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 Asunto: Perlas de hoy, para recordar mañana
NotaPublicado: Mar Oct 16, 2012 3:24 pm 
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/09/2 ... 41631.html
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CULTURA | Vidas.zip
Catalunya 2035
Lorenzo Silva |
Actualizado domingo 30/09/2012 10:01 horas

En momentos como éste me pregunto qué hago aquí. Y la respuesta que me doy, desde hace muchos años, es la misma: porque me gusta esta tierra, me gusta su gente, su luz y su mar, y no voy a consentir que la vieja cagada de cuatro aprendices de estadistas, a ambas orillas del Ebro, me arruine ese gusto.

Aquí estoy, con mi nieto, en el estadio que antes se llamaba Cornellà-El Prat, y que desde hace unos lustros se llama Salah ed-Din Arena. Vengo con él a ver una edición del clásico, el partido estelar de la Lliga Mas, que es como se llama, queridos habitantes del pasado que leéis estas líneas, la División de Honor del fútbol catalán. Es el primer choque que veo en directo entre el Barça y el Al-Mansur, que antes de la Gran Afirmació Patriòtica era conocido como Espanyol, luego como Català y que finalmente, tras su compra por el jeque Karim ben Abd al-Karim, arabizó del modo dicho su razón social y el nombre de su coliseo.

No me interesa el fútbol y no siento nada por ninguno de los dos colores, pero mi nieto Gerard es culé hasta el tuétano y un abuelo es un abuelo. Mientras se desarrollan los prolegómenos del partido (calentamientos y demás muermo sólo apto para hinchas) Gerard, que está tan exaltado como nunca lo he visto, me refiere con todo lujo de detalles los seis goles que la jornada pasada su equipo le infligió al Palamós, y que según él permiten encarar el clásico de esta noche bajo los mejores augurios. No me molesto en aclararle que el Palamós, huérfano de las ventajas que proporcionan la dimensión nacional del Barça o el dinero sarraceno del Al-Mansur, es uno de los equipos sparring de la Lliga Mas, cuyos partidos no tienen, para los dos que de veras cuentan, más valor que el de entrenamientos puntuables.

Cuando los dos equipos forman en el césped para escuchar Els segadors, como manda la ley, recuerdo ese otro tiempo en que al comienzo de un partido de liga, o en general en las cosas triviales y corrientes de la vida, no le obligaban a uno a administrarse un himno nacional. Pero para algo están en el palco la primera ministra, Meritxell Bru-Tornell, el molt honorable President de la República, Oriol Pujol, y los tres ministros musulmanes del Govern, Abdelmalik Jufresa, Mustafá Pérez-Larkaui y Farida Driusi, para quienes asistir al partido entre los dos equipos que concentran e inflaman las pasiones de la comunidad a la que representan es una obligación pública insoslayable.

Como estoy en un graderío repleto de barcelonistas, oigo a mi alrededor algún cuchicheo que los alude, a los tres ministros morenos. Catalunya, con su 25% de población musulmana, sostiene oficialmente un discurso integrador y multicultural, con respeto pleno de la religión de cada cual, siempre que se acepte la lengua y el relato histórico de la nación catalana, y singularmente su autoafirmación frente al común enemigo español (explotador colonial de marroquíes y saharauis mientras por otro lado oprimía a los catalanes). Pero no falta nunca alguno de los que forman el 10% de base electoral de Catalunya Nostra, cuyo postulado esencial, apenas encubierto, es la necesidad de apear a los musulmanes del espacio excesivo que a su juicio han alcanzado en la sociedad catalana. Empeño tan inicuo como absurdo, porque la demografía se impone y la propia Bru-Tornell, antigua feminista radical, sabe que sin los votos musulmanes debería entregar la silla al líder de la oposición, con el que mantiene un encarnizado duelo por atraerlos que aumenta tanto su valor electoral como la rabia de los racistas.

Me acuerdo ahora de aquellos lejanos días de 2012 y 2013, cuando la Gran Afirmació. Recuerdo la Catalunya que se ofrecía entonces como la Tierra Prometida, libre de mugre española, y donde nadie vaticinaba esta reedición de Al-Ándalus que supera la versión light que existe en el país vecino (allí, el peso de los musulmanes está mucho más compensado). Como nadie anticipó la durísima negociación para adherirse a la UE, pagando el precio desorbitado que España le puso a la retirada de su veto, o la larga marcha hacia el reingreso en el euro, ese decenio de la peseta catalana que causó estragos en empresas y familias. Por no hablar del millón de ciudadanos que optó por conservar el pasaporte rojo, en vez de correr a sacarse con el entusiasmo previsto el blaugrana, facilitando con ello a los hijos de la inmigración el papel estelar que hoy tienen en el censo electoral.

Me acuerdo, también, de la ceguera y la arrogancia españolas. Esa negación obtusa del sentimiento que en Catalunya se había gestado y fraguado, la pachorra de aquel presidente del gobierno tan gracioso, Rajoy (también conocido como el Breve o el Chico de la Troika), que se trocó en espanto cuando el Gran Pare Fundador, Artur Mas, en medio de una crisis que tenía a la gente aturdida, convocó y ganó el referéndum del 13, con una mayoría embriagada de independentismo que batió a la desmovilizada y estupefacta facción españolista de la población.

Fue dura la travesía del desierto para España, el país en cuya capital nací, hasta que al término del largo protectorado germano a alguien se le ocurrió la idea de recoger dos trozos maltrechos de Europa para constituir, con permiso de Berlín y del FMI, la hoy pujante Federación Ibérica. El país cuyo pasaporte ostento ahora, y que logró atraer a Madrid y a Lisboa (con arreglo a su política de solidaridad intraibérica) a una buena porción del empresariado catalán y de sus élites profesionales. Es el gran tabú nacional, aquí, pero cuando enseño mi pasaporte o mi DNI ibérico en El Prat noto que a más de un empleado y a más de un mosso se les pone expresión melancólica.

Y es que ya nadie, salvo los viejos como yo, se acuerda de cómo sucedió todo. Lo que les hacen estudiar a los niños en el colegio, en mi país y en éste, es la mitología oficial, que recoge una génesis mucho más gloriosa para ambos. Dentro de unos pocos años ya no quedará nadie que recuerde que una vez estuvimos juntos y que bien habríamos podido seguir así, sumando a nuestros hermanos portugueses, si alguien hubiera tenido más cabeza. Suena el pitido final y me toca ocuparme de algo mucho más perentorio: consolar a mi nieto. Como viene pasando regularmente desde hace diez años, esta noche el Al-Mansur ha hecho una vez más honor a su nombre, que no en vano significa el Victorioso. Volveré a contarle lo de la era Guardiola.


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 Asunto: Re: Perlas de hoy, para recordar mañana
NotaPublicado: Mar Oct 16, 2012 3:27 pm 
LA INDEPENDENCIA ES UN COMPLOT DE LA MORISMA PARA INVADIRNOS.

SOLO PERMANECER DENTRO DE LA SACROSANTA UNIDAD ESPAÑOLA CONJUGARA TAL UNION DE ENERGIA ESPIRITUAL CASTIZA QUE PERMITIRA RESUCITAR AL CID Y A DON PELAYO PARA QUE VAYAN DANDO MANDONBLAZOS A LOS INDEPENDENTISTAS MOROS Y HOMOSEXUALES.


*hace negocios con un jeque árabe en Marbella, rinde pleitesía a un Rey putero que admite regalos de un jeque de Arabia Saudí por haber permitido a su hijo el violador escapar impune*


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 Asunto: Re: Perlas de hoy, para recordar mañana
NotaPublicado: Mar Oct 16, 2012 3:29 pm 
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antiles 06.oct.2012 | 17:28
#81

"Entonces despierto todo ha sido un sueño. No soy profeta ni adivino el futuro, solo soy un pobre articulista al que le han encargado hacer política ficción sesgada, ridícula y hasta racista. "



le han saltado los piños de la hostia al periodista españolator.


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 Asunto: Re: Perlas de hoy, para recordar mañana
NotaPublicado: Mié Oct 17, 2012 5:18 pm 
http://www.libertaddigital.com/opinion/ ... cia-66001/

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Historia 2012-10-16
Cataluña no es Escocia
Pedro Fernández Barbadillo

¿Es el encorbatado Artur Mas el bravo William Wallace? ¿Son los maulets que agreden en manada a niños y ancianos los guerreros que combatían a los ingleses? Seguramente, cuando los nacionalistas catalanes se miran en el espejo por las mañanas se ven como Mel Gibson a punto de seducir a la reina Isabel de Inglaterra, y nunca se imaginan vencidos, abandonados por sus camaradas y decapitados. Al igual que quienes creen en la reencarnación siempre aseguran haber sido faraones o generales, pero nunca esclavos en las pirámides o simples soldados.

Los nacionalismos regionales españoles miran a las islas británicas embelesados. Prácticamente es uno de los pocos puntos cardinales donde pueden poner los ojos. ¿Yugoslavia y sus guerras civiles?, ¿Sudán del Sur y Sudán del Norte?, ¿India y Pakistán?, ¿el Congo y Katanga? Aunque Sabino Arana, el fundador del PNV, llegó a felicitar al Imperio Británico por su victoria sobre los bóers y soñó con que Vizcaya cayese bajo el protectorado de Londres, como el sultanato de Zanzíbar, sus seguidores trasladaron sus miras a la República de Irlanda, que había conseguido la independencia a tiros en los años 1920 y 1921. Los etarras tienen como modelo, y socio, al IRA.

Ahora los separatistas catalanes han puesto sus ojos en Escocia, donde se prepara un referéndum de independencia negociado con el Gobierno británico. Mucho mejor proponer una Escocia con Sean Connery, pozos de petróleo, destilerías de whisky, campos de golf y el inglés como idioma que las miserables Kosovo, República Turca de Chipre o Transnistria. Pero lo cierto es que poco tienen en común Escocia y Cataluña.
El deporte escocés de invadir Inglaterra

La base racial de ingleses y escoceses es distinta, ya que entre éstos prima el elemento celta, apenas existente entre los primeros, mientras que los catalanes tienen los mismos antepasados que los aragoneses, los extremeños y los castellanos (íberos, celtas, romanos, godos...). A diferencia de Cataluña, Escocia jamás fue romanizada, hasta el punto de que Roma separó su provincia de Britannia de los belicosos y salvajes pictos con los muros de Antonino y Adriano. Por el contrario, Tarraco (Tarragona) fue uno de los principales puertos mediterráneos en la época romana y visigoda.

La gran diferencia en el asunto de la identidad y la historia es que Escocia fue un reino independiente durante siglos, con peso en las relaciones internacionales de la Europa medieval. El rey Felipe IV de Francia, que eliminó a los templarios, quería conquistar los territorios vecinos bajo dominio inglés y para ello firmó en 1295 una alianza con Escocia, a fin de atrapar entre dos frentes a Inglaterra. A este pacto se le llamó la Auld Alliance y duró, con paréntesis, hasta el siglo XVII. Cataluña no ha tenido más política exterior que la aragonesa o la española.

Cataluña fue primero una reunión de condados y luego, por la boda del conde de Barcelona Ramón Berenguer IV y la infanta Petronila de Aragón (1150), formó, junto con el reino de Aragón, la Corona de Aragón, en la que su titular era primero rey de Aragón y después conde de Barcelona y de otros lugares.

Las guerras entre los ingleses y los escoceses fueron constantes durante siglos. En una de ellas, una reina española venció a un rey escocés. La infanta Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, casó con Enrique VIII de Inglaterra, y en 1513, mientras éste se encontraba en el continente en combate contra Luis XII de Francia, ella derrotó en Flodden Field al ejército invasor escocés, mandado por Jacobo IV. El rey murió en la batalla y la regente envió a su marido la camisa ensangrentada que aquél llevaba.

Isabel I de Inglaterra capturó y decapitó en 1567 a María I de Escocia. Pero Jacobo VI de Escocia, hijo de ésta, se convirtió en rey de Inglaterra en 1603, a la muerte de la asesina de su madre, y pasó a convertirse, además, en Jacobo I de Inglaterra; como monarca de ambos reinos, su primer paso fue el de hacer las paces con España.

Se produjo así la primera unión entre Inglaterra y Escocia, más Irlanda, uno de cuyos frutos fue la nueva bandera, que unía la cruz de San Andrés escocesa y la cruz de San Jorge inglesa. Los monarcas de la dinastía Estuardo, que había empezado a reinar en Escocia en el siglo XIV, gobernaron también Inglaterra hasta 1714. La rama católica de la familia, encarnada en los descendientes de Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia, reivindicó sus derechos hasta el siglo XIX y contó con la lealtad de muchos escoceses, llamados jacobitas. Por el contrario, jamás ha habido dinastías catalanas en España, y las últimas veces que Barcelona se sublevó a favor de un pretendiente (el archiduque Carlos contra Felipe V) o un rey (Fernando VII contra Napoleón) fue para hacerlo rey de España.
El nacimiento del Reino de la Gran Bretaña

Durante el siglo XVII, Escocia e Inglaterra (Irlanda era una colonia de ésta arrasada por los gobernadores y los colonos) fueron dos reinos distintos que conservaron todas sus instituciones y leyes. Hasta que el nacionalismo sustituyó al liberalismo como eje político, la historiografía presentaba a los escoceses Jacobo I y Carlos I como déspotas cuyos intentos de reducir las libertades personales causaron en 1642 la rebelión del Parlamento inglés.

En 1707 los Parlamentos de Inglaterra y Escocia aprobaron el Acta de Unión, que estableció el Reino de la Gran Bretaña y un Parlamento unitario con sede en Londres. La finalidad de esta ley era ratificar la exclusión de los católicos del trono y asegurar la instauración del futuro Jorge I de Hannover.

En cambio, los diputados catalanes participaron en las Cortes de Cádiz, que dieron comienzo al constitucionalismo, concedieron derechos modernos como el de voto y la seguridad personal y aboleron todo resto de fueros medievales.

En estos 300 años, los escoceses han mantenido restos de su anterior soberanía y de su unión en pie de igualdad, como un sistema judicial propio y la emisión de libras esterlinas por bancos locales. Precisamente, la libra es uno de los beneficios que una Escocia independiente podría perder.

La última diferencia es que los escoceses han sido fieles al Acta de Unión y no han quebrantado el ordenamiento constitucional del Reino Unido de la Gran Bretaña, mientras que los nacionalistas catalanes, en 1931, 1934 y 2012, empleando los poderes del Estado español, han tratado y tratan de subvertir la legalidad; una legalidad, encima, democrática y no dinástica.


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 Asunto: Re: Perlas de hoy, para recordar mañana
NotaPublicado: Mié Oct 17, 2012 5:29 pm 
Me encantan los patriotas constitucionales tirando de wikipedia para justificar las erecciones que tienen con la estanquera.


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 Asunto: Re: Perlas de hoy, para recordar mañana
NotaPublicado: Mié Oct 17, 2012 8:08 pm 
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 Asunto: Re: Perlas de hoy, para recordar mañana
NotaPublicado: Mié Oct 17, 2012 8:10 pm 
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 Asunto: Re: Perlas de hoy, para recordar mañana
NotaPublicado: Mié Oct 17, 2012 8:19 pm 
Càtxum! escribió:
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/09/29/cultura/1348941631.html
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CULTURA | Vidas.zip
Catalunya 2035
Lorenzo Silva |
Actualizado domingo 30/09/2012 10:01 horas

En momentos como éste me pregunto qué hago aquí. Y la respuesta que me doy, desde hace muchos años, es la misma: porque me gusta esta tierra, me gusta su gente, su luz y su mar, y no voy a consentir que la vieja cagada de cuatro aprendices de estadistas, a ambas orillas del Ebro, me arruine ese gusto.

Aquí estoy, con mi nieto, en el estadio que antes se llamaba Cornellà-El Prat, y que desde hace unos lustros se llama Salah ed-Din Arena. Vengo con él a ver una edición del clásico, el partido estelar de la Lliga Mas, que es como se llama, queridos habitantes del pasado que leéis estas líneas, la División de Honor del fútbol catalán. Es el primer choque que veo en directo entre el Barça y el Al-Mansur, que antes de la Gran Afirmació Patriòtica era conocido como Espanyol, luego como Català y que finalmente, tras su compra por el jeque Karim ben Abd al-Karim, arabizó del modo dicho su razón social y el nombre de su coliseo.

No me interesa el fútbol y no siento nada por ninguno de los dos colores, pero mi nieto Gerard es culé hasta el tuétano y un abuelo es un abuelo. Mientras se desarrollan los prolegómenos del partido (calentamientos y demás muermo sólo apto para hinchas) Gerard, que está tan exaltado como nunca lo he visto, me refiere con todo lujo de detalles los seis goles que la jornada pasada su equipo le infligió al Palamós, y que según él permiten encarar el clásico de esta noche bajo los mejores augurios. No me molesto en aclararle que el Palamós, huérfano de las ventajas que proporcionan la dimensión nacional del Barça o el dinero sarraceno del Al-Mansur, es uno de los equipos sparring de la Lliga Mas, cuyos partidos no tienen, para los dos que de veras cuentan, más valor que el de entrenamientos puntuables.

Cuando los dos equipos forman en el césped para escuchar Els segadors, como manda la ley, recuerdo ese otro tiempo en que al comienzo de un partido de liga, o en general en las cosas triviales y corrientes de la vida, no le obligaban a uno a administrarse un himno nacional. Pero para algo están en el palco la primera ministra, Meritxell Bru-Tornell, el molt honorable President de la República, Oriol Pujol, y los tres ministros musulmanes del Govern, Abdelmalik Jufresa, Mustafá Pérez-Larkaui y Farida Driusi, para quienes asistir al partido entre los dos equipos que concentran e inflaman las pasiones de la comunidad a la que representan es una obligación pública insoslayable.

Como estoy en un graderío repleto de barcelonistas, oigo a mi alrededor algún cuchicheo que los alude, a los tres ministros morenos. Catalunya, con su 25% de población musulmana, sostiene oficialmente un discurso integrador y multicultural, con respeto pleno de la religión de cada cual, siempre que se acepte la lengua y el relato histórico de la nación catalana, y singularmente su autoafirmación frente al común enemigo español (explotador colonial de marroquíes y saharauis mientras por otro lado oprimía a los catalanes). Pero no falta nunca alguno de los que forman el 10% de base electoral de Catalunya Nostra, cuyo postulado esencial, apenas encubierto, es la necesidad de apear a los musulmanes del espacio excesivo que a su juicio han alcanzado en la sociedad catalana. Empeño tan inicuo como absurdo, porque la demografía se impone y la propia Bru-Tornell, antigua feminista radical, sabe que sin los votos musulmanes debería entregar la silla al líder de la oposición, con el que mantiene un encarnizado duelo por atraerlos que aumenta tanto su valor electoral como la rabia de los racistas.

Me acuerdo ahora de aquellos lejanos días de 2012 y 2013, cuando la Gran Afirmació. Recuerdo la Catalunya que se ofrecía entonces como la Tierra Prometida, libre de mugre española, y donde nadie vaticinaba esta reedición de Al-Ándalus que supera la versión light que existe en el país vecino (allí, el peso de los musulmanes está mucho más compensado). Como nadie anticipó la durísima negociación para adherirse a la UE, pagando el precio desorbitado que España le puso a la retirada de su veto, o la larga marcha hacia el reingreso en el euro, ese decenio de la peseta catalana que causó estragos en empresas y familias. Por no hablar del millón de ciudadanos que optó por conservar el pasaporte rojo, en vez de correr a sacarse con el entusiasmo previsto el blaugrana, facilitando con ello a los hijos de la inmigración el papel estelar que hoy tienen en el censo electoral.

Me acuerdo, también, de la ceguera y la arrogancia españolas. Esa negación obtusa del sentimiento que en Catalunya se había gestado y fraguado, la pachorra de aquel presidente del gobierno tan gracioso, Rajoy (también conocido como el Breve o el Chico de la Troika), que se trocó en espanto cuando el Gran Pare Fundador, Artur Mas, en medio de una crisis que tenía a la gente aturdida, convocó y ganó el referéndum del 13, con una mayoría embriagada de independentismo que batió a la desmovilizada y estupefacta facción españolista de la población.

Fue dura la travesía del desierto para España, el país en cuya capital nací, hasta que al término del largo protectorado germano a alguien se le ocurrió la idea de recoger dos trozos maltrechos de Europa para constituir, con permiso de Berlín y del FMI, la hoy pujante Federación Ibérica. El país cuyo pasaporte ostento ahora, y que logró atraer a Madrid y a Lisboa (con arreglo a su política de solidaridad intraibérica) a una buena porción del empresariado catalán y de sus élites profesionales. Es el gran tabú nacional, aquí, pero cuando enseño mi pasaporte o mi DNI ibérico en El Prat noto que a más de un empleado y a más de un mosso se les pone expresión melancólica.

Y es que ya nadie, salvo los viejos como yo, se acuerda de cómo sucedió todo. Lo que les hacen estudiar a los niños en el colegio, en mi país y en éste, es la mitología oficial, que recoge una génesis mucho más gloriosa para ambos. Dentro de unos pocos años ya no quedará nadie que recuerde que una vez estuvimos juntos y que bien habríamos podido seguir así, sumando a nuestros hermanos portugueses, si alguien hubiera tenido más cabeza. Suena el pitido final y me toca ocuparme de algo mucho más perentorio: consolar a mi nieto. Como viene pasando regularmente desde hace diez años, esta noche el Al-Mansur ha hecho una vez más honor a su nombre, que no en vano significa el Victorioso. Volveré a contarle lo de la era Guardiola.




Empiezo a pensar que tú , Catxum , crees sinceramente en el advenimiento mas o menos cercano de un estat catalá independiente y soberano.


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Traducción al español por Huan Manwe