

Citar:
En 1995, la revista más destacada sobre la historia del pensamiento económico publicó un seminario sobre Marx. El primer artículo de Anthony Brewer (1995: 140) sostenía que “incluso en los propios términos de Marx… El Capital debe considerarse como un fastuoso fracaso”.

Como prueba principal de su afirmación, Brewer volvió a traer a colación las acusaciones de errores lógicos en la teoría del valor de Marx y en la ley de la tendencia al descenso en la tasa de ganancia. “Si ninguna se sostiene, como es el caso, ya no queda mucho”. (Brewer 1995: 140).

“Los escritos económicos de Marx tienen sólo un interés histórico. Los artículos académicos que se niegan a aceptar esta conclusión y tratan de resucitar las ideas de Marx… no deberían ser publicados en revistas consagradas a la historia económica”. (Brewer 1995:141).

Se invitó a responder a nueve eminentes economistas e historiadores de la economía, algunos con reconocidas simpatías por Marx. En general discreparon con las últimas cuatro palabras de la conclusión de Brewer “si ninguna se sostiene, como es el caso, ya no queda mucho”. Y aún sí todos ellos reconocieron la primera parte de forma implícita o explícita. Parece que si Marx no es exactamente un perro muerto, al menos hay que aceptar que dos de sus órganos internos han dejado permanentemente de funcionar.

En el muy comentado ensayo de John Cassidy’s (1997) “El Regreso de Karl Marx” fue publicado en una edición de 1997 de “The New Yorker” una revista dirigida a un público cultivado. El encabezamiento saludaba a Marx como “El Próximo Pensador” y el texto del ensayo estaba igualmente atestado de elogios a Marx: “Muchas de las contradicciones que supo ver en el capitalismo Victoriano… han comenzado a reaparecer con nuevas envolturas… Escribió pasajes fascinadores sobre… cuestiones con las que los economistas se están volviendo a enfrentar, a veces sin percatarse de que están siguiendo las huellas de Marx (Cassidy 1997: 248). Y con todo, cuando pasó a analizar la teoría del valor de Marx, Cassidy (1997: 252) de forma impropia de él, parecía destemplado y desdeñoso: “Su modelo matemático de la economía, que descansaba en la idea de que el trabajo era la fuente de todo valor, estaba repleto de contradicciones internas y rara vez se estudia hoy en día”. Las supuestas demostraciones de contradicciones internas están tan difundidas y son tan poco cuestionadas que no necesitó extenderse mucho, y lo único que añadió es que Marx carecía de las herramientas matemáticas necesarias. Puesto que las herramientas particulares que Cassidy (un periodista, no un economista) son irrelevantes para la cuestión que está analizando (el “problema de la transformación”) (7) está claro que cuando escribió que la teoría estaba “repleta de contradicciones internas” no pudo llegar a esa conclusión por sus propias reflexiones. Pero de todos modos, es difícil que el lector no especialista no llegue a la conclusión de que si un gran admirador de Marx tiene que reconocer que su teoría del valor es ilógica, tendrá que ser así.

El año siguiente una destacada revista de economía radical dedicó una edición entera a un ensayo (del tamaño de un libro) sobre las crisis económicas compuesto por Robert Brenner (1998), un eximio historiador marxista. Que por azar apareciera en medio de la crisis económica Asiática ayudó a que fuera de lejos el trabajo marxista más debatido en las últimas dos décadas. Y no fue menos laudatoria la presentación del editor, que proponía a Brenner como candidato al Novel de Economía y que concluía: “La empresa que acometió Marx ha encontrado, sin lugar a dudas, un digno sucesor”. ” (New Left Review 1998: v).

Y sin embargo cuando uno lee ese ensayo de 265 páginas sobre la crisis económicas, el supuesto sucesor de Marx se limitaba a dedicar una nota a pie de página sobre su ley de la tendencia al descenso de la tasa de ganancia, y sólo para descartarla así como a la teoría de la crisis que se basa en ella. Para ejecutar sumariamente la ley, no hizo más que citar el Teorema de Okishio (1961), que presuntamente demuestra que la ley es falsa: “Se pueden encontrar demostraciones formales de este resultado en el trabajo de N.Okishio . . . y también en los de J. Roemer…” (Brenner 1998: 11-12, nota 1).

Después de rechazar otras teorías (con fundamento en algunas pruebas y argumentos más que con respecto a la teoría de Marx) el resto del ensayo trata de la propia explicación de Brenner de la rentabilidad descendiente y la crisis económicas. Y es su explicación y no la de Marx la que fue el punto central del debate subsiguiente sobre el ensayo de Brenner. Tanta fuerza tiene el teorema de Okishio.

En el año 2000, la revista de sociología más destacada de EEUU celebró un simposio en el que el principal artículo académico, obra de un señalado catedrático de Harvard (Sorensen 2000), presentaba una nueva teoría de la explotación como fundamento de su análisis de clase. Teniendo en cuenta que “La explicación que ofrece Marx de la opresión y la desigualdad es muy atractiva” (Sorensen 2000: 1529), Sorensen consideró que había que rebatirla antes de presentar su alternativa. Hizo tal cosa apelando a la autoridad, particularmente al hecho de que incluso los economistas marxistas han abandonado la teoría del valor de Marx: “Durante la mayor parte de este siglo, ha existido un consenso de que el concepto original de explotación planteado por Marx es indefendible. Se basa en una teoría del valor trabajo que ha quedado amortizada hace mucho tiempo, como reconocen incluso los economistas marxistas”. (Sorensen 2000: 1524). Es cierto que Sorensen trataba de defender a renglón seguido el concepto de que “El problema de la transformación” es un problema auténtico, pero sus demonstraciones manifiestan que casi no tiene ni idea de la cuestión, incluso si le leemos caritativamente. (8). Parece claro por tanto que declaró que la teoría de Marx era indefendible sin haber estudiado en serio la polémica sobre su teoría del valor. Pero si Sorensen no tenía la preparación necesaria para rechazar la teoría de Marx, tampoco tenía base alguna para recomendar que la supliera su propia teoría de la explotación.

Se publicaron tres artículos académicos respondiendo a Sorensen, incluyendo uno que era obra de un reputado sociólogo marxista (Wright 2000). Todos ellos compartían la conclusión de que la teoría de Marx es indefendible. Pero ni uno sólo se preocupó de explicar las razones por las que habían llegado a esa conclusión.

1.5 ¿Por qué este libro en concreto?

Al centrarse el libro en la cuestión de las contradicciones internas, es probable que le reste popularidad (como me restará popularidad mi posición sobre la cuestión). La mayoría de la gente a la que le interesa El Capital quiere tomar tal o cual aspecto de este, y no recuperarlo como una totalidad. He escrito este libro y no otro, sin embargo, porque considero que es un deber académico poner las cosas en orden con respecto a la cuestión de las contradicciones internas, y porque considero una responsabilidad de todo académico defender los hábitos de honradez e integridad en el discurso intelectual.

También considero una prioridad personal este libro en el sentido de que, si consigo ayudar a enmendar el estado de la cuestión, contribuyo mucho más que con otras cosas que me gustaría escribir en el futuro. Creo que lo más importante en este momento es ayudar a crear un entorno que permita que se preste oídos a las ideas de Marx más que expresar mis propias ideas (incluyendo mis propias ideas sobre su obra) Estoy convencido de que las obras divulgativas de su trabajo han hecho más difícil, y no más fácil, que se preste atención a sus ideas, y que esa es la razón principal por la que aún son tan poco o nada comprendidas. Precisamente porque las ideas de Marx no son sencillas y las obras divulgativas son más asequibles, estas se convierten en un fácil subrogado del texto original. Y si por lo menos se leen estas obras, se leen a través de las lentes del divulgador.

Además, creo que este es un momento bastante propicio para que aparezca esta obra, por dos motivos. En primer lugar, si consigo que bastantes lectores se unan al esfuerzo de aclarar por fin la cuestión de las contradicciones internas, la obra puede resultar de ayudaigualmente para que personas que no sean los lectores potenciales del mismo puedan reevaluar la teoría del valor de Marx.

Además esa reevaluación se ha tornado de nuevo importante, según creo, a la luz del surgimiento del movimiento que se opone al capitalismo global. El movimiento trata aún de comprender aquello contra lo que se opone, y un estudio concienzudo del concepto de capital de Marx como un proceso de “auto-expansión del valor” le podrá servir de gran ayuda. Comprender la tendencia del valor a expandirse sin límites y de forma inexorable, superando e integrando en si mismo todos los obstáculos que se interponen en su camino, puede hacer que este movimiento reconozca la insuficiencia de pelear tan sólo por reformas políticas e institucionales y la necesidad de trascender el sistema de producción de valor en si mismo. (ver Hudis 2000)

Igualmente, si el capital es un valor que se expande a sí mismo, la búsqueda actual de una alternativa al capitalismo también tiene que constituir una investigación del problema extraordinariamente difícil que supone elucidar cómo cualquier alternativa a la producción de valor puede despegar y sostenerse, considerando la tendencia de la relación de valor para superar y absorber todo lo que se haya fuera de ella.

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 Asunto: Re: La interpretación TSSI de Marx.
NotaPublicado: Vie Ene 22, 2016 2:35 pm 
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Y esto también es clave:

Citar:
Y con todo, ¿por qué deberían los lectores respaldar el esfuerzo invertido en la presente obra para rescatar “El Capital” si no se ofrece ninguna razón de peso para hacerlo? Mi respuesta es que mi libro pretende rescatar El Capital en un sentido muy concreto; pretende mostrar que los cargos de contradicciones no han sido acreditados y no son razonables. Si tengo éxito con mi tarea, cualquier persona que sea partidaria de la honradez en el discurso intelectual y que se oponga a la conspiración de silencio, sea o no partidaria de las ideas de Marx, respaldará este esfuerzo de enmendar el estado de la cuestión.

Las peripecia personal que culminó escribiendo este libro comenzó hace veinte años, cuando estaba estudiando economía en la Universidad de Utah. Ted McGlone, un amigo mío y compañero de doctorado que estaba preparando en aquellos días un examen global, me pidió que le explicara por qué la explicación de Marx acerca de la transformación de valores en precios de producción adolecía de contradicciones internas. El había escuchado atentamente las explicaciones de nuestros profesores, pero no era capaz de entender que era exactamente aquello en lo que Marx se había equivocado.

Repetí como un loro lo que me habían enseñado, “Marx se olvidó de transformar los precios de los insumos”. McGlone me preguntó por qué Marx tenía que transformar los precios de los insumos. Me percaté de que no le podía dar una explicación satisfactoria. Así que le insté a que aceptara el hecho, después de todo nuestros profesores, que eran economistas marxistas, nos decían que Marx se había equivocado, y además le dije que no importaba mucho porque ya se había corregido el error.


“Ah, but I was so much older then/I’m younger than that now.”

McGlone continuó con su interrogatorio durante las semanas siguientes, Y como seguía siendo incapaz de responder a la acusación de contradicción, al final acabé revisando la fuente primaria, la demostración de Bortkiewicz’s (1952) de la contradicción interna de Marx. Después de estudiarla un tiempo, detecté lo que me parecía un error. Me senté y en una hora elaboré una refutación de la demostración de Bortkiewicz (ver la sección 8,5 más adelante). En los días mi amigo y yo estuvimos averiguando las implicaciones de esta refutación, y descubrimos lo que se acabó llamando TSSI, o más bien, lo volvimos a descubrir, porque algunos investigadores ya lo habían descubierto años antes.

Esa experiencia me cambió la vida. Me enseñó a pensar por mi mismo, a poner en tela de juicio la autoridad y a pedir demostraciones racionales en vez de fiarme de la intuición. Y en tanto seguía explorando las implicaciones de la TSSI, hallé que también ponía fin a otras supuestas incoherencias en las teorías de Marx, y asimismo que, al contrario de lo que sostienen sus críticos, sus “correcciones” no replican sus resultados teóricos por otros medios. Así que quedé aún más convencido de que era necesario poner en tela de juicio a las autoridades y exigir siempre que cualquier afirmación fuera demostrada racionalmente.

Naturalmente, mucha gente que se ha topado con las acusaciones de contradicciones internas carecen de la formación matemática y económica necesaria para valorar las acusaciones por sí mismos, o incluso para comprender las cuestiones controvertidas. Este problema se ha agravado (de forma intencionada o no) por la jerigonza abstrusa y la forma matemática con la que los críticos de Marx han defendido su tesis. Debido a esos obstáculos para la comprensión, muchos profanos sencillamente se han decantado por aceptar las conclusiones de los expertos haciendo un acto de fe. Otros se han apartado de debates que consideran muy técnicos y bizantinos. Por desgracia, esta actitud también ocasiona que las conclusiones de los "expertos" queden incólumes.

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 Asunto: Re: Economía socialista y marxismo.
NotaPublicado: Mar Feb 02, 2016 1:24 pm 
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Citar:
No debe entenderse a partir de lo expuesto hasta ahora, que Marx predijo que en realidad la tasa de ganancia mostraría una tendencia descendiente a largo plazo. A pesar de lo que se cree por lo común, no parece que haya presentado esa tesis en ninguna parte. Por el contrario, sostenía que “obran tendencias contrarrestantes, que controlan y cancelan el efecto de la ley general” y que la LTDTG “tiene que ser superada constantemente mediante las crisis”. (Marx 1991a: 339, 367, énfasis añadido). Por tanto, lo que quería decir Marx con la “tendencia” al descenso de la tasa de ganancia no era una tendencia empírica, sino lo que sucedería de no obrar esos factores contrarrestantes, como la tendencia al alza de la tasa de plusvalía. Señaló y analizó especialmente uno de esos factores contrarrestantes, la devaluación recurrente de los medios de producción. Al igual que el propio descenso tendencial en la tasa de ganancia, y la tendencia al alza de la plusvalía, la devaluación de los medios de producción es consecuencia del incremento de la productividad. Los capitalistas tienen pérdidas (incluyendo pérdidas en sus inversiones financieras) de resultas de esta devaluación; una porción del capital adelantado en el pasado se desvanece. De esta forma (y asimismo por medio de su tendencia a hacer caer el precio de la producción) los incrementos en la productividad tienden a acabar desencadenando crisis económicas. Pero como a fin de cuentas el capital adelantado es el denominador de la tasa de ganancia, la aniquilación del valor del capital existente hace ascender la tasa de ganancia y ayuda a superar las crisis económicas. (see Marx 1991a, Capítulo. 15, esp. pp.
356-58, 362-63).

En suma, aunque la tendencia al descenso de la tasa de ganancia es “constantemente… superada”, la tendencia no queda anulada. Hace sentir su presencia, puesto que sólo “se supera mediante las crisis”. Las crisis económicas recurrentes, y no una tendencia al descenso de la tasa de ganancia en el largo plazo, es lo que predice en realidad la teoría de Marx. Por consiguiente, los investigadores que quieran someter su teoría a contrastación empírica, deberían centrar su atención, no en la tendencia observada de la tasa de ganancia, sino en discernir cuándo, y en qué medida las crisis recurrentes del capitalismo están ligadas a descensos recurrentes en el valor de los capitales y en la tendencia de los precios a bajar debido al aumento de la productividad.

La razón de la extendida creencia de que Marx vaticinó una tendencia al descenso a largo plazo de la tasa de ganancia es el hecho de que los economistas clásicos con los que dialogaba sí que predijeron eso. Por lo tanto se supone que tanto él como ellos estaban analizando la misma cuestión. Sin embargo, Marx ( (1989b: 128, énfasis en el original en una nota al margen) rechazó explícitamente esta idea: “Cuando Adam Smith explica que la caída de la tasa de ganancia es debida a una plétora de capital…. está hablando de un efecto permanente, y comete un error. La transitoria superabundancia de capital, la sobreproducción y las crisis son cosas diferentes. No se dan crisis permanentes”.

Es importante recalcar que Marx consideraba las crisis económicas del capitalismo transitorias, aunque inevitables y recurrentes. La creencia común de que vaticinó el desmoronamiento del capitalismo, como resultado del efecto de la LTDTG en solitario o en combinación con otras causas, es otra creencia muy extendida más que carece de sustento probatorio real. Mandel (1991: 79), un destacado defensor del punto de vista de que Marx predijo el colapso del Sistema, reconoció que no había ningún apoyo textual para tal tesis ni en su exposición de la LTDTG ni en ningún sitio del volumen III del Capital. Y sin embargo según Mandel (1991: 79) “hay varios pasajes… en el tomo I, que respaldan la teoría del colapso. Pero sólo citó un pasaje, el final del penúltimo capítulo, y no dice nada del derrumbe del sistema. Marx (1990a: 929-30) considera que las tendencias del Sistema ocasionarán una revolución social “los expropiadores serán expropiados”, pero no debido a colapso alguno, sino a la centralización del capital y al creciente descontento de la clase obrera.


Andrew Kliman, Reclaiming Marx Capital.

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 Asunto: Re: Economía socialista y marxismo.
NotaPublicado: Mar Feb 02, 2016 1:34 pm 
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Pos según el profesor Kliman, si lo que predijo en realidad es que hay crisis recurrentes, y no el "colapso" del sistema, sí acertó. Espero que no acertara en lo que, según el profesor Kliman (y según la propia nota que cita SÍ DIJO). Que no hay crisis permanentes. Porque joder con esta...

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 Asunto: Re: Economía socialista y marxismo.
NotaPublicado: Mar Feb 02, 2016 1:55 pm 
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Como ha dicho ManuelH, con su habitual buen criterio, que no hay que multiplicar los entes sin necesidad (ya sé Manuel, eso se refiere al hacha de Goldstein), he unido este hilo a otro que abrí.

Siento mucho el guiño "Gafapasta" y mal aplicado a Guillermo de Occam. Bueno, no.

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 Asunto: Re: Economía socialista y marxismo.
NotaPublicado: Vie Mar 04, 2016 3:40 pm 
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MARXISMO CRÍTICO.

Citar:
Entrevista a Andrew Kliman”: Esteban Mercatante
25/03/2013 Deja un comentario Go to comments

A continuación publicamos una conversación con el marxista norteamericano Andrew Kliman. Kliman es autor de Reclaiming Marx’s “Capital”, que defiende el llamado enfoque temporalista de la teoría del valor de Marx, y de The Failure of capitalist production. The Underlying causes of the Great Recession [El fracaso de la producción capitalista, las causas subyacentes de la Gran Recesión]. Es profesor en la Universidad de Pace. En esta oportunidad conversamos sobre su visión de la crisis, su teoría sobre la ley del valor, y sus opiniones sobre la situación del marxismo en los EE.UU.

Entrevista realizada en Julio de 2012

1- Recientemente publicaste The Failure of Capitalist Production [El fracaso de la producción capitalista], que es el resultado de una investigación sobre el funcionamiento de la economía norteamericana durante las últimas tres décadas. ¿Cuál es el principal resultado de tu investigación?

La Gran Recesión estaba a la espera de ocurrir. Había problemas no resueltos en el sistema de producción capitalista que se habían estado acumulado durante un tercio de siglo. La tasa de ganancia cayó y nunca llegó a recuperarse de forma sostenida, lo que derivó en tasas de crecimiento e inversión persistentemente débiles, lo cual a su vez resultó en cargas de deuda crecientes. Y estos problemas indujeron a los gobiernos a resolverlos o velarlos con políticas que permitieron una acumulación de deudas aún mayor.

2- Vos criticás la mirada de otros marxistas como Dunémil y Lévy. ¿Qué diferencia tu abordaje de los de ellos? ¿Cómo se conectan estas diferencias con tu trabajo sobre el Enfoque del Sistema Temporal Singular [“Temporal Single-System Interpretation”, TSSI] de la teoría del valor y de los precios de Marx?

Para simplificar, me voy a concentrar en Duménil y Lévy, aunque sus opiniones y abordaje son compartidos por otros autores. Antes de que estallara la crisis financiera de 2007-2008, se consideraba que el neoliberalismo era muy exitoso en sus propios términos. Ahora se lo considera un fracaso. Esta inversión es clara desde los títulos de los libros de Duménil y Lévy de 2004 y de 2011, Crisis y salida de la crisis [Capital Resurgent] y La crisis del neoliberalismo. Los acontecimientos los llevaron a repensar un montón de cosas. Sin embargo su nueva posición mantiene un aspecto crucial de la vieja, concretamente, la opinión de que el neoliberalismo ha sido la fuerza motora que moldeó la historia económica de las últimas décadas. Ellos consideran al neoliberalismo centralmente como una agenda económica, específicamente un esfuerzo para hacer a los ricos más ricos. Yo creo que “neoliberalismo” puede ser un término útil para referirse a políticas e ideología. Pero mi análisis sobre los datos me llevó a la conclusión de que no es muy útil como concepto para explicar los cambios económicos que han estado ocurriendo durante los últimos 40 años.

Muchos cambios importantes y tendencias empezaron a comienzos de la década de 1970 o antes, previo a la emergencia del neoliberalismo a inicios de los años ’80. El enlentecimiento del crecimiento económico, en los EEUU y globalmente, antecede al neoliberalismo. Lo mismo ocurre con otras tendencias en los EEUU, como el aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso, el menor crecimiento de los salarios, el aumento en las deudas pública y privada en relación con el PBI, el menor ritmo de inversión pública en infraestructura y el aumento en la duración promedio del desempleo. Y el aumento de la inestabilidad financiera global -las crisis bancarias, de deuda soberana y cambiarias- son en buena medida atribuibles a una combinación de inflación acelerada a fines de los años ’60, comienzos de los años ’70 y el colapso del sistema de Bretton Woods, el “patrón otro internacional”, que se produjo entre finales de los años ’60 y comienzos de los años ’70. Por lo tanto, considero las políticas e ideología neoliberal en su mayoría como un efecto de estos cambios y una respuesta a los mismos más que como su causa. De este modo, mientras Duménil y Lévy afirman que la Gran Recesión y sus repercusiones representan una crisis del neoliberalismo, yo creo que representan una crisis del capitalismo; su raíz se encuentra en problemas en el sistema de producción capitalista de valor que se estuvieron acumulando desde los años ’70.

Antes de la reciente crisis, Duménil y Lévy sostenían que la tasa de ganancia de las corporaciones norteamericanas se había recuperado casi completamente bajo el neoliberalismo. Ahora, en su nuevo libro, sostienen que sólo experimentó una “débil tendencia alcista” luego de sufrir una caída sustancial en los años ’70. Sin embargo siguen sosteniendo que la última crisis “no fue el resultado de tasas de ganancia insuficientes” (este es el motivo por el cual definen la crisis como una del neoliberalismo más que del capitalismo). No explican esta conclusión; su referencia a una “débil tendencia alcista” parece sugerir que la caída en la tasa de ganancia no fue una causa directa de la Gran Recesión. Pero nadie piensa que fue una causa directa; algunos hemos sostenido que fue una causa subyacente e indirecta, pero de todas formas crucial.

De cualquier manera, la razón por la que sostienen que la tasa de ganancia tendió al alza, incluso ligeramente, es porque usan el término “tasa de ganancia” con un significado algo diferente de que casi todos los demás –empresarios, inversores, Marx– han querido decir con el término. La “tasa de ganancia” de Duménil y Lévy es la ganancia como porcentaje de la suma de dinero que sería necesaria para reemplazar los bienes de capital. Pero lo que casi todos los demás quieren decir con “tasa de ganancia” es la tasa de retorno de la inversión, la ganancia como porcentaje de la suma de dinero efectivamente invertida en bienes de capital. Y la tasa de ganancia de la inversión percibida por las corporaciones norteamericanas ciertamente no se recuperó bajo el neoliberalismo. Cuando usamos una medida amplia de ganancia (la parte de valor agregado que los empleados no perciben, lo que yo llamo “ingreso de la propiedad” en mi libro), la tendencia de la tasa de retorno de la inversión siguió cayendo sustancialmente. Entre los puntos mínimos de 1982 y de 2001 (el último año de tasa mínima previo a la crisis financiera),cayó un 27%.

El eje de Duménil y Lévy en la ganancia como porcentaje del costo de reposición de los bienes de capital, y no como porcentaje del dinero invertido en los activos, está ligado a la controversia sobre la teoría del valor de Marx que mencionaste. Algunos críticos de su teoría han afirmado que pudieron probar que su ley tendencial de la caída de la tasa de ganancia es internamente inconsistente. Pero estas supuestas pruebas no se refieren a la tasa de ganancia a que se refiere la ley efectivamente –la tasa de retorno de las inversiones. Limitan la “tasa de ganancia” a los costos de reposición. Junto con otros defensores del enfoque del sistema temporal singular, pusimos de relieve la diferencia y mostramos que las supuestas pruebas de inconsistencia no mantienen su validez cuando la “tasa de ganancia” es definida usualmente. Pero Duménil, Lévy y otros que han aceptado estas pruebas también aceptaron la manera en la que miden erróneamente la tasa de ganancia. Por lo tanto, cuando ven que la “tasa de ganancia” de los costos de reposición tendió al alza bajo el neoliberalismo toman esto como una evidencia concluyente de que la producción capitalista marchaba correctamente, y que la Gran Recesión solo era resultado de fenómenos particulares del neoliberalismo. Por ejemplo, la tasa de acumulación de las corporaciones norteamericanas (inversión de ganancias en la producción) cayó pronunciadamente y nunca se recuperó. La causa normal para semejante caída es un descenso de la tasa de ganancia. Pero como su “tasa de ganancia” rebotaba mientras que la tasa de acumulación no lo hacía, intentan culpar al neoliberalismo y la financierización por este problema de acumulación. Supuestamente, la ganancia ha sido desviada de la inversión productiva a la inversión financiera. Pero Shannon Williams y yo hemos comprobado que tal desvío en realidad no ocurrió. Por lo tanto toda la caída en la tasa de acumulación puede atribuirse a una caída en la tasa de ganancia efectiva –la tasa de retorno de la inversión. Entre 1948 y 2007, la tasa de ganancia de las corporaciones después de impuestos cayó un 43%, y su tasa de acumulación productiva cayó casi en la misma proporción, 41%. La proporción de las ganancias que fue invertida en la producción en realidad aumentó ligeramente, un 3% (ver Andrew Kliman y Shannon D. Williams, “Por qué la ‘financierización’ no ha deprimido la inversión productiva”, Mayo 2012, disponible en at akliman.squarespace.com/writings).

3- En tu libro te concentrás en dos tasas de ganancia: la tasa de “ingresos de la propiedad”, y la tasa de ganancia antes de impuestos del sector corporativo. Pero también señalás que el gobierno intentó estimular la tasa de ganancia después de impuestos. ¿En qué medida te parece que ha tenido éxito en este objetivo? ¿Cuán relevante te parece que es analizar la tendencia de la tasa de ganancia después de impuestos para comprender las tasas de inversión productiva desde 1982 hasta el presente?

Yo caracterizaría los esfuerzos para apuntalar la tasa de ganancia después de impuestos como moderadamente exitosos. Hubo un gran aumento de la tasa de ganancia después de impuestos en relación con la tasa antes de impuestos a partir de 1981. Si no hubiera aumentado, la tasa de ganancia promedio de las corporaciones norteamericanas entre 1981 y 2007 habría sido de 9.6%. La tasa de ganancia efectiva fue de 10,8%. Así que las reducciones impositivas hicieron que suba 1,2 puntos porcentuales. Esto no parece mucho, pero 1,2 puntos porcentuales adicionales es significativo cuando la tasa de ganancia es sólo de aproximadamente el 10%. Por cada u$s 8 de ganancia después de impuestos que las corporaciones habrían tenido sin las reducciones de las tasas impositivas, tuvieron en cambio u$s 9. Pero las reducciones de impuestos no resolvieron el problema de la rentabilidad declinante; en lugar de eso, lo desplazaron parcialmente. La tasa de ganancia después de impuestos de las corporaciones fue prácticamente plana —no siguió cayendo, pero tampoco experimentó una recuperación sostenida— pero al costo de un aumento formidable en la deuda del Tesoro norteamericano como porcentaje del PBI.

Buena parte de las ganancias debe ser utilizada para pagar impuestos, intereses y otros ítems. Las compañías no pueden invertirlas en la producción. Por lo tanto la tasa de ganancia después de impuestos, que excluye estas partes de las ganancias, es el determinante directo más importante de la tasa de inversión productiva. Pero medidas más globales de la tasa de ganancia también podrían ser importantes determinantes de la tasa de inversión productiva, en un sentido menos directo, ya que influencian los movimientos en la tasa después de impuesto.

En El fracaso de la producción capitalista mostré que la tasa de ganancia después de impuestos no fue desviada desde la inversión productiva hacia usos financieros bajo el neoliberalismo en los EEUU, pero tenés razón al señalar que yo no discuto la relación entre la tasa de ganancia después de impuestos y la tasa de inversión productiva. El trabajo que escribí con Shannon Williams que mencioné antes discute esto con algo de detalle. Observamos que alrededor de la mitad de la caída en la tasa de inversión entre 1979 y 2001 se debió a una caída en la tasa de ganancia después de impuestos, y el resto a una declinación de la porción de la ganancia que fue invertida en la producción. Pero la porción de la ganancia invertida productivamente cayó porque era insosteniblemente alta a fines de los años ’70 y comienzos de los años ’80 —la inversión productiva equivalía a más del 100% de la tasa de ganancia después de impuestos— no porque la ganancia haya sido desviada de la producción bajo el neoliberalismo. Como mencioné antes, la caída en la tasa de ganancia después de impuestos da cuenta de toda la caída en la tasa de inversión productiva cuando consideramos el período de la segunda posguerra de conjunto.

4- En tu libro demostrás que la participación de las ganancias en el conjunto de la economía norteamericana no registró cambios importantes durante las últimas décadas. La proporción de los salarios en el ingreso nacional cayó marcadamente, pero al mismo tiempo el total de compensaciones por hora trabaja ha aumentado. ¿Creés que tiene algún impacto importante en la tasa de ganancia del sector corporativo el hecho de que algunos de estos beneficios son provistos por el gobierno?

Como vos decís, la participación de los salarios en el ingreso nacional ha caído, pero los componentes no salariales de la compensación a los trabajadores —haberes jubilatorios y beneficios de salud- se han incrementado notablemente. Así que en el sector corporativo, la remuneración total ha sido básicamente constante como proporción del ingreso (valor neto agregado) desde 1970, y es un poco mayor de lo que era antes de 1970. En la economía de conjunto, la remuneración de los trabajadores cayó ligeramente como proporción del ingreso nacional después de 1970, aunque aún es mayor de lo que era en 1960. Aunque esto es engañoso. Los trabajadores están viviendo más tiempo y retirándose antes, por lo que el hecho de que la remuneración de los trabajadores empleados en la actualidad haya caído ligeramente como proporción del ingreso parece deberse simplemente al hecho de que la proporción destinada a los trabajadores retirados aumentó. Cuando consideramos el ingreso total de la población trabajadora – remuneración total de los trabajadores actualmente empleados más los beneficios netos provistos por el gobierno a los trabajadores retirados, desocupados, veteranos y población pobre- observamos que su participación en el ingreso nacional aumentó marcadamente entre 1960 y 1970 y fue básicamente constante entre 1970 y 2007. Entonces el ingreso nacional no fue distribuido en desmedro de la clase obrera norteamericana bajo el neoliberalismo. Es por lo tanto erróneo decir que una redistribución hacia arriba del ingreso nacional o un aumento de la ganancia a expensas de los salarios hayan sido las causas subyacentes de la Gran Recesión en los EEUU.

No me parece que la tasa de ganancia se vea afectada por el hecho de que sea el gobierno, más que los empleadores, el que provee algunos de los beneficios que reciben los trabajadores. El gobierno obtiene el dinero para brindar estos beneficios básicamente aplicando impuestos a los asalariados, las compañías y los propietarios de estas últimas. La porción de los beneficios provistos por el gobierno que se financia mediante impuestos a los trabajadores no tiene efectos en las ganancias y de hecho no tiene tampoco ningún efecto en el ingreso total de los trabajadores –es la propia clase trabajadora la que paga esta parte de los beneficios que recibe. El resto de los beneficios provistos por el gobierno son financiados mediante impuestos a compañías y a sus propietarios, de tal modo que los trabajadores en realidad reciben estos beneficios de parte de las compañías y sus propietarios; el gobierno es en realidad un simple intermediario que toma los fondos de las compañías y sus propietarios y los utiliza para proveer beneficios a los asalariados.

5– Tu libro ilustra que la tasa de ganancia no se ha recuperado significativamente en los EEUU. También mostrás la misma tendencia en la tasa de ganancia de las inversiones extranjeras de corporaciones norteamericanas en 20 países. ¿Te parece que el mismo resultado podría alcanzarse si estudiamos la tasa de ganancia en otras economías desarrolladas? ¿Y si consideramos las llamadas “economías emergentes” como la India, China, Corea y otras economías del Sudeste Asiático?

En el mundo considerado de conjunto, la tasa de ganancia de las corporaciones norteamericanas también cayó sustancialmente, como muestro en el libro. Los datos para países individuales no se refieren en realidad a la cuestión que vos planteás, ya que atribuyen la inversión extranjera y la ganancia que esta reporta al país en el que se haya incorporado la subsidiaria de la compañía norteamericana, no al país en el que la producción se realiza, o aquel en el que se venden los productos. Por ejemplo, si una compañía norteamericana provee fondos a una subsidiaria que se encuentra radicada en los Países Bajos, produce en China, y vende en todo el mundo, esto se registra como una inversión extranjera en los Países Bajos, y la ganancia que recibe la empresa norteamericana se informa como proveniente de la subsidiaria en los Países Bajos.

Por lo tanto, aunque China, Corea y muchos otros países del Este Asiático no están entre los 20 países que yo observé, aquellos en los que en promedio al menos el 1% de la inversión extranjera norteamericana se halla localizada, los datos de los principales 20 países reflejan buena parte de la inversión y de las ganancias físicamente localizadas en estos países. Las inversiones físicas del capital norteamericano en China son especial y crecientemente significativas. Esto se ve claramente en otros datos, el empleo de las subsidiarias de los EEUU y el valor agregado por estas subsidiarias. Pero como los datos de inversiones y ganancias se basan en el país del que proviene la propiedad de los activos no es posible determinar nada sobre la tasa de ganancia de las multinacionales norteamericanas respecto de su producción en China, Corea, o de hecho respecto de la de ningún otro país.

Sin embargo, creo que las tendencias de la tasa de ganancia a nivel nacional aun son importantes, ya que comprobé que la caída en la tasa de ganancia de la inversión extranjera norteamericana fue muy amplia. Cayó en la gran mayoría de los 20 principales países, que están diseminados en todo el mundo y que obviamente producen mucho en las economías “emergentes”. Trabajos subsiguientes que hice sobre esta cuestión indican que la caída en la tasa de ganancia no se debió a caídas en la rentabilidad confinadas a una o dos ramas como la financiera o la manufacturera; también fue abarcativa en términos de composición económica. Como es altamente improbable que una declinación tan extendida de la rentabilidad de firmas de propiedad norteamericana fuera el resultado de factores que las afectaran de forma exclusiva, estos resultados sugieren que la tasa global de ganancia general, de firmas norteamericanas y no norteamericanas consideradas de conjunto, probablemente cayó también.

6– ¿Encontraste algún cambio significativo en la tasa de ganancias retenidas durante los últimos 30 años? ¿Te parece que tiene alguna relevancia para explicar las bajas tasas de inversión?

Las ganancias retenidas de las corporaciones norteamericanas han caído marcadamente como proporción del total de ganancias después de impuestos, ya que los pagos de dividendos han aumentado de forma considerable. Pero mi trabajo con Shannon Williams muestra claramente que esto es engañoso, como lo es la caída en las ganancias retenidas como porcentaje del capital adelantadoque describen Duménil y Lévy. Como vos señalás, la importancia de esta medida es supuestamente que las ganancias retenidas rigen los movimientos en la inversión productiva, en lugar de que lo haga el total de ganancias después de impuestos, ya que las ganancias que han sido distribuidas no pueden obviamente ser invertidas en la producción. Pero no es cierto que la proporción de la ganancia que es invertida productivamente deba caer si la proporción que es distribuida como dividendos aumenta, ya que las compañías pueden utilizar –y lo hacen- dinero prestado para financiar la inversión productiva.

Shannon Williams y yo observamos que entre 1947 y 1988 no hubo relación entre los cambios en los dividendos y los cambios en la inversión productiva, expresada como porcentaje de la tasa de ganancia después de impuestos. Y entre 1989 y 2007, hubo una relación débil pero positiva —la inversión productiva representó una proporción mayor de la ganancia, no una menor, cuando la proporción de los dividendos fue más elevada. Eso no habría sido posible si la única fuente de los fondos de inversión fuera la ganancia, pero es completamente razonable cuando reconocemos la importancia del crédito como fuente de la inversión. Ciertamente, hubo una relación muy estrecha entre préstamos e inversión productiva en los períodos de 1947-1988 y de 1989-2007. Obtuvimos estos resultados cuando observamos el conjunto del sector corporativo y miramos especialmente las corporaciones no financieras. Todo esto está discutido con mayor detalle en el trabajo que mencioné antes.

El hecho de que el dinero prestado es una fuente —cada vez más significativa— de fondos para la inversión productiva fundamenta nuestra conclusión de que la financierización y el neoliberalismo no causaron la caída en la inversión productiva como proporción de la ganancia, aunque la inversión financiera de las corporaciones, los pagos de dividendos y recompra de acciones hayan crecido de forma considerable en relación con la ganancia durante las últimas décadas. Si la ganancia fuera la única fuente de financiamiento, entonces un aumento en la inversión financiera, los pagos de dividendos y recompras de acciones en relación con la ganancia implicarían que este aumento desplazó a la inversión productiva. Pero como las corporaciones también utilizan dinero prestado, un efecto de desplazamiento tal no tenía por qué ocurrir, y no ocurrió.

Por estos motivos, no creo que la tasa de ganancia retenida sea un determinante particularmente importante de la tasa de acumulación. La tasa de ganancia es un determinante más importante.

7– Otros marxistas, como Anwar Shaikh, hacen eje en la baja tasa de interés desde comienzos de los años ’80 (después del Shock Volcker), y afirman que esto explica la recuperación de la tasa de ganancia. ¿Qué opinas de este planteo?

Bueno, como mencioné, la tasa de ganancia —esto eso, la tasa de retorno de la inversión— no se recuperó de forma sostenida, y cuando se utiliza una medida amplia de ganancia, la tasa de ganancia mantuvo una tendencia declinante. Así que no hay en realidad nada que explicar aquí. Los cambios en la tasa de interés podrán quizá dar cuenta de los cambios en la proporción entre la ganancia y la suma de dinero que las empresas requerirían para reponer todos sus bienes de capital hoy, pero nadie ha explicado jamás por qué esa razón es importante. Las empresas no reponen todos sus bienes de capital de una vez.

Los economistas fisicalistas han sostenido que esta proporción es la tasa de ganancia esperada, y que por lo tanto regula la tasa de acumulación. Pero simplemente no es la tasa de ganancia esperada. Es la ganancia a los precios de hoy como porcentaje del costo corriente de los activos fijos. La tasa de ganancia esperada es la ganancia a los precios esperados futuros como porcentaje del costo corriente de los activos fijos. Si una compañía utiliza 10 computadoras para producir 16 computadoras, la primera “tasa de ganancia” es de 60%. Pero ningún fabricante de computadoras esperaría una tasa de retorno del 60% sobre su inversión porque el precio de las computadoras cae marcadamente año tras años. Si el fabricante espera que los precios caigan un 25% entre el momento en que invierte en nuevas computadoras y el momento en que vende las computadoras que ha producido por medio de las mismas, entonces va a prever una tasa de retorno esperada de su inversión de sólo 20%, no 60%.

Sin embargo, la declinación en las tasas de interés es importante. Es el principal factor que evitó que la tasa de ganancia antes y después de impuestos siguiera cayendo a la par de la declinación de la tasa de ganancia de “ingresos de la propiedad”. Esto significa simplemente que las corporaciones conservaron una parte mayor de las ganancias totales para sí mismas porque la proporción de las ganancias que utilizaron para pagar sus deudas a los acreedores cayó.

8– ¿Cual opinás que es la perspectiva para los EEUU y la economía mundial después de la Gran Recesión? El consumo en los EEUU ha jugado un rol muy importante durante las últimas décadas, comprando las mercancías producidas en todo el resto del mundo. ¿Cuáles son las posibilidades de que cualquier otro país ocupe ese lugar?

Primero que nada, te digo que todo lo que cualquiera afirme sobre esto no es más que una hipótesis fundamentada. Montones de economistas proveen pronósticos, porque se les paga bien por hacerlo, pero nada en toda la teoría económica ni en ninguna otra, le confiera a nadie la habilidad de pronosticar de forma confiable más allá de unos pocos meses, tal vez un año o algo así. La teoría puede permitirnos hablar con conocimiento sobre las tendencias y sobre cómo se interrelacionan varias cosas, pero no sobre cosas como lo que qué le ocurrirá al capitalismo en la próxima década.

Como la economía global está crecientemente interconectada, es más difícil para cualquier país jugar el rol de un consumidor que empuje al alza a las economías de los países de los cuales importa. Incluso los EEUU sólo pudieron jugar ese rol de forma temporaria, por medio de tendencias insostenibles en el déficit de comercio y cuenta corriente. Los hogares norteamericanos todavía están sobrecargados con más deuda de la que pueden enfrentar, y las compañías están demasiado inseguras sobre el futuro como para incrementar su inversión, por lo que no es probable que la demanda de importaciones de los EEUU apoye al mercado mundial. El crecimiento en China se está enlenteciendo, en parte por una demanda débil en los países a los que exporta, y hay algunas señales de que su economía podría afrontar problemas serios en el futuro —una crisis bancaria y/o un colapso en su burbuja inmobiliaria. Con excepción de Alemania, las principales economías europeas todavía están recuperándose de la recesión, y debido a las preocupaciones sobre los niveles de deuda, sus políticas son de austeridad, no de estímulo. Hollande, el nuevo presidente francés, quiere cambiar la orientación, pero dudo que vaya a cambiar, excepto tal vez en el corto plazo. La orientación actual está enraizada en las realidades económicas, no sólo en la doctrina. Y el grave problema de la deuda soberana en la eurozona está arrastrando a toda la economía mundial porque hace que el futuro sea tan incierto que afecta la inversión. Así que no veo ningún país o región que esté en posición de jugar el rol de comprador de la producción global.

Además, no creo que sea probable que la economía mundial se expanda con rapidez. Hay mucha deuda incobrable, y poca perspectiva de que la rentabilidad vaya a rebotar de forma sostenible, porque la inversión acumulada es muy grande con relación a la ganancia que puede generar. Y el estímulo gubernamental artificial de la economía ya ha alcanzado básicamente sus límites. Por lo tanto es probable que tengamos más de lo mismo: alto desempleo, ejecución de inmuebles, bancarrotas, crisis de deudas y bancarias, etc. No creo que vaya a haber un nuevo boom bajo el capitalismo sin destrucción en gran escala de valor (incluyendo reducción de deuda incobrable y otras formas de valor ficticio) que prepare el escenario para un restablecimiento de la rentabilidad.

La cuestión principal es entonces si los gobiernos de los principales países conseguirán diseñar un aterrizaje suave, en el que la destrucción de valor ocurra gradualmente, sin crisis, agitaciones sociales y/o guerras de envergadura. Han tenido bastante éxito durante décadas, y recientemente, pateando el problema para adelante tapando deuda mala con otra aún peor. Pero esta estrategia podría estar acercándose a su límite al elevarse los indicadores de deuda del gobierno. Y el persistente malestar económico, la deuda creciente, y la quita de más del 70% que algunos de los acreedores de Grecia tuvieron que aceptar debe estar erosionando la confianza de los acreedores de que las deudas contraídas con ellos serán pagadas. Esto hace que crisis financieras de la escala de la de 2007–2008, o aún peores, sean más probables.

Lo más esperanzador es la agudización de la lucha de clases que se está dando en varias formas en todo el mundo, y el hecho de que están aprendiendo y solidarizándose unos con otros. Yo creo que una salida socialista de esta crisis es una posibilidad histórica ahora, pero sólo si estas luchas confluyen con posturas políticas serias, racionalistas, que digan que “las soluciones que se han intentado para arreglar el capitalismo no están funcionando, pero no sabemos realmente lo que debe cambiarse para superar al sistema. Así que la única solución sos vos. De vos depende tomar el control del proceso de averiguarlo. Una vez que sepas lo que estás haciendo, podrás hacer algo más que expresar tu enojo y llamar a los líderes para que te ayuden. Vos podés asumir el control”.

9 – ¿Cómo ves la situación y posición del marxismo en las ciencias sociales (y especialmente en la ciencia económica) en los EEUU? ¿La crisis económica en curso cambió algo en este campo? ¿Cuál es la situación dentro de la “economía marxista?

Nunca hubo muchos economistas marxistas radicales en los EEUU, y ahora hay muchos menos que en los años ’70. Las opiniones y teorías de los que se mantienen también se han vuelto más convencionales. Los campos como la ciencia política y la sociología han experimentado las mismas tendencias, aunque el marxismo siempre ha sido más respetable en esos campos. Pero yo tengo poco contacto con marxistas académicos de otras disciplinas. Ellos son mayormente indiferentes a la crítica de Marx a la economía política, y los académicos tienden a ser muy exclusivistas.

Durante algunas décadas, Marx fue tratado con creciente falta de respeto tanto en la academia como en los círculos políticos de la izquierda. Pero al estallar la crisis, la gente común, e incluso los economistas en cierta medida, se volvieron más abiertos a aprender qué luz podían echar las ideas de Marx sobre la crisis. La gente estaba confundida y temerosa, lo cual la volvió más abierta.

Esta era una oportunidad tremenda. Pero las principales corrientes de economistas radicales y marxistas tenían excesivamente poco que ofrecer como respuesta, porque también estaban confundidos, y especialmente porque casi todos ellos aceptan en los hechos el credo de Thatcher de que “no hay alternativa” al capitalismo. Durante el pánico de septiembre de 2008 se enfrentaron con un gran problema. No aprobaban el salvataje de las grandes instituciones financieras —pocos lo hacían— y podrían haber querido capitalizar el sentimiento populista antibancos. Pero como no tienen expectativas en el socialismo, no tenían alternativa que proponer. Entonces algunos de ellos, como el fallecido historiador Howard Zinn y el economista izquierdista Dean Baker, ¡afirmaban que no había ninguna crisis seria!

Más recientemente, economistas izquierdistas, incluyendo marxistas, han pedido más gasto público e impuestos más elevados a los ricos, para poder mantener la deuda estatal bajo control, o un capitalismo con fuerte manejo estatal como el que existe en China, o control y/o propiedad estatal de las instituciones financieras. Para muchos de ellos, el principal enemigo no es el capitalismo sino el neoliberalismo. Las afirmaciones de que la Gran Recesión es una crisis del neoliberalismo y de la financierización, más que una crisis del capitalismo, están estrechamente relacionadas con esta orientación política. Economistas marxistas como Prabhat Patnaik, Alfredo Saad-Filho, Michel Husson, y Duménil y Lévy, se han pronunciado explícitamente por una alianza policlacista contra el “capitalismo financierizado” o están a punto de hacerlo. Si uno se ha desmoralizado con respecto a cualquier autoactividad independiente de los trabajadores y campesinos, esta parece ser la mejor alternativa.

Los economistas marxistas, como disciplina académica, han estado en continua desintegración desde fines de la década de 1970 o comienzos de la de 1980. Cuando escribí Reclaiming Marx’s “Capital”—fue completado en 2006— lo hice para el futuro. Llegado a ese punto, ya no creía que hubiera una chance realista de que reviviera, en un momento cercano, un trabajo intelectual basado en la crítica de Marx a la economía política. Debido a la crisis económica global, el futuro podría estar mucho más cerca de lo que esperaba. Pero sigo sin ser optimista. El marxismo académico ha girado tan a la derecha de Marx que ni siquiera la mayor crisis desde la Gran Depresión puede revertirlo. Existe cierta recuperación de los economistas izquierdistas, pero ningún retorno a Marx.

Un retorno a Marx todavía podría ocurrir, especialmente si no se produce ninguna recuperación genuina. Los jóvenes y el común de la gente podrían empezar a buscar respuestas que no encuentran en otro lado. Pero esto está lejos de estar asegurado. Un obstáculo es que las divisiones entre intelectuales y activistas han crecido de forma considerable. Otro es que hay tantas perspectivas diferentes en disputa en internet, de forma caótica, que es muy difícil saber con qué se encontrará la gente que busca respuestas.

Otro obstáculo muy importante es que, como ha habido muy poco trabajo intelectual basado en la crítica de Marx a la economía política en una generación o más, los jóvenes no saben casi nada al respecto. Pero eso también era cierto a fines de los años ’60 y comienzos de los años ’70, cuando se produjo cierta revitalización. No duró, pero fue en parte por lo que probó ser un gran error: la confianza en los recursos de la academia —trabajos, estudiantes, revistas, etc.— para revivir la crítica marxista de la economía política. Los jóvenes intelectuales radicales pensaron que podían usar la academia, pero esta terminó usándolos a ellos.

Ese error puede evitarse, pero no va a ser fácil. Deben crearse lo que yo llamo “zonas intelectuales autónomas” fuera de la academia, y eso va a requerir recursos significativos. Se requiere investigación colectiva sostenida, y esto no puede lograrse con algunos pocos individuos haciendo ese trabajo en gran medida durante su tiempo libre. Los recursos necesarios probablemente tendrán que venir de grupos políticos e individuos simpatizantes, pero primero deberán ser persuadidos de que las zonas intelectuales autónomas son una prioridad.

Algo como esto existió durante la Segunda Internacional, especialmente en Alemania. No era una panacea, por supuesto —la Segunda Internacional colapsó cuando comenzó la Primera Guerra Mundial. El punto es nada más que las zonas intelectuales autónomas son una posibilidad realista. No son lo único que se necesita para revivir el trabajo intelectual basado en la crítica de Marx a la economía política, pero no veo cómo puede haber una revitalización sin ellas. Las ideas no tienen alas; necesitan gente y recursos para llevarlas adelante. Así que creo que la próxima idea clave es ayudar a establecer zonas intelectuales autónomas.

10 – Hace unos años publicaste Reclaiming Marx’s Capital, en el que desarrollás el “Sistema Temporal Singular de Interpretación” (TSSI). ¿Cuáles son las principales afirmaciones del TSSI? ¿Cuál dirías que es el reto principal al cuál este enfoque responde? Y, finalmente ¿cuál te parece que es la importancia de este debate para la crítica marxista de la economía política?

El TSSI es una respuesta a las afirmaciones de que la teoría del valor de Marx, incluyendo la ley tendencial de la caída de la tasa de ganancia —que está arraigada en la teoría del valor y es el núcleo de su teoría de las crisis económicas— son internamente inconsistentes y por lo tanto lógicamente inválidas. El TSSI elimina la aparente inconsistencia en la dimensión cuantitativa de la teoría.

De acuerdo con la interpretación estándar de la teoría de Marx, la valuación ocurre “de forma simultánea” —los insumos de la producción y el producto que emerge posteriormente del proceso productivo deben tener el mismo precio o valor unitario— y los valores y precios están determinados en dos sistemas separados, uno en el que los valores de los productos dependen de los valores de los insumos y otro en el que los precios de los productos depende de los precios de los insumos. Pero de acuerdo con el TSSI, la valuación en la teoría de Marx ocurre temporalmente —en tiempo real— así que los insumos y los productos pueden tener diferentes precios y valores. Y los precios y valores están determinados de manera interdependiente -ambos dependen en parte de los insumos- aunque son distintos. Cuando los conceptos y argumentos de Marx son interpretados de acuerdo con este enfoque, son internamente consistentes.

Todo esto parece muy técnico e incomprensible, pero el punto es muy importante porque las afirmaciones de supuestas inconsistencia son muy importantes. Los argumentos internamente inconsistentes no pueden bajo ninguna posibilidad ser correctos. De forma que las teorías basadas en argumentos internamente inconsistentes no son lógicamente válidas. Incluso si todas las premisas de la teoría son ciertas, la conclusión podría ser falsa. Así que las teories basadas en argumentos internamente inconsistentes deben ser corregidas o rechazadas. De este modo, el mito de la inconsistencia sirve como la principal justificación para la supresión y “corrección” de las teorías de Marx del valor, la ganancia y las crisis económicas. Por ejemplo, solía ser casi imposible publicar trabajos que buscaran explicar fenómenos económicos sobre la base de la teoría de Marx en su forma original —simplemente serían rechazados con el fundamento de que la teoría había “probado” ser internamente inconsistente— y aún es bastante difícil.

De este modo, los esfuerzos para regresar y desarrollar más la crítica de Marx a la economía política, en su forma original, no serán exitosos mientras persista el mito de la inconsistencia. Y porque hay tantas formas distintas de “corregir” a Marx —mantener esta parte de su trabajo, revisar otra, descartar una tercera, etc.— el mito de la inconsistencia ha facilitado el desmembramiento de lo que era, originariamente, una totalidad político-económico-filosófica en una variedad de proyectos marxistas mutuamente indiferentes.

Pero al eliminar todas las aparentes inconsistencias internas, el TSSI muestra que las inconsistencias no están realmente en El capital; se producen por interpretaciones particulares tales como la que he llamado interpretación estándar. Las inconsistencias son por lo tanto inevitable, y las acusaciones de inconsistencia no están probadas. Más aún, estas afirmaciones deberían ser rechazadas porque no son plausibles. No es verosímil que una interpretación sea correcta si no logra que el texto tenga sentido al producir inconsistencias en una situación en la que pueden evitarse. Y como las acusaciones de inconsistencia están basadas en interpretaciones inverosímiles, las alegaciones son implausibles también.

Sin embargo, el TSSI sólo demuele los argumentos sobre los que se basa el mito de inconsistencia. No barrió –y no puede hacerlo- con el mito de inconsistencia en sí mismo. Ese mito persiste. De esta forma la supresión de la teoría original de Marx, y de la investigación basada en ella persiste también, como lo hace la práctica de caracterizar las alternativas a la teoría de Marx como correcciones de ella. Para demoler el mito de la inconsistencia, es necesario un esfuerzo concertado para aclarar la cuestión y para exigir retractación de aquello que han sostenido falsamente que las inconsistencias han sido probadas.

11 – ¿Cuáles son las principales objeciones contra el TSSI que han planteado los economistas neoricardianos en respuesta a tu planteo? ¿Y qué ocurrió con otros economistas marxistas?

Ha habido un montón de objeciones por parte de los sraffianos y de los marxistas fisicalistas. A los fines de responder lo más concisamente posible voy a ignorar las objeciones que se basan en interpretaciones erróneas de lo que se discute y aquellas basadas en lo que hemos mostrado que son errores matemáticos.

Algunas son objeciones a la teoría del valor de Marx cuando es interpretada de un modo que tiene sentido –esto es, como un teoría temporal y de un sistema singular. Ha habido dos objeciones centrales de este tipo. Una es que la teoría de Marx supuestamente se vuelve trivial –ya no “prove[e] un conjunto de proposiciones respecto de cómo es el mundo” (Mongiovi, Gary. 2002. Vulgar Economy in Marxian Garb: A critique of temporal single-system Marxism, Review of Radical Political Economics 34:4, p. 413)- cuando es interpretado de un modo que hace que tenga sentido. Es difícil tomarse esta objeción en serio. La ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia, la conclusión de que el precio y la ganancia totales son determinadas por e igualan al valor y al plusvalor totales, y la teoría de que el plusvalor es la fuente exclusiva de la ganancia son proposiciones significativas para casi todo el mundo. Ciertamente, es en buena medida por estas proposiciones que la teoría de Marx es atacada y suprimida. Ninguna de estas proposiciones tiene sentido, todas son lógicamente inválidas, cuando Marx es interpretado como un teórico simultaneísta y de un sistema dual, pero todas tienen sentido cuando es interpretado como un temporalista de un sistema singular. La objeción es en realidad al hecho de que cuando la teoría de Marx es coherente, no es un conjunto de proposiciones sobre las cosas que los sraffianos consideran significativas –equilibrio estático de precios y equilibrio estático de la tasa de ganancia–.

La otra objeción principal de este tipo ha sido que los precios (y los valores) determinados temporalmente supuestamente involucran “regresiones infinitas”. Los precios de los insumos de un período dependen de los precios de los productos del período precedente, que a su vez dependen de los precios de los insumos de ese período, etc. En última instancia, dependen de lo que eran los precios cuando ocurrió el Big Bang o lo que sea. Como no sabemos nada sobre los precios “originales”, la teoría temporalista supuestamente no puede explicar “realmente” por qué los precios están en ciertos niveles en lugar de otros.

Pero una “regresión infinita” análoga ocurre en las teorías sraffiana y marxista fisicalista. Estas teorías tratan de deducir los precios y la tasa de ganancia sobre la base de cantidades físicas de insumos y productos. Pero los insumos físicos de un período dependen de los productos físicos del período previo, que a su vez dependen de los insumos físicos de ese período, etc. En última instancia, dependen de lo que eran los insumos cuando ocurrió el Big Bang. Como no sabemos nada sobre los insumos físicos “originales” las teories sraffiana y marxista fiscalista no pueden explicar “realmente” por qué las cantidades físicas están en ciertos niveles en lugar de otros, y por lo tanto no pueden deducir “realmente” los precios y la tasa de ganancia.

Esta es una objeción ridícula, pero no es más ridícula que la que ellos plantean. Es ridícula porque sus teorías no tratan de deducir los precios y la tasa de ganancia “como tales”; intentan deducir los precios y la tasa de ganancia sobre la base de las cantidades físicas dadas hoy. Su objeción es igualmente ridícula porque la teoría de Marx no intenta explicar los precios y valores de la producción “como tales”; trata de explicarlos sobre la base de precios de insumos y valores ahora. Todas las teorías temporales son así. Por ejemplo, las leyes de Kepler del movimiento planetario no predicen la posición del planeta “como tal” predicen la posición futura del planeta dada su posición hoy.

También ha habido objeciones de que el TSSI no es una interpretación exegéticamente correcta de la teoría de Marx. La principal objeción de este tipo se refiere al hecho de que el TSSI implica que lo que Marx llamaba “precios de producción” –los precios que existirían si las tasas de ganancia fueran iguales en toda la economía– no son precios de producción en un equilibrio estático. Y esto implica que la tasa de ganancia hipotéticamente igualada tampoco es una tasa de en un equilibrio estático. Pero los sraffianos y algunos otros han sostenido que cuando Marx discutía los precios de producción y la tasa de ganancia hipotéticamente ecualizada, se estaba refiriendo a magnitudes en equilibrio estático.

Sin embargo, no han logrado ofrecer ninguna evidencia textual en apoyo a este planteo. En los pasajes que cita, Marx escribe que los precios efectivos en un ambiente competitivo tienden a fluctuar alrededor de los precios de producción, y que las tasas efectivas de ganancia tienden a fluctuar alrededor de la ganancia promedio. Por lo tanto los precios de producción son precios promedio y la tasa general de ganancia es la tasa promedio. Son diferentes conceptualmente, y también difieren cuantitativamente con frecuencia, muchas veces en gran medida. Por ejemplo, como señaló Alan Freeman, “el comportamiento promedio de una tabla de surf empujada por una ola es muy distinto del comportamiento de la misma tabla en un mar calmo” (Freeman, Alan. 1984. The Logic of the Transformation Problem. En Mandel, Ernest and Alan Freeman (eds.), Ricardo, Marx and Sraffa: The Langston memorial volume, Londres, Verso, p. 232), es decir, lo que habría sido su comportamiento en un ambiente de equilibrio estático.

Ha habido otras objeciones de ambos tipos, pero creo que estas han sido las más importantes —si usamos el término “importante” para significar las más comunes. Yo no creo que estas, ni ninguna otra de las objeciones provenientes de los sraffianos y los marxistas fisicalistas sean intelectualmente serias.

La única objeción que considero intelectualmente seria es una presentada por Changkeun Kim en 2010 (“The Recent Controversy on Marx’s Value Theory: A Critical Assessment,” Marxism 21 vol. 7, no. 2, Summer 2010, http://nongae.gsnu.ac.kr/~issmarx/eng/a ... 18_kim.pdf). Él sostuvo que el TSSI parece ser culpable de un razonamiento circular, porque los precios parecen estar determinados en parte por la expresión monetaria del tiempo de trabajo (MELT), mientras que el MELT a su vez está determinado parcialmente por los precios. Alan Freeman y yo nos tomamos este asunto muy seriamente y le respondimos extensamente (Alan Freeman y Andrew Kliman, “A Welcome Step in a Useful Direction: A Response to Changkeun Kim,” Marxism 21 vol. 8, no. 2, Summer 2011, http://nongae.gsnu.ac.kr/~issmarx/eng/a ... iman22.pdf).

La versión corta de nuestra respuesta es que el TSSI no es culpable de razonamiento circular porque ni siquiera se refiere a la cuestión de si los precios determinan el MELT o el MELT determina los precios. El TSSI es una interpretación exegética de la teoría del valor de Marx. Como su teoría no se refiere a esta cuestión —se mete con ella, pero en lo que podría llamarse su teoría monetaria, no su teoría del valor- tampoco lo hace el TSSI.

En realidad, yo creo que el silencio del TSSI en esta cuestión, y no su circularidad, es la cuestión subyacente que atribuló a Kim. Él quiere una teoría de cómo se determina el precio nominal del producto. También Freeman y yo, al igual que Marx. Así que Freeman y yo desarrollamos una posición sobre esta cuestión en nuestra respuesta a Kim, en la que afirmamos que los cambios en el precio nominal del producto conducen a cambios en el MELT, no a la inversa. Pero esta es nuestra opinión personal, no “la del TSSI”. No puede haber una “opinión del TSSI” porque éste es solo una interpretación de aspectos de la teoría del valor de Marx, y este tema no está, estrictamente hablando, en la teoría del valor.


A lo mejor a Rezzonics le resulta interesante, ya que Kliman impugna la tesis de Dumenil y Levvy que la crisis se debe al "neoliberalismo" (es decir a una manera particular de hacer política económica) sino que es una crisis del propio sistema capitalista (Marx según Kliman predijo crisis capitalistas recurrentes, que era la forma en que se restauraba la tasa de ganancia que había bajado no el colapso inevitable del capitalismo)

Los marxistas son pocos y están enfrentados. Entre los de la forma-valor, los sraffianos (cada vez menos marxistas) los de la Interpretación del Sistema Único Temporal, como Kliman, los marxistas analíticos, Shaikh etc, etc, etc

Como dice el propio Kliman, al final pareciera que "everyone is his own marxist"

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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Klimsn se viene a España y hemos quedado con el en Valencia. Genial, para variar será fenómeno hablar con un tipo que tiene idea de lo que habla.

Y bueno un poco fiesta no viene mal.

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NotaPublicado: Mar Mar 15, 2016 9:03 pm 
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Pos mu majo que fue.

Reproduzco una parte de un capítulo suyo (con su permiso) traducida por moi:

Citar:
La crítica de Böhm-Bawerk.

Dos años después de la publicación del Tomo III, Böhm-Bawerk, un destacado miembro de la Escuela Austriaca de Economía, puso en tela de juicio la solución de Marx. La crítica de Böhm-Bawerk ha sido muy influyente entre los economistas convencionales, ya que refleja su punto de vista de que sólo el precio y la ganancia, y no el valor y el plusvalor, tienen importancia en el mundo real. También ha ejercido mucha influencia entre no economistas, seguramente porque es más sencilla que las críticas posteriores planteadas por los autores fisicalistas-simultaneistas. Como Samuelson desdeñó esta crítica (1971: 423) la literatura especialista prácticamente ha hecho caso omiso de la crítica de Böhm-Bawerk. Pero me enfrentaré a ella por dos motivos. En primer lugar, los no especialistas suelen confundirla y mezclarla con la crítica de Bortkiewicz y otros simultaneistas, por tanto es importante separarlas. En segundo lugar emplearé la crítica de Böhm-Bawerk y la contra-crítica de Postone (1993) para ilustrar una idea que presenté en la sección 1.3: el planteamiento de un “problema de la transformación” no puede ser refutado propiamente argumentando que los críticos han entendido mal las intenciones de Marx.

La crítica de Böhm-Bawerk es muy distinta de críticas posteriores, sobre todo porque no dice que la solución de Marx adoleciera de inconsistencias internas. Por el contrario, escribió que “es bastante cierto que el precio total pagado por todo el producto nacional coincide exactamente con el monto total de valor incorporado en él”. (Böhm-Bawerk 1984: 36). Cuando sostenía que El Capital era auto-contradictorio lo que quería decir era que “el tercer tomo del capital contradice el primero”. (Böhm-Bawerk 1984: 36). La presunta contradicción a la que se refiere no se halla en el seno del capítulo 9 del Tomo III, sino entre este y el Tomo I.

Böhm-Bawerk (1984: 28) afirmó que Marx había sostenido en el Tomo I que las mercancías tienden a venderse a sus valores, al menos a largo plazo, y había prometido conciliar esa proposición con la proposición de que las mercancías tienden a venderse a sus precios de producción. Así era la lectura de Böhm-Bawerk de la referencia de Marx a su próxima solución de esta contradicción aparente”)

Pero el capítulo 9 del Tomo III sencillamente reprodujo la contradicción entre ambas proposiciones, sin conciliar nada.

Es importante recalcar que Böhm-Bawerk estaba analizando proposiciones contradictorias porque como se verá, Postone pasa por alto este hecho. Al comienzo de su capítulo sobre “El Tema de la Contradicción” Böhm-Bawerk (1984: 28-29) alude a la “incompatibilidad real de estas dos proposiciones” y las moteja de “dos proposiciones inconciliables”.

La razón por la que Böhm-Bawerk negó que Marx hubiera reconciliado la ley del valor con los precios reales era que creía que lo que importaba de verdad era la desviación de los precios individuales de los valores. La igualdad del conjunto no importa.

“El principal objeto de la “ley del valor” […] no es sino la elucidación de las relaciones de cambio tal y como se nos presentan en la realidad […] Es claro que el propio Marx concibe de ese modo el objeto explicativo de la ley del valor”. (Böhm-Bawerk 1984: 34, énfasis añadido). Aunque es “bastante cierto” que el precio total igual el valor total, es irrelevante, porque nada tiene que ver con las “relaciones de cambio” las proporciones en las que se intercambian los bienes. Böhm-Bawerk quería decir que Marx nos cuenta que los bienes A y B se venden juntos por 3 euros, cuando la cuestión aquí es saber por qué A se vende a 2 euros y B a 1 euro, o si A se vende por 1 euro y b por 2.

Además, argumentaba Böhm-Bawerk (1984: 35) la solución de Marx ni siquiera supone una respuesta a una pregunta diferente, sino una simple “perogrullada”. La afirmación de que el precio total de A y B es de 3 euros no aporta conocimiento alguno, ya que “las mercancías acaban cambiándose con otras mercancías, cuando uno penetra a través del disfraz del empleo del dinero”. Si abstraemos el dinero, vemos que el precio total de A y B no es otra cosa que A y B.

La práctica interpretativa de Böhm-Bawerk era especiosa. Su interpretación de lo que quería decir Marx cuando prometió resolver la “contradicción aparente” era muy traída por los pelos. ¿Es que Marx, un doctor en filosofía, podía haber prometido mostrar que las “mercancías tienden a venderse a sus valores” y que “las mercancías no tienden a venderse a sus valores” no son realmente, sino sólo aparentemente, proposiciones contradictorias. Dado lo improbable de esta interpretación, y especialmente su incapacidad de dar sentido a la solución de Marx, Böhm-Bawerk debería haber tratado de encontrar una interpretación más adecuada. No hay prueba alguna en su texto de que tratara de hacerlo.

Las pruebas textuales directas también indican que su interpretación era bastante floja. Citó varios extractos, nunca una frase completa siquiera, del Tomo I fuera de contexto y parafraseó otros (Böhm-Bawerk 1984: 12-13, 29- 30), interpretándolos en el sentido de que se estaba afirmando que las mercancías tienden a venderse a sus valores. Yo podría aportar interpretaciones alternativas de los fragmentos mucho más razonables, pero necesitaría un capítulo entero.

Existen, además, dos pasajes en el Tomo I, señalados por Hilferding (1984: 156-57) en su respuesta de 1904 a Böhm-Bawerk en los que Marx dice categóricamente que las mercancía no se venden a sus valores, incluso en promedio. Al final del capítulo 5, cuando por primera vez supone que las mercancías se venden a sus valores, Marx avisa que no es así en realidad, incluso a largo plazo;

“¿Cómo podemos dar cuenta del origen del capital suponiendo que los precios se regulan por el precio medio (precio de producción), es decir, en última instancia, por los valores de las mercancías? Digo “en última instancia” porque los precios medios no coinciden directamente con los valores de las mercancías, como creen Adam Smith, Ricardo, y otros” (Marx 1990a: 269, n24).

En el capítulo 9 señala, “hasta ahora hemos supuesto que los precios son iguales a los valores. Pero ya veremos en el Tomo 3 que en el caso de los precios medios el supuesto no puede formularse de esta manera tan sencilla (Marx 1990a: 329, n9).

Estas afirmaciones invitan claramente a pensar que la supuesta contradicción entre lo que Marx dijo en el Tomo 1 y lo que concedió en el Tomo III no existe.

Otro aspecto de la crítica de Böhm-Bawerk es igualmente defectuoso. Si conclusión de que la igualdad del precio total y el valor total es una perogrullada se basa plenamente en su premisa muy discutible de que el dinero es un velo innecesario. Marx no aceptó está premisa, ni Keynes, ni sus seguidores. Böhm-Bawerk planteó un argumento para respaldar esta premisa, pero no llegó a demostrarla realmente, especialmente porque el hecho de que las mercancías “acaben” intercambiándose con otras mercancías no implica que el dinero y el valor no desempeñen otros valores esenciales aparte del proceso de intercambio.

Pensemos en el PIB. Es un concepto significativo, y de alguna forma tiene que serlo, ya que las empresas y los gobiernos responden cuando sube o baja, y también lo es el precio total, ya que el PIB es sencillamente la diferencia entre el precio total y el gasto en los “insumos intermedios”. Böhm-Bawerk tenía derecho a su teoría de que el dinero es sólo un velo, pero si no tenía una demostración concluyente de la falsedad de la teoría contraria de Marx, no tenía derecho a declarar la solución de Marx una perogrullada
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NotaPublicado: Mar Mar 15, 2016 9:04 pm 
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Hace poco he vuelto a leer a Bernstein, por cierto, y me han entrado ganas de... (censurado)

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 Asunto: Re: Economía socialista y marxismo.
NotaPublicado: Dom Mar 27, 2016 7:54 pm 
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¿Algún estadístico en la sala? Me ha hecho gracia esta comparación mientras estaba traduciendo:

Citar:
11.4 El problema de las correlaciones espurias.

Freeman (1998) llama la atención sobre un hecho que no había sido suficientemente valorado: unas acusadas correlaciones entre precios y valores pueden no constituir una prueba válida, debido a un problema conocido como correlación espuria. Si una correlación entre dos variables desaparece o se reduce sustancialmente cuando controlamos por la influencia de una tercera variable "oculta", es decir, introducimos una variable de control, la correlación es espuria. La palabra "espuria" es algo engañosa, ya que la correlación es un hecho estadístico, pero la cuestión es que no se puede utilizar de válidamente como prueba de una relación auténtica entre las dos primeras variables.

La fuerte correlación entre el número de bomberos (B) que acuden a apagar un incendio y la cuantía en euros de los daños (D) que se producen es un ejemplo bien conocido de correlación espuria. Cuanto más grande es B, mayor es D. Sin embargo, no sirve para concluir que con los bomberos causan el daño (o viceversa). Lo que en realidad ocurre, por supuesto, es que hay una tercera variable, el tamaño (T) del fuego, es el origen de la relación entre B y D: los incendios de mayores dimensiones hacen que se presenten más bomberos y ocasionan más perjuicios que los pequeños. Si tenemos bajo control las diferencias en T, queda poca correlación entre B y D, por lo que la correlación original es espuria.

De forma análoga, el tamaño de la industria (T) puede ser una tercera variable que hace que el nivel de valores de cada industria (V) y los precios (P) se muevan en consonancia. Si tenemos bajo control las diferencias en t, resta poca o ninguna correlación entre V y P por lo que la correlación original es espuria. 4

Cockshott y Cottrell (2005) han argumentado que es un error preocuparse por esto, ya que V y P son en sí mismas una medida del tamaño de la industria. Cuando decimos que una industria es grande o pequeña, igual pudiéramos decir que V y P son grandes o pequeñas .5 El “tamaño” no sería una tercera variable distintiva que provoca que varíen en consonancia.

El problema con este argumento es que los estudios empíricos sobre la relación entre valor y precio han utilizado datos del gobierno que por necesidad son muy agregados, y los estadísticos del gobierno crean diferencias en los tamaños de las industrias cuando se agregan muchas industrias en menos. Por ejemplo, una industria agregada puede contener dos “sub-industrias” y otra contener veinte.


Para rebatir a un marxista no hay nada como otro marxista. :rolleyes:

El tema de las correlaciones espurias y el olvidar la tercera variable oculta es algo que se nos da muy bien en excolar. :lol:

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Traducción al español por Huan Manwe