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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Mar Ago 22, 2017 5:09 pm 
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Ya sea en los imperios macedonio, romano o británico, las monedas y los impuestos imperiales transformaron comunidades autosuficientes en productores de mercancías. La monetización transformó la esclavitud doméstica limitada en la despiadada explotación de los latifundios, disparando el excedente que mantenía a la clase dirigente urbana. El efectivo unía al Estado a la aristocracia, por medio de una cadena de producción y manejo de mercancías con productores primarios libres o esclavos. Desde el momento en que el Estado acuñó moneda y obligó a que se pagaran los impuestos en su propia moneda, la gente vio al mundo en un espejo de plata, y en un espejo todo está al revés. Cuando se les forzó a dar al César lo que era del César, el mismo instrumento de su sumisión, la moneda, pareció como la fuente de la verdadera riqueza. Sus cosechas y máquinas verdaderamente útiles pasaron a verse como meros instrumentos para hacer dinero, que sólo ahora contaban como valor real. En la época de transición a lo que Aristóteles denominó la Crematística o la búsqueda incesante de lucro, ya los poetas y filósofos se daban cuenta del absurdo que suponía. La parábola de Midas, el rey de la nación donde se inventaron las monedas, desmitificó la imagen en el espejo del dinero, pero la humanidad, sin prestar atención a los poetas y moralistas, siguió siendo forzada a vivir esa ilusión.

(FIN DEL CAPÍTULO 3. MORALEJA. BRITISH > GERMAN)

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Mar Ago 22, 2017 5:12 pm 
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El otro día, un amigo mío, Ricardo, no el de aquí, otro, me estuvo explicando cosas del Lacan con Grelos ese y de lo real inefable que no se puede reducir a discurso, si yo le entendí bien. Alomojó ahí llegan, efestivamente, la poesía, la fábula y hasta los mitos religiosos.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Jue Ago 24, 2017 3:26 pm 
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Capítulo 4.

Economía campesina.


"El poder de cercar tierras y convertirse en propietario fue impuesto por vuestros antepasados por el hierro, asesinando a otros hombres y robando sus tierras, que en herencia recibisteis. Por consiguiente, aunque vosotros no matasteis ni robasteis, conserváis ese maligno estado de cosas por el poder de la espada; y justificáis las inicuas acciones de vuestros antepasados, pero ese pecado de vuestros padres volverá para atormentaros a vosotros y a vuestros hijos, hasta la tercera y cuarta generación y más aún, hasta que vuestro poder sangriento y ladrón sea erradicado de esta buena tierra".

Gerard Winstantley.

La economía anterior a las sociedades de clases analizada en el capítulo segundo constituía un sistema mundial, o, expresado de otro modo, un estadio universal del desarrollo social. La economía capitalista que analizaremos en el capítulo 5, se ha convertido igualmente en un sistema global, un estadio prácticamente universal de desarrollo económico. La economía esclavista del capítulo 3 está en una relación de contraste con las aludidas debido al hecho de que solamente se impuso en ciertas partes del mundo, en intervalos muy amplios. Los “mundos” de la esclavitud eran los mares y las costas. En este capítulo regresaremos a una forma prácticamente global: la economía campesina, con sus particulares modalidades de explotación.

En algunas partes del mundo no se dio la economía campesina, o, al menos, nunca la experimentaron mediante un desarrollo autóctono y orgánico: las regiones boreales, las estepas, y las zonas semidesérticas. Pero ha constituido, en la historia sedentaria de la humanidad, la forma más duradera y más extendida de economía. En el esquema tradicional marxista la economía campesina se subsumía en las categorías de feudalismo o el modo de producción asiático, siendo este último una rama que quedaba colgando en una bonita secuencia histórica como la que aparece en la gráfica 4.1.

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En contraste con la secuencia tradicional presentaremos un modelo en el que existe un modo campesino de producción en cuyo contexto son posibles diversos tipos de estructuras de clase. Por el momento limitémonos a considerar a todas las economías campesinas como un grupo y reemplazar el modelo secuencial de la gráfica 4.1 con algo más parecido a la gráfica 4.2. Este tipo de gráfica (ver también la Gráfica 3.2) es lo que se denominaría ahora un proceso Markov o un diagrama de transición de estados.

Los procesos de Markov son una forma de conceptualizar la evolución temporal de los sistemas con un número finito de estados distintivos. Las elipses en los diagramas son estados, y las flechas con leyenda, a las que con frecuencia se las denomina arcos, que se hallan entre ellos representan posibles transiciones. Para que se trate de un modelo de Markov propiamente dicho los arcos con leyenda tendrían una probabilidad vinculada con ellos, ofreciendo la probabilidad de que acaeciera una transición a lo largo de esos arcos en un periodo dado de tiempo. Para los procesos históricos sería probablemente deseable posee probabilidades de transición por siglo. En principio, teniendo datos históricos suficientes, uno puede asignar valores grosso modo a las transiciones que hemos etiquetado a a i en el diagrama.

Los arcos que hemos etiquetado en la gráfica 4.2 son aquellos en los que es fácil encontrar ejemplos claros. Contemplando cualquiera de los dos diagramas se obtiene la impresión de un desarrollo completamente autosuficiente en el que una sociedad individual bien pasa por una serie de estadios o saltos entre estadio. Esto ciertamente es lo que describen los modelos simples de Markov. Pero las sociedades reales se relacionan con otras en diferentes lugares y ocasiones: el comercio, las invasiones y la difusión de la información hacen que una sociedad pueda afectar a otra, por lo que un proceso de Markov sencillo no es adecuado como representación fiel. Algunas de las transiciones, por ejemplo (b) la transición al feudalismo en Alemania se dio como una consecuencia de la confrontación entre las sociedades de clan germánicas de clase y el imperio esclavista fronteriza de Roma (10)

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El cuadro general es de una gráfica apuntada de estadios históricos. Puede haber bucles en el sistema, pero pese a ello estiste una clara dirección. Esta dirección surge tanto de la ausencia de ciertas transiciones (no hay un regreso del capitalismo a la economía campesina por ejemplo) y de las diferencias en las probabilidades de que se den transiciones. En el gráfico presentado, queda como una cuestión abierta qué mezcla de economías capitalistas y socialistas se impondrá a largo plazo, dependiendo como dependen de las probabilidades de transición relativas i y f.

Los nodos en la gráfica 4.2 deben entenderse como descripciones macroscópicas de los estadios de las sociedades. En el seno de la descripción marco “economía campesina” puede darse una variedad de diferentes relaciones de propiedad y de clase posibles, igual que el nodo llamado “economía esclavista” contiene un modelo Markov incrustado (Gráfica 3.2) que describe su dinámica interna.

4.1- Condiciones técnicas y naturales.

Las economías campesinas, como su nombre indica, son predominantemente agrícolas. La mayor parte de la población vive en familias cuya actividad principal es el cultivo. Las actividades secundarias de las familias son la preparación de la comida, la confección de tejidos, la construcción de viviendas y ciertas artesanías secundarias.

La única fuente disponible de energía mecánica en la agricultura es la potencia muscular, si bien se puede aprovechar el viento y el agua para la molienda. Su única tecnología térmica disponible son los desperdicios biológicos: la madera, los excrementos, la paja, etc.

¿Qué implicaciones generales poseen estas condiciones de existencia para las economías campesinas?

¿Qué restricciones plantean para la vida y las relaciones sociales operativas en tales economías?

Las restricciones tecnológicas son bastante amplias debido a que las economías campesinas se han dado en diferentes zonas climáticas, con una selección muy amplia de cultivos. Uno tiene que preguntar cuáles son las propiedades comunes de este modo de producción que sobrepasan todas las diferencias secundarias en los modos de cultivo. La economía campesina del Norte de la India en la Edad Media dependía de avances en la gestión del agua: la rueda persa, los pozos alineados y los tanques. Pero desde el punto de vista del feudalismo europeo nos encontramos con otras tecnologías, arados roturadores, y el modo de cultivo en tres campos, que se han considerado cruciales. La diversidad tecnológica y la existencia de formas bien diferentes de extracción del excedente han sido utilizadas para argumentar que no tiene sentido emplear un término como feudal para aplicarlo a sistemas muy diferentes. Otros han expuesto que la existencia bien de coerción extra-económica o de rasgos muy definidos como la servidumbre, la economía basada en el feudo y la restricción de la circulación de mercancías era muy general y por lo tanto podemos emplear el mismo concepto básico en todos los continentes. Sin duda si el término “feudal” posee un valor explicativo no es una cuestión pacífica. Así que analizaremos las restricciones generales de la economía campesina y la forma en que configuran las variaciones en los tipos de explotación que han respaldado.

La primera cuestión es que la economía campesina es diferente del nomadismo; recordemos la diferenciación de Smith entre naciones de granjeros, pastores y cazadores. Una población estacionaria es precondición para la instauración de la explotación. Los nómadas simplemente pueden largarse.

¿Qué fija al campesinado en su lugar?

Uno podría decir que había siervos atados a la tierra, pero que ese tipo de sujeción legal a la misma sólo es necesario si existe otra alternativa, si los campesinos tienen la opción de emigrar. Esto implica que se desplacen a tierras no ocupadas o a las ciudades.

Si hay mucha tierra de nadie es un freno claro a la explotación feudal. Cualquier fuerza de trabajo servir tratará de escapar si tiene la oportunidad, y evitar su huida depende de muchos factores. Uno de ellos es que debe existir una estructura estatal eficaz para recuperar a los fugados. Otra es que la tierra virgen no debe estar demasiado lejos. Por último el tipo de vegetación natural desempeña un papel. Despejar bosques de árboles de madera dura es un trabajo mucho más laborioso que arar estepas y este trabajo desincentiva en la práctica la emigración. Así que la posición estratégica de una población campesina con un Estado débil al borde de la estepa es bien distinta a un campesino en medio de un valle rivereño densamente poblado y despejado. En la primera situación, diga lo que diga la ley, los campesinos emigrarán a asentamientos libres, en la última situación, la norma legal que prohíbe la migración sólo tendrá efecto como un modo de frenar la emigración a las ciudades y únicamente resulta eficaz cuando el mismo poder estatal se impone en el campo y en la ciudad. Donde hay ciudades libres, como en Europa en el periodo feudal, una vez que llegaban a la ciudad los siervos estaban seguros. Donde obra el poder del estado igualmente en la ciudad que en el campo, como es el caso del imperio otomano o del Sur de EEUU anterior a la Guerra de Secesión, era mucho más complicado la huida de los siervos.

Los territorios fronterizos entre agricultores y cazadores recolectores, como en la expansión originaria neolítica o en las colonias europeas, no fomenta el feudalismo, mientras que el borde de las estepas habitado por nómadas, como la Rusia del siglo XVI, consiente una casta militar feudal que legitima su existencia. Domar argumentaba que en una economía campesina existen tres elementos que nunca pueden coexistir: una clase de terratenientes explotadores, tierra no ocupada y campesinos libres. Dos de las tres pueden coexistir pero las tres a la vez no es posible. Si hay tierra que no está ocupada los campesinos emigrarán en vez de tener que pagar una renta, así que no puede estabilizarse una clase terrateniente. Si no hay tierra libre, se puede forzar a campesinos libres a pagar una renta para poder cultivar tierra privada. Pero si existe una clase de terratenientes explotadores, y quedan aún bosques o estepas sin ocupar, los campesinos deben ser reducidos a la servidumbre para evitar que se vayan.

“Supóngase que el trabajo y la tierra son los únicos factores de producción (no el capital ni la gestión) y que la tierra de calidad y localización uniforme es omnipresente. No nos encontramos con retornos decrecientes en la aplicación de la mano de obra a la tierra; tanto las productividad media como marginal del trabajo es constante e igual, y si la competencia entre patronos aumenta los salarios a ese nivel (como es de esperar) no podría surgir renta de la tierra, como Ricardo demostró hace mucho tiempo. Si no hay un gobierno que lo evita (ver más abajo) en el campo habrá granjas de tamaño familiar, porque el trabajo asalariado, en cualquier manifestación, no estará disponible o no será rentable; el salario de un empleado o la renta que paga el arrendatario tendrá que ser al menos igual que lo que puede sacar en su propia granja: si recibe lo mismo, no puede existir un excedente (renta) para su patrono. Una clase no trabajadora de funcionarios u otras personas puede ser sustentada por el gobierno con los impuestos que caen (directa o indirectamente) sobre el campesinado, pero no puede mantenerse con rentas de la tierra”. (Domar 104)

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La teoría Domar/Neiboer de los orígenes económicos fundamentales de la servidumbre predicen el sistema de transición dinámica de la Gráfica 4.3. No es difícil encontrar ejemplos históricos de tales transiciones.

4.2. Formas de excedente.

Uno debe evitar el anacronismo de proyectar en el pasado la trinidad tierra, trabajo y capital de la moderna economía política. Estamos hablando de una sociedad pre-capitalista. A veces se cae en la tentación de considerar la esclavitud como si estuviera basada en la propiedad de personas, el feudalismo en la propiedad de la tierra y el capitalismo en la propiedad de los bienes de capital. Se puede formular como una aristocracia terrateniente con un monopolio de clase sobre la tierra o la propiedad privada individual de la tierra. El excedente del que viven es la consecuencia de esa propiedad o monopolio. Aunque este concepto tiene sentido en la era moderna y en países con un mercado bien desarrollado en la renta de la tierra y una multiplicidad de granjeros que quieren ser arrendatarios, proyectarlo a las economías campesinas más tempranas es una práctica cuestionable. La mera existencia de la servidumbre, o las restricciones que la ley feudal india imponía a la migración de las comunidades aldeanas (333) demuestra que la tierra no era la clave, sino los que la trabajaban. Únicamente cuando la productividad del trabajo y la población crece hasta el punto de que se puede aprovechar toda la tierra empleando únicamente a parte de la población puede la propiedad de la tierra misma obrar como una fuente monopólica de ingresos. (104) De otro modo, la explotación feudal, como la esclavitud, se basaba en el control directo o indirecto sobre el trabajo de la población.

Los títulos de propiedad, que en su mayoría provenían de decretos reales, de la herencia o el matrimonio más que de la compraventa, eran títulos frente a otros miembros de la clase feudal. No eran títulos de propiedad contra los siervos sino que estaban por encima de ellos. Legitimaban que una familia y sus descendientes gozaran de los réditos producidos por la población de un territorio determinado, con la exclusión de otras familias de la misma clase. No nos importa mucho si los historiadores denominan a estos réditos impuestos o rentas, y a los campesinos también les daba bastante igual. La distinción entre estos tiene que ver en el mejor de los casos con la fracción de la clase feudal que los recibía. En todos los casos los réditos son locales y surgen del trabajo de la población campesina que de forma directa o indirecta entrega parte de su mano de obra para generar los réditos. Esta entrega de la mano de obra puede adoptar tres formas básicas.

-Servicios de trabajo directos y obligatorios en los feudos.

-Entregar parte de la cosecha del lote de tierra que cultivaban.

-Pagar una renta en dinero.

Que modalidad se imponga en un tiempo y lugar determinado depende de las circunstancias históricas. La primera forma se va a dar cuando la tierra está dividida en lotes de los campesinos y fincas del señor, que a su vez depende de la anterior historia del país. En las tierras del Oeste de Europa donde el feudalismo reemplazó al anterior sistema esclavista romano de las villas, era más posible que existieran tierras feudales en los lugares donde se produjo el sometimiento feudal de un campesinado libre. El relato marxista convencional de este proceso es tratar estas formas diversas como coerción extra-económica, que está en contraste con el contrato puramente económico y formalmente libre del capitalismo. Esta coerción extra-económica se emplea después para explicar por qué el Estado bajo el feudalismo confiere poderes judiciales a la aristocracia local, que, en tanto que casta militar, posee los medios para someter a sus subordinados.

Estas relaciones muestran la apariencia de una dependencia y sometimiento personal, al contrario que la aparentemente imparcial anonimidad del Derecho en el capitalismo. No obstante, uno puede preguntarse si esta idea de coerción extra-económica llega al meollo de la cuestión.

Pensemos en la posición de un granjero en la Escocia contemporánea, donde la concentración feudal de la propiedad apenas ha cambiado. Más de la mitad del país es propiedad de 432 familias aristocráticas. Supongamos que el granjero, que paga una renta digamos al Duque de Buccleugh, no paga su renta. El Duque puede presentar una demanda ante el Tribunal de Dumfries y obtener una orden judicial de desahucio, y si el arrendatario no se va, los oficiales del sheriff, o los “Queens messengers at arm” serán despachados al lugar para hacer cumplir la orden de desahucio. El Duque ya no es el superior feudal del granjero, pero si no le pagan la renta el Estado hará que se la paguen o echen al arrendatario. Ya no manda a sus hombres de armas para hacer cumplir su voluntad, pero la autoridad real lo hace por él.

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Uno podría decir que se trata de un rasgo residual del feudalismo o la monarquía, pero qué diremos de un granjero de Oklahoma que, endeudado con el banco, ve como la oficina del Sheriff subasta la finca. Aquí tenemos al Estado de Oklahoma que de feudal y monárquico no tiene ni ha tenido nada, pero que aplica la misma coerción extra-económica al granjero, no para hacer cumplir el sometimiento a un señor, sino a un banco. La misma coerción se aplica a cualquier propietario que no paga la hipoteca. ¿Es esta coerción económica o extraeconómica? El pago de intereses y renta en la sociedad de hoy se presenta, en el Derecho y en la teoría económica, como un negocio sinalagmático.

Tú pagas un precio por el capital que pides prestado o la tierra en la que eres arrendatario. Como tal es un intercambio mercantil, algo puramente económico, una transacción voluntaria con un precio justo en el sentido de que es pactado por ambas partes. Pero no es más que una ficción conveniente. El Duque no le da nada al granjero. Simplemente posee un título, ya no por ser un Duque, sino por ser propietario, a recibir una renta a la que él no ha contribuido con ningún trabajo. Y detrás de eso hay coerción.

Pues de igual modo la equivalencia y la reciprocidad enmascaraban relaciones de dependencia feudal. El “superior” ofrecía protección armada a su subordinado, y tal vez ayuda en tiempos de necesidad:

Al magnífico señor tal y tal. Yo, fulano. Como bien se conoce la necesidad que tengo de vestido y sustento, he pedido a su merced, y su merced ha tenido a bien decretar que me ponga bajo su tutela, lo que por la presente hago; es decir, que de este modo, me ayudará y socorrerá en lo tocante a mi sustento, y yo por mi parte estaré obligado a servirle fielmente y a merecer su bondad. Y tanto como viva deberé serviros y honraros, de forma coherente con mi libre condición; y jamás en todos los días de mi vida me opondré a vuestra tutela; sino que debo vivir bajo su poder y defensa. Y si alguna de ambas partes desea denunciar estos acuerdos, pagará tantos chelines a la otra parte (pari suo) y este acuerdo no se quebrantará”. (Una fórmula franca de Commendatio)

Considerar los modernos pagos de interés de un granjero a un banco un acuerdo económico y a la corvea un acuerdo extraeconómico es no saber salir del punto de vista del derecho moderno. Desde el punto de vista de la ley feudal, un moderno contrato hipotecario parece impersonal, una explotación impersonal desnuda y nada cristiana. Sin embargo hay algo detrás que se apunta por los historiadores cuando hablan de coerción extra-económica. El término es mistificación, pero insinúa el contraste entre dos modos de producción, la agricultura a pequeña escala (el modo de producción feudal) y la industria moderna, el modo de producción del capitalismo.

Como se aprecia en la tabla 4.1, la unidad básica de producción en el feudalismo era reducida. La mano de obra promedio que aparece en el Libro del Juicio Final era de cinco personas. Como las esposas y los campesinos pueden haber trabajado parte del año esto subestima en parte la fuerza de trabajo, pero sigue siendo una empresa bastante pequeña, y la explotación media sólo dispone de tres arados. Si hay 2 equipos de bueyes tenemos que el sistema de medición de tierras medieval implicaría que podían arar con dos equipos de bueyes 15 acres para un total de 30 acres. Si los equipos fueran de cuatro bueyes el monto sería dos veces mayor, si fueran ocho 4 veces mayor. Si suponemos que los equipos de la heredad araban exclusivamente la tierra del señor y tenemos 8 equipos de bueyes sacamos que el cálculo de la heredad media máxima hubiera sido de unos 240 acres. Al lado de las posesiones del señor podemos encontrarnos con 120 acres que labraban directamente los campesinos para su propio beneficio. Cuando labraban sus propios lotes de tierra los campesinos controlaban la producción de la cosecha y tomaban posesión directa de la misma. En paralelo labraban del mismo modo para cultivar la tierra del señor.

Como la producción es a pequeña escala, con una división del trabajo muy limitada, los campesinos observan todo el proceso que va desde la siembra a la cosecha, y ven claramente lo que va a sus graneros privados o a los graneros del señor. El resultado final es que podrían alimentar potencialmente a su propia familia con todo ello. La división es clara y desenmascarada. Si lo comparamos con una empresa capitalista vemos las siguientes diferencias:

-En las empresas capitalistas los empleados hacen cosas distintas cuando están en casa.

-La escala de producción es mucho mayor y cada empleado no es si una parte muy pequeña y fragmentada de una mano de obra compleja.

-Los empleados puede que no vean nunca el producto final, dado el carácter fragmentado del proceso, y ninguna persona ve todo el proceso.

-Únicamente en casos excepcionales, como la panaderías, las destilerías, etc. el producto final es algo que los trabajadores pueden vivir en potencia o directamente.

-Al trabajador se le paga por el trabajo que hace, no parece un trabajo que se hace gratuitamente como la corvea.

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La estructura técnica de la producción capitalista implica que no existe posibilidad real de que el producto sea apropiado individualmente por los empleados de la empresa. Incluso el valor del producto es con frecuencia oscuro, más aún hoy en día cuando la venta del producto puede pasar por muchas compañías encubiertas que muchas veces no pueden detectar ni los muy bien entrenados inspectores fiscales del Estado. La única alternativa sería que el estado expropiara la compañía o que los trabajadores se apropiaran directamente de esto formando cooperativas. Tratar de hace esto sería una acción directamente política, el equivalente de una revuelta campesina. Los trabajadores que se apropian de las fábricas al margen de la ley se ven entorpecidos por procedimientos legales que bloquean los suministros, confiscan los productos, etc. Es decir que se enfrentan con coerción legal extra-económica.

El producto en una economía campesina, por contraste, puede ser objeto de apropiación directa. Un campesino individual recoge su cosecha y se quedaría con todo si no tuviera que pagar una renta. La explotación feudal no es el único tipo de explotación que se realiza bajo coacción. Es algo que se predica de cualquier modo de explotación. Simplemente en el caso de la explotación feudal el mecanismo es más transparente y el poder estatal que la respalda reviste más el carácter de una autoridad personal. Este carácter personalista de la autoridad estatal en las economías feudales es una secuela necesaria de las circunstancias en las que es difícil que el Estado pueda sufragar una burocracia profesional asalariada y un ejército permanente mercenario profesional. Si el Estado no tiene ingresos regulares monetarios se ve forzado a asignar tierras para mantener a sus funcionarios y a las tropas. La forma legal concreta en que se produzca este fenómeno, bien sea el derecho delegado de recaudar impuestos locales del campesinado o la concesión explícita de haciendas a cambio de aportar tropas, son cuestiones secundarias. La causa subyacente es la ausencia de réditos monetarios bien desarrollados. Esa ausencia puede tener razones inmediatas vinculadas con la incapacidad de establecer una base fiscal fiable, pero la causa fundamental a largo plazo será una circulación de mercancías escasamente desarrollada. Una circulación de mercancías escasamente desarrollada es en si misma el resultado de una de estas dos causas económicas: un excedente pequeño, o una tecnología de transporte subdesarrollada que impide que se consuman mercancías en lugares distantes del lugar donde son producidas. De ahí proviene el contraste entre las economías esclavistas con una circulación de mercancías desarrolladas, buenas calzadas y un transporte marítimo regular que las economías feudales que no poseen nada de eso. Cuando volvió a desarrollarse el transporte y la economía monetaria, se hicieron posibles formas más impersonales de autoridad estatal.

4.3 Estructura de reproducción.

La gráfica 4.5 ilustra el flujo de trabajo y bienes bajo un sistema como el que existía en el feudalismo europeo, digamos, clásico. Contrastémoslo con los flujos en la economía basada en la villa y el latifundio ilustrados en la Gráfica 3.1.

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En ambos casos los productores directos solo recuperan una fracción de la comida que producen. Otra porción se la apropia, en cada caso, el dominus o el señor. Sólo una fracción del producto se destina al comercio. Pero si el sistema basado en la villa se veía obligado a generar al menos parcialmente un excedente monetario o cuenta corriente para pagar los nuevos esclavos, un señor puede sobrevivir cuando se comercializa una fracción mucho menos del producto. En su mínimo el comercio puede limitarse a los lujos y armas compradas por el señor.

Las economías feudales tempranas respaldaban por tanto un sector urbano bastante pequeño, mucho menor que las economías esclavistas clásicas. En Essex en 1086 menos del 5% de la población era urbana (Tabla 4.2). Uno puede emplear los análisis de la población para fijar algunos límites amplios sobre la tasa de explotación en la economía. Para obtener un límite superior, supongamos que todo el sector urbano era mantenido por los gastos de los señores, que los esclavos eran todos domésticos y que los otros (que se describen diversamente como “hombres” y curas) eran todos improductivos. Obtenemos este cálculo:

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Para obtener un límite inferior en la tasa de explotación supongamos que ninguno de los esclavos eran criados domésticos, que todos eran braceros y que la mitad del producto de las ciudades se vendía a los campesinos en cambio de parte de su cosecha. Si aplicamos el mismo método anterior, esto ofrece una tasa de explotación de solo el 3%, que parece, razonablemente, muy baja, por lo que el supuesto tiene que ser que una proporción significativa de los que aparecían como servi eran realmente criados en sentido moderno. Sin embargo obsérvese que incluso el límite superior de la tasa de explotación es muy bajo para patrones actuales.

Otra distinción importante entre las economías feudales y esclavistas es que en la hacienda del señor la mayoría de los productores directos formaban familias que bien se alimentaban con el producto de sus propios lotes o recibían salarios. En cada caso la población trabajadora reproducía su existencia sin recurrir a trabajo forzado importado.

Las fincas feudales tanto en China como en Europa hacían un uso amplio de la potencia artificial, sobre todo del agua, pero en algunos casos el molino de viento. En el libro del Juicio Final hay alrededor de un molino por cada tres feudos, y estamos hablando del siglo XI. Los molinos aportaban un medio adicional de explotación de los señores a los arrendatarios, ya que su hacienda se apropiaría de una porción de todo el grano molino. En este sentido era parecido a una forma de explotación capitalista, ya que daba a los señores un rédito por ser dueños de maquinaria más de tierra.

Pero se diferenciaba del capitalismo posterior en que la gente que estaba siendo explotada no operaba la maquinaria. Existía obviamente un límite a lo que podían obtener los señores, ya que en un último recurso los campesinos podían volver a moler el grano a la antigua. Pero los señores podían apropiarse de parte de la ganancia de productividad ofrecida por la potencia hidráulica. El rasgo más crítico que diferencia la agricultura campesina tanto de las economías esclavistas comerciales como de la agricultura esclavista es que una gran parte de la población trabajadora tenía acceso a la tierra que les daba el alimento. Ese acceso podía consistir en propiedad privada de los lotes, derechos de uso comunales, o lotes arrendados. Lo decisivo es que eran capaces al menos de sobrevivir, y que con frecuencia existe un excedente suficiente reproductivo que permite un crecimiento gradual de la población.

La teoría Doman predice que el crecimiento de la población en la economía servil podía llevar a superar la servidumbre una vez que la tierra no ocupada y no apropiada ya no existiera. Pero esto es en el mejor de los casos una condición necesaria. No es suficiente puesto que los terratenientes pueden querer aferrarse a la servidumbre algún tiempo. Un viraje a arrendatarios libres que pagan dinero a otro en el que la agricultura se lleva a cabo sobre todo por granjeros arrendatarios capitalistas, como la que se dio en el Reino Unido, exige que una parte significativa de la población rural sea privada de la seguridad del arrendamiento y del acceso a las tierras comunales. La persistencia de las tierras comunales constituía un rasgo crucial en gran parte de la agricultura campesina tradicional.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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NotaPublicado: Vie Ago 25, 2017 3:09 pm 
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4.4. Comparación con el capitalismo.

No debemos aceptar el punto de vista que plantea que la agricultura tradicional con recursos es necesariamente ineficaz, ni siquiera conceder que la agricultura feudal, un sub-grupo de la agricultura campesina tradicional, era económicamente irracional. La tesis de Hardin (149) de que las tierras comunales se verán degradadas inevitablemente por la sobre-explotación ha sido refutada de forma sistemática. (285)

Sabemos que las comunidades tendían a poseer procedimientos elaborados y normas que evitaban la sobre-explotación de la tierra comunal y que regulaban un acceso equitativo.

Hay una cierta complacencia retrospectiva que sostiene que los modos capitalistas de producción son los únicos racionales, y que únicamente la economía monetaria, con propiedad privada universal de la tierra y trabajo asalariado es eficaz. No hay que sorprenderse mucho si este punto de vista es el dominante en la economía liberal anglosajona, dado que en Gran Bretaña, las antiguas clases terratenientes vieron respetados los derechos de propiedad sobre sus haciendas así como su posición en la jerarquía social.

De modo análogo, la Escuela Austriaca de Economía, que tuvo origen en la aristocrática monarquía de los Habsburgo, lleva mucho tiempo recalcando la supuesta imposibilidad de una organización económica racional sin dinero y propiedad privada. 368,370

Sin embargo incluso parece que algunos economistas marxistas compran la idea de Weber de un racionalismo especial y propio del capitalismo. En esta concepción a menos que tengas trabajo asalariado no puede darse un cálculo racional de los costes relativos. El argumento dice que el cálculo racional exige la forma de valor, y que esta forma sólo domina cuando el trabajo se convierte en trabajo abstracto, cuando se trata como equivalente el trabajo asalariado. En la Sección 3.6 hemos argumentado que había un sistema de precios bien desarrollado en la economía esclavista y que las pruebas históricas muestran los manuales de agricultura de esa época, donde contemplamos un claro intento de hacer un uso racional del trabajo esclavo disponible. La debilidad de este argumento es su falta de respaldo estadístico, al fiar únicamente en fuentes literarias. Sin embargo en la economía feudal podemos acceder a estadísticas más completas que han sobrevivido, y es posible defender con vigor la racionalidad económica del sistema.

Pese a los dogmas que no deja de repetir la escuela austriaca, se conocen desde los años 30 técnicas que permiten cálculos económicos eficaces sin necesidad de precios. La rama matemática utilizada, la optimización lineal, fue fundada en la URSS como un medio de maximizar el output industrial en la economía planificada.

Si una fábrica tiene una serie específica de maquinaria, digamos, tres tipos de tornos, y tiene que maximizar la producción de dos bienes en proporciones fijas, ¿cuál es el mejor modo de planear la utilización de las máquinas?

La optimización lineal aporta una respuesta. La idea clave es que una unidad de producción, ya sea un señor feudal, una fábrica soviética o una mina americana de carbón a cielo abierto, dispondrá de diversos tipos de recursos que tienen que combinarse para generar el producto.

La naturaleza de los recursos productivos junto con los conocimientos contemporáneos determinará lo que se llama “técnicas” que conjugan insumos en proporciones fijas. Por ejemplo, cuando se araba en la edad media, los labradores, los bueyes y los bueyes podían combinarse como dos, cuatro u ocho equipos de bueyes. Cada uno de ellos comprendería una técnica. Si uno posee suficientes datos sobre los insumos y los productos de suficientes granjas se pueden emplear algoritmos lineales para deducir cuáles eran las mejores técnicas fundamentales.

McDonald (249) aplicó el análisis de optimización lineal a grandes bases de datos de haciendas en Essex y Wiltshire (250) descritas en el registro del Libro del Juicio final.

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Disponía en cada una de las 500 haciendas individuales de los datos resumidos en la tabla 4.1, junto con la información de la producción de cada hacienda. A partir de estos datos era posible evaluar la eficiencia de cada una de las haciendas parangonándola con las mejores prácticas contemporáneas. Calculó para cada finca el máximo que podía haber producido dada su extensión mano de obra, equipos de arados, molinos, etc. Comparo esto con lo que producía en realidad. La proporción nos da la eficacia de esa hacienda particular. Halló que en promedio las haciendas feudales tenían una eficacia del 64%, pero este porcentaje de eficiencia, ¿puede considerarse bueno o malo?

Únicamente se puede hacer un juicio de valor si se poseen las valoraciones de eficiencia de grandes grupos de unidades de producción de otros periodos históricos. Estas valoraciones, para poder compararse deben haber sido computados por la misma técnica de optimización lineal empleada para la muestra del Libro del Juicio Final. Compara las haciendas del Domesday Book con otros ejemplos en la literatura de programación lineal donde se empleaban métodos parecidos. Los resultados se resumen en la tabla 4.3.

Hay que admitir que con los datos obtenidos, la economía feudal sajona no está nada mal. Era bastante más eficiente que las granjas de EEUU de los siglos XIX y XX y comparable a la eficiencia de las minas a cielo abierto de carbón americana. Únicamente en la tecnología de alta ingeniería de las centrales basadas en la potencia del vapor una población de unidades de producción mostraba una eficacia claramente mejor.

Recuérdese que lo que se está midiendo no es la productividad absoluta en trabajo de las granjas y las minas. Esto sería imposible ya que las cosechas de Inglaterra en 1086, trigo, cebada, lana no tienen nada que ver con el maíz y las judías cultivadas en el Sur de EEUU, o los productos de estilo mediterráneo de California. Tampoco podemos llegar a la conclusión de que la producción por trabajador en Essex en la Edad Media era igual que en la misma zona en los siglos XIX y XX. No, lo que se compara es la eficiencia en la gestión teniendo en cuenta la tecnología disponible en esos días. La tabla 4.3 muestra que incluso en la ausencia de “mercados de factores competitivos” en una época en la que los feudos no temían la bancarrota, con el trabajo de los siervos y esclavos, las heredades feudales eran al menos tan eficaces como sus equivalentes modernos. El trabajo de McDonald tiene que contarse como pruebas vigorosas frente a las afirmaciones de la supuesta superioridad de la racionalidad capitalista. La productividad de las granjas modernas debe más a los tractores y a Haber que a cualquier supuesta eficiencia intrínseca capitalista.

4.5. La crítica Smithiana del feudalismo.

Una economía puede dividirse en dos sectores: el sector “productivo” o básico (347) cuyo producto entra directa o indirectamente en el consumo de los trabajadores y las personas dependientes de los mismos, y el sector “improductivo” que comprende las actividades económicas restantes.

Empleamos esta distinción en la sección 4.3 para obtener cifras a ojo de buen cubero de la tasa de explotación en la Inglaterra del periodo feudal medio. La distinción conceptual entre ambos tipos de trabajo se remonta a Adam Smith. Criticaba que los grandes mercaderes y los terratenientes gastaran demasiados recursos empleando criados personales improductivos:

“La renta de la tierra y las ganancias provenientes de los stocks, están por todas partes, por consiguiente, son las principales fuentes de las que los sectores improductivos ganan sus subsistencia. Hay dos clases de réditos en los que los propietarios pueden desperdiciar más. Pueden mantener indiferentemente gente productiva o improductiva. Sin embargo parece que tienen cierta predilección por estos últimos. Los gastos de un gran señor alimentan por lo general más a gente ociosa que industriosa, y sin embargo con este gasto, es decir, por el empleo de su rédito, sustenta comúnmente al mismo tipo que el gran señor”. (Smith 343, II. 3.7)

Sigue argumentando explícitamente que con la supresión del feudalismo la proporción del rédito nacional que sustenta a los trabajadores productivos crece:

“Así que, al presente, en los relativamente opulentos países de Europa, una gran parte, con frecuencia la mayor parte de los productos de la tierra se destinan a reemplazar el capital del granjero independiente y de buen pasar; otro para pagar sus ganancias y la renta del terrateniente. Pero antiguamente, cuando prevalecía el gobierno feudal, una pequeña porción de la producción bastaba para reemplazar el capital empleado en el cultivo. Consistía en un magro ganado desgraciado, sustentado por el producto espontáneo de la tierra no cultivada, y que podría, considerarse, por tanto, como una parte de ese producto espontáneo. Generalmente, también, pertenecía al terrateniente, y por él se adelantaba a los ocupantes de la tierra. Todo el resto de la producción le pertenecía también propiamente a él, bien como renta de la tierra, o como una ganancia sobre su magro capital. Los ocupantes de la tierra eran generalmente siervos, cuyas personas y efectos personales eran igualmente su propiedad (Smith 343, II, 3.9)

Smith va pasando en su argumentación de una perspectiva individualista a una social. Desde el punto de vista del hombre próspero individual razona que gastar el criados reduce su capital mientras que gastar en trabajadores productivos aumenta su capital al obtener una ganancia. También contempla el ejemplo que tiene todo esto en la división global del trabajo. En los estados burgueses relativamente progresistas como Holanda E Inglaterra las ciudades eran manufactureras, mientras que en el antiguo régimen en Roma o en Versalles estaban llenos de disolutos ociosos y pobres criados de la corte. Así que su argumento fundamental era que bajo el feudalismo el producto excedente en su gran mayoría no se gastaba de forma productiva, mientras que en el moderno silgo XVIII, la mayor parte de los fondos se empleaban en pagar a trabajadores productivos que engendraban a su vez una sociedad más industriosa, próspera y sobria.

Para analizar las implicaciones del argumento de Smith vamos a analizar en primer lugar los registros físicos y monetarios de una economía de estilo feudal parecida a la Escocia feudal del siglo XV en la Tabla 4.4.

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La división de la población pretende parecerse a la que se mostraba en la tabla 4.1 como parte del anterior análisis del feudalismo. Pasamos por alto el consumo de alimentos de los propios señores y de los maestros de los gremios urbanos. Se supone que los campesinos entregan una renta en especie de 1.752.000 cuarters de cereal a los señores que emplean 1.314.000 cuarters para alimentar a sus criados y a ellos mismos y venden el remanente de 438.000 cuarters en los mercados de las ciudades por 657.000 libras. Con el dinero que obtienen vendiendo el cereal, los señores adquieren un equivalente de 657.000 libras en bienes fabricados en la ciudad. Podemos suponer que estos bienes serán una mezcla de utensilios agrícolas, armas y productos de lujo diversos. Suponiendo en tanto en el campo como en la ciudad la tasa de explotación es del 25%, los maestros de gremios en las ciudades deben obtener una ganancia de 164.000 libras que se supone igualmente que gastan en bienes manufacturados en la ciudad.

Aunque la tabla muestra el valor del cereal producido y consumido en términos monetarios, se trata de un valor imputado, puesto que en una economía feudal la mayor parte de la cosecha nunca va al mercado. La suma total de mercancías vendibles, por emplear la terminología de Smith, es susceptible de cálculo:

Venta de bienes urbanos a los señores: 657.000
Ventas de bienes urbanos en el interior de las ciudades: 164.000
Venta de cereal a las ciudades: 657.000.
Total 1.478.000 libras.

Supongamos ahora que se da una transformación social y que la clase de los siervos se transforma en trabajadores asalariados en manufacturas urbanas como defendía Smith. El producto del sector urbano crecería un 300%, ya que ahora tendríamos cuatro veces más trabajadores en las ciudades. De forma análoga crecerían las ventas de cereal a las ciudades, ya que si los siervos se alimentaban en la casa del señor, los asalariados tienen que comprar el pan en el mercado. El efecto general sería hacer crecer la economía de mercado a 5.192.000 libras. ¿Se trata no obstante de una ilusión, que lleva consigo la mercantilización de lo que anteriormente era un elemento de una economía natural?

No, no del todo, ya que el producto real en especie de la economía urbana sería tres veces el que era antes de que los campesinos fueran proletarizados, aunque la venta incrementada de cereal a las ciudades no implica que se cultive realmente más cereal que antes. El crecimiento de la circulación de mercancías tiene el efecto de exagerar el incremento real en la producción, pero la verdad es que se da un incremento real.

Sin embargo ello no lleva al meollo de la distinción de Smith entre la economía improductiva generada por el feudalismo y la productiva generada por la burguesía manufacturera. Porque en el ejemplo que hemos ofrecido, prácticamente todo el mercado para el producto urbano lo constituye la agricultura rural. La mercantilización del grano que se embolsan como renta les aporta el rédito necesario para consumir la mayor parte de la población ciudadana incrementada. Compara la situación de Edimburgo en el siglo XV con su posición después de 1707 como sigue:

“Antes de la Unión existía poco comercio o industria en Edimburgo. Cuando ya no se reunía allí el parlamento escocés, cuando dejó de ser la sede necesaria de la nobleza principal y los hidalgos de Escocia, se convirtió en una ciudad con cierto comercio e industrial Aún sigue siendo, sin embargo, la residencia de los principales tribunales de justicia y Escocia, de las instituciones tributarias, etc. Por lo tanto se siguen gastando réditos considerables allí. Es muy inferior a Glasgow en cuanto a comercio e industria, ya que allí los habitantes se sustentan con el empleo productivo de capital. Los habitantes de una aldea grande, como se ha observado algunas veces, después de haber hecho adelantos considerables en sus manufacturas, se han vuelto ociosos y pobres como consecuencia de que un gran señor ha pasado a residir en su vecindad. (Smith 343, II.3.12)

Las observaciones que hace sobre las dos ciudades siguen siendo válidas al menos hasta finales del siglo XX. Considera ciudades como Glasgow como “ciudades comerciales, ciudades que no sólo comercian para su propio consumo, sino para el de otras ciudades u naciones”. En contraste con ciudades como París o Roma o Edimburgo del Siglo XVII que únicamente comerciaban para el consumo de la Corte y de la Nobleza Residente. Uno podría hacer observaciones similares hoy en día poniendo en contraste Washington y Nueva York, Brasilia y Rio, Canberra y Sídney. La cuestión crucial es la proporción entre el capital y el rédito, y por consiguiente entre el empleo productivo e improductivo:

“La proporción entre capital y rédito, por consiguiente, parece que en todas partes regula la proporción entre la industria y la haraganería. Donde predomina el capital, se impone la industria; donde predominan los réditos, la ociosidad. Cada incremento o disminución de capital, por tanto, tiende naturalmente a incrementar o reducir el valor en cambio del producto nacional de la tierra y el trabajo del país, la riqueza real y el rédito de todos sus habitantes. (Smith 345. II. 3. 13)

La cuestión no trata únicamente ese tipo de comparación estática que hemos calculado antes, una transferencia que se hace en una sola vez de séquito a asalariados, sino el proceso de acumulación constante del capital, que convierte constantemente la renta y los réditos en capital, que incrementa la productividad física. Su objeción principal al gasto improductivo es que impide la acumulación de capital. Únicamente convirtiendo las rentas en capital la capacidad productiva de la sociedad en términos reales puede acrecentarse:

“El capital de un individuo únicamente puede incrementarse con lo que ahorra de sus réditos o ganancias anuales, y el capital de una sociedad, que viene a ser lo mismo que el de todos los individuos que la componen, únicamente puede incrementarse del mismo modo”. (Smith 343, II.3.15)

Se percata perfectamente que con la acumulación de capital una parte cada vez mayor de la mano de obra está ocupada simplemente en reemplazar o mantener el capital, y que en consecuencia la tasa de retorno del capital descenderá en tanto que asciende la proporción entre capital y renta. Esto, según creía, era un acompañante necesario del progreso económico. Analizaremos esto en detalle en el próximo capítulo.

Su preocupación con la acumulación de capital es la razón por la que traza una aguda distinción entre actividades productivas, que en realidad producen un producto físico consistente, y servicios improductivos que “perecen en el mismo instante en el que son prestados”. La objeción al feudalismo como orden social no era la ineficacia, sino el derroche. Era la forma en que la nobleza desperdiciaba mano de obra en pródigas exhibiciones de lujos lo que entorpecía el progreso. Veremos en el capítulo siguiente que la misma objeción se aplica a las clases rentistas del capitalismo moderno.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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Luego pongo las graficas yasieso, que con dibujitos es mas ameno.

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Capítulo 5. La Economía capitalista.

El Molino de agua te da la sociedad del feudalismo; el molino de vapor, la sociedad capitalista industrial. (236)
El modo capitalista de producción ES la producción de máquinas. Rasgos propios de las sociedades capitalistas son:

-Energía que se obtiene principalmente de fuentes artificiales y no humanas.

-Agricultura intensiva y de alto rendimiento que mantiene una enorme población urbana.

-Aplicación omnipresente de las máquinas y las ciencias aplicadas.

-Muchos trabajadores asalariados que producen bienes o servicios en empresas privadas.

-El producto excedente se manifiesta como ganancia monetaria.

Estos 6 componentes arriba enunciados constituyen un sistema auto-catalítico. Dadas fuentes externas de energía, se trata de un sistema tranquilo que se reproduce y crece. Obviamente todos estos ingredientes no surgieron formados plenamente. Han existido antes otros sistemas sociales auto-catalíticos. Algunos de los elementos que componen el capitalismo deben ser generados por estos sistemas anteriores antes del dominio capitalista.

Como Althusser et al. (6) argumenta, se han dado combinaciones parciales de elementos capitalistas sin llevar al capitalismo pleno. Si hay que creer a Ruso et al. 318 casi todos los elementos llegaron juntos en el Egipto bajo la dinastía de los Tolomeo. Althusser considera que la Italia del Renacimiento puede ser otro sistema parcialmente capitalismo. La formación final de un nuevo sistema fue un proceso estocástico que echaba chispas antes de arder.

Cada tipo histórico de economía implica un modo técnico característico de hacer las cosas, lo que Marx denominaba “modo de producción” que se conjuga con formas sociales o relaciones de producción. La más crucial de estas últimas es la manifestación de la extracción del producto excedente.

En la última parte de este capítulo examinaremos cómo se produce el excedente y como se relaciona con el complejo tecnológico característico del capitalismo: agricultura de alto rendimiento, maquinaria, ciencia aplicada y potencia artificial. Puesto que todos estos rasgos están vinculados para la producción para el mercado, es la cuestión que abordaremos en primer lugar.

5.1 El Mecanismo de Precios Capitalista.

En la sección 3.6 hemos analizado la forma en la que la regulación de precios por la mano de obra utilizada funcionaba en las economías esclavistas. Y en la sección 3.5.3 hemos hecho referencia a la abundante literatura empírica que muestra que el tiempo de trabajo es el patrón regulador de los precios contemporáneos. Lo que sucede es que en las modernas economías capitalistas los mecanismos por medio de lo que esto acaece no son tan patentes como con la esclavitud.

El mismo proceso que describíamos en los latifundios podría aplicarse a las empresas que llevan diversas líneas productivas. Pueden comparar la mano de obra que necesitan las diferentes líneas productivas (por ejemplo distintos modelos de coches) y fijar los precios de venta de forma proporcional a grandes rasgos a la mano de obra utilizada. La situación de una compañía que fabrica coche es diferente en dos aspectos importantes a una finca esclavista:

-Una empresa de coches tiene que comprar muchos de los componentes del producto final. El coste de estos componentes supone muchas veces una parte significativa del precio de venta final, mientras que un latifundio era mucho más autosuficiente. Podían comprar suministros en el exterior pero no tantos.

-Un dominus o un señor feudal tiene un título sobre la capacidad de trabajo sobre los esclavos y siervos. Por lo tanto puede calcular directamente el tiempo de trabajo invertido en los diferentes cultivos sin tener que recurrir a cálculos monetarios. Una empresa tiene que comprar en el mercado laboral por semanas o por meses, por lo tanto se enfrenta a un coste monetario más inmediato, no únicamente un coste en términos de tiempo de trabajo. El coste de los salarios es por lo tanto homogéneo con el coste de los componentes, en el sentido de que ambos se miden en dinero.

La primera cuestión, los componentes comprados por la empresa no plantea un problema grave. Las empresas trasladan los costes de los componentes al producto final, y fijan su markup sobre los componentes proporcional a la mano de obra que emplean, y si todas las empresas siguen esa práctica, todos los precios incluyendo los de los componentes acabarán, por recursión, siendo determinados por el trabajo final empleado.

Aunque las empresas tienen que arrendar fuerza de trabajo, y por lo tanto les aparece como un coste monetario, eso no impide que efectúen estimaciones internas de lo que costará un proyecto en términos de personas mes. Ciertamente es lo primero que tienen que hacer, de lo contrario no saben cuántos trabajadores tienen que contratar.

Pero por sí mismo esto no es un argumento definitivo.

¿Por qué deberían diferentes empresas en diferentes ramas industriales emplear el mismo mark-up para la mano de obra?

¿Por qué realmente debería ser el trabajo la base del mark-up en vez del resto de costes? En nuestro razonamiento dependeremos constantemente de lo que denomina la ley de los promedios o la ley de los grandes números. Un ejemplo de la ley de los promedios es: las mujeres individuales varían en estatura, pero si tomas 100 mujeres al azar y calculas la estatura media de las 100, se hallará muy cerca de la estatura media de todas las mujeres. Las mujeres más altas en la muestra compensarán a las más bajitas.
Emplearemos muchas veces este tipo de razonamiento. Volviendo a las empresas: no tenemos que suponer que todas las empresas fijan el mismo mark-up. Únicamente tenemos que demostrar que en la práctica habrá un conjunto limitado de márgenes. Si la mayoría de los márgenes están bastante cerca de la media, es el trabajo el que acaba determinando la estructura de precios.

En primer lugar, consideremos que el contenido en trabajo de cualquier producto se compone de dos partes:

-Contenido en trabajo de sus componentes +Trabajo directo empleado en fabricar el producto= Contenido laboral del producto.

El término componente se entiende que incluye no únicamente las cosas que pasan físicamente a los productos como los neumáticos de un coche, sino cosas como la electricidad empleada y el desgaste paulatino de la maquinaria de la producción en línea.
Consideremos ahora la ratio de precio de venta y el contenido laboral. Podemos esperar que varíe aleatoriamente entre los distintos productos, pero la escala de esta variación será pequeña. El precio poseerá igualmente dos componentes:

Coste Monetario de los Componentes + Salarios x margen
Precio total del producto.

Como se emplearán muchos componentes distintos en cualquier producto dado y como la proporción de precio y trabajo de los mismos variará en direcciones diversas, algunos por encima de la media, algunos por debajo, estas variaciones tendrán una tendencia a compensarse. La ratio total de precio trabajo de cualquier manojo de componentes estará, debido a la ley de los grandes números, muy cerca de la ratio promedio que se impone a la economía. Así que, en una buena aproximación tenemos que:

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La expresión Margen Promedio x Salario promedio te da El Valor Promedio Añadido por el Trabajo (AVAL). Mide cuantas libras dólares o euros son añadidos al producto por hora de trabajo. ¿Qué sabemos de los márgenes en las empresas individuales? Bueno, pues sabemos que el margen medio debe ser mayor que 100%. De no ser así, no habría ganancias y la economía no sería capitalista. Si el margen fuera de 150% significaría que las empresas obtendrían un enorme excedente de 50 céntimos por cada euro que pagaran en salarios. La forma en la que este excedente bruto se divide en ganancia, renta, intereses e impuestos no nos atañe por el momento. Lo importante es su existencia.

También sabemos que pocas empresas operarán mucho tiempo si incurren en pérdidas. Algunas empresas pueden seguir funcionando a corto plazo, pero el proceso es limitado. O vuelven a tener ganancias o cierran.

Así que muy pocas empresas individuales tienen menos margen que un 100%. Digamos que en el mejor de los casos el 1% de las empresas tienen un margen que implica que pierden dinero. Si el margen medio es de 150% podemos emplear una tabla de la distribución normal para averiguar cuál debe ser el error estándar del margen para asegurar que únicamente el 1% de las empresas incurren en pérdidas. Tiene que ser el 21,5%. Eso significa que el 95% de las empresas acabarán con un margen entre el 107% y el 193%.

Uno mide la dispersión de datos por medio del coeficiente de variación que da la regla:

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En el ejemplo hasta ahora tenemos que el coeficiente de variación (CV) en el margen sería 21.5/150=14%. Las leyes que rigen la variación del margen son las siguientes:

-Cuanta más pequeña sea la fracción de empresas que incurren en pérdidas más pequeña la dispersión del margen.

-Cuanto más alto sea el margen promedio, mayor la dispersión del margen. Una distribución normal es simétrica de modo que si el margen promedio es 200% la dispersión de los márgenes estaría entre 114% y 286% que es dos veces lo que obtienes con un margen del 150%.

El margen promedio a nivel macro es dado por:

Margen promedio = Salarios Totales + Excedente Total/Salarios Totales

Es fácil obtener los datos necesarios acudiendo a las estadísticas oficiales sobre la renta nacional que nos permiten calcular la dispersión de los márgenes fijados por las empresas.

Está muy claro que la variación euros/ratio por hora del producto final tiende a ser menor que la dispersión de los márgenes. Los precios de venta están determinados por los márgenes de las empresas más el coste trasladado de los componentes e inversiones. Merced a la ley de los promedios, la dispersión de la ratio euro/hora en un manojo de componentes es menor que la dispersión para las mercancías individuales.

Así que trasladar el coste de los componentes hará descender la dispersión euros/hora de los precios de venta finales. Si los costes de los componentes fueran, digamos, 1/3 del precio de venta esto reduciría un CV de 14% en los márgenes a algo más cercano a un CV del 10% para los precios de venta. (71)

En conclusión, hemos demostrado por qué los economistas clásicos tenían esencialmente razón al suponer que el factor regulador de los precios es el trabajo. La teoría clásica posee la simplicidad y elegancia prescrita por Guillermo de Ockham, es una teoría falsable como exige el método científico, y obra por medio de sencillas estadísticas. Así que vemos en la tabla 5.1 que la correlación entre el valor monetario del producto en diferentes ramas industriales de EEUU está correlacionado en un 97% por el trabajo directo e indirecto necesario para producir estos output.

Otra consecuencia falsable de esta teoría clásica de los precios es que las tasas de ganancia serán superiores donde la ratio entre trabajo y capital es elevada y a la inversa.

Veremos más adelante que se trata de un efecto histórico importante que configura el futuro a largo plazo del capitalismo, pero que también opera en tiempo real haciendo que las ramas industriales con una elevada ratio de capital con relación con el trabajo tengan una tasa de ganancia inferior.

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Esto se muestra en la Gráfica 5.1 y en la Tabla 5.2. La tabla expone el coeficiente de correlación entre la tasa de ganancia y la composición orgánica, y también entre la tasa de ganancia y la inversa de la composición orgánica en 47 ramas industriales de EEUU. El anterior coeficiente – en .454 es estadísticamente significativo en el nivel del 1%. La gráfica 5.1 muestra claramente que las industrias con una proporción muy elevada de capital con respeto al trabajo tienen tasas de ganancia inferiores. (PERO PUEDEN TENER MASAS DE GANANCIA SUPERIORES?)

5.2 Relaciones de recurrencia.

Los argumentos que explican la razón por la que el trabajo es el factor regulador de los precios han sido hasta ahora realistas y detallados. Confían en que las empresas no quiebren y en información contingente sobre la distribución del valor nacional añadido entre el trabajo y el capital.

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Estos factores son reales e inmediatos, pero son consecuencia ellos mismos de estructuras más profundas. Un sistema económico es un proceso, un proceso que sufre un cambio constante al nivel de ajuste, pero que muestra una estabilidad relativa a grandes rasgos. Existen variaciones al nivel de todos los productos individuales que son transformados por el trabajo y después se consumen o emplazan. La población se compone de personas tristemente mortales, así que sus miembros se van reemplazando constantemente.

Pero existe cierta estabilidad. Año a año el número de personas cambia solo ligeramente. Las ciudades crecen o disminuyen pero pueden perdurar con la misma planificación urbana básica durante siglos. Las industrias y las familias crecen y mueren en periodos que van de décadas a siglos. Las empresas y los hogares hacen lo mismo en periodos más breves. ¿Pero qué son estas cosas que crecen, perseveran y mueren?

Todas ellas son procesos, y su aparente “coseidad” radica en la repetición que implica una homeóstasis que preserva una cierta estructura fundamental. La producción es muchas veces directamente recurrente, como en el ciclo anual agrícola, o en el ciclo de repetición de tres minutos de la línea de producción originaria de Ford. En otras industrias, como la naviera, la repetición reviste unos rasgos más aproximados. Los navíos individuales son diferentes por lo que respecta al tamaño, si línea y su tiempo de construcción, pero aun así se conserva un ciclo estructural más abstracto desde que se pone la quilla, hasta que se monta, hasta que se bota el barco y se equipa. Esa estabilidad transitoria de los medios de producción depende de sus fuerzas lentamente cambiantes de trabajo y de instalaciones de producción duraderas. Para la economía nacional la fuerza de trabajo que cambia lentamente era una o más generaciones de familias que suceden gradualmente las unas a las otras, las instalaciones duraderas eran los edificios, graneros y la tierra cultivable, que habiendo sido originalmente despejada, se ha hecho feraz merced a los esfuerzos de varias generaciones.

En una empresa de automóviles tienes empleados que, como colectivo, poseen los conocimientos y las destrezas para cooperar en la fabricación de coches. Las instalaciones duraderas son los edificios y los bienes de equipo, que como la tierra cultivable, se desenvuelven gradualmente a lo largo del tiempo.
Estos componentes estables se conjugan, en cualquier momento, con material en flujo. Hay material que espera ser transformado: semillas, partes de coches. Hay material que pasa por una transformación: el trigo que crece, los coches parcialmente montados. A veces hay productos transformados: un granero lleno, coches terminados, etc. Todo el proceso es impelido por fuentes exteriores de energía.

Las granjas tradicionales dependen de la energía solar. La industria posee dos fuentes de energía. La primera es la principal fuerza motriz, que hoy es la electricidad, pero que antes había sido el carbón o las corrientes de agua. La segunda es la fuerza de trabajo humana que recibe su energía de los alimentos. La granja doméstica generaba energía humana de modo interno, pero para una fábrica proviene del exterior. Los trabajadores van a su trabajo bien alimentados y con energía para desempeñar sus tareas.

Cuando la granja regenera sus propios insumos, sus semillas de cereal, los componentes de la fábrica y los insumos en materias primas están en la puerta. El transporte y la venta de mercancía encajan en el seno de estos ciclos casi siempre repetitivos. El hecho de que exista una fábrica y produce cosas constriñe al resto de la sociedad a organizarse de tal modo que cada día una cohorte de trabajadores está listo para traspasar su umbral; que existe un flujo de su fuente de energía primaria; que existe un torrente de componentes y materias primas que son entregadas con regularidad y que existe un porte y traslado constante de los productos que fabrica. Cuando decimos que la fábrica obliga a la sociedad a tener ciertos rasgos lo que queremos decir es:

-Que una combinación concreta de tecnologías incorporadas y formas sociales componen una red auto-catalítica que tiende a persistir en el tiempo.

-Que la existencia real de fábricas implica que debe existir uno de los posibles sistemas de auto-catálisis que dispara la probabilidad de la existencia de fábricas.

-En este sentido, la fábrica que sabemos que existe, constriñe al resto de la sociedad.

Al cabo, la fábrica implica una serie de restricciones mucho más rigurosas sobre el resto de la sociedad que la existencia de la agricultura de subsistencia. La frontera entre la fábrica y la sociedad es compleja. Implica que la sociedad en la que está incorporada debe poder generar y sustentar a los obreros que trabajan en ella cada día. No basta con que la gente existe, debe estar suficientemente cualificada. Deben ser generados como trabajadores en fábricas, no como otro tipo de personas. Deben ser libres de poder trabajar en las fábricas en vez de cultivas sus propias granjas o estar atados a otro tipo de actividad diferente.
La entrega de energía primara conlleva una red completa y organizada de suministro. En un momento puede tener un carácter meramente local, como la canalización de un río con vertederos y matorrales.
Después abarca más cosas: canales para entregar carbón, minas para extraerlo. Ahora implica redes eléctricas, con varios generadores con un ciclo de 50 Hz.

El suministro de materias primas y componentes necesita de una red de transporte y de una cadena de suministros. Supone otras fábricas. La complejidad de la red de suministros crece, bastante literalmente, de forma exponencial con el número de insumos en la fábrica. Este complejo de restricciones de la recurrencia desempeña el papel determinante de las fuerzas productivas. Las relaciones de recurrencia se decantan únicamente por ciertos grupos de formas sociales compatibles con ellas.

No existe únicamente una sola serie de relaciones sociales reproductivamente competente para la producción industrial. La teoría y la historia nos enseñan que existen al menos dos, posiblemente más formas sociales características de la sociedad industrial. De la historia real depende qué grupo de relaciones sociales esté incorporado en la fábrica. En la terminología moderna es “path-sensitive” dependiente de si la sociedad se ha industrializado de forma socialista o capitalista.

En este capítulo únicamente trataremos con la segunda. Tenemos pues que suponer que no existe un mecanismo social de planificación omnicomprensivo que entregará los componentes que necesite la fábrica, ningún sistema de asignación del trabajo que asegure que los trabajadores alimentados y vestidos se presenten cada día. Todas esas precondiciones se consiguen mediante la autonomía de la voluntad y los contratos. Nada llega sin una promesa anterior de pagar un equivalente monetario. Como no existe una dirección social general del trabajo y de los recursos, el poder social del Estado simbolizado en el dinero es cooptado por las empresas privadas para dominar el trabajo vivo y cristalizado que exige su supervivencia. Pueden conseguir mano de obra y componentes mientras tengan dinero. Detrás de estas transacciones, ciertamente, está el Estado con su monopolio de la fuerza, dispuesto a hacer cumplir los contratos y las obligaciones en la moneda de curso legal, pero en el mundo privado rige la autonomía de la voluntad. De aquí que los argumentos que hemos empleado antes para explicar la aplicación de otra ley, que los economistas de tradición marxista denominan la “ley del valor” expresan la dependencia real de la reproducción de las empresas en las estipulaciones contractuales. Estas mismas están concebidas de modo que son imparciales por lo que concierne a la distribución del poder social que tiene el dinero. El Estado trata a ambas empresas en un contrato de forma imparcial, en su ámbito privado, y únicamente se preocupa de que se paguen los equivalentes monetarios estipulados como contraprestación por la prestación efectuada o el bien entregado.

Las leyes contractuales son neutrales con respecto a la distribución del poder social del dinero entre los distintos sujetos de derecho. La supervivencia de la empresa como una unidad técnica y laboral cooperativa depende de su supervivencia como una unidad contractual, como sujeto de derecho, como titular de propiedad. Con el fin de reproducirse en ausencia de un plan social, las fábricas tienen que poder disponer la entrega de los componentes y la mano de obra. Lo anterior implica, que, aunque de forma indirecta, pueden ordenar la asignación de trabajo social en la fabricación de estos componentes. Las leyes estadísticas que regulan los precios, que fueron explicadas en la sección 5.1 obran para asegurar que la titularidad de dinero se convierta, en promedio en dominio sobre un monto equivalente de trabajo, lo que permite una planificación “descentralizada” de la economía.

Finley (127) sostiene que mientras que los autores antiguos hablaban sin tapujos de la naturaleza explotadora de la sociedad, la ideología moderna trata de evitar que se trate de ello. El poder de mando, la dominación del dueño de esclavo o del dominus era abierta, descarada y aplicada con látigos y hierros candentes. La del capitalista se presenta bajo el disfraz de la igualdad jurídica en el mercado y en la fraternidad de ciudadanos de un Estado. El obrero y Ford, el granjero y Tesco se relacionan y contratan con plena igualdad jurídica. La verdad es que, por descontado, tras la fachada jurídica están muy lejos de ser iguales. Ford o Tesco poseen recursos financieros que son tal vez un millón de veces mayores que un granjero u obrero individual. Los millones de euros en las contabilidad de las empresas las sitúa en una posición de fortaleza negociadora individual que un trabajador que las pasaría canutas para sobrevivir un mes sin sueldo o un granjero que, en la época de la cosecha, casi no tiene activos.

Los economistas clásicos habían desenmascarado lo que pasaba en este proceso. Vivían en un Reino Unido aún aristocrático, donde la gente corriente no podía votar ni, en general, leer. Se encuentra en Smith una sinceridad sobre las clases y el poder que se acerca a una educación clásica. Veía que el dinero era poder para disponer del trabajo de las clases inferiores. En su época el dinero era aún oro, el dinero fiduciario estaba por llegar en Europa, aunque en China ya se conocía desde hace mucho tiempo. Pero a comienzos del siglo XIX habiendo experimentado la pérdida del valor de los billetes de banco durante las guerras con los franceses, los escritores socialistas empezaron a proponer que en vez de oro el dinero se denominara abiertamente en términos de trabajo.

En vez de llevar la leyenda “prometo pagar al portador una libra” prometerían bienes por valor de una hora (Imagen 5.2)

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Existen dos razones por las que no se ha aplicado nunca esta ida. Una de ellas es trivial. Aunque los precios se regulan por el trabajo, es aproximado, así que existe un 10% de margen de error al alza o a la baja, así que nunca existiría una equivalencia exacta entre el trabajo realizado y el precio obtenido. Pero eso palidece cuando se compara con las implicaciones políticas. Si se introdujeran esos vales trabajo se vería bien a las claras que detrás de la igualdad aparente de patrono y empleado en realidad hay una relación muy desigual. Esas notas serían mejor que mil panfletos revolucionarios. Únicamente tendrían sentido, en el contexto de los intercambios de Owen, si fueran parte de un proceso en la que toda la economía se dirige al comunismo.

5.3 Excedente capitalista.

Con la esclavitud no había mucho misterio con las ganancias de los esclavistas. Los esclavos trabajaban gratis, y todo lo que producían pertenecía al amo. Tenía alimentarlos con parte de lo que producían claro, pero el resto lo vendía obteniendo ganancias. En la sociedad moderna parece, según la economía ortodoxa, que los trabajadores no sólo son retribuidos, sino que se les paga el producto marginal pleno de su labor. El esclavo era explotado claramente, se le daba de latigazos y legalmente no era una persona.

Un empleado de hoy en día contrata libremente, y jurídicamente al menos es igual que su patrono, y, si creemos a la teoría económica dominante, el salario que recibe expresa en realidad una relación de intercambio equivalente. Le pagan el valor de su trabajo, y ese valor se define por el producto marginal, o adicional, que obtiene la compañía con su trabajo. El argumento dice que si se le pagara menos, la empresa contratará más obreros hasta que se llega a un punto en que el último trabajador contratado no rinde una ganancia adicional. La teoría en la que se basta este relato de la remuneración es la que nos ofrece las funciones de oferta y demanda en la gráfica 3.5. Hemos explicado en la sección 3.5 lo vacua que es esta teoría desde un punto de vista científico, pero incluso si aceptamos a efectos dialécticos el supuesto contra-fáctico de rendimientos decrecientes a escala, todos los trabajadores salvo el último son explotados. Al resto se les paga menos que el valor del producto generado con su trabajo.

Si se aplicaran los principios de Owen y cada trabajador recibiera el valor promedio añadido por el trabajo no habría ganancia, el trabajo se quedaría con el valor pleno de lo producido. Esto supondría una cooperativa y no una economía capitalista. Si la estructura de propiedad siguiera siendo capitalista, y si en cada industria el salario promedio fuera equivalente al valor medio añadido por el trabajo en esa industria, está claro las empresa que emplearan trabajo por debajo de la media obtendrían una ganancia, y la otra mitad, las que emplean trabajo por encima de la media tendrían pérdidas.

Sería insostenible porque la mitad de las empresas irían a la quiebra. Así que tenemos que suponer necesariamente que en una economía capitalista existirá un margen sobre los salarios. Claramente si se puede reducir los salarios reales y hacer que la gente trabaje más tiempo y con más intensidad el margen será mayor. Veremos lo que rige el margen con más detalle en las secciones 5.4 y 5.7 pero se ofrece un ejemplo característico de que margen medio prevalece en una economía capitalista en la tabla 5.3.

Uno puede avizorar una reforma económica, parecida a la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, que aboliera el trabajo asalariado y la ganancia capitalista. La legislación contemplaría que los empleados de una compañía son los titulares del valor residual añadido y eso aboliría la necesidad de un margen sobre los ingresos salariales. En una economía cooperativa como la que funcionaba en Yugoslavia en la que los trabajadores eran los titulares finales del valor residual añadido, el margen es innecesario porque habrá diferencias en la paga entre las cooperativas más y menos productivas.

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Los trabajadores aquí soportan los riesgos de las fluctuaciones mercantiles pero se embolsan todas las ganancias (cuando las hay)

En términos de la reproducción presente, la forma capitalista de economía se basa directamente en relaciones de propiedad y el derecho civil. Se sostiene por el edificio de un derecho mercantil que define a los accionistas y no a los empleados como los que se apropian del valor. Su sustitución como la sustitución del sistema esclavista en América será resultado de cambios legales y políticos. Pero eso no explica cómo, en el sistema de intercambio privado de mercancías, la forma específica capitalista de hacer las cosas, con sus relaciones sociales anejas, llegó a ser dominante. Para comprender esto tenemos que analizar con más detalle por qué razón el complejo tecnológico propio del capitalismo refuerza las formas sociales capitalistas.

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5.4. Tecnología y excedente.

Se ha dicho antes que las sociedades capitalistas poseen una agricultura de alto rendimiento que puede sustentar grandes poblaciones urbanas; que los productores privados dedican una parte significativa del tiempo de trabajo social a la producción de mercancías, empleando en gran medida la técnica y la ciencia; que se basan en fuentes artificiales de energía; y que gran parte del producto excedente (el producto que sobra después de que se consigan los objetivos de re-producción social) se manifiesta en la ganancia privada obtenida merced al trabajo excedente de los asalariados. Debe quedar claro que todos estos rasgos se han dado en las sociedades pre-capitalistas urbanas, consideradas individualmente. Cualquier civilización urbana exige una agricultura capaz de generar un excedente. En las economías esclavistas existían muchos productores privados de mercancías, y una parte significativa del excedente, que era vendido, revestía el carácter de ganancias monetarias. La economía feudal y la economía esclavista se diferencian realmente del capitalismo por su empleo mucho más limitado de la energía artificial y por no haber llegado a un estadio en que de las investigaciones científicas se derivan aplicaciones tecnológicas para mejorar el rendimiento de la economía.

5.4.1. Energía vital.

El impacto de la revolución neolítica permitió que la humanidad accediera a una cantidad de energía mucho mayor, desplazándose al nivel trófico. En el periodo que media entre la revolución neolítica y el desarrollo de la economía capitalista, las sociedades siguieron siendo en cierto sentido economías naturales. Lo eran en la medida en que sus fuentes de energía eran aún biológicas, y como tales se veían limitadas por las mermas intrínsecas en las que se incurre cuando la energía solar atraviesa la fotosíntesis, por las pérdidas metabólicas en las plantas, y también por la ineficacia metabólica en los cuerpos humanos y animales previa a su conversión en energía mecánica muscular.

Había dos excepciones; la primera y la más importante, el empleo de los vientos para la navegación, en segundo lugar, la esclavización de personas para hacer girar norias o tornos. Las invenciones clave tenían que emplear la potencia hidráulica, y pese a poseer molinos, su uso industrial parece haber sido bastante limitado. Únicamente conocemos una aplicación a escala industrial de la potencia hidráulica en el mundo antiguo, el molino de Barbegal (212) aunque por lo visto había bastantes molinos de dimensiones más pequeñas.

El célebre molino de Barbegal, incluso con una eficiencia mecánica del 100% hubiera generado todo lo más 0,0033 MW a partir del flujo estimado de 250 L/s en una caída de 18 M. (221) Una estimación más realista con una eficiencia del 60% sería 0,026 MW.

Como muestra la tabla 5.4, incluso en la fase más temprana de la industrialización capitalista, el Reino Unido poseía 1000 veces más potencia hidráulica en funcionamiento que ese monstruo de la antigüedad.

Al mismo tiempo deberíamos evitar la tendencia de mitificar el capitalismo en relación con formas anteriores de relaciones capitalistas, diciendo por ejemplo que en las antiguas formas económicas no existían muchos incentivos para minimizar el insumo en trabajo.

Cuando se lee el pasaje que hemos citado de Catón sobre la gestión de los latifundios no es que le dé exactamente lo mismo que se desperdicie la mano de obra y el tiempo. El tiempo de trabajo es un recurso caro tanto para el esclavista como para el capitalista, y el precio de los esclavos fluctuaba y no siempre eran baratos, por lo que tenía perfecto sentido minimizar el número de esclavos que tenían que hacer una tarea. Cualquier serie de relaciones sociales aporta incentivos para reducir el trabajo expendido. Todo campesino libre o artesano quiere buscar medios de reducir el trabajo para conseguir un efecto útil, y aprovechará cualquier técnica disponible. Los señores feudales y los dueños de esclavo querían de igual modo maximizar el output de sus siervos o esclavos. No eran estúpidos.

Si acaso, Marx argumenta que, en el capitalismo, debido a la relación asalariada que implica pagar por la fuerza de trabajo únicamente una fracción de su verdadero valor, es irracional por su tendencia a subestimar el trabajo vivo en relación con el trabajo muerto. Deberíamos esperar que la progresividad del capitalismo en cuanto a su capacidad de incorporar maquinaria que ahorra mano de obra fuera inversamente proporcional al nivel de los salarios reales. (N. de T. cuando más barato sean los salarios menos incentivos para gastarse sus dineros en mecanizar, en cristiano) Cuanto más empobrecidos estén los trabajadores y peor sea su posición negociadora por el aumento de la oferta de trabajo resultante del flujo del campesinado desposeído, con más lentitud se mecanizará el capitalismo.

Donde, por contraste, los proletarios tengan la oportunidad de emigrar a tierras vírgenes, como ocurría en la América del siglo XIX, mayor es el incentivo para emplear maquinaria. Se han encontrado 60 molinos de agua romano-británicos, pero debemos suponer que sólo se ha descubierto una parte menor de todos esos ingenios. Tampoco está claro cuántos de los 5000 molinos o más que había en 1086 estaban siendo usados de forma continua desde la época romana. La presencia de muchos molinos horizontales sajones o noruegos apunta probablemente a que la mayoría de ellos habían sido construidos en los 600 años siguientes.

Lo que no sabemos es la potencia total instalada, pero si suponemos digamos, 1,5 o 2 kw por molino, lo que parece razonable en el caso de los molinos horizontales sajones, tenemos una potencia total instalada en la Inglaterra feudal media de 12 MW, o 460 veces el mayor ingenio industrial romano conocido. Lynne White (383) sostenía que la difusión de los molinos de agua implicaba la superioridad característica de la economía feudal en comparación con la esclavista. En el punto álgido, el empleo de molinos de agua en el periodo en la Inglaterra feudal en 1300 debe haberse duplicado.

Teniendo en cuenta que la población de 1086 a mediados del siglo XIV se duplicó con creces, esto apuntaría a una proporción estable entre energía humana y artificial disponible en esa época. Tenemos una proporción únicamente de 7 vatios de energía hidráulica per cápita. En este punto caso todas las aldeas deberían tener un molino o estar cerca de uno.

Langdon 204 señala que el 90% de los señoríos feudales en Inglaterra estaban provistos de molinos, en cuyo caso el control sobre esos medios de producción vitales hubiera supuesto un factor crucial en el poderío de la clase dominante. Pero nada apunta a que la clase dominante fuera reacia a adoptar la maquinaria que se conocía en sus tiempos y que ahorraba en mano de obra.

Si suponemos que el producto sostenido de un trabajador manual adulto en una agricultura campesina no excede los 75 vatios y que en 1086 el pico de producción de trabajo humano hubiera estado alrededor de 70 MW a mediados del feudalismo la energía artificial suministraba más o menos el 17% del total del pico de la energía humana. Si miramos a mediados del siglo XVII vemos una base instalada de potencia artificial de alrededor de 63 MW, la mayoría agua, pero también viento y vapor. Una población de seis millones y medio te da una producción de trabajo humano de 285 MW, de modo que en esta fase la potencia artificial constituía un 22% del total del trabajo humano. Un poco mejor que en el feudalismo pero no mucho.

En 1870 tenemos una población de 21 millones, que si hubieran hecho trabajos manuales pesados hubieran rendido 945 MW, pero que tenía una capacidad instalada de potencia artificial de 1700 MW, o casi dos veces el producto el producto físico manual. Se trata de un cambio de fase en el modo de producción que trajeron las máquinas de vapor y refuerza (bastante literalmente, por cierto) el argumento de Marx de que es el molino de vapor lo que hizo surgir al capitalista industrial.
¿Por qué era tan vital la energía para el desarrollo del capitalismo?

Fundamentalmente porque al reemplazar el músculo humano por la energía inanimada el monto de tiempo y esfuerzo necesario para hacer las cosas se redujo. Una máquina reemplazaba el trabajo de los brazos y manos humanas. Esto suscitó mejoras en la velocidad, en la masa y en la coordinación. La frecuencia resonante natural de los miembros humanos fija un número máximo de operaciones con un martillo, con una aguja o con una sierra. Un mecanismo con energía recíproca puede operar considerablemente más rápido.

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Contrastemos el número de puntadas por segundo de una máquina de coser con lo que se puede hacer a mano. Cuando el movimiento completamente rotatorio de la sierra circular reemplaza al sube y baja de una sierra de mano, la aceleración es aún más acentuada. El peso que puede moverse con cada golpe o movimiento puede incrementarse dramáticamente aplicando fuentes de energía. Los martillos que hacían moverse los molinos de agua eran mucho más pesados que los que podía un herrero, y los martillos a vapor y las prensas hidráulicas incrementaron la masa de los martillos varias órdenes de magnitud.

La misma magnificación se aplica en la comparación entre las palas y las excavadoras de vapor. Junto con el gigantismo se engendran los procesos paralelos. En vez de una mujer dando vueltas a un huso, una rueda impelida por agua puede hacer girar 100 husos por cada caballo de fuerza producido. Un megavatio es 1341 caballos de fuerza, así que los 90 megavatios de poder hidráulico instalado en 1800 podían haber movido 12 millones de husos. Por supuesto algunos de estos estaban dando energía a otras máquinas, pero esto indica el número equivalente de trabajadores que hubiera sido necesario para producir el mismo resultado. Aún así en realidad subestima la ganancia en productividad de la potencia inanimada, ya que la velocidad del huso a vapor es mucho mayor.

Un huso manual puede alcanzar una productividad de entre 2.5 libras y 6 libras de hilado por semana. (175) Una hiladora a vapor de agua, el mecanismo empleado en la industria textil inglesa, dispondría de cientos de husos por obrero y cada uno de ellos podía producir 25 libras y 120 libras de hilado por semana. (211) en consecuencia, cada huso impulsado por agua era 10 o 20 veces más rápido que el que empleaba la energía humana. Esto implica que 90 megavatios de potencia hidráulica consagrados al hilado producirán más o menos lo mismo que 200 millones de hiladores manuales.

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La producción capitalista se asentó en primer lugar empleando las técnicas basadas en la potencia hidráulica usadas desde la antigüedad, y la novedad no era tanto la fuerte de energía sino la escala en la que se empleaba y su aplicación a maquinaria muy coordinada.

La verdadera novedad, la potencia aplicada del vapor, al principio tuvo una aplicación muy concreta, usándose exclusivamente para bombear agua, especialmente en las minas. La potencia del vapor sobrepasó a la hidráulica por primera vez en la potencia instalada en Gran Bretaña, en 1830, y más tarde en Estados Unidos.

Se ha apuntado (224) que la razón por la que el vapor acabó reemplazando al agua en la industria del algodón se debió más a la lucha de clases que a la racionalidad técnica. Los molinos de agua que estaban en lugares rurales aislados hacían más fácil que los obreros hicieran huelgas, al contrario que en las grandes ciudades, donde entre los parados sobraban potenciales esquiroles. El poder de las máquinas de vapor permitía que los patronos se desplazaran de lugares donde el trabajo era escaso y poseía por tanto poder negociador a lugares donde era abundante y hallaba desunido y débil con la consecuencia inevitable.

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¿Es posible que el capitalismo se hubiera desenvuelto de otra manera que no dependiera de los combustibles fósiles? ¿Fue un mero accidente que la dinamo y el motor eléctrico de Faraday se inventaran décadas después del motor de Watt?

Si se hubiera investigado antes el electromagnetismo podía haberse transmitido la potencia de ríos caudalosos a centrales eléctricas en las ciudades, permitiendo que los patronos tuvieran las ventajas sobre los obreros que ya les daba el vapor.
Esta transformación, sin embargo, tuvo que esperar a Edison, Tesla y Kelvin a finales del siglo XIX. Pero incluso entonces la potencia hidráulica no hubiera podido rivalizar con el vapor. En el año 2000 la potencia hidráulica instalada del Reino Unido era de 1400 MW, que es menos que la que proporcionaba el vapor en 1870, y únicamente un cuarto del total de la potencia instalada de todas clases a finales del siglo XVIIII.

Hemos planteado una especulación contra-fáctica en la que el generador de Faraday se hubiera inventado antes que el motor de vapor de Watt. Podrían haberse dado circunstancias en las que el electromagnetismo se hubiera desenvuelto antes que la potencia del vapor, pero existen verdaderos vínculos lógicos entre los avances científicos y técnicos.

Heilbroner (161) sostiene que justamente esa serie de vínculos subyace a la insistencia de Marx en la primacía del desarrollo de las fuerzas productivas a la hora de dar dirección al desarrollo histórico y económico.

El conocimiento es acumulativo.

Necesitas conocimientos anteriores de una tecnología antes de poder pensar siquiera en mejorarla. Sin el motor Newcomen como punto de partida Watt no podía haber dado en el hito de su condensador autónomo. La posibilidad de que pensara que valía la pena emplear un condensador autónomo, sin embargo, dependía de que tuviera la idea anterior de que el calor era una “sustancia” cuantificable que podía ahorrarse no enfriando repetidamente el cilindro como lo hizo Newcomen. Eso solo fue posible debido al aprendizaje científico de Watt en el laboratorio de Black en la Universidad de Glasgow (50) que era en aquellos días el mayor centro de investigación termodinámica del mundo.

Los motores pioneros de Newcomen y Savery dependían a su vez de la propagación anterior de la obra de Torricelli sobre la presión atmosférica, ya que esos mecanismos, eran, en el lenguaje de aquellos días “ingenios atmosféricos”. La potencia de golpeo del motor estaba impelida por la presión atmosférica. Que las máquinas no fueran muchas veces obra de científicos profesionales, sino de técnicos como Watt y Cugnot, no debería llevarnos a pensar que los técnicos ignoraban los principios científicos subyacentes en las máquinas, o que los descubrimientos no dependían del conocimiento de esos principios. Por ejemplo la conversión del movimiento rectilíneo en movimiento rotatorio era un problema de ingeniería de primer orden. Se resolvió por medio de manivelas o engranajes planetarios, pero eso planteaba otro problema. Con un motor de barra había que combinar el movimiento vertical de la barra del pistón, con el movimiento de balanceo de la barra que tendía a combarse y a sacar de su sitio el vástago del pistón. Watt resolvió el problema con su engranaje con forma de paralelogramo. (124, 196)

La capacidad de inventar esto exige un conocimiento profundo de la geometría clásica y probablemente de las técnicas cartesianas con el fin de probar su validez. Algo que, como vemos en un museo ahora, parece literalmente tosco y poco sofisticado, en realidad necesita unos conocimientos matemáticos que abrumarían a la mayoría de los estudiantes de hoy.

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Por consiguiente, una premisa del desarrollo de la civilización capitalista, y de los adelantos técnicos de los que depende, ha sido el continuo desarrollo de la ciencia, así como la base educativa y de investigación que la ciencia necesita.
No es algo que se genere de forma interna en la empresa capitalista. Al principio dependía del patrocinio real y después del estado republicano que precedió bastante el crecimiento de la industria capitalista basada en máquinas. Russo et al. (318) muestran hasta qué punto la ciencia de los siglos XVII y XVIII dependía de la investigación financiada con dinero real como el del periodo helenístico en Siracusa o Alejandría.

A partir del siglo XVII el mecenazgo real de la investigación se reanudó y las universidades de Europa se convirtieron en centros científicos y no únicamente religiosos. El conocimiento científico, una vez que se hace público, no es susceptible de apropiación. No se puede sacar ganancia alguna de él por lo que principalmente ha de ser generado por la investigación social más que privada.

Por grande que pueda haber sido el incentivo de los capitalistas para innovar la mera existencia de las relaciones mercantiles y el trabajo asalariado no hubieran sido suficientes para generar el modo capitalista de producción. Las innovaciones que se hacen por medio de ensayo y error, sin una base teórica, son por lo general lentas y de escasos alcances. Sólo se aceleran cuando van de la mano con una teoría producida y enriquecida socialmente que no ha sido objeto de mercantilización. Las patentes y los derechos de propiedad intelectual permiten que ciertas innovaciones sean rentables para las empresas pero eso se debe a que el Estado les concede un monopolio temporal (normalmente 25 años)

Pero los adelantos científicos normalmente producen sus frutos cuando ha pasado bastante tiempo, en un futuro relativamente a largo plazo, así que si hubiera que hacer investigación científica para obtener ganancia sería necesario hacer que el propio conocimiento científico fuera susceptible de ser patentado, y hacer también que estas patentes tuvieran una duración mucho mayor, de casi un siglo o más.

Sin embargo, una empresa capitalista racional descontará los retornos futuros de las patentes contraponiéndolas con lo que cree que será el tipo de interés a largo plazo. Hagamos el cálculo conservador de que sería una tasa de descuento del 5%. Esto significa que el valor presente del rédito futuro de las patentes a largo plazo que necesitas para generar teorías científicas es desdeñable:

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Por consiguiente, la búsqueda de ganancia capitalista nunca generará el tipo de ciencia necesaria para cambios técnicos sustanciales. Esta propiedad fundamental de la contabilidad capitalista socava la tesis de Brenner de la existencia de que la propia existencia de relaciones de mercancías y trabajo asalariado explican por sí solas el surgimiento del modo capitalista de producción.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Sab Sep 30, 2017 12:02 pm 
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5.4.2. Una subyugación férrea.

Si tenemos en cuenta que la locomoción no era más que emplear la energía procedente de combustibles fósiles, y que durante un largo tiempo su empleo fue residual todo lo más, aún tenemos más claro hasta qué punto depende la industria capitalista de los combustibles fósiles.

Se empleaba el carbón en los hogares para guisar y obtener calor, pero no nos encontramos un empleo capitalista de la energía. Sin embargo la industria siderúrgica, de construcción, del cemento, la alfarería, el horneado, la destilería, etc., consumían enormes cantidades de carbón.

Se trataba de aportar calor o de aportar energía química directa. No puedes convertir óxido de carbono en hierro metálico sin la energía química del carbón que obra como agente reductor.

El rápido crecimiento de estas industrias en el siglo XIX fue posible únicamente porque la industria del carbón aportaba mucho más que quemar estiércol o carbón vegetal. Con la transición del combustible biológico al fósil en la producción de hierro, tenemos una transición que va dirigida al agotamiento de los recursos, análoga a la hipótesis de la extinción de la megafauna analizada en el capítulo anterior.

Desde comienzos de la edad de hierro hasta el siglo XVIII, la producción de hierro había dependido del carbón vegetal tanto en calidad de combustible como para aportar energía química. Durante la mayor parte de esa época el consumo de madera estaba limitado por el pequeño tamaño de los hornos y por el hecho de que las corrientes de aire provenían de fuelles operados manualmente.

Los primeros hornos producían una masa en bruto de hierro pudelado solido que contenía una mezcla de hierro e impurezas. Después había que dar martillazos para extraer las impurezas y modelar el acero forjado.

En los primeros hornos pequeños, usar fuelles manuales no generaba temperaturas suficientemente elevadas para fundir realmente el hierro. Considérese ahora que la pérdida de calor de un horno es proporcional a su extensión superficial, mientras que la capacidad generadora de calor es proporcional al volumen del combustible que se quema.

La pérdida de calor es consecuentemente proporcional al cuadrado de la dimensión lineal del horno, y el calor producido al cubo de su dimensión.

De modo que si construyes un horno más grande subirá la temperatura que puede alcanzar. Sin embargo un horno más grande necesita más aire, más que lo que puede aportar un hombre. Los fuelles impulsados por el agua permitieron construir hornos más grandes. El fin principal era aportar masas de hierro en bruto más grandes, que permitieran forjar objetos de mayores dimensiones.

Pero un efecto segundario era que, cuando se echaba suficiente aire, era posible calentarlos hasta el punto en que se obtenía acero líquido que después podía ser enfriado como acero fundido. Cuando se empleaban los hornos primitivos de fundición, las masas de hierro en barras eran demasiado grandes para poder ser forjadas a mano, y hacían falta los martinetes que se ven en la gráfica 5.3. Esta fase había sido alcanzada a finales del siglo XV en Italia y en el siglo XVI en Europa Central. (388) Esta escala superior de producción, posible merced al poder hidráulico permitía que la siderurgia pasara a un modo capitalista de producción en una etapa relativamente temprana.

La escala de producción estaba mucho más allá de lo que podía conseguir el herrero individual, porque necesitaba un capital fijo importante y una mano de obra abundante. Al desarrollarse el modo físico de producción tenía que modificarse su forma social, aunque aún estuviera inserta en la economía feudal natural. Las herrerías empleaban tres fuentes de energía por orden descendiente: la energía química del carbón vegetal, la energía gravitatoria de los caudales de agua y la energía metabólica de los obreros.

Pero la energía física la seguía aportando una fuente orgánica: la madera que se quemaba en condiciones de oxígeno enrarecido para producir carbón vegetal. Como tal las herrerías tenían que estar en lugares boscosos y con caudales de agua y tenían una dependencia semi-agrícola de bosques titularidad de la aristocracia. El proceso se integró en el feudalismo en un segundo sentido ya que un producto importante de la industria del hierro en los siglos 15 y 16 eran las armaduras que las clases dominantes llevaban en el combate.

Además, aunque el poder hidráulico se empleaba para empujar los fuelles y los martinetes, la forja de gran parte del producto final, como espadas, cotas de malla, yelmos, aún se hacía de forma manual por los herreros. En las fases más tempranas de las herrerías que usaban fuentes de energía eran de titularidad de la propia aristocracia o de instituciones eclesiásticas: la superestructura del feudalismo. Después se alquilaban a patronos capitalistas, que tenían que pagar una renta por la madera empleada para combustible, etc. En términos formales los patronos del acero y sus trabajadores tenían que reconocer al señor titular de la tierra como su superior feudal, haciendo los juramentos de rigor, etc, pero en la práctica se trataba de un arrendamiento de uso.

No ha sido pacífico si los hornos y las fundiciones de la edad media pueden considerarse industria o manufactura. (267) Hoy en día no tendemos a diferenciar las dos conceptualmente pero Marx decía que había una importante distinción histórica. Lo que denominaba manufactura era un proceso en el que todavía obraba el trabajo manual con herramientas manuales. En su concepción la industria requería fuentes de energía. La manufactura podía congregar a muchos trabajadores en un lugar, y podían ser asalariados, pero todavía trabajaban con sus manos. Como tal su subordinación a los capitalistas eran sólo formal, es decir, que solo existía en la manifestación social del trabajo asalariado.

Lo que Marx consideraba el modo de producción capitalista propiamente dicho, donde los trabajadores estaban sometidos a una subordinación “real” con respecto a los capitalistas, sucedió con el advenimiento de las fuentes externas de energía modernas. Antes de las mismas los trabajadores, en principio, podían haberse establecido como productores independientes, ya que las herramientas que utilizaban eran baratas y sencillas. Ciertamente había una co-existencia de trabajadores autónomos y fábricas, puesto que las ventajas técnicas de las manufacturas no eran aún lo suficientemente importantes como para expulsar de la producción a los trabajadores independientes.

En este relato las fundiciones de hierro de la edad media implicaban una subordinación real de los trabajadores con respecto a los patronos. Eran asalariados libres y no siervos, pero no tenían la posibilidad real de competir con los patronos del acero a menos que pudieran adquirir suficiente capital para adquirir un horno de fuelles, un molino de agua, etc. Estos medios de producción eran demasiado grandes como para que los pudiera utilizar un solo herrero y su familia.

Los herreros locales, como resultado de ello, fueron desplazados de la producción inicial de hierro, trabajando en vez de ello pequeños fragmentos o lingotes que producían las fundiciones más grandes en productos finales. Es mejor ver tanto las fundiciones hidráulicas como los navíos comerciales como bolsas de industria capitalista en el seno de una economía feudal predominantemente agrícola. Los mercaderes y navieros capitalistas y los patronos del acero dependían de la canalización de una fuente de poder artificial: el viento y el agua. En ambos casos la escala de la inversión y el aumento de productividad que siguió cimentó su posición de clase real.

El desarrollo secuencial, primero de los hornos de agua y luego de los altos hornos que producían hierro fundido, ocasionó una reducción del insumo de mano de obra requerida. Un horno de fuelle operaba de forma intermitente. Se cargaba, se soplaba, se extraía la barra de hierro en bruto y luego se podía una nueva carga y vuelta a empezar.

Los altos hornos funcionaban sin parar, siendo periódicamente sangrados. Esto reducía el trabajo necesario para producir 100 kilos de hierro de cuatro días de trabajo en el siglo XV a 2,7 días de trabajo en el XVIII. Además la disponibilidad de acero líquido significaba que se podían modelar objetos de él.

El modelaje es mucho menos intensivo en trabajo que la forja, y permite la producción más sencilla de productos más estandarizados y elaborados: utensilios de cocina, railes y después piezas de máquinas. Había sido posible desde hacía mucho tiempo elaborar esos objetos con bronce líquido, pero el hierro es mucho más barato. Esta ampliación del mercado y abaratamiento del producto implicaba una demanda mayor de combustible. Mientras los hornos fueran manuales, empleando fuelles y emplearan la forja manual, podía existir un equilibrio entre esos dos procesos bio-energéticos.

La energía humana para utilizar las forjas dependía de la fotosíntesis en los campos de cereal, mientras que la energía química para aportar calor dependía de la fotosíntesis en los bosques. La energía humana limitada para impulsar los fuelles, frenaba el suministro de oxígeno a los hornos que a su vez frenaba la demanda de carbón. La potencia hidráulica, podía aportar tanto oxígeno, que los bosques que los bosques ya no podían satisfacer a tiempo la demanda de carbón vegetal. La deforestación amenazaba a la industria del hierro a menos que se encontrara una fuente de carbón alternativa. La respuesta era la coca, inventada independientemente en China y en Inglaterra. La pirolisis del carbón producía carbón casi puro, apropiado para la operación de los hornos. Liberada de las cadenas fijadas por la producción de carbón biológico y empleando el soplado impulsado por vapor, y liberado de las cadenas de los caudales erráticos de las corrientes de agua, la industria del hierro capitalista podía embarcarse en un crecimiento exponencial.

Hemos presentado la producción de hierro como un ejemplo de desarrollo capitalista por varias razones. Era una industria capitalista pionera. Una de las primeras en aplicar energía artificial y una de las primeras que depende del combustible fósil. Ilustra el proceso por el que los empleados son, en un sentido real e insoslayable, subordinados de los capitalistas. Muestra como los adelantos técnicos mejoraron la productividad del trabajo, expandieron la escala, mejoraron la eficiencia laboral y técnica y por medio del casting permitieron nuevos procesos de producción menos intensivos en mano de obras. También era una industria estratégica de la que dependían otras, puesto que todas ellas dependían de implementos de hierro. Pero todos esos rasgos en grados diversos pueden ser replicados en el análisis de otras industrias: el transporte, la energía, el procesamiento de comida. En todos ellos la aplicación de máquinas con energía y de combustibles fósiles permitió el crecimiento de la productividad del trabajo que vetó ramas de producción completas al trabajo autónomo.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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5.4.3 Automación o auto-acción.

Un navío de vela o la potencia hidráulica canaliza una potencia no biológica para producir movimiento continuo. Como animales tenemos que llevar a cabo una secuencia repetida de movimientos de nuestras extremidades. Antes de la invención del molino de agua, se procesaba en primer lugar el cereal frotando una piedra de moler de rodillas, una acción que generaba una degeneración prematura de la rodilla. (160)

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El siguiente adelanto fue la rueda de molino (GRACIAS REZZ) rotatoria operado a mano, dos piedras circulares con superficies planas y un eje central, una encima de otra. La piedra superior se voltea con un movimiento de arranque de una mano empleando un palo introducido en una agujero en la piedra superior. Esto reducía en gran medida el esfuerzo necesario y permitía trabajar sentado. El molino de agua era un desarrollo directo de este instrumento de moler a mano. Pero el instrumento tenía que llevar a cabo las mismas operaciones rítmicas de su brazo para conseguir la rotación continua. Del mismo modo que con el hilado, el movimiento continuo de la rueda viene del movimiento alterno de las extremidades, en el cual se superponen los movimientos de los brazos necesarios para extraer primero, girar y después a favor del viento. Hasta ahora está claro. Pero esta capacidad de generar una secuencia de acciones, incluso si es repetitiva, es algo que al principio era una capacidad especialísima de los seres humanos y de algunos animales. Las velas de un buque simplemente transmiten una fuerza continua, no hace falta un movimiento secuencial. Un barco de vela modelo, con sus velas bien colocadas, se deslizará de forma autónoma por un estanque.

En contraste un proceso de trabajo es más que un mero gasto de energía, es un patrón, una secuencia estructurada de un movimiento típicamente repetitivo. La principal invención que permitió la mecanización del movimiento repetitivo es el eje (GRACIAS MANUEL), como el que se ve en la gráfica 5.7. La representación más temprana de este mecanismo se remonta al año 1201 en un autómata musical obra de Al Jazari. (225) Se empleó muchas veces en autómatas musicales, órganos de tubos, cajas musicales, etc, durante los comienzos de la edad moderna y, a partir del siglo XVIII comenzó a ser aplicado a los autómatas industriales. La automación de la industria del tejido con la “Mule”, al igual que el motor diferencial de Babbage dependía de variantes de este mecanismo. Otro mecanismo que seguía el mismo principio era el telar de Jacquard. Esos mecanismos permiten la automatización de cualquier proceso laboral, que, en términos informáticos modernos, es un bucle eterno compuesto de múltiples pasos paralelos.

Lo que no pueden hacer es tomar decisiones; no poseen nada que sea equivalente al if… then… else… de los modernos lenguajes de programación Debido a esto únicamente pueden emplearse por el capital para reemplazar el trabajo RUTINARIO, el trabajo que implica una interacción de los sentidos y decisiones sobre la base de estas decisiones que permanecen fuera de su ámbito. Eso obviamente comprende la gran masa del trabajo administrativo, contable, o los famosos agentes navieros de Hayek. Pero muchas otras tareas, que en términos sociales se desprecian, como la recogida de frutas, la selección de patatas, la limpieza, etc, también exigen que los trabajadores lleven a cabo todo el rato decisiones y juicios.

El modelo de autómata con un eje es el que satirizaba Vonnegut en su novela distópica el Pianista (371) de principios de los 50. Presentaba una imagen del capitalismo americano de finales del siglo XX en el que los trabajadores cualificados habían sido reemplazados por máquinas automáticas como el piano del nombre. La fecha de esta novel indica cuanto tiempo el capitalismo ha dependido de este tipo de automatización, 170 años después de la “mule” rotatoria.

El principio de una máquina capaz de tomar decisiones, y que por lo tanto puede reemplazar una gran parte del trabajo administrativo de cálculo y contable ya se había tenido en el primer tercio del siglo XIX, (207) pero su aplicación práctica se demoró hasta la disponibilidad de los mecanismos electrónicos de conmutación y la tecnología apropiada de memoria electrónica. (389)

El búho de Minerva de Vonnegut emprendió su vuelo justo antes del amanecer del capitalismo informatizado.
La toma de decisiones en una forma mucho más primitiva ya había estado disponible bajo la forma del patrón de Watts, un mecanismo basado en la fuerza centrífuga que regulaba la velocidad de motores de vapor estacionarios empleados en los molinos. Pero hasta el desarrollo de la computadora electrónica no era posible fabricar máquinas que desplegaran comportamientos complejos y diversos en respuesta a circunstancias externas. Esto implicaba que la primera ola de la automatización capitalista se restringía a la sustitución de tares que eran de una sencillez inherente o en la que la división del trabajo ya había forzado tal simplicidad. El ordenador electrónico, sin embargo, posee el potencial de reemplazar cualquier tarea de toma de decisiones u orientación que había sido realizada antes por los seres humanos. (362) Al principio el efecto se produjo en tareas administrativas, seguros, la actividad bancaria, etc, pero las ganancias de productividad de la automatización en estos ámbitos era lenta, insuficiente para ciertamente detener estos sectores empleando una parte creciente del trabajo social.

Una cuestión clave sobre los ordenadores electrónicos es que son máquinas universales, una tecnología generalista. Un modelo convencional de PC puede aplicarse a un gran ámbito de tareas de computación o control industrial. Las técnicas de secuenciación de primera generación tendían a ser específicas de cada máquina. No podrías tener un mecanismo de tubos de un órgano e incorporarlo, sin modificar a una máquina de tejidos. La generalidad del ordenador implica que comienza a aproximarse a la generalidad del trabajo humano. Los ordenadores convencionales y producidos en masa IBM 360 podían reemplazar una gran cantidad de diferentes oficios administrativos y contables durante los 60 y 70, y diversas generaciones de derivados del IBM 5150 continuaron el proceso a partir de los 80. Este proceso de emplear máquinas de computación de uso general constituyó la segunda ola de automatización capitalista, abarcando a grandes rasgos la segunda mitad del siglo XX.

Se abre una tercera fase con el desarrollo de robots de función múltiple. Por lo general tenían un brazo, aunque también había disponibles versiones de dos brazos. Eran diferentes de los autómatas de primera generación por ser de función múltiple, y de los autónomas de segunda generación por ser aplicados a la producción física en vez de al procesamiento de información. Sin embargo aún no son los trabajadores universales de la ficción científica, ya que por lo general están atornillados al suelo. Los que pueden moverse, hasta ahora poseen una muy limitada movilidad, resistencia y consciencia de las circunstancias. De momento no son capaces de obrar como un sustituto de función general de los trabajadores humanos. Esto no implica que no se pueda fabricar este tipo de robots en el futuro.

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5.4.4. Ganancia del primer uso.

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La tecnología dispara la ganancia de dos formas diferentes. La primera afecta a la empresa individual que incorpora la innovación. La segunda afecta de forma colectiva a todas las empresas capitalistas. El primer mecanismo es sencillo de comprender. Recordemos que existe una clara correlación entre los precios de las mercancías y el trabajo necesario para fabricarlas. Por consiguiente es evidente que adoptar tecnología que ahorre mano de obra en una rama industrial tenderá a reducir el precio relativo de su producción. Sin embargo la incorporación de tecnología no se da de un modo equilibrado. Puede que una o dos empresas sean las pioneras. La empresa pionera puede hacer caer su precio ligeramente, e incrementar su cuota de mercado. Eso queda ilustrado en la tabla 5.7. La situación inicial es que el producto requiere un total de 10 horas de trabajo, que, siendo el promedio del valor en dinero de una hora de trabajo 20 euros implica un precio de venta de 200 euros. Después de la innovación el contenido en trabajo del bien cae a la mitad. Antes de la innovación la ganancia unitaria (por unidad) era 50 libres, después de que la nueva técnica se generaliza cae a 20 euros. Suponemos que una empresa que vende 1000 unidades originalmente puede ahora vender 1.200, de modo que su ganancia total no cae tanto como la ganancia unitaria.

Sin embargo durante el periodo real de innovación la empresa pionera en el empleo de esa tecnología poseerá una enorme ventaja competitiva.

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Supongamos que mientras todos los demás están vendiendo a 200 euros por unidad, la empresa pionera vende a 150 euros por unidad con unos costes básicos de 80 euros. Aumentan su ganancia por unidad mientras debilitan a la competencia. Supongamos que doblan sus ventas en el periodo de transición a 2000 unidades anuales. Su ganancia sube en dos sentidos, el margen se incrementa y la cantidad también. A menos que el pionero pueda impedir el acceso a la nueva tecnología se acabará copiando y la ventaja será a corto plazo. Tanto la empresa pionera como las demás terminarán en una posición parecida a la de la segunda columna de la tabla.

La existencia de leyes de patentes y propiedad intelectual puede conferir al pionero un periodo de ventaja relativamente largo, lo que promoverá a su vez la concentración y monopolización de la industria. Pero con frecuencia existen múltiples maneras de mejorar un proceso de producción. Patentar uno de ellos incrementa el incentivo de otras empresas para concebir alternativas que aún no han sido patentadas. Y si no existen leyes de patentes o no se hacen cumplir, el incentivo de los competidores para aplicar la nueva tecnología será mayor si cabe.

5.4.5 Niveles salariales e innovación.

Una economía capitalista, por lo tanto, posee un mecanismo que alienta a la incorporación de tecnología que ahorra en mano de obra, que no estaba presente de forma tan clara en sistemas anteriores. Como dependen de la venta de mercancías para seguir en el mercado, la supervivencia misma de las unidades productivas acaba dependiendo de estar al día en la tasa prevaleciente de mejora tecnológica. Brenner ha argumentado (41) que ese ha sido un factor crucial a la hora de generar las mejoras en la actividad agrícola que aportaba el excedente de oferta de trabajo que había de emplearse con el crecimiento subsiguiente de la industria capitalista.

Sin embargo la agricultura de la temprana Edad Moderna era relativamente de pequeña escala, competitiva y no empleaba por lo general máquinas. Esta presión de innovar no tiene que actuar necesariamente de forma fiable, ya que puede verse sofocada por escasas tasas salariales o por los monopolios. En la Tabla 5.7. la tecnología mejorada implicaba una reducción tanto en el trabajo directo como en el indirecto.

Supongamos que tenemos en cuenta una innovación que reduce el trabajo directo al coste de emplear más trabajo indirecto manifestado en máquinas.

La Tabla 5.8 nos ofrece un ejemplo de cambio técnico que, al contrario que en el ejemplo anterior, ahorra mano de obra directa empleando trabajo indirecto adicional en forma de máquinas. La innovación ahorra el 10% del trabajo total, pero no hay ganancia resultado de emplearla. El capitalista debe pagar plenamente por el trabajo indirecto que compran de otros capitalistas, pero únicamente tiene que pagar por la mitad del trabajo que obtiene de sus empleados. Por consiguiente no existe ganancia adicional por el hecho de cambiar a la nueva técnica.

Pero si los salarios se incrementaran de 10 euros la hora a 15 euros la hora, como se muestra en las columnas de salarios elevados de la tabla se produce un cambio en la rentabilidad relativa. Ahora la innovación es rentable.

Debe señalarse que esto implica que los campesinos libres que disponían de suficiente tierra deberían tener un mayor incentivo para emplear maquinaria que ahorre mano de obra que los granjeros capitalistas. El granjero libre valorará su propio trabajo por su valor pleno, puesto que se queda con todo el producto marginal de modo que merece la pena adoptar cualquier maquinaria que mejore la productividad del trabajo. Los granjeros capitalistas por el contrario poseen los incentivos perversos que se muestran en la tabla 5.8. Esto puede tener relevancia en relación con las tesis de ciertos historiadores que siguen afirmando que fue la extensión del trabajo asalariado lo que alentó la innovación en el comienzo del capitalismo en el Reino Unido. Mientras que el trabajo asalariado hace que merezca más la pena adoptar maquinaria que en la esclavitud o la servidumbre, cuando hablamos de granjeros libres el trabajo asalariado demoraría el empleo de maquinaria.

Si analizamos otras formas de inversión de capital en la agricultura: como despejar el terreno, el drenaje, echar estiércol, plantar rompe-vientos, construir diques, etc., la situación es bien distinta. Un señor feudal o un dominus posee el mismo incentivo relativo para llevar a cabo estas mejoras que el granjero libre puesto que no se trata realmente de inversiones de capital. No se compran como mercancías. Lo que hace el señor de esclavos o de siervos es ponerles a trabajar en esas tareas. El cálculo que aquí interesa vuelve a ser aquel en el que la mano de obra se compara con la mano de obra y uno se decantará por la inversión que maximice la producción incrementada.

Así que los dueños de esclavos del Sur de Estados Unidos no tenían el menor problema en poner a sus esclavos a talar bosques y abrir nuevas tierras al cultivo. Un gran agricultor capitalista a comienzos del siglo XIX en Inglaterra hubiera tenido el mismo fundamento racional en relación con las mejoras en sus tierras. Nuevamente el “capital fijo” se valora del mismo modo que el trabajo presente, y a ambos se les paga el mismo salario semanal. La superioridad de la producción capitalista en términos de mejores agrícolas no es algo que debe darse por supuesto. En este ámbito tanto la agricultura capitalista como la servil están en la misma liga cuando se trata de los costes comparativos del uso inmediato o a largo plazo de la mano de obra que controlan. La superioridad del capitalismo sobre las relaciones esclavistas se da únicamente en el contexto de la adquisición de medios de producción: maquinaria o fertilizantes químicos.

Volviendo a la cuestión de la maquinaria y aplicando el argumento a las cooperativas, vuelven a tener más motivación para usar maquinaria moderna que las empresas capitalistas. En general, cuando más alto sea el nivel salarial mayor será el incentivo para que los patronos incorporen invenciones que ahorren trabajo. A la inversa, los salarios bajos y las condiciones de servidumbre obran como un freno enorme para el empleo de maquinaria moderna. Esto queda ilustrado cuando comparamos dos partes del antiguo Imperio Británico, la India y los Estados Unidos. Los modos de producción, “la manera de hacer las cosas” no existen de forma aislada. Hemos abordado la esclavitud y la economía campesina de los terratenientes en capítulos independientes pero históricamente la producción capitalista ha coexistido con ambos, y en algunas partes del mundo, como la India, aún lo hace. Es fácil pensar que EEUU siempre ha sido una sociedad capitalista y considerar su revolución burguesa como arquetípica. Este no es el enfoque que empleamos aquí. Hemos presentado el Sur anterior a la guerra como un modo de producción esclavista clásico.

La estructura de clases tras la independencia no se parecía a la temprana historia capitalista. Tenía uno que remontarse a más de 2000 años antes para encontrar algo parecido: la república esclavista de Roma que copiaron de forma consciente y deliberada los oligarcas americanos. En la cúpula se hallaba la aristocracia dueña de esclavos que no desempeñaba trabajo productivo directo alguno, sino que vivía del trabajo de los esclavos. Por debajo de la aristocracia nos encontramos con una clase de ciudadanos libres que trabajaban para ganarse la vida. Podía tratarse de pequeñas familias de granjeros o artesanos. En lo más bajo de la escala estaban los esclavos que no poseían derechos civiles ni políticos puesto que eran propiedad privada de los aristócratas.

Los principales conflictos de clase se daban entre los dueños de esclavos y los esclavos por un lado, y entre los dueños de esclavos y los ciudadanos libres por otro. Como ni en Estados Unidos ni en Roma los esclavos poseían derecho político alguno, los conflictos que se suscitaban entre ellos y sus dueños revestían un carácter de violencia física brutal, siendo los medios de dominación los látigos y las cadenas. Los ciudadanos libre poseían derechos civiles, y como superaban en número a los esclavistas el poder político de éstos se hallaba constantemente amenazado por los artesanos y campesinos libres. La principal materia de conflicto entre los esclavistas y los campesinos libres era la propiedad de la tierra. El progreso de la esclavitud implicaba que cada vez más y más tierra era absorbida por enormes fincas esclavistas, lo que amenazaba enviar derechos al proletariado a los ciudadanos libres.

Tanto en Roma como en los Estados Unidos, los campesinos ciudadanos libres eran aliados de los esclavistas. Al igual que en la roma expansionista, la contradicción externa se daba entre las clases propietarias de la República y los pueblos libres que la rodeaban. El imperialismo expansionista de ambos estados fue impulsado tanto por el deseo de las clases senatoriales de adquirir nuevas fincas, como, de forma más significativa, por el deseo de fundar colonias donde un proletariado cada vez más amenazador podía instalarse como granjeros independientes. Como Weber argumentaba, los paralelismos entre el campesinado romano y americano se correspondían con la geometría de la propiedad de las tierras. En ambos cases la tierra se dividía en una red de parcelas cuadriculadas cruzadas por largos caminos rectos, y eso es algo que únicamente puede conseguir un imperio conquistador.

El final de la esclavitud no implicó una transición directa de la economía a la producción capitalista. El modo de producción material en la mayor parte de la economía siguió siendo claramente pre-capitalista, pues dependía del trabajo manual y no se utilizaba maquinaria que empleara fuentes de energía. Las relaciones sociales se caracterizaban por una mezcla de relaciones semi-feudales y semi-serviles en el Sur, campesinos libres en occidente y una industria capitalista en el noroeste de la nación. En el siglo XX, EEUU pasó por una fase de transición de una economía predominantemente rural semi-feudal de campesinos negros y campesinos libres blancos a una economía predominantemente urbana de trabajadores asalariados. La depresión agrícola de los años treinta permitió a los bancos desahuciar a los campesinos empujándolos a las ciudades. En el Sur, los terratenientes emplearon la mecanización para desprenderse sin miramiento de los aparceros negros, a los que tampoco quedó otra que emigrar a las ciudades.

Al final del siglo XIX, la mecanización en la India no había tenido mucho efecto en la agricultura, e incluso en el caso de la producción textil (que normalmente es la primera industria que se mecaniza) la transición de la manufactura a la industria mecanizada distaba bastante de haberse completado (Ver Tabla 5.9)

¿A qué se debió tal fenómeno?

Parece que los principales factores del mismo fueron la combinación de salarios muy bajos con la persistencia de relaciones de producción semi-serviles en la India. Aunque se había abolido formalmente la esclavitud en 1843, en la práctica continuó hasta 1900 y aún existe, con cálculos de que todavía quedan 40 millones de trabajadores serviles en la India moderna. Las tribus de castas clasificadas componen el 24% de la población India en 1991. Sin embargo el propio gobierno admite que más del 86% de esos trabajadores esclavos provienen de esos grupos. Todo ello ocurre pese a la prohibición de toda forma de trabajo forzado en el artículo 23 de la Constitución y la Ley de 1876 de Sistema para la Abolición del Trabajo Servil.
El trabajo esclavo llevado a cabo por los integrantes de las castas más bajas es abundante en la agricultura, incluso más en regiones más desarrolladas como el Punjab. En la industria de fabricación de ladrillos 3 millones de trabajadores están sometidos a condiciones que son prácticamente equivalentes al trabajo servil. Los hornos para fabricar ladrillos están custodiados con el mayor rigor y se imponen límites severos al movimiento de los trabajadores. Estos suelen deber dinero a sus patronos y esta situación continúa de año a año.

Se dan condiciones parecidas de trabajo semi-esclavo en otros sectores donde se lleva a cabo trabajo manual, en las canteras, en las minas, en los tejidos hechos a manos, en las salinas y en la construcción. En Tamil Nadu, de 750.000 trabajadores en las canteras 2/3 son esclavos, y en muchos casos nos encontramos con la esclavización de familias enteras.

Teniendo en cuenta la estrecha relación existente entre la esclavitud y la opresión de casta vale la pena analizar a los EEUU. La esclavitud había seguido siendo legal en EEUU incluso después de que se hubiera abolido (formalmente) en la India. Dilip Menon narra como ya en el siglo XIX los novelistas de las castas más bajas de la India apreciaban el parecido entre su condición y la de los negros de Estados Unidos. Incluso después de que la esclavitud quedara abolida formalmente por Lincoln gracias al triunfo de la Unión en la Guerra de Secesión, una conmoción social muchísimo más grave en sus consecuencias que todo lo que pudo pasar la India en su camino en la independencia, los negros no dejaron de ser una casta aparte. Estuvieron privados de derechos civiles hasta los años 60, se les segregaba, se les negaba el acceso a muchos oficios y profesiones y se les prohibía incluso luchar por su propio país.

Ex esclavos o descendientes de libertos, se enfrentaban con los mismos prejuicios que sus antepasados. ¿Qué era sino el miedo a “contaminarse” lo que hacía que se les forzara a servirse de un abastecimiento de agua separado, y qué diferencia existe entre que se prohibiera a los dalits beber en los tanques de los hindús y que se prohibiera a los negros usar las fuentes de los blancos?

Todo el edificio de la segregación no era sino una serie de tabús de contaminación que pretendían hacer cumplir la ley de un estatus subhumano.

Puede unos emplearan la palabra casta y otros razas, pero una palabra no hace ninguna diferencia. Ambos son mistificaciones ridículas para “justificar” una explotación real. Teniendo en cuenta la mezcla fundamental de la genética humana, y el hecho de que todos descendemos de homínidos de África, la raza era un constructo social tan imaginario y absurdo como la casta. Su significado funcional era el mismo, demarcar una sección servil de la población. Ambas categorías apelaban a estupideces religiosas en respaldo de su iniquidad, y la sectas cristianas decían que los negros eran los hijos de Caín.

La idea de casta y la idea de raza conforman parte de lo que ya Althusser denominó el aparato ideológico del Estado de una sociedad explotadora. Con esto se refería a la serie de ideas que constituyen a los agentes humanos como “súbditos” y cuya función es asegurar la re-producción continuada de las relaciones existentes de dominación y servidumbre.

En el contexto de lo que se ha dicho sobre el papel del atraso económico a la hora de mantener el sistema de castas en la india, resulta oportuno hablar de la lucha de los negros a mediados del siglo XX en los EEUU. Mediaron cien años entre la abolición de la esclavitud y la conquista de sus derechos civiles en los años sesenta.

¿Por qué ocurrió entonces y no en 1890, por ejemplo?

Una teoría de los marxistas del proletariado negro de EEUU, que vivieron estas transformaciones, plantea que durante los cincuenta y sesenta se había dado un cambio económico crucial. Cuando se liberó a los esclavos habían seguido siendo una clase semi-servil de aparceros. Siguieron siendo agricultores que trabajaban para sus antiguos amos que ahora eran terratenientes. Los antiguos esclavistas siguieron haciéndose de oro con el trabajo de los libertos, pero en el marco de una relación que ahora era feudal o semi-feudal. El hecho crucial es que no se había modificado el modo de producción material. La producción de algodón seguía dependiendo del trabajo manual para cultivar los campos y recoger la cosecha. Los negros eran libres en teoría y en la ley, pero estaban haciendo lo mismo que hacían los esclavos.

Únicamente en los años cuarenta el gobierno federal dio un paso al frente para hacer cumplir la legislación contra el trabajo servil. Además del peonaje y la aparcería semi-feudal, no debemos olvidar que la producción esclavista continuó a gran escala en EEUU empleando el trabajo de los presos. En los 70 los Estados del Sur ya habían aprobado leyes de vagos cuyo fin principal era convertir a los pobres, y especialmente a los negros, en trabajadores esclavos.

Cuando se empezó a hacer cumplir la ley con respecto a la esclavitud por deudas, y con la emigración de los aparceros al Norte industrial surgió por vez primera un incentivo para mecanizar la agricultura agrícola. En los 50 los terratenientes comenzaron a utilizar máquinas que podían recoger algodón, la limpieza de las malas hierbas era cosa de agentes típicos y toda la producción agrícola pasó de la manufactura a la mecanización.

El modo de producción material pasó a ser específicamente capitalista. Y en consecuencia con la modificación en el modo de producción material tenían que cambiar asimismo las relaciones sociales de producción. El sistema de aparcería semi-feudar tenía que dejar paso a la agricultura intensiva en capital. La clase de los aparceros fue liberada de la tierra para convertirse en un proletariado que emigró a los grandes centros manufactureros urbanos de USA. La emigración del Sur rural, y el movimiento social cuando se evadió la dependencia social del sistema de aparcería puso las bases de la lucha política por los mismos derechos civiles. Los negros eran partícipes en el mercado de trabajo como los demás, trabajando al lado de blancos en las líneas de montaje de Detroit. En esas circunstancias el choque entre su estatus de casta y la igualdad formal del trabajo que presupone el mercado capitalista era intolerable. Pero el proceso de conquista de su libertad civil no fue automático. Únicamente mediante una lucha prolongada y amarga pudieron hacerse cumplir sus derechos fundamentales. Como en cualquier aparato de estado, el aparato de estado de la “raza” sólo podía quebrarse por medio de la lucha. Lucha que aún no ha concluido en los EEUU ya que:

-Los negros se encuentran de forma desproporcionada en las secciones peor pagadas y menos cualificadas del proletariado.

-Como proletarios aún son bastante explotados, ahora por los capitalistas, mientras que las anteriores generaciones fueron explotadas por terratenientes y esclavistas, pero su lucha ha adelantado más que la lucha contra la “intocabilidad” en la India.

En este proceso se ha dado una realimentación entre la tecnología y las relaciones sociales. La clase de granjeros y terratenientes blancos introdujo maquinaria en sus granjas a mediados del siglo XX, no por sus efectos sociales, sino como siempre, para sacar más tajada. Las consecuencias sociales que conllevó, como la lucha de los negros por sus derechos políticos no estaba prevista.

Las relaciones sociales favorecían un modo particular de tecnología, y esto a su vez llevó al conflicto político que cambió la sociedad. Pero uno no debe sacar la conclusión de que primero viene el cambio tecnológico. Si la esclavitud hubiera persistido en los Estados del Sur, si por ejemplo, los Confederados hubieran ganado la guerra civil, es dudoso que hubiera existido el motivo para mecanizar.

Los puntos de semejanza entre los EEUU y la USA en el siglo XX son:

-La existencia de una casta deprimida sometida primero abiertamente a relaciones serviles y después a relaciones serviles más o menos encubiertas.

-El predominio del trabajo manual en el sector semi-servil.

-El empleo de la violencia y el terror para mantener a la casta deprimida en su lugar.

-Segregación social grave.

Las diferencias significativas son:

-El nivel bastante más avanzado de la industrialización capitalista en los EEUU durante los 60 en relación con la India de ahora. (ver Gráfica 5.8)

-El hecho de que EEUU fue aquejado históricamente de escasez crónica de trabajo en relación al capital; al cabo, la agricultura india se mecanizará, y se dispersará el campesinado. Las minas, canteras, ladrillos, etc, donde se esclaviza a los dalits emplearán las excavadoras masivas de Leibjherr y Komatsu más que el trabajo humano.

¿Esto es lo que cabe esperar del capitalismo, pero cuánto tiempo llevará?

Uno de los argumentos fundamentales que presentamos antes es que la tasa de adelantos tecnológicos en una sociedad tiende a ser inversamente proporcional a la tasa de explotación. Cuando el trabajo es barato, tiende a desperdiciarse. Marx y Cairnes argumentaron esto en relación con la esclavitud, que es enemiga del progreso mecánico. Marx recalca que en el capitalismo, cuando los salarios son suficientemente bajos pueden seguir empleándose las técnicas más atrasadas de producción si la rentabilidad es aceptable. Desde este punto de vista la misma explotación intensiva del trabajo dalit debe ser en sí misma una causa principal del atraso técnico de la economía rural en la India. ¿Si no por qué razón se ha demorado tanto la mecanización completa de ciertas ramas industriales? A menos que el trabajo se vuelva caro hay poco incentivo para reemplazarlo con maquinaria. Existe una diferencia crucial entre la India y EEUU.

EEUU, desde su fundación misma, poseía una relativa escasez de mano de obra, en relación con la tierra disponible y después en comparación con el stock de capital. Esa escasez de trabajo puede haber estado detrás del impulso para capturar y transportar a los esclavos de África y después para acoger al flujo de inmigrantes del siglo XIX. Cuando se paró esto con la (racista) Ley de Cuotas de 1921, la demanda de obreros industriales en el norte consintió la absorción rápida de los antiguos aparceros en la clase obrera industrial. La escasez de trabajo era consecuencia necesaria de la economía colonial. Las tierras de las que se había expulsado (por la fuerza) a los nativos eran ya propicias para la colonización, lo cual reducía constantemente la reserva de trabajadores empleados en las zonas urbanas.

El capitalismo exige una clase trabajadora privada de los medios de ganarse la vida de forma independiente con sus propios medios de producción, pero si el gobierno federal entregaba tierra gratuitamente, no se daban las condiciones. Retener a los trabajadores dependía de salarios sustancialmente más elevados que en la Europa contemporánea, donde la tierra llevaba luengos siglos siendo monopolizada por la aristocracia. Esto llegó a su vez a un empleo intensivo de la maquinaria y a la elevada productividad del trabajo en los EEUU. Como muestra la gráfica 5.8 el resultado fue una tendencia a largo plazo para que la productividad indica cayera más y más por debajo de la de EEUU.

5.4.6. Explotación Relativa.


Marx diferenciaba dos modalidades de explotación: absoluta y relativa. En la explotación absoluta, el plusvalor absoluto, los trabajadores se ven obligados a trabajar más horas. Describía jornadas laborales de 12 y hasta 14 horas al día en las fábricas británicas a comienzos del siglo XIX. En la explotación relativa, aunque la jornada laboral sigue igual, el patrono saca más debido a que es más productiva merced a los adelantos técnicos.

El mecanismo aquí no es igual que la ganancia por el primer uso. Ese es un fenómeno transitorio que implica una redistribución de la ganancia entre empresas en competencia. Un incremento general en la explotación exige que la proporción de trabajo social total para fabricar bienes consumidos por los trabajadores caiga mientras que sube la proporción de trabajo social total para producir bienes para la clase patronal. Claramente si el margen sobre el coste medio del trabajo, en el sentido de la Sección 5.1 es de 200%, y si hay una proporcionalidad general entre los precios y el coste de la mano de obra, la mitad del trabajo social tendrá que ser consagrada a satisfacer las necesidades de la mano de obra y tendrá que haber un excedente.

El cambio en la proporción puede venir reduciendo el nivel de vida de los empleados restringiendo su nivel de consumo, o se puede dar porque, aunque su nivel de vida siga igual el trabajo necesario para producir los bienes que compran los trabajadores ha descendido. De modo que la productividad del trabajo debe subir en las industrias que producen bienes de consumo para las masas.

No toda subida en la productividad incrementa la explotación relativa. La mayor productividad en las fábricas que fabrican Rolls Royce no contribuye a un incremento global en la explotación. No reduciría la proporción de fuerza de trabajo necesaria para sustentar a la clase trabajadora. La tasa de explotación seguiría siendo la misma, incluso si significara que los ricos ahora pueden comprar coches de lujo algo más baratos.

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En contraste con lo anterior, una productividad superior en la agricultura o en la extracción de combustibles fósiles tenderá a incrementar la explotación relativa. Si se puede obtener alimento y calefacción con menos trabajo, estará trabajando menos gente para cultivar comida para la población trabajadora. Los que deserten del arado acabarán produciendo bienes de consumo masivos, pero otros acabarán en el sector de lujo o como empleados personales de los pudientes. El efecto neto es un viraje del trabajo que sustentaba a los productores directos al trabajo que sustenta a los adinerados. Esto se hacía muy evidente en el enorme aumento en el número de criados personales que se dio durante el siglo XIX en Inglaterra. El combustible lo consume directamente la clase obrera, pero como fuente de energía es un componente casi de cualquier bien de consumo masivo. De modo que los virajes a fuentes de energía barata han sido, junto con las mejoras en la agricultura, una de las mayores fuentes del crecimiento del plusvalor relativo.

Es importante reconocer que el mecanismo de explotación relativa no depende de los adelantos mecánicos que se dan en el seno de una relación capital/trabajo. La gran mejora en la productividad en la agricultura campesina francesa de los 50 a los 70 contribuyó a la explotación relativa incluso aunque las mejoras se dieron en granjas familiares no capitalistas. Cualquier adelanto técnico que reduce el trabajo que va a sustentar a la clase trabajadora cuenta.

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Ciertamente para que funcione este mecanismo, la tasa de crecimiento del salario real debe ir más lento que la tasa de innovación técnica en las ramas industriales que generan el salario real. Pero esta consideración va más allá del desarrollo de la tecnología o las fuerzas productivas. Depende de las tasas relativas de crecimiento del capital y del trabajo, de la demografía y de la acumulación. Sin embargo, si miramos a la gráfica 5.9 uno puede ver que las condiciones en EEUU a partir de finales de los 60 permitieron que se generaran grandes cantidades de plusvalor. Aunque subió la productividad, muy poca fue a parar a los salarios. Cada vez más del valor generado se lo embolsaba el 1% de la población y menos las clases más desfavorecidas. De hecho, si miramos a los ingresos antes de impuestos de la mitad inferior de la población en EEUU, el grueso de las clases trabajadoras, vemos que han permanecido casi estáticos durante un siglo (gráfica 5.10).
La innovación en la producción de bienes de consumo tenderá a incrementar la explotación relativa y como resultado se incrementará la ganancia total por trabajador. Si la tasa anual por dólar de capital adelantado aumentará es una cuestión más compleja, que, nuevamente, únicamente puede ser entendida propiamente en el contexto de un análisis dinámico de la acumulación que se abordará en la sección 5.9, que mostrará que los desarrollos en la productividad del trabajo tienden a hacer crecer la tasa de ganancia.

5.4.7 Resumen.

Hemos argumentado en la Sección 5.4 que la maquinaria es esencial en el capitalismo:

-Es la mayor productividad de la industria mecanizada la que llevó a la ruina a los productores independientes y los sometió a la dominación del capital.

-Que el capitalismo ha dependido históricamente del dominio de la generación de potencia artificial junto con mecanismos de control automáticos.

-Que la competencia y las ganancias potenciales de la innovación alientan el cambio técnico.

-Pero que el impulso para la innovación varía en proporción inversa con el nivel existente de explotación. Cuanto más poderosa sea la posición negociadora de los trabajadores, más busca el capital reemplazarlos con maquinaria.

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5.5 Capitalismo y Población.

Las primeras etapas del desarrollo capitalista se caracterizan, salvo en colonias como los EEUU o Australia, por la abundancia de mano de obra en relación con el capital. Si se tiene que asentar un sistema capitalista, en la manifestación de industria mecanizada, el crecimiento del stock de capital debe desbordar el crecimiento de la oferta de mano de obra. Por esta razón Adam Smith recalcaba con tanto énfasis la distinción entre trabajo productivo e improductivo. Si un hombre empleaba a una multitud de criados domésticos, según Smith, disipaba si capital. Por el contrario si empleaba a obreros en las manufacturas, recuperaba su capital con una ganancia. Smith recalcaba la importancia de acumular y no derrochar que después Marx denominaría plusvalor.

Smith atacaba a una aristocracia holgazana y pródiga. Aunque la sociedad era pobre para los criterios modernos, con tecnología relativamente primitiva, y con un excedente social mucho más limitado, la ética de trabajo y la acumulación productiva eran esenciales. Esto recalca asimismo la importancia de las revoluciones agrarias del tipo francés, ruso o chino. La supresión por la fuerza de clases de terratenientes parásitos y de la casta sacerdotal liberó recursos para la industrialización. China en 2006 estaba reinvirtiendo el 50% del total de su producto nacional en nuevos bienes de capital. Nunca hubiera podido alcanzar este nivel de acumulación si no hubiera sido por una revolución agraria en los años 40 que impidió que los terratenientes siguieran consumiendo de forma improductiva el excedente de los campesinos.

5.5.1. Población, alimentos e imperio.

Si hay una civilización urbana es el capitalismo. Esta urbanización exige que la productividad agrícola se acreciente para sustentar a la población de las ciudades. El problema histórico de conseguir este objetivo aún era más difícil cuando en el estadio temprano de las sociedades capitalistas se daba un rápido crecimiento exponencial de la población total; ciertamente demostraremos en la sección 5.9 que el rápido crecimiento exponencial de la población es precondición de la misma rentabilidad del capitalismo. La urbanización en sí misma, la emigración del campo a la ciudad necesita un crecimiento de la productividad del trabajo en el campo, para que cada campesino pueda sustentar a varios ciudadanos. Cuando la urbanización se conjuga con un rápido crecimiento de la población, es de necesidad que se dé un incremento de la productividad agrícola absoluta junto con un incremento en la producción per cápita por agricultor.

¿De dónde puede provenir ese incremento en la producción social?

Claramente o bien tenemos una extensión del área de tierra cultivada o tiene que incrementarse la producción por metro cuadrado. Con la agricultura preindustrial los incrementos de producción en un área determinada dependen de progresos biológicos. Puede incrementarse la fertilidad con regímenes de rotación de cultivos más sofisticados y reciclando los excrementos humanos y animales. Sin embargo el primer proceso exige que parte de la tierra se reserve a trébol, judías, etc, para recuperar el nitrógeno del suelo. La fijación del nitrógeno depende en última instancia de una fuente de energía bastante indirecta: la fotosíntesis en las hojas de las legumbres, el traslado de la glucosa excedente a las raíces donde parte de ella está disponible para las bacterias que fijan el nitrógeno, que a su vez emplean una porción de esa energía para su propia reproducción y otra porción para fijar el nitrógeno. Como tal el proceso de producción del nitrógeno exige del orden de ¼ de la energía solar total en la tierra cultivable.

Parte de esta puede recuperarse como alimentos subsidiarios ricos en proteínas: legumbres o leche de ganado alimentado con colver. White (283) argumenta que la mejora en la disponibilidad de alimentos ricos en proteínas durante el feudalismo contribuyó al crecimiento de una población con mejores condiciones de salud y de más densidad que con la agricultura clásica. Sin embargo se mantiene que la fijación natural del nitrógeno competía por la tierra con la producción del general.
La agricultura pre-capitalista china era bastante más productiva por hectárea que los sistemas europeos de la misma época, merced a la reutilización intensiva de fertilizantes humanos y animales, pero, como ha apuntado Braudel esto se conseguía al precio de S9 emplear una gran cantidad de mano de obra y b) como consecuencia de una elevada densidad de población, la disponibilidad de proteína procedente de la carne era inferior a la de Europa. La inferior densidad de población en la Europa inmediatamente anterior al florecimiento del capitalismo permitía que se reservara más tierra para pastos. Esto implicaba más carne como fuente de alimentos y más potencia muscular de los animales para ayudar al trabajo humano en los campos. Antes de la llegada del tractor el crecimiento de la productividad agraria dependía de los arneses que se colocaran a los caballos y los bueyes. La maquinaria agrícola del siglo XIX estaba diseñada para los caballos, pero los caballos compiten por la ocupación de la tierra. Necesitan forraje, y cuando se los hace trabajar de forma intensiva necesitan un forraje especial como oats. Por consiguiente la agricultura pre-industrial dependía en parte de la energía de la fotosíntesis para la fijación del nitrógeno, y en parte de la potencia motriz de los animales. Cuanto mayor fuera la eficiencia laboral del sistema más producción de la energía solar que se derivaba a la producción de alimentos humanos. La combinación de un crecimiento exponencial de la población y de un modo de producción agrícola que conjugaba una elevada productividad del trabajo con la fuerza motriz de los animales sólo podía conseguirse por estos medios:

-Expansión territorial en tierras antes incultas.

-El desenvolvimiento de medios de transporte mejorados para transportar el cereal así obtenido a las grandes ciudades.

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Por lo tanto al capitalismo incipiente no le quedaba otra que ser imperialista. Evitaba el dilema Maltusiano extirpando a los habitantes nativos de las praderas de América del Norte y de las Pampas argentinas para alimentar a las florecientes ciudades de Inglaterra y Nueva Inglaterra. Como muestra la gráfica 5.11, en 1850 el Reino Unido ya importaba trigo suficiente para alimentar a toda la población urbana de Inglaterra. En los 75 años siguientes la población urbana se triplicó, pero las importaciones de trigo se desbordaron. Los canales, los ferrocarriles y los veleros cada vez más sofisticados se convirtieron en medios vitales de producción de alimentos.

En 1900 otras potencias capitalistas en ascensos estaban (con toda razón) convencidas de que el desarrollo industrial dependía de la adquisición de colonias (128, 129). El futuro parecía estar en manos de los que poseyeran grandes imperios que señorearan llanuras agrícolas en zonas de clima templado: el Reino Unido, Estados Unidos y Rusia. El desarrollo industrial de Japón y Alemania parecía destinado al fracaso al no poseer imperios propios con los que obtener importaciones de alimentos y aliviar la presión poblacional del capitalismo mediante la emigración a las colonias. De modo que comenzó un periodo de rivalidades inter-imperialistas que desgarró el mundo durante medio siglo y que hizo surgir el proyecto alemán de reproducir en las estepas la extirpación y aniquilación de pueblos y la colonización subsiguiente que ya se había conseguido en las praderas.

No obstante sería un error atribuir la rivalidad colonial exclusivamente a las relaciones de producción, de la necesidad de exportar capital, como se presenta en la crítica marxista clásica del imperialismo. (43, 210) Desempeñó un papel, pero el colonialismo tenía raíces más profundas. Sus raíces iban hasta el modo real de producción material en los campos, tenía raíces en la bio-energética y en la demografía especial de la industrialización capitalista. Después de 1945 desapareció el impulso por la creación de colonias agrícolas. El capitalismo parece haber florecido en Alemania y en Japón sin necesidad de ellas, ¿a qué se debe ese cambio?

Tenemos tres respuestas: el control de natalidad, el proceso de Haber para la producción de amoniaco y los tractores. Los métodos de control de natalidad frenaron el crecimiento de la población. Los fertilizantes artificiales con nitrógeno liberaron a la agricultura de las restricciones de la rotación de cultivos. Los tractores implicaban que la productividad agrícola en la tierra ya no dependía de reservar tierras para sustentar a los caballos. La productividad agrícola en Europa ascendió a niveles que hacían a las colonias cerealistas redundantes.

A finales del siglo 20 incluso Inglaterra cultivaba suficiente cereal para alimentarse. Se produjo un cambio fundamental en la geopolítica impulsado por cambios en el modo de producción subyacente y en la dinámica de la población.

5.5.2. La familia y la población.

En todos los países el capitalismo coexiste o se articula, mejor dicho, con la economía doméstica. Sahlins (321) desarrolló el concepto del modo de producción doméstico como descripción de la economía más temprana y Delphy 96, 97 ha desarrollado el concepto de la coexistencia del mencionado producción doméstico con el capitalismo en su estudio de las familias patriarcales francesas, en particular de las familias campesinas. La idea de un modo de producción doméstico o economía doméstica ha sido analizada en mayor profundidad por el antropólogo marxista Claude Meillassoux (254) que dice:

“Ni el capitalismo, ni el esclavismo, ni menos el capitalismo, conocen esos mecanismos internos reguladores y correctores que rigen el proceso de reproducción. Por el contrario, en un último análisis encontramos que todos los modos de producción modernos, todas las clases de las sociedades dependen, para la oferta de fuerza de trabajo, de la comunidad doméstica. En cuanto al capitalismo depende tanto de las comunidades domésticas de los países colonizados y, en su moderna transformación de la familia, que aún conserva sus funciones reproductivas aunque ha sido privada de las productivas.
Desde este punto de vista, las relaciones domésticas de producción pueden considerarse como el fundamento orgánico del feudalismo, de la esclavitud al igual que del capitalismo o del socialismo burocrático. No se puede afirmar que ninguna de estas formas de organización social representen un modo integrado de producción en la medida en que no se basan en relaciones homogéneas de producción y reproducción” 254, p Xiii.

La producción doméstica en el periodo feudal constituía la base real de la economía. Los hogares campesinos producían alimentos, grano molido, cocinaban, cardaban la lana, la tejían y se alimentaban, se vestían y criaban a la siguiente generación. Como esto por lo general puede llevarse a cabo, en, digamos, 3 días de trabajo a la semana, eso dejaba otros tres días en los que podían trabajar, sin cobrar en la economía señorial. Con la liberación del campesinado en Francia de sus cargas feudales, el tiempo excedente podía ser consagrado a producir cultivos lucrativos con destino al mercado.

En la economía doméstica, según argumenta Delphy, existe un antagonismo de clase entre los patriarcas por un lado y las esposas por otro y en cierta medida con los hijos mayores. Los patriarcas explotan a sus mujeres e hijos. Las mujeres e hijos aportan trabajo que rinde bienes que se consumen parcialmente en las fincas y que parcialmente se venden en el mercado. Esas relaciones de propiedad aseguran que el producto de la venta de esas mercancías pertenece al cabeza de familia varón del hogar. Además los patriarcas trabajaban por lo general menos horas al día que sus esposas. Desde un punto de vista histórico materialismo no es “opresión de las mujeres”, que es una expresión demasiado confusa. Se trata de una relación de clase explotadora inserta en las relaciones de producción y de propiedad.

En el estadio de la producción de mercancías patriarcal, los patriarcas tienen un interés directo en que sus esposas tengan hijos. Los hijos, cuando transcurre el periodo de educación obligatoria, constituyen una fuerza de trabajo adicional que puede ser explotada en una granja ya en edad temprana. La ideología “pro-vida” del catolicismo, con su énfasis en la castidad pre-matrimonial (de las mujeres) es una expresión ideológica bastante directa de esas relaciones de producción. En tanto se iba desarrollando la industria capitalista el número de valores de uso producidos en el seno de la economía doméstica comenzó a descender. Primero fue la molienda, ya que el agua y los molinos reemplazaron a las piedras de moler. Este proceso ya se estaba llevando a cabo en el periodo feudal tardío. Después le llegó el turno a las operaciones de tejidos, cuando empezó la manufactura textil a mediados del siglo XX. La fabricación de vestidos en el hogar siguió vigente con la invención de máquinas de coser hasta mediados del siglo XX. Pero la producción de personas continuaba incólume. Tanto que la economía doméstica producía de forma característica un excedente de población que emigraba a las ciudades para convertirse en asalariados. Esta fase constituía la segunda forma económica de Lenin: la producción limitada de mercancías en las granjas menores. También constituía la forma económica dominante en la mayor parte del campo en EEUU en la misma etapa.

La expansión de la industria capitalista exigía una fuerza de trabajo mucho mayor, y que fuera barata. La tasa salarial no tenía que ser suficiente para recompensar plenamente el coste de producción de la siguiente generación, ya que la economía patriarcal doméstica era la fuente principal de trabajo. Ese sigue siendo, por ejemplo, el caso de la India.

Marx denominó a la oferta de trabajadores del campo el ejército de reserva latente de los trabajadores. Latente, porque la población de reserva estaba oculta pero presente, dispuesta a unirse a las filas cuando el ciclo industrial atraviesa una fase expansiva. Pero este ejército de reserva latente se termina acabando. En cuanto comienza a agotarse la reserva latente los salarios reales tienen que subir para cubrir totalmente el coste de reproducción de la fuerza de trabajo. Kuczynski (201) argumentó que no se alcanzó esta etapa hasta pasado un siglo del comienzo de la revolución industrial, aunque en el Reino Unido se alcanzó esta etapa en 1870.

5.6. La economía doméstica y la economía capitalista.

Las familias de la clase trabajadora constituyen una transformación parcial de la antigua economía doméstica. Todavía “producen personas”, pero ya no producen más mercancías, y los hijos que “producen” tienen un significado muy diferente para la familia. En la familia rural patriarcal los chicos iban a ser, en pocos años, trabajadores útiles que contribuían a los ingresos de la familia. En la primera fase de la industrialización las familias alquilarían a sus hijos como jóvenes obreros fabriles. La educación obligatoria llegó a renglón seguido. Los chicos ahora eran un coste y no un activo. El trabajo de cuidar a los niños dura mucho más sin que aporten nada a la economía familiar.

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Los niños siguen siendo necesarios para la sociedad, y, en tanto que fuente futura de fuerza de trabajo, los patronos los necesitan, pero la familia ahora los cría en lo que equivale más a un deber social condicionado por expectativas ideológicas que por una necesidad económica interna. La consecuencia inevitable de ello ha sido la reducción del tamaño de las familias, con una tasa de natalidad en descenso.

Como se muestra en la gráfica 5.12, referida a Alemania, la tendencia actual es que la tasa de natalidad descienda por debajo de los niveles de reproducción. Se dan tendencias parecidas en otros países desarrollados. Existen países capitalistas como los EEUU con una emigración importante procedente de países predominantemente agrícolas que muestran una mayor fertilidad debido a la dilatada transformación de las formas familiares.

En la economía doméstica patriarcal las esposas que trabajan y sus hijos son explotados directamente por sus maridos. Su trabajo contribuía y acrecentaba su propiedad. El desarrollo de la sociedad capitalista concede a las mujeres igualdad de derechos en lo que atañe a la propiedad y elimina la mayoría de la actividad productiva de los hogares.

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Ambos sexos se ven forzados ahora a vender su fuerza de trabajo, algo que ninguno de ellos hacía en las antiguas familias patriarcales. Para ambos sexos la jornada laboral se divide en horas de trabajo que venden a un patrono y horas en las que siguen trabajando sin cobrar en la economía doméstica. Si tomamos Canadá como ejemplo, debido a que publica unas estadísticas excelentes sobre el uso del tiempo, podemos comprobar en la Tabla 5.10 que mientras que las horas de trabajo totales de hombres y mujeres son casi exactamente iguales, la forma en la que estas horas se dividen entre trabajo en la economía doméstica y en el hogar se hallan en proporciones recíprocas entre hombres y mujeres. Para los hombres es 3/2 en la economía mercantil mientras que para las mujeres la proporción entre el mercado y la actividad doméstica es únicamente 2/3.

Lo que es importante señalar es que mientras que podíamos decir según la sabiduría convencional que Canadá es una economía capitalista, las estadísticas del uso del tiempo muestran que en el mejor de los casos es únicamente capitalista al 50%. La mitad del trabajo cotidiano se sigue haciendo en casa, y una parte significativa del trabajo, especialmente el de las mujeres, (264) se hace para el Estado, y no para empresas privadas, y como tal no genera ganancia capitalista alguna.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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5.6.1 Desigualdad de retribución entre géneros.

Analizamos a renglón seguido la forma en que la interacción de los modos de producción doméstica y capitalista afecta a la posición de las mujeres en el empleo retribuido. En 2005, en el año cubierto por la Tabla 5.10, la paga promedio por hora de los varones ascendía a 23,41 dólares y la paga promedio femenina a 19,96 dólares. (264) Teniendo en cuenta la diferencia de horas trabajadas, esto implica que en promedio una mujer canadiense ganaba algo más que la mitad por día que los hombres (Tabla 5.11) Es claro que el principal factor que afecta a los ingresos cotidianos de las mujeres es el número de horas inferior del que disponen para vender su fuerza de trabajo. Pero eso deja aún una diferencia salarial notable que hay que explicar. Dejemos que tome la palabra una organización femenina muy destacada. La Asociación de Mujeres Canadiense ofrecía los siguientes motivos del diferencial de salarios:

1-En primer lugar el trabajo tradicional “de las mujeres” está peor pagado que el trabajo tradicional “de los hombres. Como apunta una investigadora, “los trabajos dominados por las mujeres no suelen considerarse cualificados porque las tareas se vinculan con trabajos domésticos que aún se espera que lleven a cabo las mujeres gratuitamente en el hogar”.

2- La mayor parte de las trabajadoras consiguen empleo en puestos con salarios inferiores y en ramas industriales donde los salarios son menores en general. Las mujeres trabajan en menos tipos de ocupaciones que los hombres y tienen una elevada representación en los 20 oficios peor pagados. Casi dos tercios de la fuerza de trabajo femenina se concentran en la enseñanza, la enfermería y la sanidad, el trabajo administrativo de oficina, y las ventas y otros servicios. Las mujeres de 25 a 54 años constituían el 22% de los trabajadores de Canadá que cobraban el salario mínimo en 2009, más que el doble que la proporción de varones en el mismo grupo de edad.

3- Otra razón del diferencial salarial es que muchas más mujeres que hombres trabajan a tiempo partical. El 70% de los trabajadores a tiempo parcial en el 2013 eran mujeres, una proporción que se ha mantenido estable en las últimas tres décadas. Las mujeres que trabajan a tiempo parcial o con contratos temporales es mucho menos probable que sean ascendidas y adiestradas para tareas superiores que las trabajadoras fijas a tiempo completo. Las mujeres optan por el trabajo a tiempo parcial por razones diversas, que comprenden la carencia de guarderías baratas y permisos para la conciliación familiar, junto con la presión social para llevar a cabo la mayoría del trabajo doméstico. Estos factores hacen más posible que las mujeres sufran de interrupciones en el empleo, lo que ejerce un efecto negativo sobre sus ingresos.

4- Gran parte del diferencial salarial no tiene explicación y se debe parcialmente a la discriminación. Se atribuye de un 10 a un 15% del diferencial a la discriminación por sesgo sexista.

Todo ello parece un buen relato superficial de la diferencia, pero supone una petición de principio. ¿Por qué está peor pagado el trabajo tradicional “de mujeres”? ¿O acaso no estamos, circularmente, usando el diferencial salarial por género para explicar el diferencial salarial por género?

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El punto 2 adolece igualmente de circularidad. Si existe un diferencial salarial por género, se sigue que una industria con una proporción de mujeres más elevada tendrá salarios menores en comparación con industrias donde los hombres tengan más presencia. Por consiguiente volvemos a caer en un argumento circular que no toca las causas.

El punto 3 es la única explicación de la causa material y real, pues toca al papel de las mujeres de la economía doméstica y aporta una razón de sus problemas para abandonar esa economía.

El punto 4 no hace más que decir que existe una diferencia que no se explica y que por definición debe deberse a la discriminación (sin más explicaciones) A los patronos les interesa reducir los salarios de los trabajadores más intercambiables. La cuestión es por qué tienen más éxito a la hora de reducir los de las trabajadoras femeninas intercambiables.

Analicemos la gráfica 5.13.

Parece claro cuando se examina que la tendencia histórica ha sido al estrechamiento de la brecha salarial. Tuvimos un periodo de 20 años desde mediados de los años 80 en el que los salarios de los varones permanecieron estáticos y sin embargo subieron los de las mujeres. Tenemos que explicar por qué existe un diferencial en absoluto y después por qué el diferencial ha cambiado con el tiempo. Morissette et al (264) analizan el cambio en el diferencial salarial valiéndose de un análisis multi-factorial frente a la sindicación, el estado civil, el tipo de contrato, la educación y la ocupación. Cuando se toman todos estos factores en cuenta podrían explicar alrededor del 38% de la reducción del diferencial salarial. Las tres variables explicativas de mayor importancia eran la sindicación, la formación y el tipo de ocupación.

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Los cambios en la sindicación de hombres y mujeres daban cuenta del 11% de la reducción en el diferencial salarial (ver la Tabla 5.13) Las mujeres canadienses están ahora mucho más sindicadas y mejor formadas que los hombres, con lo que se ha dado la vuelta a la situación. Las mujeres han estado en sus trabajos un tiempo ligeramente mayor que los hombres volviendo a dar la vuelta a la situación y mientras tanto hombres como mujeres es más probable que estén empleados en servicios sanitarios o públicos que habían sido sectores de crecimiento de la economía (Tabla 5.12) Morissette et al (264) llegan a esta conclusión resumida:

“Aunque las mujeres aún ganan relativamente menos que los hombres en promedio, la brecha salarial por hora se ha reducido de forma significativa en las tres últimas décadas. En relación con los hombres las mujeres mejoraron su productividad a un ritmo superior que los hombres. Este relato depende de la idea de que los salarios dependen de la productividad. Es decir que sigue al pie de la letra la idea de la economía convencional de que los salarios se fijan por el producto marginal del trabajo y que el contrato laboral se hace entre iguales y no supone explotación alguna. Pero incluso si aceptamos esto (y siendo marxistas no lo aceptamos, como es obvio) sólo pueden dar cuenta de un 38% del cambio. Dejan sin explicar un 62%".

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El análisis estadístico de la Tabla 5.13 se centra en cosas que son únicamente diferencias menores entre hombres y mujeres y deja fuera lo más importante, la mayor participación de las mujeres en la economía doméstica. Volvamos a mirar la gráfica 5.14 y comparémosla con la 5.13. Veremos que se parecen mucho.

Cuando la proporción de las mujeres en la fuerza de trabajo total aumenta su tasa salarial como porcentaje de los salarios varones aumenta. De hecho la correlación entre las dos series es del 90,9%. Esto significa que únicamente un 9,1% del cambio tiene que explicarse por otros factores, como la sindicación, por ejemplo. Esto invita claramente a pensar que si los hombres y las mujeres llegan a trabajar el mismo número de horas fuera de casa el diferencial salarial sería eliminado o incluso se le daría la vuelta ligeramente en Canadá, teniendo en cuenta que las mujeres están más sindicadas y mejor formadas en promedio.

5.6.2 La reducción del diferencial salarial.

¿Pero cuáles son los obstáculos que impiden que una mayor proporción de mujeres participen en el trabajo asalariado?
La cuestión principal es que siguen realizando una serie de actividades en el seno de la economía doméstica y que esas mujeres las llevan a cabo más que los hombres (tabla 5.10)

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La economía doméstica aún organiza parte del trabajo necesario para la reproducción social. Ese trabajo alguien tiene que hacerlo. Fundamentalmente existen tres medios para reducir la carga de trabajo de las mujeres en el hogar: a) que los hombres compartan en mayor medida las tareas domésticas; (2) que la productividad del trabajo doméstico crezca; y (3) que algunas tareas tienen que salir de la economía doméstica.

5.6.3 División del trabajo doméstico.

Hemos estado sirviéndonos como ejemplo de Canadá que comparte con los EEUU cifras casi idénticas de proporción de trabajo doméstico realizado por mujeres. Ambos países están en lo más alto del ranking mundial en cuanto a las divisiones del trabajo doméstico más equitativas.

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(Tabla 5.15) Bianchi et al. (28) se valen de datos tomados de EEUU para demostrar que se había dado una reducción significativa en la proporción de trabajo doméstico llevado a cabo por las mujeres y las horas absolutas que a él dedicaban de 1965 a 1995. Se ha pasado de 30 horas no retribuidas de trabajo doméstico de las mujeres cada semana a 17 horas y media, y el trabajo de los hombres ha subido de 4,9 horas a 10 horas. Sin embargo no está claro si este viraje prosigue en la actualidad. Había una edición previa de “Empleo del Tiempo de los Canadienses” en 1998. Cuando se la compara con la edición de 2008 podemos ver si a lo largo de una década ha habido un cambio en las tareas domésticas efectuadas por hombres y mujeres. Como muestra la tabla 5.14, la proporción de trabajo doméstico que efectuaban los hombres aumentó de forma modesta a lo largo de 10 años, pero que eso no redujo el trabajo doméstico de las mujeres, puesto que tanto hombres como mujeres hacían más. Si las mujeres estaban haciendo realmente más trabajo doméstico en 2008 que en 1998, ¿cómo pudo subir su participación en el trabajo asalariado? ¡Pues porque también trabajaban más horas pagadas!

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En general, como muestra la gráfica 5.15, cuanto más fuera el monto de trabajo doméstico impagado compartido por los dos sexos más equitativa será su proporción. Por consiguiente que los hombres consagren más tiempo a las tareas domésticas únicamente libera de estas a las mujeres si el monto total de trabajo doméstico permanece constante.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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5.6.4. La reducción del trabajo doméstico global.

A primera vista pudiera parecer que para reducir trabajo doméstico hay que meter más máquinas: lavadoras, lavaplatos, aspiradoras, etc. Sin embargo es muy discutible que estos artilugios sean eficaces a la hora de reducir el número de horas que se invierten.

A primera vista pudiera parecer que para reducir trabajo doméstico hay que meter más máquinas: lavadoras, lavaplatos, aspiradoras, etc. Sin embargo es muy discutible que estos artilugios sean eficaces a la hora de reducir el número de horas que se invierten.

Vanek (367) valiéndose de datos de Estados Unidos informó que a lo largo de la etapa en la que estos tipos de máquinas comenzaron a utilizarse no se apreció un descenso significativo de las tareas domésticas llevadas a cabo por las mujeres. Estudios subsiguientes de empleo del tiempo en los hogares australianos han respaldado esta conclusión. Las encuestas de uso del tiempo australianas recogían datos no sólo del tiempo invertido en cada tara doméstica si no de los artilugios de los que disponía cada hogar. En un análisis de regresión múltiple que se vale de sus datos Bittman et al. 30 llegan a la conclusión:

“Pese a su capacidad de guisar comida en una fracción del tiempo necesario con los aparatos convencionales, la posesión de micro-ondas no ha ejercido un efecto significativo en los patrones del empleo del tiempo de las mujeres, incluso cuando el número de comidas se mantiene constante. Tampoco el congelador es capaz de alcanzar economías de escala en la producción de comida que reduzcan de forma significativa el tiempo promedio que las mujeres consagran bien a la preparación de alimentos o al trabajo doméstico global. Aunque los datos no consienten que se separen los procesos de preparación de comida y bebida y de limpieza subsiguiente, hubiera parecido razonable esperar que un lavaplatos, al reducir el tiempo necesario para limpiar los platos después de la comida, hubiera hecho que se redujera el tiempo total invertido en la cocina.”

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En contra pues de las expectativas parece que los lavaplatos no han ejercido un efecto significativo en el tiempo que las mujeres australianas invierten en la preparación de comida y en la limpieza, o en el número de horas consagradas a tareas domésticas.

Caben diversas explicaciones. Si cada vez más gente tiene lavadoras, más ropa tiene para lavar y también sufren más presión social para ir vestidos de forma inmaculada. El motivo para comprar máquinas no tiene por qué ser ganar tiempo. Los lavaplatos pueden ser más cómodos que fregar a mano incluso si aceleran el proceso bastante poco. La conclusión general parecería ser que a menos que se inventen esos robots futuristas chicos para todo, la maquinaria doméstica no va a reducir de modo significativo el trabajo de las mujeres en el hogar.

5.6.5 El desplazamiento de tareas al exterior de la economía doméstica.

Las mejoras en la productividad del trabajo en la industria han dependido en el pasado no sólo del empleo de máquinas sino de economías de escala. Una escala mayor consiente una división de trabajo mayor y etapas económicas más racionales. Hace falta menos trabajo para preparar una hamburguesa con patatas en McDonald’s que en casa, y no ya porque McDonald’s disponga de freidoras de patatas más grandes y haga las hamburguesas a granel, sino porque el monto mayor de insumos permite el empleo intensivo del equipamiento. Es la pequeña escala de la producción doméstica la que, en última instancia limita su productividad.

Pero por descontado en una economía de mercado la gente puede comprar servicios. Puede ir a grandes cadenas de comida rápida en vez de comer en casa. Pueden mandar a sus hijos a jardines de infancia en vez de cuidarles todo el día. Y si son lo bastante ricos pueden mandar a los niños a escuelas de pensionado en cuanto los niños tienen 7 años. Los pudientes contratan chachas para limpiar, llevar las ropas a las lavanderías, etc.

Estos servicios están disponibles como mercancías, ¿pero quién puede permitírselos?

Para que se desplace una tarea desde la economía doméstica la tasa salarial que gane el miembro peor pagado debe ser suficiente para comprar bienes o servicios que de otro modo hubieran podido llevarse a cabo dentro del hogar en una hora. Por consiguiente, si una familia tiene un hijo en edad escolar únicamente se pueden permitir meterlo en una guardería si una hora de guardería cuesta menos que lo que la persona menos pagada de la casa, normalmente una mujer, gana en una hora. Sin embargo las tareas de guardería cuando son llevadas a cabo por una empresa privada se venderán al pleno valor del servicio. Que es lo mismo que decir que los honorarios de las guarderías incluirán las ganancias, los salarios, el alquiler del edificio, la calefacción, etc. Supongamos que el salario del cuidador es de 16 euros la hora, que 12 euros van destinados a la ganancia y a pagar el alquiler y 4 euros a otros costes indirectos. Así pues si cada trabajador puede cuidar de tres niños el coste total por hora será del orden de 11 euros.

En este nivel no le valdrá la pena a un obrero que cobra el mismo 16 euros la hora poner a un niño en una guardería porque, incluso si se tienen en cuenta los beneficios fiscales, con los costes de viaje casi no le queda nada. Y si tiene que poner a dos niños en la guardería sería imposible. No es para sorprenderse por tanto que las guarderías privadas sólo se las hayan podido permitir los hogares con tasas salariales superiores. Pero se trata de algo claramente irracional en términos de economizar el trabajo social. Un solo hijo en casa ata a un adulto. Un niño en un jardín de infancia ata a 1/3 de un adulto. Pero como los trabajadores solo reciben parte del valor que crean por medio de los salarios, algo que sería eficaz socialmente no es algo que uno se pueda permitir privadamente.

5.7 Distribución de las tasas salariales.

Aquí nos encontramos con un mecanismo de realimentación. En tanto que las mujeres sigan desproporcionadamente anudadas al cuidado doméstico de los niños, su participación en la fuerza de trabajo será inferior, y hemos visto estos resultados en tasas salariales inferiores para las mujeres. Pero esta tasa salarial inferior hace que las guarderías no sean algo que se puedan permitir y asegura que sean las mujeres, y no los hombres, las que se tengan que quedar en casa. La eliminación del diferencial salarial depende, como mínimo, de la socialización del cuidado de los niños. La socialización del cuidado de los infantes, que se se saque del hogar, depende de la provisión bien de guarderías estatales gratuitas o de guarderías privadas muy subsidiadas. Volveremos a abordar esta cuestión en el capítulo 7.

Sin embargo tras la cuestión del diferencial salarial de género subyace un problema mayor. Qué determina la distribución de salarios en general. Porque de ninguna manera existe un único salario masculino y femenino. Porque tanto hombres como mujeres comparten la participación en secciones mejor y peor pagadas. La Gráfica 5.13 muestra una línea que representa los salarios de los varones y una línea para las mujeres. Pero eso son las medianas. Tantos salarios masculinos están por debajo de la mediana como la superan.

Si se analiza la gráfica 5.16 volvemos a ver dos líneas, una para los salarios masculinos y otra para los femeninos, pero se trata de tablas de distribución acumulativas. El eje horizontal es el nivel de los salarios y el vertical mide la fracción de personas que ganan menos que un salario dado. Las líneas horizontales representan el 10%, el 25% y el 50% del género respectivo. Los círculos y triángulos representan los datos en brutos del despacho de estadísticas de trabajo de EEUU en el primer trimestre de 2016. La forma de la curva encajada en los datos es lo que se llama una distribución logarítmica normal acumulativa. ¿Qué significa esto? Bueno, los lectores estarán familiarizados con la curva en forma de campana de la distribución normal. Una distribución típica es la más común que se da en la estadística. La obtienes cuando una medición es resultado de una colección de causas que obran al azar que se suman conjuntamente. 5.6.4. La reducción del trabajo doméstico global

Si tenemos en consideración los salarios de cada persona en los EEUU en una semana concreta, los salarios se verán afectados por toda suerte de componente, que, si se selecciona alguno al azar parecerán aleatorios ellos mismos. Su género, el trabajo que realizan, el tiempo que les lleva desempeñarlo, su edad, la región del país en la que viven, si gozaron de licencias por enfermedad esa semana. La lista de factores es enorme. ¿Deberíamos por tanto esperar que se apreciara una distribución normal en las tasas salariales?

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Un poco de reflexión nos lleva a la conclusión de que las tasas salariales no se pueden distribuir de esta manera. La distribución normal es simétrica alrededor de la media. El valor medio acaece en la mediana como el valor que se da más frecuentemente. Después se dispersa en cada lado. Supongamos que el salario normal medio es de 900 euros. Sabemos que hay muchas personas que ganan más del doble del salario promedio, más de 1.800 euros en este caso. Supongamos que el 10% de la gente gana más que 1.800 euros, o 900 euros por encima de la media. Si los salarios tuvieran una distribución normal el mismo número de personas tendrían que ganar 9000 euros menos que la media, es decir menos que 0 euros??? Debería haber una fracción significativa de personas que ganaran salarios negativos. Pero sabemos que esto no es lo que sucede. No es imposible lógicamente que los salarios tengan una distribución normal. Si la distribución de las tasas salariales fuera muy estrecha, de modo que con una mediana de 900% euros la desviación típica fuera, digamos, de únicamente 100 euros, la probabilidad de que cualquiera ganara o dos veces el salario medio o menos que nada sería prácticamente diminuta hasta el punto de desaparecer. Es simplemente un hecho empírico que las dispersiones son mucho mayores que ésta en la dirección superior, que evita que la distribución sea normal.

Si bien una distribución normal se genera por medio de procesos aleatorios que son acumulativos, en los procesos en los que los factores aleatorios se multiplican conjuntamente se tiene una distribución normal logarítmica. Esto es decir que sí tomas el factor que estás midiendo a escala logarítmica, la curva de frecuencia que obtienes tiene esa forma familiar de campana. La cuestión es que la multiplicación en números normales se convierte en la suma de sus logaritmos y también nos da una curva de campana cuando los tomamos en una escala logarítmica. Supongamos que algunos de los factores que hemos dicho que obran sobre los salarios obran de forma multiplicadora. Si se multiplican los salarios medios por 0,8 si eres mujer y por 0,85 si eres negro, por 1,2 si tienes un título universitario y así sucesivamente, esperas que la distribución sea normal desde el punto de vista logarítmico.

Mandelbrot (227), cuya investigación de los fractales le hizo cobrar fama, observó que la parte inferior de las distribuciones de renta está bien descrita por una función normal logarítmica mientras que la parte superior tiene lo que se denomina una distribución de ley de potencia, que es lo mismo que decir que hay más gente con ingresos elevados de lo que vaticinaría una distribución normal logarítmica. No analizaremos los problemas de la distribución de los ingresos superiores, que comprende todos los ingresos de los gerentes y de la propiedad, pero se analiza con detalle en Cottrell et al. 83.

La gráfica 5.6 comporta la observación de Mandelbrot. En el primer decil, en el primer cuartil y en la mediana de los salarios masculinos y femeninos vemos una clara disposición en curvas normales logarítmicas, pero en el tercer cuartil y en el noveno decil se aprecia que la distribución de la derecha es más plana que la normal logarítmica.

Los elementos clave que necesitamos para determinar los salarios son:

-Cuál es el salario medio.

-Cuál es la mediana del salario.

-Qué es la dispersión o la desviación típica de la distribución.

-Si podemos servirnos de los argumentos que explican lo anterior para dar cuenta de las diferencias en los salarios de hombres y mujeres trabajadoras. Teniendo en cuenta la desviación típica de la distribución y su media, la mediana será indeterminada, así que tenemos que entender, esencialmente, qué impulsa esos dos parámetros. Para una distribución logarítmica normal el salario medio estaría algo por encima de la mediana del salario, que es lo que observamos siempre.
En un sistema fundamentalmente caótico como una economía de mercado deberíamos esperar que los procesos aleatorios dispersaran la distribución salarial hasta que ciertas restricciones fijen un límite a su dispersión. Se ha sabido largo tiempo que existe un nivel inferior en la distribución de salarios, el mínimo de subsistencia.

No se trata de un concepto trasnochado del siglo CIC, sino que se desprende de las estadísticas que indican que la cola de la distribución salarial incluso en un país próspero como en los EEUU muchas familias están aquejadas de malnutrición. Coleman-Jensen et al. 79 han afirmado que el 8,4% de los hogares americanos disponen de escasa seguridad alimentaria y 5,6 % de ellos seguridad alimentaria muy baja. Casi 48 millones de personas en los EEUU padecían esa inseguridad en 2014. La gente con salarios tan bajos que no les da para comer bien poseen un salario que no vale para sobrevivir a manos que intervenga la caridad o los programas federales de ayuda alimentaria. Los hogares clasificados en riesgo de malnutrición han informado de muchos indicios de problemas a la hora de comprar comida y una dieta de mala calidad, pero pocos, si es que alguno ha informado que tomen menos alimentos. Los que tienen muy baja seguridad alimentaria han informado de muchos casos de reducción del consumo de alimentos y patrones inconstantes de alimentación debido a no poseer suficientes recursos para comprar comida. En muchos, aunque no todos los hogares con muy naja seguridad alimentaria el encuestado informaba que tenía hambre en algunos momentos del año peor no comía porque no tenía dinero suficiente para comprar alimentos.

El 96 por ciento informaban que habían comido menos de lo que pensaban que debían porque no tenían suficiente dinero para alimentarse.

El 69% informaban que se habían sentido hambrientos pero que no comían a veces porque no podían permitirse comprar bastante comida.

Un 45% informaban que habían perdido peso porque no tenían dinero suficiente para comprar comida.

Un 30% informaban que un adulto no comió nada un día entero porque no tenían suficiente dinero para comprar comida.

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La categoría que ahora se denomina “muy baja seguridad alimentaria” solía referirse en román paladino en las estadísticas como “hambre”, pero ahora el gobierno de EEUU usa un eufemismo para decir la misma cosa. Pero como muestra la tabla 5.17, el hambre, en vez de reducirse al paso que EEUU se vuelve más próspero ha estado aumentando. Debe tenerse en cuenta que el salario en dólares necesario para alimentarse varía por países y en términos culturales de modo de vida. Si una persona todavía puede cultivar algo de comida por sí mismo, la diferencia es clara. Si una persona puede recoger leña u otro combustible necesitan menos efectivo para vivir que un ciudadano que únicamente puede cocinar con electricidad. Además, parte del salario va dirigido a pagar el alquiler, que varía enormemente entre ciudades prósperas y secciones rurales y pobres. Un salario que permite a la gente alimentarse en el campo puede hacer que pasen hambre en una ciudad. El mínimo de subsistencia fija el salario inferior, ¿qué fija el salario promedio?

En cualquier sistema caótico tiende a aumentar la entropía hasta que se encuentre con algún freno. En distribuciones como las normales o las normales logarítmicas un incremento en la entropía implica un alza en la variación, una dispersión de la curva. Pero si el límite inferior de la derecha de la curva lo fija el salario de subsistencia mínimo, una dispersión incrementa necesariamente el salario promedio. ¿Qué detiene esta presión entrópica?

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Ciertamente el proceso debe estar dirigido en última instancia por el valor añadido generado por el trabajo. El salario promedio no puede ser superior al valor promedio añadido por el trabajo, ciertamente en tanto persista el capitalismo debe estar algo por debajo de eso. Sabemos que a nivel macro el trabajo añade plusvalor que alimenta las rentas de la propiedad. La pregunta que deberíamos hacer, es, ¿qué impide que el salario medio aumente tanto que el plusvalor se reduzca a un nivel mínimo? ¿Por qué razón el plusvalor compone de forma característica entre un tercio y medio de la renta nacional en vez del 2 o el 3% de la renta?

Para responder a esto uno tiene que darse cuenta de que no existe una única tasa de plusvalor en una economía. Como todas las variables económicas posee una distribución. Existen diferentes tasas de plusvalor de empresa a empresa y de rama industrial a rama industrial. Por ejemplo la Gráfica 5.18 nos da la dispersión de las tasas de plusvalor en las industrias británicas en 1984. Algunos productores dentro de una rama industrial son menos eficientes y emplean más mano de obra que la media. Los salarios también varían entre empresas y ramas industriales, pero el efecto de un viraje general al alza en la tasa de distribución salarial afectará particularmente a las ramas industriales y a las empresas con tasas inferiores de plusvalor. Si se analiza la distribución en la Gráfica 5.18 puedes ver que el límite inferior de la distribución casi toca una tasa cero de plusvalor. Una elevación de los salarios pondría a esas empresas en números rojos. Y sabemos que sólo una pequeña porción de empresas puede estar en rojo en un tiempo dado. Las empresas que incurren en pérdida o bien cierran o echan a parte de su personal para terminar con las pérdidas. Un viraje en la distribución promedio del tipo mostrado en la Gráfica 5.16 a la derecha provoca un viraje en la distribución del plusvalor a la izquierda como en la Gráfica 5.18.

Si miramos a la foto fija parece que cualquier tendencia de la distribución salarial a dispersarse queda evitada por la dispersión de la tasa de plusvalor. Un incremento en la variación de la tasa salarial obliga a las empresas marginales en cuanto al plusvalor a la crisis. Despiden a los trabajadores y el paro subsiguiente y la competición por los trabajos que quedan vuelve a forzar a los salarios a la baja. Las fotos fijas sugieren un bonito equilibro estocástico con la presión de la dispersión de la tasa de plusvalor, que obra para limitar la dispersión entrópica de la distribución salarial. Pero esto puede llamar a engaño.

Las relaciones de realimentación no se dan de forma instantánea. No existe equilibrio, lo que en verdad se da es un proceso cíclico.

La gráfica 5.19 muestra el proceso de un clásico ciclo mercantil del siglo XIX en el que el proceso no quedaba oscurecido por políticas contra-cíclicas del gobierno. Esos ciclos básicos llevaban del orden de 7 a 10 años.

Los salarios crecientes llevaron a despidos, lo que hice crecer el paro y los salarios comenzaron a bajar. Más tarde las empresas vuelven a contratar a trabajadores a tasas salariales menores y el paro vuelve a bajar. Con el descenso del paro las empresas tienen que volver a competir con trabajadores permitiendo que se eleve la dispersión salarial. Después el ciclo se repite.

Sin embargo no existe razón para suponer que se repite exactamente, de modo que a lo largo del tiempo la tasa de plusvalor puede variar. El capitalismo es un sistema desordenado y no metódico. La regulación estatal puede reducir el desorden, pero en ausencia de esa intervención deberíamos suponer que el sistema mostrará el máximo resorte. ¿Existe una tasa de plusvalor en la economía que se corresponda con el máximo desorden?

Por sorprendente que parezca, el estado más desordenado de la economía se da cuando no existe plusvalor. El desorden se mide empleando el concepto de entropía. (331). Cuanto mayor el desorden de algo más elevada es su entropía. La idea se originó con el estudio del calor, la termodinámica, etc. pero se ha extendido a la teoría de la información, las estadísticas y muchos otros ámbitos científicos. Existe entropía o desorden implicados en distribuciones estadísticas como la normal o normal logarítmica.

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Cuando sube la mediana de los salarios, se acrecienta la entropía de la distribución salarial. Pero la subida de los salarios reduce la tasa de plusvalor. Para que la economía siga siendo viable y solo un diminuto número de empresas está en condiciones de tener una tasa negativa de plusvalor, una p/v más pequeña exige que la distribución del plusvalor esté más comprimida, es decir, que tenga una varianza inferior. Una comprensión de la distribución del plusvalor hace más metódica la condición de las empresas. Las empresas son más parecidas en su proporción de salarios y ganancias. Las empresas en una rama industrial dada acaban empleando una tecnología más estandarizada. Si las empresas se vuelven más parecidas su entropía debe caer. Una dispersión de la distribución salarial implica que sube el desorden salarial.

¿Sube el desorden de los salarios con más rapidez que la caída consecuente en el desorden de las empresas? Sí. La Tabla 5.18 muestra que a medida que se incrementa el salario medio se maximiza el desorden de todo el sistema. Por consiguiente incluso si suponemos que el capitalismo se rige a largo plazo por un principio de máximo desorden no podemos descartar una subida a largo plazo de la proporción de ingresos que se paga como salarios.

Se podría tener una secuencia de ciclos mercantiles que resultara cada uno de ellos en el resultado de que las firmas más competitivas serían expulsadas del mercado. Cuando vuelve a producirse la expansión las tasas de plusvalor podrían ser inferiores permitiendo una tasa global inferior de plusvalor. Pero para que se dé un proceso tan optimista tiene que ser el caso que:

-La caída en los salarios durante la etapa bajista fue menor que su subida en la alcista.

-Que no haya otros factores, como una reserva de parados que forzara los salarios a la baja a largo plazo.

-Que el desorden interno de las empresas no se incrementara de tal modo por los adelantos técnicos que compensara la destrucción de las empresas menos productivas en la crisis.

Como siempre se dan cambios técnicos, y no se dan de modo uniforme sino desigual en una economía capitalista competitiva se fijará un límite inferior en la dispersión de las tasas de plusvalor y por consiguiente en la fracción salarial. La posibilidad teórica de que los salarios suban hasta que consuman todo el producto social únicamente se podría dar si no hubiera desorden entre las empresas: de hecho exige una economía totalmente planificada y no una economía capitalista.

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5.8 La siguente generación.

Volvamos al asunto de las diferencias salariales por sexos. Una hipótesis de trabajo sobre las causas consiste en lo siguiente:

-Las distribuciones salariales entre hombres y mujeres están constreñidas a ser normal logarítmicas.

-Los límites inferiores de cada distribución son casi los mismos y se fijan por el salario de subsistencia de una persona soltera.

-El salario de subsistencia mínimo para una familia es algo más elevado.

-Como una porción más elevada de hombres y mujeres son los únicos que traen dinero a casa en un hogar, una menor porción de hombres puede ser empleada por debajo del nivel de subsistencia familiar.

-Por consiguiente la desviación media de la distribución salarial de los varones debe ser superior.

-Por consiguiente la mediana de la distribución salarial de los varones debe ser también mayor.

Esto se explica más formalmente en una nota. Se sigue que el diferencial salarial entre sexos persistirá a menos que sea igualmente probable que cualquier sexo sea el único que traiga dinero a casa en una familia. Esto es compatible con la observación de que el diferencial salarial desciende en proporción al descenso del diferencial en la tasa de participación entre hombres y mujeres. 5.13, 5.14.

En el pasado este mecanismo fundamental ha sido planteado en términos de la necesidad de que el salario del padre de familia baste poder reproducir la siguiente generación de trabajadores. Pero se trata de un argumento teleológico. La siguiente generación son 20 años en el futuro, ¿así que como puede su existencia o su no existencia afectar a los salarios de hoy?

La Ley Ricardiana de los salarios aportaba un mecanismo de reacción:

“Cuando el precio de mercado del trabajo excede su precio natural, la condición del trabajador es más feliz y próspera, pues puede adquirir una mayor proporción de los bienes necesarios y goces de la vida, y por lo tanto sustentar a una familia saludable y numerosa. Sin embargo, al inducir los salarios elevados al aumento de la población, aumenta el número de trabajadores, los salarios vuelven a descender a su precio natural y ciertamente por un mecanismo reactivo algunas veces incluso caen por encima de este.

Cuando el precio de mercado del trabajo está por debajo de su precio natural la condición de los trabajadores es desgraciada: la pobreza les priva de esas comodidades que la costumbre ya ha convertido en necesidades. Únicamente después de que esas privaciones han reducido su número, o que ha aumentado la demanda del trabajo, cuando el precio de mercado del trabajo subirá hasta su precio natural, y el trabajador poseerá esas comodidades moderadas que permite la tasa natural de salarios”. (310)

Sin embargo, nuestra formulación, inspirada en Marx, no supone eso. Nosotros, al igual que Marx esperamos que el salario medio esté significativamente por encima del nivel de subsistencia y no suponemos que una economía capitalista sea necesariamente capaz de reproducir su población trabajadora. En realidad las pruebas muestran lo contrario. Todo lo que estamos suponiendo aquí es que si el límite inferior de los salarios traspasa el estrecho umbral entre los salarios de gusa y los salarios de hambre, la mortalidad entre los trabajadores aumentará con rapidez. Mucho antes de que los salarios bajen a niveles de verdadera hambre, la malnutrición resulta en una subida de la mortalidad a causa de las enfermedades. (151)

Las empresas capitalistas y los gobiernos no han mostrado demasiados escrúpulos si la gente tiene una mayor tasa de mortalidad con salarios de hambres. En proyectos de “auxilio contra la hambruna” el gobierno de la India Británica hizo trabajar literalmente hasta a la muerte a millones en trabajos de interés público, y en los años 40 las empresas alemanas como bien se sabe hicieron lo mismo con el trabajo forzado extranjero. Lo que hace que esas prácticas sean insostenibles no es la “moral” sino su elevada tasa de mortalidad que las hace insostenibles.

Al llegar a la conclusión de que esta realidad fuerza al límite inferior del salario de los varones un poco por encima de niveles de hambre familiares, los únicos supuestos necesarios adicionales son:

-Las familias existen.

-Que hay más hombres que mujeres que son los únicos que traen dinero a casa en la familia.

-Que muchos padres pobres preferirán pasar hambre para poner comida en los platos de sus hijos.

En la medida en que una mayor fracción de la población se vuelve “económicamente activa”, es decir, consigue empleo en el sector capitalista, la porción del plusvalor tiende a subir. La misma población tiene que ser sustentada, pero hay más trabajadores para conseguirlo. La mismo tiempo, tareas esenciales para la vida, como guisar, pasan a efectuarse fuera del hogar.

La comida está semi preparada antes de que aparezca en los supermercados, los vestidos la están terminados. A medida que la preparación de comida y el tejido de ropas abandonan el hogar, se hace con menos mano de obra. El tiempo total necesario para la reproducción cotidiana de la población disminuye mientras que el número de trabajadores crece. Se establece un modo de vida en el que se depende de todos los adultos en el hogar que efectúan trabajo asalariado para ir tirando. El resultado es intensificar la percepción de la crianza de niños como una carga. Los hijos parecen una elección de modo de vida que tienes que evitar si no te la puedes permitir. La tasa de nacimiento cae por debajo de niveles de reproducción, la población trabajadora disminuye y la economía entra en una crisis a largo plazo de rentabilidad decreciente.

Teleología aparte, las economías capitalistas han fiado en comunidades coexistentes patriarcales y de subsistencia para aportar al menos parte de la siguiente generación de obreros. Las emigrantes del campo dentro de las fronteras, o los de las colonias fuera, sustentaron el crecimiento industrial de las grandes potencias. Sigue continuando el mismo proceso. El trabajo de inmigrantes solteros tiene la ventaja de que puede emplearse por debajo de un salario familiar. El coste de criar al trabajador lo asumió el hogar distante en el que nació. De modo que en el capitalismo, al igual que en la economía esclavista, se ha dependido largo tiempo de la importación de trabajo. En algunos casos como los culís importados de China a las américas en el Siglo XIX sus condiciones laborales eran sólo un poco mejores que las de la esclavitud.

Pero el principio de aumentar la explotación descargando los costes de reproducción del trabajo a las sociedades circundantes sigue estando en vigor en los países metropolitanos hasta el día de hoy. Si se fijan límites a esto la economía sufre una crisis estructural.

5.9 La Tendencia de Rentabilidad a Largo Plazo.

El capitalismo es la producción para la ganancia. El fin de la producción es la ganancia monetaria. Este impulso puede parecer alejado a primera vista de las cuestiones referentes a la población, pero desde el punto de vista de la economía política está estrechamente vinculado. En última instancia, la ganancia monetaria es una cuestión demográfica. Las cantidades monetarias están determinadas por el trabajo. Son la representación simbólica abstracta de las relaciones laborales. El crecimiento de la población representa un freno fundamental de la ganancia porque el crecimiento de la población restringe el trabajo.

Las ganancias se miden en dinero, pero es sólo una medida nominal, ya que el valor del dinero cambia a lo largo del tiempo. La medida real de la ganancia, o de cualquier otra suma de dinero, es la cantidad de trabajo cristalizado en las mercancías que podrá conseguir. No es ventajoso que suba la ganancia monetaria de una empresa si el monto de trabajo incorporado que se consigue con ella desciende.

Si queremos preguntar qué es lo que, a largo plazo, y al nivel de la sociedad en su conjunto, determina la posibilidad de obtener ganancia, debes preocuparte de la cantidad de trabajo disponible en la sociedad no en la cantidad de dinero. Podemos representar el proceso de forma informal con el siguiente argumento

Supongamos que inicialmente las ganancias suponen un 50% del ingreso nacional neto y que las reservas de capital son equivalentes al 200% del ingreso nacional. Ciertamente la tasa de ganancia será la siguiente y si la mitad de las ganancias se reinvierten crecerá la reserva de capital y la tasa de ganancia descenderá:


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Este sencillo proceso es lo que subyace a la tendencia de la tasa de ganancia a descender a lo largo del tiempo. Comprender el proceso con más detalle exige que contemplemos en qué medida el crecimiento de la población y la productividad afectará a las cosas. Y para hacer esto tienes que reemplazar un argumento planteado en términos de ingreso nacional monetario, al que afecta la inflación a otro planteado en términos de persona-años. La ganancia total en la economía vendrá entonces dada por:

Ganancia= (1 – Cuota Salarial) x Número de trabajadores.

Donde la Porción salarial se expresa como una fracción del equivalente del trabajo a tiempo completo necesario para producir los bienes consumidos por el trabajador medio. La dimensión de la Ganancia es millones de personas a tiempo completo por año, que es obviamente lo mismo que millones de personas equivalentes a tiempo completo. Podemos ver esto como la población que produce esos bienes adquiridos con las ganancias. La realidad de las ganancias, cuando se mira tras la pantalla del dinero, son los millones de personas que trabajan a cambio del dinero: los productores de bienes de lujo, los asesores fiscales, los criados y las personas que trabajan para producir nuevos bienes de capital cuyos salarios se pagan con la ganancia reinvertida. La acumulación de capital es trabajo pasado y puede darse cuenta del mismo en términos de los años de trabajo que llevó producirlo. La tasa de ganancia por año está por tanto dada por

Tasa de Ganancia= Ganancia/ Stock de capital, midiéndose el stock de capital en millones de personas año.

La dimensión de la Tasa de Ganancia, personas/entre personas año es time -1 como podríamos esperar. A lo largo del tiempo la tasa de ganancia tenderá a descender si el crecimiento del capital supera la tasa de crecimiento de la ganancia, lo que es decir si el stock de capital crece con más rapidez que la población disponible para producir bienes comprados con la ganancia. El principal determinante de la tasa de crecimiento de la masa de ganancia será el crecimiento de la población trabajadora. Una influencia secundaria la ejercerá cualquier cambio en la fracción salarial a lo largo del tiempo. ¿Por qué es secundaria la dinámica de la fracción salarial? Supongamos que la población trabajadora crece un 5% anual. Si la fracción salarial permanece constante la ganancia total también crecerá un 5%.

Consideremos el efecto de una reducción en la cuota salarial: si la cuota salarial es inicialmente 0,6 entonces una reducción del 5% en el contenido laboral del salario real producirá un incremento del 3% en la tasa de ganancia; pero si la cuota salarial inicial es meramente el 40% la misma reducción del 5% en el contenido laboral del salario elevará la tasa de ganancia en un 2%. Cuando menos caiga la cuota salarial menos significativo el impacto de una reducción porcentual dada en la cota salarial.

A largo plazo la tasa de cambia de la ganancia se ve muy afectada por la tasa de crecimiento de la población trabajadora entonces:

n= tasa de crecimiento de la población trabajadora Tasa de Crecimiento de la Ganancia

En los primeros pasos del desarrollo capitalista crece muy rápidamente. En la Europa del Siglo XIX era resultado de un mejor suministro de alimentos después de la revolución agrícola.

En el siglo XX se experimentó el mismo proceso en muchos países del tercer mundo, como resultado en parte de la “Revolución Verde” y también como resultado de avances médicos que redujeron la mortalidad infantil. Esta etapa de rápido crecimiento de la población constituye la primera transición demográfica en tanto las sociedades pasan de la agricultura patriarcal a la industrialización capitalista o socialista.

Más tarde, con el crecido estatus social de las mujeres, la abolición del trabajo infantil y los crecientes costes de la educación se redujo el tamaño de las familias. En países capitalistas muy desarrollados la población se estabiliza o incluso comienza a descender, en una segunda transición demográfica. ¿Cuál es la implicación de esto?

Mientas la población aumentara existía la posibilidad de una tasa de ganancia de equilibrio positiva siempre que la reserva de capital no creciera con más rapidez que la población obrera.

La tasa de crecimiento del stock de capital viene dado por:

Tasa de Acumulación x Tasa de ganancia-
Crecimiento de la productividad del trabajo –
Tasa de depreciación –
tasa de crecimiento del stock de capital,

donde la cuota de acumulación es la fracción de la ganancia que se acumula.

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El crecimiento de la productividad del trabajo (g) ejercer un efecto negativo puesto que acelera la obsolescencia del capital existente, como lo hace la tasa de depreciación (d) Se sigue que el atractor dinámico para la tasa de ganancia, la tasa de ganancia de equilibrio es:

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El segundo factor determinante más importante de la tasa de ganancia es la cuota de la ganancia que se acumula.
Cuando una gran cuota de la ganancia se acumula depreciará la tasa porcentual de ganancia. A la inversa, si la mayoría de la ganancia se consume de forma improductiva el efecto es, paradójicamente, hacer subir la tasa de ganancia. Si la población se estabiliza, n = 0 y la tasa de ganancia desciende a un nivel únicamente suficiente para cubrir la depreciación más un periodo alcista debido a la mejora de la productividad laboral.

No se reconoce mucho en los medios de masas, pero la tendencia general es que las mejorar técnicas se ralenticen a lo largo del curso de desarrollo de una economía capitalista (109, 110, 230) Las economías con poblaciones estables o en descenso como Japón acabarán con tasas de ganancia muy bajas como se muestra en la Gráfica 5.20 La Tasa de ganancia de equilibrio en esta tasa de ganancia sigue la pista a la tasa dinámica de equilibrio después de una demora de un par de años.

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Debido a la tendencia al descenso de la tasa de ganancia en el crecimiento económico capitalista no existe una correlación positiva con un elevado retorno sobre el capital. Un país como Japón con una elevada tasa de inversión puede crecer muy rápido, pero el efecto de esa elevada tasa de inversión es una baja tasa de retorno sobre el capital como se muestra en la gráfica 5.22.

La tendencia de la tasa de ganancia a pasar a cero tras la segunda transición demográfica está detrás de las cada vez menores tasas de interés en Japón. Si la tasa de crecimiento de la población cae a cero, la tasa de ganancia de equilibrio dinámico es también cero. Si el crecimiento de la población es negativo, el atractor para la tasa de ganancia es negativo. Un factor clave en el estancamiento de la población trabajadora japonesa es el hecho de que la tasa de mortalidad decreciente, común a muchos países capitalistas, se conjuga con una política rigurosa de control de la inmigración.

Los países que permiten la inmigración pueden compensar la tendencia de la tasa de ganancia a caer a cero. La inmigración dispara la población trabajadora de tres maneras:

-Compensa directa e inmediatamente una baja tasa de natalidad.

-La tasa de actividad de los inmigrantes es elevada porque están en edad de trabajar de forma desproporcionada.

-Las familias de inmigrantes tienden a tener mayores tasas de natalidad que la población asentada en los países capitalistas desarrollados, de forma que compensan inmediatamente la baja natalidad de ésta. El resultado neto de la inmigración acelerada es el aumento de la tasa de explotación (Gráfica 5.25). En el Reino Unido entre 1970 y 2009 había una correlación del 75% entre la tasa de explotación y el nivel de inmigración interna.

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Estadísticamente esto significa que el 75% de las variaciones en la tasa de explotación pueden explicarse por los cambios migratorios. Una elevada tasa de inmigración tiende a generar una tasa de explotación más elevada.

El crecimiento más rápido de la población dispara la tasa de ganancia por medio de dos mecanismos diferenciados. Por un lado una expansión más rápida de la mano de obra disponible incrementa la competencia por trabajos escasos y permite aumentar la tasa de explotación. La tasa de plusvalor tiende a ser más elevada en los años en que la tasa de crecimiento de la población es más elevada.

En segundo lugar una población creciente absorbe el capital acumulado evitando, o al menos ralentizando, un incremento en la ratio trabajo/capital. El efecto de una población que crece rápidamente aún es más chocante si contrastamos una economía capitalista emergente como África del Sur con una economía madura como Japón. Como la Gráfica 5.25 muestra, en vez de caer la tasa de ganancia de Sudáfrica creció rápidamente a partir de los 70. Se ve un patrón similar en otros países africanos como Egipto. (397)

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En tales naciones el capital acumulado cada año es insuficiente para ir al compás de la creciente población, de modo que cae la ratio trabajo capital. Una ratio de capital trabajo inferior da lugar a una tasa de ganancia más elevada. En última instancia es el sexo lo que impulsa el capitalismo. La elevada tasa de ganancia del capitalismo sudafricano está impulsada por la mucha mayor productividad sexual de las mujeres Sudafricanas. La fertilidad allí era aún 2.5 en 2008 frente a sólo 1.3 en Japón. Pero Sudáfrica está ya en el camino de la madurez capitalista. Su tasa de fertilidad en 2008 era únicamente la mitad de la que era cuarenta años antes.

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En otros países africanos la transición demográfica está en sus principios. En Nigeria la fertilidad en 2008 era un enorme 5,7 hijos por mujer, en Zambia 5,8 en Tanzania 5.6. África Ecuatorial es, en el temprano siglo XXI, la mejor y última esperanza del capitalismo para la rentabilidad. Pero a lo largo del mundo la natalidad está decreciendo (gráfica 5.26) Está apenas en niveles de reproducción. Y esto constituye una amenaza a largo plazo para el capitalismo puesto que la esencia de la acumulación de capital es el crecimiento del proletariado.

¿Qué implicaciones tiene esto para la rentabilidad a nivel global? Si el crecimiento de la población se detiene, la tasa de ganancia de equilibrio dinámico global acabará siendo suficiente para reemplazar la depreciación de la reserva de capitales existentes. Los datos de Maito et. Al (223) en la gráfica 5.27 indican que el núcleo capitalista ha tenido una tasa de ganancia del 10 al 15%. Puesto que Marquetti y Foley (229) dan cifras más o menos parecidas de la depreciación de capital en los países del núcleo capitalista es posible que el capitalismo esté alcanzando un estado estacionario en esos países.
Zachariah (397) halló en su estudio que en los países del núcleo capitalista “las inversiones brutas cada vez más van destinadas a cubrir la depreciación, es decir, la parte de la reserva de capital consumida en la producción”. Debido a la continuada disponibilidad de trabajo procedente de zonas rurales, los países “periféricos” muestran una tasa de ganancia más elevada pero si se toma en cuenta la gráfica 5.26 la tendencia del mundo en su conjunto acabará siendo la que se ha dado en el núcleo capitalista.

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En este punto el valor de las reservas de capital mundial en miles de millones de personas año será estacionario. La inversión será suficiente para compensar por la depreciación y el abaratamiento gradual de las reservas de capital en términos de valor debido a las mejoras de productividad. Pero la acumulación de valor habrá cesado. Esto equivale a una crisis existencial de la civilización capitalista.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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Traducción al español por Huan Manwe