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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Sab Oct 07, 2017 7:00 pm 
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5.9.1 La erosión de la heterosexualidad exclusiva.

La tendencia de la tasa de ganancia a caer está impulsada en última instancia por una tasa de natalidad descendente. Un factor que ha contribuido a la baja tasa de natalidad es la forma en la que se ha acabado con la discriminación legal contra las prácticas sexuales homosexuales y las relaciones homosexuales. En EEUU la cuestión del matrimonió gay se considera un elemento importante en el espectro político de derecha e izquierda. En la medida en que se considera a las diferentes confesiones cristianas como parte de la izquierda conservadora, hay cierta racionalidad en ello. Pero vale la pena preguntarnos si aparte del anticlericalismo existe alguna razón por la que debería alinearse esta cuestión con un eje de izquierdas donde la principal división política ha sido de clase.

A primera vista uno podría pensar que la campaña en pro del matrimonio gay era independiente y que no tenía nada que ver con cuestiones de clase. Uno pensaría que los gais serían algo tan común en los adinerados que en la clase trabajadora y que por lo tanto si son ricos o pobres no tiene impacto alguno en su respaldo al matrimonio gay.

Habrá gente en todas las clases que se beneficiarán de ello. No lleva mucho tiempo estudiar la literatura sociológica empírica para llegar a la conclusión de que esto es un error. Se hace evidente que la cuestión del matrimonio gay estaba vinculada a intereses de clase, pero no en el modo que los defensores de la política de identidad pretenden. Existe una vinculación, pero es la de que los intereses de los gais tienden a estar alineados con los de las clases propietarias, en vez de ser neutral con respecto a ella. En primer lugar la literatura sobre las actitudes de clase en relación con la homosexualidad muestra que la clase trabajadora tiende a ser más hostil a la misma, y las personas de clase social más elevada es más probable que sean más partidarias o tolerantes frente a la misma. (9, 122)

En segundo lugar, los datos publicados muestran que las parejas gay están, en promedio, bastante mejor de dinero que las heterosexuales. Tanto en términos de actitud como económicos, existe una polarización de clase en torno a la homosexualidad.

Existe un gran número de datos que dejan claro que la población gay proviene de forma desproporcionada de las clases medias y medias alta, y como resultado de ello una proporción desproporcionadamente baja es de la clase trabajadora. En el Reino Unido un estudio demostró que mientras que únicamente el 16% de los hombres tenían títulos universitarios el 36% de los gais los tenían. (12) Dónde únicamente el 5,5% de todos los hombres tenían trabajos profesionales o de gestión la proporción entre los gais en el Reino Unido era del 9%

En EEUU donde las oportunidades educativas han sido tradicionalmente mejores que en el Reino Unido, un estudio de parejas mostró que el 43% de los gais y lesbianas eran graduados de instituto, mientras que únicamente lo eran el 28% de los hombres heterosexuales y 26% de las mujeres. Berg y Lien (26) y Billy et al. (29) llegan a resultados parecidos. Teniendo en cuenta esta diferencia en trabajos y educación uno esperaría que existiera una disparidad económica significativa en la posición de familias gais y heterosexuales. Y eso es justamente lo que encontramos.

Una gran encuesta sueca de 1.029.420 heterosexuales y 950 parejas gais y lesbianas encontró que las parejas gais tenían ingresos más elevados. Mostraban que las parejas gais ganaban más que las heterosexuales que a su vez ganan más que las lesbianas. Esto no debe sorprendernos puesto que las ganancias de los varones suelen ser regularmente más elevadas que las de las mujeres, así que en un hogar masculino íntegramente ganarán más y en uno femenino menos. No se trata en este estudio de calcular los ingresos per cápita de diferentes clases de hogares, es decir, de tomar en cuenta las personas dependientes que no traen dinero, en especial los hijos, pero en potencia los parientes más ancianos.

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Para hacer esto uno tendría que conocer el tamaño de familia promedio para los diferentes hogares.

Black et al (31) nos dan datos sobre la proporción de parejas heterosexuales y homosexuales con 1, 2 o 3 hijos más en sus hogares, aunque estamos hablando de EEUU no de Suecia. Sin embargo es posible utilizar sus datos para calcular los tamaños de los hogares promedio para diferentes tipos de pareja (Tabla 5.20) Arabsheibani (12) presenta datos para tasas de salario por hora de hombres y mujeres en el Reino Unido que están o en parejas gais o en parejas casadas heterosexuales. Esto reproduce los resultados de Ahmed, Andersson y Hammarstedt para Suecia, ya que mostraba que la mediana del salario de los hombres gais en las parejas era más elevada que la de los casados heterosexuales, que a su vez se hallaba ligeramente por encima de los de las lesbianas, que a su vez ganaban más que mujeres heterosexuales casadas (Tabla 5.21)

No calcula los ingresos de las parejas. Esto no puede llevarse a cabo simplemente con sumar las tasas salariales por hora de los hombres y mujeres casados, en primer lugar debido a la menor tasa de desempleo de las mujeres casadas, el 71%, frente al 85% para las mujeres en las parejas lesbianas y el 87,5% para los hombres en las parejas homosexuales, y en segundo lugar porque las mujeres casadas trabajan menos horas. Sin embargo si añadimos simplemente la paga media por hora de los hombres y mujeres casados escalada por tasas de actividad y la dividimos por un tamaño familiar estimado podemos obtener la estimación de la tasa salarial por hora por miembro de la familia. La tabla 5.22 nos ofrece tal cálculo para el reino unido y la Tabla 5.23 para Suecia. Ambas tablas dependen del uso de los cálculos de tamaño familiar derivados de Black et al. Podemos esperar que el tamaño relativo de las familias homosexuales, lesbianas y heterosexuales sea parecido en países en niveles parecidos de desarrollo.

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Aunque los divisores exactos que se emplearán variarán de país a país, la jerarquía que se obtiene por ingreso per cápita es parejas homosexuales > parejas lesbianas, parejas heterosexuales será robusta. Por ejemplo podemos derivar cifras de renta per cápita para parejas homosexuales, lesbianas y heterosexuales en los EEUU a partir de los datos de Black et al. (32) que presentan la misma jerarquía. Nuevamente la renta per cápita de las parejas homosexuales es la más alta, seguida de las parejas lesbianas y después las heterosexuales (Tabla 5.24)

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Las cifras para el Reino Unido en la Tabla 5.22 muestran una ventaja de dos a uno en los ingresos per cápita de los homosexuales frente a las parejas heterosexuales. Si conjugamos esto con las cifras de Arabshebani para la distribución de salarios por deciles, vemos que esto significa que el ingreso gay medio es tan elevado como el decil más elevado de las familias heterosexuales. Únicamente el 10% de las familias heterosexuales están tan bien como una pareja gay de ingresos medios. Esto monta a una diferencia socioeconómica y de clase apreciable.

5.9.2 El trabajo social no retribuido de las parejas.

El análisis hasta ahora no ha ido más allá de la economía de mercado y de las ganancias que allí se obtienen. En la familia también se lleva acabo trabajo, la economía doméstica. De hecho de ahí proviene el término: gestión del hogar. Ese trabajo no asume forma monetaria, ya porque sea completamente privado, como es el caso de una persona que cocina su propia comida ya porque sea social: cuidar de los niños. Opera fuera de las relaciones capitalistas de producción. Incluso el trabajo “privado” de una persona que se alimenta a sí misma es en cierto sentido trabajo necesario, puesto que si no lo hiciera, la alimentación se moriría de hambre. Sin embargo ir de compras, guisar, hacer la limpieza, lavar la ropa son actividades que se dan tenga hijos o no el hogar y no son por lo tanto relevantes en la comparación de tipos de hogares diferentes.

Por otro lado el tiempo que lleva el cuidado de los hijos variará según el hogar tenga hijos y depende también del número de hijos. Como gran parte de nuestros datos provienen de América del Norte, llevemos allí nuestro análisis. Las Estadísticas Oficiales de Canadá ofrecen cifras que muestran que en la familia promedio con hijos la madre gasta 2,55 horas al día en el cuidado de los mismos y el padre 1,55 horas al día, que suman un total por pareja de 4,1 horas. Si partimos del supuesto de que los presupuestos de tiempo de los hogares de EEUU y Canadá son parecidos hemos calculado el número esperado de horas de cuidado de niños en diferentes categorías de familia, ponderando 4.1 horas al día con la probabilidad de que las familias tengan hijos (Tabla 5.24)

A partir de esto comprobamos que las parejas heterosexuales llevan a cabo mucho más trabajo socialmente necesario no retribuido.

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¿Pero cuánto vale ese trabajo? Un enfoque de los 80 consistía en valorar el trabajo de cuidar niños según los salarios del sector de cuidado infantil privado. Desde el punto de vista de la economía marxista esto está mal, ya que confunde el valor de la fuerza de trabajo con el valor creado por el trabajo y desde el punto de vista de parte de la economía ortodoxa subestima igualmente el impacto de retirar tanta cantidad de trabajo de la economía de mercado.

Los trabajadores sólo reciben una porción del valor que generan, por lo tanto valorar el trabajo impagado en la tasa salarial prevaleciente supone subestimar gravemente el valor que ese trabajo hubiera creado de haberse dado en el sector mercantil. Equivale al supuesto de que no existiría renta adicional de la propiedad si aumentara la mano de obra efectiva. Sumar al equivalente de millones de trabajadores adicionales a tiempo completo a la economía de mercado generaría flujos de valor adicional que se filtrarían bajo la forma de ganancia, interés, impuestos, etc.

Un mejor procedimiento consiste en calcular el equivalente monetario del tiempo de trabajo social, como se hace en la tabla subsidiaria. Esto nos da una cifra de 31 dólares de valor creada por hora por los trabajadores de EEUU en 2007. Si se escala el trabajo impagado de cuidado de los hijos en las familias tenemos la línea inferior de la tabla 5.24. Apreciamos que mientras la pareja homosexual promedio efectuó trabajo social no retribuido por un valor de 2.300 dólares al año, la pareja media heterosexual efectuó trabajo social no retribuido por un valor de 27000 dólares al año, casi 10 veces más. De este trabajo 17.000 dólares corresponden a la madre y 10.000 al padre.

Si bien la protección de los derechos de los gais y las lesbianas es una cuestión de la mayor importancia, el matrimonio gay aparta la atención de una cuestión económica de mayor calado. ¿Cómo puede organizarse la economía de la reproducción humana tanto como para lograr la igualdad entre lo sexos como para asegurar una tasa de natalidad adecuada?

Las economías modernas dependen de la plena participación de las mujeres en la economía monetaria y social, pero el trabajo de criar y cuidar a los hijos sigue ahí. Si un incremento del tiempo consagrado a la economía de mercado se consigue al precio de que no se destine tiempo suficiente para criar a los hijos, estás generando un proceso auto-destructivo donde la sociedad ya no se puede reproducir. El crecimiento económico a medio plazo se consigue trasladando el coste a las generaciones venideras. Desde el punto de vista de la economía social la solución tiene que implicar el aumento de la productividad laboral en el cuidado de los hijos junto con una distribución igualitaria de las cargas entre los sexos. De otra forma las aparentes ganancias monetarias son ilusorias, pues encubren el trabajo sin pagar continuo en el seno del hogar y socavan la reproducción social.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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5.10. Actividades productivas e improductivas.

En la sección 4.5 hemos relatado la crítica clásica de Adam Smith al despilfarro feudal. Era una crítica que se centraba en la distinción entre trabajadores productivos e improductivos. Con esta distinción Smith estaba expresando el punto de vista de un grupo social (los capitalistas manufactureros urbanos) que casi no se había dado en la época feudal. Como insigne crítico de la prodigalidad de los grandes señores se ubicaba en los baluartes de la modernidad, tratando con desdén a las que anteriormente se habían considerado profesiones “honorables”. Desde tales alturas. Los ministros de la Iglesia y los oficiales del ejército estaban en el mismo nivel de los shows de Punch y Judy y los criados domésticos. La rueda de la historia había rodado y llegó el día en que los industriales mismos aspiraban a ser señores. Compraban títulos y construían mansiones para rivalizar con la antigua aristocracia. La mansión del magnate de la ingeniería Lord Armstrong, Cragside (Gráfica 5.28) ejemplifica a la perfección esta fusión de valores aristocráticos e industriales. La construcción era de estilo gótico, muy parecida al castillo de un Barón, y se aplicaban las grandes invenciones de la era victoriana: luz eléctrica, ascensores hidráulicos, lavadoras, docenas de criados, etc.

Como los manufactureros estaban ahora imitando como monos a los aristócratas, el radicalismo de Smith quedó sumido en una decente oscuridad. Únicamente Marx, portavoz teórico de la International Working Mens’ Association pensaba que la idea de Smith valía la pena. Los trabajadores manufactureros, por lo que parece, no dejaban de ver el despilfarro de sus amos.
Recordemos que Smith planteó dos condiciones para que el trabajo pagado fuera considerado productivo.

1- Los trabajadores deben ser empleados merced a la inversión de capital y no al gasto de renta.

2- El trabajo debe tener como resultado la producción física de mercancías vendibles duraderas.

Para Smith ambas eran premisas necesarias para que el trabajo se considerara productivo. En sus notas sobre Smith (241), Marx suavizó la definición de forma que únicamente se necesitara el primer criterio. Cualquier trabajo que fuera empleado tras la inversión de capital debía contar como productivo. Sin embargo más tarde se debió percatar de lo inadecuado de este sencillo criterio, cuando argumentó que el trabajo utilizado por los mercaderes no podía considerarse como productivo, ya que comprar y vender no era una actividad productiva (Marx 239, Capítulo XVII).

En efecto volvió a aceptar la regla de Smith de que para considerar productivo un trabajo debe ser empleando capital y productivo en términos físicos. Los seguidores de Marx suelen usar una definición amplia de “improductivo” en la que todo el trabajo se consagra bien a la distribución de la renta (contabilidad, actividad bancaria, publicidad, etc.) o al mantenimiento del orden social (policía, ejército, iglesia, etc.) cuenta como improductivo y la actividad productiva se define del mismo modo que la de Smith, pero con la salvedad de que el transporte es también productivo. (94)

Es lo mismo que decir que el trabajo productivo debe o bien producir o bien desplazar una mercancía física y vendible. Los cantantes de ópera lo las prostitutas de los tiempos de Smith no producían mercancías duraderas y eran improductivos. Pero si hoy se graba cantando a Plácido Domingo, los CD se venden, y si una actriz actúa en una película sexualmente explícita, se vende como un DVD, y esos actos físicos son productivos en sentido capitalista. El sector improductivo únicamente puede existir mediante el producto excedente de los sectores productivos.

La expansión del sector improductivo reduce el monto de excedente necesario para su reinversión en el productivo, y por lo tanto afecta a la acumulación de capital a largo plazo. Como hemos argumentado en la sección 5.4.6 únicamente en el sector productivo los adelantos técnicos reducen el trabajo necesario de la sociedad (66). Cualquier crítica de la actividad productiva es comparativa. Dice que si la sociedad se organizara de otra manera se incrementaría la producción.

De modo que Smith estaba diciendo que en cuanto los señores ya no mantuvieran séquitos de criados y servidores, podrían ponerse a trabajar productivamente para generar ganancias. Los marxistas decimos que si la sociedad se organizara bajo principios comunistas, muchos de los empleados bancarios estarían trabajando fabricando cosas o prestando otros servicios sociales. Los neo-smithianos argumentan que si los que están ahora trabajando para el estado produciendo servicios públicos trabajaran en el sector privado se incrementaría la producción. (17)
Vale la pena analizar una serie de sectores de la economía para ver lo que queremos decir cuando decimos que son improductivos. Y pronto descubriremos que puede darse un marcado contraste entre cómo se presentan las cosas desde un enfoque puramente privado y uno social.

5.10.1 Violencia.

Volvamos al esplendor gótico de Cragside y su dueño, Lord Armstrong, que empleaba a ciertos de trabajadores en sus empresas de ingeniería en el Norte de Inglaterra. Ciertamente ellos eran el arquetipo de trabajo productivo. ¿Pero qué estaban fabricando?

Pues mayormente cañones. La mayor invención de Armstrong había sido un cañón de retrocarga que disparaba granadas explosivas en vez de las viejas balas sólidas de cañón (Gráfica 5.29) Provisto de las mismas, la Armada Real, equipada con una nueva flota de “acorazados” era casi invencible. ¿Pero es esto productivo?

No hay duda de que los cañones eran mercancías duraderas, físicas y vendibles y que cuadraban con uno de los criterios de Smith. Los trabajadores de Armstrong estaban empleados merced al capital que había invertido y no de sus rentas. Es verdad que se hizo lo bastante rico para retirarse a vivir como un barón. Desde su punto de vista privado seguramente respondería que sí. Había seguido el consejo de Smith y empleado a los trabajadores en las manufacturas para obtener grandes ganancias. Pero desde el punto de vista social, ¿podemos considerar esta actividad productiva?

La distinción original de Smith trababa de mostrar como el trabajo puede ser empleado para incrementar la prosperidad de las naciones.

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La fabricación de instrumentos de destrucción no puede hacerlo. Cuando se pusieron a funcionar los ingenios de Armstrong, Schneider y Krupp desencadenaron tal destrucción que hicieron falta décadas para recuperarse. La tabla 5.25 muestra que en la época en la que estaba escribiendo Smith, las guerras estaban a la orden del día. Entre 1702 y 1815, el Reino Unido estaba en guerra la mitad del tiempo. La absorción de trabajo y recursos para la guerra, en una economía que en gran parte no estaba aún mecanizada, debía, al absorber tanto producto excedente, haber ralentizado de forma significativa la acumulación de capital.

Con la llegada de una economía de guerra total en el siglo XX que se comió el 70% de la producción en la fabricación de armas, el efecto destructivo en la economía fue inmenso.

Desde los primeros días del capitalismo industrial hasta finales del siglo XX la producción de armas en el Reino Unido se llevaba a cabo tanto en los Arsenales como en los Muelles Reales, y con contratos con empresas privadas como las de Armstrong´s Elswig. Está claro que si el trabajo se hacía en los muelles reales los obreros no podían contar más como trabajadores productivos que los marineros que constituían la dotación de los buques de la Armada.

Para construir un navío de guerra en los Muelles Reales el gobierno tenía que asumir simplemente el coste de los salarios de los trabajadores más el coste de la maquinaria y el acero que no podían fabricar los Muelles. Para que un navío fuera fabricado por una empresa privada incluiría todos estos costes más un margen de ganancia.

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Si un astillero privado quería ganancia tenía que obrar de dos maneras:

1- Fijar un margen por encima del coste de construcción del mismo barco de los Astilleros Reales. Pero para que esto se diera tenemos que suponer cierto nivel de colusión del Estado, el gobierno deliberadamente subsidia a la compañía privada cuando podría salirle más barato el tema empleando sus propias instalaciones.

2- Vende el navío al mismo precio que el coste de producción en un astillero real pero o usa mejor maquinaria o reduce los costes en mano de obra o paga tasas salariales inferiores, con lo que puede sacar ganancia. Esto sólo sucedería si la gestión o los bienes de equipo de los astilleros privados funcionara mucho mejor que la del gobierno.

Ciertamente el mismo argumento de coste se aplica a cualquier actividad que pueda ser llevada a cabo directamente por el estado o licitada por el Estado.

Buxton y Johnston (45) analizan los costes del trabajo comparable realizado en los astilleros privados y públicos. Su trabajo indica que los costes de los navíos para el gobierno en términos de navíos por tonelada era más o menos el mismo en ambos.

La eficiencia de los Astilleros Reales no se diferenciaba en nada de la de los privados. La Tabla 5.27 muestra que el margen promedio en los navíos en los que los astilleros privados se hallaban en competencia directa con los astilleros públicos era muy bajo, únicamente 1,8%.

Teniendo en cuenta la dispersión de los márgenes en los navíos, con muchos vendiéndose a pérdida, esto significa que los astilleros privados casi tenían que poner los precios de coste de la Armada.

Las empresas de armamento como Armstrong y Vickers parecen haber obtenido la mayor parte de sus ganancias vendiendo sus “productos” a armadas extranjeras que no disponían de sus propios astilleros. Los datos de construcción naval parecen indicar que para tratarse de una actividad donde el Estado competía directamente con los contratistas privados, era muy difícil que sacaran una ganancia. Sin embargo si el Estado pierde su capacidad de competir directamente, como ocurrió como resultado de las privatizaciones a finales del siglo XX, la oportunidad de que las empresas privaras subieran los márgenes y se llenaran los bolsillos a expensas del contribuyente era, claro está, mucho mayor.

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Los navíos y cañones de Armstrong se compraban con dinero de los impuestos. Cada libra de ganancia de su empresa había sido sacada con tributos de otras personas, ya sea en Inglaterra o en ultramar. Los economistas clásicos habían argumentado que los impuestos tenían que gravar los excedentes de ingresos de los terratenientes y capitalistas, porque los trabajadores eran demasiado pobres para que valiera la pena ponerles impuestos sobre la renta. Por lo tanto la ganancia de Armstrong era una deducción directa de las ganancias de otros capitalistas. La resistencia del partido de los manufactureros, el Liberal, encabezado entonces por Gladstone, a aumentar los presupuestos para la construcción naval (134) se debían a ese hecho más que a su liberalismo. De modo que con el argumento empleado por Marx frente a la productividad de los trabajadoras de las tiendas debemos llegar a la conclusión de las fábricas de cañones y todo lo que empleaban era improductiva.

Más en general, ninguna actividad que sea en sí misma improductiva se convierte en productiva por un mero cambio de la forma social en la que tiene lugar. La privatización no hace productiva una actividad improductiva.

5.10.2. Mucho vicio.

La existencia del dinero y las retribuciones monetarias ha hecho surgir la ilusión de que cualquier cosa que traiga dinero debe ser productiva, una mixtificación por cierto apoyada muy activamente por los que derivan su renta de las actividades así canonizadas. Un ejemplo contemporáneo es como, desde el predominio ideológico del neoliberalismo en los 80 se ha tratado de llamar a la prostitución “trabajo sexual” (184) y el juego como una “industria”. Puesto que en una economía capitalista un componente fundamental del trabajo es el trabajo asalariado, donde parece que se cambia trabajo por dinero, cualquier transacción en la que el dinero cambia de manos les parece trabajo. Nuevamente, puesto que en las sociedades comerciales la mayor parte de la industria busca la ganancia, cualquier cosa que busque la ganancia, incluidos los casinos y los puticlubs es una industria.

Eso es lo que Marx llamaba fetichismo mercantil y Schumpeter el velo del dinero (194). Nos ciega a la hora de percibir las relaciones sociales reales que subyacen a las transacciones monetarias. Basta pensar un momento para pensar que el juego simplemente redistribuye el dinero existente, y no produce nada nuevo de valor. Tiene tan poco sentido considerar al juego una industria como hablar de una industria de carteristas. Y de hecho hasta 1960 la ley en el Reino Unido veía tan criminal una cosa como la otra.

También hemos visto con la construcción de navíos de guerra como una actividad que en última instancia es destructiva puede presentarse como productiva. Si uno compara el Astillero BAE Systems en Govan que construye portaviones con el astillero de Daewoo en Corea que construye buques contenedores existen semejanzas claras: el empleo de trabajo asalariado, de destrezas parecidas, la producción de un navío físico. La diferencia está en lo que hacen los barcos resultantes, puesto que el primero es destructivo y el segundo productivo.

La regiduría de prostíbulos está en un nivel intermedio de velo: no es tan claramente improductivo como los casinos ni tan oscuramente improductivo como los astilleros militares. Los puticlubs no están en el negocio para dar un producto físico, sino que dan uno de los servicios improductivos de Smith que se desvanecen después de prestados. Pero el “trabajo sexual”, dicen sus defensores, ¿no emplea trabajadores asalariados? ¿Qué tiene de diferente el trabajo de las prostitutas? ¿No deberían ser tratadas como cualquier otra trabajadora y poseer las garantías que vienen de la mano con oficios reconocidos?

Una respuesta a esto es apuntar que como institución, la regiduría de prostíbulos se originó en una sociedad esclavista e, intencionalmente, aún depende en un grado sustancial de los que se denominó el “comercio blanco de esclavos” y que ahora se llama tráfico de personas. Otra respuesta es descorrer el velo del dinero y apuntar a lo que en última instancia son acciones criminales. Al igual que construir un buque de guerra oculta una conspiración para cometer actos de piratería y asesinato, la regiduría de prostíbulos proporciona velos para violar. (184) Kollontai (199) hablando mucho antes de que se hubieran inventado estas mandangas del “trabajo sexual”, en una economía socialista en sus primeros estados de desarrollo, y no capitalista, comprendió con meridiana claridad por qué existe en los países capitalistas y por qué era improductiva en una economía socialista:

“El comercio de carne fresca de mujer se lleva a cabo bien abiertamente, lo que no es para sorprenderse cuando se considera que todo el modo de vida burgués se basa en comprar y vender. Existe un elemento innegable de consideraciones materiales y económicas incluso en el más legal de los matrimonios. La prostitución es salida que tiene una mujer cuando no encuentra un sustentador permanente.

La prostitución en el capitalismo aporta a los hombres la oportunidad de tener relaciones sexuales sin tener que tomar para ellos mismos la responsabilidad de proveer materialmente a las mujeres hasta la muerte.

(…)

¿Y qué es, después de todo, la prostituta profesional? Es una persona cuya energía no se utiliza del colectivo; una persona que vive del trabajo generado por otros, tomando las raciones de otros. ¿Se puede permitir tal cosa en una república de trabajadores? No, no se puede permitir, porque reduce las reservas de energía y el número de trabajadores que están generando la riqueza y el bienestar nacional, por lo que desde el punto de vista de la economía nacional la prostituta profesional es una desertora del trabajo. Por esta razón debemos oponernos sin piedad a la prostitución. Es en interés de la economía que luchemos para reducir el número de prostitutas y eliminar la prostitución bajo todas sus manifestaciones”.

Es claro y de sentido común que con condiciones sociales modificadas la prostitución es improductiva. En una sociedad en la que los bienes son asignados mediante raciones, una prostituta tomaba las raciones de otros sin contribuir al ingreso y la riqueza nacional. Cuando las relaciones económicas ya no se desarrollaban bajo el disfraz del dinero sino que se veían en términos físicos, era una observación práctica de sentido común, y si era obviamente cierta en una economía desvelada, ya debía haber sido cierta más allá del velo del dinero en la anterior economía capitalista. Doradas por el dinero, las actividades improductivas en una economía comercial parecen productivas y las relaciones sexuales son “trabajo sexual”.

En un sentido, por supuesto, el sexo es trabajo y productivo. Las dos partes implicadas gastan energía metabólica en el acto sexual, y la madre gasta mucha más energía en la gestación y el parto. Ese trabajo es en realidad el fundamento del resto de la producción.

Pero eso no es lo que dicen los apologistas de los burdeles. Para ellos el trabajo es aquella actividad en la que el dinero cambia de manos. Da igual que desde los tiempos de los romanos el fin del sexo comercial fuera que los hombres evitaran asumir la responsabilidad por los hijos. No podían esperar ni esperar ni ser alimentados por sus padres. Quedaban expuestos, abandonados o a merced de la dudosa compasión de un hospital:

“Las cifras de este tráfico, disponibles en muchas ciudades, son ciertamente impactantes. En toda Francia 127.507 niños fueron abandonados en el año 18333. De 20 a 30% de todos los niños nacidos fueron abandonados a su suerte. Las cifras para París sugieren que en los años 1817 a 1820 los “bastardos” comprendían el 36% de los nacidos. En algunos de los hospitales italianos la mortalidad (en niños de menos de un año) llegaba al 80 o al 90%. En París, la Maison de la Couche informaba que de 4.779 bebés admitidos en 1818, 2370 murieron en los primeros tres meses y otros 956 en el primer año (Langer 205, página 9)”.

Tan notoria era la tasa de mortalidad de estas instituciones que Malthus observó:

“Considerando la extraordinaria mortalidad que se da en estas instituciones y los hábitos licenciosos que tienen una clara tendencia a engendrar, puede en verdad decirse que, si una persona quisiera controlar la población, sin tener muchos escrúpulos con respecto a los medios empleados, no podría proponer una medida más efectiva que la instauración de un número suficiente de hospitales de niños abandonados, sin poner cuotas de admisión”. (Malthus 225, página 152)

Como institución destruía doblemente la fuerza de trabajo, pue s condenaba a una muerte temprana a los hijos de las prostitutas y el dinero que los clientes se gastaban en los burdeles se quitaba de las bocas de su descendencia “legítima”.

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5.10.3 Las finanzas.

La industria financiera (así la llaman ahora) es otro sector grande e improductivo. Los apologistas de los bancos dicen que la clasificación de Smith llama a engaño. El verdadero criterio para definir si los bancos son o no productivos no está en su contabilidad. Era un prejuicio arcaico calvinista por parte de Smith anudar la productividad a la producción física. ¿Pero producen algo los bancos de valor? ¿Producen “servicios financieros” y si los producen, cuáles son esos servicios?

Un ejemplo de servicio financiero es cobrar por hacer transferencias, mantener depósitos y compensar cheques. Sin embargo lo que uno ve cuando examina el sector bancario en el Reino Unido es que estos servicios no dan ni para pagar al personal en nómina. Para el público general los bancos están para eso, pero no es de ahí precisamente de donde vienen sus ingresos. Esos vienen de las ganancias por contratos financieros. A lo largo del tiempo los bancos y otras instituciones financieras han conseguido gran parte de sus ingresos comercializando contratos financieros cada vez más abstractos y complejos.

La justificación ortodoxa del papel productivo de los bancos es que aportan las finanzas que necesita la economía. El dinero según Adam Smith es el poder para disponer del trabajo de otros. La provisión de crédito le da al capitalista permiso y autoridad para reclutar parte de la reserva de trabajo social para su proyecto. La provisión de una línea de crédito por parte de un banco es simplemente la concesión de una licencia. Lo que lo hace diferente, de por ejemplo, una licencia de construcción, es que la licencia la concede un organismo privado. Si quieres ampliar tu casa necesitas dos licencias, una de un arquitecto de la ciudad que comprueba que el diseño es sólido y otra del banco que comprueba la solidez de tu crédito. El hecho de que alguien pueda dar licencias no le hace productivo.

Si miramos a lo que realmente sucede, son los ingenieros, albañiles y fontaneros los que construyen las casas. El funcionario del ayuntamiento o del banco que firma un permiso contribuye tanto a construir la casa como contribuyó Adriano a construir la muralla que lleva su nombre. La sociedad proyecta en los importantes, en los poderosos un genio creador que realmente pertenece a aquellos que mandan. Cuando la demanda de licencias es elevada los que las manejan sacan su tajada. Si lo hace un funcionario decimos que es un soborno, cuando lo hace un banco es interés. Hubo un tiempo en que cobrar interés (la usura) se consideraba el equivalente moral de que un funcionario que aceptara un soborno. Pero con el auge de los banqueros y su dominio político, su propia riqueza, obtenida de esa forma, parece ser un símbolo de responsabilidad social.

Puede parecer que un préstamo, al contrario que una licencia del Ayuntamiento permite obtener los recursos reales necesarios para construir la casa. Pero esto no es más que una ilusión.

Los trabajadores construyen las casas con ladrillos y madera, y el préstamo da al propietario dominio sobre estos recursos. Si la industria de la construcción estuviera bajo control estatal, o incluso sí, como ocurrió en el Reino Unido en los 40, los ladrillos fueran racionados por el Estado, la disposición de ladrillos y de la mano de obra dependería de una licencia oficial. Es una creación del ordenamiento jurídico vigente que un ciudadano privado no pueda imprimir su propio dinero o acuñar una autorización para trabajar generalmente aceptable.

Los bancos, por otro lado, están en la posición especial de que pueden “producir dinero” sin restricciones jurídicas. La Sección 3.5 explicaba como las relaciones monetarias surgieron de la acción de los estados al cambiar los impuestos en especie a impuestos monetarios Esto forzó a todos los súbditos a conseguir dinero y entrar en la economía mercantil. El poder del dinero para disponer del trabajo es un poder delegado, derivado del mando directo anterior que el estado posee sobre las personas de sus ciudadanos. Hoy en día este mando directo se limita al reclutamiento militar y normalmente sólo los jóvenes están sometidos al mismo. Para el resto el Estado acepta dinero como forma de saldar las deudas.

Las deudas con el Estado son los pecados originales. Existen con independencia de nuestros deseos o acciones. La innovación de la era moderna es la forma de la absolución: con cheques o tarjeta de créditos.

El Estado acepta cheques privados para el abono de tributos porque los bancos tienen cuentas de débito con el banco estatal. Cuando la gente gira al erario cheques para el banco x, se anota en correspondencia en la cuenta en el banco estatal del banco x. La combinación de bancos estatales con bancos privados da lugar al sistema monetario específicamente capitalista. El volumen de transacciones comerciales que exige la economía capitalista hizo pronto quedar desfasada la posibilidad de pagar en metales precioso. El cambio del dinero por crédito ha sido fundamental en el crecimiento del capitalismo, pero al mismo tiempo ha conferido un inmenso poder a las instituciones financieras.

Lo depósitos en bancos privados con cuentas en el Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo, etc, son en general aceptables como dinero, pero los propios bancos pueden crearlos a voluntad. Los bancos no canalizan, como se supone de forma ingenua, el capital de los ahorros a la inversión, lo que pasa es que cuando un banco concede una línea de crédito a una empresa para una inversión está autorizando a esta empresa a movilizar trabajo social para sus fines privados.

La creación de crédito en la contabilidad de la empresa es una operación contable instantánea y no depende de ningún ahorro anterior de recursos reales. A la inversa, el adelanto de crédito no necesita financiar ningún trabajo social vigente. Si un banco adelanta crédito a una empresa para emplear al personal, ciertamente emplea el trabajo, pero si se da un crédito hipotecario con casas existentes, o activos financieros especulativos no se da una asignación del trabajo correspondiente. Lo anterior es productivo en un sentido muy limitado (es una autorización para la producción real) lo último es improductivo en cualquier sentido.

Es una ilusión pensar que los bancos obran como intermediarios, ya que los préstamos canalizan los ahorros de la clase rentista a la industria. No es una operación de dos pasos, primero toma el depósito y luego concede el préstamo. En realidad las dos operaciones ocurren simultáneamente y es tan realista decir que los préstamos son los que crean los depósitos como lo contrario.

Supongamos que el Deutche Bank adelanta el dinero para construir una planta de sobregiros a BMW. BMW hace un pedido de placas de acero para sus plantas de ThyssenKrupp AG. Un mes después de la entrega BMW paga a ThyssenKrupp 500.000 euros, sacándolos de su fábrica de chasis. Lo que ocurre después es que en una simple transacción atómica los ordenadores de Deutche Bank fijan el débito en la cuenta de BMW y el crédito en la de ThyssenKrupp. La operación informática está pensada para ser indivisible y su efecto es generar un depósito que contrapesa exactamente el préstamo a BMW.

Como consecuencia de la tasa decreciente de ganancia descrita en la sección 5.9 las oportunidades para invertir con rentabilidad disminuyen y la cuota de financiación aportada para propósitos productivos se reduce. El Sector Financiero destina ahora la mayoría de sus créditos a la financiación de la deuda nacional, a los créditos hipotecarios o a la especulación en papeles o activos electrónicos. Estas operaciones puramente simbólicas, que se dan en los registros de los ordenadores, pueden aún resultar en un título indirecto sobre los recursos reales ya que, además de compensar pagos y tomar depósitos, los bancos actúan como gerentes de financiación. En este último papel perciben unos honorarios de gestión de tal vez el 1% del valor de los fondos que gestionan activamente. La extensión constante de los créditos significa que todos los activos tienden a subir de precio a lo largo del tiempo de modo que los honorarios totales adquieren un tamaño gigantesco. Entre 2009 y 2014, la cuota de honorarios de gestión que percibían los banqueros individuales ascendía a más de 100.000.000.000 de libras. (198)

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Dom Oct 08, 2017 9:33 am 
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5.10.4. Rentas Modernas.

Cuando los bancos operan como se supone teóricamente, concediendo créditos para la inversión productiva real, el trabajo invertido en la concesión de los préstamos sigue siendo improductivo - y la sobrecarga administrativa muy parecida a la concesión de licencias de obra. Pero al menos permitía en cierto sentido la actividad productiva.

Las finanzas hoy, como en los primeros años del capitalismo, funcionan más como una agencia de cobro de alquileres. Puesto que tan poca financiación va destinada a aumentar la producción real, sólo pueden sostenerse estas rentas deprimiendo el nivel de vida real de gran parte de la población.

Este proceso es particularmente evidente en la vivienda. El precio de las viviendas se divide en dos componentes, uno de ellos el coste real de construir una casa, y el otro es el alquiler capitalizado del terreno subyacente. A medida que las rentas feudales se convirtieron gradualmente en rentas monetarias, la tierra de labranza adquirió un precio que fue fijado por la regla:

precio = Renta/Tasa de Interés.

Supongamos que en 1800 una finca en Irlanda rindió £ 1000 al año en renta pagada por campesinado y que la tasa de interés fue del 5%. El precio de la herencia sería entonces de £ 1000/0,05 = £20,000 libras, ya que esta es la suma que un inversionista tendría que prestar al gobierno para obtener los mismos ingresos que los obtenidos de la tierra. Desde la primera etapa del capitalismo industrial ha habido una estrecha vinculación entre la recaudación de la renta, las deudas y la violencia. La mayor parte de los valores que generaban intereses a principios del siglo XIX eran los emitidos por el Estado para financiar la compra de barcos y cañones. La mayor fuente de financiamiento para estos préstamos eran las grandes familias aristocráticas cuyos ingresos provenían, inicialmente, de la renta de sus tierras. El sistema bancario y el mercado inmobiliario y de bonos gubernamentales permitieron entonces a esta clase equilibrar sus ingresos con la explotación directa de sus inquilinos y la explotación indirecta de los contribuyentes.

Pero ¿qué determina la renta que se puede obtener?

Ricardo (310), argumentó que los niveles de renta dependían de la fertilidad diferencial de la tierra menos feraz y del terreno en el que se pagaba la renta. Si la peor tierra no daba renta, entonces el arrendador podía cobrar como renta casi toda la fertilidad diferencial de la mejor tierra. Si cobrara más que el diferencial de fertilidad, los campesinos emigrarían a la peor tierra libre de rentas. Si esto es realista, es discutible, ya que incluso en la peor tierra de una provincia, nos parece improbable que los terratenientes permitieran a los campesinos labrar gratis.

Pero sea cual sea el punto cero de la renta en la peor tierra, el principio de Ricardo seguirá aplicándose. Los propietarios, libres de modificar la renta, cobrarán alquileres que anulan cualquier ganancia que surja de las diferencias en la fertilidad del suelo. La mera amenaza de retirar la tierra de la producción es suficiente para permitir a la clase propietaria apropiarse de parte del excedente producido en la economía capitalista, ya que todas las actividades económicas distintas de la navegación tienen lugar en tierra y como tales dependen del acceso a ella.

En la agricultura, el propietario puede aprovecharse no sólo de las diferencias naturales en la fertilidad, debidas a la variaciones en aridez, presencia de rocas y pendiente del suelo, sino también del resultado acumulado de las mejoras pasadas llevadas a cabo durante siglos. Existe una lucha constante entre el terrateniente y el granjero capitalista por estas mejoras. El interés del propietario es acaparar rentas adicionales que sean consecuencia de cualquier mejora realizada por el inquilino. Los inquilinos como clase están interesados en arrendamientos prolongados con rentas fijas para permitirles beneficiarse del capital invertido en mejoras. La amenaza de que cualquier inversión del inquilino termine en el bolsillo del propietario inevitablemente actúa como un desincentivo a la inversión y la mejora.

Esta dependencia de la renta de la inversión de capital pasada es aún más pronunciada en las rentas urbanas. Estas son rentas que se dan un entorno construido enteramente resultado del trabajo pasado. En la superficie, el "alquiler" que paga un inquilino urbano se nos presenta como un pago por el uso de un artefacto - la casa.

Como tal también parece al propietario que el alquiler de la casa es un retorno sobre el capital que invirtió en la compra de la propiedad. Se invierte la relación causal real, ya que el precio de la propiedad es renta capitalizada. El alquiler que se puede obtener de dos apartamentos similares, uno en el centro de una gran ciudad, y uno a 50 km de viaje de esa ciudad será muy diferente.

El piso del centro de la ciudad se alquilará por más, porque el inquilino del centro de la ciudad ahorra el costo de viaje en dinero y tiempo de los 50 km de trayecto. La propiedad privada de la tierra impone entonces a todos los inquilinos una pérdida financiera equivalente al costo de viaje en que incurre el viajero más alejado. A medida que el capitalismo concentra los empleos en las grandes ciudades, los trabajadores se ven obligados a pasar horas viajando, o a comprar los automóviles necesarios para desplazarse, o a satisfacer un costo equivalente en alquiler a la clase de propietarios. En las ciudades en desarrollo económico los alquileres suben a medida que el círculo de desplazamientos se expande. El precio de una casa comprada para alquilar se determina por la renta capitalizada, por lo que los precios de la propiedad se disparan de manera similar.

Las expectativas de ganancias del capital por las casas alquiladas hacen que esta inversión sea doblemente rentable -tenemos el rendimiento del alquiler, más el beneficio especulativo que se puede obtener vendiendo la casa más tarde a un precio más alto.

Imagen

La apreciación de los alquileres se conjuga con otro proceso: la tasa de ganancia generalmente decreciente en la inversión productiva. Supongamos que la tasa de rendimiento de la inversión productiva cae del 6% al 4%, por lo que, aparte de cualquier cambio en el nivel general de precios de alquileres, el precio de un piso con un retorno en forma de alquiler de 5000 libras subirá de precio como aquí se ve:

Imagen

La gráfica 5.32 ilustra cómo estos dos procesos han operado en el área de Londres. Se muestran los precios de los pisos en Londres y en East Anglia, este último barrio que está efectivamente en el límite de la periferia de Londres. Los pisos de Londres son siempre mucho más caros debido a los efectos de la renta diferencial. Los propietarios de Londres pueden cobrar alquileres más altos que los propietarios de Norwich, porque el coste de desplazarse de Norwich a Londres para trabajar es prohibitivo.

Los precios de los pisos en Londres, que están dominados por el mercado de compra para alquilar, son en consecuencia mucho más altos. Pero en ambas áreas se ha dado una tendencia a largo plazo, en unidades del salario medio anual, a la subida de los precios. Es plausible que esto es una consecuencia de la caída a largo plazo en el tipo de interés, que en sí misma es una consecuencia forzosa de la tasa de ganancia decreciente.

Como la tasa de rendimiento del capital generalmente desciende, los bancos centrales de los países del núcleo capitalista se ven obligados bajar las tasas de interés para tratar de fomentar la inversión a pesar de la tasa generalmente baja de retorno sobre el capital industrial. La disponibilidad de financiamiento hipotecario barato permite entonces a los propietarios pujar por el precio de los apartamentos obteniendo pese a ello una saneada ganancia con los alquileres que ganan. Dado que los compradores privados deben competir con los grandes propietarios en el mercado de la vivienda, no les queda otra que pagar un precio más alto igualmente.

En Gran Bretaña en el siglo XX se fomentó la propiedad de las viviendas vendiéndolo como la creación de una democracia de propietarios. Incluso si la masa de la población ya no podía esperar ser económicamente autosuficiente, la propiedad de su vivienda por lo menos los haría independientes de los caseros. Se utilizó este anzuelo para justificar la venta de viviendas de protección oficial con alquileres baratos a inquilinos asentados.

Al morir los inquilinos originales y venderse sus viviendas, estos apartamentos, construidos originalmente por los Ayuntamientos para proporcionar viviendas baratas a la población, cayeron en manos de una nueva clase de terratenientes, que tenían contante disponible o acceso al crédito que les permitía imponerse en el mercado inmobiliario a las familias jóvenes de la clase trabajadora.

Los que son bastante pudientes para obtener crédito para comprar casas en las grandes ciudades, pagan tanto por los préstamos hipotecarios que su situación no es mucho mejor que la de los inquilinos. Como muestra la figura 5.32, en el 2016 un piso en Londres, no hablemos de casas individuales, costaba el equivalente a 12 años de salario. Además propiedad de la vivienda es más aparente que real, ya que legalmente los bancos son los primeros en presentarse en las subastas, y los pagos en interés al banco no se diferencian mucho del alquiler que hubiera cobrado un propietario. Los bancos se convierten en propietarios indirectos, y sus ingresos, aunque toman la forma de intereses, son, en efecto, “rentables”. El alquiler del suelo en la sociedad capitalista siempre es un pago a cambio de ineficiencia.

La renta diferencial clásica tendía a aumentar, según Ricardo, a medida que se comenzaba a labrar la tierra más ineficiente. Los alquileres urbanos aumentan a medida que las ciudades se vuelven más ineficientes, ya que el desarrollo no planificado obliga a los trabajadores a soportar mayores costos de transporte o alzas en los alquileres. Los bancos y las clases de propietarios se benefician de tal incompetencia.

¿Qué gobierna el valor relativo de la propiedad terrateniente frente al capital productivo?

El valor de la propiedad inombiliaria es una capitalización imputada del ingreso que fluye como renta. Si se utiliza la tasa media de rendimiento del capital para calcular su valor, la proporción de la riqueza representada por la propiedad terrateniente se mantendrá en la misma proporción que la relación de las rentas totales con la ganancia total sobre el capital invertido. Bajo condiciones de tasas de beneficios decrecientes, sin embargo, la tasa aparente de retorno sobre la tierra será mayor que la del capital, ya que la propiedad terrateniente se aprecia constantemente en cuando a su valor de mercado.

Imagen

Supongamos que la clase trabajadora de una nación está fijada en 20 millones de personas y que la mitad del año laboral se consagra como excedente. El valor del excedente se fija pues en 10 millones de personas año. Supongamos que la reserva de capital inicial es de 40 millones de personas años, y los réditos por rentas dos millones. Estas rentas tienen que deducirse del excedente para dar la ganancia al capital. La tasa de retorno sobre el capital es pues 10 -2/40= 20% y el valor de mercado de la propiedad inmobiliaria ascenderá a 10 millones. Supongamos ahora que, del excedente de 10 millones, 5 se destinan a la inversión. El siguiente año la reserva de capital será de 45 millones y la tasa de retorno habrá bajado de 10 -2/45= 17,8%.

Con esta nueva tasa de retorno el valor capitalizado de 2 millones en rentas es ahora 11,25 millones. Los terratenientes y caseros se embolsan ahora un retorno de dos millones en concepto de rentas, más ganancias del capital de 1,25 millones, así que la rentabilidad mercantil de la propiedad inmobiliaria será 2 + 1,25/10=32,5% que es mucho mejor que cualquier retorno sobre el capital productivo. Mientras la reserva de capital crezca más rápido que la población este proceso no se detendrá. Invirtiendo al mismo ritmo de 5 millones por año el efecto es que la reserva de capital ha alcanzado 140 millones y la tasa de retorno ha bajado a 5,7%. La propiedad inmobiliaria posee ahora un valor capitalizado de 35 millones y la rentabilidad mercantil de la propiedad inmobiliaria incluyendo la apreciación es 9,6%. La propiedad inmobiliaria, en este capitalismo tardío parece ser bastante más rentable que la inversión productiva. En consecuencia, la financiación de los bancos se dirige de forma desproporcionada al sector inmobiliario.

Podemos preguntarnos, ¿y a donde va toda esa burrada de dinero? Parte va a comprar más propiedades. Como los precios del terreno suben se hacen edificios más altos, así que constantemente se da un proceso de cargarse los centros de las ciudades para embutir la mayor cantidad de metros cuadrados de propiedad comercial y residencial en cada metro cuadrado de terreno.

Otra parte de los créditos simplemente va a financiar la compra de las propiedades importantes o a rehipotecar las propiedades a precios inflados. Como el flujo de fondos dentro del sector debe compensar el flujo de fondos fuera del sector, y sólo parte del flujo va a sufragar nuevos costes de construcción, ¿dónde acaba el resto?

En general va a gasto en consumo. Las familias de clase media alta venden casas en las ciudades y después se van a otro lugar para consumir las ganancias. Las inmobiliarias distribuyen en dividendos las ganancias obtenidas vendiendo las propiedades a precios más altos, lo que también acaba financiando el consumo de las clases rentistas. También se da un fenómeno parecido con cualquier título de propiedad que prometa traer un ingreso futuro estable. Una tasa de ganancia general en descenso implica que las acciones de las compañías que no expanden su base de capital se aprecian. Los titulares de estas participaciones, ya sean rentistas particulares o gerentes de fondos, se pueden embolsar una fracción del capital como réditos.

En el proceso la clase capitalista en su conjunto se va pareciendo más a las antiguas clases dominantes: buscadores de rentas y consumidores de réditos. Las crisis bancarias periódicas revelan como la base de capital del sistema se ha desvanecido en una orgía de consumo de lujo.

De repente, todas las objeciones de libre mercado a la intervención estatal se desvanecen. ¿Y quién tiene que pagar la fiesta?

Los trabajadores-contribuyentes
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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Dom Oct 08, 2017 12:15 pm 
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(Por si alguien lo lee, este es el borrador traduciendo sobre la marcha, después reescribo después de (a veces) consultar mucho, así que no es la versión final)

P.S. PAUL, TE AMO.

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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Lun Oct 09, 2017 12:37 am 
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Malet escribió:
A primera vista uno podría pensar que la campaña en pro del matrimonio gay era independiente y que no tenía nada que ver con cuestiones de clase. Uno pensaría que los gais serían algo tan común en los adinerados que en la clase trabajadora y que por lo tanto si son ricos o pobres no tiene impacto alguno en su respaldo al matrimonio gay.

Habrá gente en todas las clases que se beneficiarán de ello. No lleva mucho tiempo estudiar la literatura sociológica empírica para llegar a la conclusión de que esto es un error. Se hace evidente que la cuestión del matrimonio gay estaba vinculada a intereses de clase, pero no en el modo que los defensores de la política de identidad pretenden. Existe una vinculación, pero es la de que los intereses de los gais tienden a estar alineados con los de las clases propietarias, en vez de ser neutral con respecto a ella. En primer lugar la literatura sobre las actitudes de clase en relación con la homosexualidad muestra que la clase trabajadora tiende a ser más hostil a la misma, y las personas de clase social más elevada es más probable que sean más partidarias o tolerantes frente a la misma. (9, 122)

En segundo lugar, los datos publicados muestran que las parejas gay están, en promedio, bastante mejor de dinero que las heterosexuales. Tanto en términos de actitud como económicos, existe una polarización de clase en torno a la homosexualidad.

Existe un gran número de datos que dejan claro que la población gay proviene de forma desproporcionada de las clases medias y medias alta, y como resultado de ello una proporción desproporcionadamente baja es de la clase trabajadora. En el Reino Unido un estudio demostró que mientras que únicamente el 16% de los hombres tenían títulos universitarios el 36% de los gais los tenían. (12) Dónde únicamente el 5,5% de todos los hombres tenían trabajos profesionales o de gestión la proporción entre los gais en el Reino Unido era del 9%


Y sin embargo, a lo mejor porque "no lleva mucho tiempo estudiarlo", va él y olvide que correlación y causalidad no es lo mismo. Existen gays en todas las clases sociales y en la misma proporción (son causas biológicas, no sociales), la aparente mayor presencia de gays en las clases medias y altas es un sesgo causado por la detectabilidad, es decir, personas menos dependientes financieramente de su familia pueden salir del armario (o hacerlo antes), mientras que los pobres, que además sí tienen una correlación más directa (y se podría decir que con causalidad) un nivel educativo inferior se ven obligados a permanecer en él.

En cuanto a las parejas, es en tiempos recientes cuando se ha legalizado el matrimonio, de modo que al tener acceso a los beneficios fiscales correspondientes a las familias de pleno derecho sí que los gays podrían acabar en una condición financiera mejor que los heterosexuales... excepto por el pequeño detalle de que esa mejor situación se debería íntegramente al hecho de que los gays no pueden tener hijos, lo que elimina una parte muy importante del gasto familiar. Sin embargo, hay parejas heterosexuales en la misma situación y por lo tanto no es algo relevante a efectos diferenciadores (únicamente los muy ricos, normalmente por motivos religiosos, y los muy pobres, carentes de acceso a anticonceptivos por falta de dinero o información, a veces con correlación con motivos religiosos, tienen muchos hijos; en general, la clase media tiende a tener pocos, o incluso sólo uno, por el elevado coste)

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Sic semper corruptis (in extremis)


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Lun Oct 09, 2017 7:05 am 
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Yo tampoco estaba muy de acuerdo en la forma en la qi desarrolla este punto, pero creo que hay que entenderlo en el conjunto del capítulo. Laa diferencias salariales por generos se deben en buena parte a dedicar menos tiempo de trabajo no pagado a tareas domésticas o al cuidado de los hijos. Me imagino que es en este contexto cuando el autor habla de que las parejas gays (detectables lo que tambien dice usted y admite que salir del armario es cuestión de clase tambien) ganan más en promedio, no dice que los gays tengan una predisposición genética a ser burgueses o a tener más pasta.

Citar:
En la familia también se lleva acabo trabajo, la economía doméstica. De hecho de ahí proviene el término: gestión del hogar. Ese trabajo no asume forma monetaria, ya porque sea completamente privado, como es el caso de una persona que cocina su propia comida ya porque sea social: cuidar de los niños. Opera fuera de las relaciones capitalistas de producción. Incluso el trabajo “privado” de una persona que se alimenta a sí misma es en cierto sentido trabajo necesario, puesto que si no lo hiciera, la alimentación se moriría de hambre. Sin embargo ir de compras, guisar, hacer la limpieza, lavar la ropa son actividades que se dan tenga hijos o no el hogar y no son por lo tanto relevantes en la comparación de tipos de hogares diferentes.

Por otro lado el tiempo que lleva el cuidado de los hijos variará según el hogar tenga hijos y depende también del número de hijos. Como gran parte de nuestros datos provienen de América del Norte, llevemos allí nuestro análisis. Las Estadísticas Oficiales de Canadá ofrecen cifras que muestran que en la familia promedio con hijos la madre gasta 2,55 horas al día en el cuidado de los mismos y el padre 1,55 horas al día, que suman un total por pareja de 4,1 horas. Si partimos del supuesto de que los presupuestos de tiempo de los hogares de EEUU y Canadá son parecidos hemos calculado el número esperado de horas de cuidado de niños en diferentes categorías de familia, ponderando 4.1 horas al día con la probabilidad de que las familias tengan hijos (Tabla 5.24)

A partir de esto comprobamos que las parejas heterosexuales llevan a cabo mucho más trabajo socialmente necesario no retribuido.


Y más adelante:

Citar:
Si bien la protección de los derechos de los gays y las lesbianas es una cuestión de la mayor importancia, el matrimonio gay puede desviar la atención de una cuestión económica de mayor calado. ¿Cómo puede organizarse la economía de la reproducción humana tanto como para lograr la igualdad entre los sexos como para asegurar una tasa de natalidad adecuada?

Las economías modernas dependen de la plena participación de las mujeres en la economía monetaria y social, pero el trabajo de criar y cuidar a los hijos sigue ahí. Si un incremento del tiempo consagrado a la economía de mercado se consigue al precio de que no se destine tiempo suficiente para criar a los hijos, estás generando un proceso auto-destructivo donde la sociedad ya no se puede reproducir. El crecimiento económico a medio plazo se consigue trasladando el coste a las generaciones venideras. Desde el punto de vista de la economía social la solución tiene que implicar el aumento de la productividad laboral en el cuidado de los hijos junto con una distribución igualitaria de las cargas entre los sexos. De otra forma las aparentes ganancias monetarias son ilusorias, pues encubren el trabajo sin pagar continuo en el seno del hogar y socavan la reproducción social.

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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Mar Oct 17, 2017 6:09 am 
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6. Economías socialistas.

Las economías de tipo socialista poseen el mismo modo producción que el capitalismo: industria mecanizada y agricultura. Lo que las distingue son las formas de propiedad y la determinación y asignación del producto excedente. Los países han mostrado una cierta mezcla de relaciones de producción socialista y de otras relaciones de producción. El socialismo puede existir como un sub-sistema en el seno de países que son predominantemente capitalistas, y el capitalismo o la economía doméstica campesina pueden existir como sub-sistemas en economías predominantemente socialistas.

Aunque las revoluciones políticas pueden obtener cambios en las relaciones de propiedad, al menos a corto plazo, no pueden cambiar el modo de producción. La revolución de 1917 no fue más capaz de instaurar un modo socialista de producción que las revoluciones de 1776 o 1789 pudieron instaurar inmediatamente un modo capitalista de producción.

La instauración del socialismo en Rusia así como la instauración del capitalismo en Francia y América del Norte sobrevino en fecha más tardía con una secuencia de cambios en las técnicas de producción y en las relaciones económicas. Le llevó a Francia hasta 1900 después de un siglo de revolución alcanzar el nivel de desarrollo industrial urbano que Rusia consiguió en menos de un cuarto de siglo después de 1917. Posiblemente la transición al capitalismo en Francia y al socialismo en Rusia no estuvo completada hasta los 60. Esos cambios en el modo de producción se dieron con mayor rapidez en el caso ruso, pero eso no debe oscurecer el hecho de que los cambios en el modo de producción llevan tiempo. Si el modo de producción compartido del capitalismo y del socialismo existe, como ocurría en Alemania o en Checoslovaquia después de 1945, el cambio al socialismo puede darse con más rapidez.

El socialismo surgió de los éxitos políticos del movimiento obrero organizado y de los movimientos campesinos, no de un desarrollo económico espontáneo. Fue generado por movimientos que tenían como fin el socialismo. Pero no es tan diferente de lo que ocurrió con el capitalismo en la mayor parte del mundo. El movimiento socialista poseían sus propios economistas y teóricos, cuyas ideas, a su vez, influenciaron a los gobiernos socialistas. Pero esto tampoco es tan diferente de los gobiernos capitalistas. También han sido influidos por economistas que defienden un tipo ideal de sociedad capitalista. La teoría del capitalismo de libre mercado se había desarrollado mucho antes de que el capitalismo fuera un fenómeno global. Su extensión, por medio de los buques de guerra y bayonetas ingleses, demostró a los chinos de las generaciones posteriores a Mao, de dónde procedía el poder político y militar necesario para la transformación social.

6.1 La potencia.

"El comunismo es el poder soviético más la electrificación de todo el país". (Lenin 209, vol. 34)

El poder político nace de las bocas de los cañones, ¿pero qué ocurre con la energía real? (Juego de palabras intraducible, ya que power en ingles es poder y al mismo tiempo potencia y energía) El capitalismo pasó del agua y la potencia del viento al vapor como fuerza motriz, pero los comunistas desde el principio emplearon la electricidad. Un autor alemán (225) que escribía en 1890 hablaba de su reunión con Marx en 1850 después de que este hubiera visto un tren eléctrico modelo. Marx quedó galvanizado y afirmó que al igual que el vapor había creado el capitalismo, la potencia eléctrica generaría un nuevo orden económico y social. El memorialista hizo notar con ironía que en los siguientes 45 años no había señales de que la electricidad se hubiera impuesto. Los trenes aún iban a vapor y los trenes eléctricos seguían siendo la excepción. Pero desde nuestra posición en el siglo XXI Marx parece haber tenido razón de lo que prometía la energía eléctrica. Cuando se contempla el desarrollo de la tecnología hay que tener un punto de vista más amplio:

“Las revoluciones no se consiguen con ilusionismo. Sólo los espectáculos sensacionales en política son llamados revoluciones por una suerte de fe rústica en las maravillas. Cualquiera que profetice una revolución siempre se equivoca de fecha. (Liebknecht 215)

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Sabemos ya que, como sospechaba Marx, la electricidad tiene una importancia enorme, ¿pero por qué es tan crucial como para que Lenin la destacara como la clave de la industrialización soviética? El trabajo humano es una capacidad productiva universal y abstracta. Nuestro producto energético puede ser modesto, unos 100 vatios, pero puede aplicarse a cualquier profesión u oficio.

La primera alternativa disponible al trabajo humano era la de nuestras bestias, el buey y el caballo. Por fuertes que sean estos compañeros, sus capacidades son limitadas. Nos ayudaban en la tracción de vehículos y arrastrando arados, pero no podían tripular buques, poner ladrillos o tejer. El vapor nos acompañaba al mar, sustituyendo a la mitad de la tripulación, reemplazó a nuestras bestias en la tracción, revolucionó los talleres de tejidos y cortó piedras para construir nuestras ciudades. Pero el motor de vapor era pesado, inflexible y únicamente producía fuerza motriz. No podía cantar, lavar o ver por nosotros. Con la electricidad hemos dominado por primera vez una potencia que rivalizaba en flexibilidad con la del trabajo humano, sobrepasándola casi infinitamente en magnitud.

La electricidad escribe por nosotros, habla por nosotros y ve por nosotros en los telégrafos, los teléfonos y la televisión. Sus motores son equivalentes a la potencia de 50.00 caballos.

Nos da luz en la oscuridad, calienta nuestras casas, registra nuestros argumentos y calcula. Se convierte en potencia en abstracto, el General Watt. Nos hemos acostumbrado tanto a la potencia eléctrica que tenemos problemas vinculándola con el esfuerzo real así que puede ser de utilidad parangonarla con la potencia humana.

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Un ciclista profesional, pedaleando fuerte, genera sólo la suficiente potencia para única luz incandescente. Para convertirse en potencia abstracta general, la electricidad precisa de redes de suministro, inicialmente urbanos, después nacionales, continentales y en el futuro, globales. En la construcción de esas redes, la competencia de múltiples empresas privadas era contra-productiva. Al principio, al haber diversas empresas, no había estandarización de voltajes o enchufes, lo que ralentizó la implantación de algo más complicado que la mera luz eléctrica. Aportar energía a una ciudad o región es caro y económicamente ineficiente si diversas compañías eléctricas ponen sus propios cables en cada calle. La electricidad tiende al monopolio. Incluso en los países capitalistas el Estado tiene que tomar un papel supervisor o incluso asumir la titularidad del suministro. El estado o construyó las centrales eléctricas nacionales o, como poco, fijó una serie de patrones técnicos y reguló los precios de los suministradores privados.

Debido a su carácter integrado y como hace falta mucha inversión a largo plazo, la electricidad fue una de las primeras industrias en las que se trazaron planes nacionales a largo plazo. Incluso cuando el gobierno de Thatcher en el Reino Unido privatizó la electricidad, el Estado no pudo dejar de tomar un papel directivo a la hora de regular precios o hacer cumplir el desarrollo de la energía eólica o nuclear. Cuando el Estado británico necesitó nuevas estaciones de energía nuclear tuvo que depender del monopolio estatal eléctrico francés para el suministro. No es para sorprendernos por consiguiente que los dirigentes de la Rusia soviética contemplaran la electricidad no sólo como la fuente de energía y la tecnología que permitiría la industrialización y el desarrollo del campo, sino también como el ejemplo paradigmático de cómo la planificación central podía superar al capitalismo competitivo.

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Las cifras, salvo para el Reino Unido en 1907 son para la potencia media entregada cada hora durante el año, y estarán de algún modo por debajo de la capacidad instalada. Cuando fue elegido un gobierno socialista en el Reino Unido en 1945, se pudo inmediatamente a instaurar un sistema nacionalizado de suministro eléctrico, incluido un panel hidroeléctrico estatal. Como regla general a nivel internacional, el Estado tuvo que ponerse a desarrollar proyectos enormes para producir electricidad de forma intensiva como las presas en los principales ríos.

La gráfica A.1 muestra que, en un país capitalista, la tasa de ganancia es muy diferente en cada rama industrial. Las ramas industriales en los que el coste de mano de obra constituye una cuota pequeña del capital adelantado tienden a tener una menor tasa de ganancia: que es lo que cabe esperar de la teoría del valor trabajo. La industria privada no suele estar muy dispuesta a embarcarse en proyectos intensivos y caros en el empleo de capital como en el poder hidroeléctrico o de las mareas e incluso son reacias a emplear energía nuclear a menos que reciban subvenciones del Estado. La industria eléctrica americana supone una excepción parcial a la tendencia general de las empresas muy capitalizadas de tener una tasa de retorno menor. La combinación de un monopolio natural y de la regulación pública aseguraba que obtenían una tasa de ganancia algo mayor que lo que vaticinaría su composición orgánica. (72) aunque aún bien por debajo de la tasa media de ganancia en EEUU. Por tanto incluso en EEUU el desarrollo a gran escala del poder hidroeléctrico fue asumido por la empresa pública Tenesee Valley Authority.

El primer organismo de planificación soviético fue GOELRO, responsable de trazar un programa completo de electrificación. La construcción de tres enormes plantas hidroeléctricas se llevó a cabo rápidamente a partir de mediados de los años 20, y en 1932 la planta hidroeléctrica del Dniéper estaba produciendo 560 MW, en su día el mayor generador eléctrico del mundo. El gobierno comunista de China mostró un entusiasmo similar por la energía hidroeléctrica.

Las tres presas Gorges en el Río Amarillo se convirtieron a su vez en la mayor planta hidroeléctrica del mundo, pero en una escala mucho mayor, 22.000 MW en este caso. A finales del periodo soviético en 1990, la potencia hidroeléctrica constituía un 18% de la generación de electricidad, la potencia nuclear el 12% y el resto procedía de combustibles fósiles. (316)

Para hacerse una idea de la escala de la energía eléctrica disponible en economías como las de la URSS en su madurez, China y otros países en esos tiempos, no hay más que mirar a las Tablas 6.1 y 6.2. Lo primero que hay que observar es que en la China contemporánea existe acceso a casi el mismo orden de magnitud de energía de que disponía la URSS 25 años antes, y que ambos eran parecidos al uso per cápita de energía en Europa en 2014. Las tablas también reproducen los datos del uso de energía en el Reino Unido con la Tabla 5.4 a efectos de comparación. Esto nos muestra el enorme incremento de energía que tuvo lugar durante la revolución eléctrica del siglo XX. Gran Bretaña en 1907 era uno de los tres países más prósperos y más mecanizados del mundo. Tenía una potencia de vapor para cada hombre mujer y niño en su línea costera equivalente al esfuerzo de 7 trabajadores humanos. En 2014 tenía el equivalente a 24 personas. Pero un cuarto de siglo antes, la URSS estaba ya utilizando el equivalente eléctrico a 27 humanos para cada ciudadano.

La producción de electricidad a partir del calor genera inevitablemente pérdida de energía en la forma de desperdicio de calor, tanto por los gases como por el agua caliente que se ha empleado para condensar el vapor de las turbinas. La eficiencia se calibra en función del monto de energía empleado para generar un kilovatio hora de electricidad. En esos términos la URSS había superado al Reino Unido en 1963, empleando 12,200 BTU/KWh frente a 12,400 en el Reino Unido (11) pero aún estaba detrás de EEUU que empleaba únicamente 10,500.

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Una diferencia significativa entre las centrales de energía en los países socialistas y capitalistas era el uso amplio de potencia y calor combinados en los primeros (103) En estos sistemas el calor desperdiciado por las plantas de energía térmicas se recogía en tuberías para calentar barrios enteros de las ciudades. En Moscú había 1,800 millas de estas tuberías. La eficiencia global de la energía sería por tanto considerablemente mayor de lo que implicarían las cifras desnudas de BTU/Kwu. La práctica soviética era inicialmente calentar nuevas promociones inmobiliarias empleando plantas de energía puramente térmicas, cuya producción de calor quedaba determinada termostáticamente por la temperatura del aire en el exterior. Una vez que el desarrollo había adquirido un tamaño suficiente sería canalizado por medio de tuberías a la principal red de agua caliente de las centrales de energía térmica.

Después de esto, la planta térmica original se conservaba como refuerzo. La URSS consiguió economías de escala empleando plantas de energía térmicas modulares, aunque esta estandarización puede haberse ralentizado ligeramente la mejora en la eficiencia técnica. El hecho de que con el socialismo la calefacción de los distritos se suministrara sin medir se consideraba por la prensa americana como un terrible ejemplo de ineficacia. (287) Los rusos, se decía, sencillamente abrían las ventanas en vez de bajar el termostato si la habitación se calentaba mucho. Eso hacía caso omiso del hecho de que en Nueva York el calor que, en Moscú, hubiera calentado pisos, era sencillamente arrojado al río por la compañía eléctrica.

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La electricidad no es una fuente de energía primaria. Depende de otras fuentes primarias como el flujo del agua, quemar combustible o romper átomos. En la Sección 5.4.1 se ha argumentado que la potencia hidráulica por sí misma no podría haber aportado energía suficiente para sustentar incluso el capitalismo victoriano tardío. Rusia tenía ríos mucho más grandes que el Reino Unido, y la URSS hacía un uso mucho más intensivo de la potencia hidroeléctrica. Si se hubieran limitado a esta fuente de energía el monto de energía mecánica disponible por persona hubiera sido inferior a la de la Inglaterra victoriana. La economía usaba sobre todo combustibles fósiles, en la URSS tardía sobre todo gas y petróleo.

Según Allen (2) una razón de la ralentización del crecimiento económico soviético en los 70 era que la continua expansión del uso de la energía únicamente podía conseguirse accediendo al petróleo y al gas de Siberia, que era mucho más costoso que obtenerlo de la cuenca del Caspio. El modo de producción existente hasta ahora, que han compartido las variantes de los capitalismos y los socialismos históricos, depende de la luz solar secuestrada en su manifestación fósil. Cualquier modo de producción basado en esto se limita así mismo pues destruye sus propias condiciones de existencia. La limitación en cierto sentido va más allá de los frenos demográficos que hemos analizado en el capitalismo. La dependencia de recursos que, con la escala de la historia humana, se agotarán rápidamente hace que de necesidad nuestro modo de producción sea transitorio. Y no es el primer modo de producción que agota los recursos. La caza en el mesolítico parece haber hecho otro tanto, precipitando la revolución neolítica a la agricultura. La economía campesina feudal era relativamente sostenible, aunque permanecía en el estancamiento. Si la necesidad vuelve a aparecer de nuevo como la madre de los inventos, debe tener lugar una revolución parecida para conseguir un modo de producción más sostenible. Un elemento clave será la transición del consumo de combustibles fósiles a otros modos de producción de energía.

China que hasta ahora ha dependido sobre todo del carbón como combustible para sus plantas de energía, emplea mucha menos energía nuclear que la URSS. Se ha beneficiado de 25 años más de desarrollo tecnológico y en 2015 estaba usando muchos más recursos reciclados como fuentes de energía. Pero incluso contemplando el rápido crecimiento de la energía solar, eólica y nuclear en el plan quinquenal que terminará en 2020, la generación de combustibles fósiles es tan enorme que aún producirá el 60% de la electricidad. La energía nuclear china, como la de la URSS, se ha basado en diseños de enfriamiento con agua. Es discutible si tales reactores son inherentemente más peligrosos que los enfriados con gas, puesto que hay riesgos intrínsecos de explosiones en los sobrecalentamientos con enfriamiento con agua. Los graves accidentes de Chernóbil y Fukushima se dieron con diferentes variantes de reactores enfriados con agua.

El desarrollo de Reactores de Gas de Elevadas Temperaturas más seguros ha sido fijado como el objetivo técnico prioritario en china. La tecnología de reactores rápidos de neutrones, que lleva a cabo un uso mucho más eficiente del combustible nuclear, también está siendo desarrollada. (275) Existen planes ambiciosos para instalar cientos de estos GW, pero si la economía china tendrá más éxito con los reactores rápidos que con los planes abortados en el Reino Unido, Francia y Japón habrá que verlo. Se trata de una tecnología que se ha demostrado que no es nada fácil dominar, pero China posee los recursos y la población para hacer que funcione.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Mié Nov 01, 2017 3:11 pm 
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6.2. Reproducción y división del trabajo.

“Estamos cerca de una revolución social en la que los fundamentos universales de la monogamia tal como han existido hasta ahora desaparecerán de forma tan segura como su complemento, la prostitución. La monogamia surgió de la concentración de una riqueza considerable en manos de pocos individuos varones y de la necesidad de legar esa riqueza a los hijos de ese hombre y no a otro. Para tal fin, era necesaria la monogamia de la mujer, y no la del hombre, de modo que esta monogamia de la mujer no interfiriera en ningún modo con la monogamia abierta o encubierta por parte del hombre. Pero cuando se produzca la transformación de la mayor porción de riqueza permanente y heredable, con mucho, los medios de producción en propiedad social, la revolución social venidera reducirá al mínimo esta avidez por legar y heredar. Al haber surgido de causas económicas, ¿desaparecerá la monogamia cuando desaparezcan estas causas? Uno podría responder, no sin razón: lejos de desaparecer, por el contrario, se realizará por completo. Puesto que con la transformación de los medios de producción en propiedad social también desaparecerá el trabajo asalariado, el proletariado y por lo tanto la necesidad de cierta cantidad (calculable estadísticamente) de mujeres que deben entregarse por dinero. La prostitución desaparece; la monogamia, lejos de derrumbarse, también se convierte en una realidad, también para los hombres “

(Engels 116)

Las sociedades poseen leyes basadas en ciertas ideologías que regulan la vida familiar que son a su vez estructuradas por su clase de economía. Era la tesis básica de Engels, (116) que empleó esa premisa para tratar de predecir cómo cambiaría la familia en una sociedad post-capitalista. Lo bueno es que esta teoría de la historia de la familia pasó a formar parte del fundamento ideológico de las relaciones familiares en un marco socialista.

El fin declarado de los comunistas era reformar las relaciones entre los sexos según las orientaciones defendidas por Engels. La participación universal de las mujeres en la industria pública tendría como consecuencia la abolición de la familia monógama como unidad económica básica de la sociedad. El trabajo doméstico privado se transformaría en una industria social y la sociedad en su conjunto se responsabilizaría del cuidado y educación de todos los niños, nacidos fuera o dentro del matrimonio.

Cuando ya no se tuvieran en cuenta cuestiones de propiedad, los matrimonios no se basarían más que en el amor y la atracción mutua. Se podría fin a los matrimonios concertados. Solemos pensar que éstos son una costumbre oriental, pero el principio subyacente, que el matrimonio era una cuestión de transmitir y acumular propiedad estaba muy difundido. Incluso en la Inglaterra decimonónica los matrimonios en la clase superior se centraban en motivos de propiedad: ese punto es pacífico, “un soltero con buena fortuna necesita una esposa” (Austen 15)

Únicamente los pobres, sostenía Engels, podían permitirse casarse por amor. Pero en el futuro socialista el amor sería el único fundamento del matrimonio.

En la URSS, merced a la influencia de juristas radicales (291) los soviéticos concibieron el primer término que el derecho matrimonial, como cualquier otro tipo de derecho contractual, sería desterrado de la sociedad socialista. El único interés del Estado en la cohabitación de las personas era registrarla para propósitos estadísticos junto con los nacimientos y los fallecimientos (27); y de este modo el Código Familia de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia trataba el sexo, el matrimonio y el divorcio como una cuestión privada en la que el Estado no se iba a meter.

Esa actitud liberal se extendía a no prohibir el incesto, la bigamia, la homosexualidad o incluso el matrimonio con menores que habían pasado la pubertad. La bigamia y la poligamia, aunque no se prohibían en el derecho matrimonial, en la medida en que pudieran suponer una explotación encubierta de las mujeres podían ser perseguidas bajo el tipo penal de explotación. Aunque los comentaristas occidentales contemporáneos suelen aprobar la actitud liberal del Estado Soviético temprano hacia la homosexualidad, no se muestran tan entusiastas con su liberalismo frente al incesto, la bigamia, etc.

En 1920 se había aprobado un decreto que concedía libertad para abortar, lo que generó un rápido descenso de la tasa de natalidad en zonas urbanas. En los años 20 la tasa de natalidad en Moscú descendió de 30.6/1000 a 21.7/1000, mientras que los abortos aumentaron de 5.7/1000 a 35.2/1000. (27)

Teniendo en cuenta que la tasa de mortalidad global a mediados de los años XX en la RSFSR era de 21/1000 esto parecía representar un descenso potencial en tasas de mortalidad por debajo del nivel de reemplazo. (114) La tasa de mortalidad en Moscú no era representativa del conjunto del Estado. En el ámbito rural donde los hospitales estatales que facilitaban los abortos no tenían presencia, es decir, en la mayoría de Rusia, la tasa de natalidad era mucho más elevada, el 44/1000 para la población de la Gran Rusia. Ciertamente no existía una amenaza real a la reproducción en los años 20, pero previendo un rápido crecimiento de la población urbana a mediados de los años 30 o una población muy castigada por la guerra a mediados de los 40, la perspectiva tenía que cambiar. Eso no tomaba en cuenta la caída en la tasa de natalidad que podía preverse por un nivel de vida creciente. Por otro lado teniendo en cuenta la situación internacional, un incremento acusado de la mortalidad debido a los ataques del enemigo debería haberse previsto.

La posterior ley de 1936 limitó de forma severa el aborto a los casos de peligro para la salud física o psíquica de la madre o por razones eugenésicas, y al mismo tiempo instituyó generosos subsidios a las mujeres con muchos hijos. A partir del sexto hijo se obtenía un estipendio de 2000 rublos al año, equivalente a la tasa de cambio oficial a 2.300 dólares. Teniendo en cuenta que el salario promedio anual eran 2.700 rublos, (294) se trataba de una prestación social enorme.

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La baja por maternidad pagada de 112 días fue aprobada junto con ayudas al parto. Uno podría ver estas medidas como natalistas o como medidas para proteger a las madres y los niños. Lo que introdujeron, aunque de forma muy parcial, es el principio que Engels había defendido, que el coste de criar a los niños debía ser asumido por la sociedad en su conjunto. Si es una obligación social se aplica a todos los integrantes de la sociedad. Los que no tienen hijos tienen que pagar el coste de los que los tienen, y pagando esa “pena” son animados a tener hijos ellos mismos.

Una ley de 1941 (268) trató de hacer que esta obligación económica fuera más explícita imponiendo un tributo a los solteros, a los célibes y a los ciudadanos sin hijos de la URSS. La socialización de los costes del cuidado de hijos aún era parcial porque incluso en fecha tan tardía como en 1960 las prestaciones corrientes por hijo se pagaban únicamente a madres solteras o a madres con muchos hijos. (206)

El principio de que los hijos tenían que ser alimentados con las remuneraciones conjuntas de los padres en familias de pequeñas dimensiones no fue puesto en tela de juicio y el matrimonio siguió desempeñando un papel económico incluso antes de que se tomara en cuenta la división doméstica del trabajo entre marido y mujer.

La guerra germano-soviética librada de 1941 a 1945 causó un enorme déficit demográfico, inicialmente del orden de 40 millones, subiendo a 70 millones al final del periodo soviético como puede verse en la Gráfica 4.3 que proyecta lo que hubiera podido ser la población soviética basada en las tendencias de crecimiento anteriores a la guerra.

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Sin embargo a lo largo del periodo soviético la población no dejó de crecer, probablemente como resultado de las políticas sociales. El efecto de la guerra en la proporción entre sexos fue drástico, pues la proporción entre hombres y mujeres en edad reproductiva cayó tanto como 19:100 en áreas rurales. (268) Eso llevó a cambios en la política familiar orientados a:

-Animar a las familias que tuvieran sólo dos hijos a tener al menos uno más.
-Legitimar a las madres solteras y concederles prestaciones sociales.

Estos objetivos fueron recogidos en el Código de Familia de 1944. Se aumentó el impuesto sobre la soltería y también se cobraba una tasa de 1/3 sobre las parejas con un único hijo. También se establecieron prestaciones sociales para los hijos en casos de madres solteras que no reclamaran pensiones de los padres. Las madres solteras comprendían tanto millones de viudas consecuencia de la guerra y madres que no se habían casado. Teniendo en cuenta la escasez de jóvenes consecuencia de la guerra, iban a ser una porción significativa de todas las madres.

La URSS atravesó por su primera transición demográfica entre finales de los años 30 y finales de los 50.

El principal componente de tal transición fue el viraje de la elevada tasa de mortalidad infantil de alrededor de 200 por 1000 nacimientos a finales de los años treinta a alrededor de 50 a finales de los años 50 y llegando a bajar a 25 a mediados de los 60. (336) Ese descenso se debió en gran medida a la erradicación en gran medida de las enfermedades infecciosas, especialmente de las que provenían de las infecciones provocadas por la comida y el agua. Como resultado de ello la expectativa de vida en el nacimiento creció 24 años en los varones y 27 años en las mujeres entre finales de los años 30 y mediados de los 60.

Las tasas de natalidad y de mortalidad globales tuvieron un descenso acusado en el periodo de la transición, alcanzando un mínimo para la tasa de mortalidad a mediados de los 60 y para la tasa de mortalidad alrededor de 1970 (Gráfica 5.4) Después de ello ambas tasas aumentaron. Allen argumenta que la caída en la tasa de natalidad resultó crucial a la hora de asegurar que creciera la producción de alimentos per cápita, y que el crecimiento de la población era en realidad significativamente más lento de lo que se hubiera podido esperar en condiciones de normalidad en un país en vías de industrialización. El incremento en la tasa de mortalidad a partir de los 70 fue más acusado en los hombres. Se debió sobre todo a un incremento en las enfermedades cardiacas, accidentes, suicidios y otros tipos de violencia entre las personas.

Un factor que contribuyó al punto mínimo en la tasa de mortalidad masculina a finales de los 60 fue que durante los 50 y 60 la estructura de edad de la población estaba sesgada en favor de hombres más jóvenes. De modo que muchos de los que alcanzaron la madurez en los años 30 y 40 habían sido bajas de guerra y el número que alcanzó la edad en la que golpean las enfermedades cardiacas era inusualmente bajo. La tasa de natalidad sin embargo superó ampliamente a la de mortalidad en la primera transición demográfica lo que supuso un firme y continuado incremento en la población. La transición del socialismo al capitalismo en la URSS a finales de los 80 y principios de los 90 indujo una segunda transición demográfica bastante más drástica. La tasa de natalidad cayó acusadamente hasta llegar a la zona típica de los países capitalistas avanzados. Pero mientras en muchos países capitalistas la tasa de natalidad cae por debajo de la tasa de mortalidad, ambas van en dirección descendente. En Rusia la tasa de mortalidad creció muy acusadamente. Gráfica 6.4 y 6.7. Un incremento de esta escala en tiempos de paz no tenía precedentes en un país desarrollado.

Los que no tenían educación universitaria (337) es decir, los trabajadores manuales y los agricultores fueron los que más padecieron el incremento en la tasa de mortalidad. La intelectualidad no lo experimentó. En consecuencia Case y Deaton (51) han apuntado que algo parecido ha ocurrido con la clase trabajadora blanca en EEUU, con causas similares: desempleo masivo y desindustrialización. (354)

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Como muestra la gráfica 6.5 la crisis demográfica era un fenómeno general que afectaba a los países ex socialistas. El asalto del capitalismo y el deterioro de las condiciones sociales que siguió hizo que toda la región sufriera una clara decadencia demográfica.

El contraste entre la política familiar capitalista y socialista queda mejor ilustrado por la comparación entre la Alemania Occidental y la Oriental. Ambas experimentaros descensos en la fertilidad después de la mayor disponibilidad de contraceptivos modernos en los años 60. Pero a comienzos de los 70 había descendido por debajo de los niveles de reemplazo tanto en el este como en el oeste (Gráfica 6.6) Pero la tasa de natalidad en Alemania Oriental se recobró hasta llegar al nivel de reemplazo a finales de los 70 después de la introducción de políticas en 1976 para socializar una parte considerable de la carga del cuidado de los niños. (323)

Las madres solteras tenían acceso prioritario a guarderías y jardines de infancia. Si no había plaza disponible podían pedir una baja por maternidad con media paga, y con reserva de puesto de trabajo cuando hubiera plaza. Se pagaba un año de baja por maternidad a una mujer soltera por su primer hijo. En el caso de las mujeres casadas esta ayuda únicamente estaba disponible a partir del segundo hijo. Como había guarderías gratuitas, bonos por nacimientos y guarderías y cantinas en el centro de trabajo todas estas medidas en conjunto facilitaban y fomentaban la paternidad.

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No hay duda de que estas políticas funcionaron (Gráfica 6.6) El efecto global de esas políticas fue incrementar la tasa de natalidad en el Este por encima de la tasa contemporánea en el Oeste. La disponibilidad de prestaciones por maternidad para madres solteras aumentó su número de hijo, y además supuso una mayor aceptación social de su situación. Los alquileres eran bajos, pero las listas de espera para obtener pisos priorizaban a madres solteras y parejas casadas. Un patrón común familiar que surgió es que las mujeres tenían su primer hijo antes de casarse y el segundo después de casarse. (323)
Después de que la RDA fuera absorbida por la RFA este sistema de prestaciones se terminó y el choque demográfico subsiguiente hizo que las tasas de fertilidad del Este cayeran a niveles tan bajos como el 0,7 antes de converger en la media alemana de 1.4. Esto por supuesto aún está bastante por debajo del nivel de reemplazo.

Se argumentó en la sección 5.6 y 5.8 que la combinación de economía doméstica y capitalista es antagónica. La producción de masas capitalista reemplaza una función económica doméstica tras otra: tejer, hilar, cultivar comida, coser ropas, hornear pan, etc. la demanda de trabajadores adultos cultos y cualificados ha hecho que los niños ya no formen parte de la fuerza de trabajo doméstica y se conviertan en dependientes, incentivando la limitación del tamaño familiar. El desarrollo por parte de la industria química de mejores contraceptivos hizo esto posible. La demanda continua de más mano de obra empujó a una creciente porción de mujeres al trabajo asalariado capitalista, lo que durante unas pocas décadas permitió crecer la mano de obra. Después fue necesario que trabajaran ambos padres. El coste de las guarderías privadas es un desincentivo para tener familias grandes o incluso para formar una familia en absoluto.

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Los estados socialistas han tenido por fin mejorar el estatus de las mujeres haciéndolas participar en la economía social. Como tal podían haberse enfrentado con la misma tendencia espontánea a una tasa de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo. Evitaron esto porque la participación de las mujeres en el sector socialista fue de la mano con una política deliberada de socialización del cuidado de los hijos. Una economía socialista no se enfrenta con el problema de una tasa de ganancia inducida demográficamente que afecta al capitalismo. El capitalismo puede decantarse por seguir invirtiendo incluso si la tasa de retorno cae a niveles en la que los capitalistas no invertirían. Pero la fracción creciente de ancianos en una población que decrece rápidamente, como queda implicado en las bajas tasas de natalidad, es un problema sea cual sea el sistema económico. Cuando pasamos de Europa a Asia vemos un problema inverso. Los gobiernos socialistas, en vez de tratar de mantener la tasa de natalidad, intentaron reducirla. En todo el continente en los 50 y 60 comenzó un proceso de dos transiciones demográficas:

-De una sociedad con elevada natalidad y elevada mortalidad a una sociedad con elevada natalidad y baja mortalidad.

-De una sociedad de elevada natalidad y baja mortalidad a una sociedad donde tanta la tasa de natalidad como la de mortalidad eran bajas.

Si contemplamos los países asiáticos mayores en desarrollo, vemos que los países socialistas fueron los que tuvieron más éxito a la hora de desencadenar las transiciones demográficas.

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En cuanto a la esperanza de vida (gráfica 6.7) los países socialistas asiáticos han obtenido grandes éxitos, superando a la URSS justo antes del colapso y sobrepasando con mucho a la India no socialista. El descenso de la esperanza de vida en Vietnam a partir de los 60 coincidió con el periodo más intenso de la Guerra de Vietnam. En China la mayor mejora en la esperanza de vida se dio durante el periodo maoísta cuando iniciativas como el adiestramiento masivo de auxiliares médicos para mejorar la sanidad rural se pusieron en marcha.

No obstante una consecuencia del crecimiento de la esperanza de vida era generar el peligro de que hubiera más personas que las que podía dar de comer la limitada tierra cultivable de China, así que desde 1970 el gobierno ha puesto en práctica un control de natalidad activo. (19) Esto fue notablemente eficaz. El rápido crecimiento de la esperanza de vida en los 60 fue sucedido por una caída igualmente dramática en la fertilidad durante los 70. (Gráfica 6.8) La política de población del gobierno culminó en impedir a las familias tener más de un hijo, restricción que iba a durar 35 años desde el final de 1970. Como muestra la gráfica 6.8, la tasa actual de fertilidad cae por debajo del nivel de reproducción.

En 2010 la tasa de fertilidad había bajado a 1.5. La tasa de fertilidad eficaz femenina, el número de hijas por mujer, es lo que determina la dinámica de la población a largo plazo. Debe ser al menos uno para una reproducción constante. En China la preferencia por los varones ha sesgado la población por varios mecanismos, como el aborto selectivo de los bebés de sexo femenino, la mayor mortalidad de las chicas debido a la falta de cuidados (20) y una menor probabilidad de tener un segundo hijo si el primero es un chico. Como resultado de esto la ratio hombres/mujeres en china es de 117/100. De modo que cada mujer en China en 2010 estaba pariendo en promedio únicamente 1,4 x 100= 0,69 chicas.

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El abandono oficial de la política de hijo único indica que el gobierno considera que la tasa de natalidad ha caído demasiado. Entre los 80 y 2010 China gozó de lo que algunos economistas denominaron dividendo demográfico. (119) La tasa de natalidad había caído de modo que el número de hijos mantenido por cada adulto era menor mientras que todavía había multitud de jóvenes adultos disponibles crecidos durante el “baby boom” y la escasa mortalidad infantil de los 60. Eso aceleró la expansión de una economía industrial urbana. (68) La mano de obra productiva creció desproporcionadamente rápido en relación con el crecimiento global de la población.

A mediados de la década de 2010 la cuota productiva de la población China comienza a descender. (21) Parte del crecimiento de la población urbana proseguirá debido a la mecanización constante de la agricultura, pero globalmente subirá la cuota de dependencia. Teniendo en cuenta que China posee una elevada ratio de población en relación con tierras agrícolas, puede existir cierta justificación para un descenso lento y gestionado de la población. Pero ese tipo de descenso gestionado implicará una tasa de fertilidad femenina efectiva más cercana a 0,9 que a 0,7. Si la población se estabiliza o se consiente que baje de forma más gradual China tendrá que adoptar reformas propicias a la maternidad parecidas a las que adoptó la RDA en 1976 y emprender una enorme campaña cultural para elevar el valor percibido de las niñas.

A partir de los años 80 China desarrolló una economía mixta que conjugaba la industria estatal con agricultura semi-privada y empresas capitalistas privadas. La posición de los trabajadores era muy parecida tanto en las empresas estatales como en las capitalistas. Se empleaban a cambio de un salario y carecían de seguridad en el empleo a largo plazo. El nivel salarial se determinaba por la oferta y la demanda en el mercado laboral. En estas circunstancias la política de un solo hijo iba en pro de los intereses del trabajo. Reducía el número de trabajadores jóvenes que entraban en el mercado laboral y en 2010 estaba fortaleciendo la posición negociadora de los trabajadores. Cuando se conjugaba con la rápida tasa de inversión en China hizo que los salarios crecieran con gran rapidez (Gráficas 6.9 y 6.10).

Una política introducida cuando la economía socialista era dominante operó una generación y media más tarde, para fortalecer la posición de los trabajadores en un momento en el que el sector privado se estaba convirtiendo en el elemento preponderante de la economía. Las prolongadas demoras vinculadas con cualquier realimentación demográfica implican que las relaciones sociales pueden cambiar considerablemente antes de que tenga efecto esta realimentación.

Las relaciones sociales de cualquier sistema económico tienen que asegurar la reproducción de la sociedad año a año. Hemos hablado en la última parte de la función más fundamental de cualquier economía: la reproducción de los seres humanos. Abordaremos ahora la reproducción del aspecto no humano de la economía. Cualquier economía debe planificar actividades productivas regulares y asegurar que el entorno no humano se halla preparado para estas actividades.

Parte de esta preparación la lleva a cabo la naturaleza, con el ciclo de las estaciones y el flujo de elementos y vida en el ecosistema. Parte lo prepara la propia actividad humana, arando y sembrando, reservando la semilla de cereal y preparando reservas de combustibles materias primas y herramientas (258) para la producción futura. Incluso una economía campesina relativamente sencilla necesita tener una rama especializada de la división del trabajo responsable para organizar dicha planificación.

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La confección del calendario por parte de los sacerdotes desde el neolítico presenta un ejemplo de tal rama de coordinación temporal de la división del trabajo. Con los incrementos en la densidad de la población, en lugares como Egipto, la función de esa casta sacerdotal iba más allá de decir cuando había que recoger las cosechas y arar el cambo para mantener y distribuir reservas de grano para las vacas flacas.

La tierra sigue presente cada año, pero las materias primas y las herramientas de la industria deben ser entregadas allí donde son utilizadas. La entrega dependía a su vez del dominio de las bestias, de la conquistas del viento y de la doma del vapor. Los dueños de estar fuerzas, las clases primero de los mercaderes, luego de los mercaderes capitalistas y por último de los capitalistas industriales asumieron el control de las condiciones de producción. El capitalista industrial tenía que organizar tanto los recursos humanos como inertes necesarios para su fábrica. Tenía que pedir en su momento la entrega de maquinaria, plantas y materias primas para que trabajaran en y con ellas sus empleados. Al contrario que el sacerdote que únicamente tenía que adaptarse al movimiento regular de Apolo y al auge helicoidal de Venus, el capitalista tiene que preocuparse de dioses mucho más numerosos y caprichosos. El Gerente de la línea de ferrocarril Riihimaki-San Petersburgo tenía que pedir sus locomotoras a Neilson y Compañía en Springburn, su carbón para las máquinas de las minas de gales, los raíles con la madera local, etc. En todos estos casos tenía que asegurarse de que los bienes cumplían con su especificación técnica y que llegarían a tiempo y serían entregados en el lugar adecuado. Esto presupone una correspondencia comercial desarrollada.

Los suministradores y usuarios tenían que intercambiar cartas, telegramas y después correos electrónicos para informarse mutuamente de las especificaciones técnicas, como fecha de entrega, cantidades de los precios ofrecidos y convenidos. Denominaremos toda la información sobre las propiedades físicas de los bienes el canal del valor de uso en este flujo de información, y la información sobre los precios el canal del valor de cambio. El canal del valor de uso es necesario en cualquier sistema industrial, ya sea una masa de empresas independientes, una gran multinacional donde los componentes se fabrican a nivel global, un Estado que organiza la producción para tiempos de guerra o una economía socialista planificada. La importancia relativa del canal del valor de cambio ha sido puesta en tela de juicio.

Hayek (157, 158) dio mucha importancia al canal del valor de cambio, no reconociendo prácticamente la importancia del otro canal. Su compatriota Neurath (272,273,274,364) sostenía que la coordinación industrial real dependía de forma abrumadora del canal del valor de uso. Basándose en su propia experiencia de la planificación en tiempos de guerra, recalcaba que las mismas no se ganaban con cálculos sobre precios límites, sino por la logística de los alimentos, municiones y suministros. La eficacia en una economía de guerra dependía de cálculos en términos físicos junto con los controles y el racionamiento de los productos físicos y la mano de obra.

Aplicando estos métodos las Potencias Centrales pudieron superar las escaseces y obstáculos que planteaba el bloqueo británico que hubiera sido letal en la fase inicial de la guerra. Neurath creía que después de la guerra la estructura organizativa empleada en la economía de guerra sería rápidamente adoptada para una economía socialista en tiempos de paz. Neurath trató de poner en práctica cierto tiempo estos principios en la malograda república bávara socialista de 1919, antes de ser encarcelado tras su supresión. El líder socialista ruso Lenin expresó parecidos sentimientos de la aplicación de la planificación de guerra en tiempos de paz, que llamaba capitalismo de Estado. La guerra fue la clave de la transición al socialismo, ya sea en las guerras civiles revolucionarias en Cuba, China, y Vietnam o en las dos guerras mundiales del siglo XX. Las guerras mundiales dislocaron a muchos capitalistas debido a la invasión o a los motines y desencadenaron economías de guerra que estaban a medio camino del socialismo.

Borja, get another job.

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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Jue Nov 16, 2017 11:04 pm 
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6.3 La determinación del producto excedente.

En las economías capitalistas de guerra, la producción, muy mayoritariamente, aún se daba en empresas privadas. Había fábricas estatales de municiones como el Arsenal Real que aparece en la gráfica 5.30 o la planta atómica de Oak Ridge en Los Álamos, pero eran excepciones. El Estado dirigía la fuerza de trabajo, ya se reclutando a hombres para el ejército o hombres y mujeres en apartados esenciales para el esfuerzo de guerra. También racionaba la oferta de materias prima, combustible y alimentos clave. Las empresas estaban sometidas a una dirección negociada para producir únicamente municiones, o un repertorio limitado de productos “de lujo”. (108) Seguía empleándose el dinero para pagar las municiones y a los trabajadores. Para comprar alimentos además de dinero había que estar en posesión de una cartilla de racionamiento. El dinero únicamente no bastaba ni para los consumidores ni para las empresas.

En el capitalismo, en tiempos de paz, el dinero es la cartilla de racionamiento universal para empresas y consumidores. Su escasez frena el consumo de la clase trabajadora y la incertidumbre en relación con el futuro frena el gasto incluso de las empresas que poseen saneadas reservas de efectivo. Como los frenos a la producción se producen en el marco del canal del valor de cambio de las mercancías, y no del valor de uso en sí, las economías capitalistas en tiempos de paz por lo común suelen operar algo por debajo de su capacidad. En tiempos de guerra la sobrevivencia nacional impone que todo recurso disponible sea utilizado. La economía opera en el límite de sus recursos físicos en materias primas, maquinaria y bienes de equipo y mano de obra. El Estado, en tanto que principal consumidor, tiene que fijarse no únicamente en los costes proyectados de navíos, aviones, etc, sino en todo tipo de restricciones materiales.

Cuando tenía que tomar la decisión de construir un determinado tipo de destructores, la marina tomaba en consideración en primer lugar las exigencias presentadas por los almirantes, los diferentes tipos de cañones incorporados, los torpedos y las contramedidas anti-submarinos. Se trata de cuestiones más técnicas que financieras. Después tenían que considerar el número de astilleros en la nación que fueran capaces de construir navíos de diferentes tamaños, los planes de entrega de los diferentes tipos de proyectos armamentísticos y maquinaria naval, la disponibilidad de metales y aleaciones de diferente fortaleza y peso, etc. Después tenían que analizar el resto de la demanda de trabajo cualificado que supondría la cancelación o la postergación de otros pedidos. El dinero era una preocupación relativamente secundaria. La disponibilidad de crédito estatal, al menos en el contexto de la economía doméstica, era en efecto ilimitada, por lo que el dinero ya no era un freno. (192) El mismo punto sobre el dinero se aplicaba a fortiori a las economías socialistas. El Ensayo de Keynes (192) sobre la economía de guerra es extraordinariamente importante para permitir que los lectores en lengua inglesa penetren en los problemas a los que se enfrentan tanto las economías de guerra como las economías socialistas. Comienza planteando una cuestión básica:

“Vamos a suponer que aumentamos la producción hasta el límite máximo que consiente nuestra organización y recursos. Exportaremos todo aquello de lo que podamos prescindir. Importaremos todo aquello que podamos permitirnos, considerando el tonelaje naviero disponible y la cuota máxima en la que es prudente agotar nuestras reservas de activos extranjeros. A partir de la suma de nuestra propia producción y nuestras importaciones tendremos que restar nuestras exportaciones y las exigencias de la guerra. El consumo civil a nivel nacional será equivalente a lo que quede después de realizar esa operación. Claramente el monto dependerá de nuestras políticas en otros aspectos. Únicamente puede incrementarse si reducimos el esfuerzo de guerra o nos comemos nuestras reservas de activos extranjeros. Es extremadamente difícil asegurar el resultado correcto de esta resultante de muchas políticas independientes. Depende de ser finos a la hora de sopesar una ventaja frente a otra.

No existe apenas una decisión que se pueda contemplar que no sea afectada por estas consideraciones. ¿Es mejor que el Departamento de Guerra disponga de una gran reserva de uniformes o que la tela se exporte para incrementar las reservas de moneda fuerte del Tesoro? ¿Es mejor emplear nuestros artilleros para construir buques de guerra o mercantes? ¿Es mejor que un jornalero de 20 años se quede en la granja o que entre en el ejército? ¿En qué medida debemos incrementar las decisiones del ejército? ¿Qué reducción de horas de trabajo y eficacia está justificada en aras de la A.R.P? Podrían preguntarse mil cosas de esa índole, y la respuesta que se dé a cada una de ellas tendrá un peso significativo en el tiempo que queda para trabajar en las demandas del consumo de la población civil”.

Argumentaba que en tiempo de guerra siempre se iba a dar una escasez de oferta de bienes de consumo. Si el resultado normal de esto era aumentar la inflación los efectos de la legislación de tiempo de guerra como los impuestos sobre las plusvalías tratarían de suprimir la inflación a corto plazo. En tiempo de guerra el tamaño de la tarta civil quedaba delimitado. Trabajar con más intensidad aumentaba el excedente para la producción bélica pero no para el consumo. “Si trabajamos con más intensidad podremos combatir mejor, pero no podemos consumir más”.

Suponiendo que la gente trabaje más horas, habrá más dinero dirigido a salarios. A largo plazo estallarán las presiones inflacionarias. Si no existe un plan colectivo por parte del gobierno, tendremos el resultado de que los precios subirán para absorber los salarios adicionales. De modo que todo el dinero extra abonado como salarios por trabajar más horas acabará en la cuenta de la clase capitalista y los trabajadores no observarán un incremento de sus salarios reales. Los capitalistas prestarán a renglón seguido sus ganancias aumentadas al gobierno para financiar la guerra, o tal vez gasten parte en su consumo personal, reduciendo aún más la cuota de los trabajadores. Si prestan el dinero al gobierno, acabarán teniendo una porción aún mayor de la deuda nacional, lo que les permitirá tener un título jurídico sobre los recursos de posguerra.

Por supuesto no eran los bienes lo único que escaseaba. La mano de obra también y esto situaba en una posición negociadora fuerte a los sindicatos que podían pujar por salarios más elevados en tiempo de guerra. Pero teniendo en cuenta que el output de bienes de consumo será fijo, no aumentarán los salarios reales, ya que simplemente subirán los precios. Para evitar la inflación era por lo tanto necesario quitar de la circulación y devolver al gobierno el dinero extra que estaba invirtiendo en la guerra. Si se hiciera esto sencillamente incrementando el impuesto sobre la renta y los impuestos indirectos, el dinero saldría de la circulación, pero los trabajadores no verían ganancia alguna con su trabajo adicional. Lo que hizo fue proponer un sistema de pago diferido. Una escala graduada de ahorros forzosos, análoga a un impuesto sobre la renta progresivo, sería el remedio. Los trabajadores obtendrían bonos de guerra que podrían ser cambiados por efectivo tras la guerra.

Keynes señala que en la guerra, cuando uno tiene que enfrentarse con costes crecientes, son grandes las presiones para subsidiar alimentos esenciales e introducir las prestaciones familiares en el Reino Unido con las que nos hemos familiarizado en el contexto de la URSS y la RDA. Advierte que esas políticas, que van dirigidas a lograr una mayor igualdad únicamente serían viables en un contexto de un plan de salarios diferidos, puesto que de otro modo llevarían a presiones inflacionarias adicionales.

La economía socialista en tiempos de paz comparte gran parte de los atributos de una economía de guerra: restricciones fuertes en mano de obra y recursos, el dinero ya no es un freno. Inflación suprimida, controles sobre la asignación de los recursos físicos. La supresión de la inflación era más eficaz en los países socialistas, ya que el grueso del mercado de bienes de consumo lo alimentaban empresas estatales cuya producción se vendía a los precios planificados. Esta solución keynesiana a la inflación suprimida no estaba disponible. La gente tenía cuentas corrientes, pero la idea de ahorros forzosos convertidos en bonos que pudieran ser redimidos más tarde no era practicable a largo plazo. Únicamente funciona si el periodo de trabajo incrementado y consumo restringido va a ser relativamente breve. Tienen que existir perspectivas razonables de que, en fecha más tardía, las circunstancias se relajarán. La teoría del crecimiento socialista de Feldman (123) posee parte de estos rasgos. Planteaba que tenía que darse un periodo de sacrificios en el que la mayor parte de la renta nacional fuera destinada a la producción de medios de producción. Esto llevaría después a la producción de un mayor repertorio de bienes de consumo ya que la producción de mejores máquinas mejoraría la oferta de bienes de consumo al poseer los medios para incrementarlos.

“La tasa de crecimiento de la renta aumenta como una función de la industrialización del país en cada etapa de su desarrollo, puesto que la ratio Imagen
fotos jpg gratis es indudablemente uno de los indicadores primarios del nivel de industrialización del país, en virtud del significado cada vez mayor de la rama industrial en la economía contemporánea. Por consiguiente un incremento en la tasa de crecimiento exige una industrialización considerable. Con el fin de elevar el constante incremento de la renta del 10% al 15,7% es necesario duplicar prácticamente Imagen
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Por consiguiente, un incremento en la tasa de crecimiento de la renta exige la industrialización, la industria pesada, la fabricación de máquinas, la electrificación, etc. (Feldman 123, p. 194)

En la cita anterior Ku/Kp alude a la proporción de capital en el Sector I que produce medios de producción en relación con el Sector II que produce bienes de consumo. La ecuación básica del modelo de crecimiento de Feldman es:

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Donde D. es la tasa global de crecimiento económico; Sf es el índice de eficacia de capital o el producto de la ratio de capital (empleando en subíndice f para distinguirlo de la variable de Marx s); D es el producto global del periodo corriente de la economía; Du es el producto neto del sector de bienes de capital, análogo al sector I de Marx, pero neto también del consumo de capital en el sector II.

Teniendo en cuenta que Marx designa la reproducción como:

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Donde el subíndice 1 indica los bienes de producción y el subíndice 2 los bienes de consumo Ci son los bienes de capital consumidos en el sector I y VI los bienes salariales consumidos en el sector I.

Podemos obtener la Du de Feldman como:

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Aunque los esquemas de reproducción de Marx sólo se ocupan de flujos de bienes salariales y bienes de producción, el modelo Feldman se vale de una variable S que es el producto anual, en rublo, producido por cada rublo de bienes de producción en uso.

Por consiguiente posee la dimensión time-1 como exige cualquier tasa de crecimiento, (ver también el análisis de la sección 5.9)

La variable C de Marx alude a los flujos de los bienes de producción, pero es común emplear otra variable K para designar la reserva de bienes de capital cuando se analiza la composición del capital y la tasa de ganancia. La composición orgánica de capital que Marx demostró que se hallaba en relación inversa con la tasa de ganancia es pues K/V. La eficacia del capital de Feldman puede definirse como Imagen
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Si suponemos que en una economía socialista no hay consumo de lujo por parte de los capitalistas, todo el excedente se consagra a acrecentar la reserva de medios de producción. Además, como se trata de una economía socialista en expansión, la condición fundamental de equilibrio estático de Marx C2 = V1 + S1 analizada en la sección A no se sostiene. En primer lugar, por la acumulación y en segundo lugar porque los dos sectores no son propiedades financieramente independientes que se equilibren entre sí. Se contemplan como partes de la misma propiedad unificada. Las transferencias entre ellos por lo tanto no revisten la forma de un intercambio equivalente. En el análisis de Marx se parte del supuesto de que la misma variable puede designar aspectos diferentes como consecuencia del comercio de mercancías. De modo que su símbolo V designa al principio una suma de dinero adelantada para adquirir fuerza de trabajo. Pero después designa el tiempo de trabajo necesario para fabricar los bienes comprados con el salario de los trabajadores bajo el supuesto de que el valor de esos bienes será equivalente al valor del dinero que les pagan por ellos.

¿Pero de qué manera se va a vincular esto con el modelo Feldman, que, históricamente parece haber sido la teoría rectora originaria de la política industrial soviética? (55) ¿En qué medidas se expresa este crecimiento? La respuesta sencilla es que las unidades son monetarias. ¿Pero de qué manera esas cantidades se ligan al producto físico o a las horas de trabajo?

Por su propia naturaleza una teoría de crecimiento habla de un desenvolvimiento diacrónico. En una foto fija, y en la teoría de la reproducción de Marx, podemos abstraer y no tomar en cuenta los cambios en el valor del dinero, pero en periodos de varios años esto ya no es seguro. Esperamos que en una economía industrial crezca la productividad del trabajo, de modo que una de estas ratios dinero/valores de uso o dinero/tiempo de trabajo cambiará. Pero por el momento supondremos que estamos tratando de un intervalo suficientemente pequeño que hace que estos cambios sean desdeñables. Entonces sería válido tratar todas las cantidades en el modelo Feldman como medidas en términos de tiempo de trabajo. Veremos lo que esto implica.

1-La variable Imagen es originalmente la tasa de crecimiento monetaria de la renta nacional. La renta nacional está en millones de rublos Imagen al año así que sus unidades serían Imagen y la tasa de crecimiento de la renta nacional Imagen estaría en Imagen.

La tasa proporcional de crecimiento se obtiene dividendo por la renta nacional Imagen

Supongamos a efectos dialécticos que en aquellos días un rublo era el producto de una hora de trabajo, por lo que el crecimiento de la renta nacional se convierte en una medida de Imagen Pero como los años y las horas son unidades temporales, se cancelan, y la medida final es equivalente a Imagen

¿Qué nos dice esto? Nos dice que si suponemos que en el corto plazo no cambian las magnitudes laborales, la ecuación Feldman nos está dando realmente una medida del número de personas nuevas sumadas a la economía cada año, es decir, del crecimiento de la mano de obra industrial. El crecimiento que le preocupa es el crecimiento proporcionado de la mano de obra puesto que divide Imagen por la renta nacional existente, D, que constituye un flujo de valor, y en términos dimensionales un flujo de valor es equivalente a un número de personas, en rigor es igual a un número de personas promedio que trabajan a tiempo completo. De modo que dividir por la renta nacional es dimensionalmente equivalente a decir que Imagen expresa la tasa de crecimiento de la fuerza de trabajo. Podemos comprobar la racionalidad de ello analizando otros términos de su fórmula Imagen

2. El término por la regla de que un flujo de valor es un número de personas, expresa la fracción de la mano de obra consagrada a la producción neta de medios de producción.

3- El índice de efectividad del capital S mide el flujo de valor producido hecho posible por la inversión unitaria en medios de producción. Si nuestra unidad de medios de producción es una persona-año, y las unidades de flujo de valor son personas como antes, esto expresa cuántos años necesita trabajar un obrero para producir los medios de producción que necesita un obrero más.

4-Dejo al lector comprobar que después de traducirse al lenguaje de la teoría laboral del valor, ambos aspectos aún poseen la dimensión Imagen

Así pues la fórmula de Feldman, despojada de su forma monetaria, vincula la tasa de crecimiento de la fuerza de trabajo productiva con la fracción de la fuerza de trabajo que fabrica medios de producción, por medio de una constante de proporcionalidad. Uno puede ver la de Feldman como una ecuación maestra que rige la dinámica de la economía socialista del mismo modo que la ecuación 5.1 rige la del capitalismo. Contemplemos algunas de sus implicaciones a corto, medio y largo plazo.

La ecuación 6.1 dice que cuanto más producto se consagre a nuevos medios de producción mayor será la tasa de crecimiento. Para pasar a un modo de crecimiento elevado una economía socialista tenía que elevar el tamaño relativo del sector I en relación con el sector 2. Cuando se había producido ese cambio ambos sectores podían crecer con más rapidez.

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Allen presenta pruebas de que en los primeros años la economía planificada soviética encajaba bastante bien con este patrón de Feldman. Como muestra la gráfica 6.6 a lo largo del primer plan quinquenal (que fue de 1928 a 1932) el consumo real per cápita descendió. Esto es coherente con el énfasis abrumador que se dispuso en las industrias constructoras de máquinas y la inversión relativamente escasa dirigida a las industrias que fabricaban bienes de consumo. Esto dio lugar a un viraje en las proporciones relativas de los sectores I y II. Pero en el plan subsiguiente donde la producción de la construcción de máquinas podía dirigirse al incremento de la reserva de capital de las industrias de consumo se dio un rápido incremento en el consumo real per cápita.

Estos no significa necesariamente que los salarios reales urbanos crecieran con rapidez, lo que sucedió en realidad es que una fracción mayor de la población emigró del campo a la ciudad, y el nivel de vida urbano estaba bastante por encima de los niveles primitivos de la vida campesina. De modo que en promedio el consumo subió entre la población, y el corolario es que la producción de bienes de consumos creció con celeridad. La cuestión crítica es que no se puede obtener una tasa rápida de crecimiento sin haber hecho crecer primero la dimensión relativa del sector I, ya que es el producto neto del Sector I lo que frena todo el proceso.

¿Cuál es la premisa para que funcione el modelo de Feldman?

Puesto, que, al menos instantáneamente como derivada, se trata de una ecuación que cuando se traduce a términos de valor atañe al crecimiento de la mano de obra, tiene que depender de que sea posible el crecimiento de tal elemento. Es, más específicamente una teoría sobre el crecimiento de la economía industrial, el modelo de dos sectores en el que se basa supone una estructura industrializada con bienes de capital e industrias de bienes de consumo.

La economía industrial puede incrementar su mano de obra de diversas maneras: mediante el crecimiento natural de la población con inmigración de otros países o con inmigración interna procedente del campo. La sección anterior analizaba las medidas impuestas por los países socialistas europeos para asegurar el crecimiento continuado de la población. Pero el crecimiento natural de la población era relativamente lento, del orden del 2% en la URSS. Esto únicamente podría apuntalar una tasa modesta de crecimiento económico. La gráfica 6.12 muestra una trayectoria de crecimiento económico para una economía como la de la URSS que comienza con una población trabajadora industrial del 18%.

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Al principio se parte del supuesto de que el 90% de la inversión se canaliza al Sector I, que no es bastante para compensar la depreciación del Sector II, por lo que el consumo per cápita desciende durante el periodo del primer plan, como así fue la verdad. En planes subsiguientes he supuesto que el 60% de la inversión fue dirigido al Sector I. Los supuestos sobre la distribución inicial de la población son realistas. El tamaño relativo del Sector I crece hasta un pico al final del primer plan y después desciende y se equilibra en los planes subsiguientes. Ciertamente se hubiera tratado de una economía con un crecimiento muy rápido. Es igualmente meridiano que esta trayectoria de crecimiento no podía haber continuado, ya que la urbanización se hubiera aproximado al 100% a finales de los 40. En el modelo se supone que la emigración a las ciudades se detiene cuando la urbanización alcanza el 80%. Esto posee el efecto de hacer descender acusadamente el crecimiento del consumo per cápita. En realidad la ralentización no se dio de forma tan acusada, sino que descendió de forma gradual cuando se alcanzó el límite practicable de la urbanización.

Sabemos que la historia económica de la URSS se pareció mucho a esto, con el matiz de que los efectos de la urbanización fueron más graduales y con una demora de 10 años suscitada por una guerra terrible. A medida que pasó el tiempo, la reserva de medios de producción medida en personas años per cápita creció e incluso la misma posibilidad de inversión adicional quedó bloqueada. Si las plantas y la maquinaria tienen una vida fija, digamos, de 20 años, entonces cada vez más y más del producto del Sector I tiene que consagrarse a reemplazar sencillamente la maquinaria existente. Si el sector I representa la mitad de la economía, sería imposible sostener un K/cap a largo plazo de más de 10 personas años. A ese nivel, incluso cuando trabajando a destajo, el Sector I sólo podría compensar el desgaste anual de la planta. Todas estas medidas de la gráfica 6.12 se han hecho en términos de valor trabajo – personas año.

Es claro que la ley de la tendencia al descenso de la cuota de ganancia es simplemente una manifestación social capitalista particular de una ley más general que afecta al modo industrial de producción, ya sea socialista o capitalista, como la proporción de trabajo cristalizado frente al trabajo vivo crece a lo largo del tiempo. La economía socialista sin embargo evita ciertos de los peores efectos del proceso mientras que resulta susceptible de ser aquejada por otros. Evitaba las recesiones, el paro y la presión para bajar los salarios reales que afectó al mundo capitalista desde los 70 cuando la elevada composición orgánica del capital se convirtió en un problema general.

Por otro lado, la ralentización en la cuota de crecimiento económico en el mundo capitalista generó una crisis política e ideológica mucho más severa que la que golpeó a occidente con las crisis económicas de 1970 y 2008.

Los cálculos en términos de valores laborales poseen el mismo fundamento que los que uno emplea para llegar a la ley de la cuota declinante de ganancia. El equilibrio en términos de valor puede aún ser compatible con un aumento en valores de uso, pero esto permite demostrar que el estado final acabará siendo uno en que se da la reproducción simple en términos de valor.

A diferencia de los cálculos en términos de valores trabajo, las mediciones en términos de valores de uso son difícil. Se están comparando elementos inconmensurables, cantidades de diferentes valores de uso en momentos diferentes. Mientras que el crecimiento en términos de valores trabajo emplea una unidad, tiempo de un cuerpo humano, que no varía de año a año, la mezcla física de productos generados por la URSS en 1930 y 1980 era muy diferente. No había al principio aviones a chorro, televisiones, plantas nucleares ni menos ordenadores, ni tampoco segadoras tiradas por caballos en 1980. La producción anual puede representarse con una lista de la cantidad de cada tipo de bien que se producía: 60 x 2 aviones a chorro, 1.600.000 Gigawatios hora de electricidad, 1.506.000 coches Lada, etc. El problema no es sólo que habrá elementos producidos en años posteriores que ni siquiera se imaginaban en años más tempranos, sino que incluso en periodos más breves como 5 años son difíciles las comparaciones.

Supongamos que a lo largo de un plan quinquenal se da una categorización definida de productos, que podemos fijar como una columna de etiquetas en una hoja de cálculo. En 1975 se enuncia la cantidad de cada producto que fue producido en la URSS como una columna de cifras, y hacemos lo mismo en 1979.

¿En qué medida creció la URSS entre 1975 y 1979? No existe una respuesta definitiva a menos que todas las ramas industriales crecieran a una tasa similar. Si en cada código de producto el producto en 1979 era un 24% mayor que en 1975, no cabe duda de que la economía creciera al 24%. Pero si la producción de automóviles creció un 50%, la de aviones un 20% y la de electricidad un 17%, ¿Qué problema tenemos? Lo único que se puede afirmar de cierto es que el crecimiento estuvo entre el 17% y el 50%. Puedes tratar de vincular una cifra más precisa otorgando a todos los productos un valor nominal en rublos y sumarlos, pero la tasa de crecimiento resultante va a depender en gran medida de los precios relativos que utilices, y del cambio en el valor del rublo entre 1975 y 1979.

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Si en vez de unidades monetarias veleidosas se evalúa el producto de cada año en términos de magnitudes laborales, se soslaya el problema de la inflación de precios, pero vuelves a la situación de que la tasa de crecimiento económico global es igual a la cuota de crecimiento de las horas trabajadas que tenemos en el modelo Feldman sencillo. Si la tecnología mejora a lo largo del tiempo, esto significa que puede descender el número de horas trabajadas mientras que el producto físico de la mayoría de las industrias puede crecer. En términos de magnitudes laborales la economía se estaría contrayendo incluso si estuviera creciendo en términos físicos. Desde el punto de vista de la propaganda estatal que quería mostrar crecimiento económico, esto no es bienvenido. Las cifras de crecimiento del PIB conjugan tres procesos. En primer lugar tenemos el movimiento del trabajo entre los modos de producción doméstico e industrial. En segundo lugar tenemos el efecto del crecimiento absoluto de la población. En tercer lugar la nueva tecnología incrementa la producción física por persona. Si uno mide la producción en términos de PIB per cápita, esto compensa al menos el crecimiento de la población pero aún mezcla y confunde la innovación tecnológica con las variaciones en los medios de producción.

Existe la común creencia que en el momento en que la URSS se desplomó su PIB per cápita estaba muy por debajo del Reino Unido. El contraste entre el nivel de vida de las clases profesionales soviéticas en comparación con sus contrapartes británicas y de otros países occidentales se cree que contribuyó al descrédito de la economía socialista.

Aunque Europa occidental era un vecino geográfico inmediato, en términos de historia económica, Latinoamérica o Japón serían mejores puntos de referencia. La gráfica 6.13 muestra, empleando datos publicados por la OCDE (222) que a finales del siglo XIX Japón, Iberoamérica y el Imperio Ruso estaban agrupados en torno a la media mundial en términos de renta per cápita. Descendieron a un grupo de ingresos medios, bastante por delante de China o la India, pero eran mucho menos prósperos que el Reino Unido. En comparación con la media mundial, el sistema planificado soviético no lo hizo nada mal. La planificación comenzó a finales de los años 20 y concluyó a finales de los 80. La URSS comenzó el periodo de economía planificada en 4/5 partes de la media mundial en renta media per cápita, al mismo nivel que Latinoamérica. Acabó con 1 1/3 de la media mundial. Latinoamérica había seguido la media mundial. La renta soviética per cápita era en 1928 el 25% de la del Reino Unido pero había escalado al 45% en 1960.

En los siguientes 30 años los ingresos soviéticos siguieron los pasos a grandes rasgos del crecimiento del Reino Unido acabando al 43% del nivel de esta nación. Según los datos de la OCDE, las tasas de crecimiento soviéticas a largo plazo eran mejores que las del Reino Unido durante la mayor parte de su existencia, ralentizándose ligeramente en los 80. Internacionalmente las verdaderas grandes historias de éxito fueron Japón y China. Japón pasó de ser un país de renta media a superar al Reino Unido en los 70 y eso pese a los devastadores efectos del bombardeo de guerra que había destruido sus ciudades más importantes y buena parte de su infraestructura. (283) Las estimaciones del crecimiento a largo plazo de la URSS o de las dimensiones comparativas de las economías soviética y estadounidense digamos en los 80 son inevitablemente polémicas, con defensores con puntos de vista políticos distintos que dan diferentes estimaciones dependiendo de los modelos de precios que adopten.

Por consiguiente, las curvas en la gráfica 6.13 deben interpretarse en el sentido de permitirnos ver a grandes rasgos lo que sucedió. No hay respuestas completamente objetivas a estas preguntas. La misma idea de comparaciones precisas entre los productos globales nacionales de los diferentes países o diferentes periodos es una ilusión monetaria.

Si en vez de fijarnos en estimaciones monetarias del producto per cápita nos fijamos en estadísticas de producción física y consumo el cuadro cambia bastante. Analicemos en primer lugar la producción de alimentos. La gráfica 6.14 (a) muestra el crecimiento de la producción soviética en cuatro importantes categorías alimentarias en años trascendentales en décadas sucesivas. De 1950 a 1970 todas las categorías crecieron con rapidez.

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La producción de cereal y grano después se estancó mientras que la producción de carne y huevos siguió creciendo con rapidez. El estancamiento de la producción de cereales puede parecer un fracaso a primera vista, pero si comparamos el desempeño soviético con el de EEUU la tendencia a largo plazo de producción de cereales es muy parecida (Gráfica 6.14 (b) A medida que los países prosperan tienden a pasar de la agricultura productora de productos con almidón a alimentos ricos en proteínas de calidad superior. Vemos que la producción soviética de alimentos de calidad elevada siguió creciendo después de 1970.

Pero detengámonos un momento. La gráfica 6.14 nos ofrece únicamente el crecimiento proporcional del producto. ¿Cómo se podría valorar la producción de alimentos soviética por persona con patrones internacionales? La gráfica 6.13 muestra que los cálculos monetarios de producción per cápita en la URSS en sus comienzos empatan con Sudamérica más que con el Reino Unido o EEUU. ¿Cómo podemos comparar esta cuestión en términos reales a finales de la era soviética? Si analizamos la producción de comida rica en proteínas por cabeza en Brasil y la URSS en 1988 (tabla 6.4) vemos que la URSS estaba bastante por delante en la producción de carne, leche y huevos. No es sorprendente. Lo que es sorprendente, teniendo en cuenta la mala prensa que la agricultura soviética tenía en occidente, es que los suministros soviéticos de estos alimentos habían superado igualmente al Reino Unido y los EEUU. Los soviéticos tampoco lo hicieron nada mal en la producción de bienes de consumo duraderos. La producción de televisiones, lavadoras y frigoríficos se incrementó de forma exponencial en los 50 y 60, cientos o miles de veces.

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Después, a partir de los 60, se estabilizó en niveles de varios millones al año. Pero eso no es sorprendente con nuevos productos. Comienzan a partir de una base cero, y se estabilizan en un nivel suficiente para compensar el desgaste. La producción soviética se estabilizó en una serie de productos que permitirían que la mayoría de los hogares contaran con una televisión, una radio, una lavadora, etc. En comparación con occidente, la mayor deficiencia estribaba en la producción de coches, que se estancó en un nivel de producción de 11,3 millones al año, que aún era demasiado bajo para permitir que la gente fuera propietaria de coches en general. Al final del periodo soviético estaban produciendo únicamente 1 coche por cada 200 habitantes.

El subdesarrollo relativo de la industria de producción de automóviles en los 60 puede achacarse a imperativos ideológicos, el punto de vista de que los coches privados eran un lujo burgués prescindible y que la única forma de automóvil aceptable en un país socialista era el taxi público. En la era del calentamiento global no parece por demás oponerse al empleo masivo de coches, incluso es racional, pero en los años 70, cuando aún abundaban los combustibles fósiles en el mundo se optó por la producción masiva de coches. Cuando se dejó de lado la objeción ideológica, se pasó a suponer por defecto que toda familia tendría un coche.

Las largas listas de espera para obtenerlo engendraron descontento, pues se veía que el socialismo no era capaz de producir coches de forma masiva como el capitalismo. Este fracaso de la URSS fue real, y si se acepta que vale la pena tener un coche el fracaso en este aspecto hacía legítima la decepción. Pero eso no explica cómo el mayor agravio eran las hogazas y no los ladas (juego de palabras otra vez intraducible, loave=hogaza) Los soviéticos en realidad producían más alimentos por cabeza que occidente, ¿así que por qué el descontento?

Tiene que ver con el dinero y los precios. Los precios de los alimentos estaban subvencionados y muy por debajo de su valor real, con las consecuencias que describiremos a continuación.

P.S BORJAMARI JODETE.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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6.5 ¿Por que las economías socialistas empleaban dinero?

Esto nos lleva a analizar la razón por la que una economía socialista como la URSS usaba dinero:

-Como una forme de integración de la contabilidad nacional.

-Como un medio de preparación de la contabilidad de las fábricas individuales.

-Como medio de distribuir las rentas entre los trabajadores.

La doctrina oficial, de Preobrazhenski (302) a Stalin (350) era que el dinero iba a ser abolido y que simplemente permanecía como un mecanismo auxiliar de uso en los presupuestos del estado y el comercio puesto que aún había sectores de la economía no socializados. Es fácil ver que el presupuesto global del Estado exigía algún tipo de cierta unidad escalar de cálculo. Si quieres tomar decisiones sobre las proporciones globales de distribución de los recursos entre el consumo y la inversión, entre la producción civil y militar, entre la sanidad y la educación necesitas una unidad de medida en la que puedan expresarse tales proporciones. El dinero aportaba esa unidad de medida. En principio una economía socialista podía haber acogido la propuesta de Marx (234) y haber empleado el trabajo directamente como unidad de cuenta, pero Preobrazhenskii desdeñaba esta posibilidad:

“En nuestro actual sistema económico mixto el dinero es muy ventajoso, y no puede ser reemplazado por “unidades laborales” u otros métodos de cálculo concebidos de forma artificiosa”. (302)

Esto no nos parece muy convincente, ya que no acabamos de ver la razón por la que tiras de papel impresas con números encima son más artificiales que magnitudes laborales. El Estado bien podía haber emitido billetes con horas de trabajo impresas en ellos como en la gráfica 5.2.

Marx había afirmado, un tanto económicamente, que billetes de esas características no serían más dinero que un billete de teatro:

“La cuestión de por qué el dinero no representa directamente el tiempo de trabajo, de modo que un trozo de papel puede representar por ejemplo, tantas horas de trabajo es en el fondo la mismo que preguntar por qué en una sociedad donde está dada la producción de mercancías los productos deben revestir la forma de mercancías. Esto es evidente, puesto que al tomar la forma de mercancías deben ser a la vez mercancías y dinero. ¿O, por qué no el trabajo privado, el trabajo de los individuos privados, no puede ser tratado como su contrario, el trabajo directamente social? He analizado en muchos otras ocasiones esta idea utópica del “dinero trabajo” en una sociedad basada en la producción de mercancías (Marx 236) En este punto únicamente añadiré que el dinero trabajo de Owen no es más “dinero” que un billete de teatro. Owen presupone el trabajo directamente social, una forma de producción completamente contradictoria con la producción de mercancías. En tal sentido el certificado de trabajo acredita sencillamente la parte que ha tenido el individuo el trabajo común, y es por tanto un título que le legitima a pedir parte del producto común destinado al consumo. Pero a Owen no se le ocurre presuponer la producción de mercancías y al mismo tiempo, haciendo malabares con el dinero, tratar de eludir las consecuencias necesarias de esa producción”.

La implicación de este pasaje de Marx era que pensaba que los vales laborales serían factibles cuando la producción fuera directamente social, lo que en el contexto soviético era equivalente a decir que cuando se hubiera nacionalizado completamente la economía: una vez que las empresas privadas y los colectivos hubieran sido reemplazados por granjas estatales y cuando ya no existiera la artesanía privada. El argumento de Preobrazhenskii y después de Stalin era que esas condiciones no se daban ni en los años 20 ni en los 50, pero eso no acaba con la cuestión. Tenemos que preguntarnos por qué razón la existencia de un comercio de mercancías con productores privados y semi privados excluye el empleo de magnitudes laborales.

La respuesta de Marx en su célebre polémica frente a Proudhon (236) era que en una sociedad productora de mercancías en la que no se daba una dirección y planificación global de la economía no había razón para suponer que la oferta y la demanda global de cada mercancía llegara al equilibro. Por lo tanto si un sastre invertía 4 horas en un par de pantalones, nada le garantizaba que pudiera intercambiarlos por 4 horas. Si la demanda es baja tendrá que aceptar un precio menor.

Esto es correcto para argumentar la razón por la cual las fluctuaciones de la oferta y la demanda deben llevar a precios que oscilen en torno a sus magnitudes laborales como centros de gravedad, pero no dice la razón por la qué no hubieran podido emplearse magnitudes laborales en la URSS en 1970 o algo antes en Alemania Oriental, por ejemplo. Tampoco, lo que es más interesante, explica el argumento de Marx por qué razón los vales de papel emitidos por los estados soviético y alemán se llamaban marcos y rublos y no horas incluso en una etapa más temprana. En un cierto nivel las señales en trozos de papel son arbitrarias.

Con una política monetaria y de precios apropiada hubiera sido posible volver a emitir nueva moneda con magnitudes horarias de modo que, en promedio en toda la economía, los bienes se venderían en las tiendas por una hora que se hubiera invertido en hacerlos. Aún se trataría de dinero si hubiera circulado para apuntalar un mercado privado o el mercado negro. No hubiera habido nada que evitar que pasara de mano en mano como cualquier otro tipo de papel moneda.

Por consiguiente no hubiera cumplido plenamente con el criterio de Marx de emitir certificados para que los individuos acreditaran un título sobre su parte en el trabajo común, pero la unidad de cuenta al menos hubiera dejado de ser arbitraria, y las relaciones sociales en la economía un poco más claras. La claridad sin embargo no le hubiera hecho mucha gracia a Preobrazhenskii o a Stalin. El último desarrolló la política de “acumulación socialista primitiva” según el cual el rápido crecimiento de la industria pesada tendría que financiarse obligando a los agricultores a vender su producto por debajo de su valor.

Después los productos industriales se venderían por encima de su valor. Si la moneda hubiera tenido horas impresas encima los granjeros colectivos hubieran visto con meridiana claridad que el Estado les estaba engañando. Sólo les pagaban una parte del tiempo que pasaban cultivando cereal. La objeción de Marx a Proudhon demostraba que incluso si denominas la moneda en magnitudes horarias, tienes que dejar algo de margen para que los precios oscilen. Pero eso era únicamente parte de lo que argumentaban los teóricos soviéticos, cuando decían que la predominancia de un sector campesino privado y las granjas colectivas les forzaban a usar dinero. El problema real era que las magnitudes laborales hubieran puesto en evidencia la explotación de los colectivos.

Había otros problemas técnicos con la idea de los vales laborales. Marx concebía claramente que se usarían en una economía donde se habría erradicado completamente el comercio privado, pero si los certificados hubieran sido tiras de papel transferibles, aún se hubieran podido usar para transacciones privadas. Marx parece haber pensado en términos de alguna suerte de certificado laboral individual y no transferible. Teniendo en cuenta los avances en la tecnología de la información no es complicado aplicarlo en los tiempos actuales. Las tarjetas inteligentes, las terminales, las bases de datos que mantienen los registros y el software que prohíbe las transferencias entre cuentas privadas podrían conseguirlo.

Pero es mucho más difícil ver cómo podía haber sido practicable todo esto en una época en la que aún se trabajaba con lápiz y papel y con una población que no estaba alfabetizada ni mucho menos al 100%. Pudiera haber funcionado algo parecido a los libros talonarios, implantándose cheques laborales, y descontándose frente a las compras efectuadas según la magnitud del trabajo. Pero el trabajo necesario para mantener ese sistema con ficheros de papel y el cotejo en papel de las cuentas cada semana hubiera sido enorme. Los cheques de papel únicamente funcionaban en el mundo capitalista en la medida en que a) se usaban sólo para compras de cierta importancia, pues las corrientes se hacían en efectivo, y b) solo una minoría de la población tenía cuentas bancarias. Hacían falta ordenadores y bases de datos antes de que fuera practicable que todo el mundo tuviera cuentas y se pagara incluso una taza de café con tarjeta.

Las relaciones sociales están siempre constreñidas por la tecnología. En las economías socialistas históricas, las posibles relaciones sociales estaban constreñidas por el estado de la tecnología de la información de aquellos días. Las monedas y los billetes de banco eran una solución de baja tecnología más sencilla.

Es fácil no dar la importancia que merece a poder disponer de sistemas de contabilidad que evitan la malversación fraudulenta de recursos. Las economías socialistas tenían que operar con lo que Lenin denominó la fiscalización y el control más riguroso para evitar que recursos públicos escasos acabaran en manos privados. Veamos el horroroso (a primera vista) sistema de pago en los grandes almacenes de la URSS.

Los clientes tomaban los productos que deseaban comprar, y el dependiente le daba un vale, que llevaban a un cajero en otra ubicación del almacén. Allí pagaban los bienes y les daban un recibo que llevaban al punto de recogida e intercambiaban por los bienes reales. Comparado con la manera que se llevaban los negocios en las tiendas británicas o de EEUU en los 80, la Tercera Roma parecía emplear un sistema de bizantina complejidad. No sólo tenías que entrar en relación con el personal de la tienda en tres ocasiones, sino que los cálculos a veces se hacían con un ábaco. ¿Por qué tener ese sistema?

Esos sistemas no eran desconocidos en occidente, algunos carniceros de alta gama en el Reino Unido lo empleaban y con una razón muy clara en ese caso. Era por razones de higiene ya que evitaba que el personal manejara carne y dinero. En la URSS de trataba de aportar un rastro de papel para poder fiscalizar la honestidad del cajero. Al final del día los recibos y los vales serían cotejados con el dinero en el cajón del cajero. La tosca tecnología del ábaco y el papeleo complicado estaban muy emparentados.

Antes del desarrollo y la producción masiva de cajeros automáticos, comprobar la honradez de los cajeros era un problema universal. En tiendas más pequeñas, el propietario se aseguraría de que él o uno de su familia trabajara en eso. Los grandes almacenes empleaban el sistema de Moscú.

En los grandes almacenes más avanzados, los clientes no tenían que caminar hasta la caja registradora, lo que se hacía era despachar el vale y el efectivo a los cajeros en el sótano por medio de tubos neumáticos. Fue la invención de las cajas registradoras lo que aseguró a las empresas de la lealtad de los cajeros, ya que la máquina acumulaba de forma automática todas las transacciones, y sólo se abría el cajón de la caja registradora al final de la transacción. Cualquier juego sucio se ponía en evidencia cuando acababa el día al comparar el total registrado en la máquina con la cantidad obrante en el cajero.

Si fabricaban muy pocas registradoras, los soviets tenían que mantener el viejo sistema de papeleo. Esto es, parcialmente, un reflejo de la escasa prioridad que se le daba a la actividad comercial, y por consiguiente a su tecnología. Había una historia pre-revolucionaria, de desdén por el comercio en Rusia, una asociación del comercio con los judíos, y una dislocación prácticamente global de la organización de venta al por mayor durante los años 20. Aunque se trató de modernizar y mecanizar en el segundo plan quinquenal, siguió siendo un sector de baja prioridad (304). Pero la falta de mecanización en el comercio era sistemática en cuanto a la representación de una lentitud más general a la hora de adoptar técnicas de ahorro de trabajo.

El trabajo no era empleado tan eficientemente en la industria soviética como lo era en EEUU o en Alemania Occidental. En un sentido, por supuesto la URSS empleaba el trabajo con mucha eficacia, puesto que no había prácticamente paro y la proporción de mujeres empleadas era mucho mayor que en cualquier otro país. Pero una economía industrial desarrollada tiene que ser capaz de transferir la mano de obra a donde pueda ser empleada de forma más eficaz. Bajo el capitalismo esto se consigue con la existencia de un ejército de reserva de desempleados, que, aunque sea eficiente a nivel macro, no permite la expansión rápida de nuevas industrias. La industria soviética tendía a acaparar trabajadores, manteniendo a la gente en nómina por si los necesitaban ante las futuras exigencias de las autoridades de planificación. Eso era hecho posible tanto por el relativamente bajo nivel de los salarios monetarios, y porque el banco estatal daba crédito con rapidez para cubrir tales costes. El bajo nivel de salarios monetarios era a su vez consecuencia del modo en que el Estado obtenía sus ingresos a partir de los fondos de las empresas estatales más que de los impuestos sobre la renta.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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6.6 Socialismo o Capitalismo de Estado.

Todo esto tiene que ver con una cuestión polémica: ¿era la economía soviética una nueva forma socialista de organización o sencillamente capitalismo de Estado? En las discusiones del ámbito marxista esto se ha planteado en términos de si la URSS representaba un nuevo modo de producción o no.

Los académicos como Hillel Ticktin sostenían que el socialismo es, en principio, un nuevo modo de producción; pero que los países socialistas existentes no tenían este modo de producción y en la URSS ni siquiera existía un modo de producción propiamente dicho. (357)

"En la teoría marxista y socialista esto es imposible tanto teórica como técnicamente, ya que el socialismo es un sistema global, un modo de producción sucesor del capitalismo, que únicamente puede implantarse a escala mundial. Por consiguiente cualquier afirmación de que la URSS, China, Venezuela o Cuba eran socialistas es un disparate, a menos que la construcción del socialismo no tenga nada que ver con la tradición marxista o cualquier socialista más o menos relacionado con esa tradición". (Ticktin 357)

En nuestra opinión era una visión problemática. En primer lugar se trata de una definición muy estrecha de la tradición marxista. Hillel puede pensar que ningún marxista clásico puede haber reconocido como socialista al bloque soviético o la China roja. Pero si piensa eso, está haciendo caso omiso de los millones de militantes de los partidos comunistas de esos países que se consideraban marxistas. Por lo visto esta gente “no formaba parte de la tradición Marxista. Lo que en realidad está diciendo es que nadie que comparta lo que digo puede discrepar conmigo. Pues sí. En el mejor de los casos no es más que un argumento de autoridad, y a una autoridad dudosa. Es muy cuestionable que Marx planteara algo como un modo socialista de producción. Ciertamente no publicó nada al respecto, y menos que ese modo de producción pudiera existir únicamente a nivel global. E incluso si hubiera dicho eso, ¿cómo hubiera podido saber que el socialismo sólo podía existir a nivel global?

No hubiera podido haber respaldo empírico para esta supuesta teoría en el Siglo XIX. ¿Cuáles son las pruebas empíricas, hoy en día, para respaldar esa teoría? En parte tiene que ver con aquello a lo que la gente llama modo de producción. ¿Cómo puede existir cualquier sociedad sin un modo de producción? Si preguntamos ¿qué modo de producción tenía la URSS? en el sentido de un modo de producción material, es claro que era la industria mecanizada electrificada.

Pero sabemos que esto también es el modo de producción de EEUU al mismo tiempo. Por lo tanto o el modo de producción material no basta para distinguir el capitalismo del socialismo o el socialismo sólo puede ser posible empleando tecnologías muy diferentes. Ticktin puede haber argumentado esto último, que alguna tecnología hasta ahora desconocida que opere a escala mundial es una premisa para el socialismo. Cualquier tesis sobre tecnologías que aún tienen que inventarse tiene que ser de necesidad bastante especulativa y no encaja bien con la tesis de Ticktin de que la URSS no tenía un modo de producción en absoluto. Lo que quiere decir es que un modo de producción era algo auto-sostenible y estable con un modo singular de extraer el producto excedente.

Nuestra intención es argumentar que Ticktin está errado en lo fundamental, porque la URSS poseía un modo singular de extracción del excedente. Cualquier sociedad que sobrepase el nivel de subsistencia necesita generar un excedente y las sociedades socialistas no son una excepción. Y si aceptamos el argumento de Marx de que las diferentes manifestaciones económicas de la sociedad se distinguen por el medio por el cual se genera el excedente, la sociedad socialista debe haber poseído su propia forma de extracción del excedente. Únicamente analizando las sociedades socialistas reales como la URSS podemos captar cuál es.

Las economías socialistas planificadas poseen ciertamente una forma singular de extracción del excedente. La magnitud del excedente se determina por la planificación de la asignación de la mano de obra entre la que va dirigida a la reproducción de la población trabajadora frente a otras actividades. Esto es contrario al mecanismo que opera en el capitalismo donde la división monetaria del valor añadido entre salarios y ganancias va antes. En una economía capitalista la asignación de la mano de otra entre la reproducción y otras actividades se da como un efecto de segundo orden cuando se gastan los salarios y las ganancias. En una economía socialista va antes la asignación del trabajo. Keynes (192) se estaba concentrando en esta cuestión cuando analizaba la economía de guerra en el pasaje que trajimos a colación anteriormente. Aún se expresa con más claridad en otro pasaje de su ensayo:

“Esto lleva a nuestra proposición fundamental. Quedará un monto definido para el consumo civil. Este monto será mayor o menor que lo que pudiera fijar la sabiduría y la previsión perfecta. La cuestión es que este monto dependerá únicamente en menor grado del monto de dinero en los bolsillos del público y de su disposición a gastarlo". (Keynes 192)

En una economía socialista, debido a que una parte determinante de su cálculo económico se lleva a cabo en unidades físicas más que monetarias, existe algo en común con otras economías que no habían llegado a la etapa monetaria o en las que el uso del dinero era limitado.

La comparación más sencilla se puede efectuar con el feudalismo europeo clásico en el que el trabajo desempeñado para el señor era distinto en el tiempo y en el espacio del trabajo que los campesinos realizaban en su propio beneficio. El dinero no tenía influencia sobre él. Las obligaciones de los campesinos estaban fijadas en términos de tiempo o productos en especie. Teniendo en cuenta la escala diminuta de la división feudal del trabajo esto parece como una relación personal entre el campesino y el señor. En la economía socialista la determinación era vasta e impersonal y operaba a escala de una economía continental, por medio de la asignación de millones de trabajadores a decenas de miles de ramas de producción.

Una vez que se fija el monto de trabajo del plan para hacer bienes de consumo, ningún cambio en salarios, etc., puede modificar la proporción global de excedente y trabajo necesario. Si suben los salarios monetarios sin que se asigne trabajo a la rama de bienes de consumo, la gente tendrá más dinero en la cuenta pero el mercado de bienes de consumo será “limitado”. Los bienes volarán de las estanterías pero no habría un aumento global en los salarios reales. La existencia de la planificación introduce una desconexión entre las relaciones monetarias y de valor, entendida como cantidades de trabajo incorporado. El dinero deja de ser una forma general de dominio sobre la mano de obra.

Para empezar, las economías socialistas frecuentemente han prohibido de forma explícita contratar trabajadores de forma privada. Además, un alza en la demanda monetaria de bienes de consumo frente a medios de producción no dará ocasión a un cambio en la mano de obra encargada de producir bienes de consumo. Las políticas de salarios y precios se convierten en una cuestión de control de la demanda monetaria para que encaje con el producto real de las industrias de bienes de consumo. La cuestión del papel de las mercancías y el dinero en las economías socialistas fue objeto de debate por parte de los comunistas en los términos de lo que denominaban la “ley del valor”. (350) El término ley del valor poseía significados exotéricos y esotéricos a un tiempo.

La acepción exotérica o superficial es que en una economía de tipo capitalista las magnitudes laborales relativas obrarán como un atractor de los precios relativos. La acepción más esotérica es que las relaciones de distribución en todas las sociedades están constreñidas por la distribución del trabajo. En una economía capitalista las grandes ramas de producción subsisten por medio del comercio y sus réditos respectivos tienen que ser al menos a grandes rasgos proporcionales a las poblaciones que mantienen. Aunque en una economía socialista la gran masa de la economía es de titularidad pública, la distribución de la población en los sectores de la economía continua ejerciendo influencia como lo hace el hecho de que la población aún vive en hogares.

Esto puede parecer una observación muy simple, pero las organizaciones comunistas que se desarrollaron en el marco de anteriores sociedades de clase prescindieron del hogar familiar como institución. Pensemos en una comunidad monástica o en el experimento de New Harmony de Owen. En esas comunidades sin hogares no existiría propiedad personal frente a la propiedad comunitaria. La preparación de la comida sería una tarea comunitaria, y la puericultura era o bien abolida como en las ordenes monásticas, o bien se llevaba a cabo de forma comunitaria. Como la composición y las necesidades de consumo de los hogares son diferentes, no es factible dar a todos los hogares una ración uniforme de bienes. Una vieja pareja tiene poca necesidad de juguetes o zapatos para niños, por ejemplo. De modo que una sociedad socialista con familias tenía que permitir cierta flexibilidad en el consumo, lo que lograron distribuyendo una parte de los ingresos del pueblo en dinero. En principio podían haber usado otra cosa. Podían haber mantenido cuentas de créditos sociales basadas en trabajo, pero en todos los casos muchos bienes de consumo hogareño hubieran tenido algo muy parecido en definitiva a un precio. En una sociedad socialista, pues, con hogares, ¿cómo se manifiesta el aspecto esotérico de la ley del valor, el freno subyacente planteado por la división social del trabajo, cómo se expresa a sí propia?

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6.6.1 Relaciones intersectoriales.

Dividiremos la economía socialista en tres sectores:

1-La producción de medios de producción.

2-La producción de artículos de consumo personal que se distribuyen para su venta o cambio a las familias de los trabajadores. En este punto no hay diferencia alguna si los artículos se venden por dinero real o como un débito en una cuenta de magnitudes laborales.

3-La provisión de servicios por los que no se paga directamente como educación, sanidad, defensa e infraestructuras públicas.

Esto no es decir que ser reclutado para el ejército sea gratuito para el recluta, sino que no tienen que pagar en efectivo o en créditos laborales por el servicio militar. Igualmente la educación cuesta a la sociedad adulta tiempo y recursos, y a los alumnos tiempo libre para jugar, pero se supone que no hay honorarios escolares.

Emplearemos los subíndices 1, 2 y 3 para designar estos tres sectores. Los Sectores 1 y 2 producen productos físicos, es decir que son productivos materialmente en la acepción que Adam Smith daba al término. Llamaré al producto del Sector 1 máquinas, aunque también comprende todo el resto de medios de producción y emplearé el símbolo m, en minúscula para indicar un flujo, para el flujo bruto de máquinas y la reserva de maquinaria y bienes de equipo empleados en los sectores M1, M2 y M3. Las máquinas se desgastan. Supongo que una fracción xxx de ellas se desgastan cada año. De modo que en los sectores el flujo de nuevas máquinas necesario para que la situación se mantenga estática se da como Imagen. Si la economía está creciendo habrá cierto excedente de flujo de maquinaria por encima del desgaste, que se consagre para el crecimiento, que llamaré mg.
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Supondré que la población trabajadora es P dividida entre P1, P2 P3 que trabaja en tres sectores, y que para cada año de trabajo el gobierno abre crédito a cada persona con un salario de w bien pagándole en efectivo o registrando ciertas magnitudes en su cuenta de consumo personal en una base de datos. Igualmente el Estado, para fines presupuestarios tiene que contar del uso de maquinaria y bienes de equipo en diferentes sectores hasta las fábricas individuales, hospitales, etc. La unidad de cuenta para cada uno de estos cargos se supone idéntica, ya sea dinero, horas de trabajo, puede que energía, etc. en las cuentas de consumo personales. Emplearé c para la tasa de cargos de una máquina, Esto da los costes contables corrientes Ci de cada sector, suponiendo que el gobierno no se cobra interés a sí mismo de
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Los costes contables de cada sector se componen del precio por el empleo de maquinaria pública, y los pagos a la gente que trabaja allí. El primero es un coste interno al sector público pero el gobierno tiene que llevar a cabo esos pagos sectoriales si tiene que tomar decisiones presupuestarias globales sobre la escala de los sectores. El único punto en el que una venta real, con cambio de titularidad, se da, es cuando el producto de las industrias de bienes de consumo se vende a los trabajadores. Denominaremos a esto la industria del pan, y designaremos el producto total de la industria b y el precio del pan p. Si suponemos por el momento que no hay mecanismo de ahorro para la población trabajadora tenemos que
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Donde t es la cuota de impuesto sobre la renta. Es decir, el precio del pan por el producto del pan equivale al rédito después de impuestos que obtiene la población trabajadora. Esto es su salario monetario pero además consumen un salario social de educación, sanidad, etc, aportado por el sector público 3. La ecuación 6.6 nos da el precio del pan como una función del salario monetario.

No es tan claro de qué forma el gobierno debe fijar los pagos para la maquinaria empleada por el sector público pero una forma evidente es fijar los pagos por las máquinas en su coste imputado de producción

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Los ingresos fiscales más cualquier ganancia por ventas de bienes de consumo se emplea a su vez para cubrir el coste de los servicios públicos por los que los ciudadanos no pagan directamente y la acumulación neta de nueva maquinaria .

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Tenemos 7 ecuaciones de 6.2 a 6.8 con 8 variables sin consolidar mg, c,w, t, p,C1, C2, C3. Suponemos que Imagen
vienen fijados por la estructura real de la actividad de modo que el gobierno podría fijar bien la cuota tributaria o la cuota salarial, pero una vez que lo ha hecho, el resto de las variables se hallan constreñidas. Contemplemos las opciones. Si el país socialista retiene dinero, pero presta muchos servicios libres de pago, tiene que equilibrar la demanda monetaria en manos de los trabajadores que viene de sus salarios con el monto de trabajo social invertido en producir mercancías de consumo. Como una parte de la jornada de trabajo social ha sido asignada a producir bienes y servicios libres de pago, y otra parte a la acumulación de nuevos edificios, infraestructuras y maquinaria, la renta disponible de la clase trabajadora tiene que limitarse al equivalente monetario del número de horas invertido fabricando mercancías de consumo. Hay una serie de formas de hacerlo, en principio:

1-Fijando un impuesto sobre la renta o de capitación a los empleados (234, 243, 244)

2-Fijando un Impuesto sobre el Valor añadido parecido al IVA. Tanto esto como el impuesto sobre las ganancias son impuestos indirectos, simplemente difieren en el lugar donde se recaudan: en la producción o en la venta.

3-Fijando los precios de todos los productos con un margen (me resisto a poner mark-up) o ganancia. Esta ganancia, como acrece a las fábricas estatales, puede convertirse en réditos gubernamentales y emplearse para financiar servicios libres de pago, la acumulación, etc. En la URSS esto se formalizaba como un impuesto sobre las ganancias que pagaban todas las fábricas del Estado.

Existen poderosas razones en favor de la primera opción (59) Inicialmente puede haber sido popular políticamente sostener que en el socialismo no había necesidad de impuesto sobre la renta, pero esto no es honrado, ya que había impuestos indirectos. Los salarios se mantenían en un nivel lo suficientemente reducido para permitir que el impuesto sobre las ganancias financiara las prestaciones estatales gratuitas, así que en términos del dinero que llegaba a casa la gente no estaba mejor. Una deducción directa o impuesto sobre la renta es más visible, pero la inversa es que algo que es visible es más fácil de entender, y por lo tanto es más sencillo tomar decisiones democráticas informadas sobre ello.

Presentaremos un sencillo ejemplo y compararemos el efecto de las diferentes políticas salariales y tributarias. La estructura técnica de la economía se supone que es como aparece en la Tabla 6.5. Suponemos que las máquinas se deprecian pasados 10 años, de modo que el coste corriente de emplear una máquina es precio de máquina / 10.

El salario se fija en 1, esto acaba siendo equivalente a valorar las cosas en sus magnitudes laborales, no se consigue ninguna ganancia con la venta de bienes de consumo y reproducción, los impuestos sobre la renta se ajustan para cubrir el coste de los servicios públicos y la acumulación.

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Resolver las ecuaciones nos da:
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En este escenario el impuesto sobre la renta queda abolido y el precio de los bienes de consumo tiene que aumentar para cubrir la caída en los ingresos del gobierno. Teniendo en cuenta que el producto físico de los bienes de consumo sigue igual, el único efecto de reducir el impuesto sobre la renta es aumentar los precios. El efecto neto es que el gobierno obtiene la mayor parte de sus ingresos en lo que puede contemplarse bien como un impuesto al consumo o sobre las ganancias de la industria nacionalizada. Las ganancias siguen igual, como el pago por los medios de producción, pero los bienes de consumo cuestan dos veces más. Resolver las ecuaciones nos da:

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Los precios relativos de las máquinas y el pan difieren ahora de forma acentuada de sus magnitudes laborales, y el pan se vende con una prima debido al impuesto que recae sobre él.
En la variante de impuesto sobre las ganancias, que empleaba la URSS se cobran impuestos en los sectores 1 y 2. El impuesto se determina por las ecuaciones

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P= (1 + r)C2/b

La cuestión clave es que el tributo se impone en ambos sectores en vez de únicamente en la venta de bienes de consumo. Esto implica que el precio contable de los medios de producción se acrecienta por el impuesto sobre las ganancias.
Resolver las ecuaciones nos da:

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Obsérvese que el precio de la maquinaria casi se ha duplicado en este caso. El precio final de venga del pan sigue siendo el que hubiera sido con la variante del IVA. Por consiguiente, los ingresos recaudados de los trabajadores siguen siendo los mismos en todos los casos, pero ahora el gobierno también recauda de las fábricas en el sector 1. Los ingresos recaudados de forma interna en el sector 1 se gastan todos internamente en los costes más elevados que tiene que pagar el sector 3 por las máquinas que utiliza y el mayor coste de los nuevos bienes de inversión. Como la maquinaria es ahora más cara en los libros contables, el coste aparente total para el gobierno por el suministro de los servicios públicos libres de pago y por la nueva inversión es sustancialmente más elevado que lo era anteriormente, y necesita en consecuencia unos ingresos fiscales más elevados.

En estos tres escenarios se da el mismo flujo de bienes, pero existen tres series diferentes de precios relativos. El grado en que un gobierno socialista puede dejar de tener en consideración las magnitudes laborales está constreñido por el nivel de impuestos que recaudan. Si confían en el impuesto sobre la renta para los ingresos públicos, los precios sectoriales serán proporcionales a las magnitudes laborales. Si tratan de fijar el impuesto sobre la renta en un nivel demasiado bajo para apoyar los servicios públicos, el precio de los bienes de consumo tiene que subir en lo que equivale a un IVA para evitar la acumulación de poder adquisitivo en manos del público, y por lo tanto la inflación suprimida. El empleo de un impuesto sobre las ganancias tiene un efecto general inflacionario, lo que, como veremos más adelante, no deja avanzar el desarrollo de tecnología que ahorra mano de obra. Pero, lo que es más grave, la política de mantener bajos los salarios y financiar los servicios públicos por medio de lo que puede ser considerado un impuesto sobre los beneficios, o sobre la cuota de ganancia en las fábricas públicas, posee efectos adversos en la eficiencia económica.

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En el escenario 1 anterior, donde los precios contables son proporcionales a las magnitudes laborales, los pagos de inversión de una máquina eran 53 unidades de trabajo. Si se fijaran los precios de la maquinaria a su valor pleno, una gerencia racional de la fábrica fijaría el coste de 5.4 unidades de trabajo como el mismo que una máquina, mientras que en el caso del impuesto sobre los beneficios una máquina se fija en 117 unidades de trabajo y un gerente racional trataría el empleo de una máquina anualmente como equivalente a 11,7 unidades de trabajo.

En el sector 1, una fábrica con la tecnología que he supuesto que emplea 960 personas y 60 máquinas para producir 24 nuevas máquinas. Con el impuesto sobre la renta el coste total de esa técnica se registra contablemente como 1278, con el impuesto sobre los beneficios el coste contable es mayor a 1662. Para detalles completos, mira la Tabla 6.6. Supón que viene una nueva tecnología que puede hacer 24 máquinas nuevas empleando 140 máquinas y 200 personas. Si fijamos un precio según el escenario del impuesto sobre la renta, es decir, en términos de magnitudes laborales, la nueva técnica te otorga un 26% de ahorro. El coste total contable desciende de 1278 a 942, de modo que es claramente ventajoso cambiar al nuevo modo de fabricar máquinas. Pero con el impuesto sobre los beneficios, las máquinas son ahora dos veces más caras.
El coste de máquinas adicionales tiene más peso que el gran ahorro de trabajo engendrado por las máquinas. En el plan de impuesto sobre los beneficios, un proceso más manual, de mayor coste social será preferido al mecanizado. El empleo de cálculo de la magnitud de trabajo directo por supuesto que hubiera revelado la respuesta acertada.

La solución soviética de un impuesto sobre los beneficios era populismo cortoplacista que afectaba a la eficacia. A largo plano alentaba el acaparamiento derrochón de trabajo por parte de las fábricas ya que la conjunción de bajos salarios y los subsidios de los servicios y los bienes básicos significaban que el coste real del trabajo permanecía oculto. A medida que se suministraban más servicios sociales “gratuitos”, financiados por el impuesto sobre los beneficios, el salario vino a representar una parte cada vez menor del tiempo de trabajo necesario, y el resto salía gratis. Pero esto hacía parecer al trabajo barato y la nueva maquinaria cara. Los gerentes racionales no reemplazarían los procedimientos intensivos en mano de obra con máquinas, porque usar muchos trabajadores parecía más efectivo en términos de costes. De ahí el crónico exceso del personal y la más que deficiente actualización en cuanto a tecnologías más eficaces. La combinación del cálculo en magnitudes laborales y el impuesto sobre la renta hubiera sido una base mucho más sólida para el cálculo económico racional.

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 Asunto: Re: How the world works. Paul Cockshott
NotaPublicado: Sab Nov 18, 2017 4:27 pm 
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6.6.2 Restricciones entre los sectores.

Incluso si supones que el número de personas consagradas a fabricar bienes de consumo no cambia, eso aún consiente una flexibilidad considerable en cuanto a qué bienes de consumo se fabrican. Supóngase que la intención es ajustar el producto a las necesidades de los consumidores como se expresa por los bienes en que la gente decide gastar sus créditos sociales. ¿Qué implica esto para los precios relativos de los bienes? ¿Deben corresponderse estos precios a las magnitudes laborales relativas? Sí, deben, pues es únicamente bajo esta condición cuando será posible que la gente ajuste su consumo de forma que sea compatible con el número de gente que trabaja fabricando bienes de consumo.

Supongamos que un grupo de bienes, por ejemplo, los muebles, se infravalora sistemáticamente en comparación con otro grupo de bienes, digamos las ropas. Supongamos que las ropas tienen precios fijados en magnitudes laborales y los muebles se venden con un descuento del 50% con respecto a sus magnitudes laborales. Obsérvese que no importa si los créditos sociales se miden en horas o en alguna otra moneda arbitraria, pues siempre habrá cierta cantidad de moneda que, en promedio de todos los precios, represente una hora de trabajo cristalizado. Los consumidores tratan de trasladar parte de su consumo de vestidos a muebles. Supóngase que reducen el consumo de ropas por el equivalente a 100 millones de horas de créditos, y que trasladan estos créditos a los muebles. Como se fija el precio de los muebles con un descuento del 50%, estos 100 millones de horas de créditos que han sido trasladadas de los vestidos parecen ser suficientes para comprar muebles que llevó 200 millones de horas elaborar.

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Incluso si los trabajadores que en el pasado trabajaron 100 millones de horas en la industria de la confección pasaran a fabricar muebles, aún no se aportaría el suficiente trabajo adicional para fabricar 200 millones de horas en valor de sillas, mesas, etc.

Más en general, si los precios no son proporcionales a los valores laborales, los cambios en las adquisiciones de uno u otro tipo de bienes llevarán a patrones de demanda que serán demasiado elevadas para ser satisfechas con la mano de obra existente, o si la demanda pasa de bienes infravalorados a bienes sobrevalorados, al paro, y a breve tiempo trabajando en la industria de los bienes de consumo. Varios de los Estados socialistas de la Europa del Siglo XX tenían problemas crónicos ligados con graves divergencias entre los precios relativos y los valores laborales relativos. Esto era particularmente importante en los productos agrícolas. La gran influencia política de las clases trabajadoras urbanas en los países socialistas hacía muy difícil políticamente que los gobiernos subieran los precios de los alimentos básicos. Las protestas polacas de 1956, 1970 y 1976 se centraban en esta cuestión y en todos los casos el gobierno tuvo que recular y seguir subsidiando los precios de los alimentos básicos, y en 1976 esto se conjugó con la reintroducción del racionamiento.

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En general se puede afirmar que, si nos precios no se corresponden con las magnitudes laborales, el exceso de demanda de los artículos infravalorados será mayor que lo que es posible producir con la mano de obra disponible, la tecnología, etc. En consecuencia, será evidente que la escasez sólo podrá limitarse por medio del racionamiento. El caso polaco era complicado por el estado especialmente atrasado de su agricultura, que en los 80 seguía basándose en pequeñas granjas campesinas con muy bajos niveles de mecanización y la elevada intensidad en el empleo de mano de obra que va de la mano con ese modo de producción. La mano de obra necesaria para producir comida era relativamente elevada, y una gran porción de la población seguía atada al agro. Obsérvese la gráfica 6.18 y se apreciará la discrepancia entre el trabajo empleado y el valor añadido en la agricultura polaca. Es claro que los productos agrícolas se vendían muy por debajo de sus valores en términos de trabajo doméstico. Esto se puede interpretar de dos maneras:

1. La presión política de la clase trabajadora urbana mantenía bajos los precios por debajo de lo que deberían ser teniendo en cuenta la magnitud del trabajo utilizado.

2- La eficacia de la agricultura polaca era baja para los patrones internacionales, y de ahí el bajo valor añadido por cada unidad de trabajo. Esto presupone que los precios internacionales de las importaciones de alimentos también contaban en los cálculos del gobierno cuando se fijen precios doméstica.

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Cualquiera que sea la mezcla de las dos causas el sector agrícola en Polonia estaba vendiendo su producto a únicamente el 47% de su valor real en 1981. Polonia era un ejemplo particularmente crítico de país socialista donde los precios diferían drásticamente de los valores. Si lo comparamos con Bulgaria (Gráfica 6.19) vemos que Bulgaria tenía una disparidad mucho menor entre los precios agrícolas y los valores agrícolas.

La agricultura Búlgara pese a ello estaba también infravalorada, puesto que sus productos se vendían al 74% de su valor real, pero la discrepancia era mucho menor que en Polonia. Al contrario que en Polonia donde la agricultura se basaba todavía en el modo campesino de producción, Bulgaria poseía una agricultura socialista de gran escala que era marcadamente más eficiente en su empleo de trabajo. El que suscribe visitó ambos países a comienzos de los 80 y era evidente que mientras que la comida escaseaba en Hungría, había de sobra en Bulgaria. Las tiendas de alimentos en Polonia estaban muy mal surtidas mientras que en Bulgaria estaban repletas de productos.

El descontento político con la producción de alimentos se dio en Polinia pero no en Bulgaria. Es el desarrollo de las fuerzas productivas y las formas de cooperación lo que determina el valor de los bienes. La tecnología disponible fija el monto mínimo de trabajo que la sociedad tiene que emplear para fabricar algo en promedio y esto será cierto aunque cambien las relaciones de propiedad. POR EL HECHO ED QUE SE DE UNA REVOLUCIÓN POLÍTICA NO CAMBIAN NI LA TECNOLOGÍA NI LAS FORMAS DE CORPORACION Y DE ORGANIZACIÓN. Estas únicamente pueden sobrevenir más tarde en tanto que las nuevas relaciones de propiedad configuran la introducción de nueva tecnología o dan ocasión al auge de nuevas formas de trabajo cooperativo, como las granjas colectivas o las comunas populares.

Por consiguiente estamos refiriéndonos al largo plazo, en el que se irán introduciendo nuevas formas de cooperación y tecnología. En una economía socialista las decisiones realmente importantes son políticas y no económicas. Colectivizar la agricultura e introducir tractores, combinarlos con cosechadoras, etc., en Bulgaria era una decisión política. La formación de Comunas Populares en China y la irrigación a gran escala y poner a producir tierras incultas eran decisiones políticas.
Estas decisiones llevaron a mejoras en la productividad pero no era la disciplina del mercado la que hacía que vinieran. La productividad real del sector será una variable aleatoria, si el trabajo necesario mínimo exigía cambios debidos a la nueva tecnología, así que a menos que la dispersión de la variable aleatoria se incremente a lo largo del tiempo, el promedio también baja. Recalco el término mínimo, pues es la frontera rectora del cambio técnico la que hace variar las exigencias mínimas. Pero a nivel contable tienes que pagar los bienes en su magnitud laboral promedio, no en el contenido mínimo. Por otro lado, en países donde se tomaba una decisión política contraria, como en Polonia en 1956 cuando Gomulka tomó la decisión de abandonar la colectivización, la agricultura siguió en su estado de pequeñas granjas campesinas poco productivas.

Recuerdo haber sobrevolado el país en 1980 y sólo se divisaban dos tipos de campo desde el aire. En las zonas que habían pertenecido a Prusia antes de 1945, había grandes campos cuadrados de las antiguas castas aristocráticas, pero en el resto del país veías barbechos típicos de la agricultura medieval. Esta forma de relaciones de propiedad no puede desarrollar con eficacia la productividad del trabajo. En consecuencia una gran parte de la jornada social global se consagraba a cultivar alimentos (ver la gráfica 6.18) Grosso modo un tercio de la jornada laboral social se consagraba a ello.

Por otro lado la presión política de la clase trabajadora implicaba que los alimentos tenían que tener precios bajos, y recuerdo que en 1980 los precios eran ridículamente bajos para patrones británicos. Esto significaba que en términos de precios de venta, el sector agrícola, 1/3 de la economía, vendía su producto bien por debajo de su valor. Su precio de venta, el valor aparente añadido por la agricultura estaba alrededor del 12% del PIB. De modo que existía una gran discrepancia entre el precio y la magnitud laboral real. Si la población trataba de consagrar, digamos, el 20% de sus ingresos a obtener alimentos, que era muy posible a los precios de entonces, la agricultura campesina no podía haber apuntalado dicha decisión. Un gasto del 20% de los ingresos supondría un incremento de la demanda de 2/3, y hubiera necesitado 2/3 más de trabajo agrícola para generarlo, realmente algo imposible.

Si pongo Polonia como ejemplo se debe a que es el ejemplo más chocante de un gobierno socialista que trata de hacer caso omiso a las magnitudes de valor a la hora de fijar precios administrados en las tiendas estatales. Se trataba de una decisión política, y los efectos que produjeron también fueron políticos en el peor de los sentidos, escasez crónica ya que la carne que había en las tiendas se agotaba rápido. Esto producía a su vez un descontento que podía ser canalizado por los que preconizaban una restauración capitalista sin más ni más. Lo irónico es que el consumo de carne per cápita en Polonia era en la realidad mayor que en la Escocia contemporánea, pero no había quejas por la escasez de comida en escocia. Lo que trato de decir es que la tentación de decir que puedes hacer caso omiso a las magnitudes laborales en una economía socialista nunca debería consentirse. Sus resultados son desastrosos desde el punto de vista político.

¿Pero cómo se puede planificar la ley del valor?

La respuesta depende de analizar la acepción exotérica del término o la esotérica. La interpretación esotérica es que la ley del valor es una expresión de algo más profundo, la proporciones en que la mano de obra social se distribuye entre diferentes actividades concretas. Planificar con la ley del valor en esta acepción es planificar la distribución del trabajo social, asegurando que se use con eficacia. Cuando se parangona con los métodos soviéticos tradicionales esto hubiera implicado varias diferencias importantes.

1-Llevar la contabilidad de todos los productos en términos de trabajo social cristalizado y asegurar que los precios de venta de los bienes de consumo sean proporcionales a las magnitudes de trabajo cristalizado. Únicamente bajo esas circunstancias los cambios en la demanda de los consumidores entre los productos conserva el trabajo.

2-Usar explícitamente la magnitud de trabajo como unidad de cuenta general, con algún tipo de créditos laborales intransferibles.

3-Hacer pagar a las fábricas por el trabajo total aboliendo la distinción entre trabajo y fuerza de trabajo. Si se pagan salarios monetarios el trabajo parece infravalorado ya que la fuerza de trabajo tiene menos valor que el trabajo mismo. Esto sesga la elección de técnicas y fomenta las ineficientes e intensivas en mano de obra.

4-Fijar objetivos para la producción de bienes de consumo modulados por los cambios en el gasto de los créditos laborales.

5-Conceder a los colectivos de las fábricas rigurosos presupuestos laborales, tendrían un presupuesto en horas para lograr un producto físico dado, pero serían libres de elegir entre trabajo vivo o maquinaria valorada en la magnitud de trabajo requerida para fabricarla. Si sobrepasaban el presupuesto se enfrentarían a traslados, y las personas pasarían a otros colectivos en lo que su trabajo fuera más socialmente necesario.

La contabilidad en términos de magnitudes de trabajo de-mistifica y des-fetichiza las relaciones sociales. En vez de relaciones entre personas y algo objetivo llamado “dinero”, pone de manifiesto que lo que está en juego es la vida de la gente. Si tengo un crédito social por hora trabajada (entiendo que el autor se refiere todo el rato a la calidad promedio) y puedo con este crédito adquirir bienes que llevó hacer una hora, es claro que esto participando como un igual en un intercambio social. Si, por el contrario, sólo se me dan 40 minutos de tiempo por trabajar una hora, es claro que algo falla ahí. Si la diferencia es un 33% de impuesto sobre la renta que puedo votar, es una cosa. Si veo que alguien está recibiendo crédito por más de una hora por cada hora que trabajan, voy a ponerme más “místico”.

La contabilidad en términos de magnitudes laborales lleva en sí la presunción de igualdad y equidad. Si una persona recibe a cambio más tiempo que el que trabajan, la implicación a priori es que no todo es trigo limpio. Su adopción haría que hubiera una presión social a la nivelación. La nivelación entre distintas categorías laborales y la nivelación a nivel de sexos. Por supuesto se elimina completamente la posibilidad de ingresos del capital obtenidos sin trabajar. Se parte de la legítima presunción de que la única fuente legítima de ganancia es el trabajo. Cualquier otro ingreso, como el de los ancianos, los enfermos, las familias con hijos, etc., tiene que ser una deducción explícita y voluntaria de las rentas de las personas que trabajan.

La significación de los créditos laborales es que establecen la obligación de todos de trabajar aboliendo ingresos no ganados; hacen que las relaciones económicas entre las personas sean diáfanas; son igualitarias, asegurando que todo trabajo de igual calidad se cuente igual. Es el último punto el que aseguró que nunca se adoptara este principio en los socialismos burocráticos de Estado del Siglo XX. A ver qué gerente o dirigente está dispuesto a ver que su trabajo es lo mismo que el de un obrero medio.

No esto proponiendo nada muy novedoso: aunque aquí sólo he dado un bosquejo, se explica con más detalle en otros artículos. Es simplemente una explicación literal y más detallada de las propuestas que Marx hizo en sus comentarios al borrador del programa de 1875 de los socialistas alemanes. (234)

Se supone que las personas tendrán tarjetas de crédito laborales cuyos créditos sólo pueden ser cancelados y no pueden circular. No puedes transferir créditos a otras cuentas pero puedes obtener bienes en las tiendas comunales, y esto elimina por completo la posibilidad de un mercado negro. También es esencial que la distribución de las magnitudes laborales de los bienes sea realista. Un gobierno socialista debe evitar la tentación de infravalorar las necesidades en las tiendas comunales. Si están infravaloradas habrá un exceso de poder adquisitivo en términos de créditos laborales. Si hacen falta 300 millones de personas hora para hacer pan pero se vende a 100 millones de horas, un exceso de infravaloración, como sabemos después de la amarga experiencia, no tenemos más que colas y escasez aparente. Si los precios son equivalentes a la magnitud laboral, las desviaciones entre las ventas y la producción real pueden utilizarse para ajustar los objetivos del plan en tiempo real, reasignando el trabajo de productos donde cae la demanda a productos donde la demanda se agota.

Las desviaciones del precio de distribución con respecto a la magnitud laboral seguirán sin embargo siendo inevitables en una economía planificada por razones medioambientales. Si el sistema de planificación posee una restricción de que la producción total del combustible fósil tiene que bajar un dos por ciento anual, las autoridades de planificación se verán forzadas a subir el precio de distribución del combustible por encima de su magnitud laboral o racionar el petróleo. Si el petróleo se distribuye con prima, los bienes que no lleven incorporados combustibles fósiles tienen que distribuirse a los consumidores con descuento. Pueden darse ocasiones de primas medioambientales o descuentos que aparezcan en la etiqueta.

La distribución gratuita de bienes y servicios es únicamente viable cuando se satisfacen ciertas condiciones especiales:
La asignación real puede racionarse bien por medio de decisiones deliberadas o por colas, así es como funciona la sanidad británica. Obtienes tratamiento gratuito pero sólo si el doctor considera que lo necesitas, y si estás dispuesto a esperar tu turno. Esto descarta, por ejemplo, que se gasten recursos limitados en cirugía para tener el rabo o las tetas más gordas.
Donde el empleo real sea fácilmente calculable de antemano. Sabemos que la demanda de escuela primaria se fija por el número de los niños que llegan a la edad escolar. Construir escuelas gratuitamente hace crecer la demanda hasta este límite y ya. Los recursos que se utilizan de otro modo se desperdiciarían. Un ejemplo de eso era la calefacción gratuita en la URSS del calor desperdiciado de las centrales energéticas; billetes de transporte público gratuitos para los pensionistas fuera de las horas punta; empleo gratuito de internet cuando se halla instalado la infraestructura básica.

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Frígilis despreciaba la opinión de sus paisanos y compadecía su pobreza de espíritu. «La humanidad era mala pero no tenía la culpa ella. El oidium consumía la uva, el pintón dañaba el maíz, las patatas tenían su peste, vacas y cerdos la suya; el vetustense tenía la envidia, su oidium, la ignorancia su pintón, ¿qué culpa tenía él?». Frígilis disculpaba todos los extravíos, perdonaba todos los pecados, huía del contagio y procuraba librar de él a los pocos a quien quería


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Traducción al español por Huan Manwe